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jueves, 7 de mayo de 2015

La nieta del señor Linh

Conocí Philippe Claudel a través de su novela "Almas grises", con la que quedé completamente cautivada. De ahí que tuviera en mente seguir conociendo su obra en cuanto me fuera posible y esta novela "La nieta del señor Linh" es la que más frecuentemente encontraba entre las recomendaciones de otros lectores. Se trata de una novela muy breve donde se nos cuenta cómo el anciano Señor Linh se ve obligado a abandonar su país en un barco que lo llevará lejos de la guerra con la única compañía de su pequeña nieta Sang Diu. El abuelo no se separa ni un momento del bebé, una niña de pocas semanas que acompaña tranquilamente a su abuelo, sin apenas molestarle ni llorar. Llegado al nuevo país donde será refugiado, el señor Linh se encuentra con una ciudad desconocida, con unos paisajes y unas costumbres totalmente diferentes de lo que conoció en su aldea natal donde vivía una vida rural, entre arrozales, casas construidas sobre pilares, el bosque y el río. Un lugar donde todos eran familia, donde todos se conocían, en contraste con este nuevo país donde todo es nuevo y extraño.

Alojado en un piso acogida donde convive con otras familias compatriotas, el señor Linh no se relaciona con nadie, sólo se ocupa de su pequeña nieta, a la que lleva constantemente en brazos y con la que se aventura, finalmente, a salir a pasear y conocer las calles que rodean su domicilio. En uno de estos paseos conoce al señor Bark, un hombre grande y solitario como él con el que inicia un diálogo imposible ya que ninguno conoce el idioma del otro, pero son capaces de comunicarse a pesar de ello por medio de los afectos, reconociéndose el uno al otro como dos hombres solos, inmigrante el uno y viudo reciente el otro. Traban así una entrañable amistad mediante la cual consiguen entenderse por encima del idioma y ofrecerse mutua compañía.

La historia es bien sencilla, con escasos personajes y pocos acontecimientos, con un lenguaje simple y depurado. Se trata más bien de un cuento largo cuyo final nos sorprenderá y nos hará ver lo importante que es para las personas el sentirse acompañados, el sentir que son necesarios para otras personas, la manera en que la vida sigue adelante cuando entendemos que somos de utilidad a otros.

No puedo decir que, en mi opinión, esta obra supere a "Almas grises" pero sí es una historia emotiva que tocará el corazón de quien la conozca. Y eso no es poca cosa, está claro. 

miércoles, 2 de abril de 2014

Almas grises

No he podido evitar asegurarme, al concluir la lectura de la novela "Almas grises" del escritor francés Philip Claudel, de comprobar nuevamente su año de edición (2006) para confirmar que se trataba ciertamente de un libro publicado una vez ya comenzado este siglo XXI. Y es que durante toda su lectura me ha acompañado la sensación de encontrarme ante una novela clásica más propia del siglo XIX o apenas principios del siglo pasado; varios han sido los elementos que me hacían llegar a esa conclusión: para empezar, el ritmo de la narración, pausada y sin afán por descubrirnos los secretos de la historia ni de sus protagonistas, la parsimonia que reflejaba un modo de vida alejado de la frenética realidad del mundo desarrollado actual, el gusto por las descripciones sosegadas y en profundidad de paisajes y personajes, el escenario, en fin, de esa pequeña ciudad de provincias al norte de Francia en el año 1914, en el límite de la línea de fuego, con la guerra al alcance de la vista y el oído. Un estilo de narrar, en fin, más propio de otro tipo de novela que ya casi no se encuentra en la actualidad.

Por esa pequeña ciudad transitan habitualmente tanto los valerosos soldados que se dirigen con entusiasmo e ignorancia ciega al campo de batalla como aquellos que regresan de allí, en ocasiones heridos o mutilados, en muchos casos cubiertos por la lona de los carros cargados de cadáveres, víctimas de la cruel guerra que, sin embargo, en poco ha cambiado la perezosa rutina del pueblo, cuyos habitantes parecen haberse vuelto insensibles a la realidad de la muerte que tan de cerca les pasa a diario sin apenas rozarles y sin cambiar su hábitos cotidianos.

Pero la aparición del cadáver de una pequeña vecina en el canal que trascurre  junto a la población sí que supondrá algo que les toque de cerca. El temor a que exista un asesino suelto en las inmediaciones, o incluso la posibilidad de que el asesino sea algún convecino pondrá al pueblo en alerta y descubrirá las relaciones humanas que se desarrollan en él, los equilibrios de poder, el peso de las autoridades, del juez, el fiscal, frente al pueblo llano carente de iniciativa y de capacidad de decisión ante los abusos de aquellos.

El narrador de la historia es el policía que en su momento se ocupó del caso y que veinte años después nos va revelando los hechos ocurridos y los descubrimientos realizados en torno a los mismos, nos presenta a los personajes, sus retratos y el papel que tuvieron en aquellos sucesos, a la vez que combina el relato de la investigación con su propio drama personal que corrió paralelo en el tiempo con los hechos relatados.

La novela abunda en imágenes poéticas, con un lenguaje delicado y certero, destacando las descripciones de los personajes, la sutil pero efectiva manera de retratar la pena y la soledad que abunda entre ellos, la gran tristeza que hace de todos ellos unas almas grises que pasan por la vida sin dejar demasiada huella. Las sensaciones transmitidas son fácilmente palpables, se intuyen los sentimientos y los numerosos matices de las emociones. Es esta una de esas novelas en las que la trama en sí, siendo interesante, se ve superada por el retrato del ambiente y de lo que evoca, en la que te ves trasladada al tiempo pasado y contemplas el interior de los personajes y sus miserias más profundas y lo que les lleva a comportarse como lo hacen y es mayor el placer de deleitarse con los pequeños detalles de la narración por encima de descubrir quién mató en realidad a la pequeña Belle. No es, en ningún caso, una novela de investigación policial, sino de investigación en lo más profundo de las almas de unos personajes tristes, solitarios y grises, muy grises.