sábado, 4 de enero de 2014

Operación Dulce

Comenzaré el comentario de esta  "Operación Dulce" del novelista británico Ian McEwan, por el final, esto es, diciendo que, en conjunto, me ha gustado la novela, a pesar de que en algunos momentos de su lectura he dudado de si esto era así y debo reconocer que en más de un pasaje me aburrí soberanamente con los detalles y pormenores de las actividades de los servicios de inteligencia y sus secretas misiones en plena época de la guerra fría y con los asuntos de política doméstica británica que se cuentan. Y recalco que me ha gustado la novela porque auguro que esta crónica va a presentar una impresión negativa del libro, pero centrándome en lo que realmente importa que es la historia que se cuenta, esta tiene su interés, que para mi gusto se incrementa según avanza la trama y si bien el final es de esos que esconden truco, cosa que sé que no a todos los lectores les tendrá que hacer gracia necesariamente, yo reconozco que me ha gustado la resolución de la historia y la forma en que los personajes acaban colocados cada uno en su sitio. Además de que está muy bien contada, como no podía ser menos tratándose de Ian McEwan. El problema está, a mi entender, en que no es una historia positiva, es más bien sombría, a pesar del humor con el que se cuenta en muchos momentos, o tal vez precisamente por ello, porque es un humor muy al estilo británico, negro y capaz de reirse de sí mismo, de su propia idiosincrasia, pero no hay duda de que la historia está muy bien planteada y tal vez en eso precisamente recaiga el gran mérito del libro, en transmitir tan magníficamente esa sensación de desilusión y desencanto características de una época y una sociedad concreta.

El argumento de la novela se centra en la joven Serena Frome, una estudiante británica que en los años sesenta se debate entre desprenderse de la herencia de su educación familiar como hija de un obispo anglicano y optar por asumir las nuevas tendencias que la sociedad cambiante de la época le pone ante los ojos, que tampoco le atraen demasiado. Estudiante de Matemáticas en la universidad de Cambridge, a pesar de su gusto por la literatura, Serena busca su camino en la vida, desea encontrar un trabajo seguro y convertirse en una mujer independiente y autónoma, una mujer de su tiempo. Y eso que el tiempo en que le toca vivir no es de lo más tranquilo: los últimos coletazos del mundo hippy, la ilusión utópica que ofrece el comunismo, el amor libre y el derrocamiento de las tradiciones seculares son elementos que han venido a cambiar el aspecto y la mentalidad de la sociedad británica y mundial. En este ambiente es donde la joven Serena es captada para trabajar en el servicio de inteligencia, el MI5, en un trabajo que no es en absoluto emocionante ni interesante como pudiera parecer, sino más bien una sucesión de tareas burocráticas y aburridas en un mundo en el que las mujeres no terminan de ser bien vistas, sólo como trabajadoras de segunda categoría.

Tras varios meses se le ofrece a la joven la posibilidad de entrar a formar parte de una misión en la que tendrá que captar y financiar a escritores que sean afines al ideario conservador, claramente anticomunistas y que reflejen todo esto en sus obras y escritos que sirvan, incluso sin ellos saberlo, de propaganda para luchar contra las influencias soviéticas en la sociedad occidental. Aquí comienza una parte de la novela en la que en ocasiones se me hizo pesada la lectura, debido a la introducción de relatos completos del autor captado para la misión, el joven y prometedor Tom Haley, con el que Serena tendrá una relación sentimental, a pesar de tener que ocultarle que forma parte del MI5. Y lo cierto es que los relatos son bastante bueno, pero, en mi opinión, ralentizan el ritmo de la novela. Pero en este hecho de entrelazarse la trama principal con los relatos, esta confusión entre la realidad y lo ficticio, esta interpretación del mundo a través de lo literario, en ello resulta finalmente que está gran parte del interés de la novela, aunque cuesta algo llegar a hacerse con el tono apropiado para llegar a disfrutarlo.

El libro no es lo que se suele esperar comúnmente de una novela de espías, ya he comentado lo anodino que resulta el trabajo diario de la agente Frome y no tiene nada de novela trepidante ni mucho menos. Si por algo destacaría la novela más bien es por su aspecto realista, por su capacidad de presentar un retrato de la sociedad de los años sesenta y primeros setenta en medio de la terrible crisis económica y social de esos tiempos en Inglaterra y todo el mundo occidental, el desempleo, las protestas de los sindicatos, la imparable escalada del precio del petróleo, los paros de los mineros, toda esa conflictividad social enfrentada a los aspectos más tradicionales del mundo académico, de las clases favorecidas para las que los nuevos tiempos no han traído nada positivo, esos mundos separados que coexisten dentro del mismo país, los padres conservadores frente a los hijos que ya no saben en qué creer, por qué luchar, sin un futuro cierto y con la obligación de diseñar nuevos patrones y modelos con los que moverse en la nueva realidad que se les plantea.

Se entiende así que el tono de la novela resulte bastante gris, no solo por el implacable clima británico con su lluvia constante, sino que todos los escenarios se presentan como tristes, sombríos, cargados de humo, de humedad y malos olores, desde la desolada habitación de la protagonista hasta los campos empapados de la campiña inglesa, las tristes oficinas estrechas y mal caldeadas o los bares y pubs de Londres, oscuros y cargados de humo de tabaco. Es, en general, una novela donde no destaca ningún personaje especialmente brillante o positivo, es muy descarnada la visión de la sociedad en todos sus ámbitos, reflejo de esa crisis económica profunda que también lo es moral y política. El humor aparece con frecuencia en la narración pero siempre es ácido y corrosivo, la novela se lee con una sonrisa amarga que no acaba casi nunca en risa, sino que se suele convertir en mueca de desilusión, pero no se puede negar que McEwan sabe reflejar este triste descontento, este ambiente de crisis a todos los niveles, la desorientación de los jóvenes del momento y el ambiente de guerra fría y desencanto político. Una novela que se disfruta más en su forma, gracias a la excelente maestría del autor, que en su fondo que es más amargo y crítico, pero que se salva por el aspecto metaliterario que tal vez sea lo que más alegre al lector cuando llegue a descubrirlo.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Noche de paz

Necesitaba algo así con urgencia: una novelita corta, sencilla, entretenida, con  final feliz y previsible. Tal vez me haya pasado un poco, porque lo cierto es que me he ventilado esta "Noche de paz" de Mary Higgins Clark escasamente en una tarde y una mañana. Inspirada en estas fechas navideñas aproveché las circunstancias para respirar un balón de oxígeno de simplicidad entre lectura y lectura echando mano de esta novela que sabía que cumpliría con las expectativas en ella depositadas, como siempre ocurre con esta autora, pues eso es lo que venía buscando en ella, el estilo elegante y sencillo de la reina de las novelas de misterio con un toque del glamour de la Gran Manzana, una lectura que no me hiciera pensar mucho, puro disfrute lector con poca exigencia mental.

Y es que de vez en cuando conviene desintoxicarse de lecturas densas y con carga emocional por detrás. En esta corta novela nos encontramos con una joven madre que en la noche de Nochebuena pierde a uno de sus hijos pequeños en pleno centro de Nueva York. Su angustia se acrecienta al tener a su marido convaleciente de una gravísima operación. En unas pocas horas se resolverá el asunto gracias al papel de la siempre eficaz y sagaz policía norteamericana y a la ayuda de los buenos ciudadanos que colaborarán en librar a esa madre del sufrimiento en una fecha tan especial como es la Nochebuena.

No se puede decir mucho más de esta novela, ni para bien ni para mal, es de esas obras que nunca serán premiadas ni pasarán a la Historia de la literatura, pero que son necesarias, porque no todo puede ser narrativa trascendental ni grandes personajes, también necesitamos de Mary Higgins y sus misterios domésticos, con los que por unos momentos podemos confiar en que el bien siempre acaba triunfando y los malos terminan sus días en una cárcel de alta seguridad, a menos que logren huir de allí y nos obliguen a volver a sumergirnos en otra apasionante novela policíaca de nuevo. Y estaremos encantados de volver a hacerlo, ¡seguro!

lunes, 23 de diciembre de 2013

Dispara, yo ya estoy muerto

Estoy inmersa últimamente en una racha de lectura ralentizada, dedicada a un montón de tareas manuales, labores y demás asuntos, que me dejan menos hueco para leer y además de dedicarle menos tiempo también leo de forma más lenta, tal vez porque tengo la cabeza y las manos en otras muchas cosas, leo delante del televisor o a horas ya tardías, y encima me "embarco" en una novela como esta de "Dispara, yo ya estoy muerto" de la periodista Julia Navarro que con más de novecientas páginas y una intensa historia en su interior no es, precisamente, un libro para leer deprisa.

Me sorprendió la novela nada más comenzar a leerla: tanto su estilo como el tema abordado me hacía pensar en una novela de origen anglosajón, en alguno de esos best sellers que se venden en todo el mundo y lo mismo llega a un lector inglés que francés o americano y acaban convertido en una película de Hollywood. Se nota el oficio de escribir que ha alcanzado la autora que ya está acostumbrada a contar sus novelas por éxitos. Y debo reconocer que, en principio, el tema central del libro no es algo que me apeteciera plantearme, el (aparentemente eterno e irresoluble) conflicto palestino no es un asunto que me pareciese atractivo a priori, pero debo reconocer que, una vez terminada la novela, me ha servido para acercarme a los dos puntos de vista, tanto al de los judíos como al de los palestinos, entender no sólo el origen histórico de su enfrentamiento sino también sus motivaciones, las razones de ambos lados, sorprenderme con lo que no conocía sobre las relaciones amistosas y pacíficas que hasta hace menos de un siglo mantenían ambas religiones en la zona ahora en disputa y ser capaz de ponerme en la posición de los dos bandos enfrentados y entender, lo que tal vez eso sea lo peor de este conflicto, que los dos tienen razón, sus razones, que ninguno puede ceder ante el otro porque la tierra por la que combaten perteneció a las dos religiones en algún momento y todos la sienten como suya, por lo que, una vez eliminada la única posibilidad lógica que sería la de convivir y compartir el territorio que les es común, difícilmente se podrá lograr otra solución que satisfaga a ambos contendientes. Y es magnífico como la novela logra mantener el equilibrio entre las dos posturas, no hay buenos ni malos, ninguno gana, porque los dos pierden, pero da una magnífica visión de la situación sin apoyar ni a un bando ni al otro.

Pero al margen de las reflexiones históricas y políticas que se desprendan del libro, lo mejor de esta lectura es, sin duda, las historias personales y humanas que en ella se encuentran. Asistimos a las vidas de los personajes, sean las de los judíos de origen palestino o los que llegan huyendo de las persecuciones, los pogromos o el holocausto nazi, como las de los musulmanes que bajo el imperio turco, como antes lo hicieron bajo otros imperios conquistadores, viven en aquellos territorios, todos sintiendo como propia aquellas tierras de Palestina que son su hogar desde generaciones. Lo más destacable que nos cuenta la novela, fuera de los problemas políticos y los conflictos bélicos, son las propias vidas privadas de estos personajes, al margen de las situaciones históricas, de las guerras y las persecuciones, nos encontramos con el relato de unas historias personales, entramos en sus casas, los vemos nacer, casarse, ser felices y sufrir y todo ello lo hacen estrechamente unidos los unos a los otros, tan estrechamente unidos como lo pueden estar aquellos que viven juntos, unidos a unos vecinos, a unos familiares, a unos amigos que, en ocasiones son más cercanos y más queridos que la propia familia, donde nadie es evaluado en función del dios al que reza, sino por su propio valor como persona. Y asistiremos al modo en que esta convivencia forjada a lo largo de años de respeto, ayuda mutua y sincera amistad se rompe cuando la política entra en juego, cuando la lucha por la tierra se antepone a todo. Ni las ideas idealizadas del socialismo según el cual todos los hombres son iguales ni los siglos de pertenencia a una tierra tienen valor ante las decisiones tomadas por los gobiernos internacionales mediante las guerras y las medidas impuestas por la fuerza.

Una historia esta que muestra lo mejor y lo peor del ser humano, la fuerza de la amistad, la importancia de la familia y el respeto por los valores, pero que emociona y enoja por igual, al comprobar qué difícil es en ocasiones eso que sobre el papel parece tan sencillo como es el resolver los problemas mediante el diálogo y la búsqueda del objetivo común que sería alcanzar la paz y la convivencia como ideal de toda sociedad, sea cual sea su religión. Pero eso que tan lógico parece es más difícil de hacer realidad de lo que podíamos imaginar, desgraciadamente.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

La canción de los maoríes

Hace ya como dos años que leí "En el país de la nube blanca", la primera novela de la trilogía de Sarah Lark que transcurre en las lejanas tierras de Nueva Zelanda, y lo cierto es que, aunque me dejó bastante buen sabor de boca, tampoco fue una lectura que me marcara demasiado, por lo que no me había tomado el esfuerzo de continuar con las dos novelas que completaron la serie, porque, por otra parte, raramente me suelo sentir obligada a leer necesariamente las secuelas de los libros, ni siquiera en el caso de que me haya gustado la primera parte. Pero lo cierto es que hace pocas semanas, charlando con unas amigas sobre lecturas varias, dos de ellas me insistieron en que retomara la serie, que a ellas les habían encantado las siguientes entregas, razón por la cual me decidí a reengancharme con esta segunda parte de la trilogía, "La canción de los maoríes" por ver si realmente valía tanto la pena.

Debo decir que al principio me costó un poco retomar el hilo de los personajes. Si bien la novela se puede leer perfectamente por separado de la anterior, al haber leído la historia previa, aunque hubiera pasado ya bastante tiempo, preferí hacer el esfuerzo de recordar quién era quién en la trama, rememorar los principales hechos de la novela anterior, refrescar la información archivada en mi cabeza y situarme así en perspectiva para afrontar las nuevas peripecias de los (casi mejor decir "de las") protagonistas de la historia. En este caso, también en la trama han pasado igualmente algunos años desde los hechos descritos en la novela previa y ahora son las nietas de aquellas protagonistas que conocimos a su llegada a la isla, Gwyneira y Helen, las que toman el puesto de primacía en la narración. Kura y Lainie son primas pero no se parecen demasiado: Kura es hija de una nativa maorí y del heredero de la gran finca de cría de ovejas de Kiward Station, aunque su futuro apunta a quedar al mando de las tierras y el negocio de la lana, ella tiene otras expectativas, más relacionadas con triunfar en la ópera y convertirse en una gran diva, a ser posible en Londres; su exótica y arrebatadora belleza la convierte en el foco de atención, allá donde va. Lainie, por su parte, es la discreta nieta de las anteriores protagonistas, pero su vida es más sencilla, ayudando en los negocios familiares en la ciudad y soñando con encontrar un marido bueno con el que casarse y formar una familia feliz.

Sin embargo, ninguna de las dos protagonistas verán realizarse sus sueños en un principio. Muy al contrario, ambas padecerán al ver sus planes saltar por los aires y tendrán que huir de sus casas y alejarse por distintos motivos de sus familias y llevar adelante una vida que poco se parecerá a lo que en un principio tenían planeado para su futuro. Las dos primas tomarán caminos separados que acabarán por confluir, pero hasta entonces conoceremos a través de sus vivencias las duras condiciones de vida en las colonias neozelandesas de principìos del siglo XX, donde ambas tendrán que hacerse a una nueva vida rodeadas de hombres duros que se juegan la vida en las inseguras minas de carbón, que conviven con los animales en las inmensas granjas de ganado y conoceremos como la agreste colonia va poco a poco desarrollándose, fundándose ciudades que comienzan a crecer y a prosperar a base de trabajo duro en pésimas condiciones,  cómo se van forjando grandes fortunas entre los industriales y los ganaderos y al mismo tiempo nos acercamos a la forma en que los nativos logran conservar sus tradiciones ancestrales a la vez que se integran en la nueva sociedad que les rodea.

La novela se lee con fluidez, ya que la narración es ágil y sencilla, los personajes, aunque no demasiado complejos, están bien dibujados, siendo fácilmente identificables los caracteres positivos y los negativos y la trama, aunque resulta bastante previsible, se sigue con agrado ya que combina bien las escenas, se mantiene el ritmo y el equilibrio entre las historias de las dos primas y en general es una novela bastante rápida, a pesar de su extensión. No es una obra maestra en absoluto pero sí que se acaba cogiendo cariño a sus personajes, por lo que no creo que tarde mucho en continuar por la tercera y última entrega de la serie y no me quedaré sin saber qué es lo que le depara el futuro a estas familias y en qué acaban sus agitadas vidas en las inhóspitas y lejanas tierras de Nueva Zelanda.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El sueño de la ciudad

Nuevamente emprendo el comentario de una novela cuya acción transcurre en Barcelona, ciudad que compruebo que últimamente es un escenario recurrente en mis lecturas, por pura casualidad en realidad, no es que sea un elemento que yo persiga expresamente, pero es bien cierto que la historia y las peculiaridades de esta ciudad, así como sus obras monumentales y sus personajes destacados tienen mucha materia novelable y parecen dar mucho de sí, como lo demuestra el hecho de que la ciudad protagonice tantas obras de ficción en los últimos tiempos. En este caso la novela se titula "El sueño de la ciudad" y su autor Andrés Vidal. Se trata de una novela con transfondo histórico que transcurre en los primeros años del siglo XX, en una Barcelona que ve transformarse completamente su fisonomía, que rompe con sus antiguos límites y murallas y se expande en todas las direcciones, dando paso a nuevos barrios donde la burguesía comienza a construir impresionantes mansiones en el nuevo estilo de moda: el imaginativo Modernismo, y en cuyo centro vital destaca la magnífica construcción de la Sagrada Familia, el gran sueño del genial Antonio Gaudí, que se convierte en seguida en el símbolo que identifica a toda la ciudad.

En lo que se refiere a la trama propiamente dicha de la novela, esta se centra en dos personajes: por un lado Dimas Navarro, un joven trabajador, hijo de un empleado del tranvía, que sueña con alcanzar fortuna y reconocimiento que lo sitúe al nivel de la rica burguesía barcelonesa que vive una época de brillo sin par, gracias a la creciente actividad comercial y mercantil que genera enormes fortunas a la sombra de la I Guerra Mundial, de la que España ha quedado al margen. Estas grandes promesas de éxito futuro son las que guían a Dimas en su sueño de ascender social y económicamente. En principio su trabajo se limita a servir de hombre para todo de Ferrán Jufresa, primogénito de una familia de joyeros que trata de ampliar los negocios familiares, no siempre de manera totalmente limpia ni lícita.

La segunda protagonista es Laura Jufesa, hermana del citado Ferrán. La joven es la más artística de los cuatro hermanos Jufresa. Dedicada al diseño de joyas en el obrador de la empresa familiar, tras una temporada de aprendizaje en Roma, colabora además en el taller de esculturas de las obras de la Sagrada Familia, donde trabaja cerca del gran genio Gaudí. Los dos protagonistas, aparentemente muy distintos y necesariamente distanciados por las diferencias de clase y nivel económico que los separa, acabarán enamorándose, como suele ocurrir en tantas novelas, y tendrán que superar distintos obstáculos hasta ver triunfar su relación.

La historia romántica que centra la novela (¿qué le voy a hacer? yo soy así de poco sensible), no es lo que más me ha gustado del libro. En cualquier caso, esto no es extraño en mí, que tengo cierta animadversión hacia estas historias de amor imposible entre miembros de distintas clases sociales que parecen incapaces de salir adelante, pero que cualquier lector medianamente avispado adivina desde el momento en que nos presentan a los protagonistas, cada uno por su lado y tan distantes el uno de otro como es posible situarlos en un principio, adivinas enseguida, digo, que van a acabar culminando su historia de amor, a pesar de todo lo que se les ponga por delante.

Así que, dejando esa faceta anti-romántica mía un poco de lado, sí que incidiré en el aspecto de novela histórica y de cuadro costumbrista de esta obra. Me ha gustado y mucho la forma en que se muestra la ciudad de Barcelona, sus barrios y calles, las antiguas callejuelas de origen medieval y las más modernas avenidas, sus distintos ambientes, los barrios obreros y los salones de la alta sociedad, el mundo de los teatros y de las grandes empresas familiares, el crecimiento urbano y la lucha por los derechos de las clases trabajadoras. Verdaderamente el autor dibuja un paisaje vivamente atractivo y muy detallado de toda una sociedad en un momento concreto de la Historia  en el que apetece adentrarse y que nos permite sumergirnos por un rato en una ciudad apasionante, cambiante y a la vez tradicional y en constante búsqueda del crecimiento económico y del progreso social.

Ganas le entran a una de hacer una escapada a Barcelona después de leer la novela y observar en vivo todos los escenarios por los que nos hemos paseado durante esta lectura: contemplar las obras de la todavía inacabada Sagrada Familia y revivir los pasos de los personajes de la ficción sobre la auténtica ciudad, y esto siempre es algo de agradecer a una novela, ¿verdad?

lunes, 28 de octubre de 2013

El pantano de las mariposas

El comienzo de esta novela del escritor argentino Federico Axat,  "El pantano de las mariposas" es de los que te enganchan fácilmente, tiene ritmo, es inquietante y con un punto de misterio, con lo que te da paso a una historia sobre la que deseas saber qué es lo que va a ocurrir a continuación. Si bien en las siguientes páginas me costó un poco ubicar la acción, tanto geográfica como temporalmente, la historia de Sam Jackson es verdaderamente atractiva.

Desde el momento en que perdió a su madre, Sam vive en la granja de los Carroll junto con otra decena de niños acogidos por ese generoso, aunque estricto, matrimonio. Entre estos niños los hay de las más variadas edades, unos más adaptados a su nueva familia que otros, algunos con un pasado de plagado de horfanatos y familias desestructuradas, pero todos bien atendidos bajo la férrea disciplina de los Carroll. Sam es relativalmente feliz, apenas recuerda a su madre más que levemente y se dedica, a sus doce años, a disfrutar de las diversiones habituales en los niños de su edad durante el largo verano de 1985. Junto con su amigo Billy, un chico ingenioso y decidido, recorren en bicicleta los alrededores de la pequeña población de Carnival Falls, perdiéndose en sus bosques y disfrutando de la libertad que proporcionan las interminables vacaciones. Pronto aparecerá en escena Miranda Matheson, una niña de su misma edad que constituye la novedad en el pueblo al mudarse a la gran mansión de la calle Maple. Los tres chicos protagonizan una historia de amistad infantil, en el límite de la adolescencia, con el descubrimiento del primer amor y compartiendo unas experiencias que los marcarán para siempre. Todo lo relativo a este aspecto de la novela me ha resultado entretenido y bien tratado, me gusta como los protagonistas emplean el ingenio y la camaradería y se apoyan unos a otros para resolver sus problemas, imponiendo valores y actitudes positivos frente a los personajes negativos que aparecen en el relato.

Otro tema destacado en el libro es el asunto del avistamiento de naves extraterrestres en la zona, que parece un elemento menor al principio de la historia, una anécdota más de la que hablar en medio de la rutinaria vida de una pequeña localidad, pero al avanzar la novela va cobrando más peso en el argumento, involucrando a los protagonistas de manera ineludible. Tal vez sea esta faceta más fantasiosa la que menos me ha gustado de la novela, ya que tampoco termina de convertirse en el asunto fundamental y no está equilibrada con el tono general de la historia.

Y no puedo obviar, por supuesto, porque es un elemento esencial de la novela, el giro absoluto que da la historia, no ya al final, sino en la última página del libro. Con un levísimo gesto, apenas unas palabras que podrían pasar desapercibidas, el autor nos pone delante de los ojos una información fundamental que hasta entonces no habíamos visto y que nos hace plantearnos absolutamente toda la esencia del libro que acabamos de leer, verlo todo desde una perspectiva diferente. Yo me quedé con la boca abierta durante un buen rato, mientras rebobinaba a gran velocidad en mi mente toda la historia que acababa de terminar y volvía a analizar cada escena, cada personaje y todas sus relaciones y reacciones a la búsqueda de alguna pista que hubiera podido estar ahí y yo hubiera pasado por alto. Y aún ahora me puedo parar a pensar en ello y me imagino al autor riéndose a solas, pensando en cómo sus lectores reaccionarán ante ese magnífico truco final. Genial, sin duda.

martes, 22 de octubre de 2013

Donde se alzan los tronos

No dejo nunca de sorprenderme con las enormes posibilidades del género de la novela histórica que dispone de una cantidad inmensa, casi interminable, de personajes, épocas, acontecimientos y sucesos que es posible descubrir, conocer y revivir gracias a la destreza de los autores que optan por buscar su fuente de inspiración en los sucesos del pasado y traerlos a nuestro conocimiento en forma novelada, proporcionándonos de ese modo una experiencia lectora que aúna sin esfuerzo aparente entretenimiento con aprendizaje de la Historia. Siempre existe una anécdota olvidada, un personaje por descubrir, una versión diferente de un hecho conocido que puede convertirse en objeto de un relato. Todo esto ocurre con Ángeles Caso y su novela "Donde se alzan los tronos", que nos transporta por completo al siglo XVIII y a los avatares políticos franceses y españoles de aquella época.

El argumento de la novela se desarrolla entre los reinados del último rey español de la dinastía de los Austrias, Carlos II "El Hechizado" y su sucesor, el duque de Anjou, primer Borbón que reinaría en España con el nombre de Felipe V, bajo el control férreo de su abuelo Luis XIV, el famoso "Rey Sol" de Francia. Los sucesos históricos de esta época llena de luchas de poder, inciertas negociaciones, conjuras y traiciones, cambios sociales y políticos, tienen a una mujer en el mismísimo centro de todos los conflictos, la famosa Princesa de los Ursinos. Mariana de la Trémoille es enviada a España como Camarera Mayor de la nueva reina, Maria Luisa Gabriela de Saboya, a la que orientará y formará como reina y como esposa, dada la poca edad y experiencia de la joven y sobre la que influirá de manera decisiva, al igual que sobre el rey, que confiará ciegamente en su criterio en los más variados asuntos, de modo que la Princesa alcanzará un enorme poder en la Corte española, al tiempo que se ganará un buen número de enemigos, siempre envidiosos de cualquiera que alcance altas cotas de poder cerca del monarca.

La novela retrata vivamente los contrastes entre el lujo esplendoroso de la Corte de Versalles de la cual procede el nuevo monarca español y la triste, apagada y ultrarreligiosa sociedad española que se encuentran al llegar al lóbrego Alcázar, donde los Grandes del reino temen perder sus privilegios a manos de los nuevos amigos del rey venido del extranjero, que debe combatir al mismo tiempo con el pretendiente a su trono, el Archiduque Carlos, heredero de la rama austriaca de los anteriores reyes de España y además, sin romper con sus vínculos familiares con Francia, habituarse necesariamente a las nuevas costumbres y usos del recién adquirido reino y darse a conocer y hacerse de querer por sus súbditos de los que desconoce casi todo.

Por todo ello, la novela resulta sumamente atractiva e interesante, retrata muy bien la época y a sus protagonistas y nos acerca a un apasionante momento histórico de una forma muy didáctica sin olvidar por ello las mejores formas de la narración novelada, ya que la prosa es ligera, las descripciones de lugares y personajes son muy vivas y el relato se hace ágil y fácil de seguir a pesar de su estricto y documentado rigor histórico. Una excelente manera de seguir conociendo nuestro pasado de forma entretenida.