Mostrando entradas con la etiqueta Paul Auster. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paul Auster. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de julio de 2026

Ghost stories (Historias de fantasmas)

Durante la enfermedad de Paul Auster que acabó con su vida el día 30 de abril de 2024, su esposa, la escritora sueca Siri Hustvedt, reflejó en su diario sus impresiones en torno a cómo vivió aquellos meses y el posterior fallecimiento de su marido. Esos diarios junto con otras reflexiones escritas posteriormente son el centro de esta obra, "Ghost stories", un homenaje de amor, admiración y recuento de recuerdos de tantos años vividos juntos. 

El texto repasa más de cuarenta años de rutinas compartidas por los dos escritores, de una casa, su hogar por treinta años, donde han criado a su hija y donde ambos tenían su espacio de trabajo, rodeados libros, películas antiguas, donde recibían amigos, compartían veladas en el jardín; el lugar donde forjaron el nosotros que ya no existe, donde ahora echa en falta el nuestro que nunca dejará de ser. «Cuando la pérdida es aguda, también lo es el miedo, un miedo helado y paralizante al futuro que significa yo sin ti

Hustvedt comparte las anotaciones realizadas en su diario durante los meses de la enfermedad, los correos con la evolución médica de Paul que enviaba con cierta regularidad a un reducido grupo de amigos, incluso los últimos escritos del propio Paul: unas cartas dirigidas a su nieto Miles recién nacido para que las leyera cuando creciera. Y continúa escribiendo tras la muerte: comentarios sobre asuntos diversos, su adaptación a las nuevas circunstancias, la vida después de Paul, la vida sin él, aunque de algún modo ella siente que permanece cerca, porque él afirmó en algún momento cercano a su muerte que quería volver como un fantasmas y Siri cree firmemente que sigue junto a ella, lo siente o así lo quiere creer.

Este es un bello texto sobre un duelo, la experiencia de la soledad que queda tras largos años de amor, el doloroso proceso de enfrentar la enfermedad y el sufrimiento y la manera en que juntos sienten cómo la muerte se avecina sin duda. «En Paul veo un ejemplo de cómo morir.»  Pero también nos introduce en el mundo personal de la pareja, desde los inicios de su relación, sus códigos secretos, el humor compartido y las bromas privadas, anécdotas personales, sus relaciones con el círculo familiar más cercano, el drama protagonizado por Daniel, hijo de un primer matrimonio de Paul, así como aspectos de su oficio de escritores, las influencias mutuas en las obras de ambos y sus conversaciones interminables.

Es un relato en torno a emociones y sentimientos con lenguaje poético y al tiempo crudo y directo. La autora se abre en la escritura al lector con quien comparte su dolor y sus recuerdos, y no podemos sino agradecerle la generosidad al ofrecernos la posibilidades de adentrarnos de lleno en su intimidad, de permitirnos acceder sin reservas a su mundo privado y que todos los que admirábamos a su esposo en su faceta de escritor descubramos aquí mucho de su faceta más personal.

P.S.: Cuando terminé de leer este libro, no podía sospechar que mi propio marido iba a fallecer repentinamente tan solo una semana después. Al revisar esta reseña que tenía pendiente de publicar, no puedo sino reconocerme en muchos aspectos de la manera en que la autora vive su duelo, si bien el mío es todavía demasiado reciente como para poder teorizar sobre mis sentimientos, pero sí comparto esa necesidad de mantener presente y cercano en mi día a día la figura y el recuerdo del que ha sido mi compañero durante treinta y nueve años y también el vértigo frente la soledad. Ojalá también yo pueda revisar de aquí en adelante con serenidad y alegría tanta vida compartida y aprender a vivir a partir de ahora sin tenerlo a mi lado. La literatura no te enseña a vivir, pero sí que nos puede servir a veces de consuelo, de espejo o constatación de que los sentimientos y las emociones humanas son universalmente compartidas a lo largo del tiempo y el espacio y los buenos escritores son aquellos que nos ayudan a dar voz, a ponerle palabras a lo que ocurre en nuestro propio corazón.

jueves, 26 de diciembre de 2024

El cuento de Navidad de Auggie Wren

¿Qué mejor plan para leer el Navidad que un breve relato de mi adorado y añorado Paul Auster? Y además tener la suerte de hacerlo con una preciosa edición ilustrada por la argentina Isol. "El cuento de Navidad de Auggie Wren" nos cuenta la historia que el propio Auggie, el encargado del estanco de su barrio, le contó al escritor cuando éste recibió el encargo de escribir un relato navideño para ser publicado en prensa. Pero la Navidad no era el punto fuerte del novelista judío, así que agradece el regalo que su amigo le hace: una historia que reúne todos los elementos de un auténtico cuento navideño, con su punto un poco ñoño pero con una buena acción detrás. Y también aparecen, cómo no, varios de los elementos distintivos de Auster: el tono de autoficción, su barrio de Brooklyn, con sus vecinos y sus negocios locales y su forma de hablarle directamente al lector.

Y es que el espíritu navideño también acaba pasando por Brooklyn y allí estaba siempre Paul Auster para escuchar la historia y luego venir y contarla.

"Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no sea verdadera"

sábado, 21 de diciembre de 2024

Baumgartner

Reconozco que tenía la última novela publicada por mi adorado Paul Auster desde hace algún tiempo esperando para ser leída, retrasando el momento inevitable en el que constatara que no volvería a tener entre mis manos ninguna novedad de mi muy estimando autor. Pero el asunto se estaba alargando y finalmente me decidí a emprender la lectura de "Baumgartner" y asumir lo inevitable por fin. 

El protagonista de la novela, Sy Baumgartner, es un escritor y profesor de Filosofía, vive solo desde la muerte de su mujer haber caso diez años, aunque en realidad nunca está completamente solo. Está la señora Flores, la mujer que le ayuda en las tareas domésticas; está su hermana con la que habla por teléfono con más frecuencia de la que le gustaría; está Molly, la repartidora de UPS que se pasa por casa un par de veces por semana a entregar libros que Baumgartner pide sólo para verla aparecer de nuevo a la puerta de su casa y charlar un poquito; y junto al recuerdo de Anna, su difunta esposa, que le sigue acompañando a diario, hay algunas otras mujeres con las que ha tenido relaciones más o menos serias desde que enviudó y está, en fin, el empleado de la compañía eléctrica, un servicial y atento jovenzuelo que le ofrece su ayuda en un momento de necesidad

Al inicio del relato, varios percances, pequeños accidentes domésticos, jalonan el día de B. que no puede dejar de ser consciente de su edad, de que ha dejado atras hace mucho sus días de atleta, de hombre joven, que su cuerpo ya no le responde como solía. Sin embargo, su mente y su memoria no han envejecido como su cuerpo, en ese aspecto su actividad es frenética y podemos ir siguiendo sus muchos pensamientos, nos adentrarnos en sus recuerdos de tiempos mejores pero también de los más dolorosos de su pasado, de la perdida de su amada esposa a la que, diez años después, aún sigue echando de menos como el primer día, como ocurre con estos miembros amputados que, pasado tanto tiempo, todavía duelen y producen calambres.

"La vida es peligrosa, Marion, y en cualquier momento nos puede pasar cualquier cosa. Eso lo sabes tú, lo sé yo, lo sabe todo el mundo, y quien no lo sepa, bueno, entonces es que no ha estado atento, y quien no pone atención no lleva una vida plena."

Su pensamiento vaga libre entre recuerdos y hechos pasados de los que no fue testigo pero que configuran su existencia como es el pasado de sus padres y abuelos, judíos precedentes de Ucrania y cuyas trayectorias confluyen en la localidad de Newark donde B. vendría a nacer mucho tiempo después. 

Más que nunca, Auster se muestra aquí como un prodigioso contador de historias, un creador de personajes que viven en su propio mundo tan personal como siempre. A través de cuentos breves, historias personales, cartas, relatos literarios y otra multitud de formatos, nos enfrentamos a muchos de sus temas recurrentes como el del mundo académico y editorial, la rutina y el oficio de los escritores, padres que mueren demasiado pronto, relaciones humanas de todo tipo y, por supuesto, Nueva York como escenario, configurando entre todos las mil caras de una historia sobre el dolor, la pérdida y el duelo, sobre el amor en las distintas etapas vitales, sobre la madurez y la manera de contemplar los últimos años de la existencia, con la conciencia de que el final se avecina con la intención de vivir intensamente hasta el último momento, reviviendo los recuerdos que permanecen y regresan constantemente. Son muy apropiadas reflexiones para la que sería la última novela publicada de nuestro querido y para siempre añorado Auster.

"Vivir es sentir dolor, dijo para sí, y vivir con miedo al dolor es negarse a vivir." 

jueves, 14 de diciembre de 2023

La noche del oráculo (Relectura involuntaria)

Hoy toca que os cuente una batallita que me ha sucedido con una novela de Paul Auster, así que allá voy: hace unos días, husmeando en la biblioteca municipal, me topé con "La noche del oráculo", de mi adorado Auster. El argumento de la solapa me sonaba ligeramente pero no recordaba con seguridad haberlo leído; con los libros de Auster ya se sabe: salen escritores y Nueva York por todas partes. 

Así que me llevé el libro a casa y, al poco rato de empezar a leer, un elemento me resultó muy familiar. Yo soy totalmente incapaz de recordar el nombre de un personaje de novela, incluso cuando me encuentro en plena lectura no podría responder correctamente si alguien me preguntara cómo se llama el protagonista o su mujer o su mejor amigo; sin embargo mi memoria conserva elementos tan aleatorios como la imagen de un cuaderno forrado en tela azul sobre un escritorio. Así que, cuando llevaba unas cincuenta páginas leídas y me iba resultando familiar la historia, se me ocurrió algo tan sencillo como consultar mi propia biblioteca y comprobar que, en efecto, ya había leído esta novela antes. Hace dieciocho años de aquello, esto también es cierto y hay que tenerlo en cuenta; fue antes incluso de que existiera este registro de lecturas en forma de blog que desde el 2009 me hace de memoria externa para llevar un inventario de lo que voy leyendo. Con lo cual me dispuse, no ya a leer sino en este caso a releer la novela, cosa que no tengo en absoluto costumbre de hacer, pero sabía que tratándose de este autor que se cuenta entre mis favoritos indiscutibles iba a resultar una experiencia gozosa. Y es que retomar a Paul Auster siempre es algo así como volver a casa: recorrer junto a él su adorado Brooklyn, disfrutar de sus descripciones, sus complejos retratos de personajes y la multitud de historias que encierran todos sus libros. Añadiré que, de los dos volúmenes con los que me encontré en mis manos, opté, como es lógico, por la edición del Círculo de Lectores que es la que ya tenía en casa, ya que estos editores tuvieron el acierto de reproducir de algún modo en su portada ese encantador cuaderno azul que origina y vertebra toda la trama del libro. 

Y ya entrando en lo que sería el argumento de la novela de la que estamos hablando, este se centra en la figura del escritor Sidney Orr, recién recuperado de una grave enfermedad que  ha estado a punto de  acabar con su vida. En uno de sus primeros y tranquilos paseos por el barrio tras ser dado de alta, se encuentra con una pequeña papelería que acaban de abrir cerca de su casa, donde compra un preciosos cuaderno azul importado de Portugal en el que comienza a trazar el borrador de una novela. Aquí se inicia el juego de muñecas rusas que tan bien se le da a Auster. La novela que escribe Orr está protagonizada por un editor de nombre Nick Bowen que recibe el manuscrito inédito de una novela póstuma de una afamada autora. Se mezcla así el proceso de escritura del propio Orr en lo que se refiere a la gestación de su nuevo libro, los avatares de los personajes que va creando, el argumento del manuscrito que lee Bowen, otro manuscrito inédito que cae en sus manos... en fin, una multitud de planos narrativos que se solapan, donde realidad y ficción se entremezclan en multiples historias en las que el destino, los amores a primera vista y las segundas oportunidades van jalonando las vidas de personajes reales y ficticios que se entrecruzan constantemente. 

La novela está sembrada de relatos contados por unos y otros, como pequeños cuentos que pueden disfrutarse de manera independiente, historias que forman parte del argumento o imaginadas por algún personaje, recuerdos y anécdotas que van surgiendo, sucesos del pasado o sueños que relatan unos y otros, junto con un proyecto de guión cinematográfico que escribe Orr o una idea para una novela que le prestan; incluso en las extensas notas a pie de página se cuelan historias paralelas; los cuentos se multiplican y se entremezclan en una densa red de historias que nos ofrece la mejor y más rica producción surgida de la prodigiosa capacidad narrativa del genio creador de Auster. Menuda suerte tuve al no acordarme de que ya había leído en algún momento esta novela y haber tenido así la ocasión de disfrutarla de nuevo. 

viernes, 11 de marzo de 2022

La invención de la soledad

Hace muchos años que no leía a Paul Auster, lo tenía bastante abandonado tras haber disfrutado de tantas de sus novelas que ocupan una buena sección de mi librería, desde la Trilogía de Nueva York hasta la curiosa compilación de relatos radiofónicos "True tales of american life", cuyas breves historias basadas en hechos reales recopiladas por Auster me trasladan siempre al universo temático del autor. Y qué puede haber más cercano a ese mundo tan suyo que la propia autobiografía, aunque muy a su estilo, que se nos ofrece en "La invención de la soledad"?

La primera mitad del libro la compone Retrato de un hombre invisible. Esta parte es más narrativa y nos cuenta cómo la primera reacción de Auster en el momento de conocer la noticia de la muerte de su padre, como escritor vocacional que es, será ponerse a escribir sobre él.

"Incluso antes de hacer las maletas para emprender las tres horas de viaje hacia Nueva Jersey, supe que tendría que escribir sobre mi padre. No tenía un plan ni una idea precisa de lo que eso significaba; ni siquiera recuerdo haber tomado una decisión consciente al respecto. Pero la idea estaba allí, como una certeza, una obligación que comenzó a imponerse a sí misma en el preciso instante en que recibí la noticia de su muerte. Pensé: mi padre ya no está, y si no hago algo deprisa, su vida entera se desvanecerá con él."

La muerte del padre desata una cascada de recuerdos que le lleva a indagar en los orígenes del Sam Auster al que apenas conoció más que como padre pero no tanto como hombre. Mientras desmonta la que fuera la casa familiar, revive sensaciones y momentos. Un álbum de fotos antiguas le lleva a remontarse hasta la infancia del padre, a sus orígenes familiares, la dura historia de sus abuelos y recorrer así el camino hasta el hombre en el que Sam acabó convertido, con sus luces y sus sombras.

"Ha habido una herida y ahora me doy cuenta de que es muy profunda. Y el acto de escribir, en lugar de cicatrizarla como yo creía que haría, ha mantenido esta herida abierta. En ocasiones he sentido su dolor concentrado en mi mano derecha, como si sufriera un desgarramiento cada vez que levanto la pluma y la presiono contra el papel. En lugar de enterrar a mi padre, estas palabras lo han mantenido vivo, tal vez mucho más que antes. "

La segunda parte del libro, El libro de la memoria, es algo más hermético y experimental. El autor se convierte aquí en personaje, se retrata en tercera persona. Combina citas de autores con reflexiones propias sobre la memoria, el recuerdo, la paternidad, la vida y la muerte. Desgrana episodios de su vida ya posteriores a la muerte del padre, desde una estancia en Amsterdam en la que se entremezclan la casa de Anna Frank con la memoria del pueblo judío o el laberinto de calles y canales en los que se pierde constantemente, pasando por sus diversas estancias en París, y siempre Nueva York donde se suceden el fin de su matrimonio, la inesperada enfermedad de su pequeño hijo, la muerte de su abuelo y, como siempre, el béisbol como modelo y patrón para entender el mundo.

Esta lectura te involucra sin remedio en el intenso mundo creativo y vital de Auster, te sumerge en su actividad como escritor, con sus fuentes de inspiración en la vida cotidiana o los  problemas de bloqueo creativo; participas de su vida familiar mientras va desgranando a base de recuerdos el modo en que fue descubriendo la historia familiar que ahora comparte con el lector. Un viaje imprescindible para todos los que admiramos a este genio de las letras norteamericanas y universales.

martes, 20 de febrero de 2018

4 3 2 1

Hace ya tiempo que tenía ganas de reencontrarme con mi adorado Paul Auster, el inmenso narrador que me enamoró desde que lo descubrí con su magnífica "Trilogía de Nueva York". Con esta "4321" nos regala la gran historia de un chico norteamericano, Archie Ferguson, que desde su perspectiva, al principio infantil, cuenta su infancia con todo un entramado de personajes, una familia descrita en sus distintas ramas, tíos, primos, abuelos. Archie es un chico de extrarradio procedente del New Jersey de los años 50, con una infancia como hijo único, adolescente en los primeros 60, admirador de Kennedy, testigo de los grandes cambios sociales, fabulosas hazañas tecnológicas e inestabilidad política de la época. Su vida está marcada por su pasión por los deportes: tenis, fútbol americano, baloncesto y sobre todo baseball.

Pero una sola vida no es suficiente para la desbordante imaginación de Auster que le da cuatro versiones a la historia, la misma vida contada y recontada, nos encandila con una versión feliz de la infancia para dejarnos luego helados con una versión diferente de final trágico, los mismos personajes pasan por avatares distintos, distintos destinos, escuelas, lugares de residencia, la vida de Ferguson se va desarrollando por caminos diferentes a la voluntad del autor que le va planteando giros inesperados a su vida, con los mismos familiares pero que siguen un rumbo determinado a raíz de sucesos que determinan su futuro.

De los miembros de la familia de Archie destaca la figura del padre de gran peso pero casi siempre lejano o ausente y, especialmente, la madre, figura idolatrada y base fundamental de la existencia del chico. Los abuelos maternos Adler, la prima Amy, el primo Jim o la tía Mildred, tienen su papel, variable según el rumbo que el destino les depare en cada una de las versiones de la vida familiar.
"Coges la carretera principal, hay un choque múltiple de tres vehículos, el tráfico queda colapsado durante más de una hora, y mientras estás sentado en el coche lo único en que piensas es en la carretera secundaria y en por qué no has ido por ese camino. Te maldecirás a ti mismo por no haber elegido bien y, sin embargo, ¿cómo ibas a saber que no era la elección acertada? ¿Acaso puedes ver la carretera secundaria? ¿Saber lo que está pasando allí? ¿Te ha dicho alguien que una enorme secuoya se ha caído en medio de esa carretera y ha aplastado un coche que pasaba, matando al conductor y parando el tráfico durante tres horas y media? ¿Ha consultado alguien el reloj y te ha dicho que si hubieras ido por la carretera secundaria el coche aplastado sería el tuyo y el muerto serías tú? O de otro modo: no se ha caído ningún árbol y coger la carretera principal ha sido la elección errónea. O si no: coges la carretera secundaria y el árbol se cae sobre el conductor que va justo delante de ti, y mientras estás sentado en el coche deseando haber ido por la carretera principal, no sabes nada de la colisión en cadena de los tres vehículos que de todas formas te habría hecho llegar tarde a la cita. O incluso: no se ha producido ningún accidente múltiple y coger la carretera secundaria ha sido la mala elección."
Auster se nos presenta como el gran narrador que es, creador incansable de historias, observador de personajes a los que pone en situaciones diversas, a los que hace vivir mil vidas distintas con una inagotable capacidad creativa, él lo que pretende es llevarnos por las dos carreteras del texto citado y que nos ocurran todas las situaciones posibles. Por el relato pasan los grandes iconos y hechos históricos determinantes de los años 50 y 60 como los Kennedy, Martin Luther King, El Gordo y El Flaco, las guerras de Corea y Vietnam, la segregación racial, los conflictos sociales que por momentos convierten al relato en excesivamente doméstico, centrado en los problemas internos del pueblo norteamericano, las revueltas en la universidad de Columbia, en su crisis de identidad y la brecha generacional surgida a finales de los 60. Y sobre todo los temas recurrentes del autor: el hecho de ser judío, la pasión por la ciudad de Nueva York y por la lectura, la creación literaria y los libros (muchos libros), el cine (mucho cine) y la fotografía.

Archie adora a su familia o la detesta, según el momento, busca a Dios o niega su existencia. El niño crece y se convierte en un adolescente obsesionado por el sexo o confundido por su auténtica identidad, es escritor o periodista, estudia en la universidad o vive en París, todo es posible. O muere y perdemos una línea narrativa para siempre. Nos paseamos por los distintos hilos del relato sin preocupación por ir encajando cada historia con su continuación, deleitándonos con el puzle que Auster extiende ante nuestros ojos, sumergiéndonos en su mundo del que nos hace partícipes con enorme profusión y aunque confieso que en ocasiones se me ha hecho largo algún episodio o me ha horripilado la forma cruda y directa de narrar escenas de sexo, también he disfrutado y me he regodeado con la posibilidad de participar de ese universo tan propio y personal que se multiplica y varía a cada capítulo y que nos hace disfrutar como nunca a sus seguidores fieles. Aunque tal vez haga falta ser un auténtico fan para disfrutarlo verdaderamente.

domingo, 22 de abril de 2012

Diario de invierno

Podríamos decir que este “Diario de invierno” de Paul Auster se ajusta perfectamente al denominado género de Memorias, aunque no necesariamente al de Autobiografía, porque si algo se refleja en él es la memoria, más o menos selectiva del autor, sin intención alguna de ser una biografía exhaustiva, sin necesidad de seguir un orden cronológico, ni tan siquiera lógico, el novelista norteamericano va desgranando sus recuerdos al hilo de un tema concreto, de una palabra o una sensación que le sirve de excusa para evocar momentos de su vida, desde la primera infancia hasta, practicamente, antesdeayer, siempre bajo una mirada sincera y personal, viendo o mostrando el ángulo de la realidad que le interesa mostrar, vamos acompañándolo en estas rememoraciones al llegar, como él mismo ha declarado, al invierno de su vida, al último tramo de su existencia.

No podríamos ni tan siquiera afirmar que los hechos o situaciones que se nos cuenta sean las más importantes o significativas de una vida que sin duda alguna ha debido de estar plagada de experiencias interesantes, de relaciones con multitud de personalidades de los ámbitos del arte, la cultura, la política, etc., pero está claro que lo que aquí se narra son esos recuerdos que al autor le ha apetecido compartir, las que no quiere dejar caer en el olvido: los amores importantes, las primeras experiencias, su mundo infantil, el recuerdo de sus padres, su pasión por el béisbol o las múltiples casas o residencias más o menos permanentes por las que ha pasado a lo largo de su vida en distintas ciudades y países.

Escrito en una cómoda segunda persona, evita así que el tono sea demasiado intimista, más bien parece que alguien le va ayudando a hacer memoria de todas esas cosas que nos presenta a veces mediante breves escenas, relatos que van de las pocas líneas a unas cuantas páginas, nunca demasiadas, pequeños cuentos con entidad propia que no pretenden configurar un relato continuo. Cada historia, desde la evocación de una sensación de la infancia hasta el relato del grave accidente de tráfico sufrido junto a su mujer y su hija, cada una de las escenas tiene vida propia y al hilo de cada acontecimiento o hecho nos transmite su estado vital en ese momento, su situación emocional o la etapa creativa en la que se encontraba y nos introduce así en su mundo con brevísimas pinceladas, con un estilo limpio sin grandes retóricas que nos acerca al hombre detrás del escritor, mostrándonos porqué es importante cada hecho o situación y cómo le ha marcado.

Es curioso el interés que muestra en hablar de problemas de salud más o menos serios, de heridas, cicatrices o accidentes o situaciones peligrosas vividas, del dolor físico, del paso del tiempo y sus efectos; se muestra sorprendido de haber llegado a su edad y recuerda a tantos que no pudieron cumplir los años que él tiene, empezando por su padre. Terminaré destacando que me sorprende gratamente el profundo amor que expresamente confiesa por su esposa tras más de treinta años de vida en común. Cada vez que aparece ella en escena va acompañada de elogios y alabanzas hacia su persona y su actitud. Supongo que la novelista estará encantada de salir tan bien parada en estas memorias de su marido. Igualmente, las escenas protagonizadas por su madre son también entrañables muestras de amor filial, aún reconociéndole sus defectos y errores, no deja por ello de traslucir una enorme admiración y cariño por ella.

Una obra que, sin duda alguna, se convierte en imprescindible para los seguidores incondicionales del autor y que acercará a aquellos que no lo sean tanto a su mundo personal y creativo. A mí, como no podía ser de otro modo, me ha encantado.

sábado, 31 de marzo de 2012

Todo cuanto amé

Siendo como soy una seguidora confesa de Paul Auster, no podía tardar ya mucho en caer en mis manos alguna novela de su mujer, Siri Hustvedt, a la que no seré yo quien le niegue en ningún caso el hecho de ser una autora absolutamente valiosa por sí misma y su obra propia, pero habrá que reconocer que el cargar con la etiqueta de “mujer de” le concede un indiscutible valor añadido, al menos a priori, si bien eso no tenga necesariamente que significar sea Auster el que enriquezca exclusivamente la obra de su esposa por el mero hecho de estar a su lado y respirar el mismo aire, sino que seguramente exista una corriente de influencias, inspiración y enriquecimiento mutuo que discurre en ambos sentidos.

Y lo cierto es que el ambiente, el entorno en el que trascurre “Todo cuanto amé” no nos es extraño a los lectores habituales de Auster: todo (o casi todo) ocurre en Nueva York en torno a unos personajes que pertenecen mayoritariamente al mundo universitario, de la cultura y el arte. La historia se centra en dos amigos, en dos familias: la de Leo Hertzberg, profesor universitario de Historia del Arte y la de Bill Wechsler, pintor de éxito creciente. Ambos se conocen a raíz de la compra de un cuadro y a partir de ahí su amistad se desarrollará a lo largo de varias décadas en las que compartirán buenos y malos momentos, crisis matrimoniales, el nacimiento de sus hijos, una vida entera de vivencias de todo tipo. Al arrancar el libro Leo rememora estos años y los hechos más destacados y que más les marcaron a todos los que los vivieron.

Uno de los pilares sobre los que descansa el libro es acercamiento al mundo del arte: las reflexiones sobre la obra de arte en sí y todo lo que supone su comercialización. Con mucha frecuencia el relato se adentra en el proceso de creación artística, abundan los pasajes en que se describen obras, tanto pictóricas como de ensayo, poemas o instalaciones que nos aproximan al proceso creativo y al análisis de la obra terminada. Se aprecia el profundo conocimiento de la autora de las tendencias y figuras más destacadas del arte y la cultura norteamericanas de los últimos decenios a través de las abundantes referencias que jalonan el texto. Al hilo de este mundo, también se nos presenta la transformación que entre los 70s y los 80s sufrieron los barrios del centro de Nueva York, el surgimiento del SoHo, la revalorización de los antiguos almacenes convertidos en lofts, frecuentamos las zonas donde conviven artistas y jóvenes adinerados, críticos y aspirantes a estrellas, viejos fracasados y jóvenes sin aspiraciones de futuro.

Pero la historia que se cuenta es, fundamentalmente, la vida de unas personas, los temas básicos sobre los que se estructura el argumento de la novela son la amistad y el matrimonio, la familia, el peso de los recuerdos y la herencia histórica y sentimental recibida de nuestros mayores. Se reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre el paso del tiempo y sus efectos, sobre los recuerdos y los proyectos cumplidos o no. Y sobre todo se habla de la paternidad: el papel de los hijos en la vida de las personas, como todo cambia cuando se es padre, las expectativas que se crean ante el futuro, la imagen prediseñada que en ocasiones nos creamos sobre el adulto en que se convertirá algún día el niño de hoy y su confrontación con la realidad, la asunción como propios de los fracasos y los éxitos de los hijos.

Destacaría de la autora su exquisita sensibilidad para narrar hechos dramáticos y describir el dolor más intenso con una extrema delicadeza. Ni siquiera el hecho de que la voz del narrador sea masculina aparta a la autora de lograr ese fin. A lo largo de la novela se suceden algunos hechos trágicos que se cuentan sin caer en ningún momento en la sensiblería, sin forzar escenas conmovedoras. El relato no es apasionado sino que mantiene un tono de absoluta racionalidad: conocemos al detalle los pensamientos y sentimientos de los personajes a partir de la detallada observación de la realidad que incluye tanto lo material como lo sensorial: los comportamientos y las relaciones personales, las motivaciones de sus acciones y reacciones están plasmadas tratando de profundizar en la mente y el alma humanas. Pero todo esto no es obstáculo para que entendamos el dolor de los personajes. Se nos permite asomarnos a lo más profundo de su ser y entender así sus corazón y su sufrimiento. Una forma de contar la realidad que me ha gustado mucho y me hace anotarme a Siri Hustvedt como una autora a seguir.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Invisible

Siempre me ha gustado Paul Auster, su forma de narrar, de meterte de lleno en esos ambientes cargados de casualidades, medias verdades, de hacerte sentir como sienten los personajes, personas llenas de dudas e inquietudes intelectuales, su visión particular de Nueva York siempre como telón de fondo... todo eso lo he encontrado en la última novela suya que he leído, Invisible, pero eso no hace, necesariamente que sea una lectura que vaya a recomendar, como ya explicaré más adelante.

Comienza el relato con una narración en primera persona en la que Adam Walker, estudiante de letras y aspirante a poeta, nos cuenta cómo en el curso de 1967 conoce, de manera casual, a Born, un peculiar francés profesor visitante en la universidad de Columbia. Born y su pareja, Margot, le seducen completamente y le tientan con la posibilidad de dirigir una revista cultural. La relación se torcerá por un desgraciado acontecimiento que hará que Born vuelva a Francia y que Walker quede obsesionado con la idea de hacer justicia por lo sucedido.

Posteriormente, en un cambio total de registro narrativo, descubrimos que lo que acabamos de leer es un proyecto de novela que Walker ha hecho llegar, muchos años después y a punto de morir, a un antiguo compañero de universidad, ahora convertido en novelista de éxito, solicitando su ayuda porque no es capaz de continuar con su escritura. A partir de aquí se suceden varias partes en las que el narrador va cambiando desde el relato en tercera persona hasta el diario personal y se nos cuenta cómo fue la infancia de Walker, la relación con sus padres, la trágica muerte de su hermano pequeño y cómo marcó esto a todos los miembros de la familia y la relación con su hermana Gwyn, además del viaje que realiza a París para seguir un curso aunque su verdadera razón es seguir los pasos de Born y tratar de vengarse de él, pero las cosas no salen como había planeado y Walker debe volver a los Estados Unidos, donde se nos da cuenta de cómo transcurre el resto de sus días, hasta el momento en que nos lo volvemos a encontrar, ya al borde de la muerte y deseoso de volcar sobre el papel aquellas experiencias vividas en el año 67. También conoceremos hacia el final de la novela algún secreto que Born tenía oculto durante tantos años.

Es de admirar la habilidad de Auster en manejar los distintos personajes, los diferentes puntos de vista, en exponer las relaciones entre las personas y los fantasmas que les persiguen y les llevan a ser y actuar como lo hacen, sin duda, un gran ejemplo de novela, desde el punto de vista formal con unos personajes interesantes que mantienen su coherencia a lo largo de todo el relato.

Pero ahora llega el momento del “pero”, que ya he advertido al inicio que existía. No he podido disfrutar plenamente de la lectura de esta historia ya que había un aspecto que me ha desagradado sobremanera y que me ha incomodado a lo largo de todo el relato: se trata del modo en que presenta la relación incestuosa entre dos de los personajes. Y no es que me moleste el tema en sí, el asunto existe o puede darse, no lo voy a negar y la Historia está llena de casos. Lo que me ha llevado al rechazo es la amoralidad (que no digo inmoralidad) de la actitud de los protagonistas, la falta de conciencia de que la relación que mantienen es contraria a la naturaleza del amor fraternal y lo que se espera de él, la forma en que mantienen una relación física que Auster no se priva de describir con todo lujo de detalles, con un estilo, para mi gusto, más cercano a la pornografía que al erotismo, peor aun cuando el primer encuentro sexual que se describe entre ambos se sitúa en una edad que no me cuadra con la variedad y abundancia de habilidades erótico-festivas que se les atribuye.

Y antes de que me acuse nadie de tener prejuicios morales, lo afirmo yo rotundamente, me ha desagradado la forma y el fondo de este asunto desde el punto de vista puramente moral, la manera de exponer la situacióny la serenidad con que la viven los protagonistas, alejados de cualquier sombra de duda sobre lo apropiado de su comportamiento. Y la cosa no mejora cuando, al tiempo, surja la duda de si esta relación existió realmente o fue inventada por una de las partes.Ahora bien, aquel lector que no se vea afectado por este asunto seguro que disfruta de la novela por su calidad literaria e interesante historia.

viernes, 5 de noviembre de 2010

True Tales of American Life

Me extraño al comprobar que no tengo en este blog ninguna entrada sobre Paul Auster, teniendo en cuenta que es uno de mis autores preferidos. Lo cierto es que hace algún tiempo que no leo nada de él, no sé porqué pero sus últimas obras no me han atraído demasiado. Lo que sí que tengo en proceso de lectura es un libro de relatos en el que Auster aparece como editor y que se titula "True Tales of American Live" (la versión castellana recibió el título de"Creía que mi padre era Dios", nombre extraído de uno de los cuentos que se incluyen en el volumen)

El libro está compuesto por pequeños relatos, en su mayoría de no más de dos páginas de extensión, los más largos creo que no pasan de seis páginas y los más breves ocupan tan solo unas pocas líneas. Es una colección de auténticas joyas breves enviadas por los oyentes de un programa de radio que presentaba el propio Auster, autores anónimos pero que se prestaron a poner por escrito hechos excepcionales que les hubieran ocurrido a lo largo de sus vida y que desearan compartir con el resto de los oyentes. De la selección de los mejores de esos relatos que llegaron por cientos a la emisora surgió este libro.

Decía anteriormente que tengo este libro en proceso de lectura; lo que no he especificado es que este proceso lleva ya varios años en curso. No es que sea demasiado largo ni que me cueste avanzar por él; lo que ocurre es que este es lo que yo llamo un "libro almohadilla": lo tengo siempre en la mesa de noche y echo mano de él cada vez que termino un libro y no me decido por cuál será el siguiente que empezaré; durante un día, o dos, o más, según lo que tarde en centrarme en otra lectura, me sumerjo en de estas historias fascinantes que lo son más aún si creemos en que todas ellas cumplen la premisa que se estableció al solicitar los relatos: que fueran, como el título indica, cuentos reales, hechos vividos por los autores o por alguien muy cercano. Resulta fascinante cómo la realidad muchas veces es más fantástica, emotiva, sorprendente que cualquier ficción creada por un novelista. No sé si las historias fueron de algún modo adaptadas o arregladas antes de ser impresas pero lo cierto es que, cada una en su estilo, es un pequeño tesoro en miniatura, cada una con su gota de humor o de sentimiento o de sorpresa, cada una en su estilo, algunas con final feliz, otras impactante pero casi todas llegan al corazón y llevan a la reflexión.