jueves, 14 de marzo de 2019

Chicas felizmente casadas

Retomamos con estas "Chicas felizmente casadas" los avatares de aquellas dos amigas irlandesas, Kate y Baba, creadas por Edna O'brien a las que conocimos en "Las chicas de campo" y a las que dejamos viviendo en Dublín donde descubrían los sinsabores de la vida adulta, el amor, la liberación de su estricta educación católica y pasando, en fin, de jóvencitas inseguras a mujeres independientes. 

Ahora han transcurrido algunos años (y un libro intermedio que me he saltado y creo que no es fundamental para retomar el curso de sus vidas) y nos encontramos con que ambas residen ahora en Londres. Corren años 50 y las amigas se encuentran establecidas como madres y esposas de clase media con aspiraciones, tras haber dejado atrás los tiempos más alocados de amoríos y fiestas (o así debería de ser al menos) Baba se ha casado con Frank, un nuevo rico bastante paleto pero que, como ella misma confiesa, se ha ganado su aprecio "a base de billetera" y con él logra el estatus social y económico al que siempre aspiró. Pero el bienestar material que le proporciona su matrimonio no es suficiente para alcanzar la felicidad y menos cuando un embarazo no deseado venga a alterar sus planes y su planteamiento vital. Kate, por su parte, está con Eugene, amante de sus tiempos en Irlanda con el que se reencontró, se casaron, han tenido un hijo, pero el amor ha terminado pronto entre ellos y Kate se encuentra expulsada del hogar conyugal, luchando por mantenerse cerca de su hijo, enfrentando la depresión y la falta de ilusión por la vida.

Son las propias protagonistas las que nos cuentan sus desastrosas vidas matrimoniales, sus relaciones con amantes sórdidos que ni ellas mismas se toman en serio o sus conflictos con unos maridos mezquinos. El tono cínico de Baba con su habitual frivolidad y egocentrismo y el estilo pesaroso de Kate que sigue siendo una chica profunda y reservada, se alternan para introducirnos en un relato cubierto por una permanente capa de tristeza e insatisfacción que sobrevuela toda la narración que nos muestra a unas mujeres permanentemente frustradas por el modo en que siguen siendo tratadas y consideradas las mujeres en esos tiempos, su descreimiento en Dios tras renunciar a lo que les proporcionó su rigurosa educación, así como la insatisfacción que les procura su concepto banal del sexo, del matrimonio, su dependencia emocional de relaciones sentimentales que no les aportan más que amargura y en ningún caso son fuente de felicidad. Lo único que permanece fuerte y seguro a su alrededor es la amistad que une a estas dos mujeres que, aunque con frecuencia se comporten con mezquindad la una con la otra, en el fondo son lo único firme que poseen ambas, y aunque lo hagan refunfuñando, se apoyan y ayudan en cualquier circunstancia, siendo éste el único aspecto positivo y luminoso que destaca en esta historia y que les otorga un atisbo de esperanza para seguir juntas tirando hacia adelante con sus vidas. 

Mi conclusión final sobre esta lectura es que me ha resultado amarga puesto que me presenta una visión bastante negativa de la naturaleza humana que ni el tono sarcástico del relato logra a ocultar. Tal vez para algunos como para la autora el mundo, los matrimonios y las familias sean así, pero no coinciden con lo que yo espero de las relaciones personales y por tanto me ha producido bastante tristeza el desenlace de estas dos vidas que me gustaría que hubieran sido felices pero no lo supieron lograr.

sábado, 9 de marzo de 2019

La hija del relojero

Estoy encantada de haber podido disfrutar de la nueva y muy esperada novela de Kate Morton, una autora que hasta ahora ha resultado ser infalible para mí y es que desde que la descubrí siempre he conectado con su estilo y disfrutado con sus historias, de ahí las ganas que tenía de tener entre las manos esta última, "La hija del relojero" donde, lo primero que apreciamos es que se repite el esquema que ha llevado a la autora británica al éxito: dos historias paralelas separadas en el tiempo sin relación aparente al menos en principio, dos mujeres con historias personales diversas pero en las que todo lo que se nos cuenta rezuma el aire de la Inglaterra más tradicional. Tanto en la trama situada en el Londres actual como la que transcurre en el pasado nos encontramos con historias contadas con auténtica emoción en medio de unos escenarios enormemente atractivos y con unos personajes cautivadores que nos conquistan de inmediato. Por otra parte, enseguida descubriremos que el esquema temporal es más complejo que la simple yuxtaposición de dos historias que se desarrollan en paralelo, pues resulta que empiezan a aparecer multitud de hilos temporales nuevos, una gran cantidad de historias que transcurren en momentos diferentes, tanto que en algún punto me llegué a encontrar algo perdida con los cambios de época, aunque las confusiones duraron poco. Y todas las tramas tienen un punto en común: una casa llena de misterio en mitad de la campiña inglesa que conectará firmemente a todos los personajes.

Comenzando por el tiempo actual, nos encontramos con Elodie Winslow, una solitaria y sensible joven archivista que vive, como los objetos con los que trabaja, anclada más en el pasado que en el presente; Elodie se siente perfectamente cómoda entre los refinados objetos que pertenecieron a personajes del siglo XIX que vivían consagrados al arte y la cultura, con devoción por las bellas artes y la belleza en general. Ni siquiera la preparación de su próxima boda con un novio que debería resultar perfecto logra ilusionar verdaderamente a la joven; Elodie sospecha que lo que hay entre ella y Alistair no se corresponde con su idea de amor verdadero, no hay auténtica pasión entre ellos, al menos no del tipo que Elodie sueña. Cuando descubre entre su material de trabajo una fotografía de una joven desconocida relacionada de algún modo con Radcliffe, un pintor prerrafaelita casi desconocido, Elodie se obsesionará por descubrir quién fue esa mujer ¿Se trata de la prometida del pintor fallecida prematuramente, o tal vez será su musa y amante de la que casi nada se sabe?

La secunda línea argumental está protagonizada, ni más ni menos, que por la voz de un espíritu que habita en Birchwood Manor, una casa en Berkshire, a la orilla del río Tamesis. Se trata de una mujer que fue conocida como Lily Millington, aunque ese no fue su verdadero nombre y que evoca su vida pasada, desde su dramática infancia que transcurrió como avispada ratera en las duras calles del Londres decimonónico hasta que comprendamos cómo acabó habitando por toda la eternidad en la casa de Birchwood. A partir de aquí, irán sucediéndose diversas historias en varios momentos temporales que pasarán desde la infancia de Lily al esplendor de Radcliffe y su circulo de artistas en torno a la casa junto al río, llegando a los años posteriores a la Gran Guerra en los que Leonard Gilbert investigará para su tesis sobre la figura del pintor y su conexión con la casa, o Juliet y sus hijos que se refugiarán en ella cuando su casa de Londres resulte bombardeada durante la II Guerra Mundial. Incluso dentro de la historia protagonizada por Elodie volveremos hacia atrás al regresar sobre la figura de su madre, una talentosa violonchelista que falleció muy joven en unas circunstancias que ella nunca conoció por ser muy niña y que ahora desea descubrir.

Nos encontramos a lo largo de la lectura con distintos casos de personas, maridos, hijos, amantes, que se desmoronan tras la pérdida de un ser querido, que nunca se terminan de recuperar. Esa manera de sentir, un amor así de intenso es lo que desearía experimentar Elodie, esa necesidad vital del otro, esa pasión que justifica toda una vida. La novela recorre distintas historias de amor conectadas de un modo u otro con la misteriosa fotografía, con su origen, su protagonista y sus distintos poseedores, girando en torno a una muerte sospechosa sin aclarar, un diamante desaparecido y todo ello en una ambiente lleno de magia, de escenarios de bucólico romanticismo que evocan tiempos de felicidad, inocencia, descubrimiento y amor por belleza y siempre teniendo como epicentro la casa de Birchwood, un lugar que conquista y atrae a los que la frecuentan, una casa que guarda secretos que sólo revela a quienes lo merecen, un lugar encantado y encantador donde he disfrutado, sufrido y compartido sentimientos intensos de una historia, otra vez, muy bien contada, como suele ocurrir con las novelas de la Morton.

lunes, 4 de marzo de 2019

El psicoanalista

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de leer "El psicoanalista", este thriller de John Katzenbach que ya puede ser considerado prácticamente un clásico del género, no en balde ha cumplido quince años ya desde su publicación y no deja de recoger buenas críticas y lectores que hablan maravillas de la experiencia de disfrutar de esta historia. Hay que reconocer que la novela empieza en lo más alto, el tono de tensión se marca desde la primera página donde conocenos a Ricky Starks, el psicoanalista del título, que en el día de su cumpleaños recibe una carta amenazadora de un supuesto antiguo paciente que le felicita por sus últimos días de vida y le invita a suicidarse en breve o someterse a sufrir terribles consecuencias entre miembros inocentes de su familia. Semejante despliegue de odio y deseo de arruinarle la vida sorprende a Stein que tendrá que tratar de identificar el origen de tal deseo de venganza hacia él. Lo único que tiene es un alias, Rumplestiltskin, que, como aquel malévolo personaje de cuento, le plantea un acertijo de difícil solución y le ofrece un breve plazo de dos semanas para resolverlo o atenerse a las circunstancias.

Comienza así una frenética carrera contra un enemigo desconocido e invisible, un psicópata que no duda en ir regando de cadáveres y víctimas colaterales la macabra persecución y acoso que emprende contra Stein cuya vida ponto se convierte en un verdadero infierno diseñado por una mente diabólica, que incluye el suicidio de un paciente o una denuncia falsa de abusos por parte de una supuesta paciente que nunca existió, de manera que la vida del psicoanalista se va complicando según Rumplestiltskin le enreda en la tela de araña que le ha tejido pacientemente con el objetivo de arruinarle la vida personal, profesional, familiar, económica y tratando de arrastrar a que Stein a una desesperación tal que decida acabar con su propia vida.

La única posibilidad que le queda a Ricky si quiere salvar la vida será rastrear entre los casos de su pasado desde sus inicios como profesional con el objetivo de descubrir aquella persona con la que tratamiento falló, a la que se le arruinó la vida sin él saberlo y que llevó a provocar semejante deseo de venganza. Ante el acoso, la persecución y las amenazas, Ricky cambia su carácter, sus pausados y controlados hábitos y pasa a actuar como nunca antes ni siquiera se planteó hacer, él que es hombre de palabra y razonamiento más que de acción, él que nunca antes había hecho uso de la violencia en ninguna faceta de su vida se encuentra ahora ante la necesidad de adaptarse a unas nuevas circunstancias, de pelear por su vida dejando atrás todo aquello que le impulsaba hasta ese momento para aprender a pensar como un asesino, para pasar de ser perseguido a convertirse él mismo en perseguidor.

Toda la novela se desarrolla con un ritmo frenético plagado de sorpresas, tensión, giros dramáticos que mantienen la atención permanentemente y te hacen sufrir con Ricky hasta el ultimo momento. La mayor parte de la acción transcurre en escenarios de Manhattan pero resulta que también se acerca a lugares que he visitado recientemente en otras lecturas, como el pueblo de Rhinebeck donde residía Guillermo Fesser en "A cien millas Manhattan" o los tranquilos pueblos costeros de los Hamptons muy cerca de donde se situaba la acción de "La misteriosa desaparición de Stephanie Mailer" con lo que compruebo sorprendida cómo la lectura puede convertir lugares tan lejanos y ajenos a mi realidad cotidiana en un entorno que me resulta conocido y hasta podría decir que familiar. Y es que esa es una de las grandes ventajas de la lectura: descubrirte el mundo, acercarte a lugares lejanos, permitirte conocer otros paisajes como si los tuvieras a la puerta de tu casa. Una gozada, de las grandes 

martes, 26 de febrero de 2019

La maldición de la Casa Grande

Juan Ramón Lucas, conocidísimo periodista de radio y televisión, se estrena como escritor con esta novela, "La maldición de la Casa Grande", un relato sobre los tiempos de las grandes fortunas surgidas a finales del siglo XIX de las explotaciones mineras en la sierra de La Unión, por aquel entonces perteneciente a la comarca de Cartagena,
"Hay dos mundos: el de las galerías interiores y el de los lavaderos y los caminos, pero todos son la misma mina y ponen a quienes los habitan ante sus propios límites, los apriete el sol y el polvo de la sierra o los oprima la oscuridad y respiren el mineral que provoca silicosis o te emploma y te vuelve torpe o loco. La condición humana desciende aquí a la categoría de animal. Lo mismo trabaja la bestia que tira del cable en el malacate, que el niño que acarrea piedras en el capazo quintalero desde la cueva hasta el enganche y va abriendo las galerías donde los adultos no caben."
Miguel Zapata, "el Tío Lobo", es el centro indiscutible del argumento que se nos cuenta, propietario tanto de las minas como de las vidas y destinos de los que en ellas trabajan, dueño absoluto de la villa de Portmán, localidad cercana a La Unión donde en los siglos XVIII y XIX se explotaron el plomo y la plata de sus montes, como antes lo hicieran romanos y cartagineses. Zapata somete a todos a su voluntad y todos le honran como el poderoso hombre que es. Pero su inmensa fortuna y múltiples negocios no pueden evitar que la maldición persiga a su familia, que su primogénito muera joven, como su otra hija, que la muerte persiga a los de su sangre y su llama se apague en pocos años. Y como testigo y narradora de esa historia infausta, María la Guapa, hija y hermana de minero que entra a servir en la Casa Grande, mansión familiar de los Zapata donde conoce al fiero y autoritario tío Lobo del que descubre que también es capaz de ser justo y clemente. Pero María oculta un secreto, ya que está embarazada del heredero de Zapata, con el que sostuvo un apasionado romance clandestino que acabó trágicamente con la muerte repentina del joven.

En una narración que va y viene en el tiempo al ritmo en que María va rememorando los distintos episodios de su vida junto a los Zapata, reconstruimos la historia de esa opulenta familia cuyo apellido no sobrevivió a dos generaciones. El relato nos muestra también, al hilo de la historia de amor y poder, de riquezas y decadencia, el fresco de una época de enorme agitación, de grandes avances científicos y conflictos sociales, donde las fortunas se forjaban y se expandían para desaparecer igual de velozmente, víctimas de las guerras, las crisis y los cambios políticos violentos, dejando tras de sí en muchos casos el más absoluto olvido como aquel en el que cayeron durante décadas la figura de Miguel Zapata y la época dorada de las minas de La Unión. 

Imagen de Miguel Zapata
Rescata así del olvido el autor una figura que fue todopoderosa y que acabó cayendo en el más absoluto de los olvidos, víctima de la presunta maldición que un lejano día condenara a él y toda su estirpe a desaparecer de la tierra y de la memoria y que ahora es rescatada gracias a esta novela que recrea su historia con el punto justo de drama y tragedia, reflejando un tiempo histórico intenso, unas formas de vida y unos paisajes que forman parte de nuestra Historia no tan lejana y que aún puede adivinarse paseando por la sierra minera de La Unión y alrededores. Tengo que agradecer al autor, por tanto, esta acertada recreación de nuestro pasado cercano, el devolvernos a la memoria a la insigne figura del Tío Lobo y permitir que su recuerdo pueda permanecer entre nosotros tanto tiempo después.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Nunca es tarde

Compruebo sorprendida que esta de "Nunca es tarde" es la séptima novela de Jerónimo Tristante que leo y la segunda en el espacio de pocos meses y es que dos factores se han conjurado para que Tristante se haya convertido en candidato a autor preferido; por una parte está el hecho de haber creado una serie entretenidísima protagonizada por el detective decimonónico Víctor Ros, de la cual me he apuntado prácticamente a todas las entregas y la que me saltado ha sido porque que vi con anterioridad el correspondiente capítulo de la serie televisiva, con lo que ya descarté leerlo. Y el segundo elemento que ha propiciado la frecuencia de sus lecturas es el hecho de se trate prácticamente de un autor local, al menos de la misma Comunidad Autónoma, lo que garantiza que sus obras sean habituales en la biblioteca municipal que frecuento. Con todo ello,

Isabel, la protagonista de la novela, es un  ama de casa cuarentona y bastante aburrida, una vez que los  hijos han abandonado el hogar familiar y el marido pasa más tiempo en Barcelona que en el pueblo, ocupado con el trabajo y alguno de los frecuentes romances con secretarias y compañeras trabajo que ya son habituales en él. El tedioso día a día de Isabel se trastoca cuando, mientras se encuentra hurgando en antiguos periódicos en la biblioteca local con el fin de realizar una investigación sobre su pasado familiar, descubre noticias sobre un triple asesinato cometido hace cuarenta años en el tranquilo pueblo de montaña donde vive. Aquellos sucesos coinciden en el tiempo con el momento en que sus padres se trasladaron allí a vivir cuando ella era sólo era niña. Pero lo más sorprendente será descubrir que existe un gran paralelismo entre aquellos hechos y las recientes desapariciones de dos niñas en los alrededores del pueblo. ¿Acaso alguien está copiando aquellos crímenes? ¿O puede ser el mismo asesino que ha regresado? ¿Y porqué ahora?

En su papel de detective aficionada, Isabel contará con la ayuda de un extranjero residente en el pueblo, un escritor de novela negra retirado que empleará sus conocimientos en asuntos de investigación policial para colaborar con ella para desentrañar el antiguo caso, lo que les puede llevar a resolver también las actuales desapariciones. El recurso de emplear una investigadora aficionada, una personal normal que, acompañada de un semiprofesional o cercano a los círculos policiales, no es una estrategia nueva a la hora de armar una novela de intriga (comenzando por ejemplos tan populares como los libros de Camilla Lackberg), pero es cierto que es una idea acertada que permite que la investigación se mueva libremente por canales oficiales y no formales lo que ayuda además a destapar las irregularidades y posibles delitos que se ocultaron en la antigua investigación.

Lo que está claro es que Tristante domina los secretos del éxito de la novela policíaca, sea en escenarios actuales o clásicos, maneja bien el ritmo del relato, dosifica correctamente la intriga y el suspense y da vida a unos personajes atractivos a los que el lector acompaña con gusto en sus peripecias detectivescas; todo lo cual va a favor de aquello que comentaba al principio de esta reseña: el hecho de que se trate de un autor que sigue ganando puntos en mi ranking personal de escritores favoritos. Suerte la mía que además de buena, su obra sea abundante y variada. 

martes, 12 de febrero de 2019

El verano antes de la guerra

La joven Beatrice Nash ha logrado un empleo como profesora de latín en la escuela de Rye, un destino más que digno para una mujer soltera, con extraordinaria formación y determinada a conservar su independencia, por mucho que su actitud demasiado moderna no resulte apropiada para las anticuadas costumbres de la mayor parte de sus nuevos convecinos. La recomendación de Lady Marbely y el apoyo de Agatha Kent han sido fundamentales para que Beatrice reciba la aprobación de Lady Wheaton, figura más relevante y cabeza de la junta rectora de la escuela, si bien se encontrará con la feroz resistencia del alcalde y su esposa, que pretendían que el puesto lo ocupara su propio sobrino.

Helen Simons, autora también del precioso libro "El mayor Petigrew se enamora", nos retrata en esta ocasión el que será "El verano antes de la guerra" que da título a esta novela, el último periodo de inocente felicidad para muchos antes de que estalle la I Guerra Mundial. Beatrice tratará de disfrutar de esa despreocupación junto a los sobrinos de los Kent: el formal y sensato Hugh Grange, médico en ciernes y el despreocupado y divertido Daniel con aspiraciones de poeta. Los dos primos se esforzarán por integrar a la nueva maestra en el escaso círculo de los más jóvenes miembros de la sociedad local. Mientras la amenaza de la guerra recorre Europa, los jóvenes tratan de aprovechar los días de verano, ajenos a los negros nubarrones que amenazan la estabilidad del continente. Cuando finalmente estalle el conflicto, la pequeña localidad irá viendo cómo sus hombres van partiendo hacia el frente, algunos de ellos para no volver, mientras que aquellos que permanecen en Rye se esfuerzan en participar en el apoyo a los combatientes con todo tipo de muestras de patriotismo. En medio de ese escenario, nuestra protagonista se mantendrá firme en su intención de convertirse en una mujer independiente, capaz de valerse de su intelecto para subsistir, si bien su sueldo será apenas suficiente para mantenerse dignamente, por lo que la joven se enfrentará al trato humillante que le prodigan los administradores de su herencia que supervisan estrictamente el uso de la asignación de la que pretende disponer, poniendo de relevancia el difícil papel de cualquier mujer soltera en aquella sociedad remilgada y llena prejuicios de la Inglaterra de principios de siglo.

La narración nos va revelando las pequeñas y variadas mezquindades de los variopintos personajes que pueblan la pequeña localidad provinciana donde a muchos les gusta destacar y darse importancia, donde algunos compiten por mostrarse solidarios a la hora de acoger a los refugiados que llegan desde Bélgica empujados por la guerra, pero tratando de que ello no afecte demasiado a su propia comodidad ni, por supuesto, a su bolsillo. Otros personajes que se mezclan con los habitantes locales son un grupo de artistas que han llegado a Rye atraídos por la calma del entorno rural y la atracción del paisaje costero; bohemios y de mentalidad libre, se apartan de los convencionalismos en las modas y las costumbres, sin ninguna intención de resultar respetables, por lo que nunca lograrán ser completamente aceptados en la sociedad local.

El ambiente de la novela nos evoca fácilmente el encanto del mundo de Downton Abbey con el que coincide en época histórica y en el retrato de la sociedad inglesa rural, con sus peculiaridades y costumbres. La propia portada del libro nos llevará a suponer que nos hallamos frente a una narración alegre y desenfadada, pero ésta evolucionará, según las escenas en el campo de batalla vayan ganado terreno a las reuniones sociales, dando paso a un emotivo relato del sinsentido de la guerra que nos llega a formar un nudo en la garganta al asistir a la pérdida absurda de vidas, en especial de las de aquellos más jóvenes y prometedores de entre los vecinos de cualquier población inglesa o de cualquier otro punto de la geografía europea, donde Rye resulta ser sólo un botón de muestra de lo que ocurrió en tantos otros lugares y momentos históricos y lo que sigue y seguirá ocurriendo  mientras que las guerras sigan existiendo.

miércoles, 6 de febrero de 2019

La mujer que no bajó del avión

No puede decirse que Alex Bernal, el protagonista de "La mujer que no bajó del avión", este oscuro thriller con el que he descubierto a la escritora barcelonesa Empar Fernández, se venda demasiado bien; se define a sí mismo como un hombre sin suerte ni carácter, de escasa moral y emociones básicas, sin recursos ni futuro. De ahí que, cuando regresa de una temporada en Roma donde las cosas no le han ido demasiado bien, como parece ser habitual en su desafortunada existencia, no duda en hacerse con una maleta abandonada en la cinta de equipajes del aeropuerto del Prat, confiando en encontrar en su interior cualquier cosa de valor que le pueda ayudar a salir del bache en que se encuentra. Pero nada valioso aparece al abrir la maleta sustraída; tanta es su mala suerte, que el único botín que halla resulta ser una urna funeraria y un cuaderno donde Sara Suárez, esa mujer que no bajó del avión y que resulta ser la propietaria de la maleta, relata los días pasados en un hospital de Roma junto a la cama de Marina, su hija moribunda y donde repasa los episodios más dramáticos de su desgraciada vida.

Nada más iniciar la lectura, Alex tiene que reconocer que el relato "promete dolor a manos llenas." Al tiempo que se introduce en el diario de Sara, Alex se va moviendo por unos escenarios bastante deprimentes, empezando por los del barrio obrero del extrarradio de Barcelona donde vive su hermano Raúl, en cuyo modesto piso se aloja provisionalmente a la espera de encontrar un trabajo para poder dejar de depender de su ayuda, como ha hecho cada vez que se encuentra en apuros, por lo que Raúl y su esposa Rosa ya están bastante cansados de él. La novela retrata una sociedad deprimida y desilusionada cuya acción transcurre entre deprimentes cafeterías de barrio y tiendas chinas en los suburbios de una agitada Barcelona que se prepara para Sant Jordi, frenética e impersonal, con calles y terrazas atestadas de turistas, de paseantes, de vendedores de flores y de manteros.

El ritmo en que se alterna la lectura del diario de Sara con la narración de Alex es irregular, escenas de desigual extensión se van repartiendo el protagonismo, de manera que el argumento secundario supera en ocasiones en interés a la que debería ser la trama principal, aunque en suma componen una buena historia que aunque no sabría si decidirme a etiquetarla como novela policíaca o negra, sí que contiene bastantes de los elementos clásicos de este género: dos muertes sospechosas, un detective amateur, aunque su investigación se limite a descubrir una historia leyéndola en un diario, una aparición tangencial de la policía y un ambiente que alterna el barrio obrero con el centro de la gran ciudad. Pero dejando de lado la etiqueta que le habremos de colgar, sí que reconozco que la historia parte de una buena idea y se desarrolla adecuadamente, con suficiente carga de interés humano, donde los personajes deben lidiar con secretos del pasado que nunca terminan de pasar factura, dando muestra de poseer unos caracteres complejos y alejados de lo común, lo que enriquece bastante la lectura. Será cuestión de no perder de vista a esta autora y al resto de su obra.