domingo, 19 de mayo de 2019

Donde fuimos invencibles

Regreso con María Oruña para rematar su trilogía protagonizada por la teniente de la Guardia Civil Valentina Redondo y situada en los maravillosos escenarios cántabros que ya me conquistaron hace un par de años y que impulsaron a realizar mi primer viaje a aquella bellísima zona de España. En este "Donde fuimos invencibles" nos encontramos frente a otro caso policial investigado por el equipo de Valentina que además se combina con otros elementos que suman puntos al interés que pueda despertar la mera trama policial. Comenzaré mencionando los fabulosos escenarios cántabros donde transcurre la acción: desde el pueblo de Suances y sus playas al palacio de la Magdalena en Santander, pasando por las magníficas casonas de indianos que abundan en la zona, destacando la Quinta del Amo donde se centra la acción principal de la novela. Otro elemento destacado sería la presencia en el argumento de fantasmas, un punto siempre tan atractivo para mi gusto, sobre todo cuando está bien tratado, manteniendo el equilibrio entre los fenómenos paranormales y las refutaciones científicas que tratan explicar aquello que se puede considerar como sobrenatural, y es que yo disfruto mucho con todo este tipo de fenómenos inexplicables que proporcionan casi siempre una agradable chispa de misterio y emoción a toda narración.

La Quinta del Amo en la actualidad
Los personajes con los que nos encontramos son bastante atractivos, desde la teniente Valentina Redondo que parece en esta entrega haber suavizado su carácter antes tan estricto, tal vez gracias a la convivencia con Oliver Gordon, su novio inglés, tan simpático y relajado, al que conoció en la primera entrega de la serie. Otro extranjero aparece como personaje destacado en esta novela: se trata de Carlos Green, ni más ni menos que un rico y atractivo heredero norteamericano, ex surfero profesional y actualmente escritor, en cuyo palacio suceden los extraños sucesos que investiga Valentina y su equipo. También tenemos a Christian Valle, un estudioso de lo paranormal que igualmente resulta interesante y simpático, junto a su reducido equipo de cazafantasmas.

Alternándose con el relato investigación, encontramos fragmentos de la novela que Carlos Green está terminando aprovechando la calma de su refugio familiar, un texto lleno de evocaciones de la juventud pasada, de aquellos días centrados en los planes de una pandilla de jóvenes entre la playa, el surf, los amores de verano y la planes de futuro.
"Allí, en aquel momento y en aquel lugar, con la irreverente juventud precipitándose por nuestras venas, sentíamos que nada podía con nosotros, que éramos los mejores. Ahora que lo analizo con mirada de verdadero adulto, creo que sí, que en cierto modo era verdad. Nos sentíamos invencibles porque amábamos la vida. Sin pensarla como los ancianos, sin ignorarla como los niños. La juventud estaba en nosotros. ¿Qué más podíamos pedir?"
La novela resulta muy agradable de leer, sin duda y no puedo dejar de recomendarla. Nos proporciona un equilibrado cóctel de trama policial con su punto de novela romántica, fenómenos paranormales y situaciones cotidianas bien retratadas. No tengo claro si será el colofón de la trilogía o si la autora tiene intención de continuar alargando la serie, pero si fuera así tengo que decirle que aquí tiene a una lectora deseosa de seguir compartiendo las peripecias de este grupo de personajes que tan buenos ratos me han hecho pasar. Cruzaremos los dedos, a ver qué pasa.

lunes, 13 de mayo de 2019

Una columna de fuego

Podríamos atrevernos a reformular el dicho para afirmar que "un Ken Follett al año, no hace daño" y si no con esa frecuencia, sí cada dos o tres años, porque es algo que siempre sé que acabaré haciendo: caer en la tentación de sumergirme en uno de los tochos gordos que el escritor británico tiene a bien publicar con estricta regularidad y con los que, una vez superada la pereza de decidirte a iniciar la lectura de en sus centenares de páginas, disfrutas como una enana, con sus animadas y vívidas reconstrucciones de épocas históricas pasadas y que nos transmite con su estilo ágil, fácil de leer y lleno de emociones y aventuras.

En este caso con "Una columna de fuego" la acción se sitúa en el siglo XVI, después de hacernos pasar por la Edad Media en "Los pilares de la tierra" y avanzar hasta el final de esa misma edad en "Un mundo sin fin", en esta ocasión el protagonista de la historia ya se adentra en la Edad Moderna. Se trata del joven Ned Willard que vive en Kingsbridge, frente a la famosa catedral construida por sus antepasados en la novela que inicia la serie, donde su familia regenta un próspero negocio relacionado con el comercio internacional. Las relaciones de vecindad de la ciudad se ven alteradas por una parte por los enfrentamientos entre los competidores en el plano de los negocios, al tiempo que asoma la amenaza de brotes protestantes sofocados con violencia por orden de la muy católica reina María, a lo que se suman los problemas causados por las guerras con Francia, la eterna rival junto a España. Cuando el negocio familiar de los Willard acabe por derrumbarse y a la amada de Ned la obligue su familia a casarse con el hijo del conde local, el joven abandona su ciudad y pasa a ocupar el puesto de secretario de sir William Cecil, mano derecha y asesor de la princesa Isabel Tudor, que reinará tras la muerte de su medio hermana como Isabel I, prometiendo respetar cualquier creencia religiosa de sus súbditos. Ned defenderá la política de su señora basada en la tolerancia pero se encontrará de frente tanto con los protestantes puritanos como con los católicos más radicales. 

Por otra parte y al otro lado del Canal de la Mancha, encontramos a Pierre Aumande, un buscavidas de origen humilde al servicio de los De Guisa, la familia más poderosa en la Francia del siglo XVI que cuenta entre sus miembros a la madre de la reina Maria de Escocia, casada brevemente con el heredero al trono de Francia, así como el poderoso cardenal Carlos y su hermano Francisco, duque de Guisa, personajes que no cesan de urdir las tramas de los hilos del poder en el país. Pierre trabajará para el obispo espiando entre los núcleos protestantes de París llegando a infiltrarse entre ellos para luego delatarlos, pasando posteriormente a convertirse en el hombre de confianza de los sucesivos duques de Guisa, lo que le lleva muy cerca de los centros de poder de la nación.

La época histórica que describe Follett en esta novela es absolutamente fascinante: por una parte la Inglaterra de la reina católica María Tudor, hija de Enrique VIII y casada con rey español Felipe II ha aplastado todo foco protestante en su país. Mientras tanto, la joven princesa Isabel, hermanastra de la reina inglesa, es la esperanza del bando protestante que confía en la promesas de una política más permisiva con la libertad religiosa. Al otro lado del canal, el jovencísimo heredero de Francia, Francisco, acaba de casarse con María Estuardo reina de Escocia y candidata también al trono inglés.  En toda la novela, el tema fundamental que centra todas las tramas es el de la religión: el debate sobre la libertad de conciencia y de culto, el poder de la Iglesia como institución, asistimos a la quema de herejes, a multitud de muertes de uno y otro bando como la matanza de la noche de San Bartolomé en París, las guerras de religión que arrasan Europa, los enfrentamientos entre aquellos que ve en la posibilidad de que el pueblo pueda leer Biblia en su propio idioma y la interprete sin intermediación de los sacerdotes como un primer paso para que los ciudadanos tomen decisiones por sí mismos, dejen de depender del poder absoluto de reyes, nobles y religiosos, pasen de sometidos a ciudadanos libres, lo que pone en riesgo el estado de las cosas tal yvcomo se conocían hasta ese momento.

Así y todo, los hombres continúan durante todo ese siglo matándose los unos a los otros en nombre de Dios. Algunos tratan de imponer el principio de «Cuius regio, eius religio», «De tal regente, tal religión» que pretende que desde el trono se impongan las creencias al pueblo y aplastando en base a ello a los que optan por la tolerancia o la libertad de culto. En los Países Bajos la lucha contra la Iglesia católica y el florecimiento de la Reforma supone tanto una oposición política al rey español considerado ocupador extranjero, como el enfrentamiento entre un pueblo de comerciantes y banqueros y una institución reaccionaria por definición y que considera pecado el préstamo con usura.

Los protagonistas de la novela son personajes más que secundarios en este gran escenario histórico, personas que se mueven, sin embargo, muy cerca de aquellos que protagonizan los principales sucesos que se relatan y nos permiten un acceso privilegiado a lugares que no siempre aparecen en los libros de Historia: salones, dormitorios, tabernas, patios y palacios donde se fraguan los grandes episodios. La acción del libro nos permite incluso acercarnos hasta la isla caribeña de La Española a bordo de una nave de la época, asistir a la derrota de la Armada Invencible desde la cubierta de uno de sus buque (en las escenas que se me han hecho más pesadas del libro, aunque pueden ser las favoritas del lectores que gusten de las batallas navales), compartir el largo cautiverio de María Estuardo y asistir, en fin, a numerosas muertes, asesinatos, ejecuciones de nobles y plebeyos, ricos y humildes, creyentes de una y otra religión, nadie está a salvo en este mundo violento y cruel que tan magníficamente retrata Follett en este intenso y voluminoso libro que trata de abarcar y explicar todo un periodo histórico. Ya sólo por intentarlo, creo que merece el reconocimiento por parte del lector.

viernes, 3 de mayo de 2019

Filek. El estafador que engañó a Franco

Esta reseña me va a costar Dios y ayuda sacarla adelante, lo sé ya, porque no suele darse el caso de que me defraude tanto una lectura como me ha ocurrido con esta de "Filek. El estafador que engañó a Franco". Lo cierto y verdad es que si no se hubiera tratado de un libro de Ignacio Martínez de Pisón estoy segura de que habría abandonado la lectura sin terminarla, cosa que no suelo hacer sino en contadas ocasiones. Y en ese caso ni siquiera habría escrito una reseña; lo habría dejado pasar y listo. Pero resulta que en este caso se trata de un autor que me ha dado anteriormente bastantes satisfacciones lectoras y por ello no quería dejar de lado esta última novela suya, tal vez confiando en que, si seguía adelante, finalmente recibiría la recompensa de una obra que remonta y acaba mejor de lo que empieza. Pero, para mi desgracia, eso no ha ocurrido, y bien que lo siento.

Todo esto no quita para que exista la posibilidad de que a alguien le pueda apetecer adentrarse en su lectura o incluso que haya algún seguidor de este humilde blog que ya la haya leído y la haya disfrutado, que haya encontrado en ella aquello que yo no he sabido ver. Me alegraría mucho por ello y me gustaría que compartiera conmigo su experiencia y opiniones, que para eso estamos aquí.

Voy, por tanto, a realizar un comentario somero de la lectura, empezando por su argumento y protagonista, aunque no sé si después de mi introducción habrá alguien que haya seguido leyendo este artículo y me acompañe a estas alturas. La novela retrata a un peculiar ciudadano de origen austriaco llamado Albert von Filek que se paseó por la España de la II República, la Guerra Civil y la posguerra presentándose como presunto ingeniero químico, presunto militar, presunto inventor, en definitiva, un tipo que vive de tomar el pelo, de engañar y dar sablazos a diestro y siniestro, terminando por pretender vender a Franco el revolucionario invento de un milagroso sustituto de la gasolina convencional. Lo cierto es que el libro está narrado con la forma y el fondo de una investigación periodística llena de datos, fechas y análisis de una abundante documentación a través de la cual se nos trata de mostrar a nuestro protagonista de cuyas andanzas sabemos por referencias a expedientes, sentencias e informes oficiales extraídos de archivos y diarios de los complicados tiempos de la República, pasando por el estallido de la guerra en Madrid que Filek pasa entre prisiones, librándose por los pelos de caer en alguna de las muchas sacas que se realizaron en aquellos días y que normalmente acababan en Paracuellos, como le ocurrió a muchos de los que compartieron encierro con él. Y tras la guerra, continuará con sus fraudes y chanchullos haciendo caer al mismísimo Franco en sus redes de engaño.

Lo que he echado más en falta en esta lectura ha sido una autentica conexión con el protagonista, ser capaz de sentir algo por él, sea simpatía o rechazo, pero conectar de algún modo con él al fin y al cabo. Sólo siento que falta cercanía, más que una narración me he encontrado frente a una extensa y fría enumeración de hechos, datos, fechas, pero en ningún momento oímos hablar a nuestro protagonista, si acaso leemos alguna carta suya escrita en un castellano chapucero, pero no lo llegamos a conocer como persona, ni a él ni a su entorno, ni amigos ni enemigos, ni familiares ni esposa, nadie nos acerca a su figura humana. Durante toda la lectura me parece que estoy entrando en antecedentes que me llevarán a un nudo argumental de interés, al meollo del asunto que me hará conectar con la historia pero esto, tristemente, nunca acaba de llegar.

Me llevo una gran desilusión, por tanto, con esta novela, pero esas cosas ocurren de vez en cuando, así que no me queda otra que pasar página y esperar que la próxima lectura me reporte más satisfacciones que esta que termina. Cosa que, por otra parte, tampoco será difícil, ¿verdad?

viernes, 26 de abril de 2019

La retornada

Una mañana de verano, la pequeña protagonista de "La Retornada", de Donatella de Pietrantonio, es llevada sin más explicaciones por su padre de vuelta a la casa de la familia en la que nació, donde se encuentran sus verdaderos padres y hermanos: una familia numerosa, humilde y tosca a la que no conoce y a los que casi ni entiende cuando hablan en dialecto y cuya vida en el pueblo en nada se parece a la de la moderna ciudad costera de la que la chica procede, al mundo de comodidades y atenciones en el que se ha criado hasta ese momento como hija única de unos padres que resultan no ser los suyos.
"Fui la última en usar el baño. Los varones habían salpicado el suelo de agua y la habían pisado, se superponían huellas de suelas y de pies descalzos. En mi casa nunca había visto las baldosas en aquel estado. Resbalé sin hacerme daño, como una bailarina. Seguro que en otoño no retomaría las clases de ballet, ni la natación."
Desde su primera mañana en la nueva casa con la que es su verdadera familia ya entiende que su vida ha cambiado para siempre. Recién entrada en la pubertad, la niña se ve obligada a dejar atrás una vida feliz y descomplicada, sus planes de verano con su amiga Patricia, los días de playa, el primer bikini... y comienza una nueva existencia con el alma dividida entre la añoranza por los padres que siente como suyos a los que no vuelve a ver y la nueva cotidianeidad en esa nueva familia donde debe aprender a ayudar en las tareas domésticas, a convivir con hermanos que no siempre se muestran amables y con unos padres poco habituados a profesar muestras de cariño.
"Yo no sabía lo que era el hambre y vivía como una extranjera entre los hambrientos. El privilegio que traía de la vida anterior me distinguía, me aislaba en la familia. Era la Retornada. Hablaba otra lengua y ya no sabía a quién pertenecía. Envidiaba a mis compañeras de colegio del pueblo e incluso a Adriana por su certidumbre sobre sus madres."
La historia está contada en primera persona por esta niña que trata de entender su nueva realidad, muy centrada en la figura de las madres, porque a la verdadera no es capaz de reconocerla como tal, nunca la llama mamá, siempre es la madre y a la de siempre, que evita toda comunicación con ella, la necesita entender. "Me quedaba huérfana de dos madres vivas". Ese vacío le genera rabia, dolor, pero también afán de superación, necesidad de aprender a vivir en sus nuevas circunstancias; ella quiere entender, se debate entre la incertidumbre, la tristeza y la lucha por sobreponerse y seguir adelante. La protagonista es una víctima del egoísmo de sus mayores que la llevan y la traen como si se tratara de un mero peón en una partida en la que nadie le pregunta su opinión ni se ha planteado qué es en realidad lo mejor para ella. Además de las madres, otro personaje a destacar es la hermana recuperada, Adriana, una niña dura y sabia a pesar de su corta edad que sabe manejarse en un mundo de escasez y dureza, alma de la casa, la que tira para adelante cuando ni los adultos son capaces de responsabilizarse del cuidado apropiado de sus hijos, con lo que la pequeña Adriana se erige en protectora y guía de su hermana mayor en su adaptación al nuevo entorno. 

Es esta una lectura intensa que plantea una interesante reflexión sobre la maternidad, la fortaleza de los lazos familiares, la capacidad de resiliencia, de afrontar el sufrimiento que la vida plantea y de seguir adelante, todo ello desde la mirada de una niña todavía inocente que no juzga ni condena, sólo busca conocer la verdad y aprender a vivir con ella. Muy recomendable historia contada sin dramatismo pero con profundidad, no hay duda.

sábado, 20 de abril de 2019

La extraña desaparición de Esme Lennox

Ya he confesado repetidas veces mi absoluta devoción por la irlandesa Maggie O'Farrell, la manera en que, desde que la conocí, caí enamorada de sus narraciones, de sus maravillosos personajes femeninos y de su modo de contar historias. Y resulta que después de haber disfrutado enormemente de varias de sus obras me encontraba ante gran duda, ya que tenía pendiente hace algún tiempo " La extraña desaparición de Esme Lennox" que es un libro publicado con anterioridad a los que ya había leído de ella y debo confesar que iba retrasando su lectura porque realmente temía que no fuera a estar al nivel de "Tiene que ser aquí" o "La primera mano que sostuvo la mía" Afortunadamente, he descubierto que el talento de la O'Farrell ya quedaba patente desde sus primeras obras, para suerte de aquellos que la seguimos con fidelidad.

Nos encontramos de nuevo aquí con una historia protagonizada por mujeres con personalidades peculiares, comenzando por Iris, una joven escocesa propietaria de una tienda de ropa de segunda mano que descubre de buenas a primeras que es el único familiar al que pueden dirigirse las autoridades para que se haga cargo de su tía abuela Esme Lennox, una mujer cuya existencia desconocía hasta ese momento y que se encuentra recluida sanatorio mental desde hace décadas; el cierre inmediato de dicha institución hace que Iris se encuentre ante una situación que no sabe cómo manejar teniéndose que responsabilizar de un familiar inesperado e imprevisible.

Y es que en verdad Esme no es una mujer corriente; criada en la India colonial, en un entorno de libertad y multitud de estímulos procedentes de los vivos colores y los intensos olores de aquel lugar del mundo, con trece años un drama familiar fuerza el regreso de la familia a la fría, lluviosa y gris Escocia de los años 30, absoluto contrapunto a lo que hasta ese momento conocía la chica. Esme es una jovencita especial, con una mente inquieta, un alma libre, su cabeza siempre bulle llena de imágenes, recuerdos, extrañas asociaciones, cuando no cae en uno de sus "trances" en los que su mente vaga libre alejada de su cuerpo. ¿Todo eso es suficiente motivo para hacer a alguien pasar más de sesenta años encerrado? ¿Qué llevó a su familia a borrar todo rastro de ella, a eliminarla de sus vidas y de su memoria y recluirla permanentemente? ¿Es Esme verdaderamente una demente peligrosa?

La extraña relación que se establece entre Iris y Esme las lleva a ir conociéndose y descubriéndose mutuamente muy poco a poco a lo largo de un fin de semana cuyo relato va alternándose los desmadejados recuerdos de Kitty, la hermana de Esme y abuela de Iris, ahora convertida en una anciana perdida en el Alzheimer a la que nadie tiene en consideración cuando rememora aquellos tiempos en que todo su afán así como el de su madre consistía en encontrar un buen marido y buenas relaciones sociales, planes en los que Esme no tenía ninguna intención de participar; ella quería estudiar, ser libre, jamás casarse, incluso trabajar, proyectos que se consideraban inaceptables para las jóvenes de su posición en aquellos tiempos. Eso es algo que tiene en común con Iris que también se considera una mujer independiente aunque ella no ha renunciado a las relaciones amorosas, sólo que estas son más bien complejas en su caso, ya que no se decide a comprometerse con su actual amante mientras que su verdadero amor es inalcanzable.

La autora vuelve a cautivarnos con su manera de narrar, no contando las cosas sino dejándolas salir sin un orden o una continuidad: recuerdos, sentimientos, ideas que acaban dibujando a los personajes y sus situaciones sin describirlos ni explicarlos, sólo mostrándose ante nuestros ojos; flashes del pasado que se confunden con el presente, paralelismos entre situaciones en distintos momentos. Nos cuenta así un drama familiar que atraviesa varias generaciones donde se mezclan tiempos y personajes, pasando de unos a otros sin orden ni una linea narrativa organizada y lineal, enganchando una frase con la siguiente que ya pertenece a otro momento sin que por ello nos perdamos en la narración, sino que nos imbuímos en el ambiente del relato: en la peculiar estructura mental de Esme, en la memoria evasiva y difusa de Kitty, en la indecisión de Iris, convirtiéndolo en un todo donde cada pieza termina por ocupar su lugar y terminar por contarnos aquello que tanto se esforzaron algunos por ocultar. Una nueva joya, por lo tanto, de esta que es mi nueva escritora favorita, que lo repito por si no hubiera quedado claro antes.

sábado, 13 de abril de 2019

Yo, Julia

Santiago Posteguillo tiene la capacidad de transportarnos a la Antigua Roma con una viveza asombrosa gracias a su aproximación humana a los protagonistas de los hechos históricos y al excelente control del ritmo narrativo que convierte la lectura de sus obras en una experiencia placentera en la que se combinan con exquisita precisión el interés que despiertan las peripecias personales de los distintos personajes con la profundización en la comprensión de los factores que determinan y explican los hechos puramente históricos, desde las luchas de poder a los intereses de diferentes bandos o familias, lo que nos permiten adentrarnos en la Historia, así con mayúsculas, siguiendo el cómodo camino de la novela de aventuras.

Después de sus series centradas en los emperadores Escipión y Trajano, con "Yo, Julia" Posteguillo se centra en el origen de una nueva dinastía imperial, la fundada por el emperador Severo y en el papel fundamental que la esposa de éste, Julia Domna, tuvo en su ascenso a la púrpura imperial. Antes de llegar a ese punto, el relato se inicia en el momento en que Julia no es más que la esposa de Septimio Severo, gobernador de Panonia, uno de los hombres más poderosos del Imperio junto a Pescenio Nigro gobernador de Siria y Clodio Albino, gobernador de Britania. Julia se nos presenta como una mujer de extraordinaria belleza y mente brillante, de origen oriental, hija del rey de Emesa en Siria y destinada a convertirse ella misma en esposa de un rey, según le predijo el oráculo de su ciudad natal y a ese fin dedicará todos sus recursos e inteligencia. Pero Julia cuenta con muchos enemigos en Roma al ser considerada como extranjera por los orgullosos ciudadanos romanos entre los que destacan las esposas de los demás gobernadores que la rechazan y la envidian a partes iguales. Lo cierto es que todos los que la conocen descubren en ella una mujer de inteligencia superior, gran visión política y apoyo imprescindible para la carrera política y militar de su esposo.

A lo largo de la narración asistiremos a los aciagos tiempos que vive Roma bajo el  gobierno de Cómodo, y descubriremos que la figura del Emperador es tan poderosa como inestable y arriesgado es el camino hasta alcanzarlo, siendo precisa una combinación de astucia, fuerza y dinero para comprar apoyos y para acabar con los muchos enemigos a los que debe de enfrentarse. Y es que alcanzar la gloria de la púrpura y perderla violentamente es de lo más común. Veremos sucederse a Comodo, Pertinax, Juliano y Severo al frente de un gobierno que se enfrenta tanto a los peligros procedentes de más allá de las fronteras, como a los que acechan desde el propio corazón del Estado, del voluble Senado, de la amenaza de los poderosos gobernadores que aspiran a alcanzar el poder e incluso de la propia guardia pretoriana que se supone que defiende al emperador pero en cualquier momento se puede convertir en su peor enemigo.

La historia se nos cuenta a través del diario de Galeno, el más afamado médico de la época que acompaña a la familia imperial en sus campañas militares y se ocupa aquí de relatarnos los sucesos de los que fue testigo presencial. Su relato se combina con los sucesos históricos basados en las crónicas de la época, la reconstrucción de las batallas a las que siempre temo como lectora poco aficionada al género bélico pero que gracias a la habilidad del autor que cambia continuamente de bando, de escenario, que proporciona imágenes breves e intensas de las luchas logra aligerar enormemente estos pasajes y permite que se lean con agilidad y el mismo interés que proporcionan las escenas palaciegas, las intrigas en el Senado o los entresijos que rodean a la familia imperial, lo que convierte esta novela en una entretenida e intensa lectura que se disfruta de principio a fin, como suele ocurrir con todo lo que sale de la pluma de Posteguillo.

viernes, 5 de abril de 2019

La maestra de títeres

Cualquiera que haya leído a Carmen Posadas reconocerá que es una autora que resulta infalible cuando se trata de retratar a las clases altas españolas de cualquier época histórica, sea en tramas de misterio y crímenes en escenarios llenos de glamour o en narrativa de base histórica con protagonistas femeninas. No en vano, ella misma formó parte durante mucho tiempo de esa clase selecta cuyos avatares y andanzas se publicaban con regularidad semanal en las páginas de las revistas del corazón en los años ochenta y noventa. Afortunadamente para ella y también para sus lectores, hace ya tiempo que dejó de lado este  periodo de su vida y a día de hoy se la reconoce fundamentalmente por su faceta de escritora al margen de los cargos ocupados por el que fue su marido o las fiestas a las que pueda acudir. El conocer desde dentro ese mundo de lujo y poder debe de ser uno de los factores que permiten que sus novelas resulten tan realistas cuando retrata a las socialites patrias, como ocurre nuevamente en esta ocasión en "La maestra de títeres", su más reciente novela.

Como protagonista estelar de esta historia, nos encontramos con Beatriz Calanda, una conocidísima dama y estrella de la jet-set nacional por razón de su elegancia y estilo y también por la fortuna acumulada tras sus sucesivos matrimonios y separaciones con hombres ricos, populares o nobles, detalladamente reseñados todos ellos por la prensa rosa, y con cada uno de los cuales tuvo una hija, cuatro en total, que junto su actual esposo conforman una familia nada tradicional (No sé a quién me puede recordar a mi un perfil así en la vida social española, pero el caso es que me suena)

La acción de la novela se traslada en el tiempo hasta descubrir los orígenes familiares de esta fascinante mujer, desde los tiempos en que sus abuelos acumulan una gran riqueza en Potosí a donde emigraron y al regresar a Madrid en los años cincuenta junto con Ina, la madre de Beatriz, logran introducirse, ayudados por su fortuna, en los círculos más selectos de la alta sociedad de la rancia España franquista. Veinte años más tarde de ese regreso familiar, Beatríz aterriza en Madrid desde Londres donde vive con sus padres que tratan de apartarla de un primer romance de juventud y se encuentra con una España que se parece muy poco a la que descubrió Ina a su llegada y a través de ambas  tramas asistimos a los muchos cambios sufridos por la sociedad española desde una época a la otra.

Vamos avanzando por la historia de la mano y la voz de las distintas mujeres de la familia: la propia Beatriz, sus cuatro hijas, centrándose en Gadea, la más joven de todas, su madre Ina, y a través de ellas recorremos los modos y usos de cada una de sus momentos históricos que aunque en ocasiones se muestren mediante personajes excesivamente estereotipados, sí que dan como resultado final una trama interesante en la que vemos cómo cada una de las mujeres de la familia se enfrenta a los desafíos propios de su tiempo, cómo sufrirán sus correspondientes decepciones y derrotas amorosas y vitales, cómo Ina se trata de adaptar a una sociedad pacata y pretenciosa que aún arrastra los resentimientos de la reciente Guerra Civil mientras que Beatríz logra triunfar en su círculo social gracias a su encanto y saber estar, aunque vamos asistiendo con sorpresa a su transformación desde una mujer sencilla y con inquietudes hasta la frívola y calculadora narradora que vamos descubriendo según avanza la novela. Pero las dudas y cuestiones que nos plantea la personalidad de la protagonista acabarán aclarándose en un final inesperado (al menos para mi lo ha sido) y bastante bien resuelto.