domingo, 10 de enero de 2021

La librería del Señor Livingstone

Existen libros que se te aparecen en el momento justo en que, sin tu saberlo, más falta hacen. Así ha ocurrido con  "La librería del Señor Livingstone" de Mónica Gutiérrez, que supone un oasis de paz tras mis últimas lecturas que han estado llenas de dramas, guerras y demás desgracias.

El Señor Livingston que da título al libro es el huraño y malhumorado propietario de una discreta y nada próspera librería llamada Moonlight Books en la zona de Temple en la ciudad de Londres. Allí coincide un maravilloso grupo de personajes: un niño superdotado llamado Oliver Twist que sueña con ser astronauta y pasa las tardes en la planta alta de la librería estudiando sobre el cosmos y las estrellas; una joven arqueóloga desempleada llegada desde Barcelona buscando ser contratada en algún museo de la ciudad; una aspirante a editora amante de los clásicos o un policía de Scotland Yard con el corazón más tierno de lo que su rudo aspecto pueda dejar adivinar. Todos ellos se encuentran en la librería que cuenta incluso con su propio escritor residente, un maravilloso techo de cristal y unos pocos y peculiares clientes fijos.

Esta es una novela breve que tiene mucho de cuento, incluyendo un hada descalza. Sus encantadores personajes están descritos con enorme ternura y un buen toque de humor, entre multitud de citas literarias y mucho espíritu positivo, la novela ensalza el amor por los libros, creando un pequeño universo ideal entre las paredes de la mágica librería. Hay entre sus páginas sitio para la intriga de desentrañar la desaparición de un valioso documento histórico pero también queda espacio para el romance y la comedia. Los diálogos son ágiles, divertidos e ingeniosos y, como no puede ser de otro modo tratándose de un grupo de grandes amantes de los libros, están plagados de citas literarias, fundamentalmente de Shakespeare pero también referencias a multitud de obras, tanto clásicas como más actuales. Este grupo variopinto de amigos que se reúne en torno a la librería crean una pequeña tribu en la que todos se sienten seguros y donde poder compartir ilusiones, temores, problemas y sueños, además de conformar una suerte de paraíso para los amantes de los libros y los que sueñan con habitar un mundo que gire absolutamente en torno a ellos.

Con todo lo anterior, queda claro que esta es una lectura absolutamente positiva que te reconcilia con el mundo y con la posibilidad de volver a creer en la capacidad de las personas para descubrir y valorar la verdadera amistad y quedarse a vivir, de manera permanente, en el lado bueno de las cosas.

sábado, 2 de enero de 2021

La parte escondida del iceberg

Hacía bastante tiempo que no leía una novela de Máximo Huerta, de hecho, la última vez  todavía se daba a conocer como Máxim Huerta, y aunque siempre he tenido sentimientos encontrados hacia el autor ya que no me termina de convencer el aspecto de su obra que se refiere a su tono extremadamente romántico, al mismo tiempo siento simpatía hacia su persona y su figura pública y reconozco su delicada sensibilidad para retratar personajes de intensos sentimientos. Así que he vuelto a decidirme por la que, según he oído comentar, sería su mejor obra, "La parte invisible del iceberg

En esta ocasión el protagonista del libro es el propio autor o al menos una recreación literaria del mismo que, incapaz de superar una pérdida amorosa y sacarse de la cabeza al objeto de su amor a pesar de los años transcurridos desde la ruptura, decide marchar a París, su ciudad fetiche que quiso en su momento compartir con su amante y allí regresa dispuesto a conjurar el dolor causado por su ausencia. Recorre los lugares que compartieron, el París que quiso que fuera de los dos, donde pretendió crear recuerdos compartidos que ahora no le abandonan y le obsesionan, incapaz de sacarse de la cabeza al amante, incapaz de olvidar a voluntad. Cree por ello que regresando a los mismos sitios, viviéndolos de nuevo y poniendo todo por escrito, los sentimientos de entonces y los de ahora, tal vez podrá finalmente olvidar o crear nuevos recuerdos que sustituyan a los que se acumulan en su cabeza o al menos, aunque nunca lleguen a desaparecer, será posible aprender a gestionarlos para que ya no duelan, que pasen a formar parte de manera natural de su bagaje vital. 

Me encuentro nuevamente con la forma de escribir de Máximo que ya conozco de sus anteriores novelas, llena de frases para subrayar, metáforas encadenadas, inspiradas ideas poéticas y aforismos soltados con aparente facilidad y excesiva frecuencia, toda una filosofía de vida de andar por casa a base de imágenes y frases recurrentes  que aparecen repetidas a todo lo largo del libro como la que dirige insistente al amante al que va dedicado el libro y al que no para de invocar: "Te doy todo este libro para que aparezcas". 

Aunque insiste el autor en que estamos ante una novela, no puedo evitar la sensación de que estoy leyendo un diario, unas auténticas memorias, que no me encuentro frente a un personaje sino ante el verdadero Máximo que se presenta ante sus lectores desvelando muchos de sus secretos y sentimientos reales, aquello que vivió verdaderamente en París, sólo o en compañía del amante y eso me lllega a provocar cierto pudor; yo que soy tan aficionada a las obras biográficas en este caso siento que estoy descubriendo la más profunda intimidad del escritor, que lo que nos cuenta son experiencias reales, como reales son tantos personajes a los que nombra a lo largo del relato muchos de los cuales son fácilmente reconocibles por el lector. Pero creeré al autor que insiste en llamar a su obra una novela, me creeré que todo lo que cuenta es ficción o autoficción, o al menos que se trata de una mezcla indisoluble de lo uno y de lo otro.

Combina a lo largo de todo el relato confesiones íntimas propias, recuerdos de su infancia, de su pueblo, de su madre siempre presente y su abuela, añoranza de momentos felices pero también cierto regodeo en momentos dolorosos, junto con multitud de citas y reflexiones de otros autores extraídas de sus muchas lecturas en torno a la capacidad de olvido, a la imposibilidad de controlar lo que se recuerda, la maldición del que no puede evitar almacenar recuerdos que desearía olvidar. Y sobre todo referencias literarias sobre París como ideal de ciudad bohemia, como inspiración literaria, destacando la visión de la ciudad a través de las palabras de Hemingway y Vila-Matas. Y es que éste es fundamentalmente un libro sobre París, una guía de cafés y bistrôts, de los lugares favoritos del autor, de plazas y hoteles, muchos de ellos para visitar como turistas pero sobre todo de ciudad vivida con sus ventajas e inconvenientes, con todos esos sitios donde ha sentido amor, pasión, pena y alegría, compañerismo y frío, mucho frío, sensaciones que ha compartido con alguien o que ha soñado compartir en algún momento. Y por supuesto, un libro lleno de todos los recuerdos nacidos en la ciudad de París. 

viernes, 18 de diciembre de 2020

El corazón con que vivo

El prolífico y polifacético autor José María Pérez Peridis que hasta ahora se había especializado en relatos protagonizados por personajes históricos de la España medieval, avanza ahora varios siglos sin salir del escenario de su amada Castilla para trasladarse con su última obra, "El corazón con que vivo", al año 1936, en los días inmediatamente anteriores al estallido de la Guerra Civil en dos pueblos palentinos vecinos, Piedras Negras y Paredes Blancas, situados en una zona que supone el cruce de caminos entre la Meseta y la costa de Santander. Los dos pueblos hermanos representan a pequeña escala lo que era España en ese momento, ideológicamente dividida en dos bandos: los progresistas, socialistas y republicanos frente a los conservadores, clericales y monárquicos, falangistas y rojos frente a frente, los defensores de la República ante los que creen que había que dar un giro a la situación de descontrol y violencia existente. Todas las tendencias del arco político están representadas entre los habitantes de la comarca que convivían en una paz relativa hasta que la guerra les obligue a posicionarse frente a frente.

Las historias principales de la novelas están protagonizadas por las familias de los dos doctores locales: Honorio Beato, falangista hasta la médula, defensor de la Iglesia, la familia y los principios más conservadores, y por otro lado Arcadio Miranda, progresista, republicano y simpatizante del Frente Popular. El primero cuenta con tres hijas casaderas que frecuentan a los jóvenes del pueblo entre los que se encuentran los dos hijos de don Arcadio, también médicos como su padre y activos progresistas, siendo el mayor de ellos, Gabriel, un ferviente republicano, defensor del orden constitucional con cargo de concejal en el Ayuntamiento en el que su cuñado ejerce como alcalde.

"Aquella tarde, la situación en Paredes Rubias era de estupor, desconcierto y confusión. La guerra no era una cosa distante como la de Marruecos, ni un asunto lejano y de otros. Estaba allí mismo, en medio de los vecinos, cavando sepulturas y trincheras en los corazones. Sin llamar a la puerta se había colado por la plaza Mayor y nada más llegar había dejado una familia de luto."

Las guerra irrumpe en la cotidianeidad de cada uno de ellos, los sueños románticos de las jóvenes se encuentran ahora con el obstáculo de que los pretendientes se encuentran en el bando ideológico contrario. Los vecinos se convierten en enemigos, los hermanos en combatientes, el pueblo y sus habitantes se dividen en rojos y azules, enemigos irreconciliables y todo se aplaza y se supedita al desarrollo de la contienda.

"Esta guerra la hemos perdido todos"

Y después llegará la postguerra con sus ajustes de cuentas, las depuraciones, la miseria y las desigualdades en función de dónde se haya combatido. Los protagonistas deberán hacer su parte para emprender el difícil camino había la reconciliación, no sólo de los vecinos del pueblo sino la de todo un país. El tono general de la novela es fundamentalmente positivo, esperanzado en la capacidad de perdonar, de superar los enfrentamientos y de pasar página trabajado unidos por cerrar las heridas causadas, algo que hasta hace algunos años parecía que se había logrado en este país, aunque ahora algunos se empeñen en que aquellas heridas nunca se acaben de cicatrizar.

lunes, 7 de diciembre de 2020

El sonido de un tren en la noche

Descubrí a Laura Riñón Sirera hace unos pocos meses a través de su interesante cuenta de Instagram Amapolas Librería donde comparte su pasión por los libros y nos permite adentrarnos de alguna manera en las interioridades de su trabajo desde su librería Amapolas en Octubre de Madrid . Y desde allí he llegado necesariamente a la curiosidad por conocer una de sus novelas, "El sonido de un tren en la noche", con la que realizo mi primera incursión en su obra literaria y que probablemente no sea la última.

Lo que nos cuenta la novela es una historia que va y viene desde el Madrid de finales de los años 50 a un pueblecito de ensueño en la costa de Oregón pasando por Nueva York, siguiendo los pasos de su protagonista, Clementina, una mujer cuya vida comienza como un auténtico cuento de hadas cuando nace en el seno de una familia de la aristocracia madrileña llena de amor, con todo a su favor para preconizar una existencia perfectamente feliz. Pero el destino decide tomar otro rumbo cuando los acontecimientos tornen el cuento en drama y a Clementina le tocará a partir de ese momento huir constantemente de los tristes recuerdos conservados en los lugares donde un día fue feliz, obligándola a esconderse intentando borrar su pasado e incluso a tener que crearse una nueva identidad.

Es preciso destacar la exquisita sensibilidad por parte de la autora para manejar la expresión de los más profundos sentimientos con gran elegancia, para dibujar las escenas con realismo y el cuidado en la elaboración de bellas metáforas y frases dignas d ser subrayadas pero ante todo destaco su habilidad para crear unos personajes que llegan al corazón. Me conmueve la historia de Clementina, he sufrido con sus pérdidas y con su sufrimiento por el paraíso perdido, he llegado a adorar a su familia, a los marqueses tan encantadores y cariñosos, a ese hermanito juguetón y cómplice y la acompaño en el proceso que emprende hasta lograr la reconstrucción de su alma, hasta descubrir que todo por lo que pasa, bueno o malo, acaba configurando lo que es como persona y aprenda, aunque sea a base de golpes, a quedarse sólo con lo mejor del pasado para configurar su nueva vida. Una gran historia contada en un hermoso libro lleno de melancolía, amor y aprendizaje.
"Estamos hechos de los pedacitos de las personas que se cruzan en nuestro camino"

lunes, 30 de noviembre de 2020

La dependienta

Está claro que para que una novela sea grande no es imprescindible contar con trescientas páginas, basta con que sea capaz de contar una gran historia con grandes personajes y que nos sirva para transportarnos a un lugar atractivo y diferente. Y todo eso lo he encontrado en esta novelita de la japonesa Sayaka Murata en la que nos presenta a Keiko Furukura "La dependienta" del Smile Mart, una konbini o tienda de comida abierta 24 horas al día situada en un distrito de oficinas de Tokio. Keiko es la empleada ideal: soltera, sin compromiso, bastante rarita pero entregada en cuerpo y alma a su trabajo en la tienda. La konbini es todo su mundo, se desvive por cumplir con sus rutinas, atender con amabilidad a los clientes, promocionar la oferta del día, reponer la comida preparada en los expositores y tener siempre bebidas frías en la nevera. Pero Keiko es incapaz de experimentar sentimientos y lo tiene difícil para desenvolverse en el mundo que hay fuera de la tienda, sin embargo ha aprendido a comportarse imitando a sus compañeros, copiando su tono de voz, las expresiones faciales o las palabras justas que debe repetir en cada circunstancia para parecer normal.

La protagonista de esta sencilla y delicada historia es un ser rarito dentro de lo rarita que ya de por sí nos puede resultar la sociedad japonesa en muchos aspectos que la distinguen de la occidental: la obsesión por cumplir con las expectativas que se les marcan a los buenos ciudadanos para conseguir un trabajo bien remunerado, formar una familia y ajustarse al máximo al estándar de comportamiento cívico. Keiko es lo que sus conciudadanos prácticamente consideran como un parásito, una persona sin apenas utilidad, no encaja ni sabe cómo encajar, pero lo mejor de todo es que no le interesa tampoco convertirse en una persona de provecho, le basta con formar parte de su pequeño mundo, ser una pieza más del engranaje que permite seguir funcionando a su konbini. Eso es lo único que necesita para dar sentido a su pequeña vida.

viernes, 27 de noviembre de 2020

El silencio del bosque

Me estreno gracias a este título, "El silencio del bosque", con la serie de Tana French protagonizada por los detectives Ryan y Maddox,  destinados en el departamento de homicidios de la Garda (cuerpo de la policía irlandesa). Alguna ventaja ha de tener en ocasiones el ser maniática y ordenada como me ha ocurrido en este caso en el que, gracias a empezar la serie por el primera entrega, he podido conocer a Robert Ryan desde sus orígenes y sobre todo conocer el suceso que marcó su infancia: cuando contaba doce años desapareció, junto a otros dos niños, en el bosque que se encontraba a la espalda de su urbanización donde solían jugar. Tras varias horas de búsqueda lo encontraron en estado de shock, y manchado de sangre. Sus dos amigos nunca aparecieron y tampoco regresaron nunca los recuerdos de lo sucedido aquel día.

Igualmente he asistido desde su inicio la estrecha y peculiar relación no sólo profesional sino también de amistad con Cassie Maddox, su compañera de trabajo con la que conforma una atractiva pareja de investigadores sobre la que la autora ha desarrollado ya toda una serie de seis novelas hasta la fecha.

El caso que centra la acción en esta ocasión se inicia con la aparición del cadáver de una niña en Knocknaree, zona residencial al sur Dublín que resulta ser el lugar donde Ryan vivió en su infancia y a donde no había vuelto desde que todo aquello ocurrió. El regreso al escenario de aquellos hechos y algunas similitudes entre ambos casos provocan que Ryan trate de recordar algo de lo que les ocurrió a él y a sus amigos hace ya tantos años en el mismo bosque, pero su cerebro parece que borró por completo todo aquello como un sistema de defensa contra el horror vivido, lo que dificulta el tratar de determinar si ambos casos tienen alguna relación más allá de la coincidencia geográfica y el tener a unos niños como víctimas.

Me ha sorprendido gratamente la forma en que la autora relata los hechos, alejada de la frialdad e imparcialidad con la que se supone que los detectives de homicidios analizan sus casos. A todo lo largo del relato vamos adentrándonos en los más profundos sentimientos de Ryan que narra el caso en primera persona y resulta muy cercano y sincero en la expresión de sus temores y sensaciones. Se logra humanizar el trabajo policial mientras asistimos a su lucha personal contra el trauma causado en su infancia que le impide recordar los hechos que protagonizó y sus sentimientos al aproximarse a las víctimas sin poder evitar sentir empatía por los niños que han pasado por situaciones y pérdidas por las que él también pasó. Igualmente, resultan interesantes sus opiniones y su posición frente a temas como la muerte y la forma en la que esta se afronta en la sociedad actual, sus reflexiones sobre la infancia, el origen de la maldad y la bondad, el debate sobre si los criminales lo son por naturaleza o meras víctimas del sistema y la sociedad, su indignación en relación con la corrupción política de su país o las complicadas relaciones entre ingleses e irlandeses. Sin duda esta es una novela que merece mucho la pena leer, más allá de la pura trama policial que supone el centro de su argumento, pero que también nos hará disfrutar de un amplio repertorio de temas paralelos, personajes atractivos y mucha acción acompañada de interesantes reflexiones. Una lectura bastante completa como podrán comprobar todos aquellos que se decidan a disfrutarla.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Hannah

El otrora presentador de televisión Christian Gálvez y hoy día reputado especialista en el Renacimiento italiano no deja de sorprender con su nueva faceta de escritor, oficio en el que ya demostró que era capaz de desenvolverse con soltura en sus novelas sobre Leonardo y Miguel Ángel y al que regresa con esta nueva obra "Hannah" con la que logra hacernos creer que va creciendo como autor, que domina el ritmo, la frescura en los diálogos, la alternancia de varios planos temporales pero, sobre todo, que es capaz de volcar de manera interesante y entretenida la gran cantidad de conocimientos que atesora sobre el momento histórico en el que se desenvuelve la acción de cada uno de sus libros, en este caso la II Guerra Mundial en Italia y más concretamente en su adorada ciudad de Florencia, dando lugar a novelas que combinan la emoción con la información y el rigor histórico.

La protagonista de la novela es Hannah, una joven estudiante de psicología que se encuentra preparando su doctorado sobre las expresiones faciales de las emociones en el arte renacentista,  para lo que se ha instalado junto con una amiga en la ciudad toscana. El fallecimiento de su abuela con la que compartía nombre y que la había criado tras la muerte de sus padres en un accidente, lleva a Hannah de vuelta a Madrid donde, organizando cajones, descubre una cartilla militar nazi donde aparece el nombre de su abuela junto a un número y un nombre: G. Wolf. Si bien la abuela, italiana de origen judío, vivió sus primeros años como niña en Florencia durante la II Guerra Mundial, nunca compartió con su nieta ningún recuerdo de aquellos años ni menciono aquella libreta. La joven Hannah siente, sin embargo, que si su abuela conservó aquel documento durante tanto tiempo fue porque lo consideraba importante, por lo que inicia una investigación para tratar de descubrir así algo más sobre la vida de su adorada abuela. «Preservar la memoria. Es lo único que tenemos».

Placa en recuerdo a Wolf en el Ponte Vecchio
Placa en recuerdo a Wolf en el Ponte Vecchio
En paralelo vamos a ir conociendo a algunos personajes que pasaron los años de la guerra mundial en la Italia fascista ocupada por las tropas alemanas, entre los que destaca Gerhard Wolf, cónsul alemán en Florencia que colabora con el responsable del Instituto alemán de cultura en la ciudad, Kriegbaum, y otros alemanes instalados en la ciudad y que anteponen su amor por el arte y por la belleza de la ciudad de Florencia a los mandatos irracionales del fascismo y tratan de proteger las grandes obras y monumentos que atesora la ciudad frente a los riesgos que suponen para ellas la guerra y la rapiña de su propio gobierno. Pero sobre todo, lo que Wolf y su red de colaboradores, entre los que contará con el cardenal Della Costa y el rabino de la ciudad, tratarán de salvar serán vidas humanas. Pronto se va a olvidar el autor prácticamente de la excusa de la historia de la Hannah de la actualidad para centrarse en contarnos cómo el cónsul alemán arriesgó su vida al igual que hicieron otros cuántos idealistas para tratar de librar a Florencia de la barbarie e irracionalidad del nazismo. 

"Las personas que tienen la osadía de creer que pueden cambiar el mundo son las que terminan cambiándolo."