Entre los invitados al fin de semana está también el hijo del heredero del condado, Gilles Foster; habiendo perdido a su único hijo, las propiedades y títulos de lord Pomfret irán a parar a un sobrino con el que apenas tiene contacto, pero resultará que el hijo de éste, el joven señor Foster, es un muchacho de lo más agradable y atento con todos los invitados que sus tíos reúnen en su finca y tiene un verdadero interés en conocer a fondo las maneras en que se administran las posesiones que algún día serán suyas. También asiste a la reunión la insufrible señora Rivers, escritora de novelas románticas y prima de lord Pomfret y que se considera imprescindible para garantizar el éxito de la reunión; la acompañan su hija Phoebe que hace buenas migas con el resto de los jóvenes mientras trata de evitar a su madre lo más posible y su hijo Julian, aspirante a pintor y a artista maldito, además del señor Johns, editor de la señora Rivers y que debe soportar sus impertinencias por el beneficio que aporta a la editorial. Otros personajes menores conforman la partida de cazadores que completan la reunión.
La novela nos sumerge en la más auténtica vida de campo, rodeados de perros, caballos y partidas de caza, entramos en ruinosas mansiones de cañerías defectuosas pero con sus propietarios aferrados a la tierra y a la conservación de su mundo rural. Algunos personajes de los que nos encontramos en el relato son insoportables mientras que otros son puro encanto. El fin de semana dará para muchas interacciones, comidas, paseos, juegos e incluso para que surjan bonitos romances. Este libro publicado en 1938 sorprende por el hecho de que las relaciones románticas que se plantean son directas y frescas, sin los encorsetados patrones que podríamos presuponer en las costumbres de la época y es que no estamos en el siglo XIX, sino en la más moderna Inglaterra de los años treinta. E igualmente, en lo formal, la novela muestra detalles muy modernos como cuando la autora se dirige directamente al lector y le participa en bromas privadas o le cuenta episodios que ocurrirán en el futuro pero que no entran en la trama actual. Destacar también el humor fresco que rezuma toda la novela, en especial cuando se burla de los que se dan aires de grandes artistas. Esta es una de las más entretenidas novelas de la Thirkell de cuantas he leído y me pregunto todavía la razón por la que ninguna editorial española se decide a seguir traduciendo y publicando estas obras tan bien ambientadas y tan agradables de leer.

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