"En el jardín de las bestias" no es una novela, es preciso comenzar aclarando ese punto, no se trata de una obra de ficción, sino una biografía ligeramente novelada escrita por el periodista y profesor universitario Erik Larson en torno a la figura de William E. Dodd, embajador norteamericano en Berlín entre los años 1933 y 1937. Dodd, hasta ese momento un tranquilo profesor de Historia en la universidad de Chicago, llega a Alemania pocos meses después de la subida al poder de Hitler y se convierte en espectador de primera fila de los acontecimientos y movimientos del gobierno alemán que no le hacían al embajador sino comprender que el III Reich se preparaba sin duda alguna para la guerra, a pesar de las constantes negativas de sus gobernantes al ser interrogados sobre este asunto. Igualmente, las medidas políticas tomadas en contra de los ciudadanos judíos, su paulatino apartamiento de todo tipo de actividades públicas, la prohibición de su participación en cada vez más ámbitos de la vida política, social y económica, escandalizan al norteamericano que constantemente advierte a su propio gobierno del peligro real que para la democracia se estaba convirtiendo el régimen alemán, aunque no recibiera mucho eco en ese momento, la realidad histórica nos demuestra que, si bien sus previsiones fueron ignoradas durante años, eran plenamente certeras, de tal modo que todo aquellos hechos que él denunció acabaron precipitando al mundo entero a una Guerra Mundial pocos años más tarde.
El embajador Dodd se trasladaría a su destino alemán acompañado de su familia: su esposa, su hijo Bill y su hija Martha. Esta última también tiene un papel importante en el libro, ya que la joven participó muy activamente en la vida social del animadísimo Berlín de la época, aprovechando su posición privilegiada de hija de diplomático participaba en fiestas, tertulias, se relacionaba con personalidades de las artes, el periodismo, la cultura y la política, además de tener una intensa vida sentimental, protagonizando numerosos romances, relacionándose íntimamente con personal diplomático de otros países e incluso con figuras relevantes del partido nazi, por el que en un principio se sintió atraída creyendo que sería un buen instrumento para volver a ensalzar la gran nación alemana al lugar que históricamente le correspondía. Sin embargo, pronto se desilusionó de este proyecto al contemplar en directo la crueldad y la violencia indiscriminada en la que se fundamenta la acción de los que ella comenzó considerando jóvenes y entusiastas patriotas.
La obra está elaborada basándose fundamentalmente en documentación escrita, cartas personales de Dodd y su hija, básicamente, pero también en documentos oficiales del gobierno norteamericano, comunicaciones diplomáticas, informes, declaraciones, diarios o biografías de muchos de los protagonistas de la política de aquellos años. Al tratarse de una obra de no ficción, la abundantísima documentación y las numerosas citas de hechos o narraciones reales o las distintas versiones por parte de los protagonistas de los hechos relatados, provocan que la lectura en ocasiones carezca de la agilidad que caracteriza a una novela, pero se compensa este problema por el interés de lo que se cuenta y por lo impresionantes que resultan en ocasiones los hechos reales que se nos presentan, cumpliéndose en este caso la famosa máxima de que la realidad supera, a veces con creces, cualquier ficción que sobre ella se pueda crear.
viernes, 26 de julio de 2013
domingo, 14 de julio de 2013
El testigo invisible
Me he declarado en repetidas ocasiones como una apasionada de la novela histórica y revisando mis lecturas es fácil comprobar la alta frecuencia con que este género aparece en ellas. Y en muchas ocasiones esto no es un resultado de una búsqueda voluntaria, sino que las novelas basadas en hechos reales, con trasfondo histórico, me atraen de manera irresistible y acabo cayendo en ellas una y otra vez. Existen, además, épocas, personajes o acontecimientos concretos por los que, lógicamente, siento una especial debilidad y que se presentan igualmente en mis lecturas con cierta regularidad. Uno de esos temas recurrentes sobre el que no me canso de leer es la vida y, por supesto, la dramática muerte de los últimos representantes de la familia imperial rusa, el zar Nicolás, la zarina Alejandra y sus cinco hijos, el pequeño zarevich y las hermosas princesas imperiales. Y este es el tema central de la última novela de Carmen Posadas de título "El testigo invisible" que cuenta los últimos años de la familia Romanov, contados en esta ocasión desde el punto de vista del joven Leonid Sednev, un chico que entra al servicio del palacio Aleksandr como water boy o encargado de limpiar los conductos de las calefacciones del edificio y que se mantendrá junto a la familia real hasta sus últimos momentos en la conocida como Casa del Propósito Especial, el último alojamiento de la familia y donde serían asesinados finalmente. La relación del chico con sus señores, los rumores e intrigas en los que se ve envuelto, su enamoramiento platónico de una de las princesa, los personajes históricos que desfilan por San Petersburgo en aquellos días... todo eso se nos cuenta con un tono sencillo, desde el punto de vista del pequeño Leonid, pero contado a modo de memorias, muchos años después y desde la otra punta del mundo, en una confesión de unos hechos que desea narrar antes de morir para dejar constancia de lo que en esos años vivió junto a los zares.
Es sabido que en torno a estos hechos se han escrito cientos de versiones de todo tipo, novelas de variado género, además de otras historias paralelas en torno a la supuesta supervivencia de algunos de los miembros de la familia imperial, fundamentalmente de la pequeña Anastasia, por no hablar del siempre intrigante personaje de Rasputín. Recuerdo, así al pronto, "La casa del propósito especial" de John Boyne o "El síndrome de Anastasia" de Mary Higgins Clark. Esta de Posadas es una aportación más a la larga lista de incursiones en esta apasionante historia, contada con la soltura y el gancho habitual en la escritora, plagada de datos históricos, de curiosidades sobre el día a día de la familia de los zares, con una frescura que te aproxima vivamente a los personajes y que hacen que te enganches a la lectura hasta la última página. Y eso, teniendo en cuenta que ya conocemos el desenlace de antemano, tiene su mérito.
Es sabido que en torno a estos hechos se han escrito cientos de versiones de todo tipo, novelas de variado género, además de otras historias paralelas en torno a la supuesta supervivencia de algunos de los miembros de la familia imperial, fundamentalmente de la pequeña Anastasia, por no hablar del siempre intrigante personaje de Rasputín. Recuerdo, así al pronto, "La casa del propósito especial" de John Boyne o "El síndrome de Anastasia" de Mary Higgins Clark. Esta de Posadas es una aportación más a la larga lista de incursiones en esta apasionante historia, contada con la soltura y el gancho habitual en la escritora, plagada de datos históricos, de curiosidades sobre el día a día de la familia de los zares, con una frescura que te aproxima vivamente a los personajes y que hacen que te enganches a la lectura hasta la última página. Y eso, teniendo en cuenta que ya conocemos el desenlace de antemano, tiene su mérito.
lunes, 8 de julio de 2013
El día de mañana
Nuevamente he tenido la suerte de toparme con uno de esos libros que son capaces de contarte una historia convincente, que te recrean un periodo histórico con viveza y que contienen personajes creíbles, de aquellos que piensas si no habrán sido tomados de la vida real. Todo eso y mucho más he encontrado en esta novela de Ignacio Martínez de Pisón, "El día de mañana". No sólo ha tenido el autor la capacidad de trasladarme a una época siempre controvertida como son los últimos años del régimen franquista, llenos de luces y sombras en ese camino imparable aunque incierto hacia la etapa democrática, donde convivieron los seguidores del régimen con sus más duros combatidores, junto con esa inmensa masa de población que no hacía más que subsistir en medio de las circunstancias que la vida le presentaba, con poco interés por la política y muchas ganas de salir adelante en medio de una sociedad que, a pesar de todo, de lo duro del momento, confiaba en un futuro mejor. Además es que lo ha hecho de manera atractiva y logrando involucrarme en las peripecias del protagonista más negativo con el que me he encontrado últimamente.
Lo más destacable de esta novela en lo que se refiere al plano formal es, sin duda, la estructura del relato y el punto de vista del narrador, o de los narradores, para ser más precisos. Toda la historia se nos cuenta mediante sucesivos monólogos de varios personajes que cuentan, en primera persona y a modo de confesión sus vivencias en aquellos años con un único punto en común entre todos ellos: todos, en algún momento, tuvieron algo que ver con Justo Gil, un protagonista que en ningún momento se dirige al lector, es el protagonista del relato pero es el único que no nos cuenta su vida, eso queda de la mano del resto de los personajes. Así, todas las narraciones giran en torno al tal Justo, un joven sin grandes méritos ni recursos que llega a Barcelona acompañado de su madre enferma, como tantos otros emigrante en esa época y comienza a partir de entonces a buscarse la vida de las maneras más variadas posibles, acabando convertido en un soplón de la policía, enemistado con todos aquellos a los que frecuentó. Todas las historias que se nos narran convergen en Justo, y cada una nos muestra un especto de él: el vecino necesitado, el socio defraudador, el falso militante político, el amigo... pero no por ello dejan de ser historias personales, vidas reales de cada narrador a través de las cuales se nos muestra un fresco retrato de lo que fueron aquellos años de nuestra Historia aún cercana.
Lo más destacable de esta novela en lo que se refiere al plano formal es, sin duda, la estructura del relato y el punto de vista del narrador, o de los narradores, para ser más precisos. Toda la historia se nos cuenta mediante sucesivos monólogos de varios personajes que cuentan, en primera persona y a modo de confesión sus vivencias en aquellos años con un único punto en común entre todos ellos: todos, en algún momento, tuvieron algo que ver con Justo Gil, un protagonista que en ningún momento se dirige al lector, es el protagonista del relato pero es el único que no nos cuenta su vida, eso queda de la mano del resto de los personajes. Así, todas las narraciones giran en torno al tal Justo, un joven sin grandes méritos ni recursos que llega a Barcelona acompañado de su madre enferma, como tantos otros emigrante en esa época y comienza a partir de entonces a buscarse la vida de las maneras más variadas posibles, acabando convertido en un soplón de la policía, enemistado con todos aquellos a los que frecuentó. Todas las historias que se nos narran convergen en Justo, y cada una nos muestra un especto de él: el vecino necesitado, el socio defraudador, el falso militante político, el amigo... pero no por ello dejan de ser historias personales, vidas reales de cada narrador a través de las cuales se nos muestra un fresco retrato de lo que fueron aquellos años de nuestra Historia aún cercana.
jueves, 27 de junio de 2013
El enigma de la calle Calabria
Regreso nuevamente a la serie de Jerónimo Tristante sobre el inspector Víctor Ros, que en esta ocasión se traslada a Barcelona, ciudad donde inició su carrera profesional, para colaborar en la investigación de "El enigma de la calle Calabria" y nuevamente nos presenta una amena historia de de misterio, con todos los elementos clásicos del suspense más tradicional, en la que seguimos la investigación policial a cargo del detective Ros que contrapone, como ya es habitual en él, la lógica y las pruebas de tipo científico a las supersticiones y las explicaciones irracionales con las que el pueblo llano y la opinión pública, allá por los últimos años del siglo XIX, trataba de justificar todos aquellos fenómenos extraños que rodean este misterioso caso.
La cuestión es que Ros tendrá que desmentir las teorías que parecen indicar que el empresario Gerardo Borrás ha logrado escapar de un secuestro que lo ha llevado hasta el mismísimo infierno, aunque no haya podido escapar a la desgracia de ser poseído por el diablo. El inspector deberá dar con una explicación racional a todos los extraños aspectos que rodean este caso en el que se ven envueltos personajes de lo más sórdido, especialmente un peculiar "malo" que se mueve entre los ambientes más oscuros de la prostitución, la explotación de menores, el asesinato, las estafas de alto nivel, e incluso el vampirismo. Pero afortunadamente tenemos al detective Ros y a sus compañeros de investigación para llegar a la resolución del caso que devolverá la seguridad y la calma la ciudad y a sus habitantes que podrán agradecer a su sagacidad el poder vivir en paz nuevamente.
Tras sus anteriores aventuras situadas en el Madrid más castizo, en esta entrega Víctor Ros se desplaza a Barcelona y nos pasea por esta ciudad con su incesante crecimiento urbano, con su ensanche perfectamente diseñado y sus barrios periféricos de aluvión llenos de miseria, la avalancha de inmigrantes que llegan a la ciudad para participar en la imparable industrialización y su mezcla de cultura y pobreza, de europeísmo y nacionalismo, de tradición y revolución. Una ciudad de Barcelona, en fin, que se dibuja como un marco apasionante donde se desarrolla el argumento de esta entretenidísima novela, parte de una serie de la que me reconozco entusiasta seguidora. Hasta la próxima entrega, por tanto, señor Ros.
La cuestión es que Ros tendrá que desmentir las teorías que parecen indicar que el empresario Gerardo Borrás ha logrado escapar de un secuestro que lo ha llevado hasta el mismísimo infierno, aunque no haya podido escapar a la desgracia de ser poseído por el diablo. El inspector deberá dar con una explicación racional a todos los extraños aspectos que rodean este caso en el que se ven envueltos personajes de lo más sórdido, especialmente un peculiar "malo" que se mueve entre los ambientes más oscuros de la prostitución, la explotación de menores, el asesinato, las estafas de alto nivel, e incluso el vampirismo. Pero afortunadamente tenemos al detective Ros y a sus compañeros de investigación para llegar a la resolución del caso que devolverá la seguridad y la calma la ciudad y a sus habitantes que podrán agradecer a su sagacidad el poder vivir en paz nuevamente.
Tras sus anteriores aventuras situadas en el Madrid más castizo, en esta entrega Víctor Ros se desplaza a Barcelona y nos pasea por esta ciudad con su incesante crecimiento urbano, con su ensanche perfectamente diseñado y sus barrios periféricos de aluvión llenos de miseria, la avalancha de inmigrantes que llegan a la ciudad para participar en la imparable industrialización y su mezcla de cultura y pobreza, de europeísmo y nacionalismo, de tradición y revolución. Una ciudad de Barcelona, en fin, que se dibuja como un marco apasionante donde se desarrolla el argumento de esta entretenidísima novela, parte de una serie de la que me reconozco entusiasta seguidora. Hasta la próxima entrega, por tanto, señor Ros.
domingo, 23 de junio de 2013
La reina descalza
Me ha costado bastante sentarme a escribir mi comentario sobre esta novela, al igual que me ha costado llevar adelante la lectura del libro en sí. Tengo claro que "La reina descalza" de Ildefonso Falcones ha sido y sigue siendo uno de los éxitos editoriales y de público de este año, pero cuando una lectura se te atasca, cuando no conectas con la historia, no hay nada que hacer, ni aunque las listas de ventas y las críticas literarias te vengan a quitar la razón semana tras semana.
Sí que he de reconocer que hacia la mitad de la novela logré engancharme un tanto a la historia de la gitana Milagros Carmona, de su amiga la negra ex esclava Caridad y el resto de los personajes; este cambio de ritmo viene a coincidir con el traslado de la acción a Madrid y el abandono de alguna manera del escenario de la gitanería de Sevilla y de los campos del sur de Portugal donde se centra el tráfico de tabaco al que se dedica el abuelo Carmona, pero tardé como trescientas paginas en coger soltura y leer con alegría, con lo que no puedo decir que esta novela pueda contarse entre mis recomendaciones de los últimos tiempos.
A pesar de todo esto, tengo que reconocer que el libro está muy bien escrito porque no voy a negar la destreza narrativa del autor que cuenta sus publicaciones por éxitos, lo que se cimenta en una base de calidad innegable. También es cierto que la novela cuenta una historia original por lo que se refiere a que entra en un tema interesante centrado en las vivencias de una joven gitana, por medio de la cual nos acercamos a la vida del resto de miembros de esta raza en la España del siglo XVIII que no era precisamente fácil: rechazados por la población en general, aferrados a sus costumbres y sus tradiciones, sin interés por acomodarse al estilo de vida de los payos ni por acatar su religión y sus leyes más que de cara a la galería, tuvieron enfrente las severas leyes del rey Fernando VI inspiradas por el Marqués de la Ensenada que se convertiría en el más severo perseguidor de este pueblo y que trató de eliminarlos de la faz de la península. Falcones es un narrador habilidoso que recrea una época y unos lugares que resultan verosímiles, cargado de documentación histórica y de datos interesantes. Y lo cierto es que los personajes que dibuja están llenos de pasión y vida, pero tal vez, para mi gusto, hay demasiada pasión en la novela, demasiado sufrimiento, demasiada ansia de venganza, demasiada violencia, luchas de familias, odios enconados que pasan de generación en generación....
Entiendo que todo lo que cuenta la novela es el reflejo de la época y del lugar en que transcurre la acción, que la vida en el barrio sevillano de Triana en la época descrita no sería precisamente un remanso de paz ni buenas maneras, pero son precisamente esos sentimientos tan exacerbados, esa lucha continua por la vida, huyendo de los enemigos, de los de su misma raza y su misma familia más incluso que de los extraños, esa búsqueda constante de la libertad y la paz, todo eso que probablemente sean lo que más atraiga a los lectores de esta novela, lo que les haga apasionarse con ella, es lo que me ha resultado totalmente agotador: el encontrarme imbuída en un mundo regido por tradiciones atávicas irracionales, la defensa de la honra, la venganza, la navaja siempre a mano, el ojo por ojo, todo ese ambiente en el que se mueve la joven Milagros, todos los sufrimientos y las humillaciones por los que pasan ella, su madre Ana Vega encarcelada, como tantas otras, por el mero hecho de ser gitana, su abuelo el viejo Melchor, la sumisa Caridad acostumbrada a años de esclavitud, tanto desgarro, tanto orgullo de raza, me han superado. Supongo que mi humor me pedía una novela más ligera y esta ha llegado en mal momento, cosa que siento, porque probablemente podría haberla disfrutado más en otras circunstancias.
Sí que he de reconocer que hacia la mitad de la novela logré engancharme un tanto a la historia de la gitana Milagros Carmona, de su amiga la negra ex esclava Caridad y el resto de los personajes; este cambio de ritmo viene a coincidir con el traslado de la acción a Madrid y el abandono de alguna manera del escenario de la gitanería de Sevilla y de los campos del sur de Portugal donde se centra el tráfico de tabaco al que se dedica el abuelo Carmona, pero tardé como trescientas paginas en coger soltura y leer con alegría, con lo que no puedo decir que esta novela pueda contarse entre mis recomendaciones de los últimos tiempos.
A pesar de todo esto, tengo que reconocer que el libro está muy bien escrito porque no voy a negar la destreza narrativa del autor que cuenta sus publicaciones por éxitos, lo que se cimenta en una base de calidad innegable. También es cierto que la novela cuenta una historia original por lo que se refiere a que entra en un tema interesante centrado en las vivencias de una joven gitana, por medio de la cual nos acercamos a la vida del resto de miembros de esta raza en la España del siglo XVIII que no era precisamente fácil: rechazados por la población en general, aferrados a sus costumbres y sus tradiciones, sin interés por acomodarse al estilo de vida de los payos ni por acatar su religión y sus leyes más que de cara a la galería, tuvieron enfrente las severas leyes del rey Fernando VI inspiradas por el Marqués de la Ensenada que se convertiría en el más severo perseguidor de este pueblo y que trató de eliminarlos de la faz de la península. Falcones es un narrador habilidoso que recrea una época y unos lugares que resultan verosímiles, cargado de documentación histórica y de datos interesantes. Y lo cierto es que los personajes que dibuja están llenos de pasión y vida, pero tal vez, para mi gusto, hay demasiada pasión en la novela, demasiado sufrimiento, demasiada ansia de venganza, demasiada violencia, luchas de familias, odios enconados que pasan de generación en generación....
Entiendo que todo lo que cuenta la novela es el reflejo de la época y del lugar en que transcurre la acción, que la vida en el barrio sevillano de Triana en la época descrita no sería precisamente un remanso de paz ni buenas maneras, pero son precisamente esos sentimientos tan exacerbados, esa lucha continua por la vida, huyendo de los enemigos, de los de su misma raza y su misma familia más incluso que de los extraños, esa búsqueda constante de la libertad y la paz, todo eso que probablemente sean lo que más atraiga a los lectores de esta novela, lo que les haga apasionarse con ella, es lo que me ha resultado totalmente agotador: el encontrarme imbuída en un mundo regido por tradiciones atávicas irracionales, la defensa de la honra, la venganza, la navaja siempre a mano, el ojo por ojo, todo ese ambiente en el que se mueve la joven Milagros, todos los sufrimientos y las humillaciones por los que pasan ella, su madre Ana Vega encarcelada, como tantas otras, por el mero hecho de ser gitana, su abuelo el viejo Melchor, la sumisa Caridad acostumbrada a años de esclavitud, tanto desgarro, tanto orgullo de raza, me han superado. Supongo que mi humor me pedía una novela más ligera y esta ha llegado en mal momento, cosa que siento, porque probablemente podría haberla disfrutado más en otras circunstancias.
jueves, 13 de junio de 2013
El libro de los veranos
"El libro de los veranos", de Emylia Hall, es una de esas novelas que se leen con una sonrisa en los labios, aunque también llega el momento en que debes sufrir con sus personajes. Es una historia muy bien contada en la que es fácil implicarse y viajar de la mano de su pequeña protagonista, a la que conocemos ya un poco más crecida pero a la que acompañaremos en este relato contado en primera persona y que nos devolverá a los más dulces años de la infancia.
La plácida vida de Beth dará un vuelco cuando su madre, Marika, decida abandonarlos a ella y a su marido y volver a su Hungría natal, dejando a la pequeña de nueve años a cargo de su silencioso y más bien aburrido padre que debe criarla, con mucho amor pero poca alegría, en la siempre gris ciudad de Devon. Es por eso que durante años la pequeña ansiará la llegada del verano para poder viajar durante unos pocos días al lado de su madre, en lo que supondrá un alegre y soleado paréntesis en su monótona vida inglesa. Desde los nueve años hasta los dieciséis, Beth disfruta del maravilloso verano en la campiña húngara, con su alegre madre, rodeada de naturaleza, arte, alegría de vivir, y además conocerá su primer amor y la vida en libertad y llena de nuevas experiencias, de baños en el río, del calor asfixiante y los mosquitos y demás bichos por todas partes, de las deliciosas comidas y las largas tardes en la terraza y las cenas a la luz de las velas. Estos pocos días le compensan de su monótona vida durante el resto del año y son una luz que la ilumina en las brumosas tardes del invierno inglés. Sus recuerdos, las cartas que recibe de su madre y su amigo Tamás, todo eso la mantiene atada con un hilo invisible a la luminosa Hungría. Beth quiere a su padre, un hombre bueno y tranquilo, pero sueña con parecerse cada vez más a su madre, quiere tener su entusiasmo, el mismo brillo de sus ojos y su alegría vital.
Sin embargo, cuando comienza la historia sabemos que Marika ha fallecido y que hace años que Beth y ella no se habían vuelto a ver. ¿Qué ocurrió en aquel último verano?, ¿Qué fue lo que originó esa separación?, ¿ Porqué Beth no volvió nunca más a Hungría? Todo esto se nos lo va a ir contando en primera persona la niña a la que, año a año,veremos crecer y convertirse en adolescente que va descubriendo el amor, está deseando crecer y vivir más intensamente y es en su madre en quien se mira siempre, hasta que un secreto que permanecía oculto saldrá a la luz y las separará de forma definitiva.
El libro es una auténtica delicia. Está contado con ternura, con inocencia, evoca los momentos de inmensa felicidad y también los pequeños dramas de la adolescencia en un tono muy dulce, sin nada de empalago. Realmente te transporta de la húmeda Inglaterra a la agreste Hungría y deseas, junto a Beth, que el verano no se acabe nunca. Sin excesos sentimentales, se reflejan muy bien los sentimientos de cada personaje, sus acciones hablan más que sus palabras, todos los protagonistas se sienten muy cercanos y reales y es fácil empatizar con todos ellos, lo que hace más fácil el participar de la historia y sentirla cercana. Es sin duda una novela que se disfruta mucho y que me permito recomendar.
La plácida vida de Beth dará un vuelco cuando su madre, Marika, decida abandonarlos a ella y a su marido y volver a su Hungría natal, dejando a la pequeña de nueve años a cargo de su silencioso y más bien aburrido padre que debe criarla, con mucho amor pero poca alegría, en la siempre gris ciudad de Devon. Es por eso que durante años la pequeña ansiará la llegada del verano para poder viajar durante unos pocos días al lado de su madre, en lo que supondrá un alegre y soleado paréntesis en su monótona vida inglesa. Desde los nueve años hasta los dieciséis, Beth disfruta del maravilloso verano en la campiña húngara, con su alegre madre, rodeada de naturaleza, arte, alegría de vivir, y además conocerá su primer amor y la vida en libertad y llena de nuevas experiencias, de baños en el río, del calor asfixiante y los mosquitos y demás bichos por todas partes, de las deliciosas comidas y las largas tardes en la terraza y las cenas a la luz de las velas. Estos pocos días le compensan de su monótona vida durante el resto del año y son una luz que la ilumina en las brumosas tardes del invierno inglés. Sus recuerdos, las cartas que recibe de su madre y su amigo Tamás, todo eso la mantiene atada con un hilo invisible a la luminosa Hungría. Beth quiere a su padre, un hombre bueno y tranquilo, pero sueña con parecerse cada vez más a su madre, quiere tener su entusiasmo, el mismo brillo de sus ojos y su alegría vital.
Sin embargo, cuando comienza la historia sabemos que Marika ha fallecido y que hace años que Beth y ella no se habían vuelto a ver. ¿Qué ocurrió en aquel último verano?, ¿Qué fue lo que originó esa separación?, ¿ Porqué Beth no volvió nunca más a Hungría? Todo esto se nos lo va a ir contando en primera persona la niña a la que, año a año,veremos crecer y convertirse en adolescente que va descubriendo el amor, está deseando crecer y vivir más intensamente y es en su madre en quien se mira siempre, hasta que un secreto que permanecía oculto saldrá a la luz y las separará de forma definitiva.
El libro es una auténtica delicia. Está contado con ternura, con inocencia, evoca los momentos de inmensa felicidad y también los pequeños dramas de la adolescencia en un tono muy dulce, sin nada de empalago. Realmente te transporta de la húmeda Inglaterra a la agreste Hungría y deseas, junto a Beth, que el verano no se acabe nunca. Sin excesos sentimentales, se reflejan muy bien los sentimientos de cada personaje, sus acciones hablan más que sus palabras, todos los protagonistas se sienten muy cercanos y reales y es fácil empatizar con todos ellos, lo que hace más fácil el participar de la historia y sentirla cercana. Es sin duda una novela que se disfruta mucho y que me permito recomendar.
domingo, 26 de mayo de 2013
Intemperie
Esta de Intemperie es una de esas novelas que, casi por obligación, te debes de apuntar en la (siempre creciente e ya casi inabarcable) lista de libros por leer. Cuando te topas con unos cuantos comentarios, reseñas o críticas en las que se presenta como la sorpresa literaria de la temporada, ópera prima de un escritor, el extremeño Jesús Carrasco, que ha triunfado ya en Europa antes de hacerlo en su propio país, no te queda más salida que ponerla en la citada lista y, además, hacerle un subrayado para que no se nos quede allí perdida, como le va ocurriendo a tantas y tantas obras pendientes. Y debo decir que no me arrepiento de haberle encontrado un hueco, que lo que de ella se contaba, generalmente todo positivo, no se aleja mucho de las sensaciones que me ha transmitido.
La principal etiqueta que se le ha colgado a esta novela era la de ser una obra que recordaba de inmediato al mejor Miguel Delibes, y no anda muy desencaminada la idea. Para empezar, nos encontramos con un protagonista infantil muy cercano a los personajes del autor castellano; además, la historia se sitúa en un mundo rural que igualmente evoca a Delibes desde el primer momento y comparte, además, otra de las características fundamentales del aquel: el lenguaje empleado en la novela es de una riqueza sorprendente, despliega una amplia y desconocida nomenclatura de lugares, instrumentos, acciones, que dibujan un mundo rural y una vida en torno a las tareas agrícolas, a la vida en el campo y al trabajo con los animales que ya, probablemente, se haya perdido. Destacaría yo, por otra parte, una diferencia entre ambos autores y es que Carrasco nos cuenta las cosas desde una visión mucho más dura, más cruel, sin lugar para la inocencia y con más miedo y desesperanza que la que destilaba en sus escritos el maestro Delibes.
La novela transcurre en un espacio físico y temporal indefinido, el niño no tiene nombre, tampoco lo tienen el pastor ni el alguacil ni el padre. Son personajes anónimos que malvive en un páramo arrasado por el sol, asediados por la escasez de agua, la vida durísima de un entorno rural que nada tiene de idílico ni bucólico. En medio de un desolador paisaje que tal vez podríamos identificar como extremeño, aunque no se dice, se mueven unos personajes más que pobres, de una humildad extrema, desesperanzados y sin ilusión, en especial el niño desamparado con el que se empatiza desde las primeras páginas. Las imágenes que se nos muestran son duras, sin necesidad de entrar en detalles macabros, la historia es áspera y brutal en todos sus aspectos, lo que hace al lector sufrir por el negro futuro que se le adivina al muchacho que huye, aunque no sepamos de qué huye porque no se nos dice, aunque fácilmente se intuye, deseamos que logre escapar de su triste destino. Con una forma de contar las cosas basada en no contarlas, esto es, en darlas por sobreentendidas, como si el lector conociera ya previamente los antecedentes, como si ya conociéramos a los personajes de antes, avanzamos con ellos y compartimos sus vivencias en tiempo real.
La narración posee una riqueza que deleita en muchas ocasiones por el mero hecho de la manera en que cuenta las cosas, olvidándonos a veces de la dureza de lo que leemos. Sin demasiadas descripciones y apenas diálogos, nos adentramos en el paisaje y en la mente de los personajes a través de sus actos, que se nos dibujan con una certeza basada en un lenguaje limpio y una prosa que en ocasiones resulta hasta poética, aunque refleje una realidad muy alejada de cualquier poesía. En definitiva, se trata de una de esas novelas que hay que leer, sí o si, obligación que se vuelve más llevadera debido a su breve extensión, y que se disfruta por su aspecto formal, al tiempo que se sufre por el fondo de lo que nos cuenta. Yo la recomiendo, sin duda.
La principal etiqueta que se le ha colgado a esta novela era la de ser una obra que recordaba de inmediato al mejor Miguel Delibes, y no anda muy desencaminada la idea. Para empezar, nos encontramos con un protagonista infantil muy cercano a los personajes del autor castellano; además, la historia se sitúa en un mundo rural que igualmente evoca a Delibes desde el primer momento y comparte, además, otra de las características fundamentales del aquel: el lenguaje empleado en la novela es de una riqueza sorprendente, despliega una amplia y desconocida nomenclatura de lugares, instrumentos, acciones, que dibujan un mundo rural y una vida en torno a las tareas agrícolas, a la vida en el campo y al trabajo con los animales que ya, probablemente, se haya perdido. Destacaría yo, por otra parte, una diferencia entre ambos autores y es que Carrasco nos cuenta las cosas desde una visión mucho más dura, más cruel, sin lugar para la inocencia y con más miedo y desesperanza que la que destilaba en sus escritos el maestro Delibes.
La novela transcurre en un espacio físico y temporal indefinido, el niño no tiene nombre, tampoco lo tienen el pastor ni el alguacil ni el padre. Son personajes anónimos que malvive en un páramo arrasado por el sol, asediados por la escasez de agua, la vida durísima de un entorno rural que nada tiene de idílico ni bucólico. En medio de un desolador paisaje que tal vez podríamos identificar como extremeño, aunque no se dice, se mueven unos personajes más que pobres, de una humildad extrema, desesperanzados y sin ilusión, en especial el niño desamparado con el que se empatiza desde las primeras páginas. Las imágenes que se nos muestran son duras, sin necesidad de entrar en detalles macabros, la historia es áspera y brutal en todos sus aspectos, lo que hace al lector sufrir por el negro futuro que se le adivina al muchacho que huye, aunque no sepamos de qué huye porque no se nos dice, aunque fácilmente se intuye, deseamos que logre escapar de su triste destino. Con una forma de contar las cosas basada en no contarlas, esto es, en darlas por sobreentendidas, como si el lector conociera ya previamente los antecedentes, como si ya conociéramos a los personajes de antes, avanzamos con ellos y compartimos sus vivencias en tiempo real.
La narración posee una riqueza que deleita en muchas ocasiones por el mero hecho de la manera en que cuenta las cosas, olvidándonos a veces de la dureza de lo que leemos. Sin demasiadas descripciones y apenas diálogos, nos adentramos en el paisaje y en la mente de los personajes a través de sus actos, que se nos dibujan con una certeza basada en un lenguaje limpio y una prosa que en ocasiones resulta hasta poética, aunque refleje una realidad muy alejada de cualquier poesía. En definitiva, se trata de una de esas novelas que hay que leer, sí o si, obligación que se vuelve más llevadera debido a su breve extensión, y que se disfruta por su aspecto formal, al tiempo que se sufre por el fondo de lo que nos cuenta. Yo la recomiendo, sin duda.
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