La novela nos presenta a la joven Libby Jones que acaba de cumplir los veinticinco años y entra en posesión del fideicomiso de la herencia de sus padres biológicos; se trata de una valiosa vivienda en Cheyne Walk, en el lujoso barrio londinense de Chelsea, donde residió la familia Lamb y donde fueron instalándose otras personas de lo más extraño hasta que el domicilio se convirtió en una especie de comuna de vida alternativa y ecológicamente consciente. La experiencia terminó con el suicidio de los padres de Libby, que por entonces era un bebé llamado Serenity Lamb que acabó siendo adoptado por otra familia, y la desaparición de sus hermanos adolescentes de los que no se ha vuelto a tener noticia.
Libby necesita conocer la verdad de lo que ocurrió con su familia de la que ella fue la única superviviente y para ello cuenta con la ayuda de Miller Roe, un periodista que hace algún tiempo realizó un reportaje de investigación sobre la extraña muerte de los Lamb.
Paralelamente, vamos a ir conociendo los hechos ocurridos entre finales de los años ochenta en la casa de Cheyne Walk, a las personas que se reunieron bajo su techo, tanto adultos como adolescentes e iremos descubriendo, al tiempo que lo hace Libby, las complejas relaciones que se establecieron entre ellos y los hechos que culminaron en el drama inexplicable que marcó las vidas de todos ellos. Y es que veinticinco años no han sido suficientes para borrar la huella de todo aquello y los supervivientes de la tragedia están dispuestos a recuperar la vida que perdieron.
La lectura está trufada con intriga y suspense adecuados; los personajes son algunos más potentes que otros y el propio escenario de la casa cuenta con un peso sustancial en el argumento, si bien ha de decir que la historia culmina con una resolución poco creíble. Pero también es cierto que me ha hecho pasar un buen rato entretenida en su lectura. Le daremos un aprobado alto en esta ocasión.






