martes, 22 de marzo de 2011

Cuéntame un cuento 2. El árbol de los deseos

Me parece todo un lujo poder incluir en una sección de recomendaciones de lecturas infantiles la obra de todo un premio Nobel. La cosa verdaderamente tiene su mérito, a ver si alguien se atreve a pensar que los niños no pueden leer libros del más alto nivel literario. Este es el caso de “El Árbol de los Deseos” el único cuento para niños que escribió William Faulkner, ambientado en el sur de los Estados Unidos, como es habitual en este autor norteamericano que en esta ocasión deja de lado el drama psicológico habitual en sus creaciones para el público adulto para recrear un fabuloso viaje imaginario que lleva a la pequeña Dulcie, guiada por el extraño Maurice y en compañía de su hermano Dick, su vecino George y su doncella Alice a descubrir el fantástico árbol de los deseos, gracias al cual todo se puede cumplir, aunque pronto descubrirán que hay que tener cuidado con lo que se desea...

Me parece que este cuento entra perfectamente en la categoría de “Cuéntame un cuento” debido, en principio a su breve extensión que permite contarlo en unos pocos días, no se trata de una novela larga sino de un cuento. Es además pura imaginación, pura inocencia y tiene hasta moraleja, ¿qué hay más clásico en un cuento que todo eso? Empezando por la sencilla dedicatoria del autor, el libro está dirigido precisamente para niños de la edad de Victoria:
Bill, que hizo este libro para su querida amiga Victoria en su octavo cumpleaños
Desde el mismo punto de partida de la historia se da por supuesto que todo es posible, una vez que se entra en el mundo de la magia, siempre y cuando en la víspera de tu cumpleaños cumplas con un sencillo ritual:

Y si la noche de antes (...), te acuestas con el pie izquierdo por delante y le das la vuelta a la almohada antes de dormirte, puede suceder cualquier cosa.

Y eso fue exactamente lo que hizo Dulcie y, a partir de ahí, el resto de la historia y las aventuras que corrieron estos amigos tendréis que descubrirlas cada uno de vosotros en compañía de vuestros niños. Espero que la disfrutéis.

viernes, 11 de marzo de 2011

Nueva York

Creo que he comentado en ocasiones que una de las cosas que más me atrae de la lectura es que me permita viajar en el tiempo y en el espacio, ¡es tan satisfactorio poner a volar la imaginación y seguir el rumbo que marcan las historias que lees y hacer que te lleven a lugares lejanos o tiempos antiguos...! De ahí mi afición a la novela histórica. Y si todo esto, además, hace que te sitúes durante unos días en una de las más apasionantes ciudades del mundo, como es Nueva York, pues ya no hay más que pedir: ¡ese libro me conquista seguro!

Edward Rutherfurd es un escritor del que ya leí hace tiempo su novela “London” que sigue el mismo esquema que esta que ahora comento solo que, lógicamente, referida a la ciudad de Londres. En “Nueva York” realiza una completa crónica de la historia de la ciudad desde sus orígenes holandeses bajo la autoridad británica donde los indios nativos aún ocupaban la península de Manhattan, pasa por la Independencia, la Guerra Civil, los años de las guerras mundiales y la crisis bursátil, hasta llegar al presente más actual que culmina con la caída de las Torres Gemelas. El hilo conductor de todo el relato se estructura en torno a las vidas de una serie de familias cuyos destinos se van entrecruzando a través de los siglos y reflejan fielmente los distintos grupos sociales, los distintos orígenes culturales, étnicos y religiosos que han ido confluyendo en Nueva York a lo largo de su historia y han convertido a esta la ciudad el centro del mundo que conocemos en la actualidad, donde todo es posible, todo se puede encontrar y conseguir.
No hay apenas nada que uno no pueda encontrar en Nueva York
Los miembros de la alta sociedad comparten espacio con los inmigrantes irlandeses e italianos, los albañiles que construyen los grandes rascacielos, las oficinistas que dan los primeros pasos hacia la liberación femenina, los artistas y músicos de jazz, los gángsters y los tiburones de las finanzas... todos pasan por estas páginas codeándose constantemente con personajes históricos reales que constituyeron piezas fundamentales para el avance de la ciudad, como pueden ser George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln, los Astors, Vanderbilts , J.P. Morgan, alcaldes como La Guardia o Rudy Giuliani.

Aunque no estaba muy seguro, Master tenía la impresión de que el edificio Chrysler acababa de superar a la propia torre Eiffel.
Por otra parte, sería algo muy adecuado. Nueva York era el centro del mundo. La Bolsa estaba en pleno auge. Los rascacielos crecían por doquier. Aquél era el espíritu de la época.

La novela tiene un estilo y una ambientación que hace que te sientas trasladado al momento histórico que describe, recrea el crecimiento de la ciudad, la construcción de los grandes edificios, la vida en los diferentes barrios, su organización por nacionalidades, la configuración del mapa humano de los millones de personas que recorren y viven en sus calles. Se aprecia en la lectura la pasión del autor por la ciudad, su concepción de Nueva York como centro del mundo financiero y económico, en sustitución de la antigua supremacía europea, se refleja el orgullo de los norteamericanos de ser una nación que luchó por su libertad y que tiene como objetivo que cualquier ciudadano encuentre la felicidad en su seno, ese ideal que constituye el centro del American Way of Life, tan bonito de enunciar y tan difícil de alcanzar, pero el autor refleja bien este espíritu, más destacable aun teniendo en cuenta que se trata de un escritor británico, nadie lo diría.

Lo cierto es que cuando paseas por las calles de la Gran Manzana y levantas los ojos a lo alto de los rascacielos sientes algo similar a lo que debieron sentir los ciudadanos medievales al entrar en las catedrales góticas: te das cuenta de que Nueva York no es sólo una ciudad grande, sino también una gran ciudad creada por hombres, necesariamente, con grandes aspiraciones y capacidades y entiendes por qué se dice que allí todo es posible. ¿Dónde si no?

lunes, 7 de marzo de 2011

Cuéntame un cuento 1. El Principito

Los que tenemos hijos, y supongo que también los que no los tienen, sabemos lo importante que es para la formación integral de los niños el hábito de contarles cuentos antes de irse a dormir. Este acto cotidiano encierra una multitud de aspectos beneficiosos en los ámbitos afectivos y de comunicación padres-hijos pero destacaría aquí uno que considero fundamental para los asuntos que se suelen tratar en este blog: el despertar temprano del amor por la lectura.

En su más tierna infancia el hecho de leer un cuento a nuestros hijos abre sus mentes al inmenso mundo de la imaginación, les introducimos en escenarios fantásticos, les mostramos otras realidades y les facilitamos ese acercamiento amoroso al texto escrito que pronto estarán deseosos de poder descifrar por sí mismos.

Pero incluso cuando ya son capaces de leer sin problemas, qué sensación tan placentera la de dejarse arrastrar en brazos del sueño al tiempo que escuchamos cómo nos cuentan un relato fabuloso, divertido, misterioso ... porque incluso a los niños que ya tienen diez o doce años les gusta de vez en cuando que les cuenten cuentos.

Pero claro está, llega un momento en que los clásicos (que son magníficos en su mayoría, no lo pongo en duda en ningún momento) se nos quedan cortos. A los niños les gustan siempre, no hay discusión sobre esto, las brujas, las princesas, los gatos con botas, y los enanos siempre son de su agrado, pero somos los mayores los que a veces tenemos ganas de escucharnos contar otras historias, de disfrutar del propio relato al tiempo que se lo leemos a nuestros niños.

Y esta es la razón por la que me pongo manos a la obra para recomendar algunos libros que yo personalmente he leído a mis hijos y con los que hemos disfrutado todos porque hay obras destinadas a los adultos que son estupendos cuentos infantiles, al igual que hay obras esencialmente infantiles que pueden entusiasmar a los mayores. Espero que disfrutéis todos de estas recomendaciones que trataré de ir exponiendo en distintas entradas.

Para empezar quería recomendar un auténtico clásico que me ha encantado desde siempre: El Principito de Antoine de Saint-Exupèry es una obra fundamental, desde mi punto de vista, no tanto como fuente inagotable de citas “new age”, que también, sino por la sencillez en que se expresan los sentimientos, la inocencia del personaje a la hora de enfrentarse con los demás, cómo con un lenguaje sencillo y con simples imágenes se pueden contar cosas tan profundas y tan esenciales y, finalmente pero no por ello menos importante, lo bello del cuento en sí, del fabuloso viaje por la galaxia que culmina en algo tan simple como la búsqueda de un verdadero amigo. Contribuyen necesariamente a la belleza de la obra las ilustraciones originales de autor que son elemento inseparable del texto y recrea ese mundo tan fantástico.

Si sois de los que disfrutaron leyendo este libro en vuestra juventud y estáis convencidos de que “lo esencial es invisible a los ojos”, si descubristeis con él qué era un baobab o cómo adiestrar a un zorro, no dudéis en releérselo a vuestros niños, ya que es uno de los imprescindibles en cualquier biblioteca infantil y juvenil.

lunes, 28 de febrero de 2011

Los gritos del pasado

Esta quincena está siendo claramente policíaca, dado que a mi última reseña sobre “La Estrategia del Agua” de Lorenzo Silva le sigue esta de “Los Gritos del Pasado” de Camilla Läckberg, otra serie de investigación policial como aquella, esta vez con acento nórdico, y de la que ya he comentado otros dos libros anteriormente.

Poco más debería añadir aquí con respecto a las novelas de Camila Lackberg de lo que ya he escrito con anterioridad. Esta segunda entrega de la serie (aunque sea la tercera que leo, al haber comenzado por “Las hijas de frío” antes de atacar “La princesa de hielo”) continúa, básicamente, con los mismos personajes. Esta vez encontramos al policía Patrik Hedström debatiéndose entre la resolución de unos misteriosos asesinatos en la ya famosa localidad de Fjällbacka en pleno y, sorprendentemente, calurosísimo verano y sus asuntos personales que en esta ocasión nos presentan a su compañera Erica a punto de dar a luz de su primer hijo y tratando de sobrellevar las altas temperaturas y a los diversos invitados que se le plantan en casa dispuestos a disfrutar de gorra de unas vacaciones estivales, al tiempo que apoya a Patrik en su complejo caso, ya que éste se complican cuando los sucesos actuales se entremezclan con otras desapariciones sucedidas veinte años antes en la misma localidad.

El resto de personajes, tanto los miembros de la comisaría como los distintos implicados en los casos investigados siguen estando, a mi parecer, bastante bien retratados, como en entregas anteriores. Algunos personajes colaterales, como Anna, la hermana de Erica, entran y salen de escena pero no por ello se pierde el hilo argumental de su historia paralela, que continuará en los libros siguientes.

La novela se lee con agrado e incluso diría que la narración consigue en ocasiones un ritmo bastante acelerado que engancha al lector cuando los distintos cabos de la historia están a punto de unirse para dar lugar al desenlace y resolución de los distintos misterios. Camila Lackberg vuelve en este caso a narrar una historia que se desarrolla en dos espacios temporales distintos y que transcurren independientemente a lo largo de la historia para culminar con un final común. Ya ha probado su habilidad para este tipo de relato con anterioridad y espero que tenga el mismo resultado en la cuarta entrega que, ¿cómo no?, estará pronto lista para su lectura.

lunes, 21 de febrero de 2011

La estrategia del agua

Siempre triunfo cuando de una novela de Lorenzo Silva se trata, bueno, en realidad habría que decir que el que triunfa es el autor, claro; lo cierto es que he leído prácticamente todas sus novelas de la serie de Bevilacqua y no me ha defraudado ninguna, y la experiencia con esta última, “La Estrategia del Agua” no ha sido diferente.

Creo que no sería correcto denominar a esta serie como “novela policíaca” ya que no está protagonizada, exactamente por policías, sino por miembros del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil a los que, me consta, en ningún caso les gusta ser llamados policías, ellos son agentes, no nos confundamos. Tampoco me gustaría, y esto ya es un asunto de apreciación personal, decir que se encuadra en lo que tradicionalmente se denomina “novela negra” ya que, a pesar de los asesinatos y demás delitos de toda índole que pululan por todas y cada una de las novelas y que constituyen el eje central sobre el que pivotan las historias, el tratamiento que se da de ellas no es, desde mi punto de vista, negro, en absoluto. Cierto que se describe el mundo de los delincuentes que pueblan nuestro país con gran detalle mostrando una cantidad, variedad, origen y complejidad de delitos y delincuentes tal que, para los que afortunadamente nos mantenemos alejados de esos ambientes, nos pueden parecer realmente impresionante. Pero en la mirada que brigada Bevilacqua le dirige a esta realidad, detrás de ese aspecto que quiere dar de guardia duro, curtido por la vida y las experiencias, desencantado con todo, quiero adivinar que lo que realmente le ocurre es que él cree en el bien, quiere creer que las personas son capaces de lo mejor, si bien su trabajo cotidiano le lleva a rozarse, precisamente, con lo peor de la sociedad, pero si él hubiera perdido completamente la fe en la condición humana no sufriría tanto, no le daría tantas vueltas a las cosas, no trataría de entender el porqué de ciertos comportamientos. Creo que este Bevilacqua es un personaje grande por lo que tiene de fondo, por ese interés por el género humano y esa esperanza que, muy a su pesar, aún no ha perdido y eso le hace muy humano. Él mismo confesará, acerca de su interés por la investigación de un crimen:

- Ya sabes que a mí lo que me atae es indagar los abismos del alma.

Acompañan en esta ocasión al protagonista su inseparable subordinada, pero a pesar de ello, compañera y colega, Virginia Chamorro cuyo personaje también va creciendo, novela a novela, en madurez, sabiduría y humanidad. En esta ocasión se les añade un novato, el guardia Arnau que también promete como personaje.


No sé cómo superarán el paso del tiempo estas novelas que tan a fondo retratan la sociedad actual española de hoy mismo, si incluso aparece un suceso con una famosa muy famosa que contrata a un matón para dar una paliza a uno que la viene fastidiando y la cazan en unas escuchas policiales, y a mí que esto me suena de haberlo oído en la tele no hace mucho. Con respecto a asuntos tales como la violencia machista y su utilización torticera en los casos de divorcio, la lucha por la custodia de los hijos en las parejas separadas, o la lentitud de la justicia retratan como en una fotografía el estado de las cosas a día de hoy ¿Qué visión se tendrá de estas y otras cuestiones cuando dentro de, por ejemplo, veinte años, alguien coja uno de estos libros y lo relea? ¿Habrá cambiado en algo el estado de las cosas? No lo sé, no lo puedo adivinar, pero me temo que más que cambiar estos problemas habrán evolucionado y no necesariamente hacia su mejora. Quién sabe...

martes, 15 de febrero de 2011

La casa de los amores imposibles

Me ha costado, lo reconozco, fue sólo al principio pero me costó entrar en la prosa poética hasta el extremo de esta novela “La Casa de los Amores Imposibles” de Cristina López Barrio. No es fácil asumir la profusión de figuras poéticas e imágenes fantásticas que conforman un ambiente de realismo mágico con trasfondo castellano, algo así como un Campos de Castilla narrado por Rubén Darío: un mundo de bosques de encinas, cazadores y viejas en toquilla que se contraponen a un frondoso jardín de rosas y madreselvas en perpetua primavera, al recuerdo de la guerra de Cuba con sus aires caribeños y a unas mujeres arrastradas por la pasión y la venganza.

Pero logré superar los primeros días y al poco tiempo ya me sentía cómoda en esta novela plagada de sensualidad, sueños más reales que la realidad, espíritus, tragedia y desamor y no, no es, en absoluto, una novela romántica al uso, es algo más; cuenta la historia de una serie de mujeres que arrastran generación tras generación una maldición que les impide ser felices, que les obliga a padecer mal de amores y a transmitirlo de madres a hijas, en una sucesión de personajes a cuál más fantástico, a cuál más enrevesado y que conviven entre la vida y la muerte envueltas en odios implacables y profundos amores maternales.

No es una novela que recomendaría a todo el mundo, cada uno deberá juzgarla tras haberla leído, le gustará o no, pero seguro que no dejará indiferente a nadie. La experiencia de entrar en el fabuloso el mundo creado por Cristina López Barrio, con su capacidad de imaginar metáforas imposibles e imágenes que aúnan lo sensorial con lo imaginativo y lo fabuloso, la naturaleza convertida en personaje arrasador, la cocina como vehículo de expresión de sentimientos donde se mezclan poesía y brujería y la casa tomando vida, todo ello te envuelve en un mundo aparte al tiempo que acompañamos en su historia a estos personajes trágicos y apasionados.

Una experiencia muy satisfactoria de lectura.

miércoles, 2 de febrero de 2011

La Evolución de Calpurnia Tate

No siempre me resulta fácil encontrar un personaje del que pueda decir que me he enamorado por completo, no es muy normal en mí. Habitualmente trato de empatizar, tal vez en exceso, con los personajes de los libros que leo e intento pasarlo todo por mi propia experiencia, ¿pensaría yo lo mismo en tales circunstancias?, ¿qué habría hecho yo en su lugar?, ¿su actitud es lógica? Siempre trato de identificarme con ellos por lo que me suelo sentir lejos de personajes oscuros, retorcidos, difíciles, y no digo que no me gusten o que me estropeen una lectura, simplemente que no me identifico con ellos.

No es eso lo que me ha ocurrido con la protagonista de "La evolución de Calpurnia Tate" de Jacqueline Kelly, me he quedado completamente embelesada con esa niña de doce años que vive en Texas en el año 1899, a punto de entrar en un nuevo siglo lleno de novedades, rodeada de sus seis hermanos, todos chicos, y aterrada ante la perspectiva del futuro que tienen diseñado para ella su madre y la sociedad de la época en general: se supone que debe dedicarse a coser, bordar, cocinar y aprender, en definitiva a convertirse en un ama de casa ejemplar, ¿qué se espera, si no, de una niña de su clase y posición?

Pero Calpurnia tiene otros planes, a ella lo que le gusta es la investigación científica, la observación de la naturaleza y los seres vivos, ella quiere aprender, estudiar y convertirse en científica, pero no puede ni tan siquiera comentarlo, como mucho se atreve a dejar caer que tal vez le gustaría convertirse en maestra. Será su abuelo, en apariencia hosco y distante para sus demás nietos, el que encienda en ella esa llama de pasión por el conocimiento, convirtiéndola en su compañera de observaciones y de trabajo de laboratorio.

Una novela en principio juvenil que encantará al público al que va dirigida pero también a los que ya somos algo más mayores ya que retrata el mundo de inocencia y descubrimientos de Calpurnia sin ser un relato infantil, está lleno de ilusión, de observación del mundo desde el punto de vista de sus doce años pero con una claridad de ideas y con unas ansias de superación de las barreras invisibles que tan fuertemente le atenazan a su previsible futuro que te hace confiar en que, sin ninguna duda, Calpurnia crecerá para ver cumplidos sus sueños de independencia y auto-realización.

Espero que así sea.