martes, 30 de diciembre de 2014

Betibú

"Betibú" es mi segunda experiencia con la escritora argentina Claudia Piñeiro, con la que tuve un buen estreno gracias a su estupenda novela "Las viudas de los viernes". Nuevamente se nos presenta una historia de investigación criminal en la que se repite en parte el escenario de aquella otra novela, también en este caso el fallecido vivía en una de esas urbanizaciones de superlujo con verdísimas praderas ocupadas por amplias casas con personal doméstico y seguridad privada y donde los vecinos se desplazan en carritos de golf o haciendo jogging. La víctima en esta ocasión es Pedro Chazarreta, un notorio empresario cuya mujer fue asesinada también tres años antes y si bien el caso nunca fue resuelto, la opinión pública culpó sin dudarlo al esposo de aquella muerte. De este nuevo asesinato y de los que se sucederán se va a ocupar periodísticamente hablando un jovenzuelo inexperto que trabaja para el diario El Tribuno, "el pibe de Policiales" como le conoceremos a todo lo largo de la novela, que ahora sustituye a Jaime Brena, el experimentado reportero que se ocupó en su momento de la muerte de la esposa de Chazarreta; con muchos años de periodismo a la espalda, desplazado a la sección de Sociedad, poco reconocido y pensando ya en el retiro, Brena se convetirá en el ejemplo vivo de lo que es chico querrá llegar a ser algún día en la profesión periodística.

Nurit Iscar, conocida entre según qué íntimos como Betibú, es una novelista que conoció tiempos mejores antes de que la crítica hundiese su última novela. Ahora, abandonada por el público y los editores, se encuentra buscando hacia donde dirigir su obra cuando se entera de la muerte de Chazarreta; sus crónicas noveladas para El Tribuno sobre el caso pueden suponer su oportunidad de reconquistar a su antiguo público además de revivir su antigua relación con el director del diario, quien, por cierto, fue el que por primera vez la llamó a Nurit con el apodo de "Betibú".

La autora retrata magníficamente los ambientes en los que se desarrolla la historia: el "country" de lujo La Maravillosa y sus habitantes, la redacción del periódico y el mundo del viejo periodismo de reporteros frente a las nuevas tecnologías y el reinado de Google y la información rápida de usar y tirar, la incertidumbre de la novelista siempre al acecho de una buena historia que de lugar a una nueva novela o las reflexiones sobre los estragos de la edad de unos personajes que ya dejaron atrás la juventud hace años pero a los que les queda todavía mucho por hacer y por vivir. El lenguaje, en argentino puro, con lo que ello supone de giros, expresiones y entonación propia, es muy vivo, con diálogos veraces y ágiles que se combinan con reflexiones por parte de los protagonistas y de los numerosos secundarios que se expresan con soltura y viveza resultando cercanos y reales y todos ellos conforman un fresco retrato de la sociedad argentina y del mundo actual en general, de las diferencias entre clases, del eterno descontento de los argentinos por su clase política y, en definitiva, el resultado es una novela muy visual, de las que es fácil imaginar hecha película, pero película argentina, claro, de esas en las que el diálogo supera a la acción, básicamente el tipo de películas que a mí me gustan.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Adorables criaturas

El argumento de esta novela de Dolores Payás,  "Adorables criaturas" se inicia con la sorpresa que causa en una localidad provinciana el regreso del industrial León Ubach de uno de sus viajes a Gran Bretaña acompañado por su joven esposa, una inglesa de refinada educación pero formada en un ambiente absolutamente liberal y librepensador. La joven se hace acompañar de su hermana, activa feminista y soltera por convicción y la nurse que ha criado a ambas desde que estas perdieron a su madre en su más tierna infancia. El contraste entre las jóvenes de mentalidad abierta y sofisticada y la sociedad tradicional y reprimida de su nueva ciudad de destino marcan el tono del relato, la distancia entre el mundo que han conocido y esta provincia donde no se permite a las mujeres más actividades que las que se refieren estrictamente al ámbito doméstico o religioso, mientras que los hombres se ocupan de los asuntos realmente importantes, de la empresa y de la política.

La narración tiene cierta frialdad en cuanto a la manera de acercarse a los personajes y a los hechos que narra. A todo lo largo de la novela, el narrador se mantiene al margen de la acción, nos relata los sucesos y nos describe los personajes como si de una crónica se tratara, con poca o nula intención de empatizar con ninguno de ellos. El objeto final de la novela que entiendo que pretende ser una crítica caricaturizada del pobre papel de las mujeres en España en una época no muy lejana, resulta, más que irónico, agrio. Es complicado cogerle simpatía a ninguno de los personajes en esta novela que es casi coral, los numerosos retratos humanos reflejan prototipos sociales bastante estereotipados y, curiosamente, casi todos con un tinte negativo, en especial algunos como el médico o la nodriza que resulta hasta repulsiva. Abundan las escenas con un acentuado gusto por la sordidez y lo escabroso centradas en las vergonzantes costumbres sexuales de la reprimida sociedad provinciana de finales del siglo XIX que no ayudan a que la novela agrade. El ritmo de la narración es lento en cuanto a los hechos, deteniéndose en descripciones de lugares y personajes con acierto pero de manera en exceso impersonal, el narrador resulta demasiado distante, no logra insuflarles a los personajes aliento vital, parece que no siente simpatía por ninguno de de ellos y eso se transmite. La trama tarda en ponerse en marcha y luego se dilata demasiado durante muchos capítulos acumulándose los hechos en la última parte de la novela. Sí hay que reconocer que los capítulos son breves, lo que ayuda al ritmo de la lectura, la prosa es rica y muy descriptiva y es la forma de contar lo que más me ha enganchado: las imágenes, las metáforas e hipérboles  altamente visuales son la mejor baza de la novela.

Destacaría por tanto que, bajo el envoltorio de una prosa bastante trabajada, la novela supone una acertada crítica a un mundo y unas costumbres en las que las mujeres no quedaban demasiado bien paradas, limitadas en sus derechos políticos y la posibilidad de desarrollar una vida independiente de la "protección" de un hombre, fuera padre o marido, sin arriesgarse a ser tachada de licenciosa o descarriada. Si bien este ambiente opresor y las mentalidades retrógradas de la época están bien dibujadas, la parte argumental en sí no me ha llegado a convencer, por lo que no sería esta una novela que yo recomendaría con entusiasmo, de no ser a alguien que busque una lectura en la que prime el aspecto de crítica sociológica sobre la experiencia lectora de una buena historia en sí misma.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Lo que Alice olvidó

Sorprendente, curiosa y con un punto emotivo. Así definiría la original historia que en "Lo que Alice olvidó" nos cuenta la autora australiana Liane Moriarty que nos presenta de manera ágil y ligera lo que le sucede a Alice cuando, ejecutando un complicado giro en su clase avanzada de step, se golpea en la cabeza y pierde el conocimiento. La conmoción cerebral sufrida provoca que los últimos diez años de su vida se borren por completo de su memoria. Sus tres hijos, su afición por el gimnasio y hasta su reciente separación matrimonial dejan de existir. Ella se encuentra mentalmente en 1998, esperando su primer hijo y viviendo un romance permanente con su joven marido, su hombre ideal. La vuelta a la normalidad conllevará descubrir todos los cambios, avances y novedades que los diez años que han transcurrido hasta 2008 han llevado a su vida, aceptar de golpe sus nuevas circunstancias, la tristeza de su hermana, el nuevo matrimonio de su madre, esos hijos que han crecido y desarrollado un carácter que ella desconoce por completo. Todo su entorno ha evolucionado, algunas cosas para mejor, otras no tanto, pero el caso es que ella se ha quedado atrás, incluso le cuesta reconocerse a sí misma en la mujer en la que se ha acabado convirtiendo.

La novela está muy bien contada, la historia es totalmente creíble, tal vez algo exagerada en cuanto a algunos de los cambios que se han producido durante esos diez años que en ocasiones resultan un tanto drásticos, pero en general es bastante realista en cuanto al modo en que el mundo de una joven recién casada se ha transformado por completo diez años después, la manera en que se descubre ahora transformada en una ocupada y más madura ama de casa llena de compromisos y obligaciones, con un ritmo de vida y unas preocupaciones que le son ajenas por completo. Asistimos a la genuina incredulidad de Alice que va redescubriendo su propia vida desde cero con la mentalidad que tenía a los veintipocos años, el modo en que debe de conocer de nuevo a sus propios hijos, a sus amistades y vecinos, a las madres del colegio de los niños, al hombre en que se ha convertido su esposo o esa gran amiga suya, Gina, a la que todos mencionan y que ella ni siquiera recuerda. Es esta una historia que hace reflexionar sobre las decisiones que se van tomando en la vida sin saber hacia dónde te dirigen, sobre el modo en que cambiamos al madurar, como cambian nuestras prioridades e intereses y nos amoldamos a lo que se supone que debemos hacer al progresar en la vida. Es una historia sobre segundas oportunidades o más bien sobre vernos a nosotros mismos sin prejuicios, con una mirada nueva que es, en realidad, la de nuestros propios ojos cuando éramos más jóvenes. A Alice se le concede la oportunidad de probar la extraña pero enriquecedora experiencia de contemplar su propia vida y a sí misma y los que la rodean desde fuera, desde una perspectiva más inocente, como un espectador ajeno a sí mismo y decidir si ha encaminado su vida hacia donde siempre deseó o si habría preferido dirigirla por otro camino, dar importancia a otras cosas, centrarse en lo que realmente le habría hecho convertirse en una mujer feliz; obtener, en fin, la respuesta a esa pregunta tantas veces planteada y nunca jamás resuelta de ¿qué hubiera sido de mi vida si...?

Con un lenguaje sencillo y una forma limpia y clara de describir los sentimientos, desde la inocente mirada de Alice que descubre su propia vida con auténtica sorpresa, el descubrimiento de lo que supone ser madre, lo complicado de mantener una relación de pareja que resista la rutina y el paso del tiempo, hasta la amargura de su hermana Elisabeth, su resentimiento expresado con sinceridad y llaneza, la facilidad para entender su hastío, su rendición en la búsqueda de ese hijo que se resiste a nacer. Todas las historias que se nos cuentan en la novela son creíbles y cercanas y dejan un sabor agridulce al mostrarnos cómo el paso de los años suele convertirnos a todos en personas menos felices, más complicadas y más aburridas de lo que imaginábamos que seríamos en el futuro. Pero al menos nos deja abierta la puerta a la posibilidad de que, si nos damos cuenta de ello a tiempo, tal vez podamos tratar de corregir esa inexorable tendencia. ¿O será sólo en las novelas donde es posible esa vuelta atrás?

martes, 9 de diciembre de 2014

Las dos vidas del capitán

Hace unos meses tuve oportunidad de visitar en el museo Arqua de Cartagena la exposición de parte del tesoro de monedas de oro y plata procedente de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, rescatado del fondo del mar por famosa empresa de "piratas" Odyssey y afortunadamente recuperado por el gobierno español, su propietario originario, tras un complejo proceso judicial. Esa visita y lo que allí descubrí sobre el hundimiento de aquella nave me han permitido conocer de antemano de algún modo al protagonista de la novela de Mari Pau Domínguez que hoy traigo aquí, con un título de aires épicos como es este de "Las dos vidas del capitán" y que tan bien refleja lo que fue el devenir personal de esta figura poco conocida de nuestra Historia. Pues ese protagonista al que me refiero no es otro que don Diego de Alvear y Ponce de León, exitoso militar español que bajo el reinado de Carlos III fue también de alguna manera protagonista de aquel dramático episodio ocurrido hace 200 años y que acabó con el hundimiento de la nave española en la que, además del citado tesoro en monedas, viajaba la familia casi al completo del capitán.

Don Diego había sido destinado, siendo muy joven, al nuevo continente gracias a sus amplios conocimientos de matemáticas, astronomía y otras ciencias, que le permitrían encargarse de las tareas de demarcación de fronteras que España y Portugal debían realizar en los nuevos territorios de ultramar, hasta entonces ignotos para los conquistadores europeos. Esta será la que la autora denomina como su primera vida, esta primera etapa en escenarios tan exóticos como peligrosos donde el capitán Alvear descubre un mundo salvaje con una naturaleza fabulosa y unos cielos inabarcables. Allí, en el nuevo mundo, conocerá a Josefa Balbastro, la que será su primera mujer y con la que se casará muy enamorado y formará una amplísima familia de diez hijos, dos de ellos fallecidos a temprana edad. A pesar de la emocionante vida que llevan en Sudamérica, el matrimonio sueñan con volver a España algún día, a la Montilla natal del capitán donde la familia desea establecerse. Y finalmente se les presenta la ocasión para el regreso a España. Desgraciadamente ni Josefa ni siete de los hijos de la pareja lograrán pisar suelo español debido al inesperado ataque por parte de unas naves inglesas que acabará con la fragata Mercedes hundida frente a las costas portuguesas. Este absurdo ataque hace que Alvear pierda en un momento todo lo que le importaba, le son arrebatadas familia y fortuna de un solo golpe, el fruto de todos sus años de investigación y trabajo y la familia que fundó en América. Esto supone una suerte de muerte en vida para el capitán Alvear o al menos el final de una primera etapa de su vida que le marcará para siempre y de la que no se siente capaz de recuperarse.

Sin embargo el mundo sigue girando y la vida continúa, con lo que asistiremos al renacer del capitán y al inicio de una segunda vida representada en la nueva oportunidad que se le ofrece encarnada en la joven Rebecca Ward a la que conocerá durante su obligada estancia en Londres después del ataque inglés. Por lo tanto, una vez que logra regresar por fin España lo hará acompañado del único hijo superviviente de la tragedia y planeando casarse con su joven prometida junto a la que afrontará la segunda vida que se le presenta en una España regida ahora por Carlos IV y amenazada por los ejércitos napoleónicos dispuestos a invadir la Península Ibérica.

Toda la novela constituye un fabuloso trabajo de recreación histórica plagada de datos, retratos de personajes reales y escenarios de lo más variado. Si bien en la primera parte el relato resulta algo plano, al modo de las novelas de aventuras del siglo XIX, con un esquema totalmente lineal, la segunda parte, la que trascurre al regreso de América y tiene como escenario principal la ciudad de Cádiz durante los turbulentos años que incluyen los reinados de Carlos IV y Fernando VII, la invasión napoleónica y la posterior Restauración, resulta bastante más animada, con más acción, los personajes aparecen más vivos, el relato cobra ritmo y resulta, en fin, una lectura mucho más atractiva, aunque en ocasiones se dan reiteraciones en cuanto a los pensamientos y sentimientos del capitán con respecto a sus recuerdos recurrentes de su época americana y del desastre de la Mercedes, pero así y todo la novela se lee con mucha facilidad. No he podido evitar recordar a lo largo de esta segunda parte la magnífica obra de mi paisano Arturo Pérez Reverte, "El asedio", que tan magistralmente recrea esos mismos años de la ciudad de Cádiz durante la ocupación francesa y en los que se cuentan los mismos hechos y se recorren los mismos escenarios. Sin llegar al nivel narrativo de Pérez Reverte, sí que hay que reconocerle a esta novela que combina con interés y habilidad los hechos históricos y los muchos y variados avatares personales y profesionales del capitán y su familia, situando muy bien en el contexto la vida de Alvear y sus relaciones con tantos personajes históricos con los que se codea. Igualmente destacan las estupendas descripciones de los lugares, en especial de los paisajes de la salvaje naturaleza americana y de la compleja sociedad gaditana del siglo XIX.

Será esta, por tanto, una lectura que agradará a los amantes de los relatos con trasfondo histórico, así como de las novelas de aventuras y, en general, a todos aquellos que creen, o que creemos que existen vidas reales que son dignas de ser inmortalizadas en papel porque corresponden a personas que cuya talla humana y los sucesos que les tocaron protagonizar en vida superan en emoción, interés y valor a todo lo que pueda idear cualquier obra de ficción. Y el mérito de la autora en este caso es haber sabido novelar la vida del bravo capitán Diego de Alvear de manera brillante. 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

El coleccionista de libros

La historia que Charlie Lovett nos muestra en esta entretenida novela es una emocionante peripecia que a lo largo de varios siglos sigue un volumen de la obra clásica "Pandosto" desde los tiempos de Shakespeare hasta el siglo XX donde nos encontramos con "El coleccionista de libros" del título, un librero norteamericano de nombre Peter Byerly, especializado en literatura británica, que se cruza con un ejemplar del libro anotado presuntamente por el famoso dramaturgo y del que parece haberse servido para escribir uno de sus populares dramas. Este volumen va pasando de mano en mano a lo largo de los años, de un coleccionista a otro, entre bibliotecas particulares y amantes de los libros. Toda la novela destila un encantador ambiente bibliófilio donde los libros son objetos de deseo, causa de desencuentros y conflictos y razón suficiente para robar, engañar, ocultar, y donde los falsificadores se dan la mano con los coleccionistas más caprichosos.

El argumento de la novela se mueve en tres momentos distintos: en el tiempo presente nos encontramos, por una parte, a Peter Byerly en sus años universitarios cuando todavía era un joven bastante antisocial, volcado plenamente en su pasión por los libros antiguos, hasta que encuentra a Amanda, la mujer que se convertirá en su gran pasión y que compartirá con él su amor por los libros, el coleccionismo, la restauración y la encuadernación, la mujer que le anima e inspira para comenzar su carrera como librero especializado en literatura inglesa. Esta gran historia de amor protagonizada por Peter y Amanda se alterna con el relato en el que nos encontramos a Peter diez años después de aquella época, viudo de Amanda y protagonizando una obsesiva búsqueda del origen de un libro antiguo sobre el cual Peter deberá determinar si se trata de una falsificación de la época victoriana o una auténtica joya bibliográfica que puede iluminar definitivamente el siempre activo debate sobre la auténtica autoría de las obras de William Shakespeare.

Y en paralelo a este hilo iremos siguiendo los avatares sufridos por esa supuesta joya, un libro que puede ser considerado como un tesoro pero que atravesará los siglos escondido de los ojos del público envuelto en constantes dudas de que no sea más que una falsificación en lugar de un objeto de auténtico valor y así centrará enfrentamientos entre coleccionistas rivales que protagonizarán venganzas y engaños continuados.

El libro resulta en general emocionante y fácil de leer, emotivo en muchas ocasiones y resulta fácil empatizar con los personajes de las distintas épocas. Reconozco sin embargo que también me ha resultado algo embrollado en algunos momentos al ir siguiendo los pasos al misterioso libro que va de mano en mano, cruzándose con falsificaciones y dudas sobre su autenticidad de modo que yo misma no tenía claro en cada momento si el libro finalmente sería verdadero o no. Por otro lado la novela tiene como positivo que incluye diversos géneros de manera muy armónica: combina su parte histórica, su parte de misterio, bastante de romance con su faceta más tierna y a la vez emocionante, pero fundamentalmente es una historia llena de incertidumbres, curiosidades y enigmas sobre un libro y los hombres que lo desearon, lo poseyeron y lo ocultaron a lo largo de los siglos.

Y como ocurre en tantas ocasiones, benditas casualidades, recién finalizada la novela me encontré con una noticia en la sección de cultura sobre el descubrimiento de una primera edición de las obras de Shakespeare que había llegado hasta el siglo XXI oculta en el archivo de una biblioteca francesa, lo que me hace entender que la historia creada por Lovett es perfectamente factible a estas alturas de la Historia, porque los misterios están ahí, ocultos en cualquier parte, esperando que un autor o un bibliotecario curioso los despierte y los reviva tantos siglos después.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Los hijos

Partiendo de la excusa de ofrecernos una autobiografía en la que el propio autor, Gay Talese, se presenta a sí mismo como un pequeño chico italo-americano en los inciertos años de la Segunda Guerra Mundial, la novela "Los hijos" pronto deriva en lo que en realidad es: una magnífica saga familiar de la familia Talese y mucho más, porque la historia que realmente tiene preponderancia en el libro se remonta a los orígenes de la Historia de Italia, antes incluso de su nacimiento como nación unificada y viaja desde allí hasta los Estados Unidos de los años 50 en constantes idas y venidas de personajes de la misma familia Talese que desde Maida, un pequeño villorrio rural de Calabria que hunde sus raíces en los tiempos antiguos, en siglos de miseria, guerras y conquistadores desde donde sólo la emigración se dibuja en el horizonte de los italianos con ambiciones como una posibilidad real de salir del atraso ancestral, sueñan con forjarse una nueva vida y atisbar acaso algo de la riqueza y el progreso que la nueva tierra prometida, que se ha trasladado con los siglos hasta los Estados Unidos, supone para los que se aventuran fuera de las duras montañas del sur de Italia. Pero aún instalados en América no será nunca posible para ellos cortar completamente los lazos que les unen a sus orígenes y a sus antepasados.

En un principio, el protagonista de la novela es el propio escritor, el pequeño Gay Talese que vive como una minoría dentro de una minoría: un católico italiano en una localidad de católicos fundamentalmente de origen irlandés como es Ocean City dentro de un país fundamentalmente protestante y anglosajón. Su pueblo es en aquellos años una desolada población costera de Nueva Jersey que ha conocido tiempos más felices y donde la vida del chico transcurre entre la escuela donde no destaca demasiado, el negocio de sastrería y lavandería de su padre, Joseph Talese, donde el pequeño ayuda al volver del colegio y tratando de pasar desapercibido ante una madre poco cercana y devota acérrima de San Francisco de Padua, santo patrón de los italianos emigrados. Pero el relato pronto contará con otros protagonistas que monopolizarán nuestra atención. El ámbito espacial abandona América y nos traslada hasta Maida, donde transcurre la infancia de Joseph, aprendiz de sastre, ansioso por crecer y viajar a París a triunfar profesionalmente y fascinado por la antigua historia del país, plagada de conquistas, guerras, hambre y honor, sintiéndose heredero de un gran legado histórico transmitido por sus ancestros que en muchos casos resultan para el chico totalmente cercanos y familiares gracias a las historias y anécdotas que se repiten incansablemente en los hogares y las escuelas. Y es a ese pasado mítico y a su influencia en la familia a las que Talese regresa constantemente en su relato, reviviendo a sus antepasados, familiares, vecinos y demás pobladores del mísero sur italiano, con sus historias personales que se entrelazan unas con otras y se convierten en una las mejores bazas de esta novela.

Si bien el relato comienza en los años de la infancia del protagonista en los duros años entre la crisis de los 30 y la posterior guerra mundial, en la dura vida de sus padres, concienzudos trabajadores que se esfuerzan por mimetizarse con su nueva patria, desde allí nos trasladaremos varios siglos hacia atrás en la Historia del viejo mundo, a la milenaria historia de Italia, desde los etruscos hasta el siglo XX, bajo el poder de los Borbones y el Papado, la unificación, las hazañas de Garibaldi, llegando hasta las grandes guerras mundiales y todos los sucesos dramáticos que forjan el carácter de esos hombres que verán en la próspera América el remedio a su pobreza secular. Los que llegaron al boyante norte industrial como mano de obra barata para la construcción de fábricas, carreteras, edificios e incluso los que se adentraron hacia el centro y el oeste del país y allí enraizaron en la naciente sociedad basada en el trabajo infatigable, la ambición y la igualdad de oportunidades. Estos inmigrantes, en su mayoría católicos y generalmente con escasa cualificación, deben luchar duro para adaptarse a su nueva patria a base de mucho trabajo y poco reconocimiento, convirtiéndose en una minoría social que requerirá un gran esfuerzo para integrarse en la sociedad americana en igualdad de condiciones.

Con un lenguaje extremadamente sencillo, sin circunloquios a pesar del detallismo con el que nos ilustra las escenas, las batallas y demás episodios históricos, con imágenes simples y descripciones muy vivas plagadas de realismo que muestran el buen oficio de periodista que ha dado fama mundial al autor, nos ubicamos con facilidad en los distintos lugares y épocas a las que nos invita a viajar esta novela en la que muchos capítulos podrían constituir por sí mismos auténticos relatos autónomos con entidad propia; cada retrato de un personaje, cada nuevo escenario o periodo histórico que nos describe es una crónica visual de suficiente peso como para no ser un elemento menor en esta descriptiva novela en la que se dan la mano el viejo y el nuevo mundo en un relato intenso y con enorme valor de crónica y testimonio de unas vidas mayoritariamente insignificantes pero que constituyeron la base sobre las que se construyeron dos grandes naciones como son Italia y los Estados Unidos de América.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Gone girl (Perdida)

Me ocurre con cierta frecuencia que tengo una novela, como ha sido el caso de esta Gone girl (Perdida) del norteamericano Gillian Flynn, que pasa meses apuntada en la lista de lecturas recomendadas y esperando turno para ser leída y de repente me entero de que acaban de estrenar la película basada en ella. Eso hace que me salte olímpicamente la lista de espera (nunca demasiado rígida ni formal) y me ponga manos a la obra antes de que se me presente la ocasión de ir al cine y perderme el placer de conocer el libro antes que la película. Y es que nada supera el placer de crear por uno mismo en tu mente los paisajes, recrear las situaciones y pasar las páginas siguiendo una historia ansiando el final. Aunque, no lo puedo negar, mi protagonista tenia, sin duda, la cara de Ben Affleck.

La novela reconstruye la relación de una joven pareja, Nick y Amy, que abandonan NY tras perder sus trabajo y regresan al pequeño pueblo natal de Nick en Missouri para cuidar de la madre enferma de éste. El día de su quinto aniversario de boda Amy desaparece de casa. A lo largo de las páginas vamos conociendo a dos voces el pasado del matrimonio, los orígenes familiares de ambos, su relación de pareja, cómo se va deteriorando el romance inicial hasta que conoceremos la situación de la pareja en los momentos inmediatamente anteriores a la desaparición de Amy. La información se nos va dando poco a poco, por lo que nos sorprenderemos con frecuencia al descubrir hechos o detalles desconocidos, aspectos inesperados de la personalidad de los protagonistas. Cada uno de ellos nos descubre sus propios sentimientos pero también nos da una visión del otro que aporta gran información, los vamos conociendo por lo que de ellos mismos nos cuentan y por lo que los otros nos cuenta del ellos. La intriga del caso es creciente, desde la desaparición inicial, sin apenas ninguna pista de lo que ha podido ocurrir, no sabemos si la joven ha sido secuestrada o se ha ido por su propia voluntad. El marido aparentemente inocente, nos genera dudas por su actitud, pero también descubrimos cosas nuevas sobre ella, con constantes conjeturas, inquietantes dudas, sin pruebas en las que basarse, sólo mediante suposiciones, juzgando por las apariencias, por unos hechos que no sabemos sin son reales o creados.

El relato atrapa desde el principio, la tensión es creciente sin saber en ningún momento a dónde nos conduce, qué postura defender; pasamos de odiar a uno y comprender al otro a cambiar de opinión cuando vamos conociendo más aspectos de la relación que permanecían ocultos. Nick pasa de marido desolado a canalla insensible y de nuevo a víctima de un enorme embrollo. Al mismo tiempo Amy abandona el papel de encantadora esposa perfecta para mostrar otro ángulo de su personalidad, descubrimos algo nuevo y sorprendente a cada paso, se convierte en mentirosa y manipuladora. Constantemente se nos presentan nuevos aspectos del pasado que iluminan algo la situación, que nos confunde aún más y lo complica todo nuevamente, en cualquier momento esperamos que todo dé un giro completo y que lo que pensábamos se nos trastoque totalmente.
Cartel de la película Perdida
El retrato de los personajes es fabuloso, tanto de las personalidades de Nick y Amy, como del resto de los secundarios, de la familia, los policías, los vecinos y de los demás que rodean a los protagonistas, todos tienen un papel bien definido y aportan al relato algún nuevo elemento. Todo el entramado de distintas versiones, mentiras, medias verdades y secretos conforman una genial combinación de elementos muy bien dosificados para crear una atmósfera desasosegante de principio a fin, con personalidades que se retuercen según avanza la trama y te atrapan en una trama tejida con detalle creando una red que atrapa a sus protagonistas y que te preparan para un final que se espera apoteósico, donde deseamos descubrir cómo se resuelve la complicada urdimbre tejida en torno al matrimonio. Pero debo decir que ese final esplendoroso y tan elaborado como el resto de la novela no se produce: la historia se desinfla en el último capítulo y nos deja sin la gran conclusión que esperábamos, libres para imaginar el final de una historia que nos ha mantenido cogidos en un puño durante toda la lectura para dejarnos caer al vacío en la última página. Como final me ha parecido decepcionante, lo que no quita para que haya disfrutado con el resto del libro. Tal vez sea una artimaña de escritor para dejarnos durante unos días dándole vueltas a la trama tratando de imaginar en qué acabará la historia de Nick y Amy ¡y mira que se me ocurren opciones posibles! Tal vez sea eso.

lunes, 3 de noviembre de 2014

El verano sin hombres

Mia Fredricksen es poetisa, ha cumplido los cincuenta años, es madre y esposa. Una mujer corriente que sufre el abandono inesperado de su esposo, "una pausa" la llama él. Inaceptable para ella. La humillación, la sensación de abandono, el desprecio que supone el comportamiento de su marido la llevan a padecer un "trastorno psicótico transitorio" lo que le supone un breve ingreso psiquiátrico mientras que todo su mundo se ve privado de sentido. En esa tesitura nos presenta Siri Hustvedt a la protagonista de su novela "El verano sin hombres". Una vez estabilizada, Mia regresa a su ciudad natal para descansar y recuperarse, para pasar allí los meses de verano cerca de su madre ya anciana, físicamente mermada pero mentalmente en forma, esa madre que continúa siendo un refugio seguro para esa hija que precisa sentir el calor de hogar que la devuelva a la seguridad de la infancia.

Esta es, verdaderamente, una novela plagada de mujeres: la protagonista y su madre, su hija Daisy, su hermana Bea, la joven vecina Lola, la doctora S., su psiquiatra con quien mantiene una activa relación vía telefónica y dos grupos de mujeres de distintas edades y que, por tanto, ven el mundo desde muy distintas perspectivas: por un lado el grupo de las amigas de la madre, unas ancianas que conviven en un complejo residencial para mayores y por otro las siete alumnas adolescentes de la clase de poesía que Mia imparte durante esas semanas. Los papeles masculinos quedan en segundo plano, desdibujados; aunque influyan en el comportamiento de las mujeres, no son sino un fondo difuso. Todo el mundo que nos presenta la novela es femenino. Mia es poetisa, artista, y con frecuencia expresa sus pensamientos a través de poemas improvisados, mediante versos propios o de otros que forman parte de su lenguaje expresivo. Todo esto nos introduce en el universo personal de la protagonista que da vueltas a sus sentimientos, los analiza del derecho y del revés, reflexiona sobre la vejez y la adolescencia, las relaciones personales y sentimentales, el matrimonio, las diferencias esenciales entre hombres y mujeres a nivel social, de sentimientos, forma de afrontar las relaciones, distintos tabúes sexuales. Con su cabeza siempre en movimiento, se pierde en disgresiones que a veces la llevan a un cierto desvarío pero que se tratan con un aire desenfadado, se ríe de sí misma y no llega a mayores.

El estilo de la novela combina pasajes narrativos con abundantes poemas, en ocasiones frases deshilvanadas con mensajes más escuetos, meras impresiones sueltas dejadas caer. La diversidad de estilos tal vez entorpezca de algún modo la gran habilidad para el relato de la autora, su capacidad de descripción de situaciones y sentimientos. Incluso en ocasiones la propia autora se sale de la narración para dirigirse directamente al lector, compartir sus dudas sobre cómo organizar el relato, por dónde llevar la historia, nos muestra su empleo de las técnicas narrativas, la manera de estructurar las escenas, elegir los escenarios, etc., e incluso en un momento llega a reconocer que entre tanto análisis y divagación tal vez esté echando de menos algo de acción, que ocurra alguna cosa que justifique el contar la historia que se está contando. Efectivamente, esa sensación de que no pasan cosas la he tenido y puedo constatar que nada de gran peso ocurre, que la historia carece de grandes hitos o de sorpresas narrativas. Diría que es más bien el relato de unas pocas semanas de una vida, la mirada a unas personas normales que pasan, como todas, por momentos malos y buenos, porque en casi todas las vidas los grandes sucesos son en realidad algo poco habitual, pero Siri Hustvedt es capaz de acercarnos a esas vidas normales, con sus conflictos y temores, con sus debilidades y fortalezas y sin que nada espectacular suceda, hacernos sentir cercanas a un grupo heterogéneo de mujeres que pasan por situaciones y circunstancias que, muy probablemente, nos han ocurrido o nos ocurrirán a cualquiera de nosotros tarde o temprano. Una novela más allá de feminismo y del postfeminismo, una novela sobre mujeres y sobre la vida en sí misma.

lunes, 27 de octubre de 2014

El mundo de ayer. Memorias de un europeo.

Existen autores, como es el caso del grandioso Stefan Zweig, cuya vida personal es tan intensa, interesante y atractiva como para darle sobrado contenido a toda una obra literaria. Y es que sin necesidad de novelar demasiado sus vivencias, sin añadirles excesivas florituras ni ahondar en los aspectos más personales de su intimidad, sus recuerdos, vivencias y apreciaciones sobre la sociedad, cultura y política de la primera mitad del siglo XX ya suponen de por sí argumentos suficientemente interesantes. Es por ello que el autor austriaco decidió escribir su biografía vital, sus reflexiones sobre el mundo que le tocó vivir y la tituló así, "El mundo de ayer. Memorias de un europeo". Porque junto a su faceta de novelista y biógrafo de altísimo nivel, Zweig vivió en primera línea los grandes sucesos de la Europa del último siglo y en esta obra desgrana sus recuerdos desde lo que era la Viena de su infancia y primera juventud, realiza un retrato del antiguo imperio austriaco y de todo el viejo continente centroeuropeo para, a continuación, relatar el final de todo aquello, contarnos cómo las dos grandes guerras cambiaron ese panorama y acabaron con la inocencia y la seguridad en la que vivían los burgueses europeos de las grandes naciones occidentales, pulverizaron la tranquilidad, la estructura social que había parecido inamovible y que había permanecido intacta durante siglos.

Con la excusa de repasar su propia vida, el autor despliega todo un ensayo en el que entrelaza sus propios recuerdos personales con el análisis de esa sociedad europea que conoció en su infancia y juventud, analizando la manera en que la esencia del hombre europeo basado en unas normas antiguas, en una vocación hacia la cultura, el arte, el humanismo e incluso la inocencia con la que veían el mundo, la fe irreductible en el progreso y, sobre todo, el sentimiento de europeidad, el saberse ciudadanos cosmopolitas, hermanados con los demás miembros de una gran sociedad europea avanzada, todo eso desaparece con las guerras, con la Primera, que fue el despertar de un feliz sueño, y, de manera especial, con la Segunda, con su inconmensurable deshumanización y crueldad.

En los recuerdos de su primera juventud, Zweig rememorará sus tiempos de niño en la pacífica y culta Viena, donde crecían los jóvenes de entonces rodeados de música, literatura y espíritu artístico. Tal vez sea la suya una visión idealizada de la juventud acomodada de la época alrededor de la cual el mundo era perfecto y las aspiraciones culturales y humanistas del alma burguesa eran plenamente satisfechas. Impulsado por su afán de conocer de cerca a sus hermanos europeos, pasa a rememorar sus frecuentes viajes, el París de su juventud, un paraíso de libertad y fraternidad, sin distinciones de clases, contraponíendolo con lo frío que le resultó el ambiente de Londres en todos los aspectos, y donde no acabó de encajar. Estos viajes suyos por Europa están plagados de encuentros, amistades y relaciones con enormes figuras de la época, como el poeta Rilke, el escultor Rodin, su amistad Richard Strauss o con Sigmund Freud y a ello une su pasión coleccionista de objetos que pertenecieron a las grandes figuras de la literatura y el arte. Viajero infatigable, se encuentra tan cómodo en Alemania como en Italia, en Francia o en Bélgica como en su amada Austria. No son las suyas tanto unas memorias de hechos y datos como de filosofía humanista, de análisis de las corrientes de pensamiento, de sentimientos y reflexiones sobre la naturaleza humana, la sociedad y la cultura europeas y su evolución a lo largo del siglo XX. No debemos esperar encontrar en esta obra demasiada información personal ni familiar, apenas unos comentarios sobre su relación con su padre o un asomo de ternura hacia su madre en sus últimos días de vida, apenas unas menciones a sus esposas, prácticamente invisibles. El autor limita su relato a su actividad profesional, cultural y artística, describiendo con gran detalle y profundidad sus relaciones o conversaciones con multitud de figuras y personajes públicos de aquellos años.

Finalmente, cuando los nacionalismos y en especial el nacionalsocialismo arruinan el sueño de una gran Europa hermanada por el progreso y la cultura, mientras que muchos aún vivían en la ignorancia o en el optimismo de considerar que la revolución en Rusia sería flor de un día o de que Hitler no supondría un peligro real para la paz europea, Zweig, gran defensor del pacifismo y de la libertad individual, ya desposeído de su nacionalidad tras la caída de Austria a manos de Alemania, obligado a huir de su país y viendo desaparecer aquel Mundo de ayer que ya sabe que nunca volverá, cae en un profundo sufrimiento al convertirse en apátrida, se refugia en Inglaterra desde donde su visión del futuro es eminentemente pesimista, y no sin razón. Sin embargo y a pesar de ello, querría destacar las últimas líneas de este libro que dejan entrever un cierto asomo de positivismo, de testimonio, al menos, de una vida aprovechada hasta el máximo, de una existencia que ha merecido la pena ser vivida.
"Pero toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y sólo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, sólo éste ha vivido de verdad."
Poco después de escribir esta obra, y viendo el triunfo del horror en la guerra mundial, el autor, desilusionado y alejado de su patria, sin esperanzas en la recuperación de aquel mundo de ayer que tanto añoraba, se suicidaría en su casa de Brasil junto a su segunda esposa. Sus últimas palabras fueron para sus amigos y demuestran el oscuro espíritu que se cernía sobre él en aquellos postreros momentos:
"Saludo a todos mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy antes de aquí"
Dejo aquí un enlace, a modo de epílogo, en el que se habla de los últimos días de Stefan Zweig y que me ha resultado un buen complemento a esta lectura que tanto me ha hecho reflexionar sobre la naturaleza humana, la identidad europea y el poder de la cultura humanista frente a la barbarie.


lunes, 20 de octubre de 2014

Te prometo un imperio

No es algo premeditado por mi parte, pero compruebo que una gran parte de las novelas que leo en los últimos tiempos transcurren temporalmente en los alrededores de las dos grandes guerras mundiales. Entiendo que la primera mitad del siglo XX es un escenario sin par para contar historias humanas particulares y plasmar retratos de toda una sociedad, la de la Europa occidental, que resulta absolutamente cautivadora para muchos escritores y, por supuesto, para muchísimos lectores. Pues nuevamente, por tanto, me encuentro con una versión de los hechos, con una mirada a la segunda Guerra Mundial, esta vez de la mano de Juan Vilches que en esta novela "Te prometo un imperio" traza un cuadro costumbrista del Madrid de los años 40, recién finalizada la Guerra Civil y lo contrapone con el fastuoso entorno de lujo y elegancia de unos personajes mundanos y cosmopolitas como son los duques de Windsor, de visita fugaz por nuestro país.

Es por (casi) todos conocida la fascinante historia amor que conmovió al mundo protagonizada por todo un rey de Inglaterra que renunció al trono por el amor de Wallis Simpson, una americana divorciada y en nada estimada ni por los políticos y por el pueblo británico, pero que, sin embargo, fue lo suficientemente poderosa como para hacer que Eduardo VIII renunciara a su corona y a todos su privilegio por permanecer a su lado. El relato está salpicado con multitud de datos históricos, documentado profusamente sobre avatares de la muy popular pareja cuya historia fue minuciosamente seguida por la prensa de la época, tanto en Europa como en Estados Unidos. La misma noche de un tormentoso mes junio de 1940 en el que los duques de Windsor, acompañados de un reducido séquito, llegan al hotel Ritz de Madrid, procedentes de la Costa azul francesa y huyendo del ambiente bélico de la Francia ocupada por los alemanes, es asesinado el mayor Siclair, asistente de campo del duque. La investigación del asesinato se le asigna al veterano comisario Fontecha que tendrá que colaborar forzosamente con el capitán Arturo Sotomayor, enviado por el ejército a investigar igualmente el suceso, dada la categoría militar del asesinado y la delicada posición diplomática en que queda el país al tratarse de un empleado directo de una personalidad como es el duque de Windsor. Ambos investigadores se ven obligados a apoyarse mutuamente, sin acabar de fiarse el uno del otro.

Con pocas pistas a su disposición y la dificultad añadida de no incomodar a los ilustres implicados en el caso, el trabajo de los detectives se hace difícil. La peculiar situación de Eduardo en España tampoco ayuda mucho: no se le considera representante oficial de su país, la embajada británica no quiere que se le trate como una visita oficial ni como representante de su monarquía, pero al fin y al cabo, Eduardo ha sido rey y la población de Madrid y su prensa lo acogen como tal. Mientras el asesinato se mantiene en secreto para la opinión pública, los Windsor son agasajados por la alta sociedad local con cenas y bailes en su honor. Destaca sobremanera los vívidos retratos que de Eduardo y Wallis se realizan en la novela, lo detallado tanto de la figura magnéticamente atractiva de la duquesa, centro de cualquier reunión social e incansable intrigante política, como de la elegancia innata y simpatía siempre cordial del duque que, sin embargo, queda como un pelele en manos de su maquinadora esposa, además de demostrar poco acierto en sus previsiones y análisis políticos sobre la figura de Hitler, el desarrollo de la guerra y tantos otros asuntos. Son ambos, en fin, un par de estrellas rutilantes que conquistan a la gris sociedad madrileña en las oscuras horas de los primeros años de la posguerra, por lo que les otorgan a los duques una atención digna de auténticos reyes.

El relato está plagado de "secundarios de lujo", desde Franco, su cuñado Serrano Suñer, numerosos ministros como Beigbeder o embajadores, destacando el británico Hoare, Winston Churchill, los reyes de Inglaterra y el mismísimo Hitler desfilan por la novela tanto en tiempo presente como protagonizando las constantes evocaciones del pasado en las que Eduardo recuerda sus felices tiempos de Príncipe heredero o ya coronado rey, trazando un fresco muy completo de la época previa a la guerra y de los primeros años de la contienda. La trama de la investigación policial, que en teoría es el centro de la novela, va algo lenta en ocasiones, no es ni mucho menos un relato trepidante, sino que con frecuencia se detiene en reiteraciones y repasos algo innecesarios de los hechos comprobados, las pistas recopiladas, etc, pero al ir alternándose la investigación con los detalles de la vida privada de los duques, con las intrigas políticas trazadas a su alrededor, el papel de España frente a las distintas potencias en la guerra mundial, la actuación de servicios secretos y demás temas paralelos, se salva de resultar en exceso pesada, aunque no diría yo que no le sobre algo de extensión a la novela. El desenlace, sin embargo, sí que es sorpresivo y la historia resulta muy bien rematada.

A fin de cuentas, diría que se trata de una buena novela histórica con una interesante trama política como base y que se lee con agrado, acercándonos mucho a unas figuras cuyas vidas quedarán tan reflejadas en las páginas de sociedad como en los libros de Historia, pero que no dejan de resultar apasionantes.

lunes, 13 de octubre de 2014

Me hallará la muerte

Hacía mucho tiempo que no leía nada de Juan Manuel de Prada de quien guardaba buen recuerdo, aunque ya algo difuso, de libros anteriores. Con esta última novela "Me hallará la muerte" me he reencontrado con su estilo rico e intensamente descriptivo, con su sorprendente adjetivación y con su forma de escribir que podríamos decir que se encuentra en las antípodas del minimalismo.

En el libro que nos ocupa, el protagonista, Antonio Expósito, es un joven sin oficio, familia ni futuro, un maleante de medio pelo que malvive en el Madrid de los crudos años de la posguerra del trapicheo, el hurto y demás triquiñuelas. Cuando su último golpe fracasa y acaba matando a un hombre, Antonio se ve obligado a huir y no se le ocurre mejor opción que alistarse para luchar en la División Azul y marchar al frente ruso en plena guerra mundial. Allí encontrará a tantos otros jóvenes que se han alistado como él, para huir de una condena o de una vida mísera, razones mucho más prosaicas, sin duda, que el patriotismo y el fanatismo ideológico de los que les arengan a luchar contra el comunismo sin moverse de sus cómodos sillones; todos ellos huyen hacia la guerra, a expiar sus culpas bajo la promesa de que “un valiente no le debe nada a nadie”. Allí, en el campo de batalla, tratarán de obtener una gloria que limpie su pasado y descubrirán un código de honor que no existe en la vida civil. En Rusia Antonio conocerá a Gabriel Mendoza, su oficial al mando, tal vez el único hombre íntegro y leal a sus ideales en muchos kilómetros a la redonda. Tras pasar enormes desgracias en la guerra y como prisionero de los rusos, Antonio regresará a España donde se debatirá entre asumir una nueva vida, una nueva identidad que promete ser brillante, o recuperar lo más preciado que abandonó al marchar: una mujer que aún le quita el sueño. No tardará en comprobar que cuando una mentira se pone en marcha es difícil de parar, crece como una bola de nieve arrastrando todo a su paso.

Destacar, como es habitual en el autor, el vocabulario riquísimo y cultivado que emplea a todo lo largo del relato, con numerosos vocablos y expresiones castizas y anticuadas, de jergas diversas y culturismos en ocasiones desfasados, pero que crean unas potentes imágenes con unas descripciones acertadísimas plagadas de metáforas que densifican la lectura, la cargan de matices, transmiten las sensaciones con más agudeza, llevándote a leer con algo más detenimiento, desviando en ocasiones la atención del fondo de lo que se lee a la forma en la que está escrito. Reconozco que me ha costado seguir adelante muchas veces, que no es una novela que se pueda leer a la ligera, que no es una lectura fácil, sino de las que requieren tiempo y dedicación. Y esa riqueza lo mismo puede resultar de agradecer por la calidad de la prosa que convertirse en una rémora que ralentice la lectura, dependerá seguramente del ánimo y el humor del lector y de lo que conecte con la historia y sus personajes.

Lo que sí logra De Prada es trasladarnos a los mismísimos paisajes fríos y desolados de Rusia que dibuja con sus crudas descripciones del campo de batalla y del ambiente desesperado de los que saben que están perdiendo la guerra y, para más inri, entregando sus vidas por una causa que no es la suya. El cuadro que realiza de la guerra es desgarrador, muestra la inutilidad de esta, el desperdicio de vidas que supone, la crueldad de las muertes en el campo de batalla. Abundan las escenas cargadas de deshumanización y odio también en los campos de prisioneros que se me han hecho muy complicadas de leer por su crudeza, al tiempo que me mantenían enganchada por su viveza y realismo. Por lo que se refiere a su retrato de la sociedad madrileña de los años de la posguerra, refleja un ambiente sofocante y sórdido, cargado de tristeza y miseria económica y moral. 
"una ciudad demasiado angosta para los sueños, demasiado aturdida de ambiciones y banalidad"
Una imagen crudamente realista y excesivamente pesimista y chusca de aquellos años de escasez y penurias, de supervivientes, maleantes y buscavidas, de hipocresía de los que sustituyen la ideología y los principios por el arribismo y la falsa moral. Demasiadas sombras y pocos elementos positivos en esta España que nos propone De Prada.

Una lectura, en fin, no apta para todos, no adecuada para quien busque una lectura de evasión y relajo pero sí para quien quiera disfrutar de una prosa riquísima, de una magnífica pluma que, por eso mismo, escarba demasiado hondo, tal vez, en la naturaleza de las personas. Un magnífico envoltorio para un contenido más bien triste con una visión excesivamente pesimista de la especie humana.

lunes, 6 de octubre de 2014

Legado en los huesos

Regresa Dolores Redondo con su segunda entrega de la Trilogía de Baztán "Legado en los huesos" en la que, no es que se mantenga el tono, el ambiente, la caracterización de los personajes; es que nos encontramos exactamente con lo mismo que nos ofreció en la primera novela. Y que no se tome esto como algo negativo, en absoluto, pero sí que es una advertencia para los que pretendan comenzar por esta novela para regresar después a la primera: ¡No lo hagan! Es preciso respetar el orden natural de la serie, ya que no son sino la misma historia dividida en distintos libros, cuya tercera parte, por cierto, no tardará en ver la luz. Aunque sería posible leer las novelas independientemente, sí que es recomendable haber pasado previamente por "El guardián invisible" y contar con la información de esa primera parte para continuar adecuadamente con la acción de esta segunda parte y comprender todos sus matices, conocer la evolución de los personajes y estar ya inmersos en esa atmósfera tan particular de los escenarios en los que se desarrolla la acción.

Nuevamente encontramos en esta novela como la autora mezcla con total soltura la mitología vasca, los aspectos esotéricos, iglesias profanadas y ritos misteriosos con los métodos analíticos de la policía navarra y el ambiente totalmente contemporáneo en el que se desenvuelven los personajes. Nuestra protagonista, la inspectora de la policía foral de Navarra Amaia Salazar, ha sido nombrada jefa de homicidios y se ve abrumada, además, con las peripecias propias de la crianza del recién nacido Ibai, con lo que tiene que compatibilizar, hasta donde le alcanzan las fuerzas, su faceta de profesional competente con las tareas de madre primeriza. Esta nueva experiencia de la maternidad llenará a la inspectora de nuevas sensaciones que le provocan sentimientos hasta ahora desconocidos, nuevos miedos que la poseen causados básicamente por la incertidumbre de no ser capaz de ocuparse de su hijo adecuadamente, la duda de parecerse mínimamente a lo que fue su propia madre para ella, que, como ya conocimos con anterioridad, es lo más alejado que podamos imaginar de una madre ejemplar. 

En su faceta profesional, Amaia se encuentra en el centro de varios casos aparentemente independientes de violencia doméstica con resultado de muerte pero que presentan elementos comunes que hasta el momento habían pasado por alto en las investigaciones llevadas a cabo por las distintas fuerzas: guardia civil, policías nacionales o autonómicas. La inspectora descubre que todos ellos tienen una conexión, con lo que se encuentra ante un caso de mayores dimensiones de lo que podría pensar. Y no sólo eso, sino que la propia Amaia se encuentra en el punto de mira del inductor en la sombra de todos esos asesinatos, que además la involucra a nivel personal y familiar, tratando de captar su atención de forma descarada, provocándola de algún modo para que se implique en los casos y descubra lo que se oculta detrás de los macabros asesinatos. 

Seguimos así a la inspectora Salazar, al ritmo acelerado que marca la novela, en ocasiones incluso trepidante, sin un minuto de respiro, y la acompañaremos en sus desplazamientos constantes entre Pamplona y Elizondo, por las sierras navarras, conduciendo bajo la lluvia o por las carreteras heladas, o cruzando campos embarrados, en un constante ir y venir tras la pista del retorcido criminal que la tienta a seguirle el rastro, que despierta sus fantasmas pasados y hasta trae a colación a sus propios antepasados y familiares en una historia que, como era de esperar, queda abierta para una última entrega que no nos queda más remedio que esperar con ansiedad, en la confianza de, por fin, nuestra ya querida Amaia pueda dar por cerrado este enrevesado caso que la obsesiona y la persigue. Ya queda menos para que llegue la tercera parte y esperemos que con ella tengamos la conclusión de este endemoniado caso.

martes, 30 de septiembre de 2014

La luz entre los océanos

Paisajes inabarcables, estupendos personajes y una desgarradora historia. Ese es el magnífico cóctel que nos ofrece esta estupenda novela que me ha sorprendido muy gratamente. La acción de "La luz entre los océanos" de M.L. Stedman se sitúa en la todavía bastante salvaje costa australiana de principios del siglo XX. Una vez finalizada la I Guerra Mundial Tom Sherbourne, como tantos otros jóvenes que fueron enviados a luchar en aquella cruel guerra, regresa a su país cargado de dolor y culpabilidad por no haber caído junto a tantos otros compañeros que perdieron la vida en el campo de batalla. Busca alejarse de toda su vida anterior, olvidar el infierno vivido y el mejor medio que encuentra para ello es solicitar ocupación en algo tan solitario como el servicio de vigilancia de faros de la Commonwealth. Cuando es destinado al remoto faro de la isla de Janus conocerá a Isabel, la hija del director de la escuela de Point Partageuse, el pueblo costero más cercano a la isla de Janus, una chica alegre y resuelta, a pesar de que soporta la oscura sombra que cayó sobre su casa y sobre sus padres con la muerte de sus dos hermanos varones en la gran guerra. Juntos, Tom e Isabel se embarcan rumbo a la isla como recién casados y cargados de ilusión y un intenso amor con el que se ven capaces de afrontar las duras condiciones de vida y la inmensa soledad de su inhóspito lugar de trabajo.

El libro está plagado de preciosas descripciones de la vida en el faro, el autor nos presenta un magnífico escenario protagonizado por un mar infinito, el cielo inmenso, el viento y la soledad. La vida diaria en el faro es una suerte de paraíso alejado del mundo real donde el joven matrimonio se ve capaz de crear todo un universo propio, amarse intensamente y criar a sus hijos en contacto con una naturaleza salvaje y bellísima. Pero tras varios intentos fallidos los hijos no llegan, y por ello el día en que el océano arrastra hasta la isla una barca con el cadáver de un hombre joven junto a un precioso bebé milagrosamente sano y salvo, y a pesar de las reticencias iniciales por parte de Tom, la pareja acaba por acoger a la niña y así Lucy se convierte en esa hija tan ansiada y se cría como una niña plenamente feliz e intensamente amada por sus padres. Pero lo que ellos no pueden controlar es que esa niña tiene una madre en alguna parte, su verdadera madre que sufre por la pérdida de su marido y su hija y que no se resigna a aceptar su destino, que los sigue extrañando y soñando infatigablemente con su regreso. Y esa es una realidad que, aunque Isabel se niegue a sí misma y acabe borrando de su mente, no puede evitar. Y cuando finalmente todo salga a la luz, la historia se volverá desgarradora, viviremos el drama cruel de unos padres que aman profundamente a una hija a la que deben renunciar, el de una madre que es una extraña para su propia hija. Sufriremos, por tanto, por lo cruel del destino de esas dos familias en las que ambas madres se consideran (y de algún modo lo son las dos) la auténtica merecedora de conservar a su lado a esa pobre niña, víctima inocente del amor de esas dos madres.

Esta es una novela que remueve sentimientos por dentro y que no te deja indiferente, obligándote a debatirte en un terrible conflicto moral, sentimental y de justicia en el que es complicado decantarse por ninguno de los dos lados en conflicto. Una novela, en fin, que te hace sentir intensamente, y con eso creo que ya se dice bastante de un libro.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Tiempo de cenizas

Aunque han transcurrido ya tres años desde que leí la anterior novela de Jorge Molist "Prométeme que serás libre" y han pasado ante mis ojos muchas y variadas historias de muchos otros libros, no me ha costado nada retomar la trama de aquella para enganchar directamente con su inmediata continuación, "Tiempo de cenizas". Encontramos nuevamente a Joan Serra, protagonista de la anterior novela, instalado en Roma a la sombra del odiado por muchos Papa español Alejandro VI. Joan es ahora un respetado ciudadano propietario de una próspera librería convertida en referente cultural y lugar de reunión política de los catalani, nombre con el que se conoce a los españoles residentes en Roma y partidarios del Papa Borgia y protegidos por su familia.

La vida y el negocio de Joan se encuentran en constante peligro por las inacabables guerras entre bandos, fundamentalmente entre los Borgia y las familia Orsini y Della Rovere, eternos candidatos al papado, las presiones de los distintos bandos que luchan en territorio italiano por la supremacía de los reyes español, francés, los florentinos...  En medio de tan incierto panorama Joan tratará de cumplir con la promesa que le hizo a su padre de luchar por mantenerse simpre libre, además de colaborar en la transmisión de esa idea de libertad a través de los libros que imprime y vende, pero pronto comprobará que muchas cosas le impiden alcanzar plenamente ese ideal de libertad: sus compromisos con el clan de los catalani, las responsabilidades hacia su familia, hacia su negocio y hacia los reyes de España a los que aún les debe servicios. Joan entiende lo difícil que es que un hombre se pueda considerar plenamente libre, que tome siempre las decisiones que desea y no las que debe tomar.
"Hay cosas que, aunque parezcan absurdas, los seres humanos nos vemos obligados a hacer. Esas son las decisiones que nos hacen libres y esclavos a la vez."
Es esta una magnífica novela histórica trufada de aventuras y escenas de acción donde nos codeamos con el Papa Borgia y su familia, los Sforza, Della Rovere, Orsini, El Gran Capitán de las tropas de Fernando de Aragón, Girolamo Savonarola y tantos otros personajes históricos relevantes. Los escenarios fantásticamente recreados nos introducen con facilidad en el relato: los peligrosos callejones de Roma, los palacios de los poderosos, las naves que batallan en el Mediterráneo, la Barcelona medieval y tantos lugares donde se disputan batallas, se traman conjuras y se dirimen luchas intestinas que riegan de cadáveres las calles. Asistimos junto a nuestro protagonista al fin de la época de los caballeros y el triunfo de la pólvora y las balas en el arte de la guerra, al final de la Edad Media y el despertar del Renacimiento junto sus amigos Miquel Corella, más conocido como Don Michelotto, leal servidor de César Borgia, con Niccoló Macchiaveli, florentino refugiado en Roma huyendo del régimen del fanático Savonarola y defensor de la libertad, al igual que Joan que tendrá siempre presente la amenaza de la Inquisición española, gran enemiga de los libros libres. Así se entremezcla la ficción con las figuras históricas con mucha fluidez, intercalando las tramas personales con los hechos históricos con enorme naturalidad y paseándonos de Roma a Florencia y de Nápoles a Barcelona siempre al hilo de acontecimientos dramáticos que giran, en su mayor parte, en torno a la lucha personal del protagonista de hacer prevalecer la libertad de pensamiento sobre las dictaduras de cualquier tipo.
"En la vida estamos siempre a merced de la Providencia. Desconocemos nuestro destino y es imposible vivir sin riesgo. Sin embargo, sí que podemos vivir conforme a nuestras convicciones."
Una recomendable lectura, por tanto, con numerosos y acertados elementos de novela histórica, de aventuras, intensos personajes, poderosos romances y apasionantes pasajes narrados con fuerza y credibilidad. Una novela con la que disfrutar plenamente inmersos en una época convulsa y apasionante de la Historia. Un disfrute de novela, sin duda alguna.



viernes, 19 de septiembre de 2014

El club de los filósofos asesinos

En "El club de los filósofos asesinos" de Julio Murillo hay un poco de muchas cosas: novela policíaca, novela política, costumbrismo del París del lujo y la ostentación, pero sobre todo muchas reflexiones sobre la sociedad actual, el sistema de justicia, el bien y el mal, lo legal y lo justo, los abusos de poder y la corrupción del sistema a gran escala. 

Henry Gaumont, el protagonista, es un creativo de publicidad que ha perdido en poco tiempo su trabajo y a su esposa y a la vez la confianza en la raza humana. Algo alterado por todos estos acontecimientos, planea su venganza contra todos aquellos que le han fallado y, al propio tiempo, planifica su propio suicidio. Pero el destino le hará reconducir su vida cuando le surge una inesperada y muy atractiva oportunidad laboral. Pronto se verá inmerso en un mundo de lujo y derroche, de mujeres y poder que nunca llegó a imaginar que existiera. Por otra parte, la segunda protagonista de la novela es la inspectora Claire Valéry una concienzuda investigadora criminal de la comisaría de París a la que se le acumula el trabajo al tiempo que trata de desenmascarar desde hace ya años a los miembros de un particular grupo autodenominado el Club de los filósofos asesinos, más conocidos simplemente en los entornos policiales como "El club". Estos justicieros se dedican a asesinar por su cuenta y riesgo a personas a las que cualquiera consideraría verdaderamente merecedoras de tal castigo: asesinos, traficantes, corruptos, pederastas... dejando siempre su sello personal para que se les sean indudablemente adjudicadas dichas ejecuciones. Esta gente aplica una suerte de justicia poética, la ley del talión actualizada que no demuestra más que una absoluta desconfianza hacia el sistema judicial y policial que nos hacen plantearnos muchas cuestiones, pero básicamente una: ¿son justos por impartir justicia o sólo vengadores sin sometimiento a la ley? Tal vez estas personas tiene un objetivo loable, pero el fin no justifica cualquier medio y así lo piensa también la detective Valéry.

Las dos tramas, la de Henry y la de Claire se cruzarán cuando la inspectora investigue un incidente en el que aquel se verá involucrado y posteriormente en una serie de asesinatos en los que, de algún modo aunque sin pretenderlo, Henry tiene mucho que ver. A partir de ahí se complicará la trama para ambos: mientras que la inspectora Valéry trata de hacer su trabajo a pesar de los constantes impedimentos que la plantean desde su propia comisaría, Henry comienza a comprender que está metido de lleno en algo más serio de lo que él pensaba y que los que están tratando de manejar su vida son más poderosos de lo que él pudiera imaginar. Si bien en un primer momento se deja llevar por las circunstancias que parecen ser de lo más favorables a sus propios intereses, cuando se da cuenta de la magnitud real del asunto en el que se encuentra envuelto decide revolverse contra los que lo manipulan y tomar decisiones por su cuenta. Se convierte de ese modo en una especie de héroe contemporáneo, con sus muchas debilidades y dudas morales, pero que al final opta por defender aquello en lo que cree. 

En conclusión, una lectura amena y entretenida con un fondo que deja muchos temas para pensar y si bien está ubicada en la Francia de Sarkozy y son constantes las alusiones a la vida política francesa no por ello deja de plantearnos unos asuntos aplicables a cualquier país europeo, al nuestro sin ir más lejos, presentándonos el amargo panorama en el que la corrupción del poder es un elemento común e inseparable de las democracias occidentales en las que la ética y la moral no son los valores más cotizados precisamente.

jueves, 11 de septiembre de 2014

De vuelta a casa

Mientras leía la que es la primera novela de la escritora norteamericana Julie Kliber, no podía evitar que mi pensamiento volviera de vez en cuando a la magnífica "Criadas y señoras", por la ambientación, por los temas comunes, por el tono de la narración. Pero eso no significa que esta sea una copia de aquella, ni mucho menos, "De vuelta a casa" tiene suficiente peso y una historia digna de ser valorada por sí misma, es una novela que merece que se le dedique un tiempo y que cuenta una hermosa historia que llega fácilmente al corazón.

La estructura de la novela comienza con el esquema de una road movie (¿sería correcto decir road novel? Creo que no existe tal término) en la que las protagonistas, dos mujeres de distinta edad y condición, viajan juntas hacia un funeral. Isabelle McAllister es una distinguida dama sureña próxima a los noventa años que ha superado ya todo a estas alturas de su vida y a pesar de su avanzada edad actúa con lucidez y gran sentido del humor. Sin embargo no se ve con fuerzas de realizar sola el largo viaje que le supone asistir a un funeral en el que la esperan a varios estados de distancia, por lo que pide ayuda a la que hace ya más de diez años es su peluquera pero también su persona de confianza, Dorrie Curtis, una mujer negra de mediana edad que lucha por sacar adelante a sus hijos adolescentes, mantener su negocio, pagar las facturas, soportar a una madre bastante quisquillosa y encontrar, de paso, un hombre con el que merezca la pena compartir su vida. Ambas mujeres conforman una peculiar pareja que atraviesan juntas algunos de los estados más racistas de Norteamérica donde las dos mujeres despiertan la curiosidad y la suspicacia de muchos. Durante su largo viaje por carretera, aparte de hacer crucigramas sin parar, Isabelle irá recordando junto a Dorrie la fascinante historia de su pasado, de su adolescencia en Kentucky en torno a 1940, en una época y un lugar en el que el racismo separaba radicalmente a los blancos de los negros, sometidos a irracionales leyes discriminatorias que no todos estaban dispuestos a aceptar sin discutir. Sin embargo, el amor hace su aparición e Isabelle lo abandonará todo para unirse al hombre al que ama, con el riesgo que ello supondrá para sus propias vidas. En muchos aspectos vemos que en los Estados Unidos existen todavía, después de tantos años, muchas de aquellas barreras con las que se encontró Isabelle y que separan a las dos razas, esa desconfianza mutua hacia los del otro color, las diferencias de oportunidades, los barrios separados, todo eso que parece muy antiguo no ha desaparecido por completo a día de hoy.

Narrada a dos voces, el presente lo vemos desde la perspectiva de Dorrie, angustiada con sus numerosos problemas personales, familiares y en general las tribulaciones propias de una madre soltera en la lucha diaria por sus hijos y por su propia vida sentimental. A la vez, Isabelle nos cuenta su historia personal que en principio parece tan alejada del tiempo y las circunstancias de la de Dorrie que pertenece a otro mundo, pero en el fondo comprobaremos que los problemas y las cuestiones que ocupan y preocupan a las personas no son nunca muy diferentes las unas de las otras: el amor, la familia, las relaciones con los padres, los hijos y el deseo de criarlos amorosamente y al tiempo hacer de ellos adultos responsables y, por fin, encontrar a alguien de quien valga la pena enamorarse y tratar de seguir, en la medida de lo posible, el camino que el corazón nos marque. En eso no hay distinciones de raza ni edad.

La autora logra expresar en su novela sentimientos muy intensos, nos cuenta una historia de amor apasionada sin grandes artificios, con palabras sencillas y certeras, emocionantes y emotivas pero sin sensiblerías ni golpes de efecto; nos arrastra en su relato sin giros inesperados ni grandes sorpresas, pero la fuerza de la novela es la de la propia historia que cuenta, basada, además, en las vivencias de la propia abuela de la escritora, y los personajes se hacen tan entrañables que cuesta llegar al final y despedirse de ellos. Es esta, en fin, una novela sobre el amor y el sacrificio, la familia y la amistad, que aún después de cerrar la última página sigue todavía girando en tu cabeza y acompañándote por algún tiempo.

Termino con una frase extraída del libro que me ha parecido extraordinariamente acertada y no quería dejar de destacar ya que encierra una magnífica fórmula sobre educar a los hijos a base de buen ejemplo y cariño.
   "Solo puedes actuar como querrías que lo hicieran ellos —señaló entonces la señorita Isabelle—. Te verán y luego tomarán sus propias decisiones. Después cruza los dedos y confía en que no se equivoquen. Pero no los vas a decepcionar, Dorrie. No más que cualquier madre imperfecta que ama a sus hijos más que a sí misma."
Que así sea.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Diario de una dama de provincias

A pesar de que siempre he mantenido que no era aficionada al género humorístico, he descubierto que sí que siento cierta debilidad al menos por una variante de dicho género: el humor inglés. Ese estilo sutil, discreto, ajeno al chiste fácil y centrado en la leve aunque acerada ironía y en sacar a la luz las debilidades humanas que se ocultan tras la corrección y la extrema urbanidad, las absurdas costumbres arraigadas fundamentalmente entre la burguesía media y las estrictas diferencias de clase social que permanecen grabadas en el ADN de los ciudadanos británicos. De todo esto hay algo en "Diario de una dama de provincias", la divertida novela de E,M. Delafield, y es que los ingleses son muy dados a eso: a convertir cualquier novela de corte costumbrista en una nada sutil crítica a su propio modo de vida, a su cultura y a su organización social.

Nos encontramos ante el diario de una dama de provincias, como el título bien indica, casada con el administrador de la representante de la nobleza local, madre de dos hijos de corta edad y presente, por obligación, en todos los actos sociales que en la zona se organizan. Vemos a nuestra protagonista realizar auténticos malabares para organizar las tareas del hogar gestionando la bastante mermada economía familiar al tiempo que trata de no ofender al irascible personal doméstico, tan complicado de conseguir y de conservar, la encontramos tratando de cultivar bulbos sin mucho éxito, ponerse al día con las últimas tendencias de la moda que llega de Londres y mantener conversaciones lo más inteligentes e ingeniosas posibles en las más bien desabridas reuniones sociales de la comarca donde todos tratan de aparentar una falsa opulencia que los acerque, al menos a ojos de sus vecinos, a las clases verdaderamente acomodadas. Todo ello en una pequeña localidad rural del sur de Inglaterra a principios de los años 30, con sus lluvias constantes, las calefacciones insuficientes, las viviendas precisando constantes reparaciones pero el orgullo y la imagen pública siempre impecables.

A lo largo de toda la novela y sin que se produzca ningún acontecimiento demasiado extraordinario que obligue a ampliar mucho la extensión de la obra, compartimos con nuestra dama sus siempre absurdas preocupaciones sobre los temas más banales que imaginarse pueda, pero que centran y dan sentido a la vida de esas y de tantas otras damas de provincias más o menos prósperas que pasan sus días entre la organización de acontecimientos benéficos, algún picnic pasado por agua o una breve escapada al sur de Francia que le hace imaginar que ha alcanzado el estatus social de la nobleza. Un entretenimiento que resulta breve pero que se disfruta, aunque sin llegar a ansiar pasar a la siguiente entrega de la misma serie donde parece ser que nuestra dama prospera algo más. Suponemos, visto lo visto, que no va a superar su cortedad de miras por mucho que trepe en la escala social.

domingo, 31 de agosto de 2014

Regreso a tu piel

En ocasiones damos por descontado que si un libro nos ha conquistado esto se va a repetir de manera automática con cualquier novela del mismo autor con la que nos encontremos en el futuro, pero resulta que la cosa esta de escribir no es una ciencia exacta y las fórmulas no necesariamente funcionan siempre, así que a pesar de que con "Palmeras en la nieve" quedé encantada con Luz Gabás, no ha ocurrido exactamente lo mismo con esta, su segunda novela, "Regreso a tu piel". En esta ocasión nos encontramos con la historia de Brianda, una joven relativamente feliz, con un buen trabajo y un novio del que está enamorada y, supuestamente, ningún problema en la vida, hasta que comienza a sentir una inexplicable angustia, unas extrañas visiones que la llevan a alejarse de su vida cotidiana y refugiarse temporalmente en el pueblo natal de su madre, donde todavía vive su tía, para tratar de recuperarse de su extraño padecer. Pero este regreso a las montañas no hará más que acentuar su situación hasta el punto que comenzará a confundir su propia existencia con la de otra Brianda, una antepasada suya de idéntico nombre que habitó aquellas tierras allá por el siglo XVI y cuya historia comenzará a revivir como propia.

Reconozco que debe de haber algo inscrito en mi código genético, tal vez un gen híper realista que me pone en guardia cuando veo asomar elementos irracionales y mágicos en una novela y que me distancian del relato, me hacen mantener una distancia prudencial con él. Y si encima esto se une a que de tanto en tanto me tropiezo con alguna escena con un acentuado estilo romántico con enigmáticos caballeros montados en negros corceles, entonces, como dirían en mi tierra, "apaga y vámonos", desaparece por completo el feeling con esa lectura y difícilmente logro conectar con ella.

Y lo cierto es que toda la trama de esta novela que tiene lugar en la época medieval me ha encantado, me ha parecido apasionante la historia de la antigua Brianda, las luchas entre los distintos señores de las montañas entre ellos y contra el rey y las duras condiciones del medievo donde debe aprender a sobrevivir Brianda como heredera del señorío de Lubich, la arriesgada vida de una mujer en un cruel mundo de hombres. Toda esta parte es más interesante y más entretenida que la que transcurre en la actualidad, por lo que, para mi gusto, el relato tarda demasiado en cambiar de una época a otra, igual que encuentro que las artimañas para combinar ambos ámbitos temporales resultan forzadas y poco naturales, casi infantil el recurso a las regresiones al pasado y las visiones. La parte del presente me parece una excusa para contarnos la vida de Brianda de Lubich, una historia que sí que tiene fuerza e interés, pero combinada con los aspectos paranormales, las brujerías y demás fenómenos que en un marco del siglo XVI podrían encajarme, pero que trasladado al siglo XXI me han sobrado por completo.

Es por tanto esta una novela con un buen argumento de base y con una extraordinaria ambientación histórica pero que para mi gusto falla por el planteamiento de la estructura por la que ha optado la autora, al alternar las dos épocas de un modo tan "esotérico", cuando podría haberse limitado a escribir una buena novela histórica y punto.

lunes, 25 de agosto de 2014

Los buenos suicidas

"Los buenos suicidas"es la segunda novela del escritor catalán Toni Hill, y continuación de "El verano de los juguetes rotos" que leí hace no mucho tiempo. Como se puede comprobar, no he faltado a mi palabra de ponerme con ella tan pronto como he podido, y es que la anterior me dejó un buen sabor de boca y tenía ganas de repetir con este autor. En esta nueva entrega ya no nos encontramos en verano, han pasado seis meses desde aquellos hechos y se acaba de iniciar el nuevo año. Si bien reencontramos a los mismos personajes de la novela anterior, el inspector Héctor Salgado, su ayudante, la agente Leire Castro, apartada del servicio debido a su avanzado estado de gestación, la subinspectora Martina Andreu y, en fin, los mismos habitantes de la comisaría de los mossos d'esquadra de Barcelona, con alguna nueva incorporación, ello no supone que esta novela tenga que leerse obligatoriamente a continuación de aquella anterior, aunque sí reconozco que ayuda a situarse y a empatizar desde el principio con los personajes, al conocer previamente sus antecedentes personales y profesionales. Así ocurre con el caso de la desaparición de Ruth Valldaura, la exmujer de Salgado, que sigue sin resolverse. El inspector continúa visitando periódicamente al psicólogo y tratando de seguir adelante con su vida y ocuparse lo mejor posible de su hijo adolescente, mientras que la agente Castro decide reincorporarse extraoficialmente al trabajo, incapaz de soportar la obligada inactividad que su estado le impone y decide retomar, a espaldas de su superior, la investigación del caso que continúa, seis meses después, en punto muerto.

Y si en la anterior novela el sofocante calor del verano lo cubría todo, ahora acabamos de pasar las fiestas navideñas, fechas no muy gratas para nuestros protagonistas que no son precisamente gente familiar. En este inicio de año el inspector Salgado se enfrenta al suicidio de una mujer en el metro de la ciudad, un hecho que podría pasar más bien desapercibido si no fuera porque, casualmente, resulta que la suicida trabajaba en la misma empresa que otro individuo que acabó con su vida y la de su mujer e hija pocos meses antes. Esa extraña coincidencia es la que enciende las luces de alerta en Salgado que decide investigar los motivos reales de ambas muertes.

La novela está muy bien escrita, diría yo que supera a su antecesora, resulta más compleja y más completa. La trama está muy bien hilada y profundiza bastante acertadamente en los distintos personajes, tanto protagonistas como secundarios. La narración es ligera y se lee sin dificultad, de manera que es fácil acabarse el libro en pocos días, manteniendo todo el rato el interés, especialmente al final, cuando debe desvelarse la trama. Sin duda, una novela recomendadísima para estas vacaciones y, por si alguien no se ha iniciado aún con Toni Hill, recomendaría incluso leerse las dos novelas seguidas, a pesar de que cada una supone un caso diferente, los temas en común permiten verlas como dos capítulos de una misma serie; no son demasiado largas ninguna de las dos, se leen fácilmente y resultan muy entretenidas. Es una opción muy válida para las largas tardes del verano. Y además, así ya estaremos listos para recibir la siguiente entrega de la serie que, estoy convencida, tiene que llegar, sí o sí.

sábado, 16 de agosto de 2014

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

Uno de los títulos más largos y con más chispa, sin duda, de entre las novelas publicadas en los últimos años es el de "La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey" de la escritora Mary Ann Shaffer (con la colaboración de Annie Barrows) La novela tiene ya algún tiempo y fue un gran éxito de público. Afortunadamente, de vez en cuando podemos volver atrás unos cuantos años y rescatar novelas que van quedándose perdidas en la lista de lecturas pendientes, como así me había ocurrido con esta, con la que he podido comprobar que tenía justificación la buena acogida que los lectores le mostraron en el momento de su publicación.

El libro es muy agradable de leer, a pesar de estar escrito en estilo epistolar basado íntegramente en el intercambio de cartas y mensajes varios entre la desenfadada escritora Juliet Ashton, joven inglesa bastante atolondrada y gran aficionada a la lectura y a la agitada vida social londinense y diversas personas de su entorno: su amigo y editor Sidney, su mejor amiga y hermana del anterior, Sophie, pero sobre todo con los miembros de la curiosa Sociedad literaria que da título al libro. El tono humorístico de la novela se agradece bastante, incluso cuando el relato se centra en los hechos más dramáticos relativos a la Guerra mundial y a sus efectos especialmente devastadores en Inglaterra, particularmente en Londres y, lógicamente, en los años de la ocupación alemana a la isla de Guernsey. Los constantes apuntes humorísticos, con ese fino humor inglés al que tan bien se le da hacer caricatura del drama y burlarse de lo más serio sin ser grosero, con esa manera de ser capaces de dejarse en ridículo a ellos mismos con un comentario sutil que nunca cae en el chiste, facilita el pasar por los hechos dramáticos de la guerra, a la vez que introduce el deseo de la vital y resuelta Juliet de dejar atrás los duros años pasados y disfrutar de la nueva época de paz lo más felizmente posible.
«el humor es la mejor manera de hacer soportable lo insoportable»
A raiz de una carta recibida de un habitante de la isla Guernsey, de nombre Dawsey Adams, que se pone en contacto con Juliet para solicitarle que le envíe algo de lectura interesante que palíe en parte el aislamiento que, aún terminada la guerra, continúan sufriendo en las islas del canal tras la ocupación alemana que los mantuvo completamente aislados del resto del mundo durante varios años, se iniciará una relación epistolar con los diversos miembros de la curiosa sociedad literaria a través de la cual Juliet es informada de las actividades de este variopinto grupo de vecinos que se constituyeron en sociedad literaria por pura necesidad. A través del intercambio de cartas los habitantes de la isla van contando anécdotas de lo que fueron los cinco años de ocupación y cómo esquivaron las estrictas normas de los invasores para tratar de continuar haciendo una vida lo más normal posible. La obra está llena de bromas literarias en torno a novelas o personajes de ficción, sobre autores de éxito como Oscar Wilde o Jane Austen que participan de algún modo en las tramas y se citan constantemente títulos, algunos de los cuales he disfrutado como "Orgullo y prejuicio" o “Elisabeth y su jardín alemán” y otros muchos de los que he tomado buena nota por si algún día les encuentro un hueco. En cualquier caso, por uno u otro motivo, los personajes de la novela ven cómo su vida gira en torno a la literatura de una u otra manera, las novelas les entretienen, les abren al mundo, les ayudan a vivir.

La pequeña isla de Guernsey es un punto insignificante en el mapa de una Europa devastada por la guerra, pero sus habitantes, cada uno con sus historias particulares, reflejan todo el drama y el horror que la guerra trae a cada individuo en particular; cada pequeña anécdota, cada vida desperdiciada es tan valiosa y tan digna de ser contada y reflejan la realidad del conflicto como las más heroicas hazañas militares y las crónicas de las grandes batallas. A pesar de todo esto, el tono general de la novela no deja de ser básicamente humorístico, se lee con una sonrisa permanente en los labios, por las bromas y los constantes comentarios irónicos, tan ingleses y tan refinados en su estilo de humor, también por el retrato de los sencillos personajes que habitan la isla, simples enamorados de los libros algunos, indiferentes a la cultura otros pero todos se acaban haciendo de querer.

Interesada en conocer la razón de la doble autoría de la novela, he descubierto que Mary Ann Shaffer no logró finalizar su novela al verse sorprendida por una grave enfermedad, por lo que fue su sobrina y también escritora Annie Barrows la que la terminó y publicó en su nombre. Una preciosa obra póstuma de una mujer que, al igual que le ocurre a la protagonista Juliet, se enamoró de la isla de Guernsey y quedó impresionada con la historia de su ocupación, tanto como para convertirla en objeto de su única novela. No es poca cosa publicar una sola novela en la vida si en ella es posible dejar, como ocurre en este caso, un importante testimonio de unos hechos como los ocurridos en Guernsey durante la II Guerra Mundial y hacerlo, además, de manera tan entretenida.

viernes, 8 de agosto de 2014

La noche soñada

En esta segunda novela de Màxim Huerta que leo, "La noche soñada", nos trasladamos a un pequeño pueblo de la Costa Brava llamado Calabella en la víspera de la celebración de San Juan de 1980. Allí se anuncia a bombo y platillo la inauguración del nuevo cine de verano con la asistencia de una estrella invitada de excepción: Ava Gardner. Un día muy especial, sin duda, para Justo Brightman, un niño de doce años decidido a aprovechar tan señalado día para poner en práctica un plan que dará un vuelco a su vida. Treinta años después, Justo es un reputado fotógrafo que acude a Roma para celebrar el cumpleaños de su madre, decidido a contarle el secreto de lo que ocurrió aquella noche de San Juan. Pero ese misterio que vamos esperando que se nos desvele no es, afortunadamente, el elemento principal de la novela, a pesar de que es el punto sobre el que gira todo el relato. Lo fundamental de la trama es el apasionado amor de Justo por su madre, Teodora, una relación que raya en lo obsesivo, pero también tienen su papel destacado otras formas de amor cuyo amplio muestrario se nos va presentando, como son el amor de la tía Visi por su sobrino, el de los medio hermanos Justo y Liz, el primer amor juvenil, el amor sereno de la madurez, distintas visiones de las relaciones que unen a las personas y que están muy bien retratadas a todo lo largo de la novela.

El relato pasa por escenas de ritmo ágil pero también, con demasiada frecuencia, se atasca en darle vueltas al mismo asunto sin avanzar apenas. Así, el día central de los hechos, el 23 de junio, se nos narra con puntilloso detenimiento, en ocasiones excesivo, igual que se nos repiten escenas o imágenes que resultan reiterativas, el secreto que esperamos que se desvele se alarga demasiado en su intriga, da demasiadas vueltas sobre los mismos hechos ralentizando así la narración. El recurso por el cual pasamos varios capítulos sentados junto a Justo y su madre en un banco de iglesia en Roma mientras el protagonista va recordando el pasado, va tratando de confesarle a su madre aquel secreto que guarda desde entonces, en ocasiones hace que el ritmo se vuelva algo lento y pesado. Sin embargo, cuando estamos en plena narración, cuando la historia fluye, aderezada con los buenos retratos de los personajes y de las sensaciones, la lectura se lee vuelve ágil y engancha.

Un punto y aparte merece el referirnos a la ambientación de la casa familiar de Calabella, donde Justo y su padre son los únicos varones en un hogar donde conviven las nueve hermanas de Teodora, como las hijas de Bernarda Alba, nueve solteras que repasan anualmente sus mortajas y se sientan a bordar en el patio o a cocinar todas juntas, con clara influencia de los personajes del realismo mágico, o del universo lorquiano al que se homenajea claramente. Aunque de todas esas tías, sólo Visi llega a tener cierta entidad propia, siendo las demás un todo sin personalidades demasiado definidas. Otro recurso que emplea mucho el autor, demasiado para mi gusto, es el de salpicar el relato de frases cortas, categóricas, de esas de subrayar y sacar entrecomilladas, píldoras de filosofía de la vida que tal vez encandilen a muchos lectores pero que a mí me resultan colocadas de manera forzada para "hacer bonito".
"Soñar debería ser una asignatura, somos, si somos persistentes, lo que soñamos"
"A veces, ayer como hoy, se escucha el amor cuando más callado estás"
"Todos tenemos canciones que no llegaron a su destino"
Tal vez sea que tengo poca sensibilidad para según qué pensamientos profundos, para las frases empaquetadas para regalo.

A pesar de esto, es indudable la capacidad del autor de transmitir certeramente sensaciones y sentimientos, de crear imágenes evocadoras del mundo infantil y de las relaciones familiares, de los momentos de felicidad y esos que crean memorias que permanecen en la mente de las personas y les acompañan en su madurez, si bien en ocasiones estos elementos sentimentales se coloquen por encima de la narración mediante la abundancia de imágenes sueltas, sin conexión con el relato principal en forma de flashes momentáneos, recuerdos inconexos centrados en aquellas sensaciones, piezas sueltas que van configurando la historia a base de lo que muchas veces se intuye más que se sabe. Un estilo basado en parte más en el dibujo de las emociones y del los estados de ánimo, en la creación de atmósferas y la evocación de los instantes que en el puro relato de los hechos. Pero no negaré que Màxim Huerta, en esto, es un maestro.