viernes, 14 de agosto de 2015

Volver a Canfranc

Hay temas literarios que no se agotan por mucho que se escriba sobre ellos, por muchas novelas que cada temporada se publiquen reviviéndolos o abordándolos desde nuevas perspectivas, con nuevas historias o personajes, siguen suscitando interés, despertando curiosidad, descubriendo nuevos hechos hasta el momento desconocidos, sorprendentes y emocionantes. Uno de estos temas es la II Guerra Mundial, un clásico entre mis preferencias dentro de la novela histórica a la que tan aficionada soy. Pues esta novela titulada "Volver a Canfranc" y escrita por la castellonense Rosario Raro es una más en esa larga serie de obras de ficción que se basan en la dura realidad que supuso el padecimiento por parte de la población europea de una guerra, acrecentada por la sumisión a un régimen tan brutal como fue el nazi en aquellos países donde se produjo la ocupación, como fue el caso de Francia. Basándose en unos hechos reales, la autora crea una novela emocionante que nos da a conocer a una serie de personajes que hicieron lo que estaba en su mano para luchar contra el sinsentido del nazismo.

El escenario de la novela se sitúa en un paraje que hoy día ya es historia: la actualmente abandonada estación de Canfranc, pueblo fronterizo con Francia en la provincia de Huesca. A pesar de encontrarse geográficamente fuera del territorio de la Francia ocupada, de facto los nazis controlaban este paso de montaña, salida natural hacia la Península Ibérica y, por tanto, posible vía de escapada de aquellos que trataban de huir de la ocupación y del conflicto bélico en Europa a través de la teóricamente neutral España. Pero los alemanes, aún convertidos en gobernantes de Francia, no pueden evitar que muchos miembros de su población e incluso empleados públicos ahora a su servicio no comulguen con sus ideas y con sus planes de exterminio y dominación, Y así ocurre con el responsable de la aduana francesa de la citada estación, Laurent Juste, un hombre íntegro que, bajo el aspecto de fiel cumplidor de las normas alemanas, oculta toda una red que facilita la huida de numerosos judíos y otros perseguidos por el nazismo. Pero Juste no estará solo en su peligrosa tarea, le ayudarán un grupo de personajes valientes y dispuestos a arriesgar sus propias vidas por una misión que consideran más importante que su propia seguridad: la camarera del Hotel Internacional Jana Balerma, el contrabandista Esteve Durandarte, y algunos otros empleados de la estación se confabularán en el mayor de los secretos para facilitar el paso por la frontera de muchas personas, algunos de ellos personajes famosos del arte y el espectáculo pero en su mayoría ciudadanos europeos anónimos que cruzarán Europa hasta Canfranc tratando de encontrar una vida mejor más allá de esa última frontera del Pirineo.

La novela es verdaderamente de fácil lectura, aunque a mí personalmente me ha dado la sensación de que en algunos momentos se volvía un poco lenta y repetitiva, pero de nuevo lograba coger ritmo y por lo general se disfruta prácticamente todo el tiempo con la emoción de la historia, con el magnífico escenario del paisaje montañoso salvaje que rodea la estación, de la propia gran estación monumental y del constante movimiento de pasajeros que alberga junto con su Hotel Internacional, de los diversos y variados personajes, tanto de la administración española, como el odioso gobernador provincial, como de la autoridad alemana, pero, sobre todo con la arriesgada aventura que llevan a cabo los valientes protagonistas.

Vista actual de la estación de Canfr
El valor de la novela se incrementa sin duda al saber que los hechos que cuenta están basados en la hazaña del verdadero jefe de estación de Canfranc, Albert le Lay, miembro activísimo de la Resistencia francesa que ayudó a más de 1.500 judíos a escapar de Francia hacia la libertad por este lugar que hoy día permanece abandonado y que merecería ser recuperado y convertido en símbolo de un pasado que nunca debiera olvidarse.

domingo, 9 de agosto de 2015

Las costumbres nacionales

Me gusta volver de vez en cuando la vista hacia obras clásicas de la literatura, alejarme de la actualidad, de las tramas contemporáneas, del lenguaje de la calle y regresar a esas novelas que reflejan épocas y culturas ya pasadas. Bien cierto es que, analizándolo fríamente, los argumentos en lo que a las relaciones personales se refiere no han cambiado tanto en los últimos siglos: al amor, el odio, la envidia, el triunfo, la codicia, la familia... los motores que mueven al ser humano son siempre los mismos, pero es cierto también que las formas van evolucionando, las costumbres y los modos sociales cambian constantemente, las maneras de actuar de cara a los demás, las buenas formas y las convenciones en las que nos movemos sí que van variando con los años y en una época en la que el "todo vale" es casi un mantra y donde lo correcto es desafiar las normas de urbanidad y saltarse las tradiciones para resultar indiscutiblemente moderno, choca más el volver a asomarnos a una época en la que se juzgaba a las personas por la manera en la que se amoldaban a los hábitos y costumbres generalmente acordadas como correctas y aceptables, donde lo primero para triunfar en sociedad era seguir esas normas y adaptarse a ellas. 

Hace ya muchos años quedé cautivada por la famosa novela de Edith Wharton "La edad de la inocencia", magistralmente adaptada al cine, donde se nos mostraba la rígida estructura social y de costumbres de la antigua Nueva York del siglo XIX, donde las clases altas eran lo más parecido a la nobleza que los americanos hayan conocido nunca. Las familias de más raigambre y tradición se casaban entre ellos y conservaban las tradiciones a través de un complicado sistema de protocolos y hábitos sociales y en definitiva, todo un código de comportamiento lleno de complicaciones y matices que nadie que quisiera pertenecer a esa élite debería desconocer ni desobedecer. En esta otra novela, "Las costumbres nacionales", la autora no se aleja mucho de aquel escenario, si bien en esta ocasión nos presenta en el mismo lugar, en aquel "viejo Nueva York", a una nueva clase social que aspira a ascender a lo más alto del escalafón: se trata de los nuevos ricos, los ciudadanos que, a base de trabajo y riesgo han alcanzado el nivel económico suficiente como para reclamar un lugar entre los más favorecidos, a participar en las reuniones y fiestas, vivir en grandes residencias, veranear en la costa, en fin, imitar el modo de vida de las grandes familias de toda la vida. Pero siempre se encontrarán con el desprecio más o menos oculto de los miembros de las antiguas familias que van viendo disminuir sus fortunas ante el auge de la nueva economía industrial pero conservan intactos su orgullo y sus prejuicios.

En esta ocasión, la autora nos presenta a una protagonista fascinante, muy profundamente retratada, Undine Sprang es una joven caprichosa y ambiciosa, hija de un industrial que ha visto crecer su riqueza rápidamente, se traslada junto con sus padres desde la provinciana ciudad  tejana de Apex City a Nueva York, en parte por expandir los negocios paternos pero sobre todo para asegurar a la hija un buen entorno social que le garantice un casamiento exitoso, a la altura de la fortuna paterna. La vanidosa joven se debate entre las dos clases más sobresalientes de la gran ciudad: la de las familias de tradición y abolengo, la rancia vieja clase con tradición y complejas relaciones familiares y la nueva clase de empresarios adinerados en la que el pasado familiar importa menos que el estado de la cuenta bancaria. Undine sólo quiere ver todos sus caprichos cumplidos: viajar a París y brillar en todas las fiestas, ser admirada por su belleza y comprar todo aquello que se le antoje, pero también desea pertenecer al círculo cerrado de las grandes familias. Pronto descubrirá que el decoro, el estilo y la tradición no le da suficientes satisfacciones ni pagan su nuevo vestuario para cada temporada.

El retrato que de esta protagonista hace la autora es, en ocasiones, despiadado. Nos muestra sin pudor todas sus debilidades, su única pasión por atesorar éxitos sociales. Ni el afecto de su marido, el cariño de sus padres ni siquiera de su propio hijo, le merecen el valor de lo que ella más valora, nada supera su afán de alcanzar lo que ella considera sus máximos logros en la vida: ser reconocida por su belleza y elegancia y recibir su recompensa en forma contante y sonante
 "deseaba (...) recibir abiertamente de la vida los privilegios que merecía por sus dones" 
Sin plantearse en ningún momento que debiera entregar nunca nada a cambio de todo aquello que ella considera merecer, ni tan siquiera amor, respeto o reconocimiento a los que todo estaban dispuestos a entregarle a ella. Cree sinceramente desde su egocentrismo sin límites que la satisfacción de todos sus deseos debe ser la única misión de cuantos la rodean.

La novela es extremadamente detallada en cuanto a los sentimientos de los protagonistas, a las relaciones que entre ellos se establecen, a esa lucha entre lo antiguo y lo moderno, entre tradición y progreso, entre las antiguas familias y los nuevos emprendedores de éxito. Dibuja con maestría los ambientes sociales, destacando las diferencias entre la vieja sociedad de Nueva York y la de los nuevos estados donde prevalece el trabajo y el éxito económico sobre los apellidos y también nos muestra la vida social de los americanos que se trasladan por largas temporadas a las capitales europeas donde disfrutan derrochando y festejando constantemente, lejos de las estrictas normas de su ciudad de origen. Una novela, por tanto, fundamental para adentrarse en la sociedad americana de una época que pasó pero que todavía mantiene la diferencia entre los estados antiguos de la costa Este y su tradición de cuna de la cultura y el buen gusto.

lunes, 3 de agosto de 2015

Los amantes de Hiroshima

Me reencuentro nuevamente en "Los amantes de Hiroshima" con el inspector hispano-argentino Héctor Salgado, del cuerpo de los mossos d'esquadra destinado en Barcelona, en esta tercera entrega de la trilogía policíaca de Toni Hill. Es esta una serie que me ha resultado enormemente entretenida, con unos argumentos intrigantes y con una trama de relaciones personales capaz de despertar mi interés por los personajes e involucrarme en sus conflictos familiares, profesionales y sentimentales. El inspector Salgado es, sin duda, un protagonista que despierta fácilmente la empatía del lector, con sus reflexiones sobre la condición humana, la sociedad actual y las relaciones personales, siempre acertadas y llenas de sinceridad; es éste uno de esos personajes llenos de defectos y debilidades, pero que se hace de querer porque los acepta y los reconoce, porque lo vemos esforzarse en superarse a sí mismo y lograr ser un buen profesional, un buen padre y, en fin, una buena persona.

Volvemos, por tanto, a la Barcelona más actual en este nuevo caso que se inicia a raíz de la aparición de los cadáveres de una pareja de jóvenes cuya desaparición fue denunciada siete años antes. Las extrañas circunstancias y el escenario en que son descubiertos los cuerpos, en una casa abandonada, acostados en posición durmiente y acompañados por una gran cantidad de dinero, llevan a Salgado y su equipo más cercano, Leire Castro y el agente Fort, a iniciar una investigación que les obligará a indagar en las relaciones familiares y de amistad de los asesinados, lo que les acercará a sus compañeros de piso, a su grupo más íntimo de amigos con quienes compartían grupo musical, Los Amantes de Hiroshima que dan título a la novela, además de a un grupo de escritura creativa en el que participaban. Al mismo tiempo vamos asistiendo a la investigación que en paralelo continúa centrando la atención de Salgado: la desaparición de su exesposa, hilo conductor de las tres entregas de la serie que, finalmente, será resuelto aquí, cerrando definitivamente, por tanto, la trilogía.

Comentaba que la trama nos trasladaba a la Barcelona más actual, y es que como fondo del argumento policial nos encontramos con la ciudad condal en los días del estallido del fenómeno del 15-M, las protestas contra el sistema social y político protagonizado por los autodenominados "indignados", escenario que el autor aprovecha para manifestar muchas de las críticas sociales enarboladas por este movimiento, a dejar de manifiesto el desencanto generalizado hacia la clase política, el problema de los deshaucios y del fenómeno "okupa", pero sin que esto llegue a hacer que el libro se convierta en una novela de crítica social, sino que supone el entorno de actualidad en el que se mueven los personajes, y en especial el ambiente de descontento y falta de ilusión por el futuro en que se encuadran los personajes más jóvenes de la historia.

La novela se lee de un tirón, a pesar de que la trama presenta algunas complejidades e historias entrecruzadas, pero siempre se mantiene el hilo de la narración a través de capítulos cortos de ritmo rápido que permite al lector permanecer enganchado a la lectura de principio a fin. Esta es una trilogía que no necesariamente hay que seguir en su orden, es posible leer cualquiera de sus entregas de manera independiente, pero sí que se disfruta más si se sigue la trama desde el principio, asistiendo, no solo al desarrollo del caso central referido, sino que se aprecia la evolución de los protagonistas principales, de sus relaciones personales, de trabajo y sentimentales, además de que es una trilogía muy accesible, ya que las tres novelas son muy atractivas, no demasiado extensas y sobre todo de fácil y entretenida lectura.

miércoles, 29 de julio de 2015

Canciones de amor a quemarropa

En ocasiones nos encontramos con historias con las que, por alguna extraña razón, conectas inmediatamente, con unas experiencias que te resultan tan cercanas y emotivas como la que nos cuenta Nickolas Butler en estas "Canciones de amor a quemarropa". Y no importa que la acción se desarrolle en el Medio Oeste norteamericano, que los protagonistas sean lo más típicamente americanos que pueda imaginarse, porque, así y todo, los sentimientos que se nos presentan, las inquietudes que los motivan y sus objetivos vitales, sus relaciones, su amistad, pueden sentirse tan cercanos a los lectores como si nos estuvieran hablando de nuestro propio grupo de amigos.

Los protagonistas de la historia, porque en esta novela no hay un sólo protagonista sino que todos actúan de manera coral, son viejos amigos originarios de un pequeño pueblo agrícola de Wisconsin. Todos soñaban de críos con ver el mundo, con ser algo grande, con salir de aquel rincón del planeta, con triunfar. Algunos lo han conseguido o eso parece: trabajan en Chicago, se han casado con chicas sofisticadas de la ciudad mientras que otros siguen viviendo en Little Wing, están casados, criando hijos, ocupándose de la granja de sus padres. Pero por encima de todos ellos sobresale el éxito de Lee, convertido en músico mundialmente conocido, viaja de concierto en concierto, la prensa le persigue, pero así y todo él necesita seguir volviendo a su pueblo, al único lugar donde logra recuperar la serenidad al lado de sus amigos de siempre. La vida los separa en ocasiones pero todos acaban volviendo a reencontrarse, de boda en boda, los divorcios y las disputas los alejan y los vuelven a reunir, les hacen valorar lo que realmente vale la pena, la fuerza con que su amistad es capaz de superar desencuentros y traiciones, la importancia del perdón y la reconciliación.

Esta novela es un enorme homenaje a la amistad, a las raíces de las personas, a los valores por los que vale la pena continuar adelante, esos amigos sin los que nada tiene sentido. Es también un enorme elogio a la vida rural en las pequeñas ciudades del Medio Oeste, donde se viven existencias sencillas, pegadas a la tierra, al campo, a las cosas más simples, en un entorno de una exuberante Naturaleza y un clima implacable al que el hombre no puede más que someterse. Este escenario lo conocemos por referencias de películas y series, reconocemos Main street que es como todas las calles de todos los pequeños pueblos americanos, bordeada de silos y casas de madera, con un único bar, los hombres en ropa de trabajo tomando cerveza en los porches, tractores y cosechadoras circulando camino de las praderas, los inviernos duros de nieve hasta las orejas y enormes lagos e impresionantes montañas pobladas de ciervos y coyotes.

Y a pesar de que nunca hemos asistido a una boda en un granero, ni nos hemos subido a beber y a fumar al techo de un almacén desde donde contemplar las estrellas, todo lo que nos cuenta el autor nos lleva a añorar esa vida que nunca hemos conocido, pero que, en lo básico, no se aleja tanto de nuestra propia juventud, nos hace desear que las cosas les vayan bien a esta gente, incluso llegamos a desear haber tenido alguna vez un grupo de amigos así, compartir esos mismos problemas, disputas y reconciliaciones, con los mismos sueños frustrados, ilusiones incumplidas y vidas ordinarias, aunque las cosas que les pasen ocurran ni más ni menos que en el lejano Wisconsin. Pero ese pequeño detalle geográfico, en este caso, es casi lo de menos.

viernes, 24 de julio de 2015

Accidente nocturno

Tenía, necesariamente, que conocer de una vez la obra de Patrick Modiano, escritor francés reciente premio Nobel de literatura y autor absolutamente desconocido para mí hasta el momento. Y lo cierto es que su obra es bastante amplia y no sabía por dónde empezar, así que me decidí por este "Accidente nocturno", una novela de poca extensión y en donde aparece uno de los temas recurrentes del autor, la ciudad de París retratada desde el prisma del parisino de a pie que se mueve por sus calles con naturalidad.

El protagonista de la novela nos va haciendo partícipe de unos hechos ocurridos hace algún tiempo: una noche en París es atropellado por un coche, el accidente nada grave pero que supone un giro en su vida, lo quiere ver como una señal de cambio pero desconocemos el pasado que quiere dar por finalizado y el futuro al que desea encaminarse. Confieso que como lectora, en ocasiones me he sentido algo perdida siguiendo las reflexiones del protagonista, no logra saber o transmitir de dónde viene, ni da mucha información sobre su relación con su padre, de cuál fue su problema con él, qué les distanció, si bien se adivina una infancia solitaria y desgraciada. El joven da tumbos por París, de café en café, se reúne con frecuencia con el padre, cada vez en un lugar diferente. La turbación del protagonista se contagia al lector, que no acaba de encontrar su razón de ser. Sólo la obsesión por encontrar a la causante del accidente le mantiene despierto.

No puedo decir que esta sea una novela en la que cuente ante todo el argumento, más bien la manera de describir las sensaciones, los estados de ánimo y sobre todo de presentar a la ciudad de París como un mundo propio, generalmente solitario, donde se mueve un protagonista que no acaba de mostrarse, que hay que adivinar más que conocer. Seguramente no he acertado en esta mi primera aproximación a Modiano, no puedo decir que haya conectado con él, me he encontrado con una novela muy bien escrita pero en la que no he logrado entrar, no ha despertado mi interés, tal vez porque yo esperaba que me contara una historia y tan solo me la ha presentado en breves pinceladas, me la ha enseñado de lejos para que yo la recree o la complete a mi gusto. Acepto, por tanto, sugerencias para seguir conociendo al autor que seguro que tiene la capacidad de contar historias que me lleguen más que esta.

domingo, 19 de julio de 2015

El secreto de mi marido

Hace algunos meses que conocí a la escritora australiana, Liane Moriarty, a través de su novela "Lo que Alice olvidó". Lo cierto es que su lectura me resultó tan entretenida, fresca, actual y sorprendente que me la anoté en la lista de autores para seguir conociendo. Y en esta época veraniega en la que apetecen lecturas ligeras pero que aporten algo de interés, me acordé de ella y me lancé a "El secreto de mi marido", novela que también había encontrado recomendada en muchas partes.

Las protagonistas de la historia viven felizmente casadas, con unas existencias bastante corrientes en las que nada predice las catástrofes que se les avecinan. Cecilia Fitzpatrick es el prototipo de perfecta ama casa: presidenta de la asociación de padres del colegio de sus hijas, la escuela católica de St. Agnes, madre modelo y vecina interesada por los demás; su vida y su agenda están tan ordenadas como su magnífica despensa llena de tupperwares perfectamente alineados. Hasta que descubre una carta escrita por su marido para ser leída por ella a la muerte de aquel. El problema es que su marido aún no ha muerto y ella se encuentra de frente a un gran secreto al que debe plantar cara.

Tess, por su parte, tiene una agencia publicitaria en la que es socia de su marido Will y su prima Felicity. El trío es perfecto ya que estas son las personas a las que más quiere Tess en el mundo, además de a su precioso hijo; su prima y ella son más que eso, se han criado prácticamente como hermanas, siempre juntas, y lo han compartido todo. El problema surge cuando Will y Felicity le confiesan que están perdidamente enamorados. En un repentino impulso por huir de todo, Tess escapa a casa de su madre en Sidney con su hijo. Allí recuperará a sus viejos conocidos y antiguas compañeras de colegio, entre las que se encuentra Cecilia, así como otra serie de personajes como un antiguo novio, ahora profesor en el mismo colegio o Rachel, la secretaria del centro, una muje cuya hija fue asesinada hace veinte años, golpe del que no ha logrado recuperarse completamente.

La novela aúna aspectos divertidos por momentos, conmovedores a ratos pero sobre todo es una lectura ligera y muy realista. Los personajes actúan con gran naturalidad, resultan muy creíbles y se siguen sus peripecias con creciente interés; les vemos enfrentarse al miedo, a lo inesperado, a la incertidumbre, a la traicíon y reaccionar como tal vez lo haríamos todos en un momento de confusión y desmoronamiento de nuestras vidas. El argumento y los personajes retratados escarban en los secretos y las mentiras que subyacen bajo las vidas perfectas que nunca lo son realmente, nos muestra lo que en realidad sustenta la vida familiar y los matrimonios que en ocasiones no se basan exclusivamente en el amor y el afecto, sino que en muchas ocasiones se sustentan en los pilares de la complicidad, de los secretos compartidos y el instinto de supervivencia que puede unir más que la pasión. He pasado un buen rato con este libro, no hay duda, por lo que ya he anotado en lista de espera la siguiente novela de la autora, que espero que me haga disfrutar igual que ya lo ha hecho en dos ocasiones.

lunes, 13 de julio de 2015

Nobles y rebeldes

Pocas familias deben de haber existido en la Historia con unos miembros tan dispares, originales, intensos y comprometidos con sus ideas como la de las hermanas Mitford (que, por cierto, tenían también un hermano varón que, por la razón que sea, logró pasar más desapercibido que las "rebeldes" féminas de su familia) Los Mitford fueron una familia de noble origen británico cuyas seis hijas destacaron en su época por sus marcadas personalidades, sus fuertes caracteres y entre las que destaca literariamente Nancy, autora de novelas tan encantadoras como "A la caza del amor" y "Amor en clima frío", divertidos retratos de la más rancia nobleza británica.

Pero como estas chicas eran capaces de casi todo, no fue ella la única novelista de la familia, también Jessica Mitford (más conocida en su casa como Decca) se lanzó a la creación literaria con esta obra, "Nobles y rebeldes" en la que retrata a su familia y nos cuenta sus avatares vitales de infancia y juventud. El ser chicas de alta cuna no les impidió a las hermanas, a pesar de sus falta de educación reglada y no haber tenido más formación que la prestada por las numerosas niñeras que desfilaron por la guardería de la mansión y de la que solían escapar a toda prisa, aterrorizadas por esa estrambótica familia, no les impidió, decía, tener unas ideas muy claras y perseverar en ellas, ser capaces de ver más allá de las obligaciones que su clase social les imponía y de los cortos objetivos vitales a los que unas jóvenes de buena familia en su época podían aspirar, y formarse unas conciencias políticas e ideológicas de los más variados signos, desde la pasión por fascismo hasta la defensa del comunismo. Así pues, la propia autora, Jessica, llegará a viajar a España en plena Guerra Civil junto a su enamorado, Esmond Romilly, con el objetivo de apoyar al bando republicano de la manera que fuera posible, mientras que, por las mismas fechas, Unity intimaba con Hitler y los líderes del régimen nazi en Alemania.

Pero además de tener unas vidas intensas y apasionantes, es preciso saber contarlas como lo hace Jessica en su biografía, con gracia y mucho desparpajo se burla de las rancias costumbres de sus padres, conservadores recalcitrantes, y de sus prejuicios de clase, sus rarezas y excentricidades de las que se vieron contagiadas las hermanas, con sus juegos surrealistas e imaginativos, su peculiar sentido del humor más bien negro y ácido, sus constantes bromas privadas, el hábito de ponerse motes absurdos entre ellas y a todo el que conocían. Lo cierto es que las hermanas crearon todo un mundo privado con unas relaciones personales siempre difíciles, con continuos enfrentamientos y bandos ideológicos, lo que no impedía que se quisieran sinceramente entre ellas. Es destacable el ansia de la autora por escapar de lo que se esperaba de ella, el deseo de huir de la casa familiar y construirse una vida propia. Tras huir con Esmond a España y casarse contra la voluntad de su familia, comienzan a vivir lejos de las normas de su clase de origen como trabajadores asalariados, frecuentando los ambientes laboristas y viviendo como cualquier pareja que debe buscarse la vida con el fruto de su trabajo. El relato de su estancia en los Estados Unidos a donde se trasladan en busca de fortuna, sin apenas contar con dinero alguno pero sí con mucha ilusión y bastante descaro, supone un divertido retrato de la América de las oportunidades y del crecimiento, donde todo es posible para una pareja joven dispuesta a trabajar en lo que sea.

Con un sentido del humor irónico e inteligente, Mitford retrata las sociedades británica y norteamericana con agudeza y descaro, riéndose abiertamente de todos los tópicos que acaban resultando ser bastante ciertos sobre el carácter y las costumbres de las dos sociedades, tan dispares a pesar de compartir el idioma y parte de su Historia. Pero también es capaz de realizar serios análisis políticos al referirse a las circunstancias que llevaron al arranque de la II Guerra Mundial, a la posición de las grandes potencias en el conflicto, al igual que sobre su papel en la guerra de España. Mitford retrata todo un mundo que ya sabe que está agonizando, que no sobrevivirá al gran conflicto internacional y prueba que se puede nacer hija de un lord y adaptarse a los cambios radicales de la sociedad, dejando atrás sin nostalgia alguna los privilegios y comodidades a las que estaba predestinada por nacimiento.

Vale la pena, en definitiva, conocer la vida de esta familia de la mano de esta biografía de uno de sus miembros, que es una lectura alegre y al tiempo con profundidad histórica y que nos presenta unas vidas extraordinarias y extravagantes que merecen la pena ser conocidas.