martes, 13 de abril de 2010

La hija del ministro

En estos tiempos en que tantas vueltas se le da a la "memoria histórica” de las víctimas del franquismo, me he encontrado con la lectura de un buen libro: “La hija del ministro” de Miguel Aranguren, que resulta, aparte de ameno, bien escrito e interesante al tratarse de un relato histórico (ya he comentado en alguna ocasión mi debilidad por el tema) una visión de la Historia de España desde el punto de vista de otra realidad que también ocurrió en nuestro país, pero de la que no oigo hablar en ningún caso a la hora de reivindicar justicia por las afrentas del pasado, debe ser que no todos tienen el mismo derecho a ejercitar su memoria.
El relato se centra en las peripecias de una familia numerosa en donde el padre es ministro del último gobierno de Alfonso XIII y retrata las vicisitudes de los partidarios de la monarquía que se encontraban en Madrid en el momento de proclamarse la II República y que vivieron aquellos años y los correspondientes a la Guerra Civil en aquella ciudad apoyando al bando que consideraban que haría regresar al rey; los ciudadanos que por ser católicos confesos tuvieron que sufrir humillaciones, torturas y muerte a manos de tribunales populares, que se vieron privados de sus bienes, obligados a ocultarse o a huir abandonando todo lo que tenían por no padecer bajo el gobierno del terror que se impuso en aquellas zonas en las que el gobierno republicano resistió hasta el final de la guerra.
Y no voy a entrar a justificar la postura de aquella parte del ejército que se levantó contra el gobierno elegido por las urnas, no es el tema que me ocupa, sencillamente creo que hubo mucha gente que sufrió en ambos bandos pero que parece que no es igual de importante el sufrimiento de aquellos que padecieron por sus creencias políticas y religiosas, que fueron sometidos por la sinrazón anticlerical y a los que no se les tiene en cuenta en ningún momento para que reclamen su “memoria histórica”, gracias a este libro algo de esa otra memoria queda reivindicada.

viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes

“Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así. Daniel el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba…”

Ha muerto Miguel Delibes, figura inigualable de las letras castellanas.

Esta mañana, en cuanto he escuchado la noticia he ido directamente a mi biblioteca y he rescatado un volumen: “El Camino” en edición de Destinolibro de 1.981. En la primera hoja están escritos mis apellidos (con letra indudablemente infantil) y al lado “82-83”, el curso en que lo leímos: 8º de EGB, con doce años para trece, e inmediatamente me he transportado a mi clase del colegio, por la tarde, las luces del aula encendidas (la lectura siempre era por las tardes) y los cuarenta alumnos en silencio (quizás alguno aprovechara la calma para dormitar una discreta siesta) siguiendo la lectura en voz alta de alguno de nosotros bajo la dirección de nuestro profesor de Lengua, don Juan Porro, que nos decía siempre, antes de leernos un poema o un fragmento de novela (Machado, Sánchez Ferlosio) “Abrid los ojos del cuerpo y del alma” y nos iba abriendo las ventanas al paisaje infinito de la literatura.

Luego, ya por mi cuenta, fueron llegando otras muchas obras de Delibes, no las citaré porque son casi todas, y en cada una de ellas me reencontré con un viejo conocido, porque su estilo impecable, su vocabulario, riquísimo, formaba parte de mi propio mundo desde muy temprano. Me volvía a envolver en cada lectura aquel ambiente cálido de mi aula escolar, aquellos días en que, al abrir los libros vivíamos la historia de Daniel el Mochuelo y Roque el Moñigo, niños pobres en tierras castellanas y por un rato viajábamos sin movernos de nuestras sillas a otras vidas, cada capítulo era una estación de este viaje interminable que supone la lectura para los que tuvimos la suerte de ser iniciados en esta pasión por estupendos maestros que nos subieron a los primeros vagones de la mano de algunas de las más grandes joyas de nuestra Literatura.

Ojalá los niños de ahora tengan la suerte de que alguien ponga en sus manos “El Camino”, de que les abran también a ellos los ojos del cuerpo y del alma al gran autor vallisoletano que se ha ido pero nos deja un legado infinito de personajes, historias y paisajes.

domingo, 14 de febrero de 2010

Dos libros que encontré

Hay ocasiones en que los libros te llegan, no por el camino habitual de ir a la librería (o a internet) y comprarlos, sino por vías indirectas: te lo regalan, te lo prestan, lo robas de la biblioteca (que no digo que sea el caso, ¿vale?) Lo curioso es que me ha ocurrido que dos novelas de la misma autora, Kate Morton, han llegado a mí de este modo anómalo, una detrás de la otra, es decir, ninguna ha sido adquirida mediante los conductos habituales y además la cosa tiene más mérito porque esta autora no ha sido editada en español, o al menos no lo había sido en el momento en que yo leí sus libros.

Conocí de la escritora a través de la página de Amazon donde consulto con mucha frecuencia para encontrar libros ya que me encanta su sistema de recomendación personalizada mediante el cual, una vez que estás registrado y vas añadiendo títulos que tienes, valorándolos, apuntando los que te gustaría leer en base a las críticas de otros lectores, etc, el sistema te va proponiendo nuevos libros basándose en los gustos que has indicado, tus autores favoritos, el estilo de lo último que has comprado o comentado o consultado. Suelo encontrar bastantes obras que en ocasiones no están publicadas en español pero que me han aportado bastantes sorpresas agradable al leerlas ("A quiet belief in angels" de R.J. Ellory, "Notes from an exhibition" de Patrick Gale, "The last lecture" de Randy Pausch o "The road" de Cormac McCarthy) Pues mediante este sistema de recomendación de lecturas anoté en mi lista de libros por leer (lo que se llama "wish list") las dos novelas de Kate Morton: "The House at Riverton" y "The Forgotten Garden", ambas coinciden en contar dos historias en las que el pasado y el presente de los personajes se entremezclan y los cambios de escenario y las historias de las distintas épocas van relatándose en paralelo hasta descubrir al final un secreto que había estado oculto durante años. Me parecían ambas muy atractivas.

La cuestión es que la primera de las novelas la "encontré" hace un par de veranos mientras nos alojábamos en un hotel de la costa portuguesa de El Algarve donde nos repartíamos por igual los clientes españoles (básicamente andaluces) y los británicos; sería por estos últimos por los que en la recepción del hotel estaba instalada la típica (para los anglosajones, al menos) estantería donde los huéspedes pueden dejar las novelas que ya se han leído y tomar a cambio alguna otra de las que allí se encuentran. Lo normal es que los libros no siempre estén en muy buenas condiciones de uso, dado que se pasan la vida entre la piscina y la playa pasando todo el verano de mano en mano, pero lo cierto es que el ejemplar de "The house at Riverton" que me agencié no estaba mal del todo y la historia me encantó al leerla, tal y como había sospechado por los comentarios que había encontrado en el Amazon.

Y transcurridos unos meses, este mismo invierno, la segunda obra de la Morton me estaba esperando en otro lugar, esta vez aún más sorprendente: el mercadillo de segunda mano que se instala en el colegio de mis hijos para obtener fondos para el viaje de estudios. Entre juguetes usados, broches de fieltro hechos por las mamás y muchos libros infantiles, novelas de ciencia ficción o de las que regalan con los periódicos, me encontré ¡oh sorpresa! con "The forgotten garden" en la misma editorial que el anterior y bastante buen estado, ¡no podía dar crédito a mis ojos! me lancé a por él y por 3,00 euros pude disfrutar de otra entretenidísima historia.

¿Es o no es sorprendente cómo ambas novelas me estuvieran esperando en dos lugares poco usuales? para mí ha sido como encontrar, no uno, sino dos tesoros escondidos, y así casi que los he disfrutado más.

viernes, 29 de enero de 2010

Anatomía de un instante


El 23 de febrero de 1981 yo tenía 10 años y me encontraba en mi clase de ballet a la hora en que el Congreso se veía asaltado por unos guardias civiles y se montaba un lío tremendo al que yo, al igual que la mayoría de niños de la época, fuimos bastante ajenos. En esos tiempos no era muy común que los padres comentaran ese tipo de temas con los pequeños de la casa, por lo que en aquel momento lo único que yo tenía claro es que habíamos conseguido tener un día sin cole. Lo que sí que fue extraordinario es que ese día la tele estuvo emitiendo más allá de su horario habitual (muchos no sabrán ni lo que era la carta de ajuste ni lo que suponía tener sólo dos canales para elegir) Recuerdo que en la mañana de 24 el televisor de la cocina estaba encendido mientras desayunábamos, los niños estábamos entusiasmados ante esa magnífica novedad, aunque sospecho que mis padres tenían más interés en seguir al minuto el devenir de la última hora en torno al golpe que en disfrutar de los dibujos animados que acompañaron al Colacao en aquella lejana mañana.

Y ahora, tantos años después me encuentro con un libro (otro más) sobre la efemérides, "Anatomía de un instante" de Javier Cercas, al que no le voy a negar la profundidad del estudio que realiza de las horas en que el Congreso estuvo secuestrado y como va y vuelve en el tiempo a los factores que fraguaron el golpe, los motivos de unos y las posturas de otros, abundando en datos e informaciones muy dignas de tener en cuenta.

Pero no me convence el esfuerzo que hace en dejar en mal lugar la figura de Adolfo Suárez, tanto políticamente como a nivel personal. Si bien casi me molesta más lo primero, ya que en ningún caso me interesa que las personas dedicadas a los asuntos públicos sean auténticos héroes una vez que vuelven a su casa tras un largo día de trabajo, no me molesta que sean ambiciosos (que tampoco es malo) ni que tengan más o menos carisma popular (de poco nos sirven las estrellas glamurosas a la hora de sacar adelante un país) Observo en Cercas una animadversión personal contra Suárez, un interés por descalificarlo constantemente tildándolo de chisgarabís, provinciano y otros tantos epítetos cargados de desprecio hacia su persona.

Suárez ha sido para mí un personaje fundamental en los años de la transición, el artífice de los más grandes cambios sufridos en este país en el menor tiempo posible, el que estaba ahí cuando se legalizaron los partidos políticos, cuando se realizaron las primeras elecciones democráticas y todo lo demás que ocurrió en aquellos años. ¿Es posible que alguno otro lo podría haber hecho mucho mejor, que él no era, ni mucho menos el político más inteligente, el más adecuado, el mejor preparado, el que más había luchado contra el régimen anterior? Es probable que así sea, pero lo cierto es que fue él el que lo hizo, el que estaba allí, al que el Rey eligió para esa tarea y la cumplió con creces. Que su estrella se apagó casi tan velozmente como había ascendido es cierto; que no llegó a ninguna parte con ninguno de los partidos que creó, tal vez porque ni siquiera eran tales partidos, sino grupos de personas de muy distinto origen y obejetivos metidos a políticos con mejor o peor intención de tocar poder y participar en la vida pública, también es verdad; que le hicieron el vacío tan pronto como pudieron y le forzaron a abandonar ese mundo cuando también el electorado se olvidó de él en las siguientes elecciones celebradas. Todo eso es cierto, su final político no fue, ni mucho menos, brillante, pero no podemos negarle su papel, que él fue el que estuvo allí, que él fue el que lo hizo, mejor o peor, pero dió paso a lo que hoy día es la democracia en España y, lo que es innegable, que él permaneció sentado en su escaño mientras el resto se escondía de los tiros y eso, al margen de lo demás, no se lo puede negar nadie.

viernes, 27 de noviembre de 2009

No tengo tiempo



He descubierto en mis propias carnes que existe una incompatibilidad absoluta entre dos hechos: la crianza un bebé lactante y el gozoso hábito de lectura. Durante toda mi vida y hasta hace un par de meses, cada vez que me encontraba con diez minutos libres, automáticamente, mi primera reacción era abrir un libro, o al menos una revista o cualquier otro papel con letras impresas, lo mismo daba. Pero ya en mi último mes de embarazo comencé a notar que el ansia lectora se reducía: empecé una novela de Andrea Camilleri y antes de la página diez abandoné su lectura: "el dialecto siciliano se me hace algo dificultoso" pensé, y eso que no era la primera obra de este autor que leía en su versión original. La emprendí entonces con Cloud Atlas, de David Mitchell, novela que me atraía bastante a priori por las críticas y comentarios que había visto sobre ella; confieso que a fecha de hoy, casi dos meses después de haber iniciado su lectura, aún no he llegado a la página 50. Y es que ahora, cuando encuentro el más mínimo huequito de tiempo, sólo sueño con echarme a dormir para recuperar las horas de desvelo nocturno (¿hasta cuándo duraba esto de mamar cada cuatro horas, día y noche?) pero lo peor es que en alguna ocasión sí que me decido a abrir el libro pero me pierdo, no me concentro, noto que voy contando las páginas para comprobar que avanzo en el tema, pero es como intentar correr bajo el agua: le pongo interés pero mi atención no da más de sí, de hecho, estoy a punto de abandonar por segunda vez consecutiva un libro sin terminarlo (y eso es algo rarísimo en mí, va en contra de mis principios lectores, anda que no me he leído libros malos hasta el final, incluso haciendo ascos y diciéndome a mí misma: "¡pero qué libro más malo me estoy leyendo!")

Supongo, en cualquier caso, que en algún momento acabará esta "etapa negra" en mi vida de lectora una vez que regulemos las horas de sueño y comidas y volveré a atacar con entusiasmo mi afición favorita, aunque, de todos modos, no me puedo quejar: confieso que todo me lo compensan esos ojillos rasgados que no me canso de mirar y que me cuentan más cosas que cualquier obra maestra de la literatura.

viernes, 2 de octubre de 2009

Mujeres en la Revolución Francesa. La Cinta Roja y María Antonieta

Tengo que empezar diciendo que me apasiona la novela histórica, claro que eso no debe ser de extrañar, ya que con este género ocurre que, ya antes de empezar a escribirse un libro, tiene ganada mucha ventaja sobre cualquier otro que sea pura ficción, porque ya sabemos que la realidad, en muchos casos supera a lo que un autor es capaz de tramar e imaginar y siempre será más fácil desarrollar un argumento cuando tenemos como base un hecho históricos que son ya es de por sí apasionante, que tener que inventar una historia completa con sus personajes y su trama para tratar de atrapar la atención del lector.
Hay épocas, personajes y hechos históricos que son tan atractivos de por sí, que un buen escritor sólo tiene que reflejarlos sobre el papel tal y como ocurrieron para tener una novela, cuanto menos, interesante. Si, además, el escritor cuenta con un poco de talento, pues ya estamos enganchados al libro, sin duda.
Este es el caso del primer libro del que quiero hablar: "La Cinta Roja" de Carmen Posadas . Se trata, en mi opinión, de una excelente novelista, tiene un estilo ágil, trata temas que son sumamente amenos y construye fantásticamente sus personajes, que suelen aunar glamour, misterio y originalidad a partes iguales, lo que hace que la lectura de sus libros sea muy grata y enganchan de principio a fin. He leído varias obras suyas: “Cinco moscas azules”, “Pequeñas infamias”, “La Bella Otero”, "El buen sirviente". Todos me han gustado. Tengo, además, en mi lista de lecturas pendientes el libro que ha escrito junto con su hermano Gervasio “Hoy caviar, mañana sardinas” en el que cuentan sus días de infancia como hijos de diplomáticos de país en país y de cóctel en recepción, centrándose en gran medida en el aspecto culinario del asunto, dado que esta es el campo profesional de Gervasio.
De igual manera que las anteriores, “La Cinta Roja” no me ha decepcionado en absoluto, ya que narra una historia apasionante de una española (Teresa Cabarrús) que vive en París desde el inicio de la Revolución francesa conviviendo diariamente con alguno de sus protagonistas más destacados. La novela narra su llegada a la capital a donde la envía su familia a buscar un buen marido, su integración en el frívolo mundo de la aristocracia de la época donde se convierte en una de sus más destacadas figuras y su caída en desgracia con la llegada de la Revolución Francesa que la lleva a la cárcel rea de la guillotina.
El libro está estupendamente ambientado y documentado, y me lleva, necesariamente, a recordar otra obra que había leído previamente: “María Antonieta” la biografía de la reina francesa escrita por Antonia Fraser: un libro ante el que se puede dudar ¿500 páginas para hablarme de un personaje que está ya más que trillado en la literatura, el cine, etc? pero que es un auténtico placer de lectura ya que trata de manera muy profunda y documentada la vida y personalidad de una mujer que, creo yo, no se conoce demasiado. Es uno de esos personajes históricos de los que sólo vemos su imagen más tópica: que era considerada una inconsciente, derrochadora, frívola, enemiga del pueblo, lo que causó su caída en desgracia junto con la de su marido, el rey Luis XVI, lo que les llevó a perecer bajo la hoja de la guillotina.
Pero la biografía de Antonia Fraser nos muestra a una adolescente que es enviada por su madre, María Teresa de Austria, a casarse con un extranjero y convertirse en reina de un país desconocido para ella en el que es utilizada por su hermano Francisco I de Austria como instrumento político. Vemos cómo va haciéndose un sitio en la corte francesa donde nunca llaegó a ser amada por sus súbditos, siempre fue “la austriaca” y con el paso del tiempo pasa de ser una niña inmadura y caprichosa a una madre amorosa y serena que acaba sus días manteniendo su dignidad hasta el final en la más terrible oscuridad de los momentos de máxima violencia del Terror de la Revolución Francesa.
Este libro sirvió de base para la película de igual título dirigida por Sofia Coppola, si bien esta se centró principalmente en los años brillantes de la vida en la corte. La película puede resultar lenta y fría ya que se recrea mucho en los aspectos más estéticos y fastuosos de la vida de esta reina dando por supuestos muchos de los acontecimientos que ocurren a lo largo de la trama, no es una película en la que se “cuente” la vida de María Antonieta, en la que “pasen” cosas, pero me parece que la directora, tras haber leído la obra de Fraser, ha llegado a conocer el corazón de la mujer que hay detrás de la reina y quiere reflejar lo que siente y desea, tratando de ignorar los acontecimientos históricos que ya todos conocemos y que se han contado en decenas de películas, centrándose sólo en los sentimientos y pasiones de la mujer que trata de olvidar su papel político como reina de Francia sometida a las presiones de su familia austriaca y al rechazo de su pueblo y sólo quiere disfrutar de la vida, sin imaginar la oscuridad en la que la sumirían los acontecimientos que estaban por venir.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Vuelta al cole (2)


Sólo una anécdota sobre la vuelta al cole de la semana pasada: mi hijo no iba precisamente lo que se dice muy convencido: hasta el sábado inmediatamente anterior había estado de vacaciones en la playa y, encima, con los abuelos (léase: el paraíso en la tierra) así que no se la veía muy emocionado con la idea de sacudirse la arena de los pies para volver al cole, además de que un nuevo curso (3º de primaria, en este caso) siempre es algo nuevo y desconocido y, seguramente desde su perspectiva, se presume infinitamente más difícil que el que ya se tiene superado. Así que con ese ánimo poco prometedor entró mi hijo en el cole a las 9:00 hs.

A las 13:00 hs. lo esperaba en la puerta: salió con una sonrisa de oreja a oreja y lo primero que me dijo fue: "¿Sabes mamá? ¡Ya me he acostumbrado a 3º!" Y eso sólo en cuatro horitas de nada; no sé hasta donde podremos llegar cuando pasen unas semanas, pero con esa extraordinaria capacidad de auto-motivación se prometen éxitos escolares en el horizonte.