miércoles, 28 de julio de 2010

Libros para el verano

Estoy de vacaciones en la playa, lo que hace que me encuentre bastante aislada del cíber-mundo “gracias” al pésimo servicio de algunos proveedores de Internet móvil, pero en fin, de todo se sale y tampoco me viene mal ya que así tengo más tiempo para dedicar a la lectura que es para mí la ocupación más destacada del verano. Siempre he aprovechado esta época, con o sin vacaciones (no olvidemos las laaargas tardes veraniegas) para devorar el mayor número posible de libros, lo que este año no va a cambiar, a pesar de tener por casa un nuevo bebé que me quita algo de tiempo.

Lo que debo reconocer es que, a la hora de cargar en la maleta los libros para estas vacaciones, el criterio a seguir no ha sido por temáticas o por autores, épocas o estilos, nada de eso; el criterio ha sido puramente cuestión de volumen, esto es: he ido apartando los libros más largos y voluminosos para esta época, soñando con las largas tardes de estío sosteniendo en mis manos un tocho de 500 páginas en adelante para deleitarme con una larga lectura (esperando que, además de larga, fuera, a ser posible, también placentera)

Pues de esta selección tan poco literaria lo que ha salido ha sido: “Arthur & George” de Julian Barnes (352 páginas, aunque ha entrado en el lote por estar en inglés), “Memorias de un preso” de Mario Conde (672 páginas), “Dime quién soy” de Julia Navarro (1.056 páginas), “La Bodega” de Noah Gordon (384 páginas, ¡uy! no llega, pero es un autor best-seller típico veraniego) “Los libros arden mal” de Manuel Rivas (816 páginas). Algunos ya me los he leído y si encuentro tiempo (y acceso a Internet) los comentaré próximamente. Lo cierto es que todos cumplen la premisa de los libros de verano: ser leídos sin prisa, a la sombrita y acariciados por la brisa (si es preciso, del ventilador), eso sí, nunca jamás a la orilla de la playa a riesgo de ser salpicados por el agua salada, la arena y demás peligros playeros.

Así que me voy a leer otro ratito. Feliz verano a todos y buenas lecturas.

jueves, 17 de junio de 2010

¡Hay que empezar a leer pronto!

Mi pequeñajo ya se siente atraído por la lectura ... aunque no sea alta literatura y aunque por ahora lo único que le interesa sea llevarse las revistas a la boca, por algo se empieza a cogerle el gusto.

Y compruebo que sigue el ejemplo que le dieron sus hermanos mayores.






sábado, 12 de junio de 2010

Cuando las apariencias del título engañan (Salmon fishing in the Yemen)

¿Qué pensaría yo si alguien me recomendara leer una novela sobre la pesca del salmón en Yemen? ¡Glup! Eso realmente suena a un "apasionante" tratado digno de ser publicado en el próximo número de "Jara y Sedal" pero lo cierto es que, una vez más, las recomendaciones de Amazon han hecho caer en mis manos una muy sorprendente novela, ópera prima para más señas, del británico Paul Torday que, con un título tan poco atractivo en principio como "Salmon Fishing in the Yemen" cuenta una divertida historia sobre un visionario jeque árabe, enamorado de la pesca con mosca que practica en su bucólica finca escocesa, que entra en contacto con un aburrido e insulso biólogo marino empleado en una agencia estatal encargada de la protección de los ríos británicos y su fauna, para poner en marcha un proyecto tan absurdo a primera vista como es introducir la pesca del salmón en un rio del desértico Yemen.

Combinando distintos textos como diarios íntimos, actas del Parlamento británico, las entrevistas de una investigación policial, correspondencia postal, e-mails y una biografía no publicada, la historia se va desarrollando a través de distintos puntos de vista, mezclando las complejas relaciones matrimoniales con las operaciones del ejército británico en el oriente medio y configura una historia donde aparecen muchos de los tópicos de aquel país, como la flema inglesa, la frialdad en sus relaciones personales, la imagen de los pescadores capaces de anteponer el bienestar de los salmones a su propia familia... prototipos británicos, al fin, que son retratados con fino humor mediante personajes que van del anodino científico que acaba resultando incluso tierno frente a su fría esposa centrada en su carrera profesional, al ridículo político que antepone los intereses de su cargo a cualquier otra cosa contando, en fin, una historia que, he de reconocer que, a pesar de que no lo imaginara posible dada la temática del libro, ha acabado enganchándome, convirtiéndose, en definitiva, en una muy agradable sorpresa lectora.

martes, 1 de junio de 2010

De Sandor Marai a Ken Follett


Terminé hace unas semanas de leer “La Mujer Justa” de Sandor Marai, un autor que me gusta especialmente, a pesar de no ser de lectura fácil, ya que profundiza con gran intensidad en los pensamientos y sentimientos de sus personajes, lo que se da especialmente en esta novela en la que se cuenta una misma historia a través de sus tres protagonistas que cuentan en forma de monólogo en primera persona los mismos hechos pero pasándolos cada uno de ellos por el tamiz de su propia experiencia, de su particular situación en la vida, en la historia y en la sociedad de la Hungría de principio de siglo, una realidad histórica para mí desconocida (al margen de las obras de Marai que siempre son húngaras) mediante la que descubro una sociedad cargada de tradiciones, cultura y larga historia y que quedó silenciada tras las guerras mundiales.


Marai retrata a los tres personajes, el esposo perteneciente a la antigua nobleza, la esposa burguesa y la amante de procedencia obrera e incide mucho en lo que la clase social de cada uno afecta a su modo de actuar, de pensar y de considerarse a sí mismo reflejando al mismo tiempo cómo la incipiente desaparición de las rígidas barreras entre dichos grupos sociales lleva aparejado que estas personas, en ocasiones, pongan en duda su verdadera identidad al dejar de encontrarse amparados por el marco tradicional en que cada uno vivía y moría dentro de su grupo social, acogiéndose a sus usos y limitaciones o a sus privilegios entendidos como algo inmutable que aportaba la seguridad de sentirse parte de algo perdurable, pero que en ese momento empezaba a dar muestras de no serlo tanto, con lo que esos cambios sociales suponen también cambios en las mentalidades individuales de los personajes.


Las novelas de Marai no son, precisamente, de acción sino de introspección en las mentes y corazones de las personas retratadas, por lo que el haber acometido tras esta lectura, “Un mundo sin fin” de Ken Follet (best seller por excelencia de los que hay que leer por obligación) no ha sido precisamente una decisión afortunada: es como pasar, sin solución de continuidad, de contemplar el fuego de la chimenea en una tarde lluviosa a tirarse en paracaídas desde una avioneta, la mente trataba de permanecer aún en un estado de serena reflexión cuando se la somete a un exceso de actividad, puede que esta sea la razón que me lleva a calificar esta última lectura de “novelón de verano” recomendable únicamente para llenar largas y ociosas tardes de verano en las que no se quiera dar mucho trabajo a la reflexión. Tan sólo me ha planteado una duda: ¿cómo es posible meter tanto sexo en una novela en la que la mayoría de sus personajes son monjas y monjes? Supongo que es un ingrediente imprescindible de cualquier best seller veraniego que se precie de serlo.

martes, 13 de abril de 2010

La hija del ministro

En estos tiempos en que tantas vueltas se le da a la "memoria histórica” de las víctimas del franquismo, me he encontrado con la lectura de un buen libro: “La hija del ministro” de Miguel Aranguren, que resulta, aparte de ameno, bien escrito e interesante al tratarse de un relato histórico (ya he comentado en alguna ocasión mi debilidad por el tema) una visión de la Historia de España desde el punto de vista de otra realidad que también ocurrió en nuestro país, pero de la que no oigo hablar en ningún caso a la hora de reivindicar justicia por las afrentas del pasado, debe ser que no todos tienen el mismo derecho a ejercitar su memoria.
El relato se centra en las peripecias de una familia numerosa en donde el padre es ministro del último gobierno de Alfonso XIII y retrata las vicisitudes de los partidarios de la monarquía que se encontraban en Madrid en el momento de proclamarse la II República y que vivieron aquellos años y los correspondientes a la Guerra Civil en aquella ciudad apoyando al bando que consideraban que haría regresar al rey; los ciudadanos que por ser católicos confesos tuvieron que sufrir humillaciones, torturas y muerte a manos de tribunales populares, que se vieron privados de sus bienes, obligados a ocultarse o a huir abandonando todo lo que tenían por no padecer bajo el gobierno del terror que se impuso en aquellas zonas en las que el gobierno republicano resistió hasta el final de la guerra.
Y no voy a entrar a justificar la postura de aquella parte del ejército que se levantó contra el gobierno elegido por las urnas, no es el tema que me ocupa, sencillamente creo que hubo mucha gente que sufrió en ambos bandos pero que parece que no es igual de importante el sufrimiento de aquellos que padecieron por sus creencias políticas y religiosas, que fueron sometidos por la sinrazón anticlerical y a los que no se les tiene en cuenta en ningún momento para que reclamen su “memoria histórica”, gracias a este libro algo de esa otra memoria queda reivindicada.

viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes

“Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así. Daniel el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba…”

Ha muerto Miguel Delibes, figura inigualable de las letras castellanas.

Esta mañana, en cuanto he escuchado la noticia he ido directamente a mi biblioteca y he rescatado un volumen: “El Camino” en edición de Destinolibro de 1.981. En la primera hoja están escritos mis apellidos (con letra indudablemente infantil) y al lado “82-83”, el curso en que lo leímos: 8º de EGB, con doce años para trece, e inmediatamente me he transportado a mi clase del colegio, por la tarde, las luces del aula encendidas (la lectura siempre era por las tardes) y los cuarenta alumnos en silencio (quizás alguno aprovechara la calma para dormitar una discreta siesta) siguiendo la lectura en voz alta de alguno de nosotros bajo la dirección de nuestro profesor de Lengua, don Juan Porro, que nos decía siempre, antes de leernos un poema o un fragmento de novela (Machado, Sánchez Ferlosio) “Abrid los ojos del cuerpo y del alma” y nos iba abriendo las ventanas al paisaje infinito de la literatura.

Luego, ya por mi cuenta, fueron llegando otras muchas obras de Delibes, no las citaré porque son casi todas, y en cada una de ellas me reencontré con un viejo conocido, porque su estilo impecable, su vocabulario, riquísimo, formaba parte de mi propio mundo desde muy temprano. Me volvía a envolver en cada lectura aquel ambiente cálido de mi aula escolar, aquellos días en que, al abrir los libros vivíamos la historia de Daniel el Mochuelo y Roque el Moñigo, niños pobres en tierras castellanas y por un rato viajábamos sin movernos de nuestras sillas a otras vidas, cada capítulo era una estación de este viaje interminable que supone la lectura para los que tuvimos la suerte de ser iniciados en esta pasión por estupendos maestros que nos subieron a los primeros vagones de la mano de algunas de las más grandes joyas de nuestra Literatura.

Ojalá los niños de ahora tengan la suerte de que alguien ponga en sus manos “El Camino”, de que les abran también a ellos los ojos del cuerpo y del alma al gran autor vallisoletano que se ha ido pero nos deja un legado infinito de personajes, historias y paisajes.

domingo, 14 de febrero de 2010

Dos libros que encontré

Hay ocasiones en que los libros te llegan, no por el camino habitual de ir a la librería (o a internet) y comprarlos, sino por vías indirectas: te lo regalan, te lo prestan, lo robas de la biblioteca (que no digo que sea el caso, ¿vale?) Lo curioso es que me ha ocurrido que dos novelas de la misma autora, Kate Morton, han llegado a mí de este modo anómalo, una detrás de la otra, es decir, ninguna ha sido adquirida mediante los conductos habituales y además la cosa tiene más mérito porque esta autora no ha sido editada en español, o al menos no lo había sido en el momento en que yo leí sus libros.

Conocí de la escritora a través de la página de Amazon donde consulto con mucha frecuencia para encontrar libros ya que me encanta su sistema de recomendación personalizada mediante el cual, una vez que estás registrado y vas añadiendo títulos que tienes, valorándolos, apuntando los que te gustaría leer en base a las críticas de otros lectores, etc, el sistema te va proponiendo nuevos libros basándose en los gustos que has indicado, tus autores favoritos, el estilo de lo último que has comprado o comentado o consultado. Suelo encontrar bastantes obras que en ocasiones no están publicadas en español pero que me han aportado bastantes sorpresas agradable al leerlas ("A quiet belief in angels" de R.J. Ellory, "Notes from an exhibition" de Patrick Gale, "The last lecture" de Randy Pausch o "The road" de Cormac McCarthy) Pues mediante este sistema de recomendación de lecturas anoté en mi lista de libros por leer (lo que se llama "wish list") las dos novelas de Kate Morton: "The House at Riverton" y "The Forgotten Garden", ambas coinciden en contar dos historias en las que el pasado y el presente de los personajes se entremezclan y los cambios de escenario y las historias de las distintas épocas van relatándose en paralelo hasta descubrir al final un secreto que había estado oculto durante años. Me parecían ambas muy atractivas.

La cuestión es que la primera de las novelas la "encontré" hace un par de veranos mientras nos alojábamos en un hotel de la costa portuguesa de El Algarve donde nos repartíamos por igual los clientes españoles (básicamente andaluces) y los británicos; sería por estos últimos por los que en la recepción del hotel estaba instalada la típica (para los anglosajones, al menos) estantería donde los huéspedes pueden dejar las novelas que ya se han leído y tomar a cambio alguna otra de las que allí se encuentran. Lo normal es que los libros no siempre estén en muy buenas condiciones de uso, dado que se pasan la vida entre la piscina y la playa pasando todo el verano de mano en mano, pero lo cierto es que el ejemplar de "The house at Riverton" que me agencié no estaba mal del todo y la historia me encantó al leerla, tal y como había sospechado por los comentarios que había encontrado en el Amazon.

Y transcurridos unos meses, este mismo invierno, la segunda obra de la Morton me estaba esperando en otro lugar, esta vez aún más sorprendente: el mercadillo de segunda mano que se instala en el colegio de mis hijos para obtener fondos para el viaje de estudios. Entre juguetes usados, broches de fieltro hechos por las mamás y muchos libros infantiles, novelas de ciencia ficción o de las que regalan con los periódicos, me encontré ¡oh sorpresa! con "The forgotten garden" en la misma editorial que el anterior y bastante buen estado, ¡no podía dar crédito a mis ojos! me lancé a por él y por 3,00 euros pude disfrutar de otra entretenidísima historia.

¿Es o no es sorprendente cómo ambas novelas me estuvieran esperando en dos lugares poco usuales? para mí ha sido como encontrar, no uno, sino dos tesoros escondidos, y así casi que los he disfrutado más.