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miércoles, 28 de enero de 2026

La esencia secreta de la casa Fossard

Marga Durá es la autora de esta novela, "La esencia secreta de la casa Frossard",  protagonizada por Chantal Frossard, una joven dotada de un olfato privilegiado "Olerlo todo, con más intensidad que la mayoría de los mortales, es un don y una maldición al mismo tiempo." En plena guerra mundial, Chantal regresa a la casa familiar en Grasse, en la Provenza francesa, la capital mundial de la perfumería, donde su familia vive del negocio de los perfumes. Tras haber vivido con su madre entre Barcelona y un pequeño pueblo de los Pirineos donde les encontró la guerra civil y más tarde en Toulouse, debe huir nuevamente cuando la ciudad es ocupada por los nazis.

Iremos escuchando la historia que Chantal nos narra de su propia vida, sobre cómo aprendió de su madre a elaborar perfumes embriagadores que tienen la capacidad de influir en aquellos que los perciben y manipular su voluntad. Otra versión de esa historia nos llega de boca de otra niña, Ana Fernández, huérfana recogida de un convento por Teresa, una trementinera o curandera de los valles pirenaicos que le enseñará a emplear las plantas para preparar ungüentos, medicinas y todo tipo de remedios. Las dos niñas convivirán en Àreu, una pequeña localidad en las montañas cerca de Andorra, cuando Coraline, la madre de Chantal, se case con el hermano de Teresa y la suya será una relación altamente tóxica que se extiende a lo largo del los años, donde se mezclan, según el momento, amistad, solidaridad y también enfrentamiento, envidia y sometimiento.

En Grasse, Chantal convivirá con su abuelo, Marcel Frossard, el patriarca al frente del negocio, con su tía Sylvie y con su prima Inès; junto a esta y otras chicas del pueblo constituyen, como anteriormente hizo su madre en Barcelona, el grupo de las hijas de Selene con las que comparte los secretos de elaboración de los perfumes con poderes secretos, siguiendo el Kosmeticón, un manual escrito por la misma Cleopatra y que debe mantenerse oculto puesto que es ambicionado por demasiada gente que desean hacerse con sus secretos.

Los dos momentos temporales en los que transcurre la historia irán aproximándose hasta que confluyan en plena guerra mundial cuando la autora nos sorprenderá con un giro argumental que cambia nuestra impresión sobre lo que hasta entoces pensábamos de las protagonistas.

Esta es una novela esencialmente sensorial, se desarrolla entre los campos de lavanda y de las afamadas rosas de Grasse, en medio de perfumes y esencias; en ella, el aspecto olfativo es esencial, incluso diría que en ocasiones excesivamente omnipresente: Chantal y Ana interpretan el mundo a través de los olores; las personas con las que interactúan no vienen definidas por sus rasgos o su aspecto, sino en función del olor particular que cada uno posee. Los aspectos mágicos de la novela relativos a las poderosas fragancias y al poder del propio Kosmeticón se sobreponen a los elementos históricos del libro que podría haber resultado bastante interesante, lo que ha provocado que no termine de convencerme su lectura, ya que, salvo contadas excepciones, nunca he sido excesivamente aficionada al género fantástico. Sí que le reconozco la virtud de contar con una interesante composición de personajes y de retratar con acierto la complicada relación de amor y odio que une a Ana y Chantal.

domingo, 18 de mayo de 2025

Demonios familiares

"Demonios familiares" fue la última novela inconclusa de Ana María Matute 
que falleció en 2014 mientras trabajaba en esta obra en la que tal vez volcó recuerdos de su propia juventud y en la que, en cualquier caso, vuelve sobre temas y preocupaciones que se repiten en toda su obra como son la falta de afecto, la soledad o las complicadas relaciones familiares. 

En vísperas de la guerra civil, el convento en el que Eva ingresó como aspirante a novicia, tan sólo por contrariar a su padre, es incendiado, por lo que la joven debe regresar a su casa donde le espera el Coronel, ese padre que fue autoritario y severo y ahora se halla convertido en un inválido al que atemorizan las pesadillas. En la casa junto a la fiel Magdalena y a Yago, asistente del Coronel, se convive también con la sombra de la madre a la que Eva no conoció ya que murió al nacer ella y dicte todo con el espectro de la implacable abuela.

Eva quiere libertad, escapar control padre, del ambiente opresivo de su casa, dejar atrás los recuerdos de una infancia solitaria, sin amor; no recuerda haber recibido nunca verdadero cariño ni atención. A sus dieciséis años y habiendo vivido apartada del mundo no entiende los sucesos que están ocurriendo, los bandos de los nuestros y los otros de los que se habla pero comprende que su amiga Jovita, enamorada de un joven que se ha alistado para luchar por sus ideales, necesita su apoyo y compañía. En medio de unos tiempos tan convulsos, Eva despierta al mundo adulto, descubre el amor, la amistad con personas de su misma edad e incluso debe gestionar una nueva mirada a su propia familia al descubrir a un hermano oculto que le conducirá a nuevas experiencias y sentimientos.

Nos quedamos los lectores sin conocer qué le deparará el futuro a los personajes, cómo se desenvolverán en la guerra que no ha hecho más que comenzar, aunque bien podemos dejar volar la imaginación y crear cada uno un final a la medida de nuestros propios deseos. Y es que el hecho de que la trama no concluya no le resta al libro el valor que tiene por la intensidad de lo que cuenta y la calidad y toda la esencia de la escritura de la Matute que es, sin duda, una de las grandes figuras de las letras españolas.

viernes, 4 de abril de 2025

Celia en la revolución

Guardaba un recuerdo muy tierno de los libros que leí en mi infancia de la serie de Celia de Elena Fortún, seudónimo bajo el que la escritora madrileña Encarna Aragoneses publicó los libros  protagonizados por la pequeña soñadora gracias a los que alcanzó mucha fama en los años 30. Ha sido por ello muy reconfortante volver a saber de aquella niña lista y traviesa en esta última entrega de la serie, "Celia en la Revolución", si bien la niña ya es una jovencita y las circunstancias en la que se desarrolla esta nueva historia no son las más favorables. De hecho, Celia se encuentra en Segovia en casa de su abuelo junto con sus dos hermanas pequeñas cuando estalla la Guerra Civil. Después de que el abuelo es detenido y fusilado por colaborar con los republicanos, Celia debe marchar a Madrid junto a las niñas, acompañadas de la fiel criada Valeriana, para reunirse con su padre, un idealista que no concibe las brutalidades que cometen los del bando al que apoya y que cree firmemente que la razón y la justicia están del lado de la Republica, lo que garantizará la victoria de los suyos. El ambiente de Madrid es impactante para la jovencita, poco acostumbrada a los modos que ahora predominan en la capital: mujeres sin sombrero, empleados que la tutean, viviendas confiscadas, conventos reconvertidos en albergues, las colas para conseguir comida, pero lo peor es el miedo, el sonido de disparos, los bombardeos, los paseos, las desapariciones y los fusilamientos diarios. Y el hambre que terminan pasando cuando ni con la cartilla de racionamiento consiguen nada para comer.

Desde la voz de una chica joven que hasta entonces había vivido en un mundo seguro y acomodado, vamos recorriendo los años de la guerra en diferentes ubicaciones: de Segovia a Madrid, de allí a Valencia, a Albacete y a Barcelona y vuelta a Madrid, viviendo de prestado, sufriendo los bombardeos, viviendo entre las escasez, rodeada de muerte y destrucción durante tres terribles años. Según avancen los meses, Celia pasará de una actitud esperanzada a otra temerosa; todo es incertidumbre, nunca tiene claro qué está pasando realmente en la guerra, aunque sospecha que su padre es un iluso que en todo momento confía en la victoria, cuando su bando tiene todas las de perder, como así ocurrirá finalmente. Logrando mantener el tono de inocencia de la joven Celia, la novela nos muestra un retrato de la guerra desde el día a día de los ciudadanos de a pie, mostrando su miedo, las estrecheces que pasaron, el dolor y la muerte, pero también la fortaleza, la esperanza y el espíritu de supervivencia con el que resistieron durante los durísimos años de la guerra en la zona republicana.

"A mí se me hace que toos los hombres juntos parlando de lo que no entienden, son los que arman las revoluciones… Las mujeres, unas mejor y otras peor, saben cómo arreglar su casa… Si los hombres tienen que arreglar el mundo, ¿por qué no los enseñan?, digo yo."

viernes, 22 de noviembre de 2024

La península de las casas vacias

"La península de las casas vacías" es una colosal novela sobre la guerra civil española en la que David Uclés nos narra los hechos históricos a través de la familia formada por Odisto y María y su numerosa prole. La acción transcurre en torno a un pueblo jiennense ficticio llamado Jándula, libremente inspirado en Quesada, lugar de origen de la familia del autor, en un país llamado Iberia que abarca toda la península y nos transporta a lo largo de un relato plagado de fantasía y poesía, en lo más parecido al realismo mágico que he leído en mucho tiempo, a través de los cuatro años que dura la guerra civil.

Todo en este libro es original: el tiempo y el espacio no se ajustan a las leyes naturales "Pondrán un pie en tierra de nadie una mañana de finales de julio y, al caer la noche, ya será noviembre." Los fenómenos más extraordinarios se relatan con la sencillez de quien está habituado a vivir plenamente inmerso en un mundo propio, el del narrador que es no sólo omnisciente sino también por momentos omnipotente: maneja el destino de sus personajes a su voluntad e interviene en ciertos momentos de manera peculiar, convirtiéndose en un personaje más o compartiendo sus decisiones creativas con el lector.

"Quizás más adelante los reviva narrativamente o los retome al final para cerrar la historia; o quizás mueran y cuando quiera echar mano de ellos, ya no estén, y serán ellos los que me habrán abandonado. No puedo saberlo. Vosotros sí, si hojeáis el final del libro. Es curioso. Podéis adelantaros a lo que yo mismo desconozco todavía que ocurrirá. En ese sentido, os envidio."

Los hechos históricos contrastados se alternan con escenas fantásticas que se centran en la vida cotidiana aunque nada ordinaria de la familia protagonista que se ve arrastrada por los sucesos que desembocarían en el desastre de la guerra. "¡Aquí dos escuchan lo mismo y entienden lo contrario! ¡La guerra está al caer!" Todas las posturas ideológicas en torno al conflicto aparecen en el relato, pero sobre todo la postura de los que no sabiendo ni entendiendo nada de política tuvieron que atravesar por aquellos tiempos difíciles y en el peor de los casos hasta perder la vida. Aquí se da voz a todos los que padecieron la guerra, a los que no la vieron venir y a los que se prepararon con tiempo para el enfrentamiento e incluso lo deseaban; describe los desmanes de ambos bandos, la crueldad de una lucha de españoles contra españoles, de vecinos que acusan y asesinan a vecinos, de hermanos literalmente frente a frente en el campo de batalla, de padres e hijos enfrentados por la ideología. El relato recorrerá Iberia de norte a sur dejando testimonio de batallas, frentes, victoria y derrotas.

"Lo más peligroso de una guerra muchas veces no es la lucha armada contra el enemigo político, sino el ajuste de cuentas con los que te rodean. ¡Todo está permitido! Y si alguien te descerraja un tiro en mitad de una calle, nadie va a ser juzgado. Ese es el mayor miedo que da una guerra, la sensación total de indefensión. Y con la que se nos viene encima…"

Original y atrevida, la novela juega con las reglas de la narrativa y los estilos. Llena de humor y disparate, absurda y sensata, fantasiosa por momentos y cruel y trágica en la siguiente página. A través de capítulos cortos se nos representan escenas fascinantes plagadas de emoción, imaginación y ácido retrato humano; entre premoniciones y sueños, los episodios históricos se alternan con escenas familiares, con los triunfos y miserias particulares de los peculiares habitantes de Jándula. El resultado es un colosal fresco donde quedan plasmados, a través de la historia mágica y dramática de la familia protagonista, que es la del propio autor, los episodios fundamentales de la terrible guerra que asoló el país y marcó el curso de nuestra Historia en común para muchos años.

viernes, 18 de diciembre de 2020

El corazón con que vivo

El prolífico y polifacético autor José María Pérez Peridis que hasta ahora se había especializado en relatos protagonizados por personajes históricos de la España medieval, avanza ahora varios siglos sin salir del escenario de su amada Castilla para trasladarse con su última obra, "El corazón con que vivo", al año 1936, en los días inmediatamente anteriores al estallido de la Guerra Civil en dos pueblos palentinos vecinos, Piedras Negras y Paredes Blancas, situados en una zona que supone el cruce de caminos entre la Meseta y la costa de Santander. Los dos pueblos hermanos representan a pequeña escala lo que era España en ese momento, ideológicamente dividida en dos bandos: los progresistas, socialistas y republicanos frente a los conservadores, clericales y monárquicos, falangistas y rojos frente a frente, los defensores de la República ante los que creen que había que dar un giro a la situación de descontrol y violencia existente. Todas las tendencias del arco político están representadas entre los habitantes de la comarca que convivían en una paz relativa hasta que la guerra les obligue a posicionarse frente a frente.

Las historias principales de la novelas están protagonizadas por las familias de los dos doctores locales: Honorio Beato, falangista hasta la médula, defensor de la Iglesia, la familia y los principios más conservadores, y por otro lado Arcadio Miranda, progresista, republicano y simpatizante del Frente Popular. El primero cuenta con tres hijas casaderas que frecuentan a los jóvenes del pueblo entre los que se encuentran los dos hijos de don Arcadio, también médicos como su padre y activos progresistas, siendo el mayor de ellos, Gabriel, un ferviente republicano, defensor del orden constitucional con cargo de concejal en el Ayuntamiento en el que su cuñado ejerce como alcalde.

"Aquella tarde, la situación en Paredes Rubias era de estupor, desconcierto y confusión. La guerra no era una cosa distante como la de Marruecos, ni un asunto lejano y de otros. Estaba allí mismo, en medio de los vecinos, cavando sepulturas y trincheras en los corazones. Sin llamar a la puerta se había colado por la plaza Mayor y nada más llegar había dejado una familia de luto."

Las guerra irrumpe en la cotidianeidad de cada uno de ellos, los sueños románticos de las jóvenes se encuentran ahora con el obstáculo de que los pretendientes se encuentran en el bando ideológico contrario. Los vecinos se convierten en enemigos, los hermanos en combatientes, el pueblo y sus habitantes se dividen en rojos y azules, enemigos irreconciliables y todo se aplaza y se supedita al desarrollo de la contienda.

"Esta guerra la hemos perdido todos"

Y después llegará la postguerra con sus ajustes de cuentas, las depuraciones, la miseria y las desigualdades en función de dónde se haya combatido. Los protagonistas deberán hacer su parte para emprender el difícil camino había la reconciliación, no sólo de los vecinos del pueblo sino la de todo un país. El tono general de la novela es fundamentalmente positivo, esperanzado en la capacidad de perdonar, de superar los enfrentamientos y de pasar página trabajado unidos por cerrar las heridas causadas, algo que hasta hace algunos años parecía que se había logrado en este país, aunque ahora algunos se empeñen en que aquellas heridas nunca se acaben de cicatrizar.

martes, 25 de agosto de 2020

El heredero

En "El heredero" nos vamos a encontrar con una vívida crónica de la Guerra Civil española a través de varias historias protagonizadas por diversos personajes en muy variadas circunstancias. Tras un prólogo en el que se nos cuenta el origen familiar de los protagonistas, pronto nos situamos en los convulsos días del verano del 36 en que la España de la República se encuentra dividida en numerosos bandos cada vez más polarizados, donde florecen los movimientos obreros radicales partidarios de la revolución proletaria que ejercen la violencia extrema en sus ataques a la Iglesia y a los propietarios, comerciantes e industriales, causando temor creciente entre los miembros de la burguesía y los sectores conservadores que se sienten amenazados por el ambiente crispado que preconiza el estallido del conflicto bélico.

Uno de los aspectos interesantes de esta novela  es el hecho de que el autor, Rafael Tarradas Bultó, es un descendiente directo de los personajes que van a desfilar por las páginas del libro, concretamente de la familia Marqués Bultó que vivieron la guerra en distintas localizaciones desde Barcelona a Asturias, Teruel, Madrid o San Sebastián, por lo que ha contado para elaborar su obra con testimonios directos de aquellos cuyas andanzas se nos cuentan aquí.

El centro del argumento lo conforman tres personajes principales. Para comenzar, nos encontramos con dos jóvenes de distinta extracción social y origen común: Antonio Campo es un obrero involucrado en el movimiento sindical que lucha por mejorar las  condiciones de los trabajadores en la zona de Villanueva; Pablo Marqués es miembro de una familia de adinerados industriales, propietarios de fábricas y lujosas residencias en Barcelona y Cunit, donde se encuentra San Antonio, la finca familiar. A ambos les une un hecho desconocido para todos: Antonio es hijo ilegítimo del difunto Isidro Marqués, tío de Pablo, que, a pesar de no reconocerlo formalmente, se ocupó de su bienestar y educación incluso después de haber fallecido, lo que, de descubrirse, le otorgaría a Antonio derechos como miembro de la familia Marqués. La tercera protagonista es Inés Sagnier, hija mayor de una numerosa familia de la burguesía catalana que se encuentran en su residencia veraniega de la Cerdanya en julio del 36. El estallido de la guerra y la amenaza que suponen las milicias republicanas obligan a los Marqués a huir de España a San Remo, en Italia, donde se refugiarán junto con otros exiliados y donde coincidirán con la familia Sagnier que igualmente se vio obligada a abandonar con urgencia el país temiendo por su seguridad. Allí se inicia la relación entre Inés y Pablo que se interrumpe pronto cuando éste regrese a España para participar en la guerra.

A partir de ahí, iremos siguiendo a los diferentes personajes repartidos por distintas localizaciones, algunos en zona nacional más alejados del conflicto, aunque sufriendo de la escasez y la incertidumbre lógicas del momento y padeciendo por aquellos familiares y conocidos que se encuentran en zona republicana o directamente en mitad de la guerra, cerca del frente o en pleno campo batalla, luchando por sobrevivir sea en el bando que sea.

Entre las historias que nos cuenta la novela aparecen soldados de ambos bandos, espías que se juegan la vida desde el mismo frente, mujeres que hacen cualquier cosa por salvar el pellejo y sobrevivir a la guerra, aún renunciando a sus principios, religiosos que tratan de salvarse o que enfrentan el peligro frente a frente; los hay que se aferran a sus ideas y otros que abandonan sus creencias a cambio de adaptarse a las circunstancias y lograr estabilidad en tiempos tan inciertos, los que luchan por su vida y los que hacen lo que sea por la seguridad de los suyos. El resultado es un abanico extenso y variado de personajes y experiencias, un rico despliegue de historias particulares que muestran muchas de las realidades que convivieron en aquellos tiempos terribles en los que los españoles se enfrentaron hermanos contra hermanos. 

Masía San Antonio. Cunit
El relato me ha parecido bastante equilibrado y ecuánime en cuanto al tratamiento de los dos bandos, reconociendo las motivaciones de cada uno de ellos, aceptando la existencia de personas sensatas y honradas en los dos lados y también la presencia de crueldad y maldad en ambos de ellos, donde cada uno lucha por sus ideas y por lo que cree que es justo, pero reconociendo que al final todos se equivocan porque una guerra siempre es un error, gane quien gane, porque el país siempre pierde.
"Ninguno podemos estar orgullosos de nuestro bando. No te haces a la idea de las barbaridades que estamos haciendo todos. A veces, a vista de pájaro, cuesta comprender cómo hemos enloquecido todos de esta manera. Yo, como muchos, defiendo un fin concreto, una idea de España y lucho contra la del enemigo que nos llevaría al desastre, al comunismo… No sé. Pero los medios para conseguir ese objetivo. Ah, mosén, aquí todos tendremos que pedir perdón muchos años."

viernes, 1 de noviembre de 2019

Eva

Regresar a una novela de Arturo Pérez-Reverte es un poco como volver a casa: estamos deseándolo siempre, aunque tardemos mucho en hacerlo y sabemos que lo que vamos a encontrar, sea antes o después, nos hará disfrutar de lo lindo. En "Eva", segunda entrega de la serie de Lorenzo Falcó, el espía buscavidas que atraviesa guerras y conflictos internacionales sin apenas despeinarse, recuperamos la maestría del autor en deleitarnos con sus descripciones de escenarios y ambientes y con la recreación de personajes que parecen sacados de la vida misma, casi siempre del lado más oscuro del ser humano, aunque por fortuna acaba asomando al fondo del todo un ligero resplandor de esperanza encarnada en algún que otro individuo digno de ser salvado de la quema general. Porque Pérez-Reverte, estoy segura de ello, tiene su corazoncito tierno oculto y protegido bajo la coraza de dureza y cinismo con la que siempre se presenta ante el mundo.

Y un poco así es su personaje Falcó: "un actor perfecto, un truhán redomado y un criminal peligroso..." pero también un hombre de principios y honor, fiel y leal amigo de sus compañeros de batallas. Vivimos a su lado la Guerra Civil desde la retaguardia, sin entrar directamente en combate, pero así y todo esta puede considerarse una novela bélica. Y es que incluso hasta una ciudad neutral como es Tánger llega el conflicto civil representado por dos barcos anclados en su puerto: el carguero "Mount Castle" que transporta el último oro del Banco de España que los republicanos han sacado del país con destino a Rusia y el patrullero del bando nacional "Martín Álvarez" que espera a que aquel salga a aguas internacionales para atacarlo. Y en torno a este episodio Falcó se reencontrará con Eva, una agente al servicio de la Unión Soviética a la que conocimos en la anterior entrega de la serie en la que ambos mantuvieron un apasionado encuentro, a pesar de trabajar para bandos rivales en la guerra. Esa es la realidad del destino que les aguarda a ambos: no poder nunca entenderse por servir a principios enfrentados e irreconciliables.

A lo largo de toda la novela nos moveremos en un ambiente de espionaje, negociaciones y juego sucio, lleno de personajes de los que nunca te debes fiar y que encarnan todos los ingredientes del mundo oscuro, inestable y peligroso en el que se mueve Falcó, donde sólo los más avispados o los más afortunados sobreviven y que proporciona al lector un intenso disfrute, como viene siendo habitual, el que nos proporciona de nuevo el autor cartagenero en esta entrega, con una mezcla perfecta de novela histórica, novela negra y buenas dosis de costumbrismo, enriquecido todo con sus personalísimas e intensas reflexiones en las que nos ofrece toda una filosofía de vida. Pérez-Reverte en estado puro.

jueves, 3 de enero de 2019

El valle de las sombras

En los últimos tiempos y aunque parezca fuera de lugar, ha vuelto a cobrar protagonismo en la actualidad política e informativa el Valle de los Caídos, monumento que llevaba ya bastantes años alejado de nuestra memoria colectiva y que muchos creíamos ya próximo al olvido como objeto de interés de la opinión pública, por lo que éste resulta un momento óptimo para recuperar "El valle de las sombras", novela publicada por Jerónimo Tristante en 2012 y que sitúa su acción casi completamente en este escenario que en otro momento de la historia de España contó con gran significado ideológico que recientemente parece estar recuperando.

Ha terminado la guerra civil y Franco se ha propuesto construir un gran mausoleo a los caídos en Cuelgamuros, cerca de El Escorial. Las obras no avanzan a la velocidad deseada, por lo que se decide emplear más mano obra procedente de las prisiones, saturadas en ese momento de los derrotados en la guerra. Entre los destinados a tan duro trabajo se encuentra Juan Antonio Tornell, teniente del ejercito republicano y antiguo policía de éxito en Barcelona durante la República. Gracias a la recomendación del cantero Berruezo, antiguo soldado a sus ordenes en la batalla de Teruel que es ahora uno de los hombres de confianza de Licerán, capataz en la magna obra, Tornell es enviado en la obra. Las condiciones de vida en el lugar, a pesar del duro trabajo asignado, son mejores que en las propias cárceles del régimen que el expolicía ha conocido; allí se mezclan los presos con obreros libres, la seguridad es bastante relajada y el rancho resulta aceptable, a lo que se suma la promesa  de una jornada de reducción de pena por día trabajado.

Al enclave en construcción llega el capitán Roberto Alemán, héroe de guerra y acérrimo enemigo de los rojos, con fama de desequilibrado y al que han asignado la misión de descubrir el origen de unas supuestas desviaciones de recursos en el entorno de las obras. Pero otro asunto desviará la atención del investigador cuando un preso aparezca muerto y, con la colaboración del antiguo agente de policía, lleguen a la conclusión de que se ha tratado de un asesinato. Alemán y Tornell formarán una extraña pareja de dos individuos anteriormente enfrentados en lo que a sus ideologías y posturas en la guerra se refiere, pero que ahora se descubren mutuamente como hombres de honor y preocupados en que se haga justicia y se descubra la verdad sobre la muerte del joven preso.

La novela mantiene una postura bastante imparcial en el plano ideológico y refleja el desastre de la guerra como una desgraciada realidad, con su ola de muertes y masacres donde ninguno de los bandos sale bien parado, ni los vencedores ni los vencidos se libran de la barbarie. La guerra saca lo peor de muchos personajes, en muchos casos sirve de excusa para que los más salvajes criminales huyan o se escondan bajo una bandera y encuentren una excusa para matar. El autor nos plantea su teoría de que en España hubo tres guerras: las de los convencidos aferrados a su ideología y que mataban y morían en nombre de esta; la de los que optaron por un bando tras ver morir fusilados a familiares o amigos a manos de unos u otros y la de los que se vieron arrastrados a obedecer al ejercito en el que les tocó por quinta o por reclutamiento forzoso sin tener ideales políticos ni más interés que salir vivos de allí. Y son generalmente aquellos que sólo obedecieron órdenes o cumplieron en el bando en el que les tocó luchar los que ahora penan en las cárceles y sufren las peores consecuencias del conflicto. Y es que cuando acaba la guerra cada uno se adapta a la paz como puede. Algunos, como Tornell asumen la derrota, tratan de seguir con su vida y esperan tiempos mejores. La nueva España no es lugar fácil para los derrotados, pero también los vencedores, como es el caso de Alemán, son capaces de reconocer el valor de los perdedores y sorprenderse de las injusticias que se ejercen sobre aquellos por el nuevo régimen.

La novela nos presenta una historia con un fondo sorprendentemente positivo en medio de un entorno hostil, donde logra resaltar el mensaje positivo y un canto a la amistad y a lo mejor que hay casi siempre en el interior de cada hombre.

viernes, 27 de octubre de 2017

Después del amor

"Después del amor" es la tercera novela de la periodista televisiva Sonsoles Ónega y que le ha proporcionado el premio de novela Fernando Lara 2017, cosa que alguna garantía de calidad ya nos puede dar, así de primeras, pero habrá que leerla para comprobarlo, claro.

La novela gira en torno a una protagonista central, Carmen Trilla, mujer de la alta sociedad barcelonesa que vive un matrimonio desgraciado con un reputado doctor en el que el amor se ha apagado hace tiempo, pero lo peor ocurre cuando Carmen descubre que su marido tiene una aventura amorosa con su propia hermana. Carmen está resignada a continuar manteniendo las apariencias en ese matrimonio fracasado, cuando un encuentro casual en un breve trayecto en tren con Federico Escofet, un atractivo militar con un destacado puesto en la complicada Barcelona de los años treinta, da un giro radical a sus sentimientos. En un indudable caso de amor a primera vista, ese encuentro será el inicio de un enamoramiento imposible: ambos están casados en una época en que, a pesar de los nuevos derechos y libertades implantados por la II República, pertenecen a un entorno en el que las convenciones sociales hacen imposible pensar en la separación matrimonial o en rehacer sus vidas dejando de lado a sus familias. Pero a pesar de lo difícil de su situación la pasión entre ambos no decae sino que irá a más con el tiempo. Carmen vive volcada en sus hijos, son ellos los que le impiden plantearse el abandonar a su marido y unirse a Federico. Pero los tiempos se volverán cada vez más convulsos hasta que la incertidumbre de la guerra, la traición imperdonable de su hermana y la crueldad de su marido la impulsarán a tomar la decisión de abandonarlo todo y lanzarse en brazos de su amor, aunque ello suponga alejarse de los niños.

Reconozco que me ha costado sentirme arrastrada en un primer momento por la historia de amor de los protagonistas, no me he sentido implicada en el inicio de la intensa pasión, tal vez debido a que Carmen presenta demasiada indecisión, está llena de incertidumbres, por otro lado lógicas dada su situación personal, pero confieso que su actitud no ha contado con mi empatía hacia ella en un principio. Es cuando su vida se convierte en un auténtico drama, cuando todo estalla y Carmen debe dejar todo atrás y se sumerge en un verdadero infierno, cuando he logrado conectar con esa mujer que lo abandona todo, que arriesga su vida por el hombre al que ama, llegando casi a perder la razón, abandonando la seguridad de su posición, de su familia y de todo su mundo conocido hasta ese momento.

Sí que he disfrutado enormemente con el marco histórico de la Barcelona de la República, de los sucesos de intensa agitación política de aquellos días, el estallido de la guerra civil, el inicio a continuación de la guerra mundial y el incierto itinerario que Carmen y Federico emprenden huyendo de un conflicto bélico y cayendo sin remedio en otro incluso mayor. Sin duda, los hechos relatados en la novela, más aún sabiendo que responden a sucesos realmente padecidos por los protagonistas, están cargados de emoción, peligro, miedo y sufrimiento y están contados con intensidad, profundidad histórica y acaban por atrapar en el relato de la cantidad de penurias y desgracias que tuvieron que atravesar los dos amantes en medio de una Europa en guerra que arrasó con tantas vidas y entre ellas con las de nuestros protagonistas.

Ha sido afortunada Sonsoles Ónega al descubrir esta historia de amor y tener la ocasión de novelar los sucesos que la rodearon pero también hay que reconocer que ha tenido acierto y habilidad al hacerlo, ha sabido reflejar tanto el marco histórico como el fondo humano de los personajes y sus conflictos personales, los ha situado perfectamente en medio de los sucesos que tuvieron que vivir y les ha vuelto a dar vida reconstruyendo su intensa historia de amor con final trágico. Un acierto de novela, sin duda.

domingo, 26 de febrero de 2017

Cuando estábamos vivos

"Cuando estábamos vivos" nos cuenta una historia de amor que tiene un comienzo (tanto el romance como la novela) un tanto apresurado, o así nos lo cuenta su autora, Mercedes de Vega: Lucía Oriol y Francisco Anglada caen enamorados prácticamente al momento de conocerse. Ella es una mujer casada con un noble italiano adepto al régimen de Mussolini, pero no duda en caer en brazos de Francisco, un viudo empresario de oscura procedencia, prácticamente al instante. Corren los últimos años del reinado de Alfonso XIII en la ciudad de Madrid y al hilo de la historia de amor recorreremos los hechos históricos que van desde los años previos a la implantación la II República hasta la Guerra Civil, mostrándonos la vida cotidiana de la población madrileña, incluyendo los contrastes entre las clases acomodadas y el pueblo donde abundan los pobres de solemnidad, la diferencia entre la miseria de la mayoría y el mundo de las grandes fortunas pendientes de la crisis financiera del 29, invirtiendo en los negocios inmobiliarios que están ampliando la ciudad más allá de sus antiguos confines, la construcción de la Ciudad Universitaria bajo el amparo del rey Alfonso XIII y cómo éste tuvo que salir de España dando lugar a un nuevo régimen que iba a dar el poder a las clases trabajadoras, que iba a acabar con las desigualdades, pero que por su extremismo y desfase culminó en una terrible guerra.

En este marco histórico, descubrimos que la familia Anglada renunció al judaísmo hace varios siglos; así y todo, cuatrocientos años más tarde, Francisco sigue despreciando la religión cristiana, a pesar de que generaciones de su familia han sido educadas en el credo cristiano y su propio hermano es sacerdote. Como opinión personal, encuentro algo desfasada esta postura del protagonista masculino de la novela, aunque entiendo que es un recurso necesario para justificar su relación y compromiso personal y económico con el entorno judío de la capital que supone uno de los ejes de la trama.

Continuando con el argumento, la turbulenta historia entre Lucía Oriol y Francisco Anglada se encontrará con numerosos escollos, comenzando por el marido de ella y siguiendo con la complicada hija de Francisco: Jimena es una joven peculiar que oscila entre la abulia y el desquiciamiento, un personaje extremadamente dramático y desgarrado, desgraciada desde su infancia y que centrará gran parte de la novela por su relación con los distintos personajes.

Aunque el argumento cobra interés según avanza, no puedo evitar encontrar con frecuencia inconsistencias en las personalidades de los personajes, cambios tempestuosos de opinión y de actitud como con la protagonista, Lucía, educada en la religiosidad y al tiempo tan liberal, comprometida con el orfanato de monjas que sustenta y al tiempo tan desapegada de sus propios hijos y marido. En cualquier caso, la novela nos proporciona una visión de una época conflictiva entrelazando los acontecimientos históricos con las vidas privadas de los protagonistas, con sus problemas personales que se ven complicados por los aires revolucionarios y libertarios que arrastran a la capital y a todo el país al caos y acaban con el mundo privilegiado en el que se movían aquellos, arrasando con vidas, fortunas y familias.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Lo que escondían sus ojos

Supero nuevamente mis prejuicios sobre novelas escritas por personajes televisivos o populares, para disfrutar de esta novela de la periodista Nieves Herrero que rondaba por casa hace ya algún tiempo pero que no me decidía a leer a causa, fundamentalmente, de la desconfianza que me procuran estos libros que proceden de personas ajenas al ámbito de la literatura propiamente dicha. Pero, como ya me ha ocurrido en otras ocasiones, la sorpresa ha sido para bien: me ha gustado mucho la manera de contar una historia que, de antemano, ya sabía que iba a resultar apasionante por sus personajes y las circunstancias que les rodearon. Ha sido la emisión en televisión de la serie basada en esta novela lo que me ha dado finalmente el empujón necesario para ponerme manos al asunto y es que no podía consentir que la versión televisiva me arruinara la experiencia de conocer una historia como la que cuenta "Lo que escondían sus ojos" directamente desde el formato novela, que luego en imágenes no siempre se transmiten las historias con la misma intensidad que a través de la palabra escrita, o al menos eso me suele parecer a mí, y en este caso concreto debo reitererarme en esa teoría: la novela supera ampliamente a la serie.

Pues entrando ya en la historia que se cuenta en el libro, diremos que tiene como protagonistas a Sonsoles de Icaza, la joven y bella marquesa de Llanzol, inteligente y atractiva mujer de la alta sociedad española de la posguerra y junto a ella a Ramón Serrano Súñer, el cuñado de Franco, popularmente conocido como el cuñadísimo, principal ministro del Régimen y hombre poderosísimo por su cargo y, sobre todo, por su cercanía familiar con Franco. Que estos dos personajes tuvieran un romance estando ambos casados no podía suponer más que un escándalo en la pacata sociedad de aquella época y así ocurrió cuando la intensa historia de amor y pasión que compartieron salió finalmente a la luz.

Este apasionante romance viene enmarcado en un entorno muy certeramente dibujado del momento político; con Europa en plena guerra, la negociación del ministro Serrano con Hitler que presiona incansable para convencer a España para entrar en el conflicto del lado del las potencias del Eje, le pone en un difícil papel al tratar de mantener por todos los medios la neutralidad para poder recuperar el país tras la recién concluída Guerra Civil. Tampoco la política nacional es sencilla. Asistimos a un retrato de Madrid donde conviven los grandes lujos entre los que se mueven las familias adeptas al régimen que recuperan pronto sus hábitos de vida cotidiana, a pesar de que otros muchos compatriotas luchan por subsistir entre las grandes penurias que caracterizaron la posguerra. Los episodios históricos y las escenas del día a día de la España de la época se entrelazan con soltura con la trama romántica que es el argumento central de la novela en la que aparecen episodios como la creación de la División azul, la entrada de los EEUU en la guerra mundial y otros tantos que se alternan con el veraneo en San Sebastián de los más pudientes, las numerosas fiestas privadas, los aperitivos en el Ritz y donde aparecen personajes de gran interés como el modisto Balenciaga, único amigo y principal confidente de Sonsoles; Carmen de Icaza, hermana de Sonsoles y también popular periodista y escritora; Carmen Polo, esposa de Franco; Dionisio Ridruejo o tantos otros protagonistas de la época.

Me ha agradado especialmente que el relato prescinde de juicios de valor de carácter ideológico o político, retrata la sociedad de penuria y necesidades que siguió a la guerra, a los protagonistas del romance y su entorno que pertenecen a clase acomodada victoriosa tras el conflicto bélico, aparecen representantes de los dos bandos enfrentados en la guerra mundial, pero no se aprecian valoraciones o descripciones peyorativas ni sesgadas que trasluzcan críticas ni halagos a una u otra parte; en todos los bandos aparecen personajes positivos y negativos en función de sus propios actos y no del lado o el bando en que se encuentran. Una imagen, por lo tanto, muy ecuánime de esta época histórica que ha sido escasamente retratada a nivel novelesco, al margen de los libros de carácter político o puramente histórico y que creo que es el mejor baza de la novela.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Falcó

Podria decirse que la última novela de Arturo Pérez-Reverte, "Falcó", está escrita en blanco y negro. Al menos a mí, al ir leyéndola, todas las imágenes que me venían a la mente se me representaban en esa gama, como si de una película de las clásicas de cine negro se tratara. Y es que la novela retrata una época bastante oscura de por sí, como no puede ser de otro modo cuando hablamos de la Guerra Civil española, pero es que además los personajes y las circunstancias retratadas son de un tono gris oscuro, empezando por el protagonista, Lorenzo Falcó, un buscavidas de manual, sin ideología ni bando, con el único objetivo vital de salvar el propio pellejo, además de sacar el máximo provecho a cualquier circunstancia, aunque se trate de una guerra fratricida. Un protagonista que se mueve entre tugurios de los bajos fondos, con sombrero ladeado que apenas deja ver su rostro y un cigarro permanentemente entre los labios. Lo que decía al principio: una imagen más propia del cine negro de toda la vida. Y a ello sumamos esas frases para enmarcar que son tan propias de Pérez-Reverte, esas afirmaciones que encierran toda una filosofía de vida, todo el desencanto y la amargura del que no cree en la bondad humana y sí en la capacidad de destrozarnos los unos a los otros sea en la guerra, en el amor, en la amistad o en los negocios, lo mismo da.
"Sólo dispongo de una vida, dijo. Un breve momento entre dos noches. Y el mundo es una aventura formidable que no estoy dispuesto a perderme."
Los personajes de esta novela, con contadas excepciones, nos muestran una vision agria y desencantada de la vida, individuos que sólo se mueven por interés propio, desconfiados, solitarios; hombres con sombrero, mujeres seductoras al estilo de los años 30, encuentros clandestinos en barras de bar, entre humo de tabaco, escenarios y diálogos certeramente dibujados, atmósferas evocadoras de una época y una sociedad en guerra en un país arruinado en todos los aspectos. Brillan en especial los diálogos en los que tan hábil se prueba siempre el autor, que nos transmiten la filosofía del descanto de unos personajes descreídos, al margen de ideologías o creencias frente a otros capaces de arriesgar su vida por aquello en lo que creen.
"A poco que vivas, la vida les quita la letra mayúscula a palabras que antes escribías con ella: Honor, Patria, Bandera…"
Asistimos a la guerra desde la retaguardia, sin acercarnos a la línea de batalla, mezclados con la población civil, asistiendo a su vida cotidiana y acompañando a los que luchan por sus ideas aunque permanezcan lejos del frente y también a los que se esconden de esa primera línea, a los que se esconden y tratan de pasar desapercibidos. 
"No era asunto suyo, se dijo. Allá quien matara o muriera, y sus razones para hacerlo. Su idiotez, maldad o motivos nobles. La guerra de Lorenzo Falcó era otra, y en ella los bandos estaban perfectamente claros: de una parte él, y de la otra todos los demás."
No puedo dejar de señalar que Pérez-Reverte regresa de nuevo, literariamente al menos, a Cartagena, su ciudad natal, cosa que sus paisanos siempre le tenemos que agradecer por la oportunidad que nos brinda de ver a sus personajes literarios pasear por calles y lugares familiares, usar expresiones de la tierra y rememorar acontecimientos de nuestra historia más cercana. Un placer añadido al de la mera lectura.

jueves, 30 de junio de 2016

Las bicicletas son para el verano

Hay historias como esta de "Las bicicletas son para el verano" que parece que conocemos desde siempre, principalmente por la película memorable que casi todos hemos visto (al menos los de mi generación, ya entiendo que los más jóvenes tal vez sólo la conozcan por nombre o casi como una frase hecha) y porque su autor, Fernando Fernán-Gómez, fue durante muchísimos años uno de los más notorios actores de  nuestro país, además de cultivar otras muchas facetas artísticas durante toda su vida. Pero resulta que cuando nos acercamos a la obra teatral original descubrimos la grandeza de una historia fabulosamente contada, descubrimos la capacidad de crear personajes a base esencialmente del diálogo, de las palabras con las que se expresan, porque en una obra de teatro no hay largas descripciones ni maravillosos escenarios naturales, ni cambios de plano; sólo están los personajes sobre el escenario, unos brevísimos apuntes sobre su posición y el aspecto de la escena y las palabras que pronuncian, sus diálogos son la base sobre la que se crea todo un mundo, tan real que hace que la acción cobre vida y se nos presente con tanta veracidad ante los ojos, como una magnífica película en Panavisión.

La lectura nos traslada al verano del 36, al madrileño barrio de Chamberí donde los chicos se preparan para las vacaciones de verano: están los que aprueban, los que han suspendido, los que se quedan en la ciudad, los que se van, un verano más, al pueblo. Pero lo fundamental y más importante es conseguir tener una bicicleta, instrumento que garantiza la libertad de movimientos, el poder ir con la pandilla a la Casa de Campo o al parque del Oeste. Los personajes que se mueven por el escenario son variados: el que busca colocarse con un buen empleo, la chica que sueña con ser artistas, las amas de casa luchando con las estrecheces económicas, algunos conservadores, otros liberales... Los acontecimientos políticos a algunos ni les interesan: el asesinato de Calvo Sotelo es impactante, pero en general todos están más centrados en sus propios asuntos domésticos y familiares que en lo que hagan los políticos. Por ello, una vez que la guerra sea una realidad, la vida cotidiana tendrá que continuar entre obuses y explosiones, los teatros siguen funcionando, los jóvenes salen y entran, se enamoran, estudian para los exámenes de septiembre, aunque tal vez, si el estado libertario triunfa, ya no existan mas exámenes...Porque todos están convencidos de que la guerra no va a durar mucho más allá de ese verano. Pero pasa el verano y la guerra sigue y lo hará durante varios años y vamos siguiendo la vida de estas familias, vecinos todos de un bloque cualquiera de Madrid donde se suceden las muertes, aparece la miseria, la escasez, pero continúa habiendo ilusiones, sueños... todo perfectamente descrito mediante unos diálogos que dibujan magistralmente a cada personaje, su lugar en la sociedad, sus ideas y sus pensamientos, aún cuando no siempre los expresen abiertamente.

La obra es un retrato espléndido de unos años terribles vistos desde el aspecto más doméstico y cotidiano. Nos ubicamos en la sala de estar de la casa del propio autor que revive aquellos años, la convivencia con sus amigos, sus vecinos, el día a día corriente de gente normal con la guerra como fondo, donde la vida seguía a pesar de todo, entre bombas y risas, entre muertes y amores, donde no hay más remedio que aguantar los malos tiempos, intentar sobreponerse a todo y esperar a que llegue por fin la paz para poder enderezar sus vidas de la mejor manera posible. 

viernes, 19 de febrero de 2016

La estela de un recuerdo

Habitualmente, al leer novelas históricas nos situamos a una distancia prudencial de los hechos que se nos cuentan ya que, por muy reales que se sintamos a los protagonistas y por muy vívida que resulte la narración, solemos contar con la distancia innegable de los años e incluso de los siglos transcurridos desde aquello que se nos cuenta, lo que nos permite asomarnos a esa historia desde una cierta distancia de seguridad que nos garantiza el poder asistir al espectáculo de lo que se nos cuenta sin posibilidad de vernos involucrados de ninguna manera en él. Pero ocurre que, en ocasiones, como es el caso de esta novela, "La estela de un recuerdo", los años transcurridos desde aquello que se nos cuenta no son tantos, menos de un siglo en este caso y si además la autora nos viene a referir unos hechos ocurridos en nuestro propio país y cuyos protagonistas constituyen su propia familia, confirmando que lo que leemos no es mera ficción sino las experiencias reales de personas que hace pocos años aún vivían entre nosotros y pudieron contar su versión de los hechos, todo esto hace que no podamos mantenernos al margen de lo que leemos, que no paremos de trazar similitudes entre los hechos que se nos cuentan y nuestro presente más actual, tristes paralelismos, es cierto, pero no quedan tan lejos los hechos que nos presenta Almudena de Arteaga como para que no podamos ser capaces de oir sus ecos en nuestro presente más actual, más ahora que parece haberse desatado cierto espíritu que evoca aquello que creíamos que se había convertido ya en pasado superado, en auténtica Historia de la que no tiene posibilidad alguna de repetirse.

Pues el escenario de la novela se sitúa en abril de 1931, fecha en que el rey Alfonso XIII abandona España tras el triunfo de los partidos republicanos en las elecciones municipales, alegando que no quiere ser el causante de que se derrame ni una sola gota de sangre española por su causa, se marcha del país en donde quedan, a pesar de todo, muchos ciudadanos leales a la Monarquía y a las tradiciones, entre ellos la familia del duque del Infantado, fieles monárquicos y profundamente católicos. Tanto el duque como sus hijos deciden permanecer en su país confiando en que la situación volverá a normalidad y el rey regresará en cuanto se tranquilice la situación, pero esto no va a ocurrir, sino más bien lo contrario. La novela nos describe el ambiente convulso de los años que anteceden al estallido de la Guerra Civil, la II República supone una creciente amenaza sobre las propiedades y las propias vidas de aquellos que no son afines a las doctrinas revolucionarias, si bien todo ello no amilanan a los miembros de esta numerosa familia, que, lógicamente, sienten temor e incertidumbre pero que están dispuestos a defender sus ideales. Es fascinante ver como la propia familia de la escritora se convierte en material novelístico, como nos cuenta el valor de los hermanos, la constancia en sus creencias religiosas que anteponen frente a la laicidad que se les trata de imponer. La novela nos cuenta. en definitiva, una historia familiar, narrada por María, la primogénita, y donde nos encontramos con romances, actos heroicos, huídas, miedos, mostrándonos los acontecimientos desde el punto de vista de unos ciudadanos leales a sus creencias e ideas tradicionales y fieles a unos principios por los que están dispuestos a dar su vida, todo enmarcado en unos años políticamente durísimos que llevarán hasta el desastre de una guerra fraticida que partió nuestro país en dos y que tanta desgracia trajo a España. 

Es de destacar el elenco de escenarios por los que transcurre el relato que van desde el Palacio de Xifré, antiguamente ubicado en el paseo del Prado de Madrid y domicilio de la familia, hasta el castillo de Viñuelas o la casa de Zarauz donde pasaban los veranos, el castillo de Requesens en Gerona, así como en otras residencias familiares pertenecientes al amplísimo patrimonio que los del Infantado poseían por aquellos años, todos ellos espectaculares edificios históricos cargados de lujos, obras de arte y antigüedades pero en realidad son lugares vividos, residencias familiares en las que transcurrieron durante siglos las vidas de una familia relevante en la Historia de España y cuyos miembros participaron con frecuencia directamente en muchos de sus episodios. Una novela esta que presenta una visión de una época de nuestro país desde el punto de vista de unas personas que trataron de mantener sus creencias e ideales y tomaron parte del bando que creían que era justo defender. Porque en cada guerra y en cada conflicto siempre hay dos partes, cada una con sus propias razones y sus propios principios.

lunes, 13 de julio de 2015

Nobles y rebeldes

Pocas familias deben de haber existido en la Historia con unos miembros tan dispares, originales, intensos y comprometidos con sus ideas como la de las hermanas Mitford (que, por cierto, tenían también un hermano varón que, por la razón que sea, logró pasar más desapercibido que las "rebeldes" féminas de su familia) Los Mitford fueron una familia de noble origen británico cuyas seis hijas destacaron en su época por sus marcadas personalidades, sus fuertes caracteres y entre las que destaca literariamente Nancy, autora de novelas tan encantadoras como "A la caza del amor" y "Amor en clima frío", divertidos retratos de la más rancia nobleza británica.

Pero como estas chicas eran capaces de casi todo, no fue ella la única novelista de la familia, también Jessica Mitford (más conocida en su casa como Decca) se lanzó a la creación literaria con esta obra, "Nobles y rebeldes" en la que retrata a su familia y nos cuenta sus avatares vitales de infancia y juventud. El ser chicas de alta cuna no les impidió a las hermanas, a pesar de sus falta de educación reglada y no haber tenido más formación que la prestada por las numerosas niñeras que desfilaron por la guardería de la mansión y de la que solían escapar a toda prisa, aterrorizadas por esa estrambótica familia, no les impidió, decía, tener unas ideas muy claras y perseverar en ellas, ser capaces de ver más allá de las obligaciones que su clase social les imponía y de los cortos objetivos vitales a los que unas jóvenes de buena familia en su época podían aspirar, y formarse unas conciencias políticas e ideológicas de los más variados signos, desde la pasión por fascismo hasta la defensa del comunismo. Así pues, la propia autora, Jessica, llegará a viajar a España en plena Guerra Civil junto a su enamorado, Esmond Romilly, con el objetivo de apoyar al bando republicano de la manera que fuera posible, mientras que, por las mismas fechas, Unity intimaba con Hitler y los líderes del régimen nazi en Alemania.

Pero además de tener unas vidas intensas y apasionantes, es preciso saber contarlas como lo hace Jessica en su biografía, con gracia y mucho desparpajo se burla de las rancias costumbres de sus padres, conservadores recalcitrantes, y de sus prejuicios de clase, sus rarezas y excentricidades de las que se vieron contagiadas las hermanas, con sus juegos surrealistas e imaginativos, su peculiar sentido del humor más bien negro y ácido, sus constantes bromas privadas, el hábito de ponerse motes absurdos entre ellas y a todo el que conocían. Lo cierto es que las hermanas crearon todo un mundo privado con unas relaciones personales siempre difíciles, con continuos enfrentamientos y bandos ideológicos, lo que no impedía que se quisieran sinceramente entre ellas. Es destacable el ansia de la autora por escapar de lo que se esperaba de ella, el deseo de huir de la casa familiar y construirse una vida propia. Tras huir con Esmond a España y casarse contra la voluntad de su familia, comienzan a vivir lejos de las normas de su clase de origen como trabajadores asalariados, frecuentando los ambientes laboristas y viviendo como cualquier pareja que debe buscarse la vida con el fruto de su trabajo. El relato de su estancia en los Estados Unidos a donde se trasladan en busca de fortuna, sin apenas contar con dinero alguno pero sí con mucha ilusión y bastante descaro, supone un divertido retrato de la América de las oportunidades y del crecimiento, donde todo es posible para una pareja joven dispuesta a trabajar en lo que sea.

Con un sentido del humor irónico e inteligente, Mitford retrata las sociedades británica y norteamericana con agudeza y descaro, riéndose abiertamente de todos los tópicos que acaban resultando ser bastante ciertos sobre el carácter y las costumbres de las dos sociedades, tan dispares a pesar de compartir el idioma y parte de su Historia. Pero también es capaz de realizar serios análisis políticos al referirse a las circunstancias que llevaron al arranque de la II Guerra Mundial, a la posición de las grandes potencias en el conflicto, al igual que sobre su papel en la guerra de España. Mitford retrata todo un mundo que ya sabe que está agonizando, que no sobrevivirá al gran conflicto internacional y prueba que se puede nacer hija de un lord y adaptarse a los cambios radicales de la sociedad, dejando atrás sin nostalgia alguna los privilegios y comodidades a las que estaba predestinada por nacimiento.

Vale la pena, en definitiva, conocer la vida de esta familia de la mano de esta biografía de uno de sus miembros, que es una lectura alegre y al tiempo con profundidad histórica y que nos presenta unas vidas extraordinarias y extravagantes que merecen la pena ser conocidas.


lunes, 20 de abril de 2015

El corazón helado

Hacía muchos años que no leía nada de Almudena Grandes, a pesar de que no hay una sola de sus novelas que no venga acompañada de un enorme éxito de crítica y público, como dirían las crónicas antiguas. Y lo cierto es que el recuerdo que tenía de su escritura, tanto por "Atlas de geografía humana" como por "Los aires difíciles" era muy bueno, pero así y todo he tardado bastante tiempo en reencontrarme con ella a través de esta novela, "El corazón helado", una novela con trasfondo en la Historia reciente de España a través de varias décadas y llegando hasta nuestros días, enlazando en la trama las vivencias de dos familias en una historia que proviene de la Guerra civil que cada una vivió en un bando: los Carrión que se situaron en el lado de los que la ganaron y prosperaron posteriormente y los Fernández, que la perdieron, tuvieron que exiliarse y sólo a la muerte de Franco regresaron a su país, si bien con con la amargura de los años perdidos y de las injusticias padecidas. Los descendientes de aquellos padres viven ahora en un país que no distingue ya bandos ni sufre represalias de ningún tipo, pero las afrentas personales sufridas en el pasado, no puede dejar de marcar sus relaciones personales, de pesar sobre sus sentimientos hacia aquellos que una vez fueron los enemigos. Las dos tramas temporales se desarrollan en distintos escenarios, Somosierra, París, el frente ruso, la España de la posguerra y la sociedad actual, pero fundamentalmente Madrid, tanto en época de guerra como en el tiempo presente la autora se pasea por su ciudad y la retrata con gran viveza, la disfruta y la exprime como si de un personaje más se tratara. Las historias familiares, de amistad, amor y también de enfrentamiento y odio se entrelazan en una novela extensa pero que no se hace larga, con constantes idas y venidas entre distintos momentos del pasado al presente en los que los lazos familiares, las venganzas y las cuentas sin cerrar continúan cruzando los caminos de las dos familias donde los secretos y las mentiras del pasado llegan hasta hoy día, hasta la pasión entre Raquel y Álvaro que no pueden sustraerse de lo que sesenta años antes ocurrió en su país.

Sí es cierto, y creo que no puedo dejar de mencionarlo, que el relato está fuertemente marcado por la ideología de la autora: el retrato de las familias protagonistas es el retrato de las dos Españas que se enfrentaron en la Guerra Civil, una división que sería deseable que, a estas alturas del siglo, estuviera resuelta pero en la que Almudena Grandes toma partido definitivamente por los republicanos dignos, buenos y valientes frente a los nacionales "inmorales, sin dignidad ni corazón" aprovechados, ventajistas, indignos, crueles, miserables y oportunistas, mientras que se mantiene una defensa acérrima de las acciones de la izquierda de las que sólo llega a mencionar en algún momento que se dieron "crímenes individuales y espontáneos de la zona republicana". Y esto se manifiesta en las acciones y las actitudes de los personajes, no sólo de los que participaron en la guerra, sino incluso de sus descendientes. No puedo evitar mis dudas sobre la afirmación de que solo hubo personas decentes en el lado de los republicanos, no es posible que eso haya sido así y menos aún continuar hoy juzgando a las personas por el bando en el que lucharon sus abuelos, arrastrando los enfrentamientos, los rencores o las venganzas de generación en generación.

Al margen de esta escora ideológica evidente, que si bien no me sorprende conociendo como conozco previamente a la autora y su pensamiento, sí que me ha estorbado en ocasiones en lo que se refiere al fondo, nunca a la forma de la novela, no puedo dejar de reconocer que el resultado es literariamente impecable. Ha sido un placer reencontrarme con el estilo narrativo de Almudena Grandes, con la riqueza y la generosidad de su prosa que no racanea las palabras que brotan abundantes, incansables, componiendo frases largas, completas, llenas de adjetivos adecuados, de descripciones certeras, que transmiten pensamientos que nacen y giran y extienden sus ramas hacia otras ideas y nuevas frases, que cuentan y recuentan, recuerdan y reviven, se enlazan unas con otras y arrastran al lector en una experiencia gozosa de lectura. Y es que es un auténtico placer adentrarse en el estilo narrativo de la autora de la que destaca la construcción de sus personajes llenos de matices, de luces y sombras, personas de a pie que resultan siempre creíbles, unos personajes que llegan a superar al propio argumento que no deja de ser rico y evocador, que nos hace revivir los distintos escenarios y épocas que retrata. Una novelista magnífica, sin duda, Almudena Grandes capaz de crear todo un universo, transportarnos en el tiempo y hacernos vivir otras vidas a través de su escritura.

lunes, 16 de febrero de 2015

El impostor

La impostura y la mentira, he ahí los grandes temas que maneja Javier Cercas en su novela, ¿novela? "El Impostor". Y es que no creo que deba de denominarse "novela" a esta obra en la que, como ya viene siendo tradicional en Cercas, crea una "novela sin ficción" donde se mezcla la ficción novelada sobre los hechos reales con los avatares que suponen el proceso de escritura del libro: la búsqueda de antecedentes e información previa, las fuentes, las entrevistas que realiza, las reflexiones sobre lo investigado, lo que debe o no debe aparecer en el texto final, los conflictos morales sobre su posición frente a una historia que podría o no ser cierta, el papel del escritor que muestra al mundo unos hechos que pueden darle o quitarle la razón al protagonista de los mismos y la postura más o menos intervencionista que debe adoptar dicho escritor. Es este libro, en fin, un viaje al corazón de la creación de la mano del propio escritor, que nos presenta su relación amor-odio con su protagonista al que no intenta salvar ni redimir, sólo presentar tal y como es, pero con un mentiroso o un impostor como el que se encuentra delante eso no es siempre tarea fácil.

Así que Cercas se plantea, fundamentalmente, enormes dudas en torno al caso de Enric Marco, un viejo sindicalista catalán que se hizo pasar durante treinta años por superviviente del campo de prisioneros nazi de Flossenbürg e incluso presidió y encabezó asociaciones de víctimas del holocausto. El descubrimiento de su mentira, de que nunca fue el que dijo que era, que no participó en tantos hechos como aseguró haber protagonizado, causó gran revuelo durante algún tiempo, en los años en los que la Memoria Histórica se convirtió en tema de actualidad en nuestro país, una moda o una tendencia que removió el pasado y del que tantos se aprovecharon a su modo. Tras años de dudas Javier Cercas se decide a escribir sobre este maestro de la impostura y reflexiona sobre si fue la vanidad, el ansia de exhibicionismo, un desmesurado afán de protagonismo el que llevó a Marco a hacerse pasar por lo que nunca fue. ¿O tal vez sí que lo fue? A raíz de aquí nos plantea infinidad de dudas: ¿Entender es justificar? ¿Comprender las razones es ponerse del lado del mentiroso? Impostura, fabulación, mentiras y fantasía, talento o falsedad, ¿dónde poner el límite? ¿Qué está permitido y qué es condenable? ¿Tal vez el fin justifique los medios? ¿Si de un embuste surge algo bueno, debemos negar la bondad de dicho resultado? Muchas preguntas planteadas que el lector debe responder por sí mismo a la luz de los datos contrastados y los datos sin demostrar. El escritor cree que exponer la verdad, los hechos y las razones que llevaron a ellos no es más que presentarlas ante el público para que cada uno se haga una idea propia, a favor, en contra o como sea que resulte, una vez conocida la impostura.

Pretende Cercas, a lo largo de todo el relato, reconstruir la verdad de los hechos en un relato sin ficción, en una novela sin mentiras ni invenciones, basada en las mentiras e invenciones de su protagonista, en lo que se esconde de verdad tras toda una vida inventada. Tratar de sacar la verdad de todo eso es un trabajo arduo. Marco inventó prácticamente todo en su propia biografía, desde su fecha de nacimiento hasta el resto de los hitos principales de su existencia de manera que los hacía coincidir con los momentos clave de la Historia de España, inventó relaciones con grandes figuras de la política y la cultura y se situó en mitad de los grandes acontecimientos mundiales. Y todo ello, ¿para qué? ¿Para darse importancia? ¿Para ser alguien que en realidad nunca fue? Pero lo cierto es que acabó creyéndose él mismo la vida que imaginó. Es un claro ejemplo de alguien que "recrea" su vida en el sentido más literal de la palabra: crea toda una nueva vida basándose en hechos reales y datos ciertos pero enriqueciéndolos y agrandándolos, situándose en lugares y momentos en los que podría haber estado, en los que podría haber participado pero de los que ya no quedan testigos que lo certifiquen o los testigos son aquellos que han oído contar de su propia boca los hechos tantas veces y con tanto convencimiento que han acabado por creer lo que se les ha contado de escucharlo tantas veces. Y también debemos de considerar la parte de cierto que hay en toda esta invención, porque no todo puede ser falso, porque alguna verdad debe de subyacer bajo tantas capas de mentiras y esa verdad es la que trata de desenterrar Cercas con gran esfuerzo porque "toda gran mentira se fabrica con pequeñas verdades, se amasa con ellas".

El libro en ocasiones se hace algo pesado por la cantidad de vueltas que se le dan a los hechos y a las invenciones y a los debates morales que se plantea el autor, pero no por ello deja de ser interesante su lectura. Y el resultado de todo esto es todo un juego literario, no cabe la menor duda, donde se mezcla la verdad con la mentira y no sabemos si es posible desenganchar a la una de la otra. La conclusión sería que tal vez todas las vidas están formadas por verdades que se ocultan y mentiras que pasan por ciertas, tal vez sea así, pero en algunas vidas esto ocurre en mayor medida que en otras.
"De un tiempo a esta parte la psicología insiste en que apenas podemos vivir sin mentir, en que el hombre es un animal que miente: la vida en sociedad suele exigir esa dosis de mentira que llamamos educación (y que sólo los hipócritas confunden con la hipocresía); Marco exageró y pervirtió monstruosamente esa necesidad humana. En este sentido se parece a don Quijote o a Emma Bovary, otros dos grandes mentirosos que, como Marco, no se conformaron con la grisura de su vida real y se inventaron y vivieron una heroica vida ficticia; en este sentido hay algo en el destino de Marco, como en el del Quijote o la Bovary, que profundamente nos atañe a todos: todos representamos un papel; todos somos quienes no somos; todos, de algún modo, somos Enric Marco."

viernes, 20 de junio de 2014

La vida cuando era nuestra

Esta novela de Marian Izaguirre es un acertado ejemplo de eso que se suele llamar “libros sobre libros”: una novela en cuyo argumento se incluye otro libro que ocupa un lugar preeminente, una historia dentro de otra y una conexión entre ambos argumentos que entrelazan sus historias sin que podamos decidir cuál prevalece, cuál es el hilo principal y cuál está supeditado al otro. Así se estructura esta novela “La vida cuando era nuestra” que tan positivamente me ha sorprendido.

En lo que se refiere al argumento incialmente principal nos encontramos ante dos historias, por una parte la de una mujer madura, de origen inglés y de la que ni siquiera tenemos muy claro su verdadero nombre, en ocasiones se presenta como Alice, pero otros la llaman Rosa. De ella sabemos más bien poco, sólo que llegó a España durante la guerra civiel siguiendo a un amor y que ahora está sola y no lleva bien esa soledad; poco a poco nos  irá contando fragmentos de su vida al hilo de sus recuerdos que siempre le acompañan como fugaces fragmentos del pasado que rememora y le devuelven a los seres queridos a los que echa en falta y los lectores iremos poco a poco reconstruyendo ese pasado suyo y entendiendo qué es lo que le ata a Madrid. Por otro lado nos encontramos con un matrimonio que en los grises años 50, cuyo lóbrego ambiente social tan bien se retrata, regentan una pequeña librería que abrieron con lo que les quedó cuando la guerra les dejó sin su editorial y sin la vida tal y como la conocían antes, esa “vida cuando era nuestra” que da título a la novela. Matías y Lola, que así se llama la pareja, comparten vida y trabajo en su minúsculo y poco lucrativo negocio que básicamente se limita al material de oficina y a los libros de segunda mano, pero conservan el amor que un día les unió y los principios por los que vieron arruinada su vida cuando la guerra terminó.

Cuando Matías encuentra entre la última remesa de libros de segunda mano recibida una curiosa novela titulada “La chica de los cabellos de lino” la vida de las dos mujeres se entrecruzan. En esta novela se narra la vida de la pequeña Rose Tomlim, una niña que crece en una granja de Normandía sin saber que es hija ilegítima de un noble inglés. Su adolescencia en los años previos a la I Guerra Mundial y su descubrimiento del mundo al hilo de una guerra, sus años de juventud, su vida en París... todo eso lo comparten Lola y Alice mientras van descubriendo juntas, a través de la novela la vida de la joven Rose. Esas horas compartidas da origen a una incipiente amistad en las que ambas mujeres se ven identificadas con muchas de las cosas que han vivido, cada una en una época pero con muchos puntos en común. Desde el principio es inevitable identificar a la joven Rose protagonista del libro con la madura Alice, convencida de que son la misma persona y de que estamos ante unas memorias de su propia vida. No sabemos a dónde nos llevará este juego pero lo cierto es que Alice, o Rosa, está abriendo su alma, mostrando su pasado a Lola, haciéndola partícipe de lo que fue su vida y cómo salió adelante y llegó hasta donde ahora la encontramos.

 “Ahora éramos dos mujeres, una vieja y otra joven, unidas por un libro.” 

El relato es muy fluído, constantemente avanza y nos va presentando los hechos de una forma desordenada a veces pero muy clara. A pesar de seguir el hilo de las dos historias independientes no hay brusquedad al pasar de una a otra, en ocasiones, incluso, las experiencias de ambas parecen mezclarse, un personaje toma una decisión o hace una reflexión que, perfectamente, le cuadraría a algún personaje de la otra historia, al final acaba siendo todo una única historia con muchos hilos, distintas épocas pero donde predomina la sensación de que las cosas importantes no son muy distintas de una época a otra o de un país a otro. La autora demuestra una sobrada capacidad para contar las cosas y transmitir emociones con pocas palabras, sin largos párrafos, cambiando de escena en una sola frase sin resultar brusca. Emplea frases cortas pero reflejando pensamientos de manera certera, con la palabra justa, el adjetivo adecuado. Una manera muy ágil y a la vez muy efectiva de contar las cosas.

Me deja un muy agradable recuerdo esta lectura una vez terminada, con esa sensación de no haber abandonado del todo a las protagonistas, de evocar de vez en cuando alguna escena, porque realmente están muy bien dibujadas, son muy creíbles y permanecen en el recuerdo incluso después de haber terminado la novela. Y por encima de todo ello, el tema siempre presente de la lectura, los libros, las librerías y los libreros, los autores que se citan constantemente o que aparecen como personajes, todo ello es un valor añadido que suma activos a la buena sensación que me ha causado esta muy recomendable novela.

“Cuando uno es mayor, como yo ahora, lee y olvida muy fácilmente. Es como si necesitaras abrir hueco en un depósito que ya está demasiado lleno. Pero cuando uno es joven lee sin saber que las palabras leídas hablarán de nosotros con el paso del tiempo, nos guste o no.”

domingo, 27 de enero de 2013

Misión olvido


Ando, como siempre, bastante retrasada en lo que a novedades editoriales se refiere, por lo que hasta ahora no había tenido ocasión de echarle el guante a la segunda novela de la escritora María Dueñas, de la que soy prácticamente vecina, aunque no tengo el placer de conocer en persona y que tras el éxito de su primera novela, se ha convertido en una rutilante estrella del panorama literario español. Pues con esta segunda novela, y por hacer una valoración resumida de mi opinión sobre esta Misión Olvido que hoy comento, me parece que va a  permanecer por mucho tiempo en el grupo de los autores adorados por los libreros, por su capacidad de escribir historias que atraigan a los lectores, ya que de eso se trata mayormente el negocio de vender libros.

Pues entrando ya en el comentario propiamente de la novela, la protagonista de la misma es Blanca Perea, una profesora universitaria de mediana edad con una vida estable, un matrimonio de veinte años, un buen trabajo, dos hijos adolescentes que comienzan a volar solos… Nada hacía presagiar el cataclismo que va a sufrir su existencia en el momento en que su marido decida abandonarla por una joven abogada con la que, además, espera un hijo. Todo el mundo conocido hasta entonces para Blanca se le desmorona, las bases aparentemente sólidas sobre las que se edifcaba su vida se tambalean de tal manera que decide abandonarlo todo, poner tierra de por medio, desconectar de su mundo conocido para asimilar su pérdida, lo que logra mediante una beca de investigación aceptada casi a la desesperada que la llevará a una pequeña universidad americana cuyo mayor valor reside en distar miles de kilómetros de su casa.

Esta huída llevará a Blanca hasta la soleada California, donde, en un agradable ambiente en el departamento de lenguas de la pequeña universidad de Santa Cecilia, se sumerge en el estudio y clasificación de los papeles y documentación varia de un antiguo profesor del centro, el español Andrés Fontana, que acabó sus días en aquella parte del continente dedicado al estudio y la enseñanza de la literatura española y también a la investigación de la historia de las misiones franciscanas que se construyeron en la zona en la época previa a la independencia de las colonias. A través del trabajo intenso Blanca busca una vía para olvidar sus problemas, alejarse de la realidad. Sin embargo no tardará en sentirse atrapada por la personalidad del difunto profesor, de reconocer a la persona que se oculta tras los documentos académicos y se implica sinceramente en recuperar su herencia intelectual. Blanca no podrá evitar iniciar una relación personal con las personas junto a las que trabaja que le ayudarán, tanto en su faceta profesional como en ir adaptándose a su nueva vida en otro país; la acogedora secretaria del departamento, el director del mismo, también de origen español y un antiguo discípulo de Fontana, el hispanista Daniel Carter. Blanca irá construyendo un nuevo núcleo de amistades y se implicará incluso en asuntos del pueblo en el que reside, como la protesta contra la construcción de un centro comercial en una zona de bosque protegido.

La novela recrea de forma muy creíble la España de los años 30 y de los 50, acercándonos, primero, a los orígenes humildes del profesor Fontana que sale de su familia prácticamente analfabeta y marcha a Madrid donde descubre los grupos intelectuales de la época, el origen de la construcción de la Ciudad Universitaria y los primeros intentos de extender de forma generalizada la educación y la formación a la población. Fontana alcanza a cursar la educación superior pero la Guerra Civil trastocará sus planes de futuro, ya que cuando esta se inicie él se encontrará en USA cursando una beca y allí se quedará y rehará su vida sin volver nunca a su país de origen pero sin dejar nunca de añorarlo. Años después, en los 50, un alumno suyo, el decidido Daniel Carter viajará nuevamente a España con el objeto de documentarse para su tesis y allí conocerá un país sometido a la dictadura, no sólo en lo político, sino sobre todo en lo que al saber y a la cultura se refieren. A la búsqueda de los orígenes y la inspiración del escritor, ahora exhiliado y censurado por el sistema, Ramón J. Sénder, el americano realizará un viaje un poco al estilo de "La tesis de Nancy", en el que se encontrará con un país que comienza a salir de la autarquía pero que conserva mucho de su aire provinciano, su tradicionalismo y una admiración mezclada con recelo por todo lo que venga del extranjero. El contraste con la América de esos mismos años donde el bienestar y el consumismo es un hecho extendido será enorme, lo que no evitará que Carter se enamore del país y dedique el resto de su vida al estudio de su lengua y su literatura conservando siempre su vinculación afectiva con España.

Me sorprende gratamente el estilo narrativo de la novela, la capacidad de la autora de dibujarnos en pocas palabras, con breves apuntes, cualquier personaje, el acierto en la elección de unos cuantos sustantivos y adjetivos, los justos y precisos para mostrarnos un paisaje, una ciudad, describirnos a sus habitantes, una escena, el ambiente de una Universidad americana o de un pueblucho español de principio de siglo, es estupenda su capacidad de trasladarnos al lugar y al momento preciso sin extenderse en largas descripciones detalladas.

La narración resulta extraordinariamente fluida, las descripciones, como he dicho, son rápidas y precisas, dan una clara idea de los escenarios, los personajes, los ambientes. Creo que María Dueñas demuestra aquí ser una estupenda narradora, muy eficaz, que no resulta nunca pesada ni recargada. Se nota además la soltura de la autora al tratar temas y ambientes que le son cercanos: el mundo universitario y las relaciones entre el profesorado; se nota su interés por ensalzar el mundo del conocimiento, de la enseñanza y el progreso basado en la educación. Igualmente se la ve cómoda entre personajes con los que comparte sus gustos por los idiomas, los viajes, la lectura… se aprecia que los temas le son cercanos y que disfruta recreándolos.

La lectura, por tanto, me ha resultado enormemente agradable, aprecio el tono vitalista que desprende la historia, el retrato amable de los personajes. En resumen, una lectura fácil, amena, en la que se descubren o reviven épocas pasadas de nuestra Historia y se vive una historia particular de caída y vuelta a renacer en la que prevalece el tono positivo y optimista, cosa que siempre se agradece.

lunes, 2 de julio de 2012

Si a los tres años no he vuelto

La historia que cuenta Ana Cañil en esta novela con el evocador nombre de Si a los tres años no he vuelto, es verdaderamente dura y sobrecogedora. Al inicio de la misma nos encontramos con el romance entre dos jóvenes de distinta extracción social: Jimena Bartolomé es apenas una niña, la mayor de una familia humilde del pueblo serrano de Rascafría, que trabaja en la posada que su abuela regenta junto al monasterio del Paular, a donde acuden a veranear las familias acomodadas de la capital que pasan allí largas temporadas. En aquel lugar la joven conoce a Luis Masa y ambos se enamoran. Cuando comienza la guerra civil, Luis, educado en la Institución Libre de Enseñanza con criterios liberales, se alista en las filas republicanas contra la opinión de su madre, conservadora acérrima. Tras casarse civilmente, la pareja se instalan en Madrid donde experimentan las durísimas condiciones de vida de la capital asediada por las tropas enemigas hasta su caída final, momento en que Luis debe huir de España para evitar ser perseguido por su condición de comunista y deja a Jimena al cuidado de su hermano menor, Ramón, que ha conseguido hacerse hueco entre los vencedores gracias a sus numerosos contactos.

Cuando Jimena debe instalarse en casa de su suegra, que la desprecia y la ignora, bajo la protección de su cuñado, descubre que se encuentra embarazada. No tienen manera de contactar con Luis para tratar de reunirse con él, y al poco tiempo las influencias de su cuñado no son suficientes para evitar que sea detenida y acabe encarcelada, aunque en ningún momento se la llegue a acusar de cargo alguno. En prisión descubre un terrible panorama de mujeres maltratadas hasta la muerte, violadas y hacinadas en condiciones inhumanas.

A estas alturas de la novela, pasamos a conocer la historia de María Topete, relacionada por lazos familiares con los grandes apellidos de la industria vasca, cercanos al círculo de amistades de la familia real durante sus veraneos en las playas del norte, pero la fortuna de su padre no está a la altura de las jóvenes con las que se relacionan, lo que hace que las hijas Topete no lo tengan fácil a la hora de encontrar marido y varias de ellas opten por profesar como religiosas. Cuando el pretendiente que corteja a María acaba casándose con una chica de mayor fortuna que ella, María abandona toda esperanza de casarse. El estallido de la guerra la hace acabar encarcelada junto con otras mujeres de clase alta y numerosas religiosas, entre las que se encuentran algunas de sus hermanas que logran escapar de España, mientras que ella hallará refugio en la sede diplomática noruega hasta que finalice la guerra. Allí conocerá a Elvira Pérez de Santos, la suegra de Jimena y esa relación será de vital importancia cuando María comience a trabajar como funcionaria en la prisión de mujeres donde Jimena es encerrada.

La novela es bastante dura ya que narra con crueldad las circunstancias extremas que tuvieron que padecer muchas mujeres encerradas en las cárceles franquistas, sin las mínimas condiciones de higiene o salubridad, acompañadas de sus hijos pequeños que morían por hambre y enfermedades. Unos hechos que es importante hacer salir a la luz, teniendo en cuenta que aún viven algunas de las protagonistas de la historia, muchas de las cuales han luchado durante años para que no se olviden las injusticias que con ellas y sus familias se cometieron.

Tengo que hacer una reflexión, sin embargo, sobre el tratamiento de los personajes en la novela: mientras que los protagonistas del bando republicano están retratados con bastante positivismo, se ensalzan numerosas virtudes de fortaleza, convicción política e integridad, en lo que se refiere a los personajes del bando nacional, en particular a María Topete y Elvira, pero en general a todos los demás también, se les describe de manera global como personas insensibles, vengativos, crueles, imbuidos de una tremenda mojigatería y un absoluto sometimiento a la religión, hasta el punto de que cuando aparecen como víctimas de los abusos de los republicanos lo asumen con la satisfacción de ser mártires de la causa católica. No veo equilibrio entre ambas partes. Entiendo que la novela se centra en los protagonistas pertenecientes al bando que perdió la guerra, pero así y todo, aprecio que pasa sobre las penalidades sufridas por el bando nacional, que también las hubo, como de puntillas, sin profundizar en ellas y destacando el resentimiento que estas humillaciones dejan en los supervivientes lo que les llena de ansia de venganza y convierte a todos sus miembros en sádicos insensibles llenos de un enconado odio irracional contra los rojos, aúna como sinónimos catolicismo con fanatismo falangista y apenas se dibuja algún rasgo positivo en el carácter de ninguno de sus miembros, tal vez sólo algo en Ramón Masa, pero que aparece como débil e incapaz de salvar a su cuñada de la cárcel a pesar de su buena intención. ¡Si hasta las monjas son crueles e inhumanas!

Me vale, por tanto, la novela como testimonio de unos hechos terribles, pero con la pega de que se cuentan desde un punto de vista muy escorado hacia uno de los bandos, válido como denuncia absolutamente necesaria de los sufrimientos de aquellos que perdieron la guerra, pero me resulta sorprendente el hecho de que no sea posible encontrar una sola persona buena en el bando de los vencedores, ni una nota de humanidad, ni un personaje ausente de fanatismo entre ellos. No creo que la realidad haya sido tan radical.