sábado, 20 de abril de 2019

La extraña desaparición de Esme Lennox

Ya he confesado repetidas veces mi absoluta devoción por la irlandesa Maggie O'Farrell, la manera en que, desde que la conocí, caí enamorada de sus narraciones, de sus maravillosos personajes femeninos y de su modo de contar historias. Y resulta que después de haber disfrutado enormemente de varias de sus obras me encontraba ante gran duda, ya que tenía pendiente hace algún tiempo " La extraña desaparición de Esme Lennox" que es un libro publicado con anterioridad a los que ya había leído de ella y debo confesar que iba retrasando su lectura porque realmente temía que no fuera a estar al nivel de "Tiene que ser aquí" o "La primera mano que sostuvo la mía" Afortunadamente, he descubierto que el talento de la O'Farrell ya quedaba patente desde sus primeras obras, para suerte de aquellos que la seguimos con fidelidad.

Nos encontramos de nuevo aquí con una historia protagonizada por mujeres con personalidades peculiares, comenzando por Iris, una joven escocesa propietaria de una tienda de ropa de segunda mano que descubre de buenas a primeras que es el único familiar al que pueden dirigirse las autoridades para que se haga cargo de su tía abuela Esme Lennox, una mujer cuya existencia desconocía hasta ese momento y que se encuentra recluida sanatorio mental desde hace décadas; el cierre inmediato de dicha institución hace que Iris se encuentre ante una situación que no sabe cómo manejar teniéndose que responsabilizar de un familiar inesperado e imprevisible.

Y es que en verdad Esme no es una mujer corriente; criada en la India colonial, en un entorno de libertad y multitud de estímulos procedentes de los vivos colores y los intensos olores de aquel lugar del mundo, con trece años un drama familiar fuerza el regreso de la familia a la fría, lluviosa y gris Escocia de los años 30, absoluto contrapunto a lo que hasta ese momento conocía la chica. Esme es una jovencita especial, con una mente inquieta, un alma libre, su cabeza siempre bulle llena de imágenes, recuerdos, extrañas asociaciones, cuando no cae en uno de sus "trances" en los que su mente vaga libre alejada de su cuerpo. ¿Todo eso es suficiente motivo para hacer a alguien pasar más de sesenta años encerrado? ¿Qué llevó a su familia a borrar todo rastro de ella, a eliminarla de sus vidas y de su memoria y recluirla permanentemente? ¿Es Esme verdaderamente una demente peligrosa?

La extraña relación que se establece entre Iris y Esme las lleva a ir conociéndose y descubriéndose mutuamente muy poco a poco a lo largo de un fin de semana cuyo relato va alternándose los desmadejados recuerdos de Kitty, la hermana de Esme y abuela de Iris, ahora convertida en una anciana perdida en el Alzheimer a la que nadie tiene en consideración cuando rememora aquellos tiempos en que todo su afán así como el de su madre consistía en encontrar un buen marido y buenas relaciones sociales, planes en los que Esme no tenía ninguna intención de participar; ella quería estudiar, ser libre, jamás casarse, incluso trabajar, proyectos que se consideraban inaceptables para las jóvenes de su posición en aquellos tiempos. Eso es algo que tiene en común con Iris que también se considera una mujer independiente aunque ella no ha renunciado a las relaciones amorosas, sólo que estas son más bien complejas en su caso, ya que no se decide a comprometerse con su actual amante mientras que su verdadero amor es inalcanzable.

La autora vuelve a cautivarnos con su manera de narrar, no contando las cosas sino dejándolas salir sin un orden o una continuidad: recuerdos, sentimientos, ideas que acaban dibujando a los personajes y sus situaciones sin describirlos ni explicarlos, sólo mostrándose ante nuestros ojos; flashes del pasado que se confunden con el presente, paralelismos entre situaciones en distintos momentos. Nos cuenta así un drama familiar que atraviesa varias generaciones donde se mezclan tiempos y personajes, pasando de unos a otros sin orden ni una linea narrativa organizada y lineal, enganchando una frase con la siguiente que ya pertenece a otro momento sin que por ello nos perdamos en la narración, sino que nos imbuímos en el ambiente del relato: en la peculiar estructura mental de Esme, en la memoria evasiva y difusa de Kitty, en la indecisión de Iris, convirtiéndolo en un todo donde cada pieza termina por ocupar su lugar y terminar por contarnos aquello que tanto se esforzaron algunos por ocultar. Una nueva joya, por lo tanto, de esta que es mi nueva escritora favorita, que lo repito por si no hubiera quedado claro antes.

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