domingo, 23 de junio de 2013

La reina descalza

Me ha costado bastante sentarme a escribir mi comentario sobre esta novela, al igual que me ha costado llevar adelante la lectura  del libro en sí. Tengo claro que "La reina descalza" de Ildefonso Falcones ha sido y sigue siendo uno de los éxitos editoriales y de público de este año, pero cuando una lectura se te atasca, cuando no conectas con la historia, no hay nada que hacer, ni aunque las listas de ventas y las críticas literarias te vengan a quitar la razón semana tras semana.

Sí que he de reconocer que hacia la mitad de la novela logré engancharme un tanto a la historia de la gitana Milagros Carmona, de su amiga la negra ex esclava Caridad y el resto de los personajes; este cambio de ritmo viene a coincidir con el traslado de  la acción a Madrid y el abandono de alguna manera del escenario de la gitanería de Sevilla y de los campos del sur de Portugal donde se centra el tráfico de tabaco al que se dedica el abuelo Carmona, pero tardé como trescientas paginas en coger soltura y leer con alegría, con lo que no puedo decir que esta novela pueda contarse entre mis recomendaciones de los últimos tiempos.

A pesar de todo esto, tengo que reconocer que el libro está muy bien escrito porque no voy a negar la destreza narrativa del autor que cuenta sus publicaciones por éxitos, lo que se cimenta en una base de calidad innegable. También es cierto que la novela cuenta una historia original por lo que se refiere a que entra en un tema interesante centrado en las vivencias de una joven gitana, por medio de la cual nos acercamos a la vida del resto de miembros de esta raza en la España del siglo XVIII que no era precisamente fácil: rechazados por la población en general, aferrados a sus costumbres y sus tradiciones, sin interés por acomodarse al estilo de vida de los payos ni por acatar su religión y sus leyes más que de cara a la galería, tuvieron enfrente las severas leyes del rey Fernando VI inspiradas por el Marqués de la Ensenada que se convertiría en el más severo perseguidor de este pueblo y que trató de eliminarlos de la faz de la península. Falcones es un narrador habilidoso que recrea una época y unos lugares que resultan verosímiles, cargado de documentación histórica y de datos interesantes. Y lo cierto es que los personajes que dibuja están llenos de pasión y vida, pero tal vez, para mi gusto, hay demasiada pasión en la novela, demasiado sufrimiento, demasiada ansia de venganza, demasiada violencia, luchas de familias, odios enconados que pasan de generación en generación....

Entiendo que todo lo que cuenta la novela es el reflejo de la época y del lugar en que transcurre la acción, que la vida en el barrio sevillano de Triana en la época descrita no sería precisamente un remanso de paz ni buenas maneras, pero son precisamente esos sentimientos tan exacerbados, esa lucha continua por la vida, huyendo de los enemigos, de los de su misma raza y su misma familia más incluso que de los extraños, esa búsqueda constante de la libertad y la paz, todo eso que probablemente sean lo que más atraiga a los lectores de esta novela, lo que les haga apasionarse con ella, es lo que me ha resultado totalmente agotador: el encontrarme imbuída en un mundo regido por tradiciones atávicas irracionales, la defensa de la honra, la venganza, la navaja siempre a mano, el ojo por ojo, todo ese ambiente en el que se mueve la joven Milagros, todos los sufrimientos y las humillaciones por los que pasan ella, su madre Ana Vega encarcelada, como tantas otras, por el mero hecho de ser gitana, su abuelo el viejo Melchor, la sumisa Caridad acostumbrada a años de esclavitud, tanto desgarro, tanto orgullo de raza, me han superado. Supongo que mi humor me pedía una novela más ligera y esta ha llegado en mal momento, cosa que siento, porque probablemente podría haberla disfrutado más en otras circunstancias.

jueves, 13 de junio de 2013

El libro de los veranos

"El libro de los veranos", de Emylia Hall, es una de esas novelas que se leen con una sonrisa en los labios, aunque también llega el momento en que debes sufrir con sus personajes. Es una historia muy bien contada en la que es fácil implicarse y viajar de la mano de su pequeña protagonista, a la que conocemos ya un poco más crecida pero a la que acompañaremos en este relato contado en primera persona y que nos devolverá a los más dulces años de la infancia.

La plácida vida de Beth dará un vuelco cuando su madre, Marika, decida abandonarlos a ella y a su marido y volver a su Hungría natal, dejando a la pequeña de nueve años a cargo de su silencioso y más bien aburrido padre que debe criarla, con mucho amor pero poca alegría, en la siempre gris ciudad de Devon. Es por eso que durante años la pequeña ansiará la llegada del verano para poder viajar durante unos pocos días al lado de su madre, en lo que supondrá un alegre y soleado paréntesis en su monótona vida inglesa. Desde los nueve años hasta los dieciséis, Beth disfruta del maravilloso verano en la campiña húngara, con su alegre madre, rodeada de naturaleza, arte, alegría de vivir, y además conocerá su primer amor y la vida en libertad y llena de nuevas experiencias, de baños en el río, del calor asfixiante y los mosquitos y demás bichos por todas partes, de las deliciosas comidas y las largas tardes en la terraza y las cenas a la luz de las velas. Estos pocos días le compensan de su monótona vida durante el resto del año y son una luz que la ilumina en las brumosas tardes del invierno inglés. Sus recuerdos, las cartas que recibe de su madre y su amigo Tamás, todo eso la mantiene atada con un hilo invisible a la luminosa Hungría. Beth quiere a su padre, un hombre bueno y tranquilo, pero sueña con parecerse cada vez más a su madre, quiere tener su entusiasmo, el mismo brillo de sus ojos y su alegría vital.

Sin embargo, cuando comienza la historia sabemos que Marika ha fallecido y que hace años que Beth y ella no se habían vuelto a ver. ¿Qué ocurrió en aquel último verano?, ¿Qué fue lo que originó esa separación?, ¿ Porqué Beth no volvió nunca más a Hungría? Todo esto se nos lo va a ir contando en primera persona la niña a la que, año a año,veremos crecer y convertirse en adolescente que va descubriendo el amor, está deseando crecer y vivir más intensamente y es en su madre en quien se mira siempre, hasta que un secreto que permanecía oculto saldrá a la luz y las separará de forma definitiva.

El libro es una auténtica delicia. Está contado con ternura, con inocencia, evoca los momentos de inmensa felicidad y también los pequeños dramas de la adolescencia en un tono muy dulce, sin nada de empalago. Realmente te transporta de la húmeda Inglaterra a la agreste Hungría y deseas, junto a Beth, que el verano no se acabe nunca. Sin excesos sentimentales, se reflejan muy bien los sentimientos de cada personaje, sus acciones hablan más que sus palabras, todos los protagonistas se sienten muy cercanos y reales y es fácil empatizar con todos ellos, lo que hace más fácil el participar de la historia y sentirla cercana. Es sin duda una novela que se disfruta mucho y que me permito recomendar.

domingo, 26 de mayo de 2013

Intemperie

Esta de Intemperie es una de esas novelas que, casi por obligación, te debes de apuntar en la (siempre creciente e ya casi inabarcable) lista de libros por leer. Cuando te topas con unos cuantos comentarios, reseñas o críticas en las que se presenta como la sorpresa literaria de la temporada, ópera prima de un escritor, el extremeño Jesús Carrasco, que ha triunfado ya en Europa antes de hacerlo en su propio país, no te queda más salida que ponerla en la citada lista y, además, hacerle un subrayado para que no se nos quede allí perdida, como le va ocurriendo a tantas y tantas obras pendientes. Y debo decir que no me arrepiento de haberle encontrado un hueco, que lo que de ella se contaba, generalmente todo positivo, no se aleja mucho de las sensaciones que me ha transmitido.

La principal etiqueta que se le ha colgado a esta novela era la de ser una obra que recordaba de inmediato al mejor Miguel Delibes, y no anda muy desencaminada la idea. Para empezar, nos encontramos con un protagonista infantil muy cercano a los personajes del autor castellano; además, la historia se sitúa en un mundo rural que igualmente evoca a Delibes desde el primer momento y comparte, además, otra de las características fundamentales del aquel: el lenguaje empleado en la novela es de una riqueza sorprendente, despliega una amplia y desconocida nomenclatura de lugares, instrumentos, acciones, que dibujan un mundo rural y una vida en torno a las tareas agrícolas, a la vida en el campo y al trabajo con los animales que ya, probablemente, se haya perdido. Destacaría yo, por otra parte, una diferencia entre ambos autores y es que Carrasco nos cuenta las cosas desde una visión mucho más dura, más cruel, sin lugar para la inocencia y con más miedo y desesperanza que la que destilaba en sus escritos el maestro Delibes.

La novela transcurre en un espacio físico y temporal indefinido, el niño no tiene nombre, tampoco lo tienen el pastor ni el alguacil ni el padre. Son personajes anónimos que malvive en un páramo arrasado por el sol, asediados por la escasez de agua, la vida durísima de un entorno rural que nada tiene de idílico ni bucólico. En medio de un desolador paisaje que tal vez podríamos identificar como extremeño, aunque no se dice, se mueven unos personajes más que pobres, de una humildad extrema, desesperanzados y sin ilusión, en especial el niño desamparado con el que se empatiza desde las primeras páginas. Las imágenes que se nos muestran son duras, sin necesidad de entrar en detalles macabros, la historia es áspera y brutal en todos sus aspectos, lo que hace al lector sufrir por el negro futuro que se le adivina al muchacho que huye, aunque no sepamos de qué huye porque no se nos dice, aunque fácilmente se intuye, deseamos que logre escapar de su triste destino. Con una forma de contar las cosas basada en no contarlas, esto es, en darlas por sobreentendidas, como si el lector conociera ya previamente los antecedentes, como si ya conociéramos a los personajes de antes, avanzamos con ellos y compartimos sus vivencias en tiempo real.

La narración posee una riqueza que deleita en muchas ocasiones por el mero hecho de la manera en que cuenta las cosas, olvidándonos a veces de la dureza de lo que leemos. Sin demasiadas descripciones y apenas diálogos, nos adentramos en el paisaje y en la mente de los personajes a través de sus actos, que se nos dibujan con una certeza basada en un lenguaje limpio y una prosa que en ocasiones resulta hasta poética, aunque refleje una realidad muy alejada de cualquier poesía.  En definitiva, se trata de una de esas novelas que hay que leer, sí o si, obligación que se vuelve más llevadera debido a su breve extensión, y que se disfruta por su aspecto formal, al tiempo que se sufre por el fondo de lo que nos cuenta. Yo la recomiendo, sin duda.

martes, 14 de mayo de 2013

Los Baldrich

Reconozco que allí donde haya una novela que nos cuente una historia familiar dentro de un entorno histórico, sea éste el que sea, tarde o temprano allí acabo cayendo yo. Y no iba a ser menos con esta novela de Use Lahoz de título "Los Baldrich", apellido de la familia protagonista de la historia que se inicia a principios del siglo XX con el nacimiento del patriarca, Jenaro Baldrich. La novela nos contará el devenir del ambicioso Jenaro y cómo éste persigue sin tregua sus sueños: comienza por formar una familia que espera que en el futuro se convierta en una dinastía que saque adelante su los negocios que él iniciará en la maltrecha Cataluña de la posguerra. Y para llevar a cabo su plan se precisa una esposa y unos hijos, de modo que así van apareciendo Sagrario, una joven discreta de una familia originaria de su mismo pueblo que se casa con Jenaro a pesar de estar enamorada de su primo y después vendrán los hijos, ¿cómo no?. Jenaro centra toda su energía en desarrollar su negocio de textiles que crece al ritmo del avance de la economía española desde los años cincuenta, pasando por el desarrollismo, los felices ochenta y llegando hasta el final del siglo. Toda la vida de la empresa la desarrolla junto a su fiel colaborador Mateu, que en ningún momento verá recompensados los esfuerzos y dedicación aplicados al éxito del negocio. Sólo el negocio y el fútbol despertarán la pasión de Jenaro, mientras que su familia se va desgajando con el tiempo por la apatía de sus miembros y por la falta de amor.

Con los años, los Baldrich verán incrementarse su fortuna y se convierten en una acomodada familia burguesa pero eso nunca lograrán garantizar la felicidad de ninguno de sus miembros. Las relaciones personales entre ellos son de una frialdad absoluta, el padre autoritario, la madre sumisa, Jaime el hijo mayor, más tentado por la música y la literatura que por el negocio familiar, Rodrigo, el segundo, más en la línea de lo que su padre espera de él, a pesar de ser cruel con su hermano y desinteresado por los demás y la pequeña Nati que acaba militando en el bando políticamente opuesto a su padre y escapando a Madrid para hacer su vida por su cuenta. Todos son personajes que se encuentran solos aún perteneciendo a una familia, que no cuentan con el verdadero respaldo afectivo que se supone que esta proporciona y, curiosamente, todos se sienten más unidos a la sirvienta de la casa de toda la vida que a cualquiera de los demás miembros del clan.

La historia está bien contada, aunque en ocasiones los episodios históricos o los sucesos políticos reales en medio de los que transcurren las vidas de los Baldrich parecen narrados con demasiada distancia, como un mero marco ante el cual pasean los personajes. Por lo demás el libro es interesante, fácil de leer, el final no es sorprendente, pero se lee con agrado. Los personajes están muy bien dibujados, especialmente los de Jenaro y de Jaime, a pesar de que no resultan necesariamente simpáticos, no es posible encariñarse con ninguno de ellos, pero están bien dibujados y resultan creíbles. Toda la novela está imbuida de un aire de tristeza procedente de la falta de amor y comunicación entre los personajes, de su soledad y falta de ilusión, por lo que al final es una historia que me ha dejado una sensación amarga tras su lectura.

miércoles, 24 de abril de 2013

El Paraíso de las Damas

Hace algunas semanas me tropecé casualmente en la televisión con una serie con bastante buena pinta titulada “El Paraíso”. Lo cierto es que vi los dos primeros capítulos que emitieron de forma continuada y que confirmaron mi sospecha de que se trataba de una cuidada producción británica de esas que tan bien se les dan a los de la BBC. Pero como resulta que una es, esencialmente, una lectora voraz, nada más saber por los títulos de crédito que la serie se basaba en una novela original de Émile Zola, no pude resistir la tentación de ir directamente a la fuente y sin necesidad de ver más capítulos me hice con la novela en cuestión:  “El Paraíso de las Damas”, que ha supuesto una inesperada sorpresa con una interesante historia, con su pizca de romance, enmarcada en un apasionante periodo histórico en lo que a los cambios sociales se refiere y ubicada en  la bulliciosa ciudad de París de mitad del siglo XIX. ¿Qué más se puede pedir?

El argumento gira en torno a la joven Denise Boudu que llega a París tratando de buscarse un futuro para ella y sus hermanos tras haber quedado huérfanos. Su tío es propietario de un pequeño comercio tradicional de venta de tejidos, pero el negocio no anda muy bien y no puede colocarla. En su misma calle se ha establecido “El Paraíso de las Damas”, una magnífico establecimiento de "novedades" donde es posible satisfacer la pasión de las mujeres por las compras y la moda, germen de los grandes almacenes que se generalizarían por la ciudad a partir de entonces, donde es posible encontrar desde tejidos hasta guantes, abanicos, paraguas, vestidos confeccionados... Este enorme establecimiento basado en una estricta organización, numerosísimos dependientes, donde se despachan las mercancías de manera imparable, donde se reciben pedidos por correo, se realizan entregas a domicilio, en fin, todas las innovaciones y comodidades imaginables para facilitar la compra a sus cada vez más numerosas clientas. Por sus servicios, los precios, la variedad que ofrece, el Paraíso supera en todos los aspectos a cualquiera de los pequeños comercios que abundan en el mismo barrio y que se van viendo abocados sin remedio al cierre. Los beneficios reinvertidos una y otra vez, el sistema de primas a los empleados, las comisiones por ventas, todo un nuevo sistema que permite multiplicar las ganancias y estimular a los trabajadores, todo este nuevo e inmenso aparato está dirigido por Octave Mouret, un decidido y visionario emprendedor dotado de un extraordinario talento comercial que nunca deja de plantearse sucesivas ampliaciones del negocio, que va arrinconando los esquemas mercantiles antiguos y va dando paso a nuevas técnicas para atraer al público. Comprobamos así que lo que consideramos modernas teorías de márketing y publicidad no son cosas de hoy día, sino que ya se ponían en práctica en el siglo XIX:
“la acumula­ción de mercancías; la tentación de lo barato; los precios mar­cados, que inspiran confianza. Por lo que peleaban y competían los almacenes era por la mujer, a la que hacían caer una y otra vez en la tendida trampa de los saldos, tras aturdirla con los escaparates. Despertaban en ella nuevas apetencias; eran una tentación gigantesca ante la que ella sucumbía fatalmente: al principio, pretendía aprovechar las ocasiones, a fuer de buena ama de casa; luego, se dejaba llevar por la coquetería; al final, se la comían viva. Los almacenes multiplicaban las compras, democratizaban el lujo y se convertían, así, en causa de temibles despilfarros, desbaratando los presupuestos familiares y favoreciendo las locuras de la moda, cada vez más costosas.“ 
Octave Mouret cree en el poder de la voluntad, es apasionado en todo lo que hace y se lanza al riesgo con alegría animado por la idea de los potenciales éxitos a  alcanzar. Contrasta con los miembros de la burguesía adinerada o la nobleza venida a menos que languidece en sus viejas tradiciones, ocupando puestos en la Administración, en ocasiones con mucho prestigio pero escaso sueldo, ”la Francia añeja” que se entretiene en sus reuniones de salón y se deleita en su liberalidad amorosa, dilapidando sus antiguas fortunas, mientras que la clase trabajadora se esfuerza por progresar y ganarse un puesto entre los privilegiados. Asistimos al nacimiento de una nueva estructura social donde los jóvenes pueden escapar del destino de sus padres, no importa de dónde procedan, sólo importa lo que están dispuestos a trabajar y a arriesgar y los objetivos que se marquen. Cuando un dependiente de almacén gana más que un triste funcionario público con formación y apellidos de raigambre se demuestra que los nuevos valores se imponen, el triunfo y la riqueza se pueden repartir más justamente.
"Retumbaba en sus palabras toda la dicha de actuar, toda la alegría de vivir. Recalcó que era un hombre de su tiempo. Sólo los contrahechos, sólo los inválidos de cuerpo o de pensamiento se hurtaban al trabajo en una época en la que había tanto por hacer, mientras el siglo entero se abalanzaba hacia el futu­ro. Y se mofaba de los desesperados, de los asqueados, de los pesimistas, de todos los inválidos de aquel alborear de las cien­cias, de su plañidero llanto de poetas o de su altanería de escépticos, en medio del gigantesco tajo de la era contemporá­nea. ¡Qué actitud tan noble, tan acertada, tan inteligente, esa de bostezar de hastío mientras los demás se esfuerzan! ¿Dónde está el daño si atraemos a todas las mujeres, si las tenemos así a nuestra merced y conseguimos que pierdan el seso ante nuestras montañas de mercancías y vacíen los monederos sin llevar cuenta? Lo que hace falta, que­rido amigo, es encandilarlas; y para eso necesitamos un artícu­lo que encuentre su punto flaco, que haga época. Luego ya podemos vender los demás artículos tan caros como en cual­quier otra parte, porque estarán convencidas de que nosotros se los damos más baratos."
Todo este mundo novedoso constituirá para Denise una fuente inagotable de sorpresas y la cautivará en seguida. El paso desde su origen humilde y provinciano hasta el fastuoso París que la acoge y donde descubre una nueva dimensión del progreso que no creía que pudiera existir, no la priva de entender el brusco contraste entre la abundancia inacabable del comercio y las penurias que deben padecer sus empleados a causa de sus reducidos ingresos y de las pésimas condiciones de vida y trabajo, lo que la hace tomar conciencia de la necesidad de repartir los beneficios del nuevo sistema de manera más equitativa. La joven tendrá que sufrir en carne propia la cruel competencia que caracteriza las relaciones entre los empleados del establecimiento, padeciendo especialmente por la crueldad de sus compañeras de departamento en su lucha por las comisiones y los ascensos. Poco a poco irá perfeccionando el arte de sobrevivir, tendrá que espabilar ante la jungla a la que se enfrenta pero donde acabarán brillando sus virtudes y su honestidad. La inevitable historia de amor, llena de dudas, desencuentros y dificultades no son más que un hilo conductor que nos acompaña a lo largo de la novela, sin restar brillo al resto de los elementos del relato.

No se puede dudar del talento de Zola para reflejar toda una sociedad, para destacar sus aspectos más sobresalientes, lo novedoso frente a lo añejo, en introducirnos en los salones, reflejar hasta la luz que ilumina las escenas y los sentimientos que refleja cada rostro o cada tono, en retratar, en fin, a los seres humanos que pueblan su novela, de mostrarnos lo más profundo de sus pasiones, sus motivaciones y los deseos que los mueven y a través de unas historias particulares hacernos revivir un mundo pasado, en un relato que estaría en un punto intermedio entre el estudio sociológico y el tratado histórico, eso sí, presentado de manera tremendamente entretenida. A destacar las vertiginosas descripciones de la abundancia y magnificencia de El Paraíso y sus incontables mercancías expuestas de manera espectacular para deleite de las clientas. En esta ocasión, Zola deja de lado algo de su habitual denuncia social, aunque no totalmente, pero sí que se deja llevar más por el optimismo y la confianza en el progreso y la posible mejora de las condiciones de vida de los trabajadores en una nueva época de abundancia que se adivina en un futuro cercano.

Se dan en esta novela otros numerosísimos temas sobre los que reflexionar: Asistimos a la renovación del panorama urbano de París donde comienzan a abrirse grandes avenidas, “con alcantarillado, aceras y farolas de gas”, donde se arrasa con los viejos barrios medievales para dar paso a una nueva ciudad cosmopolita y abierta, lo que favorece fundamentalmente al comercio. La superioridad de los grandes centros comerciales frente a los pequeños comercios tradicionales, la decadencia de los artesanos especializados, la utilización de las mujeres como consumidoras insaciables, la inutilidad de la educación clásica frente a la pujanza de los emprendedores sin formación pero con agallas para trabajar duro... muchos son los aspectos que encontramos en esta novela que darían tema para intensos debates.

Comentar, por último, que esta novela se enmarca en la serie "Les Rougon-Macquart",  en la cual Zola relatan las vidas de diversos miembros de una familia francesa a lo largo de la época del Segundo Imperio y donde refleja tanto la historia familiar como todos los cambios de la sociedad en este periodo.  En cualquier caso, es, sin duda, un texto que puede ser leído como de rabiosa actualidad a pesar de haber sido publicado en 1883, ya que comprobaremos que hay muchas cosas que no han cambiado tanto a pesar de los años transcurridos.

viernes, 12 de abril de 2013

El maestro del Prado

Siempre digo que me encantan los libros que me permiten conocer cosas nuevas, disfrutar de lugares lejanos, descubrir episodios interesantes de la Historia, y esas son sólo algunas de las cosas que me ha proporcionado la lectura de esta novela de Javier Sierra. Con el joven protagonista de "El maestro del Prado" recorremos nuestro principal museo con una nueva mirada, ya no estamos solamente ante una colosal colección de obras de arte, sino ante una especie de enciclopedia visual donde se ocultan las claves que explican numerosos misterios relativos a una multitud de temas que incluyen la interpretación de los Evangelios, los secretos de la vida desconocida de Jesús y su familia, a aquella parte de la Historia Sagrada que se ha quedado atrás en el tiempo y cuya revelación no ha sido permitida más que a unos pocos que han sabido interpretar los rastros dejados en ciertos escritos y, por supuesto, en numerosas obras pictóricas que funcionan como misteriosas puertas de acceso a secretos inexpugnables. Y además del museo, el autor nos pasea por otros escenarios fabulosos como la biblioteca del Monasterio del Escorial además de por épocas históricas apasionantes como la Europa del Renacimiento, la España de Carlos V o Felipe II, donde tratamos de comprender la mentalidad del momento y lo que inspiraba a los artistas de la época.

El argumento de la novela se nos presenta como una experiencia real del propio autor, que no es necesario creer que sea cierta pero que, sin duda, funciona como técnica para acercarnos la historia de una forma más personal, realmente nos convencemos de que lo que nos cuenta es algo que en verdad le ocurrió. De este modo el autor nos cuenta en primera persona su encuentro casual en el madrileño museo de El Prado, en su época de estudiante universitario, con un misterioso individuo, el doctor Fovel, erudito del arte y otras disciplinas, que le embarcará en una emocionante aventura en torno a los secretos ocultos en diversas obras de arte de dicho museo y que le abrirá al joven estudiante de Periodismo los ojos a todo un mundo de mensajes esotéricos llenos de significados ocultos en el que irá profundizando a lo largo de varios encuentros que se suceden entre los dos personajes, siempre en el interior de la pinacoteca y frente a sus más impresionantes obras. Toda la acción se enmarca en el espacio temporal de los apasionantes años 90 en Madrid, en el entorno universitario, con los conflictos internacionales en plena ebullición, donde el aspirante a periodista se debate entre el interés por seguir los hechos de la más rabiosa actualidad internacional y el deseo de zambullirse en los secretos más arcanos que ocultan las grandes obras de arte del Renacimiento. Da Vinci, Rafael, Boticelli, Tizziano, los grandes maestros pasean ante nuestros ojos y nos dejan ver sus significados más ocultos gracias a la guía del doctor Fovel.

Y es que este libro me ha conquistado sin necesidad de entrar a creer en la parte más esotérica de lo que nos desvela la novela a la que podemos considerar como una nueva revisitación de tantos misterios que ya son "clásicos" en este tipo de literatura y que  hemos encontrado repetidos hasta la extenuación en numerosas novelas anteriores que tratan de profundizar en los (supuestos) significados ocultos de los Evangelios, en la existencia de los cátaros, la conservación del santo cáliz, las sectas milenaristas... y es que junto con esta faceta de la novela, su lectura me ha proporcionado el placer de disfrutar en otro plano diferente como es el que se refiere a la oportunidad de poder acercarme a grandes obras maestras de la pintura cuyas ilustraciones (acertadísima idea) acompañan el texto; me ha permitido reflexionar sobre los cuadros, de ver detalles antes invisibles para mí por desconocimiento. Y aún sin caer rendida ante las supuestas verdades que se esconden tras los elementos esotéricos, igualmente he gozado de ese paseo por el Arte con mayúsculas. Igualmente me ha quedado claro que no es posible hoy día llegar al fondo de la verdadera intención que guiaba a aquellos pintores de hace cientos de años antes pintaron aquellas maravillas, no sabemos si sólo con intención de ensalzar a Dios o si realmente pretendían exponer otras verdades ocultas o transmitir mensajes misteriosos que sólo comprenderán unos pocos iniciados en tales materias. Así y todo, entiendo que son unos temas tan cargados de secretos que seguirán apareciendo en otras novelas y continuarán despertando nuestro interés por mucho que no lleguemos nunca a conocer la verdad de muchos de ellos.

De todas las maneras acepto que todo es posible, que cada uno verá los cuadros con sus propios ojos y cada uno recibirá de ellos un mensaje diferente porque es innegable que las obras analizadas en esta novela resultan mágicas más allá de su mera ejecución formal y que son algo más que lienzo y pigmentos. Probablemente oculten toda una serie de claves en cuya interpretación intervienen miles de años de cultura, religión, filosofía y nos acercan a asuntos tan fascinantes como la presencia de los ángeles entre nosotros o las innumerables profecías que, durante siglos, la sociedad occidental se ha esforzado por interpretar y situar en función de hechos históricos reales…. Agradezco a Javier Sierra que nos proporcione en esta novela tanto materia sobre el que reflexionar en torno a tan variados temas, sin dejar de entretenernos magistralmente con su fresca y ágil escritura, que no pierde el ritmo en ningún momento.

domingo, 7 de abril de 2013

El coraje de Miss Redfield

Con esta novela de Ana G. Cañil de título "El coraje de Miss Redfield" nos trasladamos al Madrid de 1962 junto a la joven nanny británica que da título al libro. La eficiente Elsa Redfield acude al palacete de Cerroalto para hacerse cargo del más pequeño de la noble familia Peñalara. Nos encontramos con la España de los últimos años del régimen franquista, cuando las familias pudientes acostumbran a criar a sus hijos con nannies inglesas o mademoiselles francesas o frauleins alemanas en una manera de demostrar su buena posición y como garantía de exquisita educación. Estas nannies frecuentan junto con sus pupilos el club de Puerta de Hierro a donde van a pasar las tardes, a merendar y a codearse con el resto de cachorros de la alta sociedad afín al régimen. Elsie Redfield llega a España recomendada por la que fue su mentora, Miss. Hibbs, junto a la que padeció la ocupación alemana de la isla de Jersey en la que vivían y la que hasta ese momento ha sido su patrón de conducta personal y humana. Miss Hibbs se ocupa ahora del cuidado de los nietos del mismísimo caudillo, por lo que su posición no puede ser más envidiable.

Pero en la casa de los Peñalara Elsie descubrirá que hay otras cosas en la vida aparte de dedicarse a cuidar a los hijos de otros y aplicar las estrictas normas aprendidas en la escuela de Norland, principal centro de formación de nannies inglesas. La rigidez y la formalidad de la joven se verán minadas por la calidez y el trato desenfadado tanto de su señora, doña Lily, del hijo de esta, Manuel, de su ahijado Alejo y del resto del servicio, con los que aprenderá a convivir y compartirá una triste historia en la que se vió envuelta la familia y que hará a Elsie plantearse todo lo que anteriormente consideraba como inamovible.

La historia que cuenta la novela tiene puntos bastante interesantes, como es el papel de las instritutrices extranjeras en la España de los años 60 en que la sociedad española se debatía entre conservar las costumbres más añejas y las costumbres de la antigua nobleza tradicional con los nuevos aires de modernidad que vienen de Europa, las nuevas modas, la música moderna…. El ambiente que se retrata de la capital está bien reflejado en los viejos palacetes señoriales, los reuniones de café de las señoras, el club de campo. Por la novela desfilan todos los personajes que eran "alguien" en esos años, desde Don Juan Carlos y su reciente esposa Doña Sofía, hasta los nietos de Franco, la joven Cayetana de Alba y toda la clase alta de la España de la época, todos ellos vistos desde la perspectiva de una extranjera recién llegada y que trata de mantener las distancias lo más posible.

No puedo acabar de decir que la historia me haya conquistado por completo, no me convence la parte del romance imposible, aunque por otro lado previsible, que se da entre la nanny y el "conde rojo" pero a pesar de ello no niego que es una novela muy entretenida de leer, que nos acerca a una época de nuestro país que siempre es interesante de conocer y que el personaje de Elsie, aunque no haya logrado conmoverme con sus luchas internas entre el deber y el placer, entre las imposiciones del estricto carácter británico y las nuevas posibilidades que la vida le plantea, no deja de resultarme un personaje al que se le coge cariño y al que se le desea que finalmente la vida le sonría.