miércoles, 6 de noviembre de 2013

El sueño de la ciudad

Nuevamente emprendo el comentario de una novela cuya acción transcurre en Barcelona, ciudad que compruebo que últimamente es un escenario recurrente en mis lecturas, por pura casualidad en realidad, no es que sea un elemento que yo persiga expresamente, pero es bien cierto que la historia y las peculiaridades de esta ciudad, así como sus obras monumentales y sus personajes destacados tienen mucha materia novelable y parecen dar mucho de sí, como lo demuestra el hecho de que la ciudad protagonice tantas obras de ficción en los últimos tiempos. En este caso la novela se titula "El sueño de la ciudad" y su autor Andrés Vidal. Se trata de una novela con transfondo histórico que transcurre en los primeros años del siglo XX, en una Barcelona que ve transformarse completamente su fisonomía, que rompe con sus antiguos límites y murallas y se expande en todas las direcciones, dando paso a nuevos barrios donde la burguesía comienza a construir impresionantes mansiones en el nuevo estilo de moda: el imaginativo Modernismo, y en cuyo centro vital destaca la magnífica construcción de la Sagrada Familia, el gran sueño del genial Antonio Gaudí, que se convierte en seguida en el símbolo que identifica a toda la ciudad.

En lo que se refiere a la trama propiamente dicha de la novela, esta se centra en dos personajes: por un lado Dimas Navarro, un joven trabajador, hijo de un empleado del tranvía, que sueña con alcanzar fortuna y reconocimiento que lo sitúe al nivel de la rica burguesía barcelonesa que vive una época de brillo sin par, gracias a la creciente actividad comercial y mercantil que genera enormes fortunas a la sombra de la I Guerra Mundial, de la que España ha quedado al margen. Estas grandes promesas de éxito futuro son las que guían a Dimas en su sueño de ascender social y económicamente. En principio su trabajo se limita a servir de hombre para todo de Ferrán Jufresa, primogénito de una familia de joyeros que trata de ampliar los negocios familiares, no siempre de manera totalmente limpia ni lícita.

La segunda protagonista es Laura Jufesa, hermana del citado Ferrán. La joven es la más artística de los cuatro hermanos Jufresa. Dedicada al diseño de joyas en el obrador de la empresa familiar, tras una temporada de aprendizaje en Roma, colabora además en el taller de esculturas de las obras de la Sagrada Familia, donde trabaja cerca del gran genio Gaudí. Los dos protagonistas, aparentemente muy distintos y necesariamente distanciados por las diferencias de clase y nivel económico que los separa, acabarán enamorándose, como suele ocurrir en tantas novelas, y tendrán que superar distintos obstáculos hasta ver triunfar su relación.

La historia romántica que centra la novela (¿qué le voy a hacer? yo soy así de poco sensible), no es lo que más me ha gustado del libro. En cualquier caso, esto no es extraño en mí, que tengo cierta animadversión hacia estas historias de amor imposible entre miembros de distintas clases sociales que parecen incapaces de salir adelante, pero que cualquier lector medianamente avispado adivina desde el momento en que nos presentan a los protagonistas, cada uno por su lado y tan distantes el uno de otro como es posible situarlos en un principio, adivinas enseguida, digo, que van a acabar culminando su historia de amor, a pesar de todo lo que se les ponga por delante.

Así que, dejando esa faceta anti-romántica mía un poco de lado, sí que incidiré en el aspecto de novela histórica y de cuadro costumbrista de esta obra. Me ha gustado y mucho la forma en que se muestra la ciudad de Barcelona, sus barrios y calles, las antiguas callejuelas de origen medieval y las más modernas avenidas, sus distintos ambientes, los barrios obreros y los salones de la alta sociedad, el mundo de los teatros y de las grandes empresas familiares, el crecimiento urbano y la lucha por los derechos de las clases trabajadoras. Verdaderamente el autor dibuja un paisaje vivamente atractivo y muy detallado de toda una sociedad en un momento concreto de la Historia  en el que apetece adentrarse y que nos permite sumergirnos por un rato en una ciudad apasionante, cambiante y a la vez tradicional y en constante búsqueda del crecimiento económico y del progreso social.

Ganas le entran a una de hacer una escapada a Barcelona después de leer la novela y observar en vivo todos los escenarios por los que nos hemos paseado durante esta lectura: contemplar las obras de la todavía inacabada Sagrada Familia y revivir los pasos de los personajes de la ficción sobre la auténtica ciudad, y esto siempre es algo de agradecer a una novela, ¿verdad?

lunes, 28 de octubre de 2013

El pantano de las mariposas

El comienzo de esta novela del escritor argentino Federico Axat,  "El pantano de las mariposas" es de los que te enganchan fácilmente, tiene ritmo, es inquietante y con un punto de misterio, con lo que te da paso a una historia sobre la que deseas saber qué es lo que va a ocurrir a continuación. Si bien en las siguientes páginas me costó un poco ubicar la acción, tanto geográfica como temporalmente, la historia de Sam Jackson es verdaderamente atractiva.

Desde el momento en que perdió a su madre, Sam vive en la granja de los Carroll junto con otra decena de niños acogidos por ese generoso, aunque estricto, matrimonio. Entre estos niños los hay de las más variadas edades, unos más adaptados a su nueva familia que otros, algunos con un pasado de plagado de horfanatos y familias desestructuradas, pero todos bien atendidos bajo la férrea disciplina de los Carroll. Sam es relativalmente feliz, apenas recuerda a su madre más que levemente y se dedica, a sus doce años, a disfrutar de las diversiones habituales en los niños de su edad durante el largo verano de 1985. Junto con su amigo Billy, un chico ingenioso y decidido, recorren en bicicleta los alrededores de la pequeña población de Carnival Falls, perdiéndose en sus bosques y disfrutando de la libertad que proporcionan las interminables vacaciones. Pronto aparecerá en escena Miranda Matheson, una niña de su misma edad que constituye la novedad en el pueblo al mudarse a la gran mansión de la calle Maple. Los tres chicos protagonizan una historia de amistad infantil, en el límite de la adolescencia, con el descubrimiento del primer amor y compartiendo unas experiencias que los marcarán para siempre. Todo lo relativo a este aspecto de la novela me ha resultado entretenido y bien tratado, me gusta como los protagonistas emplean el ingenio y la camaradería y se apoyan unos a otros para resolver sus problemas, imponiendo valores y actitudes positivos frente a los personajes negativos que aparecen en el relato.

Otro tema destacado en el libro es el asunto del avistamiento de naves extraterrestres en la zona, que parece un elemento menor al principio de la historia, una anécdota más de la que hablar en medio de la rutinaria vida de una pequeña localidad, pero al avanzar la novela va cobrando más peso en el argumento, involucrando a los protagonistas de manera ineludible. Tal vez sea esta faceta más fantasiosa la que menos me ha gustado de la novela, ya que tampoco termina de convertirse en el asunto fundamental y no está equilibrada con el tono general de la historia.

Y no puedo obviar, por supuesto, porque es un elemento esencial de la novela, el giro absoluto que da la historia, no ya al final, sino en la última página del libro. Con un levísimo gesto, apenas unas palabras que podrían pasar desapercibidas, el autor nos pone delante de los ojos una información fundamental que hasta entonces no habíamos visto y que nos hace plantearnos absolutamente toda la esencia del libro que acabamos de leer, verlo todo desde una perspectiva diferente. Yo me quedé con la boca abierta durante un buen rato, mientras rebobinaba a gran velocidad en mi mente toda la historia que acababa de terminar y volvía a analizar cada escena, cada personaje y todas sus relaciones y reacciones a la búsqueda de alguna pista que hubiera podido estar ahí y yo hubiera pasado por alto. Y aún ahora me puedo parar a pensar en ello y me imagino al autor riéndose a solas, pensando en cómo sus lectores reaccionarán ante ese magnífico truco final. Genial, sin duda.

martes, 22 de octubre de 2013

Donde se alzan los tronos

No dejo nunca de sorprenderme con las enormes posibilidades del género de la novela histórica que dispone de una cantidad inmensa, casi interminable, de personajes, épocas, acontecimientos y sucesos que es posible descubrir, conocer y revivir gracias a la destreza de los autores que optan por buscar su fuente de inspiración en los sucesos del pasado y traerlos a nuestro conocimiento en forma novelada, proporcionándonos de ese modo una experiencia lectora que aúna sin esfuerzo aparente entretenimiento con aprendizaje de la Historia. Siempre existe una anécdota olvidada, un personaje por descubrir, una versión diferente de un hecho conocido que puede convertirse en objeto de un relato. Todo esto ocurre con Ángeles Caso y su novela "Donde se alzan los tronos", que nos transporta por completo al siglo XVIII y a los avatares políticos franceses y españoles de aquella época.

El argumento de la novela se desarrolla entre los reinados del último rey español de la dinastía de los Austrias, Carlos II "El Hechizado" y su sucesor, el duque de Anjou, primer Borbón que reinaría en España con el nombre de Felipe V, bajo el control férreo de su abuelo Luis XIV, el famoso "Rey Sol" de Francia. Los sucesos históricos de esta época llena de luchas de poder, inciertas negociaciones, conjuras y traiciones, cambios sociales y políticos, tienen a una mujer en el mismísimo centro de todos los conflictos, la famosa Princesa de los Ursinos. Mariana de la Trémoille es enviada a España como Camarera Mayor de la nueva reina, Maria Luisa Gabriela de Saboya, a la que orientará y formará como reina y como esposa, dada la poca edad y experiencia de la joven y sobre la que influirá de manera decisiva, al igual que sobre el rey, que confiará ciegamente en su criterio en los más variados asuntos, de modo que la Princesa alcanzará un enorme poder en la Corte española, al tiempo que se ganará un buen número de enemigos, siempre envidiosos de cualquiera que alcance altas cotas de poder cerca del monarca.

La novela retrata vivamente los contrastes entre el lujo esplendoroso de la Corte de Versalles de la cual procede el nuevo monarca español y la triste, apagada y ultrarreligiosa sociedad española que se encuentran al llegar al lóbrego Alcázar, donde los Grandes del reino temen perder sus privilegios a manos de los nuevos amigos del rey venido del extranjero, que debe combatir al mismo tiempo con el pretendiente a su trono, el Archiduque Carlos, heredero de la rama austriaca de los anteriores reyes de España y además, sin romper con sus vínculos familiares con Francia, habituarse necesariamente a las nuevas costumbres y usos del recién adquirido reino y darse a conocer y hacerse de querer por sus súbditos de los que desconoce casi todo.

Por todo ello, la novela resulta sumamente atractiva e interesante, retrata muy bien la época y a sus protagonistas y nos acerca a un apasionante momento histórico de una forma muy didáctica sin olvidar por ello las mejores formas de la narración novelada, ya que la prosa es ligera, las descripciones de lugares y personajes son muy vivas y el relato se hace ágil y fácil de seguir a pesar de su estricto y documentado rigor histórico. Una excelente manera de seguir conociendo nuestro pasado de forma entretenida.

martes, 8 de octubre de 2013

El guardián invisible

La verdad es que si alguien me hiciera la pregunta de si me gusta especialmente la novela policíaca mi respuesta inmediata sería probablemente un "no" bastante categórico. Pero resulta que me paro a pensarlo y tengo al menos diecinueve lecturas con esa etiqueta en mi blog (también reconozco que no soy muy estricta en el tema del etiquetado y no descarto que haya algún otro libro con policías de por medio que no lleve dicha etiqueta) Ocurre además que sigo fielmente la serie de novelas de Camilla Lackberg y que el comisario Montalbano de Camilleri está entre mis personajes preferidos de todos los tiempos. Así que algo falla en mi percepción de la realidad. ¿Es posible que sea una aficionada a la novela policíaca y yo misma no lo sepa?

Pues esa reflexión me surgía hace pocos días mientras devoraba sin respirar las primeras cincuenta páginas de esta novela "El guardián invisible" de la autora navarra Dolores Redondo, una obra de intriga en torno a unos macabros asesinatos de jóvenes que debe resolver la inspectora de la policía foral Amaia Salazar, además de lidiar al mismo tiempo con sus propios fantasmas personales y familiares. Y es que, al margen de los escabrosos detalles de los crímenes que pueblan esta novela, de la investigación sobre los brutales asesinatos que amenazan el boscoso y casi místico valle de Baztán, abundan también en el relato los pasajes en los que se nos muestra la vida y las preocupaciones de los personajes, más allá de lo puramente relacionado con las cuitas propias de la investigación policial. Las reflexiones sobre esos problemas personales, las relaciones familiares, las cuestiones que preocupan íntimamente a las personas, se dediquen a la profesión que se dediquen, la importancia de los asuntos privados que siempre están por encima de los profesionales, aunque habitualmente se trate de evitar que los unos entorpezcan a los otros, tienen un peso específico en esta novela. Mientras que un asesino en serie atemoriza los pueblos de la zona rural de Navarra comprobamos cómo se ponen en funcionamiento por parte de los investigadores los métodos científicos que habitualmente asociamos con las series norteamericanas, cómo se define el perfil psicológico del criminal y se va cerrando el cerco en torno al misterioso asesino, todo ello en medio de un ambiente lleno de leyendas y personajes fantásticos, de viejas historias de la tradición navarra y de los personajes que pueblan el bosque desde hace cientos de años y que, aparentemente, aún subsisten en las creencias de los habitantes de la zona. El libro combina muy bien las facetas de la más metódica investigación criminal con la cara más esotérica, mezclando en muchos momentos realidad con fantasía en una muy justa medida.

De ahí que, volviendo a la cuestión que me planteaba al principio de estas letras, no diría que me gusten especialmente las novelas con crímenes y polis de por medio, sino que me gustan las novelas que me cuentan las historias sobre las personas, que me acercan a sus sentimientos, a sus problemas y a las relaciones, siempre complejas y dinámicas con su entorno familiar y profesional. Lo que ocurre es que, en ocasiones, todo esto transcurre entre asesinatos o con policías, jueces y delincuentes de por medio. Con lo que deduzco que me gustan, en conclusión, las buenas novelas que me cuentan buenas historias, eso es todo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Ashford Park

Termino la lectura de la novela "Ashford Park" con una leve sonrisa en mis labios, esa sonrisa relajada que te queda cuando acabas un libro con el que te has entretenido, en el que has vivido muchas historias, has conocido personajes interesantes y te has ido enganchado a una lectura ágil, eso sí, a base del viejo truco de terminar los capítulos en lo más álgido para cambiar inmediatamente de escenario y de época. Y todo eso sin pasar por demasiado sufrimiento ni dejarte en la cabeza problemas o cuestiones a las que darles vueltas. No se puede pedir mucho más a una novela. Lo cierto es que la escritora estadounidense Lauren Willig ha logrado aquí una obra amena en la que se alternan los diferentes planos temporales con bastante agilidad, el misterio se va dosificando con acierto y va contándonos una historia suficientemente interesante que se desarrolla en dos tiempos: por un lado a principios del siglo XX entre Londres y Kenia y por otra parte en Nueva York a finales de siglo, conectando a Clemie Evans con su abuela Addie, desvelando poco a poco los secretos ocultos de una familia que vive durante todo ese tiempo en una mentira que nadie ha tenido interés por revelar.

Encuentro sorprendente que esta novela esté etiquetada habitualmente como novela romántica, ya que no creo que la trama de romance sea en absoluto el eje central de ninguna de las historias que se cuentan. Sí que es cierto que existen personajes que se enamoran, se casan, sufren por amor... pero prevalecen, en mi opinión, otros aspectos o temas que son de más relevancia en el relato como puede ser el del retrato de las clases altas de la Inglaterra de primeros de siglo y los cambios sociales que la guerra supuso en sus privilegiadas vidas, o las experiencias de estos mismos ingleses en el África colonial, o el contraste entre la vida de la abuela Addie y la de su nieta Clemmie, enfrascada en su intensa vida profesional que  no le deja tiempo para construir una relación sentimental en condiciones, mientras trata de triunfar a toda costa como abogada. O el papel de las relaciones familiares, de los lazos que unen a los miembros de una familia, sean o no cercanos, a la seguridad que proporciona saberse miembro de un grupo. Hay bastantes aspectos. como comento, que superan la temática romántica. Incluso diría que la historia de amor que se desarrolla en el tiempo actual no sólo me ha parecido poco interesante y totalmente previsible, sino que no era casi ni necesaria.

En fin, destacaría la ambientación de la parte de la novela protagonizada por Addie y su intensa prima Bea, tal vez el mejor personaje de la novela. Bea es una joven de buena familia que pasa de ser "la debutante de la década", la más atractiva, interesante y prometedora joven de la sociedad londinense a encontrarse en una explotación cafetera en lo más profundo de África, viviendo una vida que nunca eligió, añorando los brillos de un mundo que acabó con la guerra y arrepentida de las decisiones que tomó en su día. Su estimada prima Addie, que en su día fue una huérfana pobre acogida por la familia de no muy buena gana, será la única que nunca dejará de apreciarla, apoyarla y acompañarla, a pesar de que no siempre Bea se portara con ella como debiera.

Una novela, en fin, entretenida de leer, con algunas sorpresas en la trama junto con otros giros que no resultan tan inesperados, pero en general bastante agradable, muy bien ambientada, con personajes atractivos y ritmo rápido. Una buena lectura para cualquier lector que busque entretenimiento.


viernes, 27 de septiembre de 2013

Una temporada para silbar

Hacía tiempo que le tenía echado el ojo a esta novela del escritor norteamericano Ivan Doig titulada "Una temporada para silbar". Ya desde la portada me tenía medio ganada, como suele ocurrir con las acertadas ediciones de Libros del Asteroide, en esta caso con esa imagen de dos chicos de camino al colegio atravesando el campo, el libro evoca ese ambiente rural propio de los tiempos de los primeros colonos norteamericanos y sus pequeños pueblos de frontera, y promete una historia con niños que, siempre que no deriven hacia tintes dramáticos, me suelen atraer bastante.

Y, efectivamente, la historia que cuenta la novela se desarrolla en el estado de Montana, a principios del siglo XX, cuando éste era todavía un territorio prácticamente desconocido, que iba poblándose poco a poco con valientes que decidían dar un giro a su vida, dejar atrás todo lo que tenían hasta el momento y lanzarse a la aventura de ocupar esas nuevas tierras que acababan de incorporarse al país. Nos encontramos, por tanto, con unos personajes que llevan una vida dura, de intenso trabajo físico, en contacto directo con una naturaleza que no siempre es favorable, que oscila entre crudísimos inviernos y veranos de sequía. Unos campos donde los granjeros no lo tienen fácil para arrancar el fruto de la tierra, sacar adelante a sus familias y luchan cada día para alcanzar un futuro mejor a través de su propio esfuerzo. Y sin embargo, las comunidades de colonos mantienen un alto grado de moral, de justicia, creen en la necesidad de la educación para los niños, confían en la justicia y conservan las buenas costumbres, no son salvajes alejados de la civilización, sino que mantienen y aplican las más básicas normas de convivencia social.

Y en este entorno se desarrolla la historia del protagonista, Paul Milliron. Es el propio Paul, ya adulto, el que nos narra su infancia, recordando el mundo en el que creció, ahora que vuelve a su casa convertido en superintendente a cargo de las escuelas unitarias del estado de Montana. En la novela se evoca la figura del maestro rural y de aquellas modestísimas escuelas en las que convivían en el mismo aula todos los alumnos de una localidad y sus alrededores, desde los seis hasta los catorce años, y a los que el maestro debía proporcionar las bases del conocimiento elemental, ajustando sus enseñanzas al heterogéneo grupo de estudiantes, despertando su interés y siendo generalmente su única referencia intelectual y el encargado de abrirles los ojos a la Historia, a la cultura y al mundo más allá de sus praderas y montañas. Pero esta idílica figura está a punto de desaparecer, ya que Paul tiene como misión comunicar a las juntas escolares del condado la intención del gobernador de clausurar las escuelas untiarias para sustituirlas por grandes centros en los principales núcleos de población. Y él mismo sabe que con las escuelas unitarias desaparecerá también todo un mundo, toda una organización social.

Según recorre los paisajes que decoraron su infancia, Paul revive aquella época y las vivencias que compartió con sus hermanos y su padre, un viudo preocupado por el buen funcionamiento de su hogar, que se decide a contratar un ama de llaves que se ocupe de gobernar el caos en su casa y del cuidado de sus hijos. Así es como Rose Lewellyn llega a la diminuta localidad de Marias Coulee. Rose es una viuda reciente que viene acompañada de su hermano Morrie procedentes de Chicago. Desde luego, ambos son toda una novedad en aquella localidad tan alejada de la sofisticación de las grandes ciudades. Mientras que Rose se dispone eficientemente a poner orden en el hogar de los Milliron, Morrie acabará hacíendose cargo del puesto de maestro, resultando ser una persona de enorme capacidad, amplísima cultura e inesperadas dotes docentes, lo que abrirá todo un mundo de conocimiento para el joven Paul, que no tardará en destacar en la escuela.

La novela me ha gustado mucho, indudablemente. Tanto el aspecto de la vida más salvaje en las tierras de frontera, con sus paisajes de inmensas praderas y horizontes infinitos, como el mundo de la escuela y la capacidad de un buen maestro para inspirar a sus alumnos, para hacerles amar el estudio, me ha parecido magníficamente contados. Y ya fuera de lo puramente literario, también diré que me ha parecido excelente el ensalzamiento de la figura del maestro rural que desarrolla su oficio en las más precarias circunstancias, teniendo que adaptar las enseñanzas a los distintos niveles de sus alumnos, a las diversas capacidades, ver como aplica los aprendizajes significativos implicando a los chicos en la adquisición de sus propios conocimientos, su forma de trabajar por proyectos que precisan la implicación de los alumnos, haciendo que los niños disfruten mientras aprenden y entiendan la utilidad de aquello que se les enseña y deseen seguir aprendiendo. Magnífico retrato, por tanto, de un maestro en esencia que desarrolla su profesión sin precisar de muchos medios materiales, sino valiéndose de su amplia cultura, de una verdadera vocación, de gran ilusión y amor por el conocimiento para llevar así a cabo su oficio de la manera más eficaz posible. Aspectos muchos de estos que sería deseable que los maestros actuales trataran de valorar, de incrementar y conservar como sus mejores herramientas de trabajo.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Ferragosto in giallo

Este librito fue un souvenir que se vino conmigo después de un viaje que hice el mes pasado a Italia, más concretamente a la ciudad de Milán, en pleno Ferragosto; fue amor a primera vista, de esas cosas que aparecen en el momento justo en el lugar apropiado y no tuve más remedio que hacerme con él. Por si alguien desconoce en qué consiste eso del Ferragosto, le diré que es un fenómeno exclusivo de Italia y que se da anualmente en torno al día 15 de Agosto. Nada que ver con lo que ocurre aquí en España en pleno verano, cuando las ciudades relajan algo su ritmo habitual pero en ningún caso se paralizan, es más, es la ocasión propicia para aprovechar y salir a callejear, se encuentra más sitio para aparcar y las terracitas te ofrecen una limonada para pasar al fresco las tardes calurosas y casi se agradece poder disfrutar de todas las ventajas y ofertas de la ciudad sin muchos de sus inconvenientes. Nada de eso es posible en Ferragosto; en Italia por esas fechas todo se paraliza, absolutamente todo. Incluso en una gran ciudad como es Milán te encuentras con la inmensa mayoría de negocios y locales cerrados por unos días con el consecuente cartel de "Chiuso per ferie", cientos de carteles iguales por todas partes. Pero incluso muchos hoteles en el centro histórico cierran por el Ferragosto, algo impensable aquí en pleno verano que es, por antonomasia, la temporada alta-altísima para el turismo. Pero así son ellos para sus cosas: toca cerrar y cierran. Y así, durante dos o tres días, la ciudad entera permanece en estado de domingo por la tarde: ni coches por las calles, ni una mala terraza donde tomarse una birra.

Menos mal que llegó el día 17 y la cosa se relajó un poco y fuimos capaces de encontrar algún que otro negocio que se decidió a abrir sus puertas, y en eso que, buscando cosas típicas que traernos a casa, me topo en un supermercado, en medio de un montón de best sellers y revistas del cuore, con este pequeño librito azul, en el primoroso e inconfundible estilo de Sellerio, editor de toda la serie de mi querido detective Montalbano, el famoso detective de Camilleri, y luciendo el atractivo título de "Ferragosto en giallo". Y, claro está, no tuve más remedio que añadirlo a mi cesta de la compra ya que, me pregunto, qué puede haber mejor que encontrarte en la misma circunstancia que los protagonistas de una novela, entender el ambiente, el calor abrasador del verano italiano y la modorra de las avenidas desiertas en pleno Ferragosto, de haber pasado por las calles en las que transcurre la acción y, sobre todo, disfrutar de la bellísima lengua italiana justo después de haber pasado unos días por aquellas tierras escuchándola y practicándola a tu antojo. Era el libro perfecto para mí justo en aquel momento, no me queda la menor duda.

Esta colección de relatos detectivescos ("giallo" es el nombre con el que se denomina en italiano a este género literario) es la continuación de una tradición de la citada editorial que ya publicó anteriormente "Un Natale in giallo" o "Capodanno in giallo" en los cuales, igual que en esta ocasión, la casa editorial invitaba a sus escritores de cabecera a escribir un breve relato detectivesco ambientado en una época determinada del año, en este caso en el ya comentado periodo vacacional veraniego. Nos encontramos en esta ocasión con el Montalbano de Camilleri, o a la española Petra Delicado de la mano de su autora, Alicia Giménez-Bartlett, cuya edición en italiano corre habitualmente a cargo de Sellerio, junto a otros tres autores: Gian Mauro Costa, Marco Malvaldi, Antonio Manzini y Francesco Recami. Todos ellos nos presentan una historia corta en la que se da algún tipo de misterio o caso policíaco a resolver con la única coincidencia de ocurrir los sucesos narrados en esos calurosos días de  mitad del mes de agosto en que toda Italia parece paralizarse en el tiempo bajo el calor asfixiante propio de la fecha, aunque ya es bien sabido, como dijo no recuerdo quién, que el crimen no descansa nunca, ni siquiera en Ferragosto.