lunes, 20 de febrero de 2017

The couple next door (La pareja de al lado)

Los protagonistas de la historia que cuenta "The couple next door" de Shari Lapena, son Anne y Marco, un matrimonio joven con una pequeña hija de seis meses que decide aceptar una invitación a cenar en casa de sus vecinos, a pesar de que la canguro les ha fallado a última hora; tras una breve discusión deciden ir igualmente dejando a la niña durmiendo en casa y controlándola a través del monitor. Ocurre lo imaginable: cuando regresan a casa la niña ha desaparecido de su cuna. Se inicia en ese momento una investigación policial donde escasean las pistas, nadie ha visto a los secuestradores, ni siquiera hay reclamación de rescate, ni razón para hacer desaparecer a la niña. La policía busca motivos que justifiquen la desaparición: la ligera depresión postparto de Anne puede justificar que haya hecho daño a su hija involuntariamente y hayan tratado de ocultarlo; también los problemas económicos de la empresa de Marco podrían haberle llevado a simular un secuestro para obtener dinero de sus acomodados suegros. Todas las teorías están sobre la mesa, todo son posibilidades y ninguna certeza, lo cierto es que la niña sigue sin aparecer y los padres y la policía se desespera.

El ritmo de la novela es constante, la intriga se mantiene según seguimos la investigación, la reconstrucción de los hechos, mientras descubrimos la relación con los adinerados padres de Anne así como con los vecinos que esconden su propio secreto que puede tener algo que ver con la desaparición de la pequeña. O no. Es cierto que es fácil sospechar a lo largo de la lectura quién puede ser el culpable, el organizador del secuestro, pero la trama permite conservar la intriga y la angustia por saber cómo se resolverá finalmente el caso que, como suele ocurrir, se complica más de lo previsto.

Una lectura entretenida y que mantiene la tensión hasta el final, con unos personajes atractivos que hacen de la novela una candidata propicia a convertirse futura en película de éxito. Lo veremos.

jueves, 16 de febrero de 2017

Camille

El comandante Camille Verhoeven, protagonista de la serie policíaca del francés Pierre Lamaitre, no es un hombre afortunado; después de los dramas que le ha tocado vivir con anterioridad parece que ahora que ha rehecho de algún modo su vida junto a Anne, esta resulta ser la víctima de un brutal atraco, sin más razón que la de encontrarse en el lugar erróneo en el peor momento. Lamaitre nos describe en "Camille", con su usual detallismo no exento de detalles cruentos el devenir de los hechos, el salvaje ataque que sufre Anne, las sensaciones de Verhoeven al revivir los hechos a través de las grabaciones de las cámaras y de los relatos de los testigos del asalto, la manera en la que se involucra en la investigación sin informar a sus superiores ni compañeros de la relación que le une con la principal víctima del caso, el modo en que carga sobre sus hombros la responsabilidad de salvarla del asesino que parece acecharla, que quiere acabar con ella a toda costa.


A diferencia de la mayoría de las novelas de misterio o de género negro que van incrementando el suspense hasta un final explosivo, las novelas de Lamaitre comienzan en alto y en ningún momento bajan a un momento valle, a todo lo largo de la lectura nos mantenemos en vilo esperando un golpe de gracia, un estallido de violencia, un acontecimiento inesperado, el corazón constantemente en un puño, porque los personajes negativos no son racionales, son crueles sin medida y no bajan la guardia en ningún momento. Y el lector tampoco puede relajarse ni un minuto, hay momentos en que la angustia por no entender qué está pasando te ata al libro y te hace leer a toda velocidad para lograr salir del laberinto en el que el pobre Camille se encuentra atrapado.

Esta es la última novela de la serie protagonizada por Verhoeven, una serie de las que hay que leer siguiendo su orden de publicación, en la que te llegas a encariñar del comandante y algunos de sus peculiares compañeros y que garantiza en todas sus entregas emoción máxima, profundización en los sentimientos y la mente de los personajes y, sobre todo, un enorme disfrute lector, a pesar de que en ocasiones haya que entrecerrar los ojos ante la crueldad de algunos de los episodios narrados. Pero así y todo, no dudo en recomendar su lectura por su indudable calidad literaria y acierto en el retrato humano de los personajes.

jueves, 9 de febrero de 2017

El asesinato de Sócrates

De auténtica maravilla tengo que calificar el fascinante viaje a la Crecia antigua que he experimentado a través de la novela de Marcos Chicot, finalista del premio Planeta 2016 "El asesinato de Sócrates", gracias a la cual he revivido el constante e incansable enfrentamiento militar entre Atenas y Esparta, ambas ciudades magníficamente descritas en su arquitectura, sus diferentes idiosincrasias, la vida cotidiana de los ciudadanos de ambas ciudades, el entrenamiento de los guerreros, la formación intelectual de los jóvenes aristócratas, la distinción entre los derechos de los ciudadanos y los que carecen de tal condición, el ejercicio de la democracia originaria, el ejercicio de los oficios y el trabajo de los artesanos, las técnicas arquitectónicas, de pintura o de alfarería y el relato de las batallas históricas con detalle de las técnicas y tácticas militares, además de numerosos acontecimientos históricos, tradiciones, mitología, etc.

El argumento de la novela se sitúa a lo largo de la guerra del Peloponeso, el prolongado conflicto bélico que enfrentó a las dos principales urbes griegas a lo largo de treinta años. Encontramos una mezcla de personajes reales y otros ficticios, pero siempre inspirados en la realidad de los habitantes de aquellas ciudades. Grandes figuras históricas con más o menos protagonismo aparecen en las páginas de la novela, algunos con breves apariciones y otros con papeles destacados en la tramas: dramaturgos como Aristófanes, Eurípides, Sófocles, el gran Pericles, Mirón el escultor y el mismo Platón, discípulo aventajado del gran Sócrates, el filósofo que destaca entre todos ellos, el gran pensador al que el oráculo de Delfos ha preconizado una muerte violenta a manos del hombre de los ojos más claros. A lo largo de la novela, al hilo de los acontecimientos históricos iremos siguiendo la vida del filósofo y los amigos que lo siguen y acompañan tratando de aprehender algo de la sabiduría del hombre más sabio de Grecia y de todo el mundo civilizado en aquel momento, alguien que "se consideraba a sí mismo un filósofo, alguien que quiere saber, y no un sabio, alguien que ya posee el conocimiento." Sus amigos tratarán de descubrir si el oráculo se acabará por cumplir, cosa que a él, únicamente ocupado en descubrir la verdad de las cosas, no le preocupa en absoluto.

Oímos hablar a Sócrates mientras adoctrina a sus pupilos y escuchamos sabias reflexiones en su búsqueda del verdadero conocimiento, al margen de las opiniones o los intereses, la verdad sin más. Queda claro que todo lo que el filósofo se planteó en el siglo V a.C. sigue plenamente vigente para el hombre del siglo XXI, de tal modo que la novela está plagada de frases para resaltar, de afirmaciones palmarias sobre la naturaleza del hombre, sus relaciones en sociedad, el gobierno y, en fin, el mundo tanto antiguo como actual.
"Qué terrible es la diferencia entre el gobierno de la justicia y la tiranía de los más convincentes"
Después de haber leído hace unas semanas la novela ganadora del premio Planeta de este mismo año y a continuacion esta que ha resultado finalista en el mismo certamen, tengo clarísimo que esto de los premios va mucho más de vender libros que de premiar la calidad literaria; no tengo ninguna duda de que "El asesinato de Sócrates" es mucho más merecedora de ser premiada, es más completa en todos los aspectos, más intensa, con unos personajes mucho más interesantes, mejor redactada, con una trama más elaborada, fabulosamente documentada, aunque probablemente sea menos comercial por su extensión, por no ser obra de un autor "popular", incluso su profundidad, su temática sobre asuntos de base cultural e histórica, la hagan menos apta para ser vendida por millares, una novela sobre filosofía y guerra tiene, seguramente, más complicada la promoción masiva, pero sin duda es mucho más recomendable a nivel de calidad literaria para un lector ávido de buenas historias muy bien contadas. Lo tengo claro. 

martes, 31 de enero de 2017

El triángulo de la Transición


Hace algunas semanas leí la estupenda novela de Nieves Herrero en la que se nos relataba la fascinante historia del romance prohibido y escandaloso protagonizado por la marquesa de Llanzol y el ministro Serrano Súñer durante los primeros años del franquismo, una historia que supera cualquier ficción romántica y que tuvo como fruto una niña, la que, en mi opinión fue la gran víctima de aquella aventura, la que sufriría durante más tiempo las consecuencias de ser una hija bastarda en una sociedad pacata hasta el extremo, uniendo a esa carga el descubrir en su primera juventud que el chico del que está profundamente enamorada resulta ser su hermano, el hijo menor de Ramón Serrano. No hay duda que Carmen Díez de Rivera es un personaje que merece una novela y no solamente por su complicado origen, sino por la mujer en la que se convirtió pasado el tiempo: inteligente, preclara, comprometida, adelantada a su época, gran detractora de la dictadura en la que creció, defensora a ultranza de la libertad y la democracia, esa mujer a la que su drama personal y su belleza indiscutible supusieron dos factores que ensombrecieron a su pesar su enorme valía política, su figura de precursora, junto otros dos jóvenes procedentes del franquismo como ella, Adolfo Suárez y el rey Juan Carlos, con los que constituyó "El triángulo de la Transición" que nos ofrece la periodista Ana Romero, mostrándonos la relación entre estas tres figuras que diseñaron en gran medida ese difícil malabarismo que supuso la Transición de la dictadura a la democracia en España.

Pero este libro esta centrado básicamente en uno de los lados de ese triángulo, en la figura de Carmen Díez de Rivera, comenzando por la historia personal que ya conocemos, la de su origen y el drama juvenil que marcó su personalidad y carácter, para, a continuación meterse en arena puramente política, sin dejar nunca de lado la manera en que su drama personal influyó en su personalidad y carácter, pero la mayor parte del libro es de carácter histórico y político, basado en los diarios personales que la protagonista elaboró con tesón durante años y en las conversaciones que sostuvo con la autora. Estos diarios muestran lo más profundo de su personalidad, su sufrimiento personal y sus ideas y objetivos políticos.
«Dolor, sufrimiento, abandono, y lucha titánica por superarlo. Una búsqueda permanente, adolescente, en la que también he conocido a seres humanos hermosos. Aguantar haciendo las cosas más útiles posibles, lo más honestamente realizadas. Son diarios donde todo va mezclado, porque la vida es una mezcla completa de cosas. Las personas unidimensionales son un rollo».
Es cierto que la lectura se vuelve en ocasiones farragosa ya que la autora, por no faltar en nada a la visión de Carmen, a sus opiniones y palabras textuales, elabora gran parte del libro a base de citas literales de los diarios, así como de las mencionadas conversaciones entre ambas, con lo que la narración no es, en ocasiones, tan ágil como se desearía a la hora de contar los ya de por sí complejos y enrevesados acontecimientos de los años de la Transición, época de negociaciones, acuerdos, equilibrios y, porqué no decirlo, trucos políticos, como no podía ser de otro modo cuando los agentes que debían acabar con el sistema franquista procedían directamente del corazón del mismo sistema y debieron dinamitarlo desde el interior utilizando sus propios mecanismos.

Y en medio de este complicado escenario, destaca la figura de Carmen a la que bautizaron como la "Musa de la transición", una descripción que se queda corta a la hora de definir su verdadero papel, mucho más valioso y activo que el de mera inspiración para los hombres junto a los que trabajó. Carmen fue una mujer desgraciada a nivel personal, que tuvo una dolorosa enfermedad que se la llevó demasiado pronto, pero a la que se recuerda como una valiente, una demócrataconvencida y claramente progresista, una persona que nunca se preocupó por hacer lo que se esperaba de ella en función de su origen y educación, que no se preocupó por hacer amigos ni quedar bien ante nadie y, fundamentalmente, que luchó por aquello en lo que creía. 
"Así describió Enrique Tierno Galván a Carmen en su libro Cabos sueltos (p. 602): «Carmen Díez de Rivera [...] tenía entonces gran notoriedad política e incluso un cierto halo novelesco en torno a su persona [...]. Nosotros nos dimos cuenta de que estábamos ante una persona inteligente, tan cultivada como refinada, que poseía gran espíritu crítico y sobre todo una enorme independencia»."

miércoles, 25 de enero de 2017

La hija de Cayetana

Suelo confiar en Carmen Posadas cuando me apetece leer una novela con fondo histórico que me resulte amena y a la vez ilustrativa del periodo y los personajes involucrados en la trama. Realmente admiro la habilidad de la autora para llevarnos a través sus novelas a otras épocas y lugares, con una narración sencilla y al mismo tiempo llena de detalles que dibujan ambientes y personalidades con soltura y claridad. En este caso, con "La hija de Cayetana" nos acercamos a la España de finales del siglo XVIII de la mano de Cayetana de Alba, aquella a la que retrató Goya, la castiza y vital duquesa que me ha atrapado en su mundo de alegre indiferencia, de seguridad en los privilegios heredados de la nobleza española que, a diferencia de la Francia revolucionaria cuyas noticias asombran y asustan por aquí, permanece anclada en el Antiguo Régimen de la Monarquía absoluta, ajenos a los aires liberales que comienzan a soplar, a pesar de estar gobernados por un rey incapaz como es Carlos IV, de una reina extranjera y manipuladora como la Parmesana, gran enemiga de la de Alba con la que compite incansablemente en ser la más popular, la que más conquistas amorosas acumula, entre ellos el codiciado Manuel Godoy, favorito de los reyes y hombre más poderoso del país. Este ambiente es el que me ha conquistado, la cotidianeidad del trato con Francisco de Goya, la duquesa de Osuna y los grandes personajes cercanos a la Corte que se mueven entre fiestas y artistas, ignorando los aires de cambio que vienen del otro lado de los Pirineos y la miseria de la mayoría de la población. Sin hijos propios, Cayetana prohijará a una pequeña negrita que recibe como regalo de un admirador, como quien regala un cachorrillo, pero que la duquesa criará y querrá como a la verdadera hija que nunca pudo tener. La pequeña María Luz crecerá como una niña bellísima, refinada y artísticamente dotada, pero sabiendo que el color de su piel nunca le permitirá ser plenamente admitida entre la sociedad en la que se ha criado como hija de la familia Alba.

Menos agradable y cómodo, como no puede ser de otra manera, es el ambiente en el que se mueve la esclava Trinidad, verdadera madre de la pequeña María Luz que le fue arrebatada nada más nacer y a la que no dejará de buscar mientras frecuenta los más variados escenarios, sórdidos, violentos e insalubres, primero como sirvienta esclava procedente de Cuba y posteriormente como huída, entre los negros de Sevilla, en las Azores o en el Cádiz liberal, siempre a la búsqueda de su amado perdido, el padre de su hija, y de su niña robada, con la ilusión de recuperar lo que perdió y soñando con tener una vida feliz que constantemente se le escapa de las manos, incapaz de escapar de su condición de desheredada, de miembro de lo más bajo dentro de lo más pobre de la sociedad .

En resumen, esta es una novela que se lee con soltura, que agrada en sus distintos escenarios y variedad de personajes y que nos da una mirada cercana a personajes relevantes de nuestra Historia, del arte y también de la sociedad de una época emocionante como lo es cualquiera que se sepa retratar con acierto y sensibilidad.

viernes, 20 de enero de 2017

Pequeñas mentiras

Ya he descrito en otras ocasiones a Liane Moriarty como la reina australiana del drama de area residencial, campeona en retratar los tremendos "problemas del Primer Mundo" que sufren esas mujeres que tratan de ser perfectas en todo: madres ideales y amas de casa ejemplares, lograr plaza en los mejores colegios y cocinar madalenas ecológicas para merendar. En "Pequeñas mentiras" esos problemas comienzan el día de la presentacion de los alumnos de primer curso de preescolar en la escuela pública de la península de Pireewee, donde cada mami tienen su estatus: están las que cumplen estrictamente las normas sociales no escritas (las "melenitas rubias"), estan las líderes de la manada que son las que dictan las propias normas y estan las que son incapaces de adaptarse a ellas o no quieren hacerlo, lo que condena a sus hijos al ostracismo social ya a los cinco años de edad. Porque no hay nada que marque más que el que te inviten o no a un cumpleaños.

Nuevamente nos encontramos con una novela coral con tres o cuatro protagonistas principales, distintos tipos de mujer acompañadas en los papel secundarios por sus maridos. Nos enfrentamos a variados tipos de familia, matrimonios diversos, aunque por lo general de alto nivel económico y social, enfrentados a problemas cotidianos pero que, a pesar de ello, conservan las sonrisas brillantes siempre de cara a la galería. Y no olvidemos que durante toda la novela nos encontramos en mitad de un auténtico drama, porque nos enfrentamos a una investigacion por asesinato pero mientras sabemos quién mató a quien y porqué, pasaremos un buen rato con una permanente sonrisa sarcástica en los labios, conociendo personajes superficiales unos y reservados otros, transparentes o llenos de secretos, matrimonios perfectos y otros que sólo lo parecen. Porque sabemos que Moriarty nos ofrece, fundamentalmente, literatura de evasión. Pero no nos dejemos engañar, bajo la pátina de ironía, humor y superficialidad se ocultan verdaderos dramas: el maltrato, el acoso escolar, los engaños de diverso tipo que en más de una ocasión nos borrarán esa media sonrisa de la cara. Porque la diversión no excluye la crítica social cuando saben combinarse adecuadamente.

sábado, 14 de enero de 2017

Patria

A Bittori le mataron al marido, el Txato, de un tiro en la cabeza a la puerta de su casa, en el pueblo donde nació y vivió, donde crió a sus hijos. Tras el asesinato tuvo que trasladarse a San Sebastián siguiendo el consejo de los hijos, enterrar allí al marido y huir de las miradas torvas e incluso de los insultos de los que la conocen de siempre, los que convierten a las víctimas en culpables, los que consideran que algo haría el Txato para que lo mataran los salvadores de Euskal Herria. Ella sólo pretende que alguien le pida perdón antes de morir. El asesino de Txato pudo perfectamente ser el hijo de Miren, la que había sido la mejor amiga de Bittori desde que eran crías y los maridos, Joxian y el Tatxo, camaradas de partidas en el bar, del club ciclista, hasta que el terror los separó. Pero ahora Miren sólo trata de seguir adelante, quiere que a su hijo, un joven valiente que se sacrificó por la libertad de su patria, le trasladen a una cárcel cercana para verlo con más frecuencia y no saber nada más de esos, demasiado tiene ella con ocuparse de su hija incapacitada y de sufrir por su hijo preso. Porque ella, ante todo, debe ser leal a su hijo y su lucha y a su propia familia.
"Se quedó mirándolo. Su hijo. De pequeño lo había lavado, lo había vestido, le metía a cucharadas la papilla en la boca. Haga lo que haga, me dije, será mi Joxe Mari y lo tengo que querer."
Fernando Aramburu, escritor vasco autoexiliado en Alemania, nos ofrece en "Patria" un relato a dos voces que nos muestra las dos caras de un conflicto que desangró el País Vasco durante décadas y sembró todo el país de muertes que en Euskadi fueron acompañadas de miedo, silencio, vergüenza, humillación, pena, ira, rabia, rencor, soledad, incomprensión. Nos lo cuenta sin dramatismos ni estridencias añadidas al propio dramatismo que supone convivir con el horror a diario, sentirlo en las propias carnes y que te lo inflija un vecino, alguien al que considerabas amigo pero que tenía ideas diferentes a las tuyas y defiende esas ideas a través del asesinato, anteponiendo sus ideales a cualquier otro principio moral. Y pasados los años la paz parece justificarlo todo: el olvido, la indiferencia, el perdón, pero ni siquiera tienen claro quién debe perdonar a quién.
"Así me lo dijo. Que no vaya al pueblo para no entorpecer el proceso de paz. Ya lo ves, las víctimas estorban. Nos quieren empujar con la escoba debajo de la alfombra. Que no se nos vea y, si desaparecemos de la vida pública y ellos consiguen sacar a sus presos de la cárcel, pues eso es la paz y todos tan contentos, aquí no ha pasado nada."
Y los hay que quieren olvidar y los que no, los que quieren perdonar o que les pidan perdón, los que prefieren mirar a otro lado, hacer como que no pasó nada, borrar el pasado y los que se aferran a aquello que pasó como un perro a su presa y reviven día a día su sufrimiento negándose a pasar página, cada uno enfrentando su drama como puede o sabe. Contemplamos la cotidianeidad del enfrentamiento, cada familia a un lado del conflicto viendo cómo sus hijos son sacrificados en la pira del terror a la que se entregan como héroes del pueblo. Produce escalofríos ver cómo la juventud, jaleada por sus mayores, crece empapada del fanatismo irracional, de la justificación del odio y la violencia, de la deshumanización del "enemigo", una cultura de odio basada en un supuesto ideal político que corrompió toda una sociedad. Y cada uno se enfrenta a esa miseria como puede: unos sin dar su brazo a torcer, otros tratando de alejarse discretamente sin llamar la atención, pero, en cualquier caso, todos con las vidas inexorablemente arruinadas, víctimas y verdugos.
"Una cicatriz quedará siempre. Pero una cicatriz ya es una forma de curación. Y no sé vosotros, pero me gustaría que llegase para mí el día en que al mirarme en el espejo vea no sólo la cara de una persona reducida a ser una víctima."
Una lectura durísima pero necesaria, imprescindible para todos aquellos con un mínimo de interés por nuestra Historia reciente.