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viernes, 1 de noviembre de 2024

La dama del perrito

Antón Chéjov es uno de los grandes nombres de las letras universales del que, como me ocurre con tantos otros, nunca había leído nada y mira que es un autor enormemente accesible ya que no se trata de uno de estos rusos con novelas enormes que pueden provocar un temor reverencial en los humildes lectores que pretenden acercarse a ellos, sino que el grueso de su obra está formado por relatos cortos y obras teatrales. De ahí que cuando tuve la suerte de que cayera en mis manos esta bonita edición ilustrada de Nórdica Libros de su famoso cuento "La dama del perrito" entendí que era mi oportunidad para descubrir por fin a este gran autor.

La trama de esta narración nos sitúa en una localidad vacacional cerca de Yalta en donde se produce el encuentro entre un hombre de mediana edad y una mujer joven a la que se ve paseando a diario con la única compañía de su perrito. Entre ellos surgen sentimientos amorosos pero ella debe regresar junto a su esposo y él vuelve a Moscú donde se encuentra su familia. Pero el recuerdo de la mujer permanece junto a él; lo que parecía una aventura sin consecuencias se irá convirtiendo una pasión inesperada que dejará su intensa huella en sus dos protagonistas.

El relato muestra la maestría del cuentista para concentrar en unas pocas páginas toda una historia que cualquier otro autor necesitaría una novela completa para poder contarla, en la que poder transmitir tantas emociones y sensaciones, todos los matices de unos personajes cuya esencia se destila en un cuento, en un breve relato en el que el autor muestra el lado más humano de la vida de sus personajes que no son seres extraordinarios, sólo simples individuos que al fin no dejarán huella alguna en el gran escenario del mundo, simplemente protagonizarán unas existencias anodinas en las que sólo a ellos les afecta lo que se haga con sus vidas. Pero el lector al menos ha tenido constancia de que esas vidas han existido.

"Las hojas estaban quietas en las ramas, se oía el chirrido de las cigarras; el ruido sordo y monótono del mar, que llegaba desde abajo, hablaba de sosiego, del sueño eterno que nos espera. Así era su rumor cuando ni Yalta ni Oreanda existían, así era ahora y así seguirá siendo, sordo y monótono, cuando nada quede de nosotros."

lunes, 8 de enero de 2024

La violinista roja

La escritora
Reyes Monforte vuelve nuevamente a dar protagonismo a un personaje femenino real cuya vida apasionante no era hasta ahora conocida por el gran público pero sí que merece ser contada porque reúne todos los elementos necesarios para ser considerada como una auténtica vida de novela.

La que sería conocida como "La violinista roja" se llamaba África de las Eras; era una joven procedente de Melilla, hija de un militar que entra en contacto con la ideología progresista en Madrid durante los años de la II República, desarrollando una temprana conciencia social cercana a los movimientos sindicalistas que más adelante derivará en el comunismo más radical.

Con el pago de los años, la joven cabará convertida en una destacada espías al servicio de la Unión Soviética y como tal recorrerá diferentes países conociendo a grandes figuras públicas de la política y del pensamiento; Barcelona, Moscú, Ucrania, París o Montevideo serán algunas escalas de su camino a lo largo de una vida dedicada a una única misión: la revolución. 

"Obedecer las órdenes no resultó un problema para ella: hacía años que se había desvinculado de su estirpe en Ceuta y su única familia era el servicio de inteligencia de la URSS."

Su primer contacto con esta revolución será la revuelta de los mineros de Asturias del 34. El estallido de la guerra civil le pilla en Barcelona y allí ocupa cargos entre los milicianos defensores de la República. Va pasando del socialismo a sentirse atraída por el régimen comunista soviético como ideal de sistema político. Desde Barcelona será enviada a México como secretaria de Trotski al que espía por orden de Moscú. Allí  conoce a Frida Kahlo y Diego Rivera y se verá involucrada en el asesinato del político ruso. A su vuelta a España, mientras continúa la Guerra Civil, coincidirá con Hemingway o George Orwell. Finalmente en 1942 se instala en la Unión Soviética donde defiende Moscú de los ataques alemanes. De las misiones de guerrillera, pronto pasa a trabajar en operaciones de inteligencia, comenzando como radiotelegrafista, interceptando comunicaciones, transmitiendo códigos y asumiendo cualquier otra misión que los mandos soviéticos le encarguen. Se convierte así en la mejor violinista al servicio de Rusia, nombre que daban a las operadoras de radio por la agilidad y delicadeza requeridas para su trabajo. Los años pasarán y el mundo entrará en la Guerra Fría, el Telón de Acero separará el ámbito comunista del democrático y África, bajo otros seudónimos seguirá con su misión. "Algunos lo calificarían de fanatismo; ella prefería hablar de compromiso vital."

África no tendrá escrúpulos ni problemas de conciencia para hacer lo que sea preciso y se le ordene en favor de sus ideas políticas, ni dudará un momento en poner su vida en riesgo en peligrosas operaciones; realiza labores de espionaje, sabotajes y no le tiembla el pulso al ejecutar torturas, someter a enemigos a interrogatorios, falsificar documentos, traicionar, extorsionar o participar en asesinatos contra aquellos que se opongan al ideal de sociedad libertaria y comunista en la que cree firmemente, encarnada en el más criminal de los líderes: Stalin. Su capacidad de observación, de interpretar situaciones, detectar el peligro, adelantarse a los movimientos del enemigo, su valor y sangre fría le valdrán la admiración y el reconocimiento de sus superiores.

 "Te has entregado a un hombre a quien ni siquiera conocías: y no hablo de Felisberto, ni de mí, ni de todos aquellos que hayan pasado por tu cama, sino de Iósif Stalin, el Padre de los Pueblos, el Faro de la Humanidad... ¿Quién mata por alguien a quien ni siquiera conoce personalmente?"

Gracias a la capacidad descriptiva de la autora, revivimos con viveza los diferentes sucesos históricos, los variados escenarios en los que se mueven personajes reales mezclados con los ficticios. Se aprecia el intenso trabajo de documentación realizado, aunque a veces nos podemos marear con la abrumadora cantidad de información proporcionada por la autora, con tantas siglas, facciones políticas, departamentos de la burocracia soviética, hechos históricos, fechas concretas y citas que, si bien aportan veracidad y realismo, desde el punto de vista narrativo y de agilidad lectora no benefician a la novela y la hacen excesivamente larga. También me ha resultado demasiado largo el relato de la campaña desarrollada en Ucrania durante la guerra mundial y todos y cada uno de los enfrentamientos y escaramuzas contra los alemanes que ocupaban esa zona. Comprendo el deseo de la autora de ceñirse a los hechos y exponer la información de que dispone, pero en esta ocasión me han vuelto a sobrar páginas. 

En cualquier caso, la novela nos descubre a un personaje sorprendente que llegó a alcanzar los más altos puestos y honores de la inteligencia soviética tras dedicar su vida por entero a un ideal en el que creía firmemente y por el que obedeció ciegamente, asesinó, traicionó y colaboró en terribles crímenes, pero siempre convencida de que era lo que debía hacer para lograr el triunfo de la revolución comunista.

domingo, 3 de mayo de 2020

Un caballero en Moscú

En ocasiones sucede que tendemos a elegir lecturas que se adapten a nuestro estado anímico, a nuestras circunstancias personales o a nuestro humor del momento. Y a veces esta coincidencia se produce por pura casualidad, sin haberlo pretendido. Esto es lo que me ha ocurrido con "Un caballero en Moscú", esta maravillosa novela del norteamericano Amor Towles que nos relata una historia de reclusión que resulta que ni pintada para estos tiempos de confinamiento que nos han tocado vivir.

La novela nos sitúa en el Moscú de 1922 con un noble ruso como protagonista, un personaje que fácilmente podría haber desfilado entre las páginas de "Guerra y Paz". Probablemente, una vez que ha triunfado la revolucion bolchevique, el conde Alexander Ilich Rostov sea uno de los últimos representantes que quedan en Rusia de aquel mundo desaparecido de privilegios, elegancia, lujo cosmopolita, sensibilidad por las artes, la poesía y la belleza, la última prueba viviente de todo aquello que la revolución se llevó por delante.
"Vyshinski: ¿Profesión? 
Rostov: No es propio de caballeros tener profesión. 
Vyshinski: De acuerdo. Entonces, dígame, ¿a qué dedica su tiempo? 
Rostov: A cenar, conversar, leer, reflexionar. Los líos habituales. 
Vyshinski: ¿Y escribe poesía? 
Rostov: Me defiendo bien con la pluma."
Una condena del tribunal revolucionario a raiz de unos versos supuestamente ofensivos obliga al conde a permanecer confinado a perpetuidad en el lujoso hotel Metropol de Moscú. Aquel local constituye de hecho desde hace años su residencia habitual, pero su lujosa suite será sustituída ahora por un triste cuartucho en la buhardilla donde arrumbarán lo poco que le permiten conservar de sus pertenencias. Su existencia se reducirá a partir entonces a los límites hotel: sus restaurantes, el piano bar, la barbería o la azotea se convertirán en su nuevo y limitado universo. Desde su nueva ubicación el conde conserva su espíritu exquisito gozando de suculentas comidas, lecturas y conversaciones y entablando nuevas y estrechas relaciones con el personal al servicio del hotel; los camareros, el botones, el cocinero, el barman o la costurera constituyen su nuevo círculo social, así como los huéspedes que van y vienen que ya no son los que solían frecuentar el establecimiento, ahora sustituídos por gerifaltes y fieles servidores del nuevo régimen imperante.

Con un humor sutil y delicado seguimos las andanzas del conde que, careciendo de un carácter arrojado o aventurero, no se considera un héroe pero tampoco una víctima de su situación; su forzado confinamiento lo superará a base de recuerdos de su glorioso pasado y, al estilo de un nuevo Robinson Crussoe, adaptándose al nuevo entorno, buscando entre los recursos disponibles la solución a sus nuevos problemas y en sus expediciones por los pasillos y vericuetos del hotel contará con la compañía de una pequeña hija del régimen, una niña inquieta y curiosa que le acompañará en esta nueva aventura vital y que tendrá un papel fundamental en su vida.

No pudiendo ser considerado una comedia, el libro se lee con una sonrisa permanente, se contagian a la escritura el ingenio, la desenvoltura y la ligereza que caracterizan el comportamiento del conde, su despreocupación para enfrentarse al mundo, su regocijo en el goce de los más sofisticados placeres, desde la literatura hasta la buena mesa o el ballet, ensalzando siempre las grandes figuras de la Gran Rusia, de Chaikovsky a Tolstoi, en muchos casos sirviéndose de sus recuerdos para sobrevivir a la realidad que va cambiando radicalmente según el régimen comunista se afianza y refuerza. Y a todo ello se enfrenta nuestro protagonista con naturalidad, sin dejar nunca de lado los buenos modales, una elegancia natural en las formas y los principios, la prevalencia de la estética como primer mandamiento a cumplir y esa ligereza y desenfado con los que el conde vive su situación y que se reflejan sin duda en el estilo de la redacción, en la alegría y la elegancia de la narración que se convierte en un dulce placer que se disfruta de principio a fin.
"—Quién podía imaginar —dijo—, cuando te condenaron a arresto domiciliario perpetuo en el Metropol, hace ya tantos años, que eso te convertía en el hombre más afortunado de toda Rusia."

martes, 27 de noviembre de 2018

Jardín de invierno

"Jardín de invierno" es la tercera novela de Kristin Hannah que cae en mis manos después de "Volverás a Alaska" y de la maravillosa y muy recomendable "El ruiseñor" y confieso que tenía muchas esperanzas puesta en su lectura pero debo reconocer que en esta ocasión la autora no ha logrado convencerme como lo hizo con anterioridad, no sé si a causa de que mis expectativas eran muy altas o debido a que la novela no ha resultado tan redonda como las anteriormente citadas. En cualquier caso, y dejando las comparaciones a un lado, la novela es entretenida y tiene bastantes cosas positivas y es muy posible incluso que para algunos lectores resulte una novela maravillosa, cosa que no dudo, pero ya se sabe que cuando un lector no conecta con un libro su opinión no es ni buena ni mala, nadie puede controlar las sensaciones que le provoca una lectura, al margen de que esta esté mejor o peor escrita, tenga más o menos defectos; esa es una de las realidades incuestionables que todo lector sabe que debe asumir: cada uno lee su propia novela, aunque se trate del mismo libro.

En lo que se refiere estrictamente al argumento de la novela, nos encontramos para comenzar con un drama doméstico originado por la muerte del padre de la familia protagonista compuesta por una madre, Anya, una mujer de origen ruso, siempre distante y fría y las hijas de ésta, Nina y Meredith, dos hermanas totalmente opuestas en carácter y ocupaciones: Nina es fotógrafa de guerra, independiente y sin ataduras, siempre viajando lejos de los suyos mientras que Meredith se ocupa del negocio familiar y de su esposo e hijas, vive pendiente de su casa y de sus padres ya mayores.

Anya nunca fue muy comunicativa con sus hijas, encerrada en su silencio y su frialdad, era el padre el que habitualmente servía de nexo de unión en la familia; su muerte deja un vacío que cuesta llenar, un dolor que cada una sobrelleva como puede, sin apoyarse en las otras. Sólo a través de los cuentos que Anya contaba a sus hijas de pequeñas al acostarlas, estas podían sentirse cerca de su madre. Se trataba de viejas leyendas rusas pobladas de personajes tradicionales llenos de fantasía y magia. Y ahora que Anya parece haber perdido el contacto con la realidad, será a través de esos cuentos como las hijas recuperarán un canal de comunicación con ella. Tras la fábula de la campesina y el príncipe enamorados adivinamos un retrato de la época de terror impuesto por el régimen comunista tras la Revolución, de las purgas a los disidentes, del silencio, el hambre, el frío y el miedo que reinaba en el Leningrado del que procede Anya. Este cuento acabará convirtiéndose en el relato de aquellos días de guerra y muerte, de todo lo que Anya ha callado durante años y que sus hijas acabarán por fin descubriendo.

Reconozco que relato desgarrador del cerco de Leningrado cuya crudeza tan bien se narra en "El jinete de bronce" es lo mejor que aporta la novela, el relato de una época histórica fascinante por su dureza y por lo que supuso de prueba de la resistencia de la naturaleza humana ante situaciones extremas. El problema está en que durante muchas páginas he tenido la sensación de que no ocurría nada, que se repetían las jornadas familiares monótonas, las conversaciones que no llevaban a ninguna parte en las que las protagonistas se regodean en el duelo por el padre pero tardamos mucho en adentrarnos en la línea temporal del pasado que adivino desde el principio que es la que va a proporcionarnos la historia fundamental, el auténtico valor de esta novela. Por otra parte, debo reconocer que el estilo fantástico no es lo mío por lo que el recurso de acudir a un cuento lleno de magia para acercarnos al verdadero pasado de Anya no ha logrado conquistarme, aunque sí lo ha hecho su historia real, una vez que ésta ha adoptado el tono realista que me ha convencido mucho más.

martes, 17 de julio de 2018

Llamadme Alejandra

Dentro de mi debilidad por la novela histórica, existen algunas épocas y personajes por los que siento especial predilección y eso se nota en la frecuencia con la que asoman entre los argumentos de mis lecturas. Uno de esos momentos recurrentes sobre los que regreso una y otra vez es el trágico final de la última familia imperial rusa a manos de los revolucionarios; sus protagonistas, las circunstancias personales por las que pasaron, la incertidumbre sobre las razones por las que fueron asesinados, la duda de si eran realmente necesarias sus muertes, el cambio radical que la Revolución rusa supuso en la Historia Universal y en la política mundial son temas que me atraen y me fascinan desde siempre. Por todo ello, no podía dejar pasar la oportunidad de hacerme con esta novela de Espido Freire, a la que he leído con cierta frecuencia y siempre me ha dejado un buen sabor de boca. En "Llamadme Alejandra" nos encontramos con una presunta autobiografía de la emperatriz que en los últimos momentos de su vida, mientras esperan su traslado desde la casa de Tobolsk donde está retenida la familia a un nuevo destino desconocido para ellos en ese momento y que será la Casa Ipatiev, en Ekaterimburgo, va rememorando toda su vida, desde su infancia en el pequeño ducado alemán de Hesse, su relación con sus padres y hermanos y el modo en que se convirtió en zarina mediante su matrimonio con el futuro zar ruso Nicolás II.

Alejandra era una más de las muchas nietas de la gran reina europea de la época, la gran Victoria de Inglaterra cuya amplia progenie ocupó mediante matrimonio la mayoría de tronos reales del continente y que dio lugar a que hasta hoy en día gran parte de las casas reales se encuentren unidas por lazos de sangre. Alejandra era, al parecer, una de las nietas favoritas de la abuela, bella y tranquila, demasiado seria para el gusto de su familia, pero una joven sensata, religiosa y discreta que tuvo la fortuna de poder combinar un matrimonio por amor con un heredero que la situó en una posición infinitamente mejor de la que el destino pareciera haber dispuesto para ella como sexta hija que era de un simple duque alemán.

La lectura de la novela es de lo más agradable. El ir siguiendo el relato de viva voz de la vida de una emperatriz que, sin embargo, se presenta ante todo como una mujer, una esposa y una madre para la que lo primero fue siempre su familia y nunca tuvo mucho interés por la moda o los lujos que en la corte rusa eran elementos imprescindibles, lleva a adentrarse en una experiencia que combina perfectamente la visión de los hechos históricos y de la vida privada de la protagonista que padeció los efectos de una revolución que acabaría aniquilando a toda su familia. Hace algún tiempo ya leí, de esta misma autora, otra biografía en la que empleaba este mismo recurso de darle la voz a la protagonista, en aquel caso se trataba de Cristina de Noruega, casada con el hermano de Alfonso X el Sabio y en ambos casos la autora logra una gran cercanía a la figura humana, al aspecto íntimo y personal de ambas mujeres. Nos acercamos a la profunda religiosidad de la zarina, a su dedicación total a su familia, su devoción hacia el oscuro y nunca comprendido Rasputin al tiempo que se nos describen detalles tan humanos como la selección de medias y guantes para su ajuar, la mala relación con su suegra o su costumbre mal vista en la Corte de amamantar a sus hijos. Todo ello nos permiten ver a la zarina como una mujer, más allá de los grandes acontecimientos históricos en medio de los cuales tuvo la fortuna o desgracia de vivir, como una madre que sufre por la enfermedad de su hijo y no soporta la frivolidad de la corte rusa que contrasta con sus sencillos y frugales gustos. Pero nada de eso le sirvió para evitar el verse arrastrada por la ola de la Historia junto a sus seres más queridos.

No hay duda de que la autora ha logrado nuevamente conquistarme con una nueva biografía novelada cargada de información, contada con sensibilidad y que despierta el interés tanto por la figura histórica como por el ser humano que late bajo la corona de la última zarina.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Nieve en otoño

En lo más alto de mi pódium de autores favoritos figura en un lugar de privilegio la escritora ucraniana Irène Némirovsky desde el momento en que descubrí, hace ya bastantes años, su magistral "Suite Francesa" y desde entonces voy leyendo, sin prisa pero sin pausa, sus restantes obras en las que siempre encuentro esa maravillosa forma suya de narrar y, especialmente, el retrato de unos personajes que cobran vida en unas pocas y acertadas pinceladas y en cuyo interior profundiza con intensidad al tiempo que nos muestra un mundo que dejó de existir pero que sigue vivo gracias a obras como la que hoy comento, "Nieve en otoño", un breve retrato a la altura de lo que acostumbra la autora en la que pone en el primer plano protagonista la figura de la vieja Tatiana Ivanovna, criada de la aristocrática familia rusa de los Karin a los que sirve desde que era una jovencita. Muchas guerras y enfermedades que durante años han asolado Rusia se han llevado a numerosos miembros de varias generaciones de la familia y mientras tanto ella persevera en su entrega a su trabajo con una lealtad a toda prueba, sufriendo como propios los dramas de sus señores y siempre confiando en la voluntad de Dios en cuyas manos pone el destino de la familia y el suyo propio que siente unido irremisiblemente a lo que les suceda a ellos.

El relato nos muestra como Tatiana abandona el palacete de los Karin y sigue a la familia en su huida de Rusia tras el estallido de la revolución hasta París donde a la vieja criada le impactan los modos de vida con los que se encuentra, tan distintos a lo que le marca su talante religioso y sacrificado y a lo que estaba acostumbrada la antigua y tradicional sociedad rusa. Mientras que los miembros más jóvenes de la familia tratan de habituarse a los nuevos aires y modas y los mayores se esfuerzan por su parte en olvidar los malos momentos vividos y hacerse a su nueva situación, la vieja criada conserva la memoria de aquellos días, el lujo de los viejos tiempos en los que su condición de miembro de la servidumbre no le impedía sentirse parte de algo importante, una más de la familia y la única encargada de conservar las costumbres y maneras de ese mundo que ya nunca volverá y que tal vez sólo ella lamenta realmente haber perdido.

Una nueva muestra de la maravillosa obra de Nemirovsky que siempre supone un placer reencontrar y disfrutar.

martes, 21 de junio de 2016

El jinete de bronce

No es esta la primera vez que mis lecturas me trasladan hasta la antigua capital de Rusia, la majestuosa e imponente ciudad de San Petersburgo y es que ya he reconocido con anterioridad de mi gran afición por la época histórica de los últimos zares de todas las Rusias. Pero en esta ocasión el tiempo histórico es diferente, "El jinete de bronce", primera novela de una trilogía a cargo de Paullina Simons, autora norteamericana pero nacida en la citada ciudad rusa, se sitúa en 1941, la Revolución Rusa triunfó hace ya veinte años y San Petersburgo ha pasado a conocerse ahora como Leningrado. Nos encontramos en el verano en el que los ejércitos alemanes acaban de invadir territorio ruso, hecho que abre un nuevo y temible frente en la guerra que está arrasando Europa. Demasiado pronto las tropas nazis amenazarán los alrededores de la ciudad que se prepara a resistir ante la más poderosa máquina de guerra nunca antes conocida.

Pero en estos días de verano la joven Tatiana Metanov sólo piensa en el calor del verano, en el campamento al que mandarán a su hermano mellizo y en su propio veraneo. La suya es una familia proletaria corriente de la Rusia de Stalin: todos colaboran con su trabajo, comparten dos habitaciones con los abuelos en un gran piso comunal y viven de acuerdo con las consignas del Partido. Pero ni el régimen comunista puede evitar que los jóvenes tengan ganas de vivir y divertirse, sueñen con el futuro y, por supuesto, se enamoren. Y eso ocurre cuando Tatiana, con sus dieciséis años conoce a Alexandr, un apuesto oficial del Ejército Rojo del que caerá perdidamente enamorada; pero ese amor se verá frustrado cuando descubra que Alexandr es el atractivo soldado del que su adorada hermana, la bella y resuelta Dasha, le habla sin parar desde hace algún tiempo. Tatiana nunca se plantearía hacer nada que pudiera causar daño a su hermana por lo que, a pesar de la intensidad de los sentimientos que surgen entre ellos, la joven luchará contra sus propios sentimientos para evitar defraudar a su hermana.

Y a todo esto, el conflicto amoroso compite con el conflicto bélico de fondo: la guerra cerca la ciudad de Leningrado que se prepara para afrontar un bloqueo mortal por parte de las tropas alemanas que pondrá a prueba la resistencia de sus habitantes.En estas circunstancias, el descubrimiento del amor apasionado por parte de la jovencísima Tatiana es una sorpresa inesperada que la llena de alegría y dolor a partes iguales, la sorpresa ante los nuevos sentimientos nunca antes imaginados, la lucha contra sus sentimientos por no dañar a su hermana que se ve tan ilusionada con Alexandr como ella misma, compite con el sufrimiento que el propio asedio a la ciudad, la escasez, el frío y la muerte que se apoderarán de la ciudad no serán impedimento para que los amantes combatan su propia batalla personal en la que lo podrán perder todo, más allá de sus propias vidas.

Es esta una historia de amor intenso y apasionado cuyos protagonistas podrían encarnar el ideal de los amantes perfectos, hechos el uno para el otro, dispuestos a sacrificarlo todo, dar su vida por su amor. Una historia de mucho sufrimiento, con sus momentos de pasión desatada, que, en resumen, deja una sensación de disfrute muy grande. No sé si tanto como para continuar con la serie que, ya se adivina, transcurrirá en otro escenario geográfico y temporal, pero tampoco descartaría seguir en algún momento con la continuación de esta historia, aunque, claro está, adivino que ya no tendrá el elemento destacado del descubrimiento, de la experiencia del primer amor que marca intensamente esta novela que podría describirse, en pocas palabras, como una historia de amor de las buenas. Y lo dice una lectora poco aficionada a la novela romántica, que conste.

viernes, 8 de abril de 2016

Una pasión rusa

Con frecuencia tengo la sensación de que dedico más tiempo a leer opiniones, críticas, reseñas, argumentos, a la búsqueda de una novela que considero que me puede llegar a emocionar por su forma y su fondo, que el tiempo que dedico a la lectura efectiva propiamente dicha. Y es que la elección correcta de la siguiente lectura es generalmente complicada; influyen en ella no sólo mis gustos, la calidad del autor o el argumento de la historia en sí, sino cosas tan ajenas al propio libro como mi humor en ese momento, el estado emocional en que me encuentre e incluso las modas o tendencias que impone el mercado: lo mismo todo son historias de vampiros que pasamos al boom de la novela histórica o nos da por leer a todos autores japoneses. Hay veces que, como algunas mujeres frente a un armario lleno de ropa, dices aquello de "No tengo nada que ponerme leer". Y después de esa búsqueda incansable de la siguiente lectura, no siempre se da el afortunado hecho de que una novela de la que esperabas mucho te llegue a satisfacer completamente a pesar de las bazas a su favor que te hicieron decidirte por ella. Pero aún más extraño es que te enamore un libro que comienzas porque ya te has cansado de verlo comentado, recomendado, alabado y ensalzado, como es el caso de "Una pasión rusa", una novela que durante meses me iba apareciendo a lo largo de esas interminables búsquedas pero, por la razón que sea, por ese "instinto arácnido" que, al estilo de Spiderman, también tenemos (o creemos tener) los lectores, no acaba de llamarme y la he ido aplazando pensando que no le veía el interés a la vida de una señorita española que acaba casada con un genio de la música y viviendo en la Unión Soviética de los más duros años del stalinismo. Pues parece ser que mi instinto en este caso me había estado engañando a base de bien, porque la historia que  Reyes Monforte nos cuenta es apasionante, emocionante, llena de información sobre una época de la Historia mundial que resultó compleja, alborotada, excitante y peligrosa en muchos casos.

La protagonista de la novela es Lina Codina, hija del tenor español Juan Codina y de la soprano rusa Olga Nemisvskaia. La propia Lina comenzó su carrera profesional como cantante en un entorno social y cultural que daba por sí solo para toda una novela. A principios del siglo XX el mundo en el que se movía Lina era una mezcla de cultura, arte, política, dentro de los complejos años que llevaron de una gran guerra a la siguiente. Viajando por el mundo, de París a Nueva York, rodeada de lo más granado del arte, la cultura, la empresa y las grandes riquezas, Lina, adornada además con una gran belleza y elegancia natural, apuntaba a convertirse en una gran diva del canto y a brillar en medio de esa élite cultural. Y en ello estaba cuando en 1918 conoce al compositor Serguéi Prokófiev que por entonces ya era considerado uno de los grandes genios de la música mundial. La historia de la pareja es, desde sus comienzos, una fabulosa mezcla de amor, pasión, creación artística, conflictos políticos y personales. Ambos poseen personalidades fuertes, creativas e intensas, por lo que su vida en común supone un excitante viaje personal desde la más alta cumbre de la fama y el lujo, rodeados de privilegios junto a las grandes personalidades de la época en los más sofisticados teatros, palacios y salones del mundo occidental hasta lo más profundo, cruel y deshumanizado de la Rusia sometida al régimen estalinista y a sus irracionales y sanguinarias políticas. No voy a entrar en los detalles del argumento más allá de lo ya mencionado porque creo que merece la pena asistir a ese descenso a los infiernos, acompañar a Lina a lo largo de su vida, sufrir con ella y comprobar todo lo que es posible experimentar en una sola vida. Una intensísima historia que vale la pena leer.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Las hermanas Romanov

Existen a lo largo de la Historia una serie de episodios por los que siento especial atracción, que me apasionan y sobre los que no me canso leer una y otra vez; son esas historias de la Historia que nunca se agotan, sobre las que constantemente aparecen nuevas versiones o nuevos datos y que no pierden nunca su poder de fascinación. Uno de estas historias es la de "Las hermanas Romanov", las hijas del último zar de Rusia, las archiduquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia Romanov que en esta biografía de Helen Rappaport se nos muestan con gran profundidad, protagonizando un libro que se centra en sus figuras en lugar de en sus padres e incluso en su hermano, el joven zarevich. En esta ocasión son las cuatro hermanas las que se presentan como personajes fascinantes, como las últimas princesas de un imperio ruso que desapareción con su propia muerte y que, por tanto, siempre conservarán un aura de mito inevitable.

Las jóvenes Romanov eran miembros de la realeza por nacimiento, por descender de unos antepasados cuyos orígenes se enraízan en las familias reinantes europeas por siglos, lo que las convertía en princesas de purísima sangre real. Para ellas tanto sus privilegios como la responsabilidad que supone su posición y de representar a su familia venía de nacimiento, como algo natural, un derecho de origen divino que no podían, ni siquiera se les ocurría que pudiera ser puesto en duda. Cierto es que la familia imperial rusa vivía anclada en un pasado que los movimientos sociales de su época querían ver aniquilado, que no supieron adaptarse a lo que el pueblo reclamaba, y para su desgracia lo reclamaron de la manera más violenta, por lo que fueron víctimas de su propia educación y de su falta de visión política.

Lo cierto es que a través de esta biografía de Helen Rappaport nos acercamos a la figura de las cuatro archiduquesas Romanov, a su vida personal más íntima, conocemos datos que nos iluminan sobre su forma de ser, sus hábitos cotidianos, su educación, las relaciones personales y familiares, su devoción religiosa, su gran sentido de la familia. El libro nos permite verlas como las niñas y jóvenes que fueron, asistir a su crecimiento, ver como desarrollaban cada una su propia personalidad en medio de un estilo de vida poco propio de princesas, fundamentalmente aisladas con respecto al mundo exterior, no sólo a la realidad de su país, sino alejadas de toda vida social y cortesana propia, no ya de unas princesas casaderas, sino incluso de lo que se espera de cualquier joven de su edad. Su vida cotidiana se encontraba centrada en su círculo familiar más reducido, en una especie de microcosmos cerrado en el que su madre las mantuvo durante años, deseosa de vivir una existencia sencilla, alejada de lujos y boatos (en el marco de la lógica abundancia y comodidad irrenunciable de la que disponían el pertenecer a la familia imperial) pero dentro de su nivel social no puede negarse que llevaron una vida esencialmente recluída, sencilla, rutinaria y virtuosa.

El libro está intensamente documentado pero en ningún momento resulta abrumador por la cantidad de datos, fechas o documentos que se citan. Al contrario, fluye muy ligero, lleno de interés en todos los capítulos y retratando a toda la familia Romanov, pero en especial a las cuatro archiduquesas, de una manera cercana y dándonos la versión del lado más humano de las jóvenes y de su dramático destino.

domingo, 14 de julio de 2013

El testigo invisible

Me he declarado en repetidas ocasiones como una apasionada de la novela histórica y revisando mis lecturas es fácil comprobar la alta frecuencia con que este género aparece en ellas. Y en muchas ocasiones esto no es un resultado de una búsqueda voluntaria, sino que las novelas basadas en hechos reales, con trasfondo histórico, me atraen de manera irresistible y acabo cayendo en ellas una y otra vez. Existen, además, épocas, personajes o acontecimientos concretos por los que, lógicamente, siento una especial debilidad y que se presentan igualmente en mis lecturas con cierta regularidad. Uno de esos temas recurrentes sobre el que no me canso de leer es la vida y, por supesto, la dramática muerte de los últimos representantes de la familia imperial rusa, el zar Nicolás, la zarina Alejandra y sus cinco hijos, el pequeño zarevich y las hermosas princesas imperiales. Y este es el tema central de la última novela de Carmen Posadas de título "El testigo invisible" que cuenta los últimos años de la familia Romanov, contados en esta ocasión desde el punto de vista del joven Leonid Sednev, un chico que entra al servicio del palacio Aleksandr como water boy o encargado de limpiar los conductos de las calefacciones del edificio y que se mantendrá junto a la familia real hasta sus últimos momentos en la conocida como Casa del Propósito Especial, el último alojamiento de la familia y donde serían asesinados finalmente. La relación del chico con sus señores, los rumores e intrigas en los que se ve envuelto, su enamoramiento platónico de una de las princesa, los personajes históricos que desfilan por San Petersburgo en aquellos días... todo eso se nos cuenta con un tono sencillo, desde el punto de vista del pequeño Leonid, pero contado a modo de memorias, muchos años después y desde la otra punta del mundo, en una confesión de unos hechos que desea narrar antes de morir para dejar constancia de lo que en esos años vivió junto a los zares.

Es sabido que en torno a estos hechos se han escrito cientos de versiones de todo tipo, novelas de variado género, además de otras historias paralelas en torno a la supuesta supervivencia de algunos de los miembros de la familia imperial, fundamentalmente de la pequeña Anastasia, por no hablar del siempre intrigante personaje de Rasputín. Recuerdo, así al pronto, "La casa del propósito especial" de John Boyne o "El síndrome de Anastasia" de Mary Higgins Clark. Esta de Posadas es una aportación más a la larga lista de incursiones en esta apasionante historia, contada con la soltura y el gancho habitual en la escritora, plagada de datos históricos, de curiosidades sobre el día a día de la familia de los zares, con una frescura que te aproxima vivamente a los personajes y que hacen que te enganches a la lectura hasta la última página. Y eso, teniendo en cuenta que ya conocemos el desenlace de antemano, tiene su mérito.