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viernes, 20 de marzo de 2020

Con derecho a cocina

Soy una declarada amante del género biográfico, lo he confesado en repetidas ocasiones. Me fascina la posibilidad de descubrir los aspectos más íntimos y personales de la existencia de personas más o menos relevantes pero que han destacado en algún aspecto de sus vidas. Pero no es el mío un interés morboso, sino que lo que me atrae es la posibilidad de descubrir a la persona detrás del personaje, sus orígenes familiares, su vida antes de convertirse en alguien popular, su juventud, primeras experiencias y todo aquello que forjará su personalidad y determinará su futuro profesional y su imagen pública. Y si el personaje en cuestión es una escritora a la que admiro y de la que he leído multitud de novelas que han ocupado horas y horas de mi ocio desde que era una adolescente que devoraba sus novelas de misterio una tras otra, el interés por conocer los detalles de su biografía no puede ser mayor.

Mary Higgins Clark nació en la Nochebuena de 1927 en el Bronx, en el seno de una familia católica de origen irlandés. El relato evoca una infancia feliz junto a sus dos hermanos, sus padres, irlandeses tradicionales, y rodeada de una amplia familia con numerosas tías y primos. Desde los seis años la pequeña Mary ya escribía poemas y obras de teatro que obligaba a interpretar a sus hermanos. Las historias familiares que se contaban frecuentemente en casa alimentaron su viva imaginación de narradora, así como muchas personas que conoció en el vecindario durante aquellos años o los huéspedes "Con derecho a cocina" que sus padres comenzaron a alojar cuando la Depresión de los años treinta golpeó el negocio familiar y cuando el padre falleció y la madre necesitó una nueva fuente de ingresos, inspiraron muchos de los personajes que años más tarde aparecerían en los relatos y novelas de Mary.

Van transcurriendo los años entre los estudios, los primeros trabajos desempeñados entre los que destaca el año en que trabajó como azafata para la PanAm que le permitió viajar por todo el mundo hasta que contrajo matrimonio con su adorado Warren Clark. La familia va creciendo imparable, mientras que Mary continúa esforzándose por cumplir su sueño de convertirse en escritora, asiste a talleres de escritura mientras cosecha muchos fracasos hasta lograr que sus relatos sean publicados. Demasiado pronto se convierte en una joven viuda con cinco hijos a los que mantener y no duda en despertarse cada día a las cinco de la mañana para escribir antes de acudir al trabajo. Incluso logrará graduarse en la universidad mientras que sus hijos aún eran adolescentes, dirigía una agencia de creación literaria para publicidad y su primera novela de gran éxito fue publicada.

A pesar de las dificultades y la escasez con la que tiene que enfrentarse con frecuencia a lo largo de su vida, todo lo cuenta con un tono de alegría y ligereza llegando a resultar incluso algo ingenua. En ningún momento sentimos que nos encontramos ante un drama sino que todo se nos cuenta con serenidad y confianza en el futuro, destacando lo positivo de cada situación, con cero remordimientos o resentimiento. No habla mal de nadie ni hay queja alguna a lo largo relato. Aunque asistimos a muchos y variados padecimientos, estrecheces económicas y continuos episodios de pérdidas familiares, no deja de mostrarse optimista y lucha por sacar adelante a sus hijos y su carrera profesional, rodeándose de familiares y de buenas amistades que conservaría durante años. Aún convertida en una estrella de las letras norteamericanas, continúa comportándose con la sencillez y la humildad de la chica del Bronx que fue. Una fantástica filosofía de vida fundamentada, básicamente en el papel esencial de la familia, la confianza en el esfuerzo y el trabajo duro y en su profunda fe cristiana.
"No es solo nuestra forma de actuar la que nos define como personas, sino cómo reaccionamos ante cada situación... Si te ríes, el mundo reirá contigo... Dios está allá arriba, y si a veces parece que no nos escucha, es porque está reservándonos algo especial..."

viernes, 13 de abril de 2018

Legado mortal

Regreso con "Legado mortal" a los habituales escenarios y perfiles de personajes de la siempre fiable Mary Higgins Clark en cuyas obras que, lo reconocemos, escribe como churros y le salen todos cortados por el mismo patrón, nos encontramos con sus descripciones de magníficos apartamentos en Manhattan o casas de impresión en la playa donde se mueven, envueltos en dinero y glamour, profesionales de clase alta norteamericana donde las más bajas pasiones les llevan a cometer terribles crímenes siempre motivados por el dinero o la pasion. En este caso tenemos como protagonista a la periodista Delaney Wright que desea localizar a su madre biológica al tiempo que profesionalmente le toca cubrir el juicio por el asesinato de un doctor enfermo de Alzheiner a manos, presuntamente, de su esposa. Pero otros temas se cruzarán por medio de la trama, como el comercio ilegal de medícamentos sin receta, o la venta de bebés.

Otros elementos habituales de la autora que tambien se dan en esta novela son la existencia de varios hilos argumentales con numerosos personajes relacionados entre si o no, pero que acabarán confluyendo en el argumento central, los capítulos muy breves y el lenguaje sencillo y muy visual que hacen de la lectura una tarea agradable y satisfactoria, semejante a estar viendo uno de esos telefilmes de media tarde que te enganchan por su trama de enrevesado aspecto pero lógica resolución y sus escenarios y personajes altamente atractivos. Ya sabemos que no nos vamos a encontrar con giros inesperados porque las pistas se nos van dejando ver y siempre, sin remedio, los buenos son inocentes y a los malos los distinguimos desde lejos, el final será favorable para la protagonista y la justicia volverá a brillar. Y a pesar de lo obvio que pueda resultar el desenlace creo que, así y todo, se agradece de vez en cuando pasarse por este tipo de lectura desintoxicante alejada de otros temas o asuntos más serios y profundos, de este suspense amable tan característico de la Higgins Clark, porque a nadie le hace daño un poco de lectura desenfadada de vez en cuando. ¿A que no?

domingo, 29 de diciembre de 2013

Noche de paz

Necesitaba algo así con urgencia: una novelita corta, sencilla, entretenida, con  final feliz y previsible. Tal vez me haya pasado un poco, porque lo cierto es que me he ventilado esta "Noche de paz" de Mary Higgins Clark escasamente en una tarde y una mañana. Inspirada en estas fechas navideñas aproveché las circunstancias para respirar un balón de oxígeno de simplicidad entre lectura y lectura echando mano de esta novela que sabía que cumpliría con las expectativas en ella depositadas, como siempre ocurre con esta autora, pues eso es lo que venía buscando en ella, el estilo elegante y sencillo de la reina de las novelas de misterio con un toque del glamour de la Gran Manzana, una lectura que no me hiciera pensar mucho, puro disfrute lector con poca exigencia mental.

Y es que de vez en cuando conviene desintoxicarse de lecturas densas y con carga emocional por detrás. En esta corta novela nos encontramos con una joven madre que en la noche de Nochebuena pierde a uno de sus hijos pequeños en pleno centro de Nueva York. Su angustia se acrecienta al tener a su marido convaleciente de una gravísima operación. En unas pocas horas se resolverá el asunto gracias al papel de la siempre eficaz y sagaz policía norteamericana y a la ayuda de los buenos ciudadanos que colaborarán en librar a esa madre del sufrimiento en una fecha tan especial como es la Nochebuena.

No se puede decir mucho más de esta novela, ni para bien ni para mal, es de esas obras que nunca serán premiadas ni pasarán a la Historia de la literatura, pero que son necesarias, porque no todo puede ser narrativa trascendental ni grandes personajes, también necesitamos de Mary Higgins y sus misterios domésticos, con los que por unos momentos podemos confiar en que el bien siempre acaba triunfando y los malos terminan sus días en una cárcel de alta seguridad, a menos que logren huir de allí y nos obliguen a volver a sumergirnos en otra apasionante novela policíaca de nuevo. Y estaremos encantados de volver a hacerlo, ¡seguro!