domingo, 27 de enero de 2013

Misión olvido


Ando, como siempre, bastante retrasada en lo que a novedades editoriales se refiere, por lo que hasta ahora no había tenido ocasión de echarle el guante a la segunda novela de la escritora María Dueñas, de la que soy prácticamente vecina, aunque no tengo el placer de conocer en persona y que tras el éxito de su primera novela, se ha convertido en una rutilante estrella del panorama literario español. Pues con esta segunda novela, y por hacer una valoración resumida de mi opinión sobre esta Misión Olvido que hoy comento, me parece que va a  permanecer por mucho tiempo en el grupo de los autores adorados por los libreros, por su capacidad de escribir historias que atraigan a los lectores, ya que de eso se trata mayormente el negocio de vender libros.

Pues entrando ya en el comentario propiamente de la novela, la protagonista de la misma es Blanca Perea, una profesora universitaria de mediana edad con una vida estable, un matrimonio de veinte años, un buen trabajo, dos hijos adolescentes que comienzan a volar solos… Nada hacía presagiar el cataclismo que va a sufrir su existencia en el momento en que su marido decida abandonarla por una joven abogada con la que, además, espera un hijo. Todo el mundo conocido hasta entonces para Blanca se le desmorona, las bases aparentemente sólidas sobre las que se edifcaba su vida se tambalean de tal manera que decide abandonarlo todo, poner tierra de por medio, desconectar de su mundo conocido para asimilar su pérdida, lo que logra mediante una beca de investigación aceptada casi a la desesperada que la llevará a una pequeña universidad americana cuyo mayor valor reside en distar miles de kilómetros de su casa.

Esta huída llevará a Blanca hasta la soleada California, donde, en un agradable ambiente en el departamento de lenguas de la pequeña universidad de Santa Cecilia, se sumerge en el estudio y clasificación de los papeles y documentación varia de un antiguo profesor del centro, el español Andrés Fontana, que acabó sus días en aquella parte del continente dedicado al estudio y la enseñanza de la literatura española y también a la investigación de la historia de las misiones franciscanas que se construyeron en la zona en la época previa a la independencia de las colonias. A través del trabajo intenso Blanca busca una vía para olvidar sus problemas, alejarse de la realidad. Sin embargo no tardará en sentirse atrapada por la personalidad del difunto profesor, de reconocer a la persona que se oculta tras los documentos académicos y se implica sinceramente en recuperar su herencia intelectual. Blanca no podrá evitar iniciar una relación personal con las personas junto a las que trabaja que le ayudarán, tanto en su faceta profesional como en ir adaptándose a su nueva vida en otro país; la acogedora secretaria del departamento, el director del mismo, también de origen español y un antiguo discípulo de Fontana, el hispanista Daniel Carter. Blanca irá construyendo un nuevo núcleo de amistades y se implicará incluso en asuntos del pueblo en el que reside, como la protesta contra la construcción de un centro comercial en una zona de bosque protegido.

La novela recrea de forma muy creíble la España de los años 30 y de los 50, acercándonos, primero, a los orígenes humildes del profesor Fontana que sale de su familia prácticamente analfabeta y marcha a Madrid donde descubre los grupos intelectuales de la época, el origen de la construcción de la Ciudad Universitaria y los primeros intentos de extender de forma generalizada la educación y la formación a la población. Fontana alcanza a cursar la educación superior pero la Guerra Civil trastocará sus planes de futuro, ya que cuando esta se inicie él se encontrará en USA cursando una beca y allí se quedará y rehará su vida sin volver nunca a su país de origen pero sin dejar nunca de añorarlo. Años después, en los 50, un alumno suyo, el decidido Daniel Carter viajará nuevamente a España con el objeto de documentarse para su tesis y allí conocerá un país sometido a la dictadura, no sólo en lo político, sino sobre todo en lo que al saber y a la cultura se refieren. A la búsqueda de los orígenes y la inspiración del escritor, ahora exhiliado y censurado por el sistema, Ramón J. Sénder, el americano realizará un viaje un poco al estilo de "La tesis de Nancy", en el que se encontrará con un país que comienza a salir de la autarquía pero que conserva mucho de su aire provinciano, su tradicionalismo y una admiración mezclada con recelo por todo lo que venga del extranjero. El contraste con la América de esos mismos años donde el bienestar y el consumismo es un hecho extendido será enorme, lo que no evitará que Carter se enamore del país y dedique el resto de su vida al estudio de su lengua y su literatura conservando siempre su vinculación afectiva con España.

Me sorprende gratamente el estilo narrativo de la novela, la capacidad de la autora de dibujarnos en pocas palabras, con breves apuntes, cualquier personaje, el acierto en la elección de unos cuantos sustantivos y adjetivos, los justos y precisos para mostrarnos un paisaje, una ciudad, describirnos a sus habitantes, una escena, el ambiente de una Universidad americana o de un pueblucho español de principio de siglo, es estupenda su capacidad de trasladarnos al lugar y al momento preciso sin extenderse en largas descripciones detalladas.

La narración resulta extraordinariamente fluida, las descripciones, como he dicho, son rápidas y precisas, dan una clara idea de los escenarios, los personajes, los ambientes. Creo que María Dueñas demuestra aquí ser una estupenda narradora, muy eficaz, que no resulta nunca pesada ni recargada. Se nota además la soltura de la autora al tratar temas y ambientes que le son cercanos: el mundo universitario y las relaciones entre el profesorado; se nota su interés por ensalzar el mundo del conocimiento, de la enseñanza y el progreso basado en la educación. Igualmente se la ve cómoda entre personajes con los que comparte sus gustos por los idiomas, los viajes, la lectura… se aprecia que los temas le son cercanos y que disfruta recreándolos.

La lectura, por tanto, me ha resultado enormemente agradable, aprecio el tono vitalista que desprende la historia, el retrato amable de los personajes. En resumen, una lectura fácil, amena, en la que se descubren o reviven épocas pasadas de nuestra Historia y se vive una historia particular de caída y vuelta a renacer en la que prevalece el tono positivo y optimista, cosa que siempre se agradece.

domingo, 20 de enero de 2013

La muerte llega a Pemberley

Es bastante habitual en la literatura, al igual que se da con enorme frecuencia en el cine, que a una novela de gran éxito le siga una secuela o toda una serie de libros basados en los mismos protagonistas y en la continuación de su historia, pero no lo es tanto que esta secuela se publique doscientos años después del original y que el autor se atreva incluso a cambiar de género sin abandonar por ello las raíces del texto original, y todo eso es lo que nos encontramos en la última novela de la afamada autora británica de crímenes y misterios P.D. James, que, con “La muerte llega a Pemberley”, toma el testigo de su admirada compatriota Jane Austen y nos presenta una continuación de la historia que esta nos contó, allá por 1813 en la celebérrima “Orgullo y Prejuicio”. Sólo por tener el placer de revisitar esta excelente obra y por la curiosidad de descubrir qué tal resulta una novela victoriana escrita en el siglo XXI, vale la pena atreverse con este libro, que demuestra que, en ocasiones, segundas partes sí que pueden ser buenas.

El relato nos devuelve a los personajes creados por Jane Austen unos pocos años después de donde aquella los dejó. Nos encontramos con el feliz matrimonio Darcy organizando el baile anual de Lady Anne, un acontecimiento social de gran relevancia y esperado por todos en su entorno, pero un desafortunado incidente que acaba con una víctima mortal les obligará a cancelar el evento y, lo que es peor, a poner a la familia en el centro del interés de la opinión pública, al estar involucrados en el asunto la hermana de Lady Elisabeth, Lydia, y el esposo de esta, el apuesto Wickham, con el que la familia ha roto relaciones hace tiempo.

El estilo de la novela no desmerece en nada del original victoriano, conserva el gusto por las descripciones detalladas de los paisajes ingleses, la ambientación de las mansiones, la minuciosa organización del servicio de una gran casa, todo se revive tal y como es habitual en aquellas novelas. La autora entra especialmente en detalle en los aspectos referentes a la estructura social de la época, al papel del noble propietario y su relación con el resto de sus parientes, con los demás miembros de la nobleza en sus distintos grados, con los empleados al servicio de la casa que forman, de algún modo, parte del patrimonio de la familia y las relaciones de lealtad y responsabilidad mutua entre los sirvientes y sus señores. Se detallan las obligaciones morales, las prerrogativas y las limitaciones que cada persona tiene en función de su título, sus rentas y la posición que ocupa dentro de la rígida estructura social de la época, estos valores de pertenencia a una clase y las inconveniencias que causan aquellos que no se atienen a ellos, los conflictos que causan aquellos que se salen de los estrictos márgenes de la buena conducta y el sufrimiento de los que se ven incapaces de conciliar sus deseos personales con las conveniencias sociales que se ven forzados a acatar.

En paralelo con la trama de intriga que se desarrolla ágilmente, se perfilan los pensamientos y las meditaciones de los protagonistas que nos acercan a la moral de la época, a los numerosos prejuicios de clase. Sus razonamientos y comportamientos siguen esa estricta moral decimonónica y, así y todo, P.D. James consigue desarrollar otra de sus brillantes novelas de misterio dentro del estrecho marco de libertad que supone para un autor el tomar unos personajes que ya existían previamente y adaptarse a su personalidad prefijada en la novela originaria y a lo que ya sabemos de ellos y sin embargo logra ubicarlos en una situación nueva, en medio de unas nuevas circunstancias, incluso en un género distinto del original y conseguir, así y todo, un relato creíble.

El objetivo perseguido por la autor se logra, sin duda, por lo que doy por seguro que la novela agradará tanto a los admiradores de los clásicos de Jane Austen como a los seguidores de las novelas de misterio de la no menos popular P.D. James. Un experimento, por tanto, totalmente exitoso.

domingo, 13 de enero de 2013

La luz en casa de los demás

Hay novelas que cuentan con una gran baza a su favor como es el contar una historia verdaderamente original o el de dar un punto de vista distinto sobre alguna realidad cotidiana. Este es, sin duda, el caso de esta "La luz en casa de los demás" de la italiana Chiara Gamberale. La visión de la familia, algo que todos de alguna manera tenemos, vivimos, hemos conocido, disfrutado o sufrido, adquiere en esta obra una nueva perspectiva que resulta interesante, aunque el resultado del experimento no llegue a ser el que sus protagonistas desearon en un principio.

El centro del relato lo constituye la pequeña Mandorla que, desafortunadamente, ha perdido a su madre, María, a una temprana edad. Lo cierto es que María era, de algún modo, la alegría del edificio en el que vivía junto a su hija, apreciada por todos los vecinos de la finca de la calle Grotta Perfetta, en un barrio del extrarradio de Roma. Lo que nadie esperaba es que, al fallecer la madre, se descubriera que el padre desconocido de la niña no lo era tanto, sino que todo apunta a que se trata de uno de los varones residentes en la finca. De común acuerdo, los vecinos deciden que la niña será adoptada por una vecina soltera del edificio pero que todos los allí residentes actuarán de algún modo como familia de la niña. A falta de realizar una prueba de ADN que confirme la paternidad real, todos la asumen como posible, por lo que deciden crearle a Mandorla una enorme familia compuesta por todos ellos.

La historia nos va presentando a los personajes, los vecinos del edificio, como un vivo fresco donde se reflejan las más variadas opciones de familia que pueda haber, con las más dispares circunstancias: desde la solterona enfrentada a su soledad, el matrimonio ideal con hijos, la pareja homosexual, el artista frustrado obsesionado con su bebé y su esposa, la severa abogada, los bohemios de ideas liberales ... la niña debe pasar algunas temporadas en las distintas casas del edificio, acostumbrarse a los hábitos propios de cada familia y a las rarezas de sus miembros, mientras permanece ignorante de la realidad y confiando en que su idílico padre acabará por volver a por ella. Hasta el momento en que también ella se entere de que su padre no es un astronauta en larguísima misión espacial, sino que se encuentra más cerca de lo que ella nunca había pensado, pero así y todo se le niega el derecho a conocerlo.

La novela es absolutamente coral, con escenas divertidas, especialmente en las de las reuniones de la comunidad donde el ritmo de la narración es agitado, las conversaciones se cruzan, los pensamientos de cada uno divagan de un tema a otro, mientras que después, en cada casa, tras la puerta de cada piso, vemos transcurrir las vidas de cada uno de ellos, con sus conflictos, inseguridades, sueños y rarezas varias. La adolescente en la que se convierte la pequeña Mandorla no puede por menos que resultar afectada por esta existencia tan poco usual que ha llevado. A pesar de que los vecinos trataron de hacer de esta extraña situación un hecho normal, la verdad es que la ausencia de una familia estable en la que basarse, el sentir el verdadero cariño desinteresado de unos padres acaba por influir en su maduración, porque el absurdo en el que vive Mandorla, "la absurda tarta de cinco pisos que ha sido mi vida" según sus propias palabras, es el resultado del egoísmo de todos sus vecinos, que más que la felicidad de la niña, buscan asegurarse su propia seguridad: prefieren mantener el desconocimiento de la identidad real del padre desertor que pondría en riesgo el equilibrio de alguna de las familias  residentes, le niegan así a la pequeña la posibilidad de formar parte de una verdadera familia, más o menos estable, más o menos feliz, pero familia real, a fin de cuentas y le ofrecen a cambio ese experimento que no puede, en ningún caso, igualar a la realidad de una familia.

Mandorla vive en un absurdo, con cinco familias pero sin padre ni madre, y sin embargo este absurdo se convierte en su forma de vida habitual.  Lo que se inicia como una especie de cuento encantador, lo que parece ser el inicio de una historia llena de dulzura y alegría, acaba siendo una historia bastante negra en el fondo, donde queda un poso de amargura, porque la soledad enorme en la que se se encuentra Mandorla en medio de tanta gente le provoca una falta de base en la que apoyarse para avanzar en la vida. Si bien es cierto que el desenlace de la novela es bastante optimista y tiene más que ver con el apañarse con lo que la vida te pone por delante y sacar lo bueno de cada situación, así y todo, nadie me quita el que me quede un regusto amargo al final de la lectura y que no pueda evitar sentir lástima por la niña y por todos los que la rodean.

sábado, 5 de enero de 2013

El invierno del mundo

Entre las fiestas navideñas que dejan poco tiempo para nada que no sea reuniones familiares y con amigos alrededor de alguna mesa y la longitud del último libro leído, se me ha metido encima el año nuevo y no veía el momento de publicar la reseña de la novela que tenía entre manos, "El invierno del mundo", segunda parte de la trilogía de Ken Follet sobre el siglo XX y que, al margen de su extensión, resulta tan amena de leer como suelen ser todas las obras de este escritor británico, experto en el relato dinámico, en el acertado dibujo de personajes, en crear acción y enganchar al lector con sus tramas ágiles, siempre con un punto de suspense y, sobre todo, con lo visual de su escritura, parece que se nos presenta ante los ojos todo aquello que estamos leyendo. Y es que, a pesar de contarnos una serie de hechos que son por todos conocidos, no quita ello para que se siga con interés creciente la trama de esta novela cuya extensión es comprensible, no sólo por lo complejo de los hechos que se relatan, sino también por la multitud de puntos de vista que entran en juego, ya que prácticamente todos los actores intervinientes en los acontecimientos que se reflejan tienen su voz en esta novela. 

Asistimos junto a los diversos protagonistas a los años previos a la II Guerra Mundial, al estallido de esta y a su culminación. Los personajes están todos ligados a aquellos de la primera parte de la serie, si bien no es estrictamente necesario haber leído la novela previa para adentrarse en esta. De manera absolutamente coral, sin dar más protagonismo a ninguno de ellos se nos va presentado a las distintas familias: los americanos, la familia del senador Deward, en primera línea de la toma de decisiones que llevan a los Estados Unidos a entrar en conflicto con Japón del lado de los aliados; los Williams, británicos de origen galés, miembros del partido laborista, con su enfrentamiento directo con Alemania; los Ulrich, alemanes socialdemócratas que ven impotentes como asciende Hitler al poder y como su país es el origen de la más terrible guerra jamás conocida; los rusos Peshkov, bajo el régimen comunista de Stalin, en su decisivo papel que pasa de aliado de los americanos contra el fascismo a convertirse en su enemigo más acérrimo... Cada bando del conflicto aparece retratado y podemos acercarnos y comprender mejor las motivaciones políticas, económicas e ideológicas que guiaban a cada nación en su relación con el resto de países en esta agitadísima etapa de la Historia de occidente.

Es admirable la capacidad de Follet para llevar al tiempo todas las tramas sin que se pierda el hilo de ninguna de ellas. Seguimos los avatares de cada familia y de cada uno de sus miembros, los cuales se encuentran en el mismo centro de los principales hechos históricos de cada momento, permitiéndonos así combinar una mirada personal a cada uno de esos acontecimientos desde el punto de vista de los individuos particulares a los cuales les ha tocado vivir en una determinada época y lugar, con la visión Histórica de dichos años, adentrándonos así el el corazón mismo de los hechos históricos y asistiendo a ellos desde un nuevo punto de vista, dependiendo del personaje al que le toque vivirlos. Si bien es cierto que tal vez haya una cierta simplificación por parte del autor en algunos hechos de los que se relatan, no puede negarse que nos encontremos ante una forma muy amena de repasar la Historia con mayúsculas, aquellos hechos a los que en muchos casos no nos habíamos acercado más que como una materia de estudio escolar y que ahora se puede volver a observar en forma de vivencias personales de los protagonistas de esta novela. Sin duda nos queda esperar a la culminación de la trilogía para revivir de la mano de Follet las últimas décadas del siglo XX de esta manera tan interesante.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Fin

Cuando hace unas semanas comencé a ver anunciar en todos los medios el estreno inminente de la película basada en la novela "Fin" de David Monteagudo, me dí prisa de inmediato para que adelantara puestos en la larga lista de espera de novelas por leer que siempre me acompaña y que nunca consigo llevar al día, pero es que no quiero arriesgarme nunca a ver una película basada en una novela que tengo intención de leer, porque siempre se pierde la mitad de la emoción y además prefiero tener mi propia visión de la historia antes de conocer la del director, de ponerle mi propia cara a los personajes y sentir lo que el relato me transmita sin ayuda de las imágenes de una película..

Así que me encontré con una historia que se inicia hace veinticinco años, los que han pasado desde la última vez que un grupo de jóvenes, casi adolescentes aún, se reunieran a pasar un fin de semana en un refugio perdido en mitad de la sierra. Ahora son convocados nuevamente por una de las chicas para cumplir una absurda promesa juvenil de reencuentro que hicieron en su momento. El grupo se ha desintegrado con los años, apenas han tenido contacto, salvo una pareja que acabó casándose, pero a pesar de ello ninguno se resiste al reencuentro, a descubrir qué ha sido de los viejos amigos en todos estos años, saber cómo les ha ido, a quién le ha sonreído la vida y a quién no. Sólo falta a la cita uno de ellos, tal vez el que todos esperaban encontrar allí, aquel que, de algún modo, hizo que el grupo se desperdigara en su momento, la razón que les impidió seguir siendo amigos.

El escenario de la reunión, un refugio en plena montaña rodeado de la más absoluta ausencia de civilización, es tan ajeno al entorno habitual de los personajes que resulta misterioso de por sí por el mero hecho de que los amigos son todos habitantes de la ciudad, desacostumbrados a la paz y el silencio del campo, pero es que en este caso, además, esta paz es algo excesiva, la desconexión total en la que se encuentran es en sí misma amenazadora, el aislamiento del resto del mundo es cualquier cosa menos tranquilizadora para estas personas habituadas a vivir conectadas permanentemente a un teléfono móvil. Pero es que, además, los hechos se comenzarán a torcer nada más llegar y los extraños hechos que se inician harán que la tensión y la incertidumbre no haga más que crecer.

Los personajes se nos van presentando de dos en dos o en grupos, dándonos una acertada visión sus principales rasgos de carácter, del papel que tenían en el grupo hace veinticinco años y cómo han evolucionado. Tenemos al triunfador y al fracasado, a la bella y a la avejentada, a la inocente y al espabilado, prototipos, en principio, pero todos ellos cargados de vida. De todos modos no sabemos más que lo que cada uno muestra a sus compañeros, hay detalles de sus vidas que se nos ocultan, vemos el papel que van tomando en el nuevo grupo y a través de sus actos y sus palabras conocemos sus experiencias vividas, sus miedos, aunque siempre quedan espacios en sombra que no llegamos a vislumbrar.

El lenguaje de la novela es muy visual, el narrador externo a los personajes va describiendo friamente, en ocasiones como si se tratara de una obra de teatro, la posición de cada uno, los turnos de palabra, parece en ocasiones que nos encontramos más ante un guión que ante una novela, las descripciones de los escenarios parecen dirigidos a un director de escena que debe saber en qué punto del escenario colocar a sus actores y desde dónde dirigir las luces y situar el decorado. Los cambios de humor o los sentimientos de cada uno los reconocemos porque nos los expone este narrador que no se implica en la acción, se limita a hacérnos ver lo que se presenta ante nuestros ojos, sin darnos otra información, lo que hace que el relato sea bastante aséptico y esto ayuda a la sensación de tensión constante, nos muestra los hechos desde fuera, somos meros espectadores que contemplan el grupo pero la información que tenemos es la misma que tienen ellos, el lector tampoco sabe qué es lo que está pasando, no se nos dan más pistas ni más puntos de vista, vivimos la tensión del grupo ante los inciertos hechos que se les presentan, sin tener más salida que continuar la lectura para descubrir a dónde nos conducirán. El suspense se va dosificando de manera muy acertada, incrementándose la tensión según avanza el relato. Los diálogos son absolutamente creíbles y ágiles, muy reales y con un lenguaje completamente actual. Es una novela absolutamente coral donde todos tienen algo que decir y un secreto común que callar. El ambiente recuerda en muchas ocasiones a "La carretera" de McCarthy, con ese ambiente desasosegante de fin del mundo, donde no conocemos la amenaza pero sabemos que esta existe y que es ineludible para los protagonistas. Un muy buen relato, a pesar de que no logre rematarse con un final redondo.

viernes, 14 de diciembre de 2012

22 Britannia Road

Esta novela, "22 Britannia Road" de la escritora inglesa Amanda Hodgkinson es una más de tantas obras cuyos sucesos transcurren en torno a la II Guerra Mundial, pero en este caso la atención se centra en las vidas de dos personas normales, en las pequeñas y grandes cosas que cambia una guerra y los tremendos efectos que esta tiene en sus vidas. El relato se inicia con el reencuentro de un matrimonio polaco separado por la guerra, pero este reencuentro, lo sabemos desde el primer momento, dista mucho de ser alegre o festivo. Hace seis años que Silvana no ve a su marido Janusz, desde que éste se alistó en el ejército para combatir a los alemanes que invadían su país, Polonia. Ahora Janusz, que tras huir a Francia acabó luchado en el ejército británico, espera recuperar a su esposa y a su pequeño hijo Aurek, al que dejó siendo un bebé y al que apenas conoce y pretende reemprender con ellos su vida nuevamente en el punto donde la dejaron, aunque esta vez en un nuevo país.

Sin embargo durante los años de separación han ocurrido muchas cosas, Janusz ha conocido a otra mujer, Silvana y Aurek han sufrido lo indecible en una cruel guerra que les ha cambiado no sólo físicamente, sino en su manera de enfrentarse al mundo día a día. El hogar que Janusz ha preparado con gran esmero en una bonita casa de la localidad británica de Ipswick, situada precisamente en el número 22 de Britannia Road que da nombre a la novela, pretende convertirse en un cálido hogar familiar para los Nowak, pero las cicatrices de la guerra son demasiado profundas y los secretos que ambos se ocultan mutuamente demasiado oscuros como para poder ser ignorados. A pesar de empeñarse en seguir juntos, en hacer que su familia salga adelante, entre ambos se abre un abismo insuperable, incluso su hijo se interpone entre ellos, un niño encerrado en sí mismo, aferrado a las faldas de su madre y marcado por los sufrimientos que ha padecido, que no reconoce a su padre ni se integra en su nueva vida en Inglaterra. Y por añadidura el fantasma de Héléne, la mujer a la que Janusz amó durante la guerra y que no ha abandonado su mente a pesar de la distancia y el tiempo.

Vamos recorriendo la historia de la pareja, desde sus inicios llenos de ilusión y esperanzas hasta el estallido de la guerra, su separación y lo que fue de ambos durante los años de la separación, conociendo lo que vivió cada uno y como todo ello les hizo cambiar de modo que, al reencontrarse, ya no son las mismas personas que eran seis años antes. Una nueva relación completamente diferente se debe crear ahora entre ellos, en un frío ambiente en el que ambos tratan de mostrar su mejor cara y verdaderamente se esfuerzan por sacar adelante su familia, de construir un verdadero hogar para el niño, luchando contra lo que cada uno tiene dentro. La narración es muy sencilla, la autora se expresa con un lenguaje simple, frases cortas, expone los hechos desde el punto de vista de Helen y de Janusz, nos va contando las dos versiones de la historia, los pensamientos de cada uno se nos muestran de modo que somos testigos de los secretos que ocultan y asistimos a la frágil relación que les une. Es una historia triste de personas que tratan de superar una guerra, de volver a ser lo que fueron antes, intentando ignorar la certeza que tienen de que lo que nunca lo lograrán, de que no pueden dar marcha atrás ni ignorar todo lo que vivieron y que la única forma de sobrevivir será mirando siempre hacia delante. Una estupenda novela que muestra muy bien lo más profundo del alma humana.

domingo, 9 de diciembre de 2012

La protegida Wittman

A mí me ocurre lo que a todos los amantes de la lectura, que no hay un regalo que me guste tanto recibir como un buen libro, de hecho es prácticamente lo único que aparece en mi carta a los Reyes Magos año tras año, junto con alguna otra petición que no tiene más función que rellenar un poco el folio para que no tengan que decir sus Majestades: “¡¡otra vez la cartita de Inma pidiendo libros por Navidad!!” Y es que no hay nada que se pueda comparar a la sensación de recibir ese paquetito envuelto que, ya sin necesidad de abrirlo, por su forma y tamaño, nos hace intuir que encierra un montón de horas de plácida lectura y descubrimiento de nuevos mundos y personajes. Aunque con el mundo digital en el que nos encontramos inmersos, eso del libro en papel ya no va siendo tan habitual y ahora estos regalos nos llegan en ocasiones en forma de archivo epub, que no tienen el mismo encanto que el libro encuadernado pero prometen igualmente todo un mundo de emociones y disfrutes.

Pues este año me ha tocado experimentar una nueva sensación, algo totalmente desconocido para mí hasta ahora, ya que es la primera vez que me ocurre: resulta que he recibido una novela enviada a mi atención directamente por el propio autor. Lo cierto es que para mí ha sido un inmenso honor el que un escritor me haya elegido, no en exclusiva, ya lo sé, entre los cientos de blogueros existentes en el ciberespacio para hacerme llegar su libro y solicitarme que lo lea y lo comente. Menuda responsabilidad, ¿verdad? Pues no puedo más que expresar mi agradecimiento a Iván Hernández por la confianza depositada en mí al hacerme llegar este libro y le deseo que tenga una larga e intensa producción literaria de la que siempre me sentiré parte de alguna manera, pues tal vez los hados del destino y las complejas circunstancias del mundo editorial le sean propicias y algún día, cuando sea un autor de renombre podré decir que me envió su novela “La protegida Wittman” directamente y que tuve el placer de poderla comentar en mi blog.

Y paso ahora al comentario de la novela propiamente dicho, que para eso estamos aquí. Tengo que empezar diciendo que no soy, en absoluto, aficionada al género fantástico, por lo que mi opinión sobre esta novela no puede evitar estar cargada de esa escasa atracción hacia lo que se aleja de la narrativa más “realista” pero lo que haré será anotar ese hecho en la lista de mis propios defectos, no en los de la novela, porque no sería justo que, por no ser aficionada al género mi comentario fuera negativo. Lo cierto, y eso no lo puedo negar, es que Iván Hernández ha producido una novela que resulta, cuanto menos, peculiar por el hecho de que mezcla acertadamente el mundo fantástico con la realidad más actual de hoy día, el relato pone en el mismo plano a los personajes de misterioso origen y desconocidos poderes con los hechos extraídos de la más rabiosa actualidad como son el tema de los ataques de piratas en el océano Índico o a las luchas de las empresas farmacéuticas por acaparar mercados o los manejos de los partidos políticos para conseguir el voto de los electores.

Supongo que alguna otra reseña sobre esta novela se podría centrar en los aspectos más fantásticos del origen de Minerva, la protagonista, de la razón de su misteriosa aparición a bordo de un barco que ha sido secuestrado por unos crueles piratas y de la manera en que descubre el poder heredado de sus antepasados, su brillantísima inteligencia fuera de lo común, de la que podría servirse para restaurar la salud de los suyos e incluso hacer algo en favor del mundo en su totalidad. Pero yo me centraré en la parte que más me ha atraído de la novela y ha sido el tratamiento de la historia de Minerva como una persona que “aterriza” en un mundo que le es del todo ajeno. Una vez liberada del secuestro se crea una nueva identidad y declara no recordar nada de su vida previa a ser hallada en mitad del mar y al no ser reclamada por ningún familiar ni persona conocida, a pesar de convertirse en el centro de la atención mediática por su misteriosa aparición y desconocido origen, Minerva se ve acogida por la propietaria de la empresa farmacéutica Xecoline, la señora Wittman, que la aloja en su mansión británica y la incluye entre el personal dedicado a la investigación de una extraña enfermedad que está arrasando África y amenaza a la totalidad de la población mundial. Los medios de comunicación la empiezan a conocer como “la protegida Witman” y siguen sus pasos con interés. A cargo de su trabajo en el laboratorio estará el frío y atractivo Peter Badge, responsable de la empresa y persona ante la cual la joven debe responder. Sin embargo Minerva no tardará en hacer buenas migas con un grupo de compañeros jóvenes del trabajo, becarios o empleados en condiciones más modestas que ella, pero con los que logra conectar más que con su estirado jefe y la señora Witman que se supone que deberían conformar su círculo social. La historia que se cuenta es altamente original, en especial por la manera de mezclar los planos de realidad y fantasía, además de los temas que se tratan en la parte “realista” de la novela que son totalmente actuales, los personajes que parecen estar sacados de cualquier empresa real, son muy frescos y la acción es muy dinámica, los periodistas y el acoso de la prensa rosa, los políticos y sus manejos, los jóvenes de escasos medios que buscan diversión, las relaciones sentimentales que se crean, todo está muy bien contado y es muy creíble.

Y por lo que se refiere al aspecto más fantástico de la historia diré que el autor ha creado todo un mundo original, algo que podría definir como ciencia ficción poética porque el tono con el que se expresa el autor cuando nos presenta el lugar del que procede Minerva y los años que pasa al cuidado de su abuelo hasta su llegada al mundo está cargado de magia, de fuerzas misteriosas y de personajes llenos de fantasía. Un libro, por tanto, que recomendaría especialmente a los que les gusta conocer otros mundos aunque a veces estos no estén muy lejos de la realidad. En eso consiste este realismo fantástico que ha creado Iván Hernández.