domingo, 22 de julio de 2018

La primera mano que sostuvo la mía.

He tardado relativamente poco en volver a encontrarme con una novela de Maggie O'Farrell, y es que se trata de una autora que ha entrado rápidamente entre mis favoritas y cuya lectura siempre me depara momentos de enorme placer. Me encuentro en esta ocasión en "La primera mano que sostuvo la mía" con dos historias de mujeres, con la vida de pareja, con dos mujeres enfrentadas a la maternidad en escenarios coincidentes de Londres, una en la época actual y la otra en los últimos años cincuenta y los sesenta. Ambas historias tienen gran fuerza y nos arrastran con ellas por igual. 

Las protagonistas son dos mujeres jóvenes cuyas existencias acabarán por entrecruzarse a pesar de que cada una vive en una época diferente. Elina acaba de ser madre pero nada ha sido como esperaba: la experiencia traumática de un parto complicado la aboca a una depresión, a afrontar una situación de pareja que en nada se parece a lo que compartía antes con Red: no sólo ha perdido su impulso creativo que la llevaba por la senda de convertirse en una gran figura de éxito en la vida artística londinense; también asistimos a la nueva cotidianeidad de una pareja a la que un bebé recién llegado trastoca de arriba a abajo, lo cambia todo y por lo general el cambio no es a mejor, a pesar del amor intenso por el hijo, la adaptación de ambos a la nueva situación es difícil. Pero además Ted también se siente cambiado desde que es padre. Una vez que Elina comienza a regresar a la normalidad y a dejar atrás los peores momentos, algo en el pasado de Ted que ha permanecido oculto parece querer asomar en su memoria y ver crecer al niño recién llegado lo remueve todo, recuerdos sepultados por años quieren volver a ocupar su lugar.

En cuanto a la otra protagonista, Alexandra, ha escapado de su casa, de su madre controladora, de sus numerosos hermanos y de la aburrida vida en Devon y se establece en Londres donde sueña con convertirse en una chica moderna. Corren los primeros cincuenta y todas las posibilidades de la gran ciudad se ofrecen ante ella: trabajar, ser liberal e independiente. Lo primero que cambia es su nombre para convertirse en Lexie. En realidad es Innes el que le cambia el nombre y toda su vida, Innes, editor de una revista, inquieto, locuaz, incansable, casado y con una hija, es el que la introduce en el mundo del arte y la cultura de la capital. La energía de su carácter arrastra a Lexie a un mundo de libertad y aprendizaje que la llevará a triunfar como periodista especializada en arte. Pero el brillante futuro que esperaba a la pareja no llegará a ocurrir.
"Su madre le dio dos consejos cuando se fue a Londres. 1. Busca trabajo de secretaria en una casa importante y próspera que te ponga «a tiro de la clase de hombre que te conviene». 2. No te quedes nunca con un hombre en una habitación en la que haya una cama. Su padre le dijo: «No pierdas más el tiempo estudiando, porque los estudios hacen antipáticas a las mujeres». Sus hermanos pequeños le dijeron: «Que no se te olvide ir a ver a la reina». Su tía, que había vivido una temporada en Londres en los años veinte, le dijo que no cogiera el metro (estaba sucio y no había más que individuos indeseables), que nunca entrara en un café (porque estaban llenos de gérmenes), que llevara siempre faja y un paraguas, y que no pisara el Soho. Huelga decir que hizo caso omiso de todo."
Las dos historias transcurren sin relacionarse pero tienen un tema que las conecta: la maternidad, no desde una visión idílica, sino con una mirada muy realista a los grandes cambios que un bebé trae a la vida de los padres, en sus hábitos, sus relaciones, la forma en que se mira al mundo cuando hay un niño que se sitúa en el centro de todo y hace cambiar la perspectiva, las prioridades y los valores. Es maravillosa la manera en que esta novela muestra las luces y sombras de la maternidad.
"Nos cambia la forma del cuerpo, compramos zapatos de tacón bajo, nos cortamos la melena. Empezamos a llevar en el bolso galletas mordisqueadas, un tractor de juguete, un trocito de una tela muy querida, un muñeco de plástico. Perdemos el tono muscular, el sueño, la razón, la perspectiva. El corazón empieza a vivir fuera de nuestro cuerpo. Ellos respiran, comen, gatean y... ¡hala!, andan, empiezan a hablar con nosotras. Aprendemos que a veces hay que andar a pasitos cortos, pararse y mirar con atención cada palo, cada piedra, cada lata aplastada del camino. Nos acostumbramos a no llegar a donde queríamos ir. Aprendemos a zurcir, tal vez a cocinar, a poner rodilleras en los pantalones. Nos acostumbramos a vivir con un amor que nos inunda, nos ahoga, nos ciega, nos controla..."
La prosa de la O'Farrell es tan magnífica que es un placer el mero hecho de pasearse por sus páginas, de asomarnos a las vidas de estas dos mujeres, de disfrutar mientras las acompañamos en sus avatares diarios narrados con un estilo cargado de sencillez y naturalidad pero que no deja de deleitarse en los detalles más simples y elementales que son los que dibujan con mayor viveza unas existencias que no están marcadas por los grandes acontecimientos sino que se configuran a través de los momentos más mundanos y sencillos que son los que verdaderamente conforman al final las vidas de las personas, en los libros y fuera de ellos. Destacaría también el enorme protagonismo de la ciudad de Londres, a la que la propia autora describe como el tercer protagonista de la novela, la manera en que cambia la ciudad, como pasa de la época de postguerra, de la bohemia, del Soho de los artistas y los escritores, a la ciudad moderna llena de cafeterías de grandes multinacionales, apartamentos de lujo y oficinas sin una gota de originalidad ni encanto. Los personajes cruzan de una época a la otra compartiendo los espacios físicos, los locales y las aceras, cada uno dentro de su propia historia pero unidos a través del tiempo por esos lugares.

En esta obra disfrutamos de una de las grandes habilidades de la autora: hacer gran Literatura, así, con mayúsculas, a partir de vidas normales, de personas corrientes que podrían ser reales; hacernos sentir sus alegrías, el amor que sienten, sus dolores, sus angustias. Y todo ello se queda con nosotros incluso cuando terminamos la lectura, Lexie y Elina son dos amigas cuyos problemas nos preocupan y junto a las cuales sufrimos. Eso no es fácil lograrlo y la O'Farrell lo consigue con aparente facilidad, con un estilo sencillo de leer pero cargado de profundidad y humanidad, prueba determinante de que es una gran narradora.

4 comentarios:

  1. Aún no he leído a esta autora, y tengo varios de sus libros apuntados.
    Pues cada vez que leo una reseña sobre uno de ellos sé que sus novelas me van a gustar.
    Un abrazo

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    1. Pues con cada novela suya que leo, más sube en mi clasificación de escritoras favoritas. No deberías tardar mucho en descubrirla.
      Saludos.

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  2. Me acaban de entrar unas irresistibles ganas de leerla. Me gustan esas historias valientes donde te cuentan cuanto puede llevarse por delante la maternidad y lo difíciles que pueden ser las relaciones materno-filiales. Decididamente lo apunto en pendiente!

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    1. No dudo de que te gustará. Es una autora maravillosa y cuenta las cosas magníficamente. Espero que la disfrutes.
      Saludos.

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