"Cuando todo cambió" es una entrañable novela en la que Donna Milner nos presenta el relato de Natalie Ward, una niña que vive en una granja lechera en Atwood, un pueblito al sur de Canadá, cerca de la frontera de Estados Unidos. Corren los años 60 pero a la granja Ward el ruido del mundo exterior llega bastante amortiguado, ni siquiera el cachambroso televisor en blanco y negro ante el que se reúne la familia por las noches supera al interés Natalie por los libros que Boyer, su hermano mayor, le lee por las noches o las palabras que le enseña o las historias que le cuenta. Natalie es tan feliz como cualquier niña amada lo puede ser, Boyer es su referente, su hombre ideal, al que adora más que al propio padre, un hombre trabajador y honrado; está también su hermosa madre, Nettie, a la que admira y todos quieren como el sol en torno al que gira toda la familia, e incluso los hermanos medianos, los inseparables Morgan y Carl que no paran de burlarse de ella en su inconsciente jovialidad, son parte ese mundo perfecto en el que Natalie crece. La granja es su paraíso, la suya es una familia perfecta, pero algo ocurrirá que romperá ese mundo ideal. Por ello, cuando nos encontramos en otra línea argumental con Natalie bastantes años después, alejada hace tiempo de Atwood y de sus habitantes, nos resulta difícil establecer una conexión entre aquella niña tan segura y feliz, y la adulta que nos cuenta su historia pasada, una mujer que acumula fracasos sentimentales y desilusiones, temerosa de la vida y sobre todo de regresar al lugar donde en un pasado fue tan feliz hasta el día en que su familia se quebró.
Pero lo cierto es que Natalie no puede evitar volver Atwood cuando su hija le informa de que Nettie, su madre, está a punto de morir. Mientras realiza el trayecto en autobús hasta el pueblo va recordando aquel tiempo feliz de su infancia antes de que todo cambiara. Ese largo viaje por carretera la lleva inexorablemente de regreso a un pasado que ha tratado de borrar, donde tantas cosas quedaron sin explicar y tantos silencios cubrieron las relaciones de la familia. Tendremos que avanzar en la lectura para descubrir el secreto que los separó para siempre y al que Natalie no se ha podido enfrentar hasta entonces.
La narración se centra principalmente en el tiempo pasado, en la idealizada infancia donde todo son descubrimientos y donde la niña crece rodeada de seguridad, contando con el más perfecto respaldo familiar que una niña puede desear. La aparición de River en la granja, uno de tantos jóvenes estadounidenses que en aquella época cruzaban la frontera para evitar el reclutamiento forzoso durante la guerra de Vietnam, será el detonante para que el mundo que hasta entonces conocía Natalie cambie para siempre. Con River llegan a la granja los ecos de una guerra lejana, las reflexiones sobre el pacifismo, el amor libre, los Kennedy y el despertar del amor adolescente en la joven Natalie. Y a partir de ahí nada volverá a ser igual (No en vano, el título original de la novela es "After River", esto es: "Después de River")
La novela está contada con una sensibilidad extraordinaria. El relato de la infancia de la protagonista es realmente encantador, nos traslada a un mundo en plena naturaleza, a una familia trabajadora y unida, a las ilusiones de la pequeña, ansiosa por aprender y por crecer. Se nos hace difícil pensar que esa felicidad se quebrará, por lo que cuanto más encantados estamos de la vida ideal que se nos muestra más lamentamos el saber que pronto todo aquello saltará por los aires para siempre. Y aunque en definitiva el gran secreto oculto no es nada especialmente original, porque casi siempre los secretos familiares se parecen bastante y giran en torno a los mismos temas, sin embargo la intriga se nos dosifica de manera adecuada, los hechos están muy bien contados, la ambientación es cautivadora, los sentimientos están bien plasmados: el dolor, los remordimientos, las confesiones aplazadas durante tanto tiempo y la añoranza por lo que fue aquel hogar, de manera que cuando conocemos el drama estamos ya enamorados de nuestros personajes y sufrimos sus pérdidas y sus conflictos con intensidad. Y parecerá raro que diga esto, pero cuando al final de la historia la familia se reúne, las heridas se cierran y las palabras no dichas descubren una nueva realidad que reconduce las relaciones, me ha parecido que todo culmina de forma demasiado novelesca, que el círculo se cierra de manera demasiado perfecta, en un final donde absolutamente todas las piezas encajan. Y ya sé que para muchas novelas no hay nada como un final feliz, pero es que como la vida no siempre es así (en realidad casi nunca es así) a veces parece que rechinan un poco estos finales sin un solo hilo suelto, sin un solo fallo en el argumento, donde absolutamente todo se pone en su sitio correcto, donde todos se perdonan y todo se comprende. En fin, que no tengo perdón, que le pongo pegas hasta a los finales felices. ¡Hay que ver cómo soy, que nunca puedo estar contenta del todo!
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viernes, 27 de marzo de 2015
miércoles, 22 de enero de 2014
Canadá
Vamos a ver cómo hago esto. Se supone que me encuentro aquí, ante una página en blanco de mi blog, dispuesta a hacer una crítica de una novela que aparece en la práctica totalidad de las listas de mejores libros del año 2013, de los más recomendados, y no solamente a nivel nacional, razón misma por la que me dispuse a leerla en cuanto cayó en mis manos. Y resulta que, a pesar de ello, lo primero que puedo decir de este libro de Richard Ford, de título Canadá, así, a grandes rasgos, es que no me ha gustado demasiado, que me he aburrido en ocasiones, que lo he encontrado reiterativo y lento y que estaba deseando terminarlo. ¿Con qué cara vengo yo a llevarles la contraria a todos los grandes críticos literarios de este país y de parte del extranjero? Pues no me queda otra que hacerlo así, sin paños calientes. Y me da rabia, porque esperaba bastante de esta novela, entre otras razones, aparte de las excelentes críticas, porque aún recuerdo vagamente lo mucho que me gustó la única novela que, hasta el momento, había leído de este (muy afamado) autor norteamericano: El día de la independencia. Pero ninguno de estos antecedentes positivos han logrado que pueda decir que la lectura haya estado a la altura de mis expectativas.
El problema con el libro comienza en las primeras páginas. Desde el principio el propio narrador, Dell Parson, un adolescente con sueños e ilusiones que nos apetezcan que se cumplan, porque el chico se hace de querer enseguida, nos cuenta que todo empezó cuando sus padres atracaron un banco y que luego vino lo de los asesinatos. Y tras este prometedor inicio y durante unos cuantos cientos de páginas debemos asistir a una repetitiva descripción de los peculiares miembros de la familia, de su inestable situación familiar, primero por los continuos cambios de destino del padre, militar, y después, por los siempre fracasados intentos de triunfar en los negocios. El dibujo de los personajes y de sus relaciones queda bien definido enseguida y sin embargo la primera parte del libro se hace larga y carente de acción, a la espera del anunciado atraco que se hace de rogar. Durante muchas páginas no ocurre nada, solamente tenemos a los personajes comportándose como ellos mismos, sin nada que añada interés a la acción, solo esperando que ocurra lo que nos han anunciado. Y se hace larga esa espera.
Una vez comienza la segunda parte de la novela todo parece que se va animando un poco. Hay movimiento de los personajes, cambios de escenario, la vida del joven Dell da un vuelco total, pero pronto vuelve de nuevo a convertirse en una lectura lenta y sin progresión en la historia. Y eso que sabemos que es cuando viene lo de los asesinatos, pero ni así. Repetimos descripciones de paisajes y lugares que ya se nos han mostrado, aparecen nuevos personajes pero una vez presentados ya no aportan nada, son reflexiones sobre lo ya reflexionado. Así y todo, algo avanza la trama. Sólo la tercera parte del libro me ha resultado más entretenida, no sé si porque ya vislumbraba el fin o porque realmente cobra algo de viveza la narración. Lo cierto es que la historia, al menos, tiene un colofón donde las cosas se mueven y se colocan en su lugar definitivo y hasta nos queda la satisfacción de dejar a nuestro protagonista bien situado en la vida, a pesar de todo.
No suelo ser lectora que me amedrente ante novelas de introspección o en las que la acción queda en segundo plano frente a las descripciones, la prevalencia de los sentimientos o la profundización en la vida interior de los personajes; en ningún caso preciso asistir a una acción trepidante para que un libro me atraiga, con frecuencia me he regodeado ante una narración lenta y puntillosa, pero en este caso concreto diría que la historia se podría haber contado en la mitad de páginas. La indiscutible habilidad descriptiva del autor hace que en unas breves pinceladas te introduzcas en la ambientación, la personalidad de los protagonistas, sus relaciones personales, su forma de pensar y sentir, por lo que me ha resultado reiterativo en exceso. En ocasiones sentía deseos de poder gritarle al autor: "¡¡Todo eso que me vuelves a contar ya lo sé, ya conozco a esta familia como si fuera la mía. Haz el favor de ponerlos a hacer algo de una vez, mándalos ya a robar el dichoso banco y acabemos con esto!!"
Insisto en que cualquiera que lea esta reseña puede perfectamente echarse las manos a la cabeza y decir que no he entendido nada, que he dejado pasar una magnífica obra literaria, y supongo que tendrá toda la razón, pero cuando una novela no te llega, no te llega. ¿Qué le vamos a hacer? Así es como funciona esto de los libros.
El problema con el libro comienza en las primeras páginas. Desde el principio el propio narrador, Dell Parson, un adolescente con sueños e ilusiones que nos apetezcan que se cumplan, porque el chico se hace de querer enseguida, nos cuenta que todo empezó cuando sus padres atracaron un banco y que luego vino lo de los asesinatos. Y tras este prometedor inicio y durante unos cuantos cientos de páginas debemos asistir a una repetitiva descripción de los peculiares miembros de la familia, de su inestable situación familiar, primero por los continuos cambios de destino del padre, militar, y después, por los siempre fracasados intentos de triunfar en los negocios. El dibujo de los personajes y de sus relaciones queda bien definido enseguida y sin embargo la primera parte del libro se hace larga y carente de acción, a la espera del anunciado atraco que se hace de rogar. Durante muchas páginas no ocurre nada, solamente tenemos a los personajes comportándose como ellos mismos, sin nada que añada interés a la acción, solo esperando que ocurra lo que nos han anunciado. Y se hace larga esa espera.
Una vez comienza la segunda parte de la novela todo parece que se va animando un poco. Hay movimiento de los personajes, cambios de escenario, la vida del joven Dell da un vuelco total, pero pronto vuelve de nuevo a convertirse en una lectura lenta y sin progresión en la historia. Y eso que sabemos que es cuando viene lo de los asesinatos, pero ni así. Repetimos descripciones de paisajes y lugares que ya se nos han mostrado, aparecen nuevos personajes pero una vez presentados ya no aportan nada, son reflexiones sobre lo ya reflexionado. Así y todo, algo avanza la trama. Sólo la tercera parte del libro me ha resultado más entretenida, no sé si porque ya vislumbraba el fin o porque realmente cobra algo de viveza la narración. Lo cierto es que la historia, al menos, tiene un colofón donde las cosas se mueven y se colocan en su lugar definitivo y hasta nos queda la satisfacción de dejar a nuestro protagonista bien situado en la vida, a pesar de todo.
No suelo ser lectora que me amedrente ante novelas de introspección o en las que la acción queda en segundo plano frente a las descripciones, la prevalencia de los sentimientos o la profundización en la vida interior de los personajes; en ningún caso preciso asistir a una acción trepidante para que un libro me atraiga, con frecuencia me he regodeado ante una narración lenta y puntillosa, pero en este caso concreto diría que la historia se podría haber contado en la mitad de páginas. La indiscutible habilidad descriptiva del autor hace que en unas breves pinceladas te introduzcas en la ambientación, la personalidad de los protagonistas, sus relaciones personales, su forma de pensar y sentir, por lo que me ha resultado reiterativo en exceso. En ocasiones sentía deseos de poder gritarle al autor: "¡¡Todo eso que me vuelves a contar ya lo sé, ya conozco a esta familia como si fuera la mía. Haz el favor de ponerlos a hacer algo de una vez, mándalos ya a robar el dichoso banco y acabemos con esto!!"
Insisto en que cualquiera que lea esta reseña puede perfectamente echarse las manos a la cabeza y decir que no he entendido nada, que he dejado pasar una magnífica obra literaria, y supongo que tendrá toda la razón, pero cuando una novela no te llega, no te llega. ¿Qué le vamos a hacer? Así es como funciona esto de los libros.
viernes, 14 de septiembre de 2012
El quinto en discordia (La trilogía de Deptford 1)
La novela se cuenta en primera persona, en la voz de Dunstan Ramsay, profesor ya jubilado de Historia que nos relata cómo fue su relación de muchos años con el recientemente fallecido Boy Staunton, adinerado magnate de la industria y de cuya muerte se desconoce hasta el momento al autor. Lo cierto es que Dunstan se retrotrae a su infancia más tempran rememorando los primeros años de su amistad cuando ambos vivían en Deptford, un pequeño pueblito de Canadá donde todos se conocen, y cada uno tiene su lugar: Dun es hijo del editor local y Boy el hijo del rico del pueblo. El incidente, aparentemente inocente que ocasiona Boy al lanzar una bola de nieve que, por error, impacta en la cabeza de la señora Dempster,esposa del pastor, provoca que ésta se ponga de parto por adelantado y que el niño que nazca, Paul, sea una criatura débil y se tema por su vida. Este suceso marcará el ritmo de las relaciones entre los protagonistas de la novela, relación que se extiende a lo largo de varias décadas durante las cuales Boy desarrollará su faceta de rico industrial mientras que Dunstan se centrará en el estudio de la Historia y en sus dos grandes aficiones, casi obsesiones: la magia y el estudio de los santos católicos, algo bien alejado de la doctrina protestante en la que se educó. Toda la historia que se cuenta nos llevará hasta el momento en que Boy Stauton es asesinado y descubriremos los motivos que se ocultan tras su muerte.
Tengo que reconocer en Davies a un magnífico narrador, capaz de sumergirte en los ambientes que crea con una aparente sencillez de lenguaje, una fantasía y un humor sutil que impregnan toda su narración. La ambientación de sus historias te permite acercarte a los personajes y descubrir lo mejor y lo peor de la naturaleza humana sin que se juzgue por ello a nadie, simplemente mostrando a los personajes tal y como son, ellos mismos con sus actos muestran sus debilidades y fortalezas. Nos movemos a todo lo largo de la novela por distintos escenarios magistralmente dibujados: el pequeño Deptford que tanto me recuerda a aquel pueblo tan pintoresco de la película de ¡Qué bello es vivir! tanto en sus paisajes como en sus habitantes; el Canadá de principios de siglo, tan integrado en la Commonwealth que parece una provincia inglesa más, a pesar de la distancia geográfica; los países que recorre Dun en su peregrinar tras la pista de los distintos santos que investiga... Todos los lugares se nos presentan frescos y reales y en ellos se mueven los personajes contándonos su historia y dejándonos compartir sus avatares.
No dudaré en continuar con la lectura de los dos libros que completan la trilogía y que espero que me lleven a conocer más sobre de las vidas de los personajes que he conocido en este Quinto en Discordia. Lo cierto es que la historia promete, no hay duda de ello.
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