jueves, 24 de marzo de 2016

Puerto escondido

Oliver Gordon regresa desde Inglaterra a Cantabria para instalarse en Villa Marina, una antigua casona ubicada en la ciudad costera de Suances que ha recibido como parte de la herencia de su madre y que planea convertir en un hotel donde comenzar una nueva etapa de su vida. Durante el desarrollo de las obras de remodelación aparecerá emparedado en uno de los muros de la vivienda el cadáver de un bebé recién nacido. Con estos hechos comienza "Puerto Escondido", una entretenida novela a cargo de María Oruña que nos llevará a lo largo de la consiguiente investigación liderada por una inspectora de la Guardia Civil, Valentina Redondo, y su equipo que tendrán que retroceder hasta los años 40 para retomar una historia situada entorno a los años de la Guerra Civil española para rastrear el origen de el pequeño cadáver. En este viaje retrospectivo nos ayudará un diario que, en paralelo con el relato actual, nos va llevando por la vida de Jana Fernández, una joven de humilde origen que acabará convertida en una respetable y adinerada anciana en el momento presente al mando de las empresas que sus dos difuntos maridos crearon y ella engrandeció con su trabajo de años. Esta dama resulta ser la propietaria original de Villa Marina y a lo largo de la novela conoceremos de su evolución e implicación en los hechos que se investigan.

La intriga de la novela está muy bien dosificada, va dándonos información en un equilibrio adecuado entre lo que vamos sabiendo y lo que deseamos conocer. La trama del pasado, que sabemos que es la que nos debe conducir a la resolución de la investigación policial. tiene por sí sola suficiente entidad e interés como para sumergirnos en ella, ir descubriendo la historia de Jana y su lucha por huir de su humilde condición con el apoyo incondicional de su ambiciosa hermana Clara hasta lograr finalmente convertirse en la respetada señora Ongayo en torno a la cual gira toda la trama, resultando un personaje atractivo y de cuya parte es fácil ponerse, a pesar de que podamos en ocasiones dudar de si se trata de la "buena" o la "mala" de la novela. De hecho creo que hasta podríamos afirmar que el relato en tiempo presente no es más que una excusa para disfrutar de la historia protagonizada por Jana Ongayo.

La novela es de lectura rápida y ligera, no se atasca ni desfallece en ningún momento. Está, además, muy bien retratado el marco histórico en el que se sitúa la acción del pasado, que abarca desde el estallido de la guerra civil hasta la posguerra, tiempos duros retratados a través de historias de personas corrientes, apenas metidas en asuntos políticos, de aquellos que trataban de conservar sus principios pero, sobre todo, trataban de salir adelante en aquellos años difíciles sin entrar en consideraciones políticas ni de bandos. También hay que destacar las descripciones de los lugares en los que transcurre la novela, todos los pueblos costeros cántabros que recorren los protagonistas, Comillas, Santillana del Mar, Suances, se nos presentan como lugares con enorme atractivo a los que apetece acercarse y visitar, como ha sido mi caso, que sin conocer la zona ya se me ha creado la necesidad de organizar una escapada por aquellos lares. Pero sobre todo y por encima de lo demás, se nos presentan historias de amor y de familia. de hermanos, madres e hijos que se protegen, se ayudan y se necesitan; relaciones humanas, al fin y al cabo, que eso es de lo que terminan hablando en realidad todas las historias que se escriben.

jueves, 17 de marzo de 2016

Un hijo

Desde que leí "Una madre", la novela que popularizó Alejandro Palomas el año pasado, anoté y subrayé el nombre de este autor para no perderle la pista y ahora he tenido la ocasión de volver a él con esta que es su penúltima novela, "Un hijo", en la que cambia una familia protagonista por otra, pero mantiene el tema de las relaciones humanas como centro de su argumento y su temática. El hijo del que se nos habla en esta ocasión se llama Guille y es un chiquillo alegre y sonriente, algo solitario pero sin problemas aparentes, a pesar de que acaba de cambiarse de colegio y se encuentra alejado de su madre, azafata de vuelo, que trabaja en el extranjero, mientras que él convive con su padre. Sin embargo, la profesora del chico cree detectar algún tipo de problema que el pequeño trata de ocultar tras esa máscara de perfecta felicidad, por lo que se entrevista con el padre del niño para tratar de descubrir qué es lo que en el fondo hace de Guille un chico peculiar y concierta una serie de entrevistas del chaval con la orientadora del colegio.

El relato se estructura, fundamentalmente, a dos voces; por un lado nos encontramos con las propia reflexiones del niño que nos cuenta en primera persona el mundo que le rodea, su día a día, sus experiencias en el colegio con su única amiga por el momento, Nazia, una niña inmigrante que, igual que él, trata de adaptarse al nuevo colegio y por encima de todo nos descubre su pasión por Mary Poppins, el personaje de los cuentos que le leía su madre y que para él encarna todos sus sueños y aspiraciones y en lo que desea convertirse. Por otro lado nos encontramos con la voz de la orientadora del centro con la que Guille se reúne una vez por semana y que trata de analiza al niño y descubrir qué problema esconde.

La novela es muy breve pero enormemente intensa, llena de sentimientos y secretos y nos muestra la manera en que el niño disfraza su dolor mediante la creación de un mundo en el que se protege a sí mismo y sobre todo a los demás de una realidad que sabe que debe hacer como que no existe. Toda la novela mantiene el estilo casi poético de la narrativa que caracteriza a Palomas y que ya descubrí en su anterior novela; su delicadeza en la descripción de sentimientos, su agudo retrato de personajes que sufren y sienten intensamente resulta conmovedora. Los personajes se encuentran ubicados en un escenario completamente contemporáneo pero las historias que se nos cuentan resultan atemporales plagadas de situaciones comunes de la vida cotidiana, con conflictos conyugales, familiares, humanos al fin y al cabo, pero que pueden darse en cualquier tiempo y lugar, Debo decir que la voz de Guille no termina de resultarme en ocasiones totalmente creíble; entiendo que el pequeño verbaliza sentimientos que no son tan fáciles de identificar por un niño de su edad, incluso en ocasiones expresa sus pensamientos mediante sus dibujos de un modo excesivamente explícito, ¡ojalá todos los psicólogos infantiles se encontraran con niños tan capaces de exteriorizar lo que pasa por sus cabezas de la misma manera!

Así y todo, esto no quita para que me haya encontrado frente a un precioso retrato de amor filial, de una lección sobre cómo afrontar los sentimientos, aceptar la realidad por mucho que en ocasiones esta nos duela y ser capaz, sobre todo, de expresar nuestro dolor y aprender a compartir el sufrimiento con aquellos a quienes más queremos y que más nos quieren.

jueves, 10 de marzo de 2016

Alex

Hay algo de masoquismo en el hecho de tomar la decisión voluntaria de volver a Pierre Lemaitre y a su serie policíaca protagonizada por el comandante Verhoeven que comenzó con "Irene" y que continúa en esta ocasión con "Alex". Y es que sabemos a ciencia cierta que lo vamos a pasar mal, que nos vamos a encontrar con una historia que nos va a inquietar, asquear, que va a hacernos sufrir al enfrentarnos a la maldad y a la crueldad en estado puro (otra vez) encarnada en personajes a los que nos cuesta comprender, que actúan aparentemente sin una razón lógica, porque el crimen siempre es irracional pero es que Lemaitre es especialista en mostrarnos a unos asesinos que parecen matar sin una razón, sin una explicación que nos pueda hacer entender sus motivaciones. En este caso, todo comienza cuando en una tranquila noche parisina Alex es secuestrada en mitad de la calle; un único testigo denuncia el hecho a la policía que debe iniciar la investigación desconociendo, no sólo la identidad del secuestrador sino incluso la de la misma secuestrada, nadie ha denunciado la desaparición de la joven, no saben por dónde buscar, porqué la han secuestrado, quién es. El lector sabe que Alex es una mujer en peligro, otra víctima en manos de un loco cruel e imprevisible. demasiados aspectos en común con el caso de Irene, la fallecida esposa del comandante Verhoeven, lo que despierta su rechazo radical a ocuparse de este caso pero al tiempo le obliga a imponerse la responsabilidad de resolver el caso.

Pero no creeremos que Lemaitre sea tan comodón como para crear una trama tan simple, un personaje tan plano como el de una pobre joven inocente que se limita a ser la víctima en manos de un maníaco irracional del que debe escapar, sabemos que no va a ser así. Nuestro protagonista, con su carácter agrio, sus intensos silencios y su mente inquisitiva tendrá que enfrentarse a un caso en el que el concepto de víctima no tiene un perfil nítido, donde todo se complica demasiado. Los inquietantes escenarios que crea, la introspección en la mente de los personajes, los macabros detalles que nos facilita, todo eso nos pone cara a cara con el horror y el dolor que sufren las víctimas, pero al mismo tiempo Alex continuará siendo un misterio para el lector igual que para la policía. Acompañaremos a Verhoeven en su intento de tratar de descubrir en primer lugar quién es ella, y luego comprender qué es lo que le mueve, hasta introducirnos en el infierno en vida que resultará ser toda su vida. La novela está cuajada de asesinatos aparentemente innecesarios y brutales, demasiadas muertes a las que no se les encuentra sentido hasta que descubramos la trágica realidad. Esta lectura supone un puñetazo de crueldad en pleno estómago del lector, una novela impactante que hace subir muchos puestos a Lemaitre en la escala de autores a seguir, a pesar de que sepamos que nos hará sufrir de nuevo.

viernes, 4 de marzo de 2016

Dark places (La llamada del Kill Club)

Cuando Libby Day tenía siete años, su madre y sus dos hermanas fueron cruelmente asesinadas durante una gélida noche de invierno en la mísera granja familiar en Kansas. La pequeña se salvó milagrosamente de la matanza que la prensa bautizó como "la masacre de la granja Kennakee" y de la que fue acusado y condenado el hermano mayor de la familia, Ben, un adolescente de quince años, solitario y huraño. La pequeña Day declaró como testigo en el juicio donde, bajo la tremenda presión mediática y el consejo de su abogado, no dudó de culpar al chico del cruel crimen. 

Durante años Libby ha vivido acogida en diversos hogares y ya en la edad adulta ha subsistido gracias a las numerosas donaciones de ciudadanos solidarizados con el drama de la pequeña huérfana, pero veinticinco años después del crimen el interés del público se ha desviado hacia dramas más actuales y víctimas más jóvenes con lo que apenas quedan unos pocos dólares de aquellos fondos y Libby no se encuentra ni capacitada ni dispuesta a integrarse en la sociedad o en la vida laboral ordinaria. En estas está cuando se le plantea la oportunidad de entrar en contacto con el Kill Club, una especie de feria de aficionados a los grandes crímenes de la historia, aquellos que más impacto o polémica causaron en la opinión pública por su especial crueldad o por las dudas sobre la identidad de sus responsables últimos; ambos factores se dan en la matanza de Granja Kennakee, por lo que el grupo ha dedicado muchas horas a investigar por su cuenta, plantear nuevas hipótesis sobre los hechos, revisar las investigaciones policiales y el juicio posterior. Libby ve en este grupo de fanáticos del crimen una posible fuente de ingresos ya que se muestran dispuestos a pagarle a cambio de que les preste su colaboración como testigo directo de su crimen favorito. La teoría predominante entre los miembros del grupo es que Ben es inocente de la matanza por la que se encuentra cumpliendo cadena perpetua a la espera de ser ejecutado y por ello instan a Libby a que se ponga en contacto con él y trate de reconstruir la realidad de lo que sucedió aquella noche. "Dark places" es la segunda novela de Gillian Flynn que leo y no creo que sea la última, dado el estupendo ritmo, la intensidad del relato y lo emocionante de la acción que recorre la historia que se nos plantea.

Todo el relato va alternando el retrato de la vida de aislamiento social en la que se encuentra hundida la traumatizada Libby desde que perdió a su familia de manera tan dramática, ostracismo del que se ve forzada a salir, a instancias del Kill Club, cuando debe reencontrarse, después de tantos años, con su hermano preso, con su padre prácticamente desconocido para ella y con otras personas involucradas en los asesinatos. Al mismo tiempo se nos van reconstruyendo los hechos del fatídico día de la matanza; conocemos las duras condiciones de la vida familiar de los Day allá por 1985, la lucha de la joven madre por sacar adelante a sus hijos y una granja cargada de deudas tras la pésima gestión del exmarido, que les abandonó dejándolos en la ruina, los enfrentamientos con el hijo adolescente, conflictivo y con pobres expectativas de futuro y la batalla diaria con las tres hijas de corta edad. Esta reconstrucción del pasado nos presenta a unos personajes llenos de vida, una familia caótica en unas circunstancias económicas que les hunden cada vez más, con unos niños envueltos en turbias mentiras, adolescentes perdidos en una América profunda rural, chicos sin norte que descargan su ira en actos violentos, pero que son, al fin y al cabo, niños que acaban envueltos en unos crímenes horrendos e inexplicables. La combinación de los dos planos temporales es muy ágil, los hechos del pasado y todo aquello que Libby va descubriendo a través de sus pesquisas sobre lo que sucedió con su familia se combinan adecuadamente en una novela que no da descanso al lector, que nos presenta a unos personajes que resultan muy cercanos, en especial los de la joven familia a los que vamos acompañando hacia su terrible final y los supervivientes de la matanza que, de alguna manera, también murieron en vida aquella noche en que perdieron a su familia, su infancia, su libertad y su posibilidad de convertirse en adultos normales y que sólo serán capaces de continuar con su vida una vez que logren reconstruir la verdad de lo que sucedió aquella dramática noche.

lunes, 29 de febrero de 2016

A la sombra del templo

Toti Martínez de Lezea está reconocida como una de las grandes autoras de novela histórica española, con numerosas obras localizadas fundamentalmente durante la Edad Media, además de abundantes obras infantiles y juveniles. En "A la sombra del templo" vuelve su mirada nuevamente hacia su ciudad natal, Vitoria, y sitúa allí la acción de esta novela que nos traslada a enero 1522, momento en que el holandés Adriano de Utrech, regente del España mientras que el rey Carlos I se encuentra ausente del país, es nombrado nuevo Papa de Roma, precisamente durante su estancia en la ciudad de Vitoria. A raiz de este hecho, la población se ve envuelta en un inmenso revuelo: la ciudad se llena de religiosos, personajes importantes de la nobleza que acuden a situarse cerca del nuevo Pontífice y participar en los festejos que celebran el nombramiento. En una ciudad alborotada como esa apenas se tiene en cuenta el asesinato de un notable constructor o que un noble destacado sea herido de gravedad en una justa presuntamente deportiva. Pero los protagonistas de la novela no son las grandes personalidades ni los miembros de la corte o de las familias prominentes de Vitoria y alrededores, sino ciudadanos más sencillos: el propietario de la casa de postas "El Portalón" y su familia, el abad de Santa María enfrentado con la autoridad civil y un joven hidalgo con aspiraciones de convertirse en artista acusado en falso de un asesinato que no ha cometido, así como el rico comerciante Juan Sánchez de Bilbao, envidiado por su riqueza y rechazado por los cristianos viejos por su lejano origen judío. Todos ellos asisten al gran espectáculo humano que se desarrolla en la ciudad a la vez que tienen que enfrentarse a grandes problemas que les afectan más directamente.

Como en la mayoría de las novelas de la autora, la narración es muy ágil dando lugar a un relato completamente vivo del ambiente y los hábitos de los ciudadanos de la época, las familias poderosas enfrentadas en bandos siempre compitiendo, los conflictos creados por la recién aplastada revuelta de los comuneros que contaban con numerosos apoyos entre los vitorianos, los retratos de los ricos comerciantes y los humildes artesanos, los ciudadanos, en fin, de una villa llena de actividad donde vemos reflejados las luchas políticas, sociales y económicas del comienzo de la Edad Moderna, de un reino que se extiende por Europa y allende los mares en manos del emperador más poderoso de todos los tiempos, pero cuyos súbditos están más pendientes de sus asuntos diarios y sus problemas personales con el vecino, con el competidor comercial o con los gobernantes locales, a pesar de lo cual no pueden evitar verse involucrados, muy a su pesar, en los enfrentamientos entre bandos rivales de los más poderosos. Es cierto que en ocasiones el ritmo de la novela se ralentiza en los episodios en los que se profundiza en la explicación del contexto histórico en el que transcurre la acción, pero esto también enriquece, por otra parte, el relato que,  por lo general, es bastante fluido y las tramas de los distintos personajes, tanto la historia de amor así como las intrigas políticas, son todas interesantes y están muy bien trabadas de modo que van confluyendo hacia un final común de alta tensión donde la justicia triunfa, afortunadamente, sobre la maldad.

miércoles, 24 de febrero de 2016

La casa de la alegría

No hay duda de que Edith Wharton es la gran retratista de la alta sociedad neoyorkina de finales del siglo XIX y principios del XX. "La casa de la alegría" es, posiblemente junto con "La edad de la inocencia", su novela más popular, uno de los mejores retratos de ese mundo complejo y elitista a partes iguales. La propia autora vivió en esta jaula de oro en la que tan duro era cumplir con los estándares establecidos como la posibilidad de no estar a la altura y ser expulsado de ella. Se nota en la pasión con que retrata las circunstancias que se plantean a lo largo de la novela que no se trata de hablar de oídas, sino que sabe lo que está contando.

La protagonista de esta novela es la joven Lily Bart, casi una advenediza en el mundo de la clase alta de la gran ciudad; procedente de una familia con frecuentes dificultades económicas, con un padre constantemente esforzado por hacer posible el nivel de gasto que colme las aspiraciones sociales de su esposa, ambiciosa mujer que confía plenamente en que la gran belleza de su única hija será suficiente para compensar su ausencia de fortuna a la hora de asegurarse un matrimonio favorable. Cuando ambos padres fallecen, Lily queda al cuidado de su tía viuda que le permite el acceso al entorno de las mejores familias y de las grandes fortunas, una sociedad en donde la misión fundamental de la joven será alcanzar ese enlace afortunado que le permita no tener que sufrir más por las facturas que se acumulan en el escritorio ni por los gastos a los que no se ve capaz de renunciar. Pero Lily quiere tenerlo todo en este mundo y lucha entre la necesidad de encontrar un marido inmensamente rico y que esto a su vez no le suponga tener que conformarse con una vida de aburrimiento y corrección, futuro personificado en el adinerado Percy Gryce, insulso y pusilánime a pesar de su gran fortuna. Lily siente que sería más feliz con el interesante y divertido Lawrence Selden, de amena conversación y mucho más apuesto y atractivo. Esta indecisión constante, este no querer renunciar a nada, la creencia de que será capaz de encontrar la persona con la que tenerlo todo, fortuna y amor verdadero, le hará perder algunas buenas oportunidades y se aproxima a una edad en la que pronto dejará de ser considerada una jovencita adorable. Se sabe con razón dotada de más gracia e inteligencia que otras jóvenes que tienen, sin embargo, a su favor una amplia fortuna familiar, pero confía en que su belleza y encanto serán siempre bazas a su favor para lograr su objetivo, si bien ha de enfrentarse a duras imposiciones como el cumplir con las complejas normas e imposiciones sociales que no admiten los gastos excesivos, las deudas de juego, o cualquier sombra sobre la fama de una dama. Lily no se conformará con una vida modesta iluminada de lejos por el esplendor de sus amigos ricos y poderosos que la acogen como compañía amena o animadora de cualquier fiesta, la joven bella y graciosa que cualquiera desea frecuentar pero que no acaba siendo una de ellos; ella sabe que merece formar parte de pleno derecho de esa élite rica, no concibe la posibilidad de ser expulsada de ese paraíso al que su escasez de medios le dificulta pertenecer pero sus propias expectativas y educación le impiden plantearse la posibilidad de no formar parte del mismo.

Es interesantísimo profundizar a través de esta historia en la psicología y la mentalidad de las mujeres sometidas a las estrictas normas y moralidad de la clase dominante, no siendo libres para decidir con quién casarse ni cómo llevar a delante su vida, so pena de ser expulsadas de su círculo social; no conciben la posibilidad de llevar una vida que no sea acomodada y a la vez llena de obligaciones que suponen abundantes gastos obligados por la exigencia de lucir siempre a la moda, los últimos modelos en vestidos y sombreros, poder frecuentar las fiestas, los veraneos en las grandes mansiones, las partidas de bridge, elementos tan fundamentales en la configuración de quienes son y del modo en que el mundo las ve. Pero a la vez no deben despertar la mas mínima sospecha de nos ser absolutamente indudables en cuanto a su moralidad ni sus intenciones. Es de destacar la figura de las madres que maquinan y calculan incansables en su principal tarea vital: colocar a sus hijas casaderas del mejor modo posible, emparentando con buenas familias que al tiempo garanticen la seguridad material. Y aparece también la figura del nuevo rico, del advenedizo que se introduce en la sociedad a base de dinero y debe encontrar su lugar en ese mundo que le acoge y adula por su fortuna y al mismo tiempo le desprecia por su falta de abolengo. La novela llega a convertirse en ocasiones en un retrato asfixiante de una sociedad donde se deben cumplir con implacables y rigurosas normas no escritas y donde la apariencia y la riqueza preocupan sobre todo a quienes carecen de rentas suficientes para mantener el nivel esperado y deben aparentar y sonreir a pesar de todo. 

viernes, 19 de febrero de 2016

La estela de un recuerdo

Habitualmente, al leer novelas históricas nos situamos a una distancia prudencial de los hechos que se nos cuentan ya que, por muy reales que se sintamos a los protagonistas y por muy vívida que resulte la narración, solemos contar con la distancia innegable de los años e incluso de los siglos transcurridos desde aquello que se nos cuenta, lo que nos permite asomarnos a esa historia desde una cierta distancia de seguridad que nos garantiza el poder asistir al espectáculo de lo que se nos cuenta sin posibilidad de vernos involucrados de ninguna manera en él. Pero ocurre que, en ocasiones, como es el caso de esta novela, "La estela de un recuerdo", los años transcurridos desde aquello que se nos cuenta no son tantos, menos de un siglo en este caso y si además la autora nos viene a referir unos hechos ocurridos en nuestro propio país y cuyos protagonistas constituyen su propia familia, confirmando que lo que leemos no es mera ficción sino las experiencias reales de personas que hace pocos años aún vivían entre nosotros y pudieron contar su versión de los hechos, todo esto hace que no podamos mantenernos al margen de lo que leemos, que no paremos de trazar similitudes entre los hechos que se nos cuentan y nuestro presente más actual, tristes paralelismos, es cierto, pero no quedan tan lejos los hechos que nos presenta Almudena de Arteaga como para que no podamos ser capaces de oir sus ecos en nuestro presente más actual, más ahora que parece haberse desatado cierto espíritu que evoca aquello que creíamos que se había convertido ya en pasado superado, en auténtica Historia de la que no tiene posibilidad alguna de repetirse.

Pues el escenario de la novela se sitúa en abril de 1931, fecha en que el rey Alfonso XIII abandona España tras el triunfo de los partidos republicanos en las elecciones municipales, alegando que no quiere ser el causante de que se derrame ni una sola gota de sangre española por su causa, se marcha del país en donde quedan, a pesar de todo, muchos ciudadanos leales a la Monarquía y a las tradiciones, entre ellos la familia del duque del Infantado, fieles monárquicos y profundamente católicos. Tanto el duque como sus hijos deciden permanecer en su país confiando en que la situación volverá a normalidad y el rey regresará en cuanto se tranquilice la situación, pero esto no va a ocurrir, sino más bien lo contrario. La novela nos describe el ambiente convulso de los años que anteceden al estallido de la Guerra Civil, la II República supone una creciente amenaza sobre las propiedades y las propias vidas de aquellos que no son afines a las doctrinas revolucionarias, si bien todo ello no amilanan a los miembros de esta numerosa familia, que, lógicamente, sienten temor e incertidumbre pero que están dispuestos a defender sus ideales. Es fascinante ver como la propia familia de la escritora se convierte en material novelístico, como nos cuenta el valor de los hermanos, la constancia en sus creencias religiosas que anteponen frente a la laicidad que se les trata de imponer. La novela nos cuenta. en definitiva, una historia familiar, narrada por María, la primogénita, y donde nos encontramos con romances, actos heroicos, huídas, miedos, mostrándonos los acontecimientos desde el punto de vista de unos ciudadanos leales a sus creencias e ideas tradicionales y fieles a unos principios por los que están dispuestos a dar su vida, todo enmarcado en unos años políticamente durísimos que llevarán hasta el desastre de una guerra fraticida que partió nuestro país en dos y que tanta desgracia trajo a España. 

Es de destacar el elenco de escenarios por los que transcurre el relato que van desde el Palacio de Xifré, antiguamente ubicado en el paseo del Prado de Madrid y domicilio de la familia, hasta el castillo de Viñuelas o la casa de Zarauz donde pasaban los veranos, el castillo de Requesens en Gerona, así como en otras residencias familiares pertenecientes al amplísimo patrimonio que los del Infantado poseían por aquellos años, todos ellos espectaculares edificios históricos cargados de lujos, obras de arte y antigüedades pero en realidad son lugares vividos, residencias familiares en las que transcurrieron durante siglos las vidas de una familia relevante en la Historia de España y cuyos miembros participaron con frecuencia directamente en muchos de sus episodios. Una novela esta que presenta una visión de una época de nuestro país desde el punto de vista de unas personas que trataron de mantener sus creencias e ideales y tomaron parte del bando que creían que era justo defender. Porque en cada guerra y en cada conflicto siempre hay dos partes, cada una con sus propias razones y sus propios principios.