Los Stevens llevan vidas simples donde los momentos de alegría son escasos y sencillos. Se regodea en las pequeñas cosas sin importancia, en los detalles que iluminan la cotidianeidad; son gente modesta y honrada para los que la quincena supone un breve soplo de libertad, una oportunidad de cambiar las rutinas de sus vidas monótonas y respirar más profundamente junto al mar, dejar atrás el día a día para disfrutar de ese paréntesis de felicidad que comienza desde la preparación del viaje y las planificación de las actividades que realizarán durante la quincena vacacional: las tardes en la playa, los baños de sol y los partidos de cricket, alguna excursión ocasional y el placer de compartir las cenas en familia.
Pero los Stevens son animales de costumbres y su escapada anual a la costa no deja de ser otra rutina perfectamente programada, plagada de costumbres y tradiciones implantadas a fuerza de repetición año tras año. Sólo el pequeño Ernie esta en posición de verlo todo como una excitante novedad: el bullicio de las estaciones, la fascinación por las máquinas expendedoras, construir castillos de arena o disfrutar de la feria, para él todo es nuevo y deslumbrante; él no aprecia el deterioro y la notoria decadencia que muestra Seaview y su propietaria con el paso de los años, ni necesita olvidar el estrés del trabajo, ni tomar decisiones sobre su futuro, o enfrentarse a un primer amor, tan solo disfruta de los mejores quince días del año.
Esta es una novela que se desarrolla con un tono bajo, sin grandes sucesos ni dramas intensos, el relato es modesto y sin pretensiones, tal como son sus protagonistas, prototipos de la gente común pero, así y todo, al final nos deja un buen sabor de boca, el de las existencias corrientes, de la cotidianeidad de una familia que encuentra su razón de ser en el apoyo y el cariño que comparten y que les lleva a ir avanzando por la vida unidos y sin excesivas ambiciones que perseguir.

Muchas gracias por tu reseña. Me alegro de que te haya dejado bien sabor de boca, yo la dejo pasar, que creo que me aburriría. Un abrazo.
ResponderEliminarLa verdad es que no es la novela más trepidante que pueda recomendarte, ¡Ja, ja! Pero a mí me van mucho estás historias que cuentan poco, simplemente permitirnos asomarnos a las vidas de gente común. Así soy yo.
EliminarSaludos.
¡Qué bonita pinta tiene! Me gustan mucho esas historias que encuentran la belleza en las pequeñas cosas y en la vida cotidiana, sin necesidad de grandes dramas. Me la llevo apuntada, aunque mi lista de pendientes ya empieza a mirarme mal. ¡Gracias por descubrírmela!
ResponderEliminarBesotes!!!
Ahí se queda la recomendación y si en algún momento le puedes dedicar un rato, genial, y si no, pues habrá que aceptar que no vamos a llegar a todos los libros que llevamos anotados, ¿Qué le vamos a hacer?
EliminarSaludos.