viernes, 27 de noviembre de 2009

No tengo tiempo



He descubierto en mis propias carnes que existe una incompatibilidad absoluta entre dos hechos: la crianza un bebé lactante y el gozoso hábito de lectura. Durante toda mi vida y hasta hace un par de meses, cada vez que me encontraba con diez minutos libres, automáticamente, mi primera reacción era abrir un libro, o al menos una revista o cualquier otro papel con letras impresas, lo mismo daba. Pero ya en mi último mes de embarazo comencé a notar que el ansia lectora se reducía: empecé una novela de Andrea Camilleri y antes de la página diez abandoné su lectura: "el dialecto siciliano se me hace algo dificultoso" pensé, y eso que no era la primera obra de este autor que leía en su versión original. La emprendí entonces con Cloud Atlas, de David Mitchell, novela que me atraía bastante a priori por las críticas y comentarios que había visto sobre ella; confieso que a fecha de hoy, casi dos meses después de haber iniciado su lectura, aún no he llegado a la página 50. Y es que ahora, cuando encuentro el más mínimo huequito de tiempo, sólo sueño con echarme a dormir para recuperar las horas de desvelo nocturno (¿hasta cuándo duraba esto de mamar cada cuatro horas, día y noche?) pero lo peor es que en alguna ocasión sí que me decido a abrir el libro pero me pierdo, no me concentro, noto que voy contando las páginas para comprobar que avanzo en el tema, pero es como intentar correr bajo el agua: le pongo interés pero mi atención no da más de sí, de hecho, estoy a punto de abandonar por segunda vez consecutiva un libro sin terminarlo (y eso es algo rarísimo en mí, va en contra de mis principios lectores, anda que no me he leído libros malos hasta el final, incluso haciendo ascos y diciéndome a mí misma: "¡pero qué libro más malo me estoy leyendo!")

Supongo, en cualquier caso, que en algún momento acabará esta "etapa negra" en mi vida de lectora una vez que regulemos las horas de sueño y comidas y volveré a atacar con entusiasmo mi afición favorita, aunque, de todos modos, no me puedo quejar: confieso que todo me lo compensan esos ojillos rasgados que no me canso de mirar y que me cuentan más cosas que cualquier obra maestra de la literatura.

viernes, 2 de octubre de 2009

Mujeres en la Revolución Francesa. La Cinta Roja y María Antonieta

Tengo que empezar diciendo que me apasiona la novela histórica, claro que eso no debe ser de extrañar, ya que con este género ocurre que, ya antes de empezar a escribirse un libro, tiene ganada mucha ventaja sobre cualquier otro que sea pura ficción, porque ya sabemos que la realidad, en muchos casos supera a lo que un autor es capaz de tramar e imaginar y siempre será más fácil desarrollar un argumento cuando tenemos como base un hecho históricos que son ya es de por sí apasionante, que tener que inventar una historia completa con sus personajes y su trama para tratar de atrapar la atención del lector.
Hay épocas, personajes y hechos históricos que son tan atractivos de por sí, que un buen escritor sólo tiene que reflejarlos sobre el papel tal y como ocurrieron para tener una novela, cuanto menos, interesante. Si, además, el escritor cuenta con un poco de talento, pues ya estamos enganchados al libro, sin duda.
Este es el caso del primer libro del que quiero hablar: "La Cinta Roja" de Carmen Posadas . Se trata, en mi opinión, de una excelente novelista, tiene un estilo ágil, trata temas que son sumamente amenos y construye fantásticamente sus personajes, que suelen aunar glamour, misterio y originalidad a partes iguales, lo que hace que la lectura de sus libros sea muy grata y enganchan de principio a fin. He leído varias obras suyas: “Cinco moscas azules”, “Pequeñas infamias”, “La Bella Otero”, "El buen sirviente". Todos me han gustado. Tengo, además, en mi lista de lecturas pendientes el libro que ha escrito junto con su hermano Gervasio “Hoy caviar, mañana sardinas” en el que cuentan sus días de infancia como hijos de diplomáticos de país en país y de cóctel en recepción, centrándose en gran medida en el aspecto culinario del asunto, dado que esta es el campo profesional de Gervasio.
De igual manera que las anteriores, “La Cinta Roja” no me ha decepcionado en absoluto, ya que narra una historia apasionante de una española (Teresa Cabarrús) que vive en París desde el inicio de la Revolución francesa conviviendo diariamente con alguno de sus protagonistas más destacados. La novela narra su llegada a la capital a donde la envía su familia a buscar un buen marido, su integración en el frívolo mundo de la aristocracia de la época donde se convierte en una de sus más destacadas figuras y su caída en desgracia con la llegada de la Revolución Francesa que la lleva a la cárcel rea de la guillotina.
El libro está estupendamente ambientado y documentado, y me lleva, necesariamente, a recordar otra obra que había leído previamente: “María Antonieta” la biografía de la reina francesa escrita por Antonia Fraser: un libro ante el que se puede dudar ¿500 páginas para hablarme de un personaje que está ya más que trillado en la literatura, el cine, etc? pero que es un auténtico placer de lectura ya que trata de manera muy profunda y documentada la vida y personalidad de una mujer que, creo yo, no se conoce demasiado. Es uno de esos personajes históricos de los que sólo vemos su imagen más tópica: que era considerada una inconsciente, derrochadora, frívola, enemiga del pueblo, lo que causó su caída en desgracia junto con la de su marido, el rey Luis XVI, lo que les llevó a perecer bajo la hoja de la guillotina.
Pero la biografía de Antonia Fraser nos muestra a una adolescente que es enviada por su madre, María Teresa de Austria, a casarse con un extranjero y convertirse en reina de un país desconocido para ella en el que es utilizada por su hermano Francisco I de Austria como instrumento político. Vemos cómo va haciéndose un sitio en la corte francesa donde nunca llaegó a ser amada por sus súbditos, siempre fue “la austriaca” y con el paso del tiempo pasa de ser una niña inmadura y caprichosa a una madre amorosa y serena que acaba sus días manteniendo su dignidad hasta el final en la más terrible oscuridad de los momentos de máxima violencia del Terror de la Revolución Francesa.
Este libro sirvió de base para la película de igual título dirigida por Sofia Coppola, si bien esta se centró principalmente en los años brillantes de la vida en la corte. La película puede resultar lenta y fría ya que se recrea mucho en los aspectos más estéticos y fastuosos de la vida de esta reina dando por supuestos muchos de los acontecimientos que ocurren a lo largo de la trama, no es una película en la que se “cuente” la vida de María Antonieta, en la que “pasen” cosas, pero me parece que la directora, tras haber leído la obra de Fraser, ha llegado a conocer el corazón de la mujer que hay detrás de la reina y quiere reflejar lo que siente y desea, tratando de ignorar los acontecimientos históricos que ya todos conocemos y que se han contado en decenas de películas, centrándose sólo en los sentimientos y pasiones de la mujer que trata de olvidar su papel político como reina de Francia sometida a las presiones de su familia austriaca y al rechazo de su pueblo y sólo quiere disfrutar de la vida, sin imaginar la oscuridad en la que la sumirían los acontecimientos que estaban por venir.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Vuelta al cole (2)


Sólo una anécdota sobre la vuelta al cole de la semana pasada: mi hijo no iba precisamente lo que se dice muy convencido: hasta el sábado inmediatamente anterior había estado de vacaciones en la playa y, encima, con los abuelos (léase: el paraíso en la tierra) así que no se la veía muy emocionado con la idea de sacudirse la arena de los pies para volver al cole, además de que un nuevo curso (3º de primaria, en este caso) siempre es algo nuevo y desconocido y, seguramente desde su perspectiva, se presume infinitamente más difícil que el que ya se tiene superado. Así que con ese ánimo poco prometedor entró mi hijo en el cole a las 9:00 hs.

A las 13:00 hs. lo esperaba en la puerta: salió con una sonrisa de oreja a oreja y lo primero que me dijo fue: "¿Sabes mamá? ¡Ya me he acostumbrado a 3º!" Y eso sólo en cuatro horitas de nada; no sé hasta donde podremos llegar cuando pasen unas semanas, pero con esa extraordinaria capacidad de auto-motivación se prometen éxitos escolares en el horizonte.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Vuelta al cole

Hoy volvemos al cole, ¡por fin! y el jueves empezamos el instituto. Mucho ánimo a todos y a tomárselo con humor. Para eso Mafalda nunca falla.










Una idea para los profes, por si ayuda:



Aunque algunas sí que van motivadas al instituto:




miércoles, 9 de septiembre de 2009

Bibi, un libro viajero

Era un libro precioso, encuadernado en tela amarilla, como hoy día ya no se hacen, de un tono amarillo huevo pálido y en mitad de la portada, grabado en azul marino, un corazón del que salía una flor. Debajo aparecía escrito Bibi, nada más. En el lomo figuraba el nombre de la autora: Michaelis luego, de nuevo, el título: “Bibi” y en la parte baja “Juventud” y un número, el 11; entiendo que el volumen debía pertenecer a una colección de libros juveniles del que sólo sobrevivió éste que corresponde a la edición de 1960.

El libro llegó a mis manos en alguno de los envíos que, con cierta regularidad, mi madrina me hacía llegar según mis primas mayores iban creciendo y supongo que en aquellos años, finales de los setenta, principios de los ochenta, los cuentos iban siendo desplazados en las estanterías de aquellas cuatro jovencitas por discos de Pink Floid y cómics de Mafalda. Así que, de vez en cuando, aparecían por casa cajas con libros de lo más variado, pero yo sólo recuerdo éste, el de Bibi. Aún conserva en su primera página el nombre de una de mis primas escrito una preciosa caligrafía infantil.

La historia que cuenta el libro es de por sí fascinante: son las peripecias de una niña danesa, hija de un jefe de estación, que ha intercambiado su nombre (Ulla) con el de una compañera de clase, porque está segura de que Bibi le sienta mucho mejor. La niña se siente más atraída por subirse a los trenes y viajar por su cuenta colándose en los vagones de ganado que en asistir a la aburrida escuela de la que, total, ya la han expulsado en tantas ocasiones... eso sí: tiene prometido a su padre que no dejará de escribirle, esté donde esté, contándole todo lo que le sucede y esas cartas que envía, llenas de preciosos dibujos, que, por supuesto, ilustran el libro, son la base del relato, a través del cuál Bibi conoce a la misteriosa familia de su difunta madre, unas personas terribles “que le cortaron la mano a su hija por hacer un bodijo con un jefe de estación” según lo que ella tiene entendido.
Al igual que la protagonista que viaja a todo lo ancho y largo de Dinamarca, lo mismo en tren que en carromato de bueyes, creo que mi libro tiene ansias viajeras: por dos veces escapó de mis manos y en ambas ocasiones lo conseguí recuperar. La primera vez ocurrió cuando mi madre, estando yo estudiando en la universidad, consideró razonable hacer limpieza de mis viejos cuentos y novelas de Enyd Blyton y demás y cargó varias cajas con ellas para hacérselas llegar a las hijas de mis primas, aquellas de las que yo misma había heredado tantos libros a lo largo de mi infancia. Pues a aquellas alturas de la vida ellas tenían ahora niñas pequeñas y mi madre consideró lógico hacerles llegar mis cuentos infantiles, y allí se marchó Bibi, de vuelta a manos de la hija de aquella niña cuyo nombre figuraba en la primera página.

Pasaron algunos años antes de que yo echara en falta aquel libro en concreto, tenía por entonces muchas cosas que hacer: acabar mis estudios, descubrir nuevas lecturas... pero un día, por lo que sea, me acordé de Bibi. Tras tratar sin éxito de encontrar un nuevo ejemplar en alguna librería, recurrí a mi prima y logré que el libro volviera a mí; tuve suerte: seguramente a nadie le había impresionado tanto como para negarse a devolvérmelo.

Algunos años más tarde, y ya viviendo el libro en la estantería de mi propia casa, hablé de él con una amiga, también lectora voraz y amablemente me ofrecí a prestárselo (nunca me he negado a prestar libros, pero tengo una memoria fatal para ello, por lo que estoy segura de que no he recuperado ni la mitad de los que he prestado, sencillamente suelo olvidar a quién se los dejo) Pero con Bibí las cosas nunca son sencillas, sé que tiene ese afán viajero y, ¡cómo no!, ocurrió que esta amiga decidió redecorar su vida y volverse a vivir a su ciudad de origen y, claro está, metió en sus baúles mi libro de Bibi. Con toda la delicadeza que fui capaz de desplegar, en una ocasión en que surgió el tema hablando con el que había sido su marido, dejé caer el asunto de que me encantaría poder recuperar el libro, y aprovechando que estaban aún en esa etapa del “me devuelves esto y a cambio yo te doy aquello” logré, por segunda vez, que Bibi volviera a casa de regreso de un viaje, ¡esta vez después de haber cruzado incluso el mar!

Y desde entonces he tratado de cuidarlo con cariño, se lo he leído a mis hijos que se quedan fascinados con la historia de esa niña que viaja sola por el mundo, ellos que no han cruzado nunca la calle sin la compañía de un mayor. Nos encanta ver los dibujos tan detallados de las granjeras con sus trajes de fiesta que llevan hasta diez faldas distintas, una encima de otra, y se emocionan cuando Bibi visita el cementerio donde está su madre y ve a ese matrimonio vestido de negro sentado en su banco junto a su tumba porque ellos adivinan que son los abuelos de Bibi aunque ella ni lo imagina.

Para terminar, y por si alguien, tras leer esta crónica del libro viajero sintiera curiosidad por hacerse con un ejemplar, siento mucho desilusionarle: está absolutamente descatalogado, lo comprobé en aquella primera ocasión en que el libro escapó de mis manos y traté de sustituirlo por otro pero descubrí para mi desgracia que no se ha vuelto a editar, Juventud lo tiene como “no disponible” en el registro del ISBN, por lo que no habría más posibilidad que investigar en libreros de viejo por si hubiera algún ejemplar revoloteando aún por ahí (o más bien cogiendo polvo en algún estante fuera del alcance de la mano) o si no pueden preguntarle a Ana María Matute que tal vez conserve el suyo, el que leía de pequeña, o tal vez no fuera ella sino la pequeña Adriana, protagonista de su última novela “Paraíso inhabitado” que tiene entre sus ídolos literarios a la pequeña danesa de trenzas rubias. ¡Lo que es la vida! Bibi fascinaba a las niñas españolas de los años 30 y estoy segura de que setenta años después podría seguir haciéndolo con los niños de hoy día, si alguien se decidiera a reeditarlo.

martes, 1 de septiembre de 2009

Mis lecturas de este verano

- Paraíso inhabitado. Ana María Matute. Preciosa novela sobre la infancia en los años 30, llena de fantasía e inocencia.
- La cinta roja. Carmen Posadas. Interesante aproximación a la Revolución francesa desde la perspectiva de una mujer de origen español que trata de mantenerse a flote en una época llena de turbulencias. Bien documentada y muy agradable de leer, como todas las de la autora.
- Summer Crossing. Truman Capote. Novela corta de relaciones tumultuosas en el tórrido verano de Manhattan, años 50.
- Mille anni che stò qui. Mariolina Venecia. (Ver artículo)
- Notes from an Exhibition. Patrick Gale. El oscuro pasado de una mujer, pintora y madre de familia algo particular con trastornos psicológicos sale a la luz tras su muerte.
- Nuova grammatica finlandese. Diego Marani. La soledad de un hombre que pierde su memoria, su pasado y olvida hasta su idioma. - La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Junot Díaz. (Ver artículo)
- Crepúsculo. Stephanie Meyer. Porque hay que haberla leído, uno de los fenómenos de la temporada. Novela vampírica para adolescentes. Lectura fácil para la playa.
- Luna nueva. Stephanie Meyer. Como es fácil de leer, he seguido con el segundo volumen, pero que además de los vampiros ahora aparezcan los hombres lobo me parece ya un tanto forzado, o será que tengo 20 años más de los que debiera para engancharme a la serie.
- La novela de la antigua Roma. Steven Saylor. (Ver artículo) Por su extensión, estilo y temática histórica, me recuerda a “Los Pilares de la Tierra” Relato novelado de la primera etapa de la ciudad de Roma, desde su fundación hasta el fin del Imperio. Amena e informativa.

lunes, 31 de agosto de 2009

Leyendo sobre Roma







Estoy leyendo estos días “Roma. La novela de la Antigua Roma” de Steven Saylor, novela que narra de manera muy amena, a la vez que intensamente documentada, la historia de la ciudad de Roma, desde sus primeros fundadores hasta el fin del Imperio y me está sirviendo para revivir mi viaje a la que, para mi gusto, es la ciudad más bella del mundo, la Ciudad Eterna, porque no hay otro sitio donde puedas pasear sin necesidad de llevar guía, ni de planificar rutas, sólo dejarte llevar por sus calles y plazas, refrescarte en sus surtidores (nasoni) (instrucciones de uso: aquí ) siempre abiertos, perderte por sus callejones y tomar una pizza en cualquier esquina, porque, será que la pasión me ciega, pero en Roma todas las pizzas son deliciosas, todos los helados son sabrosos y no hay un spresso que defraude, si bien, tengo que recomendar, como el mejor café que he probado nunca, el que me sirvieron en el barecillo instalado en lo alto de la azotea de la Basílica de San Pedro, el que hay antes de emprender el ascenso por escalera a lo alto de la cúpula: un ristretto de verdad (apenas dos dedos de café) pero cuyo sabor aún hoy recuerdo como el auténtico sabor de Roma, junto con el de la ensalada de rúcula omnipresente.
Pasearse por los foros romanos es revivir la historia antigua, es un milagro que haya sobrevivido algo de los antiguos monumentos, si tenemos en cuenta que durante mil años los restos de estos edificios han sido utilizados como fuente de aprovisionamiento de materiales para las construcciones posteriores, los mármoles y materiales nobles, lógicamente, han ido desapareciendo para ser reutilizados en viviendas y edificaciones desde la época medieval,(un ejemplo es la puerta de bronce de la Basílica de San Giovanni Luterano que fue trasladada allí desde el antiguo edificio de la Curia, donde se reunían los senadores, o la famosa Bocca Della Verità que hoy decora la entrada de la iglesia de Santa Maria Cosmedin, para deleite de cualquier turista que se precie de tener una de las fotografías “de obligado cumplimiento” en Roma y cuyo origen pudo ser una tapa de la cloaca Maxima) e incluso el resto de materiales más humildes han sido reciclados a lo largo de los siglos por lo que los restos que hoy podemos disfrutar no son más que los supervivientes de estos expolios. Así y todo y sin necesidad de utilizar uno de esos libros con transparencias en las que se muestra el hoy y el ayer de las ruinas, podemos imaginarnos las calzadas romanas llenas de carros de mercaderes, de hombres con túnicas y mujeres con sus moños adornados con cintas y sus sandalias de cuero, que se cruzan en nuestro camino según vamos recorriendo los distintos enclaves que un día fueron el centro de la ciudad que constituía a su vez el centro del mundo.


Pero en Roma también hay más cosas. Roma es barroco y neoclasicismo, iglesias colosales, pequeñas capillas que esconden retablos magníficos, palazzos con sus portales monumentales, edificios rojizos y amarillentos que hacen cambiar el color de la luz del aire según avanzan las horas del día, para mí no hay como pasear por la zona de Navona, Campo dei Fiori, Piazza Venezia... cualquier edificio, cualquier capilla son inspiradoras. Sólo hacen falta unos conceptos mínimos de Historia del Arte y amor por la belleza de la arquitectura clásica, para poder pasar sin cerrar la boca del asombro durante muchos días seguidos recorriendo esta ciudad que jamás cansa y que siempre descubre secretos, historias y leyendas que enriquecen aún más las bellezas que contemplamos.
Planeo en un futuro no muy lejano volver a repetir la experiencia viajera y esta vez me gustaría hacerlo acompañada de mi hija, se lo tengo apalabrado, porque no creo que puedan transmitirse las sensaciones que provoca Roma sin pasear por sus calles y quiero compartir con ella todo lo que a mí me hace sentir esta ciudad, así que le voy a dar tiempo para que vaya adquiriendo unos conocimientos mínimos de Arte e Historia para que pueda disfrutar más todo lo que vea, además de buscarle la película “Vacaciones en Roma” que seguro que le encanta y cualquier día cogemos un avión y nos plantamos ante el Panteón que lleva 2.000 años recibiendo a los visitantes que quedan embobados al alzar sus miradas al óculus del techo y en ese mismo momento tienen la seguridad de que han llegado al centro del mundo.

martes, 25 de agosto de 2009

La Maravillosa vida breve de Óscar Wao




Lo que en un principio me atrajo hacia este libro era la premisa de conocer el punto de un dominicano viviendo en NY. Esta ciudad me atrae, tanto literariamente como turísticamente, desde las novelas de Edith Wharton hasta Paul Auster, tengo debilidad por atacar cualquier obra que se desarrolle en Manhattan y sus alrededores y esa fue la primera razón por la que me lancé con entusiasmo a la lectura de este libro. Pero, para mi sorpresa, podría decir que la historia que se cuenta aquí es pura República Dominicana, incluso la parte que se desarrolla en la gran manzana no deja de ser dominicana porque sus protagonistas lo son, y aunque ellos han salido hace tiempo de la isla, la isla no ha salido de ellos, y, lógicamente, vuelven a ella constantemente y aún habiendo nacido en los Estados Unidos, no dejan de pensar y actuar como dominicanos que son.

Pero no significa todo esto que me sienta defraudada por no haber encontrado exactamente lo que esperaba al principio, al contrario, me parece fantástica la forma de contar, a través de la historia de la familia, los acontecimientos más destacados del pasado siglo en esta isla que la mayoría de nosotros conocemos actualmente por sus maravillosas playas y enclaves turísticos (reconozco que, desde ese punto de vista, es otro de mis amores viajeros) pero que nos es generalmente desconocido el negro, negrísimo pasado que esta gente tuvo que sufrir bajo la cruel dictadura de Trujillo que es contada con lujo de detalles escabrosos en la novela, yo diría que toda la historia se basa en eso, en recordar y tratar de entender cómo el país pudo estar sometido a tan sanguinario dictador y cómo lo han superado las generaciones actuales, si es que lo han hecho y qué queda aún de esa cultura de crimen y violencia en la actualidad.

El gran contraste entre la cultura americana de Óscar, el protagonista, absolutamente inmerso en su mundo de manga japonés, literatura fantástica y cine y cómics de ciencia ficción y los instintos primitivos que dominan la isla bajo el terror de Trujillo, no es tal contraste en realidad, porque en ambos mundos los malos son muy malos, los héroes casi nunca triunfan y al fin y al cabo, la principal obsesión de todos es rapar con jevitas, que algunas cosas no cambian jamás.

En cuanto al estilo narrativo, es enormemente original: el inglés y el dominicano se mezclan de forma natural, los diálogos son tremendamente vivos y destacan los supuestos pies de página que no son realmente notas del traductor, como puede parecer, sino comentarios al margen del propio narrador de la historia que se detiene con mucha frecuencia a aclarar puntos que considera importantes sobre hechos concretos o personajes del país dominicano que ayudan a entender mejor la narración, siempre dejando claro que estos comentarios se hacen desde su personal punto de vista, absolutamente subjetivo, sin tratar de ocultar su opinión personal ni suavizar la realidad.

Lectura fresca e intensa, que me hace reflexionar sobre la alegría, la generosidad y la hospitalidad que muestran los dominicanos cuando te reciben como huésped en su país, su permanente sonrisa que no deja ni por asomo mostrar ese negro pasado del que aquí se habla, lo que da más mérito al esfuerzo que hacen por agradar a los que los visitamos con la idea de pasar una corta temporada en el paraíso. Ahora que lo miro desde este nuevo punto de vista lo valoro todavía más.

lunes, 3 de agosto de 2009

Mille anni che sto qui.





Con los calores que sufrimos en estos días sospecho que la última novela que acabo de leer, “Mile anni che sto qui” de Mariolina Venecia, no sea la más apropiada para comentar, dado que hay obras como esta que tienen la capacidad de transportarte al paisaje donde se desarrollan, de introducirte en su atmósfera que en este caso es el sur más seco de la Basilicata italiana donde la familia Falcone vive y sufre desde la época de la reunificación hasta el tiempo presente, siempre en medio de ese paisaje seco, árido, donde incluso las personas son así, secas, difíciles de tratar. La novela tiene puntos de realismo mágico donde las pasiones exaltadas y los caracteres extremos dan lugar a situaciones trágicas y destinos dramáticos.
Esta sensación de calor y aridez a la que me refiero la sentí igualmente leyendo, por no salir de Italia, “Cristo si è fermato a Eboli” de Carlo Levi, donde, literalmente, podía sentir las nubes de polvo recorrer las tristes calles del pueblo. Esta capacidad de traspasar las páginas de un libro y adentrarme en su ambiente, como el frondoso jardín de los Fizi-Contini (Giorgio Bassani) porque no todo va a ser cálido sur, es lo que me atrae de algunas obras, que me permiten transportarme en el tiempo y el espacio a otros lugares y sentirme cerca de los personajes, no sólo a nivel de empatía emocional, sino incluso de sensación física de compartir el espacio geográfico, la temperatura y el clima.
Tal vez sería más aconsejable, por tanto, comentar, por ejemplo, “Crepúsculo” de Stephenie Meyer, que también he terminado por estas fechas, aunque confieso que lo he hecho casi por obligación, por no tener que “confesar” ante nadie que no conocía aún esta saga ya mítica, sobre todo entre los más jóvenes; eso sería algo así como confesar que no he leído ningún Harry Potter (reconozco que sólo he leído el primero y que no me disgustó, si bien tampoco me he enganchado como para seguir con la serie, aunque tengo en casa algún otro volumen de la serie, aunque más bien destinados a mis hijos en un futuro no muy lejano)




Pues como decía antes de perderme en esta digresión, “Crepúsculo” es una novela con un ambiente húmedo y sombrío, y no me refiero a la trama del libro, sino al entorno natural en el que se desarrolla la historia: un pueblo costero en el lluvioso estado de Washington, al noroeste de EE.UU. en el que apenas brilla el sol (sospechosamente adecuado para albergar a una familia de vampiros) Aunque sólo fuera por este refrescante escenario esta podía ser una novela adecuada para recomendar en esta temporada, pero no sé si será suficiente argumento para hacerlo.
En cualquier caso, creo que para la temporada en que nos encontramos me conviene buscar pronto otro destino literario más fresco y frondoso que el sur de Italia. Tal vez me convenga volver a intentarlo con “Luna nueva”, segundo volumen de la saga vampírica, allí seguro que no ha dejado de llover y dado que es una lectura fácil, seguro que no me hace sudar. Lo voy a intentar, aunque sólo sea por razones climáticas.

miércoles, 29 de julio de 2009

El primer paso

Estas son las primeras líneas de mi nuevo blog, "Mis libros y mis cosas". Hace ya algún tiempo comencé otro con el mismo nombre pero, lo confieso, lo dejé morir. Ahora quiero reatacar de nuevo, abrir este nuevo espacio donde hablar, básicamente, de los libros que he ido leyendo, de los que me gustaría leer y, sobre todo, los que me han ido gustando (y los que no tanto), no necesariamente las últimas novedades, pero al igual que me gusta consultar las opiniones que otros lectores dejan en otros sitios sobre sus lecturas pienso que debo devolver algo y dejar yo también mis impresiones, mis recomendaciones y mis opiniones que, por supuesto, no tienen ningún valor más que el de mi propio gusto personal y mi subjetividad absoluta.
Espero persistir en el intento y llenar estas páginas de cosas y cositas... he de confesar, eso sí, que sé que el tema de mis artículos no va a ser exclusivamente literario, estarán mis libros pero también "mis cosas", teniendo en cuenta que, además de lectora, soy madre de dos niños, que pronto serán tres, seguro que mis recomendaciones para lecturas infantiles y juveniles derivarán en ocasiones hacia otros temas más prosaicos y más relacionados con la crianza y la educación, o al menos del intento que hacemos por sacarlos adelante... ya veremos en qué acaba todo esto. Lo importante es que he empezado y ya sabemos que todo camino comienza con un primer paso, aquí está el mío.