Con un peculiar e ingenioso truco narrativo que la autora denomina el tiempo alla veneziana, la historia de la familia Rosso discurrirá a lo largo de los siglos, comenzando el relato en torno a los años de esplendor de la ciudad a finales del siglo XV e irá avanzando a lo largo de 500 años de Historia, situando a los protagonistas en distintos momentos históricos; para Orsola y su creciente familia los años transcurrirán de manera natural: irán creciendo, casándose, teniendo hijos y muriendo cuando les corresponda, mientras que atraviesan la Historia a un ritmo acelerado y los encontraremos así en los años de la peste negra, en el paso de Napoleón por la ciudad, la ocupación austriaca, la unificación italiana, la llegada primero de los viajeros del Grand Tour y más tarde del turismo masivo, pasando por las Guerras Mundiales para terminar de un salto en el 2019 con Orsola ya anciana al frente de una tienda junto a la piazza San Marco donde asistimos a fenómenos como el calentamiento global y Venecia hundiéndose irremediablemente bajo la peor acqua alta que haya conocido nunca la ciudad hasta la llegada de la epidemia de Covid. Y a lo largo del tiempo, junto a los eventos familiares de los Rosso y los amores y desamores de Orsola, iremos siguiendo la evolución de la artesanía del cristal de Murano, los cambios en el mercado, los gustos y las modas, las crisis, la adaptación a las circunstancias de cada momento, conservando y trasmitiendo la tradición y la maestría del trabajo de los artistas muraneses. Una original y entretenida lectura que nos permite disfrutar de los magníficos escenarios de Venecia y de la laguna véneta que la circunda a lo largo de los siglos.
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miércoles, 16 de julio de 2025
La maestra del vidrio
Tracy Chevalier es experta en situar la acción de cada una de sus novelas en momentos y circunstancias históricas cargadas de interés y en crear personajes femeninos que se enfrentan a las dificultades que todos los tiempos históricos, cada uno a su manera, han planteado constantemente al género femenino. La ación de "La maestra del vidrio" en concreto nos traslada hasta Venecia, la Ciudad del Agua, una urbe vibrante de ambiente cosmopolita y uno de los centros mundiales del comercio a lo largo del tiempo, cuya laguna cruzan constantemente los barcos que llevan y traen mercancías y viajeros. Aquí todo se mueve por el agua: sus canales siempre se encuentran abarrotados de pequeñas barcas y góndolas que transportan a la población local y a los muchos visitantes, así como los barcos de pescadores y aquellos que comunican la gran isla con las vecinas más pequeñas como es la de Murano, la Isla del Cristal, donde viven y trabajan los mejores vidrieros del mundo. Allí encontramos a nuestra protagonista, Orsola Rosso, hija de uno de los muchos artesanos que atrabajan el cristal. Ella no podrá nunca trabajar frente a los ardientes hornos que no se apagan ni de día ni de noche ni fabricar grandes piezas como las que hacen su padre y hermanos, pero sí le está permitido crear pequeñas cuentas de colores que se usarán para hacer collares o decorar prendas e incluso ser utilizarán en distintos lugares del mundo como moneda de cambio y que terminarán por salvar de la ruina a su familia.
domingo, 26 de abril de 2020
A single thread (Las mujeres de Winchester)
Tracy Chevalier, novelista norteamericana establecida desde hace años en Inglaterra, es una de esas autoras que cuentan sus obras por éxitos y que cuenta con presencia frecuente en este blog, ya que desde hace años soy fiel a sus interesantes y emotivas novelas con base histórica y siempre protagonizadas por mujeres fuertes y decididas. En esta ocasión con "A single thread" nos transporta al año 1932 y a la historia de Violet Speedwell, una mujer próxima a los cuarenta y que, tal y como se encuentra la situación, todo parece apuntar a que se quedará soltera para siempre. Y no es la única en su situación; la Gran Guerra diezmó la población masculina de Inglaterra y de Europa en general y no resulta fácil en aquellos años encontrar un marido disponible, lo que da lugar a una sobreabundancia de mujeres solteras que deben resolver su futuro por sus propios medios. Pero Violet se siente satisfecha de ser capaz de ganarse la vida con su trabajo de oficinista y de vivir por su cuenta en la ciudad de Winchester, a donde se trasladó dejando atrás en Southampton los abrumadores recuerdos de la pérdida en la guerra de su hermano mayor y de su prometido, a las que se sumó más tarde el fallecimiento de su padre, lo que transformó a la madre en una mujer amargada y dominante de la que Violet trata de alejarse.
Afrontando las dificultades para subsistir con su escaso sueldo y sin el respaldo de un marido, sin posibilidad de ahorrar apenas el futuro, Violet conserva, a pesar de todo, el ánimo, dispuesta a seguir aprendiendo nuevas cosas. Cuando casualmente entre en contacto con un grupo de mujeres bordadoras que, encabezadas por Louisa Pesel, llevan adelante la misión de elaborar cojiness para los asientos y reclinatorios de la catedral de Winchester, Violet se encontrará formando parte de un precioso proyecto que pretende embellecer el templo y les dará a esas mujeres una oportunidad para perpetuar su persona a través de las artesanias creadas con sus propias manos y que seguirán en uso durante mucho tiempo.
La catedral Winchester se convierte así en el verdadero centro protagonista de esta novela en la que nos recrearemos, no sólo con su arquitectura, su papel como centro espiritual para sus feligreses y la belleza aportada por las labores de las bordadoras, sino que descubriremos la figura de los tocadores de campanas de la catedral y otros templos de la zona, unos hombres dedicados a esta tarea con una seriedad y dedicación digna de un sacerdocio entre los que Violet encontrará una nueva ilusión en su vida.
Como ocurre con todas las novelas de la Chevalier, detrás de la ficción existe una interesante historia real y sus verdaderos protagonistas que podemos conocer a través de la web de la autora donde pueden consultarse muy bien documentados algunos de los aspectos más interesante y curiosos que han inspirado esta novela. Una forma de ampliar nuestro conocimiento sobre esta historia donde destacan la solidaridad femenina, la fuerza de la ayuda mutua y la posibilidad de participar en cosas grandes a base de pequeños detalles, de aportaciones fundamentales que pueden parecer tan insignificantes como un simple punto dentro de un gran bordado.
Afrontando las dificultades para subsistir con su escaso sueldo y sin el respaldo de un marido, sin posibilidad de ahorrar apenas el futuro, Violet conserva, a pesar de todo, el ánimo, dispuesta a seguir aprendiendo nuevas cosas. Cuando casualmente entre en contacto con un grupo de mujeres bordadoras que, encabezadas por Louisa Pesel, llevan adelante la misión de elaborar cojiness para los asientos y reclinatorios de la catedral de Winchester, Violet se encontrará formando parte de un precioso proyecto que pretende embellecer el templo y les dará a esas mujeres una oportunidad para perpetuar su persona a través de las artesanias creadas con sus propias manos y que seguirán en uso durante mucho tiempo.
La catedral Winchester se convierte así en el verdadero centro protagonista de esta novela en la que nos recrearemos, no sólo con su arquitectura, su papel como centro espiritual para sus feligreses y la belleza aportada por las labores de las bordadoras, sino que descubriremos la figura de los tocadores de campanas de la catedral y otros templos de la zona, unos hombres dedicados a esta tarea con una seriedad y dedicación digna de un sacerdocio entre los que Violet encontrará una nueva ilusión en su vida.
Como ocurre con todas las novelas de la Chevalier, detrás de la ficción existe una interesante historia real y sus verdaderos protagonistas que podemos conocer a través de la web de la autora donde pueden consultarse muy bien documentados algunos de los aspectos más interesante y curiosos que han inspirado esta novela. Una forma de ampliar nuestro conocimiento sobre esta historia donde destacan la solidaridad femenina, la fuerza de la ayuda mutua y la posibilidad de participar en cosas grandes a base de pequeños detalles, de aportaciones fundamentales que pueden parecer tan insignificantes como un simple punto dentro de un gran bordado.
sábado, 9 de noviembre de 2019
El maestro de la inocencia
Otra vez me reencuentro con Tracy Chevalier, una de mis autoras favoritas cuando se trata de buscar lecturas con tramas absorbentes protagonizadas por personas comunes y corrientes que se enfrentan a momentos históricos complicados en medio de escenarios absolutamente atrayentes. Todo esto se cumple en "El maestro de la inocencia". Mientras que en Francia ruge la Revolución en los últimos años del siglo XVIII, también la ciudad de Londres bulle de actividad como corresponde a una gran ciudad a la que acuden gentes de toda Inglaterra buscando mejorar sus vidas y las de sus familiares. Este es el caso de Thomas Kellaway: procedente de la tranquila zona rural de Dorsetshire donde la familia se ganaban la vida fabricando sillas, realizando trabajos de ebanistería y elaborando los famosos botones de Dorset, se traslada a Londres siguiendo la invitación de Philip Astley para trabajar como carpintero en su circo permanente, ubicado en el barrio de Lambeth, situado en la orilla opuesta del Támesis frente a Westminster, tan cerca del tumulto de la ciudad y al tiempo constituyendo un mundo totalmente distinto a aquella, conservando el ambiente más propio de un pueblo cuyo corazón es el anfiteatro Astley donde se ubica el circo, con sus artistas y artesanos, que genera numerosos puestos trabajo, abundante diversión y todo tipo de actividades auxiliares en la zona.
Todo allí es nuevo para los Kellaway: Jem, Maissie y sus padres lo encuentran todo inmenso y muy diferente al campo del que proceden. Pronto se adaptan a su nueva realidad con la inestimable ayuda de la pequeña Maggie Butterfield, una niña criada en la gran urbe, avispada y hecha a las duras condiciones de vida de la mayoría de la población que malvive en circunstancias muy complicadas.
Todo allí es nuevo para los Kellaway: Jem, Maissie y sus padres lo encuentran todo inmenso y muy diferente al campo del que proceden. Pronto se adaptan a su nueva realidad con la inestimable ayuda de la pequeña Maggie Butterfield, una niña criada en la gran urbe, avispada y hecha a las duras condiciones de vida de la mayoría de la población que malvive en circunstancias muy complicadas.
Entre los vecinos de la calle donde viven los Kellaway destaca la figura del poeta, grabador e insigne intelectual William Blake, personaje en el que los niños descubren una figura totalmente diferente al resto de adultos con los que acostumbran a tratar: afín a las ideas revolucionarias en vigor pero también preocupado por el bienestar de los chicos y en general por el de la clase trabajadora, su casa llena de libros resultará algo absolutamente novedoso para los críos habituados a ganarse desde muy pronto la vida con duros trabajos manuales y sin recibir apenas formación.
La novela se desarrolla en el escenario fascinante y convulso del Londres de la época georgiana, comenzando por el enfrentamiento político entre los sectores monárquicos más conservadores y las nuevas ideas republicanas, los grandes problemas del trabajo infantil y la falta de educación, los peligros de la vida en las calles de la gran ciudad y de una época complicada en todos los aspectos, todo ello retratado a través de unos personajes encantadores con los que es fácil empatizar y a los que acompañamos en sus desventuras por una ciudad de Londres que siempre resulta apasionante. Otra nueva oportunidad de disfrutar con la lectura y aprender del pasado la que nos proporciona la autora de la siempre alabada "La joven de la perla"
domingo, 11 de febrero de 2018
La voz de los arboles
He disfrutado mucho con todo aquello que he leído hasta ahora de la autora norteamericana Tracy Chevalier, desde su mundialmente famosa "La joven de la perla" hasta el resto de sus novelas situadas en distintas épocas y lugares. Siempre he disfrutado con la afortunada recreación de ambientes y momentos históricos diversos que caracterizan sus novelas, con lo que me lancé con entusiasmo a esta nueva obra suya, "La voz de los árboles" en la que nos presenta a una mísera familia encabezada por James y Sadie Goodenough que malviven en Ohio, junto al Pantano Negro allá por el siglo XIX, desbrozando tierra virgen, arrancando al territorio pantanoso que lo cubre todo de un lodo salobre, espacio donde hacer sitio para una granja y un huerto que alimente a la numerosa familia. James es un amante de las manzanas dulces mientras que Sadie sólo desea cultivar manzanas ácidas para hacer sidra o aguardiente. La de las manzanas es sólo una de las peleas permanentes que enfrentan al matrimonio cargado con demasiados hijos, a pesar de que a la mitad se los han llevado las fiebres, hacinados en una mísera y permanentemente húmeda cabaña, donde las relaciones son violentas, llenas de crueldad y carente de afecto.
«Nos estamos hundiendo en esta ciénaga –pensó–. Al final el fango acabará por cubrirnos y desaparecerán todos los Goodenough»
Robert, el más aplicado de los hijos, el aprendiz más aventajado del padre, será el único que herede su pasión por los árboles y su cultivo y el que único que escapará de allí y emprenderá el camino hacia el oeste en una gran aventura hacia los parajes desconocidos y llenos de posibilidades que suponen los territorios recién explorados, en las grandes praderas, la dura realidad de las granjas de ganado donde la vida del vaquero está muy alejada de los mitos que posteriormente se forjaron, hasta llegar a California, el extremo del gran país recién nacido y donde todo es posible.
La novela nos cuenta una historia de pioneros, de buscadores de oro y aventureros pero sobre todo de amantes de los árboles, de los manzanos de dulce fruta procedentes de Inglaterra y trasplantados en el nuevo continente y de los pinos enormes y las secuoyas inmensas que realizan el trayecto inverso acabando en las fincas de los nobles ingleses, deseosos de replantar en sus fincas las especies exóticas descubiertas en América. Y sobre todo es una historia de amor por la Naturaleza salvaje ante la que el hombre descubre su verdadera medida, con un protagonista que nos conquista por su bohonomía, su valentía y su honestidad. Y todo muy bien contado, como suele ser habitual en las novelas de la autora, que nunca defrauda.
martes, 14 de enero de 2014
The last runaway (El último refugio)
Pues en este caso, el mundo al que nos traslada la autora se sitúa en el agreste y apenas civilizado estado de Ohio a mediados del siglo XIX a donde llega la joven Honor Bright, una inexperimentada cuáquera procedente de Inglaterra que acompaña a su hermana que viaja al nuevo continente con el objetivo de casarse. Pero pronto Honor se encontrará sola en un país extraño, rodeada por desconocidos, sin familia ni amigos y sin saber qué hacer con su vida, necesitada de tomar una decisión sobre su vida pero con el lógico miedo ante lo que le rodea. Siendo una joven educada, discreta y hacendosa, acepta las novedades que su nueva vida le plantea y trata de adaptarse a los cambios y la nueva sociedad en la que debe vivir, tan distinta en muchos aspectos de su tradicional ciudad de origen donde se sentía protegida y donde las costumbres eran diferentes a lo que ahora se enfrenta. La vida en América no es en absoluto fácil, las tierras son agrestes, el clima extremo y sus habitantes mayoritariamente supervivientes natos, personas rudas en busca de nuevas oportunidades y con una vida de mucho trabajo y pocas habilidades sociales, viven en poblaciones que no son más que unas cuantas casas de madera bordeando calles embarradas y rodeadas de inmensos bosques amenazadores, lugares donde será muy difícil que la joven pueda llegar a sentirse como en casa.
Hay muchos temas apasionantes en esta novela, algunos muy simples y relacionados con el ámbito doméstico, como es el de la confección de edredones, los significados que estos pueden llegar a tener para las mujeres que los elaboran o los reciben como obsequio, como manera de transmitirse el amor de la familia o las amistades, igual que su valor como único patrimonio que las mujeres aportan al matrimonio. También el arte de elaborar sombreros o tocados, única pieza ornamental que se permiten las mujeres en esa austera sociedad tan ajena a las costumbres corteses o a las modas en boga. Otro asunto es la peculiar forma de vida de los cuáqueros, su adhesión a la vida simple, ajenos a la mentira y el engaño de cualquier tipo y su posición ante la esclavitud, que es el gran tema de la novela. Porque en los años que recoge el libro se presenta la gran división que existía en el país entre los estados esclavistas y los del norte donde se considera que todos los hombres deben ser libres. De ahí que se asista constantemente a la huída de esclavos fugitivos que arriesgan su vida en busca de su libertad más allá del sur. Y Ohio es una de las puertas hacia esa libertad, por la que cruzan cientos de estas personas, lo que obligará a los habitantes de estas regiones a plantearse un constante conflicto moral entre lo que ordenan las leyes y lo que les dicta su propia conciencia. Honor Bright, como buena cuáquera, verá poner al límite sus creencias en la igualdad, la no violencia y su incapacidad para mentir al enfrentarse a las duras situaciones a las que se verá expuesta.
La novela, en definitiva, es una obra preciosa, llena de hermosas estampas de los magníficos paisajes, las duras condiciones climáticas, los veranos abrasadores y los inviernos extremos, alternadas con acertadas descripciones de sentimientos y sensaciones, de las relaciones personales, de la amistad, del miedo, de la incertidumbre... y con una delicada protagonista a la que llegamos a conocer bien, gracias a la eficaz introspección en su conciencia y en su corazón. Una lectura absolutamente recomendable para quien quiera sumergirse en otras vidas mediante un gesto tan sencillo como es abrir un libro.
sábado, 24 de noviembre de 2012
Las huellas de la vida
El argumento de esta última novela de Tracy Chevalier, “Las huellas de la vida”, se inicia a modo de una novela clásica inglesa del siglo XIX, época en la que se sitúa la acción de la misma, narrándonos unos hechos que se parecen a otras situaciones que hemos leído anteriormente en alguna novela victoriana de índole romántica, aunque pronto descubriremos que el romance no es la pieza fundamental en la historia que aquí se cuenta. Resulta que, cuando John Philpot decide contraer matrimonio, a sus tres hermanas solteras no les queda otra alternativa que trasladar su residencia a una localidad con un nivel de vida más asequible que Londres, de acuerdo con la escasa renta de la que deben vivir a partir de entonces. El lugar elegido será la localidad costera de Lyme donde las jóvenes, acostumbradas a la agitada vida social de la capital, deberán adaptarse al nuevo entorno. Cada una de ellas encuentra un nuevo interés al que dedicar su tiempo: mientras que Louise acrecienta su interés por la observación de la naturaleza y en particular de la flora de la zona, dedicándose de lleno a la jardinería y a recorrer los campos cercanos, Margaret, la más joven que aún conserva la esperanza de encontrar marido, se integra en la escasa vida social del pueblo, acudiendo a bailes y reuniones; Elisabeth, por su parte, descubrirá en las playas locales una nueva afición consistente en recolectar los numerosos fósiles que siembran las orillas y los acantilados de la zona.
Gracias a esta nueva pasión, conocerá a Mary Anning, una niña aún, hija del ebanista del pueblo, que junto con su hermano Joe recogen fósiles para venderlos a los visitantes y así ayudar a la magra economía doméstica. Las dos jóvenes iniciarán de esta manera una amistad poco habitual, al tratarse de personas de distinta clase social, pero que se basa en esta común afición en la que Mary aportará su especial habilidad para localizar los tesoros del pasado y Elisabeth sus conocimientos de derivados de su amplia cultura y sus abundantes estudios sobre anatomía, geología, etc. Un día Mary realiza un descubrimiento de mayor importancia que las piezas que habitualmente recolecta: se trata del esqueleto completo de lo que identifican como algún tipo de cocodrilo, atrapado en rocas playa. Elisabeth sabe que los restos no pertenecen a ningún animal conocido, pero la estrechez de miras de los habitantes del pueblo no permite hacerse a la idea de la posibilidad de que se trate de un animal extinto, algo que contradice la interpretación literal de la Biblia. La posibilidad de vender el hallazgo a lord Henley, representante de la nobleza local, permite a la familia Anning ver una salida a su situación económica, a pesar de que el comprador no pretenda darle la importancia que el descubrimiento merece, lo que frustra a Elisabeth que comprueba que los miembros del mundo científico menosprecia el papel de las descubridoras de fósiles, por considerar que su condición de mujeres no les permite acceder a conocimientos más elevados ni merecer que su nombre figure junto a los hallazgos geológicos que realizan.
Nuevamente Tracy Chevalier recrea acertadamente una época y una sociedad, dando el punto de vista femenino, como ya ocurría en sus anteriores novelas donde las protagonistas son siempre mujeres. En este caso el relato reúne todos los elementos característicos de las novelas decimonónicas de las hermanas Brönte o de Austen, dándose incluso la circunstancia de a esta última se la cita expresamente entre los ilustres visitantes del pueblo de Lyme que acostumbraban a acudir a las localidades costeras a pasar algunas temporadas de asueto. Según nos informamos al finalizar el libro, esta visita, al igual que los personajes y hechos que se nos cuentan son absolutamente reales, por lo que en este caso a la autora no le ha quedado más que recrear los hechos documentados y darles forma de novela, y de este modo nos encontramos ante un retrato absolutamente realista de las costumbres y usos de la época, con especial atención a la situación de las mujeres solteras y el insignificante papel que se les asignaba en la sociedad victoriana donde no contaban con el amparo de un marido ni con ingresos suficientes para mantenerse por sí mismas, al tiempo que no se planteaba la posibilidad de que una dama realizara trabajo remunerado alguno. También en el plano intelectual, se miraba de reojo a cualquier dama que mostrara cierto interés por los temas científicos o cualquiera que se saliera del rígido patrón de conducta fijado para ellas, que se limitaba a acudir a bailes, tomar el té y quedarse bordando en casa cuidando de su reputación, en lugar de ir arrastrando las faldas por las piedras de la playa o prescindir de los guantes para escarbar en busca de amonites o belemnites; la geología, como tantos otros, es un campo vetado para las mujeres de la época.
Y sin embargo, es la pasión que comparten Elisabeth y Mary y que las lleva a plantearse dudas existenciales que pocos estudiosos del momento son capaces de resolver en torno al origen de las especies, la extinción de seres prehistóricos y el papel que Dios creador tiene en todo ello. La novela es por tanto muy atractiva, como relato en sí, que nos acerca a unas vidas particulares de dos mujeres que luchan por llevar adelante su pasión y asumir un papel que se les niega, y por otro lado se incrementa su interés por cuanto sabemos que lo que se nos cuenta no es una ficción ideada por la autora, sino que se basa en mujeres que existieron realmente, que vivieron lo que se nos relata y que verdaderamente lucharon por reivindicar el papel que merecían en el mundo que les tocó vivir.
Gracias a esta nueva pasión, conocerá a Mary Anning, una niña aún, hija del ebanista del pueblo, que junto con su hermano Joe recogen fósiles para venderlos a los visitantes y así ayudar a la magra economía doméstica. Las dos jóvenes iniciarán de esta manera una amistad poco habitual, al tratarse de personas de distinta clase social, pero que se basa en esta común afición en la que Mary aportará su especial habilidad para localizar los tesoros del pasado y Elisabeth sus conocimientos de derivados de su amplia cultura y sus abundantes estudios sobre anatomía, geología, etc. Un día Mary realiza un descubrimiento de mayor importancia que las piezas que habitualmente recolecta: se trata del esqueleto completo de lo que identifican como algún tipo de cocodrilo, atrapado en rocas playa. Elisabeth sabe que los restos no pertenecen a ningún animal conocido, pero la estrechez de miras de los habitantes del pueblo no permite hacerse a la idea de la posibilidad de que se trate de un animal extinto, algo que contradice la interpretación literal de la Biblia. La posibilidad de vender el hallazgo a lord Henley, representante de la nobleza local, permite a la familia Anning ver una salida a su situación económica, a pesar de que el comprador no pretenda darle la importancia que el descubrimiento merece, lo que frustra a Elisabeth que comprueba que los miembros del mundo científico menosprecia el papel de las descubridoras de fósiles, por considerar que su condición de mujeres no les permite acceder a conocimientos más elevados ni merecer que su nombre figure junto a los hallazgos geológicos que realizan.
Nuevamente Tracy Chevalier recrea acertadamente una época y una sociedad, dando el punto de vista femenino, como ya ocurría en sus anteriores novelas donde las protagonistas son siempre mujeres. En este caso el relato reúne todos los elementos característicos de las novelas decimonónicas de las hermanas Brönte o de Austen, dándose incluso la circunstancia de a esta última se la cita expresamente entre los ilustres visitantes del pueblo de Lyme que acostumbraban a acudir a las localidades costeras a pasar algunas temporadas de asueto. Según nos informamos al finalizar el libro, esta visita, al igual que los personajes y hechos que se nos cuentan son absolutamente reales, por lo que en este caso a la autora no le ha quedado más que recrear los hechos documentados y darles forma de novela, y de este modo nos encontramos ante un retrato absolutamente realista de las costumbres y usos de la época, con especial atención a la situación de las mujeres solteras y el insignificante papel que se les asignaba en la sociedad victoriana donde no contaban con el amparo de un marido ni con ingresos suficientes para mantenerse por sí mismas, al tiempo que no se planteaba la posibilidad de que una dama realizara trabajo remunerado alguno. También en el plano intelectual, se miraba de reojo a cualquier dama que mostrara cierto interés por los temas científicos o cualquiera que se saliera del rígido patrón de conducta fijado para ellas, que se limitaba a acudir a bailes, tomar el té y quedarse bordando en casa cuidando de su reputación, en lugar de ir arrastrando las faldas por las piedras de la playa o prescindir de los guantes para escarbar en busca de amonites o belemnites; la geología, como tantos otros, es un campo vetado para las mujeres de la época.
Y sin embargo, es la pasión que comparten Elisabeth y Mary y que las lleva a plantearse dudas existenciales que pocos estudiosos del momento son capaces de resolver en torno al origen de las especies, la extinción de seres prehistóricos y el papel que Dios creador tiene en todo ello. La novela es por tanto muy atractiva, como relato en sí, que nos acerca a unas vidas particulares de dos mujeres que luchan por llevar adelante su pasión y asumir un papel que se les niega, y por otro lado se incrementa su interés por cuanto sabemos que lo que se nos cuenta no es una ficción ideada por la autora, sino que se basa en mujeres que existieron realmente, que vivieron lo que se nos relata y que verdaderamente lucharon por reivindicar el papel que merecían en el mundo que les tocó vivir.
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