Al mismo tiempo, regresa al pueblo Diego Castillo, periodista que acaba de ser despedido del periódico donde trabajaba en Barcelona al tiempo que acababa de salir de una larga relación sentimental, por lo que vuelve a casa de sus padres a recuperarse de tantos fracasos acumulados últimamente y a replantearse su vida personal y profesional.
Esta es una de esas novelas en las que el escenario tiene un gran peso como elemento narrativo y determina de manera fundamental la trama. Almansa es un pueblo grande pero donde todos se conocen, «Los buenos almanseños como su madre podían balancearse de liana en liana por el árbol genealógico de cualquier vecino del pueblo con solo unas pocas señas.» Nadie escapa allí del escrutinio de sus vecinos, de las envidias y comentarios, todos conocen las luces y las sombras de los demás. Igualmente, cobran gran protagonismo los miembros más jóvenes de la comunidad, los adolescentes como la chica desaparecida entre los que se encuentran jóvenes problemáticos, relaciones familiares complicadas, amoríos y amistades que se tejen y se destejen y como fondo una oscura trama que la capitán Ortega terminará por desmantelar.
La lectura cuenta con un muy buen ritmo de thriller policiaco donde vamos siguiendo los distintos pasos de la investigación al tiempo que vamos conociendo el pasado, no sólo de la chica desaparecida y su entorno, sino que también descubrimos el complicado pasado de las hermanas Villaescusa Ortega, así como el drama personal que arrastra Alma, las pérdidas sufridas y su intento por recomponer las relaciones familiares. Las narración se articula a través de diálogos realistas y escenas vibrantes y a pesar de que le he encontrado un ligero bache en el interés cuando se aproximaba el final del libro, la novela culmina con un desenlace bien resuelto donde todas las tramas quedan rematadas.

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