El argumento gira en torno a Adriana Fernández, joven madre de dos hijos que vive por y para las redes sociales: varias fotos diarias en Instagram, directos, interacción con sus seguidores, colaboraciones con marcas ... Pero no sólo ella vive volcada en las redes sino que sus hijos también han aparecido en publicidad, son estrellas de Tiktok e Instagram, ya que desde bien pequeños ella misma se ha encargado de llevarlos a castings, hacerles fotos y compartirlas en redes. Judith ya tiene quince años y está sometida a una enorme presión por no coger ni un kilo de más y dar siempre una imagen perfecta de cara a sus apariciones públicas y Lucas con tres años es imagen de las galletas Sweet Bunny es el niño más famoso de España, en palabras de su propia madre así que cuando una tarde el niño desaparece de su casa en un momento de descuido por parte de Adriana, esta no tiene ninguna duda de que ha sido secuestrado. El caso se le asigna a la teniente de la Guardia Civil Candela Rodríguez, un personaje sobre el cual fácilmente adivinamos que arrastra una terrible tragedia personal que no será desvelada hasta bien avanzada la novela.
La trama corre pegadísima a la actualidad de manera que, junto con unos temas que son casi eternos como la tiranía de la imagen, el sometimiento a las opiniones ajenas o la propia autoestima, se tratan otros asuntos que pertenecen al presente más actual como son la explotación de los menores en los medios, el sharenting, la superexposición en redes sociales y la práctica ausencia de privacidad, la reputación digital o la prevalencia del mundo virtual sobre el real. Con un estilo muy fluido, nos encontramos ante una narración rápida, compuesta a base de capítulos breves que arrastran al lector a pasar las páginas velozmente hasta alcanzar la resolución del caso. Algunas escenas y episodios que se cuentan pueden resultar de lo más escabrosas pero muestran el lado menos amable del mundo ideal que tratan de mostrar habitualmente las redes sociales.