En un narración sosegada que se desliza sutilmente a través de elipsis y de lo que no se dice, vamos siguiendo la peculiar relación que une a Naima y a Marco, separados por bastantes años, sólo tienen en común muchas horas de oficina compartidas y el cariño que ha generado el roce diario. Naima convive con la familia italiana sin llegar a integrarse con ellos, observándolos desde lejos, al tiempo que hace amistad con una chica de su edad del pueblo y su grupo de jóvenes amigos.
Esta es una novela en la que no ocurre nada relevante y de la que me temo que no he llegado a entender el centro de la historia: la relación entre los protagonistas ni el por qué de que pasen juntos el verano. Le reconozco, eso sí, la delicadeza en la narración, el dibujo de los sentimientos y su sensibilidad para captar la atmósfera; tal vez mi problema esté en que ronde asuntos que tal vez sean de interés para alguien, pero que a mí no me han emocionado. ¿Qué se le va a hacer? Unas veces se acierta y otras no se conecta.

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