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viernes, 31 de enero de 2025

Ropa de casa

Existen escritores que se convierten para sus lectores en valores seguros y en los que confiamos en que en sus libros nos vamos a encontrar siempre cómodos entre historias emocionantes contadas con enorme calidad literaria. Este es el caso de Ignacio
Martínez de Pisón
, que en "Ropa de casa" nos ofrece ahora una maravillosa autobiografía en la que descubrimos episodios de su vida que van desde la inocencia de la infancia en Logroño, pasando por los descubrimientos de su adolescencia en Zaragoza hasta llegar a la Barcelona de su juventud donde acabaría convirtiéndose en escritor.

Nacido en una familia conservadora católica de abogados y militares, con abuelos carlistas, Pisón crece en la época de la dictadura, primero en la provinciana Logroño y más tarde en Zaragoza. Recibe una buena educación con los jesuitas y no es hasta que entran las niñas en su colegio para hacer el COU que descubre el género femenino en pleno despertar de la adolescencia. Pronto a su interés por el fútbol se le sumarán dos nuevas pasiones: el cine y la literatura. Tras la temprana muerte del padre, quedan los cinco hijos al cuidado de la madre que asume con entereza su papel de viuda y se esfuerza por mantener ella sola a la familia; con gran valentía se lanza a abrir una tienda, aprende a conducir y aún sin permitirse grandes lujos lucha por mantener su estatus social.

"Nosotros, que no éramos ricos ni viejos ni nuevos, formábamos parte de una categoría superior: nosotros teníamos clase, que era algo que no se compraba con dinero y que, como la hemofilia, se transmitía de generación en generación a través de la sangre."

Con una escritura limpia y clara, repasa los acontecimientos más destacados de una vida sin grandes eventos ,"Digamos que, en comparación con otras, la mía ha sido una vida pequeña. Pero, en fin, no solo a los pomelos y a las naranjas se les puede sacar el jugo: también a las mandarinas" Evoca recuerdos desde el punto de vista del niño y el joven que fue, retratando las décadas de los sesenta, setenta y ochenta, recorriendo el camino que le llevará a convertirse en escritor, salpicando el relato con numerosos detalles que dibujan la sociedad española de aquellos años, desde lo más doméstico, lo más pegado a lo cotidiano, hasta los grandes cambios sociales y políticos, los momentos que marcan cada época: la llegada de la democracia y de la televisión en color, el 23-F, la animada vida universitaria y cultural en la Barcelona preolímpica, el boom de la Literatura latinoamericana y las relaciones personales entre algunos de los autores más destacados de aquellos años en los que él mismo fue incluido en el grupo de la llamada Nueva Narrativa Española, formada por autores jóvenes que estrenaban el nuevo régimen de libertades y que traigan nuevos aires y nuevos temas a las Letras nacionales. El libro está lleno de homenajes hacia un buen números de los personajes que conoció a lo largo de los años, algunos de los cuales se convertirán con el tiempo en buenos amigos. Así desfilan por las páginas su paisano e ídolo, Luis Buñel, Carlos Barral, Vila-Matas, Javier Marías, su primer editor, Jorge Herralde, fundador de Anagrama, Labordeta, Luis Alegre Bernardo Atxaga o Muñoz Molina. Resulta de todo ello un retrato sincero y realista de una época y de la manera en que la vivió el autor.

"este es el relato de la formación de un escritor, porque uno es escritor desde mucho antes de escribir sus primeras líneas: en esa niñez y en esa juventud está la sustancia de la que luego se va a nutrir su mundo literario." 

viernes, 3 de mayo de 2019

Filek. El estafador que engañó a Franco

Esta reseña me va a costar Dios y ayuda sacarla adelante, lo sé ya, porque no suele darse el caso de que me defraude tanto una lectura como me ha ocurrido con esta de "Filek. El estafador que engañó a Franco". Lo cierto y verdad es que si no se hubiera tratado de un libro de Ignacio Martínez de Pisón estoy segura de que habría abandonado la lectura sin terminarla, cosa que no suelo hacer sino en contadas ocasiones. Y en ese caso ni siquiera habría escrito una reseña; lo habría dejado pasar y listo. Pero resulta que en este caso se trata de un autor que me ha dado anteriormente bastantes satisfacciones lectoras y por ello no quería dejar de lado esta última novela suya, tal vez confiando en que, si seguía adelante, finalmente recibiría la recompensa de una obra que remonta y acaba mejor de lo que empieza. Pero, para mi desgracia, eso no ha ocurrido, y bien que lo siento.

Todo esto no quita para que exista la posibilidad de que a alguien le pueda apetecer adentrarse en su lectura o incluso que haya algún seguidor de este humilde blog que ya la haya leído y la haya disfrutado, que haya encontrado en ella aquello que yo no he sabido ver. Me alegraría mucho por ello y me gustaría que compartiera conmigo su experiencia y opiniones, que para eso estamos aquí.

Voy, por tanto, a realizar un comentario somero de la lectura, empezando por su argumento y protagonista, aunque no sé si después de mi introducción habrá alguien que haya seguido leyendo este artículo y me acompañe a estas alturas. La novela retrata a un peculiar ciudadano de origen austriaco llamado Albert von Filek que se paseó por la España de la II República, la Guerra Civil y la posguerra presentándose como presunto ingeniero químico, presunto militar, presunto inventor, en definitiva, un tipo que vive de tomar el pelo, de engañar y dar sablazos a diestro y siniestro, terminando por pretender vender a Franco el revolucionario invento de un milagroso sustituto de la gasolina convencional. Lo cierto es que el libro está narrado con la forma y el fondo de una investigación periodística llena de datos, fechas y análisis de una abundante documentación a través de la cual se nos trata de mostrar a nuestro protagonista de cuyas andanzas sabemos por referencias a expedientes, sentencias e informes oficiales extraídos de archivos y diarios de los complicados tiempos de la República, pasando por el estallido de la guerra en Madrid que Filek pasa entre prisiones, librándose por los pelos de caer en alguna de las muchas sacas que se realizaron en aquellos días y que normalmente acababan en Paracuellos, como le ocurrió a muchos de los que compartieron encierro con él. Y tras la guerra, continuará con sus fraudes y chanchullos haciendo caer al mismísimo Franco en sus redes de engaño.

Lo que he echado más en falta en esta lectura ha sido una autentica conexión con el protagonista, ser capaz de sentir algo por él, sea simpatía o rechazo, pero conectar de algún modo con él al fin y al cabo. Sólo siento que falta cercanía, más que una narración me he encontrado frente a una extensa y fría enumeración de hechos, datos, fechas, pero en ningún momento oímos hablar a nuestro protagonista, si acaso leemos alguna carta suya escrita en un castellano chapucero, pero no lo llegamos a conocer como persona, ni a él ni a su entorno, ni amigos ni enemigos, ni familiares ni esposa, nadie nos acerca a su figura humana. Durante toda la lectura me parece que estoy entrando en antecedentes que me llevarán a un nudo argumental de interés, al meollo del asunto que me hará conectar con la historia pero esto, tristemente, nunca acaba de llegar.

Me llevo una gran desilusión, por tanto, con esta novela, pero esas cosas ocurren de vez en cuando, así que no me queda otra que pasar página y esperar que la próxima lectura me reporte más satisfacciones que esta que termina. Cosa que, por otra parte, tampoco será difícil, ¿verdad?

lunes, 12 de marzo de 2018

Derecho natural

Podría decirse que este "Derecho natural", novela con la que Ignacio Martínez de Pisón se ha alzado con el premio Nacional de Narrativa 2017, es la historia de una familia cualquiera retratada por Ángel, el primogénito de la misma, que se cría en la Barcelona de los años 60 y su crecimiento y formación marcados por un padre actor de tercera o cuarta fila que aparece y desaparece de la vida de sus hijos y que cuando vuelve les trae mil historias del mundo del cine de aquella época, de las películas de vaqueros y de romanos o de hombres lobo que se rodaban en España por entonces gracias a lo cual transitan por las páginas de la novela figuras como Paul Naschy o Emma Cohen. Fracasado definitivamente como actor, el parecido físico con Demis Roussos marcará su trayectoria profesional posterior que alternará con éxito desigual entre las imitaciones del griego y la representación de artistas. 

La infancia de Ángel y sus hermanos se verá salpicada por todos los elementos evocadores de una época y un país que se despedía de la dictadura y entraba en un nuevo tiempo aunque en el día a día siguiera aferrado a sus viejos hábitos. Ángel se cría en una familia corriente pero también distinta de las demás, peculiar, con un padre ausente, escapista e irresponsable que no afronta los problema y vive su vida como si no tuviera detrás una familia a su cargo, un buscavidas soñador. Y mientras la vida laboral del padre va cosechando fracasos y derrotas, la madre trata de mantener a flote a la familia, cargando con el peso de los hijos, propios y ajenos, superándose y avanzando a pesar de los abandonos del marido, siendo la única que parece tener los pies en la tierra.
"La de ellos dos había sido una historia de amor anómala, intrincada, tortuosa, pero historia de amor al fin y al cabo."
Y la peripecia del chico continuará por una juventud en Madrid durante los años ochenta, los de la política tumultuosa, el fallido golpe de Estado, la movida... Ángel se embarca en el estudio del Derecho Natural, la teoría de las normas que se marcan los hombres para organizar su convivencia, el que pretende determinar lo que es justo frente a lo legal. Nuestro protagonista trata de aplicar sus conocimientos académicos a desentrañar los conflictos familiares, la relación de sus padres, sus enfrentamientos, trata de forjar unos cimientos estables a su vida sobre la que edificar un futuro que no se tambalee como el matrimonio de sus padres, como su propia infancia.

La novela nos presenta una serie de personajes a través de los cuales se retrata toda una época y un país. Al hilo de la evolución familiar vamos siguiendo los cambios sociales, el progreso en las costumbres y los modos de vida que se producen en España y a los que Ángel deberá adaptarse para tratar de encontrar su lugar en el mundo. Una historia cargada de melancolía y añoranza por los años en los que muchos nos criamos y que merece realmente la lectura.

lunes, 26 de enero de 2015

La buena reputación

Ya venía advertida por la buena experiencia que tuve hace algún tiempo con Ignacio Martínez de Pisón gracias a su novela "El día de mañana" de lo que me podía esperar con la lectura de esta, su última obra. Desde aquella otra ocasión lo tenía catalogado como un narrador excepcional y así me lo confirmaban las numerosas referencias leídas de este nuevo libro que no me ha defraudado en absoluto. "La buena reputación" presenta una brillante recreación de la sociedad española de los años 50 y siguientes, comenzando en el atractivo escenario de la ciudad de Melilla y el Protectorado de los territorios de Marruecos, con la descripción de la vida en las ciudades coloniales donde, bajo gobierno español, se conservan y conviven elementos de las culturas musulmana y judía junto a la cristiana.

La novela nos presenta la vida de la familia Caro a lo largo de más de cuarenta años, desde los primeros tiempos en Melilla donde Samuel, casado con Mercedes y padre de dos hijas, es una figura destacada e influyente entre la comunidad judía de la ciudad, si bien no es excesivamente religioso y está más pendiente de cultivar sus relaciones sociales y sus asuntos económicos. La huida de Sara, la hija menor, la creación del estado de Israel y la disolución del Protectorado español serán algunos elementos que marcarán el devenir de la familia y harán a sus protagonistas cambiar muchas de sus ideas previas. El traslado a Zaragoza, ciudad natal de Mercedes, supone un nuevo cambio para todos; la boda de Miriam, la hija mayor, la incorporación de Felisa, la asistenta, que se convertirá en un miembro más de la familia y la posterior ampliación de la misma al ir naciendo los nietos son algunos de los avatares que suceden durante los años del desarrollismo económico del país donde todos tratan de adaptarse a los nuevos tiempos. Los Caro no son más que una familia típica de aquella época y que está lejos de ser perfecta, pasan por los problemas habituales de cualquier familia y de muchos matrimonios: los conflictos generacionales de los padres con los hijos, las pequeñas rencillas y los rencores que conviven con el cariño y la lealtad entre sus miembros.

A lo largo de la novela se nos va describiendo una sociedad y unos años en los que nuestro país superaba los estragos de la Guerra Civil, la población trataba de incorporarse a la modernidad, conservando al tiempo, mejor que peor, las antiguas tradiciones; los avances más actuales y las más rancias costumbres conviviendo en el mismo espacio en cada casa eran lo habitual en aquellos tiempos, los sillones de escay con las estampas del Sagrado Corazón o los discos de moda que sonaban al tiempo que las coplas más castizas. Me ha resultado altamente interesante toda la información que sobre las prácticas religiosas y sociales de los judíos se va desgranando a todo lo largo del relato, integrándose de manera amena junto con el resto de información que se nos proporciona sobre la sociedad española, pero la destaco en esta ocasión porque creo que no hay mucha literatura que verse sobre la población judía española en la época contemporánea. Por otra parte, resulta acertada la forma de estructurar la novela, dividida en partes, cada una de ellas protagonizada por un miembro distinto de la familia. Cada una de estas distintas partes son en ocasiones versiones complementarias unas de otras y en ocasiones una visión alternativa, una mirada a los mismos hechos pero completada con datos e información que a los demás personajes se les habían ocultado o desconocían. Cada uno de los protagonistas nos presenta su versión de los hechos desde su punto de vista, en función de su edad o de su posición frente a los demás familiares.

El lenguaje de la novela es limpio y sencillo, sin complicaciones pero lleno de claras y expresivas imágenes y escenas capaces de transportarnos a las distintas épocas y escenarios. Así, el cuadro final resultante es un completo retrato costumbrista de la época de nuestros abuelos, pero fundamentalmente es el retrato de una familia española cualquiera que seguramente tenga muchos elementos en común incluso con nuestras propias familias en un tiempo ya pasado, aunque no tan lejano como para haberlo olvidado ya.

lunes, 8 de julio de 2013

El día de mañana

Nuevamente he tenido la suerte de toparme con uno de esos libros que son capaces de contarte una historia convincente, que te recrean un periodo histórico con viveza y que contienen personajes creíbles, de aquellos que piensas si no habrán sido tomados de la vida real. Todo eso y mucho más he encontrado en esta novela de Ignacio Martínez de Pisón, "El día de mañana". No sólo ha tenido el autor la capacidad de trasladarme a una época siempre controvertida como son los últimos años del régimen franquista, llenos de luces y sombras en ese camino imparable aunque incierto hacia la etapa democrática, donde convivieron los seguidores del régimen con sus más duros combatidores, junto con esa inmensa masa de población que no hacía más que subsistir en medio de las circunstancias que la vida le presentaba, con poco interés por la política y muchas ganas de salir adelante en medio de una sociedad que, a pesar de todo, de lo duro del momento, confiaba en un futuro mejor. Además es que lo ha hecho de manera atractiva y logrando involucrarme en las peripecias del protagonista más negativo con el que me he encontrado últimamente.

Lo más destacable de esta novela en lo que se refiere al plano formal es, sin duda, la estructura del relato y el punto de vista del narrador, o de los narradores, para ser más precisos. Toda la historia se nos cuenta mediante sucesivos monólogos de varios personajes que cuentan, en primera persona y a modo de confesión sus vivencias en aquellos años con un único punto en común entre todos ellos: todos, en algún momento, tuvieron algo que ver con Justo Gil, un protagonista que en ningún momento se dirige al lector, es el protagonista del relato pero es el único que no nos cuenta su vida, eso queda de la mano del resto de los personajes. Así, todas las narraciones giran en torno al tal Justo, un joven sin grandes méritos ni recursos que llega a Barcelona acompañado de su madre enferma, como tantos otros emigrante en esa época y comienza a partir de entonces a buscarse la vida de las maneras más variadas posibles, acabando convertido en un soplón de la policía, enemistado con todos aquellos a los que frecuentó. Todas las historias que se nos narran convergen en Justo, y cada una nos muestra un especto de él: el vecino necesitado, el socio defraudador, el falso militante político, el amigo... pero no por ello dejan de ser historias personales, vidas reales de cada narrador a través de las cuales se nos muestra un fresco retrato de lo que fueron aquellos años de nuestra Historia aún cercana.