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viernes, 27 de octubre de 2023

El tiempo de las moscas

Claudia Piñeiro es una autora que tiene la capacidad de convencerme con todos y cada uno de sus libros. No se ha dado todavía el caso de que alguna novela suya no me haya resultado entretenida o se me haya quedado corta en cuanto al interés despertado. Sus personajes y las circunstancias en las que estos se mueven siempre suenan reales, se sitúan en unos escenarios contemporáneos que, a pesar de ubicarse en Argentina, nos resultan familiares y fácilmente reconocibles. 

"El tiempo de las moscas" supone, desde el punto de vista argumental, la continuación inmediata de su anterior novela "Tuya", pero a pesar de ello este nuevo libro posee entidad por sí mismo, ni siquiera precisa necesariamente de la lectura del anterior ya que todos los sucesos de relevancia que han llevado a la protagonista, Inés Pereira, hasta la situación en la que se encuentra al iniciarse esta novela son perfectamente explicados a lo largo del relato. Así descubrimos que Inés ha cumplido una larga condena por asesinar a la amantes de su marido. Al salir de prisión todo es diferente para ella, es otra mujer completamente distinta, tanto que hasta cambia su apellido para enfrentarse a esta nueva etapa de su vida. Pero Inés no está realmente arrepentida de lo que hizo, sigue pensando que la culpa fue de la otra, de Tuya, la que se metió en medio de su matrimonio, la que destruyó su familia. Inés perdió el marido pero es que también su madre murió sin visitarla ni una sola vez mientras estuvo presa y su hija ha rehecho su vida lejos de ella sin volver a establecer jamás ningún contacto.

"En los papeles, sigo siendo su madre, porque la maternidad es una trampa vitalicia.  

(...) 

En cambio, ¿la maternidad cuándo acaba?, ¿no hay derecho a una jubilación tampoco? Es agotador."

Inés sólo puede contar con la Manca, una fiel compañera a la que conoció durante su estancia en la cárcel junto a la que ha montado un peculiar negocio que combina los trabajos de fumigación y exterminio de plagas a cargo de Inés con la ocupación de la Manca como detective especializada en espiar a maridos infieles. Esta amistad es el único sustento emocional que tienen ambas mujeres. 

Con cierta frecuencia se intercalan a lo largo de la novela breves capítulos que se apartan del hilo argumental, en los que una confusa asamblea de mujeres, similar a un coro griego, debaten sobre toda una serie de temas que sobrevuelan el relato: la femineidad, los retos del feminismo, la maternidad, el sexo, el deseo y estas mujeres opinan también, en una suerte de algarabía de voces superpuestas, sobre los avatares por los que atraviesan las protagonistas. Pero la buena noticia es que estos capítulos pueden ser obviados sin problema, nos los podemos saltar o leerlos en diagonal sin que ello nos desvíe del relato principal. 

Como ya he comentado al principio, no es en absoluto necesario haber leído "Tuya" para seguir el hilo argumental de esta otra novela que no es, para nada, una mera segunda parte. Sin embargo debo reconocer al mismo tiempo que esta es una continuación fabulosa que cierra la historia de manera genial convirtiendo a ambos libros en un todo redondo y completo. 

"¿Qué mal le hacen las moscas a nadie? No comen las plantas como las hormigas o los pulgones, no pican como los mosquitos, no mastican la madera como el bicho taladro, no producen ronchas como las arañas o las pulgas, ni dejan heces en cualquier parte de la casa como las cucarachas, las ratas o los murciélagos.

Yo no mato moscas.

Si una mata, que tenga sentido, un motivo válido, la necesidad de evitar un mal mayor. O de suprimir un dolor."

viernes, 2 de junio de 2023

Tuya

Claudia Piñeiro es una de esas autoras que considero ya como infalibles: todas sus novelas me convencen, me sumerjo en sus historias de cabeza y las disfruto de principio a fin. Tiene un talento innegable para armar relatos letreros, con una estructura redonda y unos personajes y unos escenarios que son tan visuales y tan creíbles que te atrapan y te los bebés caso son respirar.

En "Tuya" descubrimos a una fantástica protagonista y narradora como es Inés: una mujer fuerte y decidida, ama de casa de clase media acomodada con un matrimonio de muchos años a sus espaldas que descubre que su marido la engaña con otra mujer, una que le deja una nota en la carretera con un corazón pintado con barra de labios y firmada como "Tuya". Pero Inés no va a permitir que su matrimonio y su familia se vengan abajo a causa de este desliz, seguramente uno de tantos sin importancia auténtica. Siguiendo a su marido es testigo de la discusión entre Ernesto y Tuya que acaba en la muerte accidental de esta. De inmediato toma cartas en el asunto y decide encubrir a su marido aún antes de que éste le confiese lo ocurrido. La decisión y el arrojo de Inés son arrasadores: ella trama, maquina, según lo aprendido en tantas novelas policíacas, se ocupa de elimina rastros, pistas que puedan inculpar a Ernesto, le cubre las espaldas, le aporta una coartada sin dudarlo. Mientras tanto, la hija adolescente del matrimonio se enfrenta a un drama personal que ninguno de sus progenitores, tan enfrascados en sus propios problemas, son capaces de detectar.

Es sorprendente cómo nos podemos situar de manera inmediata del lado de Inés, entender sus motivos y desear que le salgan bien sus diabólicos planes, a pesar de sus muchos defectos, su egoísmo, lo manipuladora y materialista que es, pero lo cierto es que encarna la auténtica heroína moderna de barrio residencial. La narración es super fluida y fresca, nos arrastra con su acento porteño en un monólogo vivo que refleja el carácter práctico de Inés, su decisión y su organizado método destinado a defender su matrimonio a toda costa, en un relato cargado de un humor ácido y bastante negro, como requieren las circunstancias, con ingeniosos giros de guión y que prueba el inmenso talento narrativo de la Piñeiro.

domingo, 29 de julio de 2018

Una suerte pequeña

Me reencuentro nuevamente con la argentina Claudia Piñeiro, autora que siempre logra sorprenderme por sus tramas absolutamente contemporáneas y cargadas de reflexiones personales sobre temas de enorme profundidad e intensidad. No ha sido diferente mi experiencia con esta última lectura, "Una suerte pequeña", en la que, a través del discurso reflexivo de la protagonista vamos conociendo a esta mujer, Mary Lohan, que nos cuenta en primera persona su retorno a Argentina de donde salió hace veinte años y a donde nunca pensó en regresar. Pero esta que regresa ya no es la misma mujer que se fue; su pelo corto, más delgada, el acento de otra lengua en su forma de hablar, hasta el color de ojos oculto tras unas oportunas lentillas coloreadas, todo ello trata de ocultar su verdadera identidad a aquellos que la pudieron conocer en aquellos días pasados. Incluso el nombre no es el mismo, Marilé Lauría o María Elena Pujol, como se llamaba de soltera, ya no existe y si algo quedara de ella, está enterrado bajo capas de tiempo y olvido voluntario. Pero todo el tiempo transcurrido y su esfuerzo por convertirse en otra persona no le servirán para nada en el momento en que el pasado se le siente enfrente, al otro lado de la mesa, y Mary o Marilé tendrá que enfrentarse cara a cara con él, a lo que dejó atrás, a lo que pretendió olvidar, a todo aquello a lo que renunció.

La lectura de esta novela se hace sencilla y apetecible gracias a la prosa que discurre con fluidez, como suele ocurrir con la autora, que deja asomar su suave acento argentino, con sus giros y acentuación propia de aquel país, siempre tan dulce y embriagadora, lo que, por otra parte, no obstaculiza en absoluto la lectura para los lectores castellanoparlantes, sino que la suaviza y la hace mas encantadora aún. El relato resultante es una historia intimista y sincera contada con el punto justo de ternura, tristeza y arrepentimiento que empapa una historia contada por una mujer que lleva tantos años escondida de su pasado, de su propio hijo pero también de sí misma, una mujer que no ha vivido plenamente porque su vida quedó en suspenso cuando se separó de todo aquello que dejó atrás y ahora tiene por fin la oportunidad de retomar su vida, si no en el punto donde la dejó, sí en el momento de madurez en que se encuentra ahora, con el peso de lo vivido y de lo perdido, alcanzando ahora la capacidadad de perdonarse a sí misma, algo incluso más importante que el hecho de ser ser perdonada por los demás. Una encantadora historia en la que se nos muestra que siempre es posible encontrar dentro de uno mismo la capacidad de volver a empezar de nuevo.

martes, 30 de diciembre de 2014

Betibú

"Betibú" es mi segunda experiencia con la escritora argentina Claudia Piñeiro, con la que tuve un buen estreno gracias a su estupenda novela "Las viudas de los viernes". Nuevamente se nos presenta una historia de investigación criminal en la que se repite en parte el escenario de aquella otra novela, también en este caso el fallecido vivía en una de esas urbanizaciones de superlujo con verdísimas praderas ocupadas por amplias casas con personal doméstico y seguridad privada y donde los vecinos se desplazan en carritos de golf o haciendo jogging. La víctima en esta ocasión es Pedro Chazarreta, un notorio empresario cuya mujer fue asesinada también tres años antes y si bien el caso nunca fue resuelto, la opinión pública culpó sin dudarlo al esposo de aquella muerte. De este nuevo asesinato y de los que se sucederán se va a ocupar periodísticamente hablando un jovenzuelo inexperto que trabaja para el diario El Tribuno, "el pibe de Policiales" como le conoceremos a todo lo largo de la novela, que ahora sustituye a Jaime Brena, el experimentado reportero que se ocupó en su momento de la muerte de la esposa de Chazarreta; con muchos años de periodismo a la espalda, desplazado a la sección de Sociedad, poco reconocido y pensando ya en el retiro, Brena se convetirá en el ejemplo vivo de lo que es chico querrá llegar a ser algún día en la profesión periodística.

Nurit Iscar, conocida entre según qué íntimos como Betibú, es una novelista que conoció tiempos mejores antes de que la crítica hundiese su última novela. Ahora, abandonada por el público y los editores, se encuentra buscando hacia donde dirigir su obra cuando se entera de la muerte de Chazarreta; sus crónicas noveladas para El Tribuno sobre el caso pueden suponer su oportunidad de reconquistar a su antiguo público además de revivir su antigua relación con el director del diario, quien, por cierto, fue el que por primera vez la llamó a Nurit con el apodo de "Betibú".

La autora retrata magníficamente los ambientes en los que se desarrolla la historia: el "country" de lujo La Maravillosa y sus habitantes, la redacción del periódico y el mundo del viejo periodismo de reporteros frente a las nuevas tecnologías y el reinado de Google y la información rápida de usar y tirar, la incertidumbre de la novelista siempre al acecho de una buena historia que de lugar a una nueva novela o las reflexiones sobre los estragos de la edad de unos personajes que ya dejaron atrás la juventud hace años pero a los que les queda todavía mucho por hacer y por vivir. El lenguaje, en argentino puro, con lo que ello supone de giros, expresiones y entonación propia, es muy vivo, con diálogos veraces y ágiles que se combinan con reflexiones por parte de los protagonistas y de los numerosos secundarios que se expresan con soltura y viveza resultando cercanos y reales y todos ellos conforman un fresco retrato de la sociedad argentina y del mundo actual en general, de las diferencias entre clases, del eterno descontento de los argentinos por su clase política y, en definitiva, el resultado es una novela muy visual, de las que es fácil imaginar hecha película, pero película argentina, claro, de esas en las que el diálogo supera a la acción, básicamente el tipo de películas que a mí me gustan.

lunes, 23 de mayo de 2011

Las viudas de los jueves

Me ha sorprendido esta novela de Claudia Piñeiro: “Las viudas de los jueves” , que ganó el premio Clarín Alfaguara de novela del año 2005, porque me ha parecido que tiene un original argumento con un desarrollo ágil muy cinematográfico y que, además, me ha dejado una cierta inquietud tras su lectura. Dejo de lado la dificultad que he tenido en ocasiones para ir “traduciendo” del argentino al castellano no sólo palabras (la heladera por la nevera, la pileta calefactada por la piscina climatizada, la reposera por la tumbona, morocho, bombachas, remeras, etc.) sino incluso algún juego de palabras que no llegué a pillar, ¡torpe de mí!

La acción se desarrolla en una urbanización de mega-ultra-lujo cercana a Buenos Aires, donde los selectísimos habitantes disfrutan de unas viviendas de diseño, con grandes jardines con vistas al golf y zonas comunes espectaculares. En Los Altos de la Cascada todo está perfectamente planificado: la doble alambrada, los accesos diferenciados para residentes, personal doméstico o proveedores varios, los diseños de las casas y los jardines que siguen todos un patrón idéntico para respetar el aspecto de encontrarse sumido en plena Naturaleza, incluso las normas de comportamiento y las infracciones del orden están vigiladas e incluso sancionadas por una junta interna, aquí no es necesario que entre la policía ni ningún otro cuerpo extraño, los problemas se resuelven a la manera de Los Altos, puedes sufrir un veto a acceder a las instalaciones comunes deportivas si tu hijo gamberrea más allá de lo permitido o tal vez todo se resuelva con una pequeña multa, pero lo primero es no armar escándalo por nada del mundo, garantizar que la vida perfecta de la que se disfruta no se vea empañado por ningún incidente desafortunado.

Los habitantes de la urbanización se aseguran de que los antiguos lazos que les unían a sus vidas anteriores al ingreso en este paraíso se deshagan rápidamente, las amistades y contactos que interesan se encuentran aquí dentro, con lo cual, cuantas menos relaciones se tengan con el exterior y el pasado, mejor. Los hombres juegan al golf o al tenis mientras conversan de negocios y las mujeres se reúnen en el club social, juegan a las cartas, organizan actos de beneficencia o asisten a clases de pintura. Todo es absolutamente idílico.

Pero la realidad es que, como no puede ser de otro modo, tras las puertas de sus casas, todos los personajes esconden sus verdaderos problemas familiares, matrimoniales o, fundamentalmente, económicos en la Argentina de principios de siglo XXI en que una tremenda crisis que afectará a los empleos e inversiones de varios de los vecinos. Todos tienen algún tipo de fracaso personal o profesional que se esfuerzan por ocultar ya que no existen auténticos lazos de amistad o solidaridad entre ellos, sólo interesan las personas por el beneficio social o económico que puedan reportar.

Finalmente, el drama se desata y no todos son capaces de asumirlo, algunos se esconderán de la verdad para no perder su estatus y es difícil que alguno tome la decisión de escapar de este mundo idealizado y enfrentar la vida real.

En definitiva, una novela entretenida que deja un runrún posterior: me pasan por la cabeza ideas tan variadas como el Big Brother de Orwell situado en una Wisteria Lane (Mujeres Desesperadas) algo teñida de negro. Lo cierto es que esta novela no te deja indiferente, te hace pensar sobre lo que algunas personas están dispuestas a sacrificar por mantener un cierto nivel de vida o apariencia de éxito profesional, dejando de lado el verdadero valor de la familia, la amistad o los principios morales. Sé que han hecho película de la novela y no me disgustaría verla. La buscaré.