sábado, 22 de marzo de 2014

El juego de Ripper

A estas alturas de la película, ya nadie duda de la habilidad para el relato de Isabel Allende y su dominio del oficio de escribir, ¡faltaría más! Y esa destreza se muestra en todo su esplendor en esta su última novela, "El juego de Ripper", en la que la autora deja claro que es capaz de casi cualquier cosa con una pluma en la mano, o con lo que sea que utilice para escribir sus novelas. ¿Que su representante le dice que se ponga con una novela de acción y misterio? pues dicho y hecho; no tiene más que sentarse a la mesa de trabajo el día 8 de enero, como es habitual en ella y sacarse de la manga una historia completa con la temática requerida, con su trama bien engarzada, sus numerosos personajes, cada uno con su personalidad perfectamente dibujada, su narración atrayente y adictiva, en la que engancha una escena con otra de manera que el lector no pueda soltar el libro hasta que llega a la última página y crear, en fin, un nuevo éxito de ventas.

Pero no se queda ahí la chilena, no. También quiere dejar claro que a pesar de seguir cumpliendo años no por ello se ha quedado anquilosada o fuera de onda, sino que está al día en lo que a los avances tecnológicos, de redes sociales y juegos on-line se refiere, que sus personajes pueden tener diecisiete años y que hablan con tanta naturalidad como los de setenta. Además de ello se lanza a tratar temas tan alejados de sus anteriores novelas como se demuestra en el personaje del ex marine norteamericano con sus traumas post estrés o la soltura con la que se adentra en el ambiente de las corrientes new age tan en boga en California, desde la agricultura ecológica, a las terapias alternativas, más propias de curanderos y demás gama de tratamientos y filosofías vitales que tratan de equilibrar y sanar el cuerpo y la mente mediante los tratamientos más variopintos y en ocasiones más absurdos. Eso sí, todo ello mostrado con cierto aire de ironía y hasta una pizca de humor.

Y en este entorno ubica la autora una trama plagada de crímenes sin resolver donde, de la mano de un grupo de adolescentes aficionados a un juego de rol, el subsodicho juego de Ripper que da nombre a la novela, vamos conociendo los hechos de manera un tanto simplona, diría yo. Accedemos a los hechos sin escatimar en información, se nos presentan todas las pistas ante los ojos bien masticaditas, no en balde tenemos hilo directo con el jefe de la policía a cargo del caso, además de contar con las deducciones que van haciendo los chicos a lo largo de su investigación paralela, deducciones que, no puede ser de otro modo, suelen ser totalmente acertadas, con lo que nos encontramos siempre más cerca de conocer la resolución del asunto que la mismísima policía. Al menos la identidad del criminal se nos oculta hasta prácticamente el final del libro, cosas que se agradece. Tal vez sea porque a mí no me gustan las cosas demasiado fáciles, pero me ha parecido que toda esta parte referida a la trama policial, aún siendo el centro sobre el que gira la novela, es menos consistente que el argumento relativo a las vidas personales de los protagonistas, a las relaciones humanas y al dibujo de personajes en el que Isabel Allende triunfa sin duda y es lo que verdaderamente vertebra la novela y la dota de interés.

En cualquier caso, entiendo que la sencillez del relato que se lee sin demasiada dificultad, con escenas cortas, diálogos frescos y personajes bien trazados, unido al gusto por enfatizar los detalles más sórdidos de los ambientes marginales y el presentar con desenvoltura la amplia variedad de hábitos sexuales que proliferan por la liberal California serán todos ellos factores que garanticen que esta novela sea sin duda un verdadero éxito de público. Sin embargo debo reconocer que yo he echado en falta la magia con la que he asociado siempre mis lecturas de las novelas anteriores de la Allende, aquella con la que me fascinó en La casa de los espíritus o la que me desgarró el corazón con Paula. No es esta la Isabel Allende que yo recordaba, y no digo que sea peor, sólo digo que no es igual, aunque me atrevo a aventurar que tal vez no sea ella, sino yo, la que ha cambiado en estos últimos años. Me pregunto en cualquier caso si hay por ahí algún otro lector que haya estado fascinado en algún momento por las novelas de Isabel Allende y sienta en este momento lo mismo que yo. Espero con ansiedad vuestras respuestas.

martes, 11 de marzo de 2014

La hilandera de Flandes

Hacía tiempo que no me pasaba por una de mis épocas históricas favoritas, los siglos XV y XVI españoles, la época de los Reyes Católicos y sus descendientes directos, y allí es a donde me ha trasladado esta novela, "La hilandera de Flandes" de la escritora barcelonesa Concepción Marín Albesa, y lo ha hecho de la mano de su protagonista, la joven Katrina, descendiente de judíos huídos de España tras el edicto de expulsión de 1492. La historia de la novela recorre el camino de ida y vuelta desde el Toledo de donde fueron expulsados los judíos que no renunciaron a su fé, hasta Flandes, donde se refugió la familia de la joven Katrina. En aquellas tierras del norte el abuelo de la joven se dedicó con éxito al negocio de la joyería, mientras que la chica aprende el oficio de hilandera, mostrándose muy habilidosa en la realización de los afamados bordados de Brujas. Esta destreza suya la llevará hasta la corte de Bruselas, donde se convertirá en amante del futuro Carlos V. Sin embargo Katrina deberá volver a Toledo, a la misma ciudad que vió partir a su abuelo y a su madre y, tratando en todo momento de ocultar su origen judío, hacerse con un legado que su familia protege desde hace cientos de años.

Me ha gustado especialmente de esta novela el retrato de los lugares donde transcurre la acción. Para empezar, la Ciudad de las Tres Culturas, la Toledo del siglo XV donde conviven en armonía y dando grandes frutos de cultura, ciencia y arte las tres religiones monoteístas, hasta que la orden de expulsión de los judíos y el rechazo a los musulmanes acaban con ese magnífico periodo de esplendor. Toledo se convertirá entonces en una ciudad sumida en el miedo a la Inquisición, donde una acusación malintencionada puede acabar con la fama y a menudo con la vida de cualquiera que la sufra y donde especialmente los judíos conversos viven bajo la constante duda por parte de sus vecinos sobre la sinceridad de esa conversión obligada. La descripción de las callejas, de los monumentos y del ambiente de la ciudad me han conquistado. Igualmente, cuando la acción se sitúa en Flandes, tanto en Brujas, donde reside la familia de Katrina, como en la corte de Carlos de Austria, futuro rey de España, las costumbres sociales y el ambiente en el que se desenvuelven los personajes es muy atractivo, yo diría que es lo más interesante del libro, junto a los apuntes históricos referidos a la familia de Carlos, su abuelo Fernando de Aragón, sus padres Juana de Castilla y Felipe "el Hermoso", su abuelastra Germana de Foix, son algunos de los personajes que aparecen necesariamente en el relato que, si bien tiene gran parte de ficción, especialmente en lo que se refiere a la parte del romance real, esta ficción se entreteje muy adecuadamente con la parte histórica, lo que hace creíble lo que se cuenta.

También tiene la novela su parte de aventura, con el clásico episodio de persecución de la protagonista por parte de "los malos", como es bastante habitual en algunas novelas de base histórica. Si bien esta parte no es mi favorita, aunque entiendo que es necesaria para culminar la historia de manera emocionante y darle cierta acción a la trama, no está tampoco mal tratada: los buenos son bastante buenos, los malos son malísimos, como no podía ser de otro modo y deseamos que nuestra heroína salga con bien del peligro que amenaza su vida. Y bueno, la cosa no acaba del todo mal, tan y como esperábamos.

Una novela, en fin, bastante agradable y correcta, con buen ritmo narrativo, personajes interesantes y, sobre todo, que plantea un escenario temporal sobre el que me encanta particularmente leer y aprender cosas, una época histórica a la que no me canso nunca de volver, por lo cual, aunque sólo sea por esa posibilidad de revivir este interesantísimo periodo de nuestra Historia, creo que vale la pena leer esta novela.

domingo, 23 de febrero de 2014

La ciudad de los ojos grises


A veces, al leer una novela, nos pueden ocurrir cosas sorprendentes, como me ha ocurrido a mí leyendo "La ciudad de los ojos grises", y es que Félix G. Modroño ha logrado que llegue a añorar una ciudad en la que nunca he estado, es más, una ciudad en la que nunca podré estar, porque el poder evocador de esta novela nos traslada al recuerdo de una época pasada, la del Bilbao de finales del siglo XIX recordado por su protagonista, el arquitecto Alfredo Gastiasoro que desde su exilio voluntario en el París de principios del siglo XX añora la ciudad de su infancia. Y es que aquel Bilbao que Alfredo recuerda era casi un pueblo, al menos en sus costumbres, donde todos se conocían, donde la gente se saludaba por el nombre y donde transcurrió su infancia, aquella que siempre será un paraíso irrecuperable y más cuando ha sido el escenario del primer amor.

Y ese pasado queda aún más lejano cuando el escenario se altera tanto como el Bilbao que comienza el siglo asistiendo a un enorme proceso de industrialización que transforma radicalmente el paisaje urbano y a sus habitantes. Las nuevas fábricas, las grandes avenidas y los nuevos edificios de aires afrancesados, los núcleos de población inmigrante atraída por los míseros empleos que generan las minas y el sueño de un progreso prometido; todos esos cambios hacen que Alfredo se sienta extraño en su ciudad natal, a la que regresa al saber que Izarbe, la que fue su amor de juventud y acabó casada con su hermano Javier, ha sido asesinada.

El protagonista se mueve entre Bilbao y el París bohemio previo a la Guerra Mundial, donde frecuenta los ambientes artísticos de vanguardia y conocemos hechos históricos en ambos países que se van entretejiendo con la trama. Asistimos a la implantación de nuevas modas y costumbres burguesas, a enfrentamientos políticos y al surgimiento de los movimientos obreros, a la vida social centrada en las tertulias de los cafés donde se crean y se comunican ideas, creencias, tendencias políticas o se discute del nuevo deporte de moda, el football que gana en popularidad a la pelota vasca, igual que el café vence a la costumbre del chocolate, las faldas de las mujeres comienzan a mostrar los tobillos. Estas y otras imparables novedades van dando paso a una mundo en frenética evolución que se asoma a la modernidad y ve cambiar irremisiblemente el aspecto exterior y el fondo de la sociedad. Y en medio de todo ello se entremezclan personajes como Miguel de Unamuno, Picasso, Modigliani, Gayarre, Marie Curie y ¡hasta Mata Hari!!, todos ellos participando en mayor o menor medida en la trama de la novela.

La historia combina muy bien los géneros detectivesco, romántico e histórico sin pertenecer plenamente a ninguno de ellos. El tono de la novela está marcado por un tono bastante poético en las descripciones y en la forma en que plasma los sentimientos, como muestra la profunda melancolía que marca toda la novela y la forma en que nos acerca al amor imposible de los protagonistas sin hacerlo de forma dramática, sino sutil y sensiblemente. Y este amor que permanece en el tiempo es el que marca la vida del protagonista que huye de este sentimiento marchándose a París pero permanece en su mente y en su corazón a pesar de la distancia. Todo esto hace de esta novela una historia que merece ser leída, que transmite mucho sin dramatismos y nos acerca a un pasado y a una época de la Historia en la que muchas cosas cambiaron pero donde comprobamos que las historias de amor siempre permanecen a pesar de todo.

martes, 11 de febrero de 2014

Los vigilantes del faro

Camilla Läckberg lo ha conseguido de nuevo, me ha vuelto a conquistar con esta última entrega de su serie de los policías (y el resto de la tropa) de Fjällbacka. Y es que la vida de la escritora Erica Falk y el detective Patrick Hedström ya es como la vida de unos amigos que viven lejos, eso sí, pero que nos sigue interesando, preocupando y entreteniendo. He leído que con esta última historia titulada Los vigilantes del faro parece ser que se liquida la serie, aunque no me ha dado esa impresión al terminar la novela, ya que no ocurre ningún hecho destacable ni se da ninguna razón por la que no podamos seguir acompañando durante muchos años más a los chicos de la comisaría de Tanum a resolver muchos otros misterios, contando siempre, como no, con la indiscutible ayuda de Erica y su incansable curiosidad.

Nuevamente, como viene siendo habitual en las anteriores entregas, la novela trenza diversas historias al mismo tiempo, algunas protagonizadas por los ya viejos conocidos de la comisaría y otras por personajes nuevos. Me agrada en especial ver cómo van evolucionando los personajes ya habituales, cómo asistimos a su vida familiar, a sus relaciones con los compañeros y lo interesante de estas tramas personales están a la misma altura de importancia que la trama de la investigación policial, incluso en algún caso resultan más atractivas. Como siempre también, hay una trama que transcurre en el pasado y que explica o se refleja en el presente, y todas esas historias acaban confluyendo en un estupendo final donde todo cuadra sin evitarnos esa aceleración de las últimas páginas en que hay que correr contra reloj para poner todas las piezas en su lugar y evitar el desastre.

En relación con el argumento principal, en esta ocasión se centra en el asesinato de Matte Sverin, un joven economista que había regresado a Fjällbacka hacía pocos meses para trabajar en el ayuntamiento y es encontrado en su apartamento con un disparo en la nuca. Apenas existen pistas que justifiquen su asesinato, en torno al joven Matt parece no existir nada sospechoso ni se le conocen enemigos que quisieran acabar en su vida, ni siquiera conflictos de ningún tipo. Será preciso que se investigue en su empleo anterior y en su aparentemente anodina vida para lograr descubrir los motivos que han causado su muerte. Y junto a esta trama principal nos encontramos con otras historias, con los asuntos personales y profesionales de los habitantes de la ciudad y de la comisaría e incluso asistimos a alguna historia de fantasmas que se entrelaza con toda naturalidad con la realidad sin desentonar, muy bien planteada y totalmente creíble. Como es habitual en las novelas de Läckberg, se habla mucho de relaciones familiares, de la conexión entre hermanos, de madres que protegen a sus hijos, de las huellas que la infancia deja en los adultos y de la estabilidad que da el amor familiar. También aparecen asuntos como el maltrato infantil y a las mujeres y el mundo de las drogas y las mafias, pero siempre viendo estos asuntos desde el punto de vista de las personas que viven inmersos en ellos, sus motivaciones y las consecuencias de verse involucrados en estos mundos.

En definitiva tengo que decir que siendo yo por lo general reacia a engancharme a series de ningún tipo, ni novelísticas ni televisivas, ya que no me gusta crearme obligaciones ni esclavizarme a seguir las entregas, confieso que esta es una de las pocas excepciones que haré a esa norma general, y que lo hago gustosamente con lo que no me importa que la autora decida continuar esta serie y que le aseguro que en mí encontrará una fan siempre fiel dispuesta a seguir los avatares de la pandilla de Fjällbacka durante muchos años y entregas más.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Azul Vermeer

Tal vez fue por la desilusión de que la historia comenzara situada en la casa y la época del propio Vermeer pero que enseguida cambiara de ubicación y no volviéramos a esa época en toda la novela. Esa puede ser una razón por la que no acabara de cogerle el punto a esta novela de Mar Mella con un título tan sugerente como Azul Vermeer. También puede deberse a una protagonista triste, anodina, casi antisocial, con evidentes dotes artísticas y profesionales, eso sí hay que reconocérselo, pero que a nivel personal no llegaba a resultarme simpática en ningún momento (cosa que a ella no creo que le preocupara demasiado), el hecho de no terminar de empatizar con la triste Marta Miralles, a pesar de su traumática vida familiar y la inagotable tristeza que arrastra a lo largo de toda la novela no ayudaba demasiado tampoco. Algo influían también los cambios de historia y protagonista, aunque entiendo que eran necesarios para que cuadrara finalmente toda la trama, pero, así y todo, no acababa de emocionarme, ni de interesarme por el joven Ruud Smits durante su periplo por la Guerra Civil española, mientras que, curiosamente, sí que me sentí muy cercana a este personaje en los capítulos situados en el tiempo actual. Ya sé que esto es lo que se lleva ahora en casi todas las novelas, el ir de atrás adelante y vuelta atrás, pero en este caso me parecían historias inconexas colocadas unas junto a otras, sin que unas aportaran interés a las otras, a pesar de que sabía que algún sentido debían de tener en el desarrollo de la novela. En fin, varias cosas que, sin hacer que pueda decir que no es una buena novela, no me ayudaron durante muchas páginas a enamorarme del libro.

Pero no quiero que este comentario resulte en general negativo, porque la novela también tiene cosas positivas y me ha terminando gustando. De hecho, el final es bastante bueno e inesperado, sobre todo por el papel pasivo y poco lucido que tiene la protagonista durante toda la novela, que hace que su jugada final me haya sorprendido y casi me alegró, al verla, por fin, reaccionar y ser espabilada. Tengo que resaltar, para ser justa, que hay algunos aspectos muy positivos en la novela. El primero y fundamental es la visión del mundo de la pintura, de la restauración y del mercado de obras de arte que se nos presenta, totalmente atractivo y contado con una especial sensibilidad que te hace creerte lo que estás leyendo y sumergirte en ese entorno por completo; en las escenas protagonizadas por los lienzos, los pigmentos, los barnices, la mano del artista, los momentos de la protagonista plantada ante los cuadros, ahí es donde más he disfrutado de esta novela. También me han gustado mucho los capítulos situados en Amsterdam, más que los de España; los Medraño, padre e hijo, la soberbia Emilia Medraño, no son, precisamente, personajes con los que simpatizar. Me ha conquistado, sin embargo, la personalidad del los personajes holandeses, el propietario del estudio de restauración, Ruud Smits y su hijo, encantador en mi opinión, Paddy Donaldson. Ambos me han atraído bastante más que la propia protagonista y me ha gustado, además, cómo se retrata la ciudad, con su lluvia, sus colores, su estilo de vida, sus canales y, por supuesto, sus museos. Pero por encima de todo, la pasión que Smits muestra por el magnífico pintor Johannes Vermeer, esto es lo que, sin duda, me ha ganado absolutamente el corazón.

En cuanto al estilo narrativo, destacaría que me han convencido más los pasajes dialogados que los descriptivos, en los que parece que se nos mete información en frío, se describen a los personajes, en ocasiones de manera muy arquetípica, lo que no nos permite que los conozcamos por sus actos o sus palabras, no deja que los vayamos descubriendo, sino que la autora los describe ya de inicio con su personalidad y su etiqueta ya marcada a priori, sin que lleguen a convencer. Esta sensación la tuve, en especial, con los personajes de la época del Madrid de la guerra, a los que encontré bastante prototípicos. Sin embargo, y aparte de esto, el relato es bastante fluido y de fácil lectura y estoy segura de que agradará a una gran mayoría de los que se acerquen a él, en especial a aquellos que tengan cierta debilidad por los temas artísticos en general y por el mundo de la pintura, en particular. 

lunes, 27 de enero de 2014

La herencia de la rosa blanca

¡Hay que ver, qué malos son los prejuicios! y es que no son más que eso: juicios hechos previamente a conocer alguna cosa y en base a impresiones subjetivas, sin justificación racional muchas veces. Pero lo cierto es que muchas veces (casi siempre) elegimos o desechamos un libro porque consideramos antes de leerlo si nos va a gustar o no ¿Y cómo es posible decidir esto a priori? Bueno, siempre podemos atender a los comentarios de quienes ya lo han leído, las críticas de los diversos medios, lo que te comenta alguien en cuyos gustos lectores confías... Lo cierto y verdad es que, sea por una cosa o por otra, yo tenía etiquetada a "La herencia de la rosa blanca", de la autora malagueña Raquel Rodrein, como una novela tipo romántico de esas de época, de damas enamoradizas y caballeros apasionados. ¿El motivo para ello? ¡Qué sé yo!, tal vez el título, la portada que no me daba pistas, en fin, una opinión totalmente infundada pero que me ha llevado a dejar pasar bastante tiempo desde que oí hablar por primera vez de esta novela, por cierto, cada vez que se me mencionaba era acompañando a un comentario positivo y a una recomendación de que la leyera, hasta que por fin me decidí por ella. Y como no suele dolerme confesar mis errores, diré que no puedo estar más satisfecha de haber vencido los estúpidos prejuicios que tenía contra esta pobre novela que no había hecho nada para merecer mis recelos hacia ella y que permanecía pacientemente a la espera de que me decidiera a leerla (¿y qué otra cosa puede hacer un libro en nuestra biblioteca?)

La historia que cuenta abarca un periodo amplio, desde la Alemania del régimen nazi hasta la actualidad, pasando por numerosos escenarios: la Provenza, París, Irlanda, Manhattan... Varias historias se van contando pero todas tienen un mismo origen y necesariamente acabarán confluyendo y mientras eso ocurre nos paseamos por los citados lugares que están muy bien descritos y asistimos a las diversas historias, fundamentalmente de amor, con un punto de novela romántica más acentuado de lo que a mí personalmente me suele gustar, pero diré a su favor que las escenas de pasión desenfrenada no son demasiado abundantes y que predomina la historia humana y el aspecto histórico de la narración por encima de los elementos románticos, así como las relaciones familiares y de amistad. En torno a la complicada historia de amor de dos jóvenes, comenzaremos por conocer la vida de sus abuelos y de sus padres y las vueltas que dan sus vidas hasta completar un complejo puzle de lazos familiares y lealtades que se conservan y transmiten durante tres generaciones.

Tengo que decir, por tanto, que la novela se lee con soltura, es bastante entretenida, a pesar de su extensión, por lo que no llega a hacerse larga, con diálogos vivos y creíbles. El estilo de Rodrein es ágil y muy visual y proporcionan de ese modo en muchas ocasiones la sensación de estar viendo una película más que leyendo un libro, las descripciones y las acciones de los personajes están muy bien narradas e incluso teniendo muchos cambios de escenario y de marco temporal y de entrelazar varias historias diferentes, en seguida te enganchas a cada escena y no se pierde el hilo nunca.

En definitiva, una novela que engancha desde las primeras páginas, que se lee con buen ritmo y que nos hace viajar en el tiempo y por los variados escenarios de manera muy agradable y dejando un buen sabor de boca. Con un estilo muy cosmopolita más parece un best seller anglosajón que obra de una autora española, cuya primera novela, "Tú escribes el final", me apunto ya para leer, esta vez con el prejuicio a su favor de que siento que también me gustará.

miércoles, 22 de enero de 2014

Canadá

Vamos a ver cómo hago esto. Se supone que me encuentro aquí, ante una página en blanco de mi blog, dispuesta a hacer una crítica de una novela que aparece en la práctica totalidad de las listas de mejores libros del año 2013, de los más recomendados, y no solamente a nivel nacional, razón misma por la que me dispuse a leerla en cuanto cayó en mis manos. Y resulta que, a pesar de ello, lo primero que puedo decir de este libro de Richard Ford, de título Canadá, así, a grandes rasgos, es que no me ha gustado demasiado, que me he aburrido en ocasiones, que lo he encontrado reiterativo y lento y que estaba deseando terminarlo. ¿Con qué cara vengo yo a llevarles la contraria a todos los grandes críticos literarios de este país y de parte del extranjero? Pues no me queda otra que hacerlo así, sin paños calientes. Y me da rabia, porque esperaba bastante de esta novela, entre otras razones, aparte de las excelentes críticas, porque aún recuerdo vagamente lo mucho que me gustó la única novela que, hasta el momento, había leído de este (muy afamado) autor norteamericano: El día de la independencia. Pero ninguno de estos antecedentes positivos han logrado que pueda decir que la lectura haya estado a la altura de mis expectativas.

El problema con el libro comienza en las primeras páginas. Desde el principio el propio narrador, Dell Parson, un adolescente con sueños e ilusiones que nos apetezcan que se cumplan, porque el chico se hace de querer enseguida, nos cuenta que todo empezó cuando sus padres atracaron un banco y que luego vino lo de los asesinatos. Y tras este prometedor inicio y durante unos cuantos cientos de páginas debemos asistir a una repetitiva descripción de los peculiares miembros de la familia, de su inestable situación familiar, primero por los continuos cambios de destino del padre, militar, y después, por los siempre fracasados intentos de triunfar en los negocios. El dibujo de los personajes y de sus relaciones queda bien definido enseguida y sin embargo la primera parte del libro se hace larga y carente de acción, a la espera del anunciado atraco que se hace de rogar. Durante muchas páginas no ocurre nada, solamente tenemos a los personajes comportándose como ellos mismos, sin nada que añada interés a la acción, solo esperando que ocurra lo que nos han anunciado. Y se hace larga esa espera.

Una vez comienza la segunda parte de la novela todo parece que se va animando un poco. Hay movimiento de los personajes, cambios de escenario, la vida del joven Dell da un vuelco total, pero pronto vuelve de nuevo a convertirse en una lectura lenta y sin progresión en la historia. Y eso que sabemos que es cuando viene lo de los asesinatos, pero ni así. Repetimos descripciones de paisajes y lugares que ya se nos han mostrado, aparecen nuevos personajes pero una vez presentados ya no aportan nada, son reflexiones sobre lo ya reflexionado. Así y todo, algo avanza la trama. Sólo la tercera parte del libro me ha resultado más entretenida, no sé si porque ya vislumbraba el fin o porque realmente cobra algo de viveza la narración. Lo cierto es que la historia, al menos, tiene un colofón donde las cosas se mueven y se colocan en su lugar definitivo y hasta nos queda la satisfacción de dejar a nuestro protagonista bien situado en la vida, a pesar de todo.

No suelo ser lectora que me amedrente ante novelas de introspección o en las que la acción queda en segundo plano frente a las descripciones, la prevalencia de los sentimientos o la profundización en la vida interior de los personajes; en ningún caso preciso asistir a una acción trepidante para que un libro me atraiga, con frecuencia me he regodeado ante una narración lenta y puntillosa, pero en este caso concreto diría que la historia se podría haber contado en la mitad de páginas. La indiscutible habilidad descriptiva del autor hace que en unas breves pinceladas te introduzcas en la ambientación, la personalidad de los protagonistas, sus relaciones personales, su forma de pensar y sentir, por lo que me ha resultado reiterativo en exceso. En ocasiones sentía deseos de poder gritarle al autor: "¡¡Todo eso que me vuelves a contar ya lo sé, ya conozco a esta familia como si fuera la mía. Haz el favor de ponerlos a hacer algo de una vez, mándalos ya a robar el dichoso banco y acabemos con esto!!"

Insisto en que cualquiera que lea esta reseña puede perfectamente echarse las manos a la cabeza y decir que no he entendido nada, que he dejado pasar una magnífica obra literaria, y supongo que tendrá toda la razón, pero cuando una novela no te llega, no te llega. ¿Qué le vamos a hacer? Así es como funciona esto de los libros.