viernes, 24 de abril de 2026

Le otto montagne (Las ocho montañas)

En "Las ocho montañas" el autor italiano  Paolo Cognetti logra plasmar toda la serenidad y el estoicismo que que transmiten sus personajes al vivir sometidos a la poderosa Naturaleza de los Alpes que, por comparación, terminan por dejar en poca cosa todos los problemas mundanos por los que transitan los protagonistas. 

Uno de estos protagonistas es Pietro, un joven milanés, hijo único y, tal vez por ello, con una intensa relación con sus padres; estos proceden del Véneto, donde frecuentaban los montes Dolomitas. Ahora, trasladados a la bulliciosa Milán, la ciudad les agobia y desean volver a escapar a espacios abiertos, subir montañas, respirar aire puro y enfrentarse a duras escaladas. Descubren así la zona  de los Alpes occidentales, con montañas más elevadas y amenazantes que los Dolomitas, con picos permanentemente nevados; allí el padre disfruta en su afán por alcanzar las cimas más inaccesibles, batirse contra la montaña en su actividad favorita de la que el pequeño Pietro participará con entusiasmo para poder acercarse a su padre; juntos estudian los mapas, trazan rutas y suben las más altas montañas del entorno, compartiendo la fascinación por los glaciares y sus capas de hielo antiguas deslizándose imparable año tras año. Éste se convierte en el plan perfecto para las vacaciones de verano que les cargan las pilas para afrontar el resto del año en la ciudad. 

Con el tiempo, también el deseo de agradar al padre irá desapareciendo en Pietro y el chico, ya convertido en joven, dejará de acompañarle en sus subidas al monte. Cuando Pietro sea ya un adulto y el padre no esté, descubrirá que finalmente él mismo ha terminado convertido, en cierta manera, en lo que fue su padre, amando todo aquello que él amaba: la montañas, los glaciares, la soledad de la cumbre. Entenderá lo que le hacía disfrutar en esas inacabables marchas en soledad hasta lo más alto de las montañas que le aliviaban de su eterna rabia y su furia contra el mundo.

En uno de esos pueblos de montaña donde encontrarán una casa para pasar los veranos, Pietro conocerá a Bruno, un chico de su misma edad que se ocupa de cuidar las vacas de su tío y con el que trabará una amistad que se prolongará en el tiempo. Si bien sus orígenes sociales y las circunstancias los acabarán separando al crecer, cuando Pietro continúe con sus estudios y Bruno permanezca trabajando en el campo, más adelante recuperarán el contacto y acabarán convertidos en una especie de hermanos que comparten la vida en la montaña, cada uno a su estilo. 

Todo en este libro gira en torno a la relaciones humanas: a la estrecha conexión con la madre; a la compleja relación con el padre, con vaivenes que pasan de la admiración al desapego, del deseo de importar al enfrentamiento frontal para volver a la identificación en la madurez. Y sobre todo nos habla de la amistad entre Pietro y Bruno, en la capacidad de compartir el silencio y la soledad de las cumbres con alguien a quien no te pareces en nada pero que se convierte en tu más estimado compañero de vida.

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