miércoles, 19 de octubre de 2011

Los ojos amarillos de los cocodrilos

Por fin me he decido a leer “Los ojos amarillos de los cocodrilos” después de ver esta novela de Katherine Pancol durante muchos meses entre los libros más vendidos; eso sí, lo he hecho con mi habitual postura de desconfianza ante los best-sellers y más si son franceses, (es que me desencanté con La Elegancia del Erizo y venía con la guardia alta ante éste) Pero ahora tengo que reconocer que, en este caso, la fama se la tiene bien merecida, en el enfrentamiento con los erizos, los cocodrilos han vencido por goleada.

Lo que destacaría, por encima de todo, más allá de la trama en sí, que es muy entretenida, sería la estupenda forma de describir a los personajes: todos los ellos tienen entidad propia, los protagonistas y también los secundarios son absolutamente creíbles, muy bien dibujados, sin caer en el estereotipo, los retratos son profundos, los diálogos son vivos, con un lenguaje actual y fresco, reflejan acertadamente la personalidad de cada uno: Antoine, con la angustia de ver pasar los años sin alcanzar el ansiando éxito social y económico; las hijas cada una diferente: Hortense, exquisita y refinada a sus catorce años, con grandes planes de futuro y la pequeña Zoé, inocente, cariñosa y dulce, parecen un remedo de la relación de la propia Joséphine con su hermana Iris, la triunfadora implacable en el aspecto social que le echa en cara sus fracasos y la maneja a su antojo mientras vive la mentira de un matrimonio basado en la rutina y el interés; su marido, Philippe, que se defiende de una realidad que le asquea bajo una capa de frialdad ; La madre, Henriette, altiva y manipuladora que alcanzó la categoría de nueva rica a través de su segundo matrimonio con Chef, un empresario de gran éxito pero origen humilde y toscos modales que encuentra consuelo en Josiane, una superviviente que anhela seguridad y cariño; o Shirley, la amiga y confidente, siempre con un consejo sabio o un comentario acertado desde la más cruda visión de la realidad.
“¡A la mierda la poesía! Eso es algo que han inventado para pegárnosla. ¿Sabes tú de alguna relación poética? Yo sólo sé de fraudes y escabechinas.”
Y finalmente Joséphine, la protagonista, una mujer de carne y hueso, esposa, madre, trabajadora, estudiosa, es como un corderito entre una manada de lobos: no sabe decir que no, no tiene grandes ambiciones, se desenvuelve mejor entre los usos de la Francia medieval que en la vida real. Tan sólo aspira a ver crecer felices a sus hijas y tal vez encontrar un hombre que la quiera de verdad, al que no le importen sus kilos de más ni su pelo sin teñir. Lucha por poder acostarse por las noches sin tener que darle vueltas y más vueltas a las cuentas del mes. Y cuando se encuentra frente a la posibilidad de alcanzar todo le asaltan todo tipo de dudas.

Y la historia es creíble, tanto que podría ocurrir en la casa de al lado, nos encontramos ante personas reales con sus distintos estados de ánimo, deseos y sentimientos, desde las primeras escenas entras de lleno en sus vidas: matrimonios sin amor, basados en la rutina y la conveniencia, infidelidades, hijos, familiares y amigos cada uno con su propia personalidad, vidas que se cruzan unas con otras, a veces aparentemente sin rozarse, otras dejando un gran rastro de ayuda, apoyo o consejo pero también de traición, dolor o desprecio. Los grandes temas actuales, el miedo, la ansiedad, la soledad en medio de tanta gente, el vivir de las apariencias, de la presunción de éxito y triunfo social, las relaciones en las que se intercambia amor por dinero, poder, influencias, pero a veces también sólo a cambio de un poco de protección y amparo, todo eso está magníficamente contado.

Un relato actual donde, como bien entiende Jo, hoy día, igual que en el siglo XII, es el amor, la amistad y la familia lo que sustenta al individuo porque a pesar del paso de los siglos al final el objetivo siempre es el mismo: alcanzar la felicidad personal que no se encuentra ni en la riqueza ni en la fama, porque es tan difícil darse cuenta de que la Felicidad con mayúsculas no existe, que hay que buscarla a diario en las pequeñas cosas. A la vez que va escribiendo sobre la Edad Media, Jo va aprendiendo a resurgir, a ser independiente, mezcla la realidad con sus personajes de ficción pero acaba aprendiendo de su propio pasado y encuentra fuerzas para enfrentarse al futuro.

Joséphine aprende a luchar sola, a que tiene que labrarse su propia felicidad día a día, equivocándose y volviéndose a levantar y aunque suene a filosofía barata, creo que el mensaje se transmite con eficacia en esta novela, que recomiendo sin dudar.
El amor es la mayor de las riquezas... El amor que damos y el que recibimos. Y yo no puedo pasarme sin esa riqueza...”

jueves, 13 de octubre de 2011

Dreams from my father

Termino la lectura de “Dreams from my father”, la autobiografía de los primeros años de vida de Barack Obama con la sensación de que entre las personas que triunfan en la vida hay algunas que se encuentran con la suerte de cara, las circunstancias propicias y los contactos adecuados, los que nacen para triunfar, y otras que, sencillamente, se han ganado a pulso lo que tienen: han luchado por alcanzar sus metas y se merecen estar donde están. Y es que estoy segura de que en ninguna lista de ciudadanos norteamericanos con posibilidades de convertirse en Presidente de los Estados Unidos debió figurar nunca el nombre de Barack Obama si nos basamos en sus orígenes, su entorno y, por supuesto, su color. Pero ahí está él: el primer Presidente de raza negra de los Estados Unidos de América, algo que hasta hace unos años sólo podíamos ver en algunas películas de ciencia ficción. Y a la vista de su historia la cosa no ha debido de resultar fácil.

Lo cierto es que el libro tiene el valor añadido de haber sido publicado en 1995 cuando todavía era lejana la elección que le llevó a la Casa Blanca en 2.008, por lo que no corre el riesgo de ser una autobiografía maquillada del flamante Presidente, sino que aún no era más que un abogado brillante con un prometedor futuro y por aquel entonces no tenía más título que haber logrado ser el primer editor de color de la prestigiosa Harvard Law Review.

Los orígenes de Obama, como comentaba, son realmente peculiares: nacido en Honolulú, hijo de una chica de Kansas y de un ciudadano keniata llegado a los Estados Unidos para ampliar sus estudios. El matrimonio se disolvió a los pocos años de nacer el pequeño ya que el padre se vio obligado a volver a su país para ocuparse de sus responsabilidades familiares como hijo de un importante jefe de tribu destinado a ocupar puestos de responsabilidad en la recientemente independizada Kenia. La madre de Barack se volvió a casar, esta vez con un ciudadano indonesio y se trasladaron a vivir a Yakarta, donde el pequeño Barack vive sus años de infancia en un ambiente relajado y un tanto asilvestrado, bastante alejado del estándar norteamericano. Al aproximarse a la adolescencia su madre decide enviarlo de vuelta a su país de origen para que continúe con sus estudios y así transcurren sus primeros años de juventud en los revueltos años 70 como un chico de color al cuidado de sus abuelos blancos. En esta época comienzan sus primeros acercamientos al mundo de la política, la defensa de los derechos civiles, las diferencias entre las distintas razas e incluso algunos escarceos con las drogas.

Obama creció con el recuerdo de su lejano padre como si de un héroe se tratara ya que, a pesar de no guardar ninguna memoria real de él, tanto su madre como sus abuelos se esforzaron por dibujarle una imagen casi ideal del personaje, con el que sólo se volvería a encontrar una vez a la edad de diez años, si bien algún tiempo después conocería a través de una medio hermana keniata los aspectos más oscuros de la vida de su padre a su regreso a Kenia. De cualquier modo, siempre se sintió obligado a mantener un nivel de excelencia digno de la gran familia africana de la que procedía que se vio reforzado por el constante apoyo y confianza de su madre y sus abuelos en sus capacidades.

Su primera ocupación profesional seria le llevaría a Chicago, donde ocupa un puesto de “organizador social” algo no muy habitual en nuestro continente y que sería algo así como impulsor de las comunidades más pobres y marginales de la sociedad, tratando de articular por medio fundamentalmente de las parroquias de la zona unos grupos de presión destinados a encauzar las demandas fundamentales de estos ciudadanos hacia los centros de decisión. Algo que en nuestro país se haría a través de partidos, sindicatos y asociaciones diversas que no tienen equivalente en América. Durante este periodo, Obama profundiza en las desigualdades e injusticias existentes dentro de la supuestamente avanzada y opulenta sociedad norteamericana donde, por lo general, son las personas de color las que salen peor paradas, en ocasiones no sólo por el racismo de los blancos, sino también por los propios prejuicios de los negros y su actitud ante las demandas de la sociedad. Muestra Obama una enorme capacidad de empatía para entender las distintas posturas de las personas con las que trabaja y para tratar de ayudar sin realizar juicios de valor ni culpabilizarles por su situación. Su esfuerzo por ayudar a estas personas y tratar de mejorar sus condiciones es sincero y muestra un carácter tenaz y luchador.

Al final de este periodo decide completar su formación asistiendo a la selecta escuela de leyes de Harvard lo que sigue marcando las diferencias entre él y los ciudadanos de color con los que trabaja que no tienen posibilidades de mejorar sus vidas por medio de los estudios o la formación profesional. Obama se sigue sintiendo en tierra de nadie, y antes de entrar en la universidad decide, por fin, realizar el viaje, tantas veces pospuesto, a Kenia para conocer sus raíces y la numerosa familia que allí creó su ya difunto padre.

El viaje a Kenia le sirve para tomar contacto con sus orígenes en un lugar donde su apellido es reconocido y lo identifica como hijo del Dr. Obama: “nadie aquí en Kenia me pregunta cómo se escribe mi nombre” Debido a los diversos matrimonios de su padre, Obama se encuentra con una pléyade de medio hermanos, tíos, abuelas, personas hacia las que, sin haberlas conocido hasta ese momento, se siente vinculado y de algún modo obligado a ayudar dada su situación privilegiada pero, en el fondo, él se siente norteamericano y entiende que la necesidad de reencontrarse con esta parte de su historia no quita que su esencia y su cultura sean norteamericanas y logra asumir que debe vivir con su eterna dualidad racial, cultural y familiar y tomar esa riqueza como base para su vida.

Encuentro la historia de Obama indudablemente peculiar, fuera de muchas normas, totalmente alejada del clásico "american way of life". Más bien una historia de superación, de esfuerzo por conseguir sus objetivos a base de trabajo y estudio, con la rémora que supone el tener que forjarse una identidad racial y familiar sobre la que basar la existencia. Todo un ejemplo de hombre hecho a sí mismo y que ha alcanzado la cima de la sociedad a pesar de no tener, a priori, ningún factor a su favor que le hiciese candidato para llegar a donde ha llegado.

martes, 4 de octubre de 2011

El enigma Stonehenge

Lo voy a confesar: he disfrutado como una enana con esta novela, El Enigma Stonehenge de Sam Christer, todo misterio, enigmas esotéricos, con su correspondiente ración de investigación policial, acción, persecuciones... en fin, puro esparcimiento sin necesidad de reflexión. Y es que de vez en cuando se agradecen estos novelones de lectura facilona y trama frenética, de los que devoras cien páginas de una sentada pero que, una vez que cierras el libro y te vas a dormir, te deja la mente liberada de tensión.

Pues eso es, básicamente, en lo que consiste esta novela: una muy entretenida historia en la que un profesor universitario, Gideon Chase recibe la noticia del suicidio de su padre, un eminente arqueólogo que había amasado una gran fortuna a base de expoliar yacimientos a todo lo largo del planeta y vender sus hallazgos al mejor postor, política que desagradaba seriamente al hijo, lo que había causado el distanciamiento entre ambos en los últimos años. Ahora Gideon vuelve a la mansión de su difunto padre, situada cerca de Stonehenge, donde descubrirá a qué se dedicaba su padre en los últimos tiempos y cuál fue la razón que le llevó a acabar con su vida. La inspectora Megan Baker tiene asignada la investigación del suicidio pero pronto comprenderá que el asunto no es tan sencillo como parecía al principio.

Sectas secretas, ritos arcanos, creencias sobrenaturales, todo un mundo de misterio sustenta al grupo de Adeptos, Observantes, al Gran Maestre, encargados todos ellos de custodiar las antiguas piedras del círculo mágico que forman Stonehenge, los Sacros, como ellos las llaman, fuente de bendiciones y enseñanzas y que les lleva a defender su secreto con los medios que sean necesarios.

En fin, un argumento clásico de buenos contra malos que se lee muy fácil, proporciona un buen número de horas de lectura desenfadada y nos dan otra explicación (una más) sobre uno de los grandes misterios de la Antigüedad que continúa aún sin resolver: el del origen y la razón de ser de las formaciones de Stonehenge. Y mientras siga siendo un misterio, seguirán escribiéndose libros sobre él y esperemos que todos sean entretenidos como éste y encima es posible que alguna vez se nos cuente algo que pueda acercarse a la verdad. Aunque lo dudo.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Invisible

Siempre me ha gustado Paul Auster, su forma de narrar, de meterte de lleno en esos ambientes cargados de casualidades, medias verdades, de hacerte sentir como sienten los personajes, personas llenas de dudas e inquietudes intelectuales, su visión particular de Nueva York siempre como telón de fondo... todo eso lo he encontrado en la última novela suya que he leído, Invisible, pero eso no hace, necesariamente que sea una lectura que vaya a recomendar, como ya explicaré más adelante.

Comienza el relato con una narración en primera persona en la que Adam Walker, estudiante de letras y aspirante a poeta, nos cuenta cómo en el curso de 1967 conoce, de manera casual, a Born, un peculiar francés profesor visitante en la universidad de Columbia. Born y su pareja, Margot, le seducen completamente y le tientan con la posibilidad de dirigir una revista cultural. La relación se torcerá por un desgraciado acontecimiento que hará que Born vuelva a Francia y que Walker quede obsesionado con la idea de hacer justicia por lo sucedido.

Posteriormente, en un cambio total de registro narrativo, descubrimos que lo que acabamos de leer es un proyecto de novela que Walker ha hecho llegar, muchos años después y a punto de morir, a un antiguo compañero de universidad, ahora convertido en novelista de éxito, solicitando su ayuda porque no es capaz de continuar con su escritura. A partir de aquí se suceden varias partes en las que el narrador va cambiando desde el relato en tercera persona hasta el diario personal y se nos cuenta cómo fue la infancia de Walker, la relación con sus padres, la trágica muerte de su hermano pequeño y cómo marcó esto a todos los miembros de la familia y la relación con su hermana Gwyn, además del viaje que realiza a París para seguir un curso aunque su verdadera razón es seguir los pasos de Born y tratar de vengarse de él, pero las cosas no salen como había planeado y Walker debe volver a los Estados Unidos, donde se nos da cuenta de cómo transcurre el resto de sus días, hasta el momento en que nos lo volvemos a encontrar, ya al borde de la muerte y deseoso de volcar sobre el papel aquellas experiencias vividas en el año 67. También conoceremos hacia el final de la novela algún secreto que Born tenía oculto durante tantos años.

Es de admirar la habilidad de Auster en manejar los distintos personajes, los diferentes puntos de vista, en exponer las relaciones entre las personas y los fantasmas que les persiguen y les llevan a ser y actuar como lo hacen, sin duda, un gran ejemplo de novela, desde el punto de vista formal con unos personajes interesantes que mantienen su coherencia a lo largo de todo el relato.

Pero ahora llega el momento del “pero”, que ya he advertido al inicio que existía. No he podido disfrutar plenamente de la lectura de esta historia ya que había un aspecto que me ha desagradado sobremanera y que me ha incomodado a lo largo de todo el relato: se trata del modo en que presenta la relación incestuosa entre dos de los personajes. Y no es que me moleste el tema en sí, el asunto existe o puede darse, no lo voy a negar y la Historia está llena de casos. Lo que me ha llevado al rechazo es la amoralidad (que no digo inmoralidad) de la actitud de los protagonistas, la falta de conciencia de que la relación que mantienen es contraria a la naturaleza del amor fraternal y lo que se espera de él, la forma en que mantienen una relación física que Auster no se priva de describir con todo lujo de detalles, con un estilo, para mi gusto, más cercano a la pornografía que al erotismo, peor aun cuando el primer encuentro sexual que se describe entre ambos se sitúa en una edad que no me cuadra con la variedad y abundancia de habilidades erótico-festivas que se les atribuye.

Y antes de que me acuse nadie de tener prejuicios morales, lo afirmo yo rotundamente, me ha desagradado la forma y el fondo de este asunto desde el punto de vista puramente moral, la manera de exponer la situacióny la serenidad con que la viven los protagonistas, alejados de cualquier sombra de duda sobre lo apropiado de su comportamiento. Y la cosa no mejora cuando, al tiempo, surja la duda de si esta relación existió realmente o fue inventada por una de las partes.Ahora bien, aquel lector que no se vea afectado por este asunto seguro que disfruta de la novela por su calidad literaria e interesante historia.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Cuéntame un cuento 3. Cuentos por teléfono


Hacía mucho tiempo que no escribía una entrada sobre libros para leer a/con los niños. Lo cierto es que mis hijos mayores ya leen solos desde hace tiempo y el pequeño aún se conforma con que le repita noche tras noche el único cuento que conoce: Los tres cerditos, pero que tengo que contarlo dos o tres veces seguidas, porque cada vez que termina me dice: "Másss", ¡oye! que es durísimo para dormirse y a mí se me caen los párpados y aún se lo tengo que repetir entero una vez más, casita a casita, soplido a soplido.

En fin, para cuando crezca y para aquellos que todavía tenéis niños en edad de que les lean un cuento antes de ir a dormir, voy a recomendar todo un clásico: "Cuentos por teléfono" del italiano Gianni Rodari. Este autor tiene una particular forma de escribir que encanta a los niños desde bien pequeños ya que crea un mundo mágico en medio de la realidad más cotidiana, con un humor muchas veces absurdo, donde los personajes se comportan de la manera más extravagante como si fuera lo más normal del mundo, los objetos cobran vida y hablan con naturalidad de sus cosas y donde todo es posible, con un estilo que hace que los peques se tronchen mientras los mayores los miran pensando: "y esa tontería, ¿te hace gracia?" Rodari sabe llegar a la mente infantil y crea unas situaciones donde la imaginación hace que todo sea posible: desde la niña que se convierte en hormiga todas las noches al irse a la cama, o el ratón que comía gatos, a la violeta que perfumaba en el Polo Norte o el autobús que un día se salió de la ruta y se dirigió a las afueras, cargado de indignados pasajeros.

En este volumen se reúnen varias decenas de pequeños cuentos con una característica común: son las historias que diariamente el señor Bianchi, viajante de comercio, le cuenta a su hija cuando la telefonea para darle las buenas noches desde cualquier lugar de Italia donde se encuentre, porque sin el cuento de cada noche la niña no se puede dormir. En ocasiones la historia es un poquito más larga, aunque nunca ocupa más de tres páginas, pero a veces el señor Bianchi va corto de tiempo y la historia se resuelve en una docenas de líneas. Lo cierto es que siempre dejan en el recuerdo una dulce sensación y una sonrisa en los labios. Y, como se dice en la propia introducción del libro:


...cuando el señor Bianchi telefoneaba a Varese, las señoritas de la telefónica suspendían todas las llamadas para escuchar sus cuentos. ¡Claro! Algunos son tan bonitos...
Anuque yo, más bien, diría: "Todos son ¡tan bonitos!" ¡Que los disfrutéis mucho!

martes, 13 de septiembre de 2011

Hoy caviar, mañana sardinas

He aquí un libro que me lanzo libremente a recomendar sin preocuparme de si a alguien no le va a gustar, si el tema resultará un poco duro o si puede herir alguna sensibilidad. Con esta "Hoy caviar, mañana sardinas" escrita al alimón por Carmen Posadas y su hermano Gervasio (de profesión, cocinero) estoy segura de que va a disfrutar un montón de gente. Para empezar, es una novela ligerita, con lo que, al que no le acabe de gustar tan sólo habrá perdido dos o tres días de lectura y no demasiadas neuronas. Pero seguro que a los que les guste viajar, conocer otros países y culturas (e incluso el nuestro propio aunque en una época pasada que yo, personalmente, no he vivido) además de aquellos que gusten de la gastronomía internacional y de experimentar en la cocina, a todos esos seguro que les va a hacer disfrutar este libro.

La obra es (supuestamente) autobiográfica: describe las peripecias que la familia Posadas vive en los distintos destinos que el padre de los autores, diplomático uruguayo, recorre por Europa entre los años 60 y los 80. Combina partes que supuestamente va escribiendo la señora embajadora, en parte para recordar en el futuro sus andanzas por el mundo, pero, sobre todo, para dejar constancia de los diversos menús que ofrece en las recepciones y cenas que tiene que dar y para conservar algunas recetas que irá recopilando por aquellos destinos, eso sí, siempre con un gran sentido del humor y sacando de donde muchas veces no hay. Este relato se va complementando con comentarios de los hijos, especialmente de Carmen, sobre cómo veían ellos los distintos países en los que iban viviendo. No sé si será cierta la existencia del cuaderno de recetas en el que la madre va escribiendo sus pensamientos, pero lo cierto es que el relato resulta simpático y entretenido.

Al final de cada capítulo nos regalan una receta de algún plato del que se ha hablado previamente y tengo que decir que, prácticamente todas, son perfectamente reproducibles, así que, por el mismo precio, tenemos novela más breve recetario de cocina.

Sobre los destinos que visitan, comienzan su andadura en el Madrid de los 60, donde las clases altas disfrutaban de unos privilegios negados a la mayoría de la población y donde el buen nombre, las familias "de toda la vida" y el "qué dirán" eran las bases de las relaciones sociales. Es bastante gracioso el punto de vista de una extranjera que asiste asombrada a la peculiar forma de vida de la alta sociedad madrileña de la época. De Madrid pasan a Moscú, en plena guerra fría. Una ciudad gris y uniformada alejada de los brillos de la cultura rusa tradicional. Allí tendrán que enfrentarse a una burocracia rígida, a las escuchas de los espías y tendrán que ser capaces de mostrar algo de paciencia e ingenio para organizar comidas decentes con los escasos medios con los que cuentan. Finalmente llegan al Londres de los años 80 con todo lo que la Corte de Buckingham supone de rígida etiqueta y las extravagantes normas de conducta que rigen las relaciones sociales en torno a la Corona.

La novela se lee muy fácilmente, es simpático ver cómo se van adaptando a las distintas culturas y costumbres tratando de no perder nunca su carácter propio y manteniendo unas relaciones familiares bastante divertidas y relajadas a pesar de vivir en un continuo proceso de mudanzas inacabables, renovación de casas medio desvencijadas y redecoración constante. Eso sí, vayan donde vayan, nunca les falta su abundante dosis de dulce de leche, emblema supremo de la gastronomía uruguaya.

Una lectura, en fin, distraída para pasar unas cuantas tardes de entretenimiento.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La palabra más hermosa

Llevo varios días dándole vueltas a este comentario sobre la novela de Margaret Mazzantini, “La Palabra más Hermosa” porque no sé cómo enfocarlo. Es una obra en la que no sé decidirme por cuál es el aspecto que debería destacar sobre los demás, hay varios planos en la historia que se cuenta que se entrelazan unos con otros, igual que se van mezclando el presente con el pasado, pero que cada uno de ellos merecería ser el tema central de una novela completa: está la gran historia de amor, la vivencia de una maternidad frustrada y la cruel guerra de los Balcanes.

Por empezar por algún lado, podría hacerlo contando que el hilo conductor de toda la novela se inicia con el viaje que realiza Gemma, una mujer madura que viaja desde Italia hasta Sarajevo en compañía de su hijo adolescente para que éste conozca la ciudad donde vino a nacer hace ya dieciséis años. Este viaje levará a Gemma a rememorar su gran historia de amor con Diego, desde que se conocieron en aquella ciudad en los días de las Olimpiadas de Invierno de 1984, su vuelta a Italia y los años de loca pasión en Roma. Diego tiene una gran pasión, la fotografía, y ve la vida a través de su objetivo, sin preocuparse por las cuestiones materiales, es todo alegría, sensibilidad, con cierto punto de locura y Gemma lo sigue en su pasión allá donde quiera ir. La forma en que se cuenta en primera persona su vida en común, con tanta emoción, con una cotidianeidad donde se reflejan los pequeños detalles del día a día, la forma en que comparten todo y se apoyan el uno en el otro, destilan enorme pasión, pero no estamos ante una novela romántica, en absoluto, vemos a los personajes tan de cerca que también se nos desvelan sus defectos, son tan humanos que nos sentimos perfectamente capaces de caminar por ellos por Roma o sentarnos en su gran sofá blanco mientras ven caer la lluvia por la ventana donde sólo se necesitan el uno al otro para ser felices. Sólo la historia de amor ya es de por sí una novela completa.

Pero este inmenso amor tiene un punto débil que acaba por cubrir con una nube negra la relación de la pareja: Gemma no consigue quedar embarazada y así la acompañaremos en un interminable peregrinar por consultas, médicos, distintas técnicas, a veces casi como si se tratara de un reportaje periodístico de investigación, vemos la lucha por lograr ese hijo que encarne el amor que se tienen y que no termina de llegar. La forma descarnada en que nos cuenta sus sentimientos y sus padecimientos físicos nos acerca más a esta mujer que no logra ver su sueño realizado y que sufre por su marido más que por ella misma. Esta se convertirá en la gran lucha de su vida.

Y junto a estos dos aspectos de la novela, la historia de amor y la ansiada maternidad, está también la guerra de Bosnia, la vida de los habitantes de la ciudad de Sarajevo antes, durante y después de esa descarnada guerra que, aunque pareciera imposible que algo así se diera a finales del siglo XX en plena Europa civilizada y avanzada, destrozó a la antigua Yugoslavia mientras que desde el resto de países se veía como algo lejano y ajeno a nuestra realidad, cuando lo cierto es que todo estaba ocurriendo a pocas millas de la costa italiana: los compatriotas se mataban cruelmente unos a otros, antiguos vecinos que habían convivido en paz hasta hacía poco se enfrentaban en salvajes batallas donde hizo acto de presencia lo peor de lo que es capaz el ser humano: los francotiradores que mataban a mujeres y niños que hacían cola para comprar el pan o que jugaban en la calle, como si fueran conejos y casi por diversión, las matanzas indiscriminadas de civiles, las limpiezas étnicas o religiosas que dejaron pueblos completos despoblados, los campos de prisioneros y las violaciones sin piedad de mujeres y niñas. En esta guerra se ven involucrados Gemma y Diego porque sienten que forman parte de algún modo de la ciudad de Sarajevo, donde tienen amigos, Gojko, Sabina, Aska, a los que consideran como de la familia y por los que están dispuestos a arriesgar su seguridad e incluso sus vidas, no quieren dejarlos solos con su sufrimiento y admiran la inmensa dignidad con la que sobrellevan la guerra y sus consecuencias.

Una novela con apariencia de hermosa historia de amor que encierra un tremendo drama humano y vital y que deja una sensación de tristeza y amargura al asistir al enorme desastre que la guerra supuso en la vida de unos ciudadanos europeos como nosotros, con ilusiones y planes de futuro, que se ven reducidos a lo más ínfimo del ser humano, a encontrarse con que lo han perdido absolutamente todo excepto la dignidad y a veces ni eso les queda.

Por cierto: no sé de dónde viene la idea de cambiar el título de libro en la traducción y abandonar el original “Venuto al mondo” que tal vez no suene comercial, pero al menos está relacionado con el argumento de la novela. En fin, cosas de las editoriales, supongo.