jueves, 29 de diciembre de 2016

Lo que escondían sus ojos

Supero nuevamente mis prejuicios sobre novelas escritas por personajes televisivos o populares, para disfrutar de esta novela de la periodista Nieves Herrero que rondaba por casa hace ya algún tiempo pero que no me decidía a leer a causa, fundamentalmente, de la desconfianza que me procuran estos libros que proceden de personas ajenas al ámbito de la literatura propiamente dicha. Pero, como ya me ha ocurrido en otras ocasiones, la sorpresa ha sido para bien: me ha gustado mucho la manera de contar una historia que, de antemano, ya sabía que iba a resultar apasionante por sus personajes y las circunstancias que les rodearon. Ha sido la emisión en televisión de la serie basada en esta novela lo que me ha dado finalmente el empujón necesario para ponerme manos al asunto y es que no podía consentir que la versión televisiva me arruinara la experiencia de conocer una historia como la que cuenta "Lo que escondían sus ojos" directamente desde el formato novela, que luego en imágenes no siempre se transmiten las historias con la misma intensidad que a través de la palabra escrita, o al menos eso me suele parecer a mí, y en este caso concreto debo reitererarme en esa teoría: la novela supera ampliamente a la serie.

Pues entrando ya en la historia que se cuenta en el libro, diremos que tiene como protagonistas a Sonsoles de Icaza, la joven y bella marquesa de Llanzol, inteligente y atractiva mujer de la alta sociedad española de la posguerra y junto a ella a Ramón Serrano Súñer, el cuñado de Franco, popularmente conocido como el cuñadísimo, principal ministro del Régimen y hombre poderosísimo por su cargo y, sobre todo, por su cercanía familiar con Franco. Que estos dos personajes tuvieran un romance estando ambos casados no podía suponer más que un escándalo en la pacata sociedad de aquella época y así ocurrió cuando la intensa historia de amor y pasión que compartieron salió finalmente a la luz.

Este apasionante romance viene enmarcado en un entorno muy certeramente dibujado del momento político; con Europa en plena guerra, la negociación del ministro Serrano con Hitler que presiona incansable para convencer a España para entrar en el conflicto del lado del las potencias del Eje, le pone en un difícil papel al tratar de mantener por todos los medios la neutralidad para poder recuperar el país tras la recién concluída Guerra Civil. Tampoco la política nacional es sencilla. Asistimos a un retrato de Madrid donde conviven los grandes lujos entre los que se mueven las familias adeptas al régimen que recuperan pronto sus hábitos de vida cotidiana, a pesar de que otros muchos compatriotas luchan por subsistir entre las grandes penurias que caracterizaron la posguerra. Los episodios históricos y las escenas del día a día de la España de la época se entrelazan con soltura con la trama romántica que es el argumento central de la novela en la que aparecen episodios como la creación de la División azul, la entrada de los EEUU en la guerra mundial y otros tantos que se alternan con el veraneo en San Sebastián de los más pudientes, las numerosas fiestas privadas, los aperitivos en el Ritz y donde aparecen personajes de gran interés como el modisto Balenciaga, único amigo y principal confidente de Sonsoles; Carmen de Icaza, hermana de Sonsoles y también popular periodista y escritora; Carmen Polo, esposa de Franco; Dionisio Ridruejo o tantos otros protagonistas de la época.

Me ha agradado especialmente que el relato prescinde de juicios de valor de carácter ideológico o político, retrata la sociedad de penuria y necesidades que siguió a la guerra, a los protagonistas del romance y su entorno que pertenecen a clase acomodada victoriosa tras el conflicto bélico, aparecen representantes de los dos bandos enfrentados en la guerra mundial, pero no se aprecian valoraciones o descripciones peyorativas ni sesgadas que trasluzcan críticas ni halagos a una u otra parte; en todos los bandos aparecen personajes positivos y negativos en función de sus propios actos y no del lado o el bando en que se encuentran. Una imagen, por lo tanto, muy ecuánime de esta época histórica que ha sido escasamente retratada a nivel novelesco, al margen de los libros de carácter político o puramente histórico y que creo que es el mejor baza de la novela.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Falcó

Podria decirse que la última novela de Arturo Pérez-Reverte, "Falcó", está escrita en blanco y negro. Al menos a mí, al ir leyéndola, todas las imágenes que me venían a la mente se me representaban en esa gama, como si de una película de las clásicas de cine negro se tratara. Y es que la novela retrata una época bastante oscura de por sí, como no puede ser de otro modo cuando hablamos de la Guerra Civil española, pero es que además los personajes y las circunstancias retratadas son de un tono gris oscuro, empezando por el protagonista, Lorenzo Falcó, un buscavidas de manual, sin ideología ni bando, con el único objetivo vital de salvar el propio pellejo, además de sacar el máximo provecho a cualquier circunstancia, aunque se trate de una guerra fratricida. Un protagonista que se mueve entre tugurios de los bajos fondos, con sombrero ladeado que apenas deja ver su rostro y un cigarro permanentemente entre los labios. Lo que decía al principio: una imagen más propia del cine negro de toda la vida. Y a ello sumamos esas frases para enmarcar que son tan propias de Pérez-Reverte, esas afirmaciones que encierran toda una filosofía de vida, todo el desencanto y la amargura del que no cree en la bondad humana y sí en la capacidad de destrozarnos los unos a los otros sea en la guerra, en el amor, en la amistad o en los negocios, lo mismo da.
"Sólo dispongo de una vida, dijo. Un breve momento entre dos noches. Y el mundo es una aventura formidable que no estoy dispuesto a perderme."
Los personajes de esta novela, con contadas excepciones, nos muestran una vision agria y desencantada de la vida, individuos que sólo se mueven por interés propio, desconfiados, solitarios; hombres con sombrero, mujeres seductoras al estilo de los años 30, encuentros clandestinos en barras de bar, entre humo de tabaco, escenarios y diálogos certeramente dibujados, atmósferas evocadoras de una época y una sociedad en guerra en un país arruinado en todos los aspectos. Brillan en especial los diálogos en los que tan hábil se prueba siempre el autor, que nos transmiten la filosofía del descanto de unos personajes descreídos, al margen de ideologías o creencias frente a otros capaces de arriesgar su vida por aquello en lo que creen.
"A poco que vivas, la vida les quita la letra mayúscula a palabras que antes escribías con ella: Honor, Patria, Bandera…"
Asistimos a la guerra desde la retaguardia, sin acercarnos a la línea de batalla, mezclados con la población civil, asistiendo a su vida cotidiana y acompañando a los que luchan por sus ideas aunque permanezcan lejos del frente y también a los que se esconden de esa primera línea, a los que se esconden y tratan de pasar desapercibidos. 
"No era asunto suyo, se dijo. Allá quien matara o muriera, y sus razones para hacerlo. Su idiotez, maldad o motivos nobles. La guerra de Lorenzo Falcó era otra, y en ella los bandos estaban perfectamente claros: de una parte él, y de la otra todos los demás."
No puedo dejar de señalar que Pérez-Reverte regresa de nuevo, literariamente al menos, a Cartagena, su ciudad natal, cosa que sus paisanos siempre le tenemos que agradecer por la oportunidad que nos brinda de ver a sus personajes literarios pasear por calles y lugares familiares, usar expresiones de la tierra y rememorar acontecimientos de nuestra historia más cercana. Un placer añadido al de la mera lectura.

jueves, 15 de diciembre de 2016

La corona maldita

Cuando a Felipe de Anjou, nieto del rey francés Luis XIV, le nombran rey de España, siendo el primer Borbón que se ciña la corona de este país con el nombre de Felipe V, nadie le había pedido su permiso ni su opinión, nadie se planteó que ser nombrado rey fuera lo peor que le podía ocurrir a este hombre depresivo y esclavo de sus pasiones que nunca quiso hacerse con ese cargo y jamás logró sentirse a gusto ostentando el cetro de uno de los reinos más poderosos de la época.

"La corona maldita", de Mari Pau Domínguez, se centra en los años en los que Felipe, ya viudo de su primera esposa, María Luisa de Saboya, contrae matrimonio nuevamente con Isabel de Farnesio, una princesa italiana más ambiciosa e intrigante de lo que se esperaba de ella en principio y claramente más centrada en manejar el poder que su propio esposo. Isabel se traerá a la Corte, no sólo a sus propios consejeros, sino también expandirá por el país la moda, los usos y la gastronomía de su Parma de origen. Cuando el rey de las primeras muestras de desequilibrio mental, su melancolía extrema, un estado que hoy día conoceríamos como depresión, cuando sus excentricidades sean difícilmente disimulable, la reina no dudará en tomar el mando de la situación, demostrar su fuerte carácter y determinación negándose a perder el timón del reino, dispuesta a imponer su voluntad y lograr su fin último: que sus hijos alcancen puestos de relevancia frente a los hijos habidos del primer matrimonio del rey.

Mediante escenas excesivamente explícitas y reiterativas se nos muestra la obsesión por el sexo del monarca, además de sus muchas otras obsesiones como su pasión desmesurada por los relojes, su frecuente ensimismamiento, la alternancia entre la depresión y el desvarío. Un cuadro, en fin, que se centra en los desajustes del rey como persona, pero que deja al margen todo lo que de relevante tuvo su reinado a nivel político y cultural. Y es que la práctica totalidad del argumento se centra en la vida íntima de los reyes, apenas asomándose al resto de la Corte y apenas fuera de los muros de las residencias reales, con lo que se puede echar en falta un retrato más a fondo de la época, de la sociedad y el entorno nacional e internacional en el que vivieron Felipe e Isabel; podría decirse que pasamos más tiempo en la cama de los reyes que en ningún otro lugar de todo su reino.

El relato se convierte en ocasiones en demasiado reiterativo, con escenas muy similares contadas una y otra vez. Ninguno de los personajes termina resultando simpático o atractivo al lector, aparte de ese pobre rey con los tornillos más que flojos. Es cierto que la propia autora reconoce en el epílogo del libro que no pretende realizar un retrato completo del reinado del primer Borbón español, sino dar una imagen del hombre, pero en mi opinión el hecho de que se ciña tanto a los aspectos más íntimos y escabrosos limita la visión de la figura histórica, dejando sólo el triste retrato de un pobre hombre obsesivo, incapaz de asumir el papel asignado por la vida y que, sin embargo realizó grandes cosas durante su reinado que en absoluto se ven reflejadas en esta novela. Pero es que ya ha quedado claro que ese tampoco era el objeto de la misma. Otra vez será.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Me llamo Lucy Barton

Una mujer joven convalece en una solitaria habitación de hospital en la ciudad de Nueva York. La sorpresiva visita de su madre, a la que no ve con frecuencia, desata todo un torrente de recuerdos a través de los que la protagonista de "Me llamo Lucy Barton" va adentrándose, casi a trompicones, con escenas cortas, inconexas, mediante comentarios apenas hilvanados, a lo largo de su biografía. O, al menos, centrándose en aquellos episodios que nos muestran la relación con su madre, con su padre y sus hermanos, de su infancia mísera, de su matrimonio, sus hijas. No nos encontramos ante un relato continuo,sino que va y viene en el tiempo a base de imágenes fugaces, frases sueltas, da la sensación de que Lucy nos habla directamente sin pasar sus pensamientos por el filtro de la escritura, dando lugar a un relato con un estilo directo e intimista, como si asistiéramos en directo a las confesiones de una amiga.

A pesar de la breve extensión de la novela, Elizabeth Strout es capaz de hacernos llegar mediante esos retazos de vida apenas esbozados, los episodios fundamentales de la relación familiar de Lucy, de su infancia y juventud en un entorno humilde hasta el extremo y que la marca hasta su edad adulta. Vemos como, a pesar de lo conflictivo del hogar en el que se crió, a pesar de tener una madre distante, un padre violento, unos hermanos indiferentes, ajenos a la brillantez de Lucy, a su distanciamiento de todos ellos, a pesar de todo, Lucy ama lo que conoció, se siente parte de esa familia que la ignora y de la que se distanció para triunfar en la vida. Pero, así y todo, ella ha edificado su presente, la vida familiar y profesional exitosa de la que disfruta ahora, sobre esa pobre estructura, sobre esos tristes recuerdos. Porque, al fin y al cabo, todos somos, para bien o para mal, lo que recibimos en la infancia que, dichosa o desgraciada, nos marca para siempre. Lucy no recibió cariño en su entorno familiar, ni palabras de aliento ni apoyo, lo que no quita para que se haya convertido en una amante esposa y una madre cariñosa. Pero no hay duda de que la añoranza por lo que no tuvo nunca la acompañan siempre.

Recomiendo, sin duda, este relato melancólico y sutil, una lectura que va sobrevolando temas como el matrimonio, la familia, el auge del SIDA en los años 80, el apego de los padres y los hijos... temas que se nos quedan planteados para la reflexión, apenas dibujados para que cada uno le dé la forma que más le convenga.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

La chica que lo tenía todo

El arranque de "La chica que lo tenía todo" directamente nos evoca el ambiente de Sex and the City; en efecto, Ani parece ser una de esas mujeres que tiene, aparentemente, una vida perfecta en la Gran Manzana: un trabajo maravilloso como redactora de una revista femenina puntera, un prometido ideal y una boda en perspectiva. No cabe duda de que parece ser una chica que lo tiene todo. Pero su realidad no es tan de color de rosa, porque Ani es una de esas muchas jóvenes mujeres de Manhattan que dedican hasta su último esfuerzo a la agotadora tarea ser perfectas, delgadas hasta la anorexia a base de alternar entre el plato menos calórico de la carta de cualquier restaurante y los atracones a escondidas a los que seguirán nuevas jornadas de abstinencia casi total. Toda su actividad emocional se centra en organizar una boda de ensueño que supere a la de todas sus conocidas recientemente casadas, a pesar de que hace ya tiempo que dejó de estar enamorada de su rico y aburrido prometido. Lo primordial en su vida es trepar uno tras otro los altos escalones del ascenso social, no quedarse atrás en las últimas tendencias de la moda, no despistarse en llevar algo que estuvo de moda hace ya tres meses y, sobre todo, lucir un tremendo anillo de pedida que abre todas las puertas de ese microcosmos superficial en el que viven. Y, por encima de todo, no engordar ni un gramo. No tardamos nada en descubrir que la novela que leemos no es tan rosa como parecía, más bien se va tiñendo de gris camino del negro más profundo Y es que tras la imagen idílica que Ani transmite al mundo se oculta un pasado turbio y una verdad que es preciso esconder bajo toneladas de glamour, de éxito y de dinero. 

El secreto que oculta Ani procede de su primera juventud, de todo lo que fue su vida antes de encumbrarse en esa élite social en la que ahora pretende permanecer. En los años de instituto Ani no era la misma, ni siquiera tenía el mismo nombre y, por supuesto, la misma talla de ropa. Tuvo que pasar por la dura etapa del instituto en la que lo primordial era ser popular, cosa que tenía difícil, partiendo de su origen familiar apenas acomodado, a pesar de que su madre luchaba por situarla en un lugar más adecuado a sus objetivos de éxito al matricularla en un instituto de un barrio muy por encima de su estatus económico. Pero la adolescencia que Ani vivió fue triste y sórdida, un ambiente en donde el abuso de alcohol y el sexo burdo eran elementos imprescindibles para encumbrarse a la cima de una supuesta popularidad. Y a pesar de ello, ella siempre siguió perteneciendo al grupo de los perdedores, de los que nunca triunfarían en la vida. Así y todo, a pesar de los sucesos que marcarían su adolescencia, Ani se esforzó por reinventarse, ajena a prejuicios morales o cualquier límite que le impida olvidar lo malo de aquellos años y salir adelante. Es incluso capaz de aprovecharse del drama que debió marcar su vida para sacar de ello la máxima rentabilidad ahora que su vida es muy distinta a la que fue.

Jessica Knoll retrata en esta novela con tremenda crudeza a esas mujeres esclavizadas por conservar la talla 36, encontrar un buen marido antes de los 30 y triunfar así de acuerdo con su escala de valores absolutamente materialista. Retrato de una supuesta vie en rose de éxito y triunfo con un trasfondo negro de sordidez y vacío, de nihilismo absoluto donde sólo vale el éxito que trasmite tu imagen y tu cartera, la opinión que de ti tengan los demás, los que envidian tu posición y desean que caigas del pedestal para poder ocupar ellos tu posición. Como decía, una novela que comienza con ritmo de historia de amor y lujo y resulta ser bastante turbia y moralmente desasosegante.

viernes, 18 de noviembre de 2016

La viuda

Toda la prensa está deseando entrevistar a Jean Taylor; acampan frente a su puerta y tratan de conseguir la exclusiva de sus primeras declaraciones. Ya la perseguían antes de que su marido falleciera pero ahora que ha quedado viuda parece que por fin es libre para contar su historia, para dar su punto de vista sobre los hechos de los que fue testigo. Pero, ¿qué es lo que tiene Jean para despertar semejante interés entre la prensa y el público? Qué pueden querer saber de esta mujer de vida anodina, sin aparente atractivo para nadie, una sencilla peluquera casada muy joven con  Glen Taylor, un marido controlador que sometía a su esposa a su absoluta voluntad en todos los aspectos de su vida. El arranque de "La viuda" de Fiona Barton es de los que te enganchan sin poder remediarlo a la lectura, de los que te crean la necesidad de enterarte de qué está pasando, qué sabe esta mujer que todos desean que cuente.

Cuando la intrépida periodista televisiva Kate Waters logra hacerse con la confianza de Jean y consigue incluso colarse en casa de la viuda y convencerla para que acceda a darle a su cadena la ansiada entrevista podremos, por fin, conocer los hechos tal y como los recuerda la pobre mujer que nos irá contando de viva voz cómo vivió todo aquello y a través de su relato vamos descubriendo su personalidad, su relación matrimonial y su punto de vista. Y descubrimos que la historia que cuenta viene referida a la implicación de su marido en la  desaparición de la pequeña Bella, una niña de dos años, a cuya investigación ha dedicado los últimos meses el detective Sparkes que sigue tras la pista de Taylor, a pesar de que no logran hallar pruebas ni indicios suficientes para demostrar sus sospechas. Durante todo el proceso contra Glen, Jean permanecerá fielmente al lado de su marido, abnegada como siempre y convencida de su inocencia, a pesar todo lo que irá descubriendo no dejará nunca de confiar en él.

La novela va narrada a través cuatro de sus protagonistas y nos cuenta el relato de los hechos desde diferentes perspectivas: la viuda en primera persona, la periodista, la madre y el inspector son las cuatro caras del drama, las distintas visiones de una historia donde se juega con la la opinión pública, la mediatización de los crímenes, el prejuicio contra el sospechoso al que se le culpa desde los medios sin haber sido juzgado y los límites morales de la prensa. Una lectura entretenida sobre mentiras, confianza y relaciones tóxicas. Muy recomendable.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Los herederos de la tierra

Llevaba años, como tantos otros lectores, deseando la publicación de la continuación de una maravillosa novela como fue "La catedral del Mar", de Ildefonso Falcones y finalmente, bastantes años después, ya tenemos aquí esta nueva novela, "Los herederos de la tierra" con la que regresamos a la Barcelona medieval y donde nos encontramos con el joven Hugo Llor, sucesor del protagonista de la anterior historia y que, como aquel, quiere convertirse en un gran maestre d'aixa, constructor de barcos en las atarazanas de la ciudad. Pero esta que se nos muestra en la novela era una época de gran incertidumbre e inseguridad, una época peligrosa sin garantías para los derechos de los humildes; nadie escapa a la tiranía de los poderosos y en esta historia los poderosos están encarnados en la familia Puig que, con el apoyo de los reyes, controlan y someten a los ciudadanos de Barcelona a su capricho y hacia los que Hugo Llor tiene una especial inquina, ya que fueron los grandes enemigos de su maestro.

La historia que cuenta la novela es una auténtica odisea en la que seguimos los pasos del protagonista y sus múltiples peripecias desde bien joven cuando, hallándose sin familia, sólo encuentra la protección de los judíos para los que trabajará y junto con los que convivirá, abandonado su sueño de ser constructor de barcos, y gracias a los que se introducirá en el mundo del vino, del cultivo de la tierra y de la venta de su producto. Así, a lo largo de los años, Hugo irá aprendiendo y amando todo lo que se refiere al proceso de cultivo y fabricación del vino, descubriendo un nuevo sueño para su futuro: ser propietario de una viña. Pero las cosas se complicarán cuando no tenga más remedio que desarrollar su trabajo a las órdenes del hombre al que más odia ocupándose de su bodega privada y quedando sometido a él. Su vida sentimental tampoco será fácil ya que no logra alcanzar la felicidad junto a la mujer a la que ama y acabará casado con otra a la que llegará a odiar, aunque eso no signifique que no acabe encontrando un nuevo amor con el que compartir su vida. También será complicada su relación con Bernat, el hijo de Arnau, su amigo de infancia al que con el tiempo también se enfrentará duramente.

La novela está magníficamente escrita, con un dominio de la narración que ya esperábamos del autor al que le reconocemos un magnífico oficio; fabulosas las descripciones de personajes, situaciones y ambientación, aunque en algunos momentos los hechos históricos que se van intecalando con la parte novelada resulten un tanto pesados. El protagonista es capaz de despertar absoluta simpatía en el lector y la novela se disfruta sin duda, aunque también tengo que reconocer que no he llegado a enamorarme de ella como ocurrió con su predecesora, "La Catedral del Mar", pero es que las comparaciones siempre son odiosas y el listón estaba muy alto, seamos sinceros. En cualquier caso, es una lectura recomendable para cualquier amante de la novela histórica.