lunes, 26 de enero de 2015

La buena reputación

Ya venía advertida por la buena experiencia que tuve hace algún tiempo con Ignacio Martínez de Pisón gracias a su novela "El día de mañana" de lo que me podía esperar con la lectura de esta, su última obra. Desde aquella otra ocasión lo tenía catalogado como un narrador excepcional y así me lo confirmaban las numerosas referencias leídas de este nuevo libro que no me ha defraudado en absoluto. "La buena reputación" presenta una brillante recreación de la sociedad española de los años 50 y siguientes, comenzando en el atractivo escenario de la ciudad de Melilla y el Protectorado de los territorios de Marruecos, con la descripción de la vida en las ciudades coloniales donde, bajo gobierno español, se conservan y conviven elementos de las culturas musulmana y judía junto a la cristiana.

La novela nos presenta la vida de la familia Caro a lo largo de más de cuarenta años, desde los primeros tiempos en Melilla donde Samuel, casado con Mercedes y padre de dos hijas, es una figura destacada e influyente entre la comunidad judía de la ciudad, si bien no es excesivamente religioso y está más pendiente de cultivar sus relaciones sociales y sus asuntos económicos. La huida de Sara, la hija menor, la creación del estado de Israel y la disolución del Protectorado español serán algunos elementos que marcarán el devenir de la familia y harán a sus protagonistas cambiar muchas de sus ideas previas. El traslado a Zaragoza, ciudad natal de Mercedes, supone un nuevo cambio para todos; la boda de Miriam, la hija mayor, la incorporación de Felisa, la asistenta, que se convertirá en un miembro más de la familia y la posterior ampliación de la misma al ir naciendo los nietos son algunos de los avatares que suceden durante los años del desarrollismo económico del país donde todos tratan de adaptarse a los nuevos tiempos. Los Caro no son más que una familia típica de aquella época y que está lejos de ser perfecta, pasan por los problemas habituales de cualquier familia y de muchos matrimonios: los conflictos generacionales de los padres con los hijos, las pequeñas rencillas y los rencores que conviven con el cariño y la lealtad entre sus miembros.

A lo largo de la novela se nos va describiendo una sociedad y unos años en los que nuestro país superaba los estragos de la Guerra Civil, la población trataba de incorporarse a la modernidad, conservando al tiempo, mejor que peor, las antiguas tradiciones; los avances más actuales y las más rancias costumbres conviviendo en el mismo espacio en cada casa eran lo habitual en aquellos tiempos, los sillones de escay con las estampas del Sagrado Corazón o los discos de moda que sonaban al tiempo que las coplas más castizas. Me ha resultado altamente interesante toda la información que sobre las prácticas religiosas y sociales de los judíos se va desgranando a todo lo largo del relato, integrándose de manera amena junto con el resto de información que se nos proporciona sobre la sociedad española, pero la destaco en esta ocasión porque creo que no hay mucha literatura que verse sobre la población judía española en la época contemporánea. Por otra parte, resulta acertada la forma de estructurar la novela, dividida en partes, cada una de ellas protagonizada por un miembro distinto de la familia. Cada una de estas distintas partes son en ocasiones versiones complementarias unas de otras y en ocasiones una visión alternativa, una mirada a los mismos hechos pero completada con datos e información que a los demás personajes se les habían ocultado o desconocían. Cada uno de los protagonistas nos presenta su versión de los hechos desde su punto de vista, en función de su edad o de su posición frente a los demás familiares.

El lenguaje de la novela es limpio y sencillo, sin complicaciones pero lleno de claras y expresivas imágenes y escenas capaces de transportarnos a las distintas épocas y escenarios. Así, el cuadro final resultante es un completo retrato costumbrista de la época de nuestros abuelos, pero fundamentalmente es el retrato de una familia española cualquiera que seguramente tenga muchos elementos en común incluso con nuestras propias familias en un tiempo ya pasado, aunque no tan lejano como para haberlo olvidado ya.

lunes, 19 de enero de 2015

Los últimos días de nuestros padres

Ya sé que menciono con (excesiva) frecuencia mi interminable lista de libros por leer, habitualmente lamentándome de no ser capaz de abarcar su inmensidad que crece a un ritmo mucho mayor que mi velocidad de lectura y temiendo, por tanto, que en muchas ocasiones ocurrirá que entre dichos libros pendientes se quedarán allí para siempre sin ser leídas grandes historias y estupendos personajes que nunca llegaré a conocer. Pero hoy traigo una novela que, por alguna razón, ha sido más afortunada que sus compañeras y ha salido de la insondable lista con bastante prontitud. Buena parte de la culpa de que esto haya sido así se debe sin duda al impulso que le ha proporcionado la fama de la anterior obra de su autor, el  suizo Joël Dicker; me refiero a "La verdad sobre el caso Harry Quebert", uno de los éxitos editoriales apabullantes del pasado año que tanto disfruté y que me ha animado a adelantarme tanto como ha sido posible para ponerme manos a la obra con esta otra novela, "Los últimos días de nuestros padres". Este es, por tanto, uno de aquellos casos en los que un éxito fulgurante de ventas ayuda a la promoción del resto de publicaciones de un escritor, incluso de las que vieron la luz con anterioridad, como es el caso de esta. Puede existir, como es natural, la tentación de tratar de hacer comparaciones entre ambas novelas, pero diría yo que no tienen apenas nada que ver, ni la temática ni el estilo. Sí que coinciden en ser ambas de lectura fácil y amena, en ambas demuestra su autor una gran valía como narrador, aunque diría que en esta que ahora nos ocupa el tratamiento de los personajes es más profundo y más acertado incluso que en la anterior novela de gran éxito. 

En lo que respecta a la trama del libro, nos encontramos en el año 1942, cuando un grupo de hombres (y una sola mujer) de origen francés y jóvenes en su mayoría, fueron seleccionados para integrar una sección del SOE británico (Special Operation Executive) que sería preparada para para operar como agentes en la Francia ocupada por los alemanes, formando y apoyando a la Resistencia, planeando sabotajes y demás medidas destinadas a debilitar al invasor y ayudar a las misiones de los Aliados. Del grupo inicial no todos superarán con éxito el proceso de formación, pero aquellos que lleguen al final conformarán un grupo unido por fuertes lazos de camaradería y cariño; a pesar de sus disparidades iniciales, sus diferencias de origen y caracteres, la convivencia, el entrenamiento y el objetivo común les unirán en un grupo cohesionado que se convertirá en lo más parecido a una familia con lo que todos ellos contarán durante aquellos años de guerra e incluso después.

Es esta una novela amable en la que nos encontramos frente a numerosos elementos positivos sobre los que destaca ante el resto el valor de la amistad junto con el amor filial incondicional, además de la exaltación de la verdadera valentía de personas normales y corrientes que se arriesgan desde lo limitado de sus capacidades por defender aquello en lo que creen, por salvar a los hombres de sí mismos.
"—¿Y qué te dijo el corazón durante la guerra?
—Que fuese valiente. El valor no es no tener miedo: es tener miedo y a pesar de ello resistir."
El ritmo de la novela es más bien lento, sosegado, más bien lo describiría como sereno, bordeando en ocasiones lo poético en cuanto a la prosa, centrado en ocasiones en los sentimientos más que en la acción. Pero así y todo, es una novela donde ocurren muchas cosas. Tratándose de una historia sobre agentes secretos en plena Guerra Mundial no abundan sin embargo las escenas bélicas como tales, es una novela de la guerra vista y vivida desde la retaguardia, desde la vida que continúa en las ciudades ocupadas, desde la resistencia de los civiles, desde los padres que esperan a que vuelvan sus hijos, una novela de la guerra alejada del campo de batalla. Los protagonistas están retratados con mucha cercanía, se convierten en personas por las que se puede perfectamente sentir aprecio, cada uno con sus defectos y sus fortalezas. Pasamos junto a ellos por calamidades y sufrimientos y vemos como se van urdiendo sus lazos de compañerismo y cómo se apoyan en el grupo como pilar fundamental en los duros tiempos de guerra en los que les toca participar activamente.

Una lectura, en definitiva, muy agradable, que reconforta fundamentalmente por el tratamiento positivo del ser humano en medio de la adversidad, por la certeza de que, con todas sus debilidades y fallos, el hombre puede hacer grandes cosas cuando se lo propone. 
"Nada más que seres humanos ordinarios, convertidos en una multitud clandestina para ayudar a la humanidad en peligro. Todavía creían en la especie humana, los muy infelices."

lunes, 12 de enero de 2015

La señorita Dashwood

La joven Cassandra Dashwood ha terminado sus estudios en el colegio y siendo huérfana reciente debe buscarse una ocupación con la cual mantenerse; el trabajo de institutriz se plantea como una ocupación adecuada a una señorita de su posición, suficientemente digna como para adoptarla como profesión. Pero Cassandra ha leído demasiadas novelas románticas, por lo que llega a Cropthorne Manor dispuesta de antemano a enamorarse de su nuevo patrón que parece reunir todos los elementos necesarios para convertirse en un marido de romance: suficientemente joven, viudo, algo taciturno y solitario y con aire misterioso. Pero en la mansión conviven otros miembros de la familia y del servicio entre los que existen relaciones complicadas y que no favorecen el buen ambiente del hogar.

Cuesta hacerse a la idea del momento en que se ubica temporalmente "La señorita Dashwood" de la escritora británica Elizabeth Taylor, que no es sino en los años de la postguerra, a mediados del siglo XX. A lo largo de la lectura muchas veces me sentía inmersa en una novela victoriana, no sólo por la figura de la institutriz en una casa señorial y el señor ocioso que apenas abandona la mansión donde mantiene un pequeño grupo de familiares que viven a su costa, sino por todo el ambiente de la historia, las relaciones de la familia con el personal de servicio, la nanny, la criada... No hayamos en la ambientación apenas elementos que nos haga situarnos en la época: no aparece ni un teléfono, ni siquiera una radio, aparte de las repetidas referencias a la necesidad de hacerse con una nevera, podíamos encontrarnos fácilmente en cualquier vicaría inglesa de mediados del XIX, con su jardín abandonado y su antiguo cementerio anexo, con el frío colándose por la viejas ventanas y las criadas murmurando al calor de la chimenea de la cocina. Las descripciones del desbaratado jardín y de los campo adyacentes, del bar del pueblo o de la vieja mansión decadente con su antigua biblioteca y sus humedades, que la convierte en algo muy alejado de un hogar acogedor, la lluvia y la niebla colaboran en conformar una opresora atmósfera, donde las tensas relaciones familiares que ocultan secretos, cuyo descubrimiento al final de la novela constituirán casi el único elemento de acción de la historia, ayudan para convertir a esta obra en una lectura fuera del tiempo que recuerda sin duda a las novelas de otras épocas a las que claramente rinde homenaje, desde la profesión de la protagonista, idéntica a la de Jane Eyre, hasta su apellido, copiado de las protagonistas de Sentido y Sensibilidad, película que, por cierto, acuden a ver al cine en la propia novela, y añadiendo a todo esto unos personajes que parecen actuar adrede a imitación de las grandes figuras románticas de siglos anteriores, con sus silencios, sus sobreentendidos y sus rencillas más o menos ocultas.

No puedo decir que me haya entusiasmado la novela, lo cierto es que me he pasado todo el libro esperando a que pasara algo realmente destacable, me ha parecido que no se elevaba en ningún momento el nivel de interés, que todo el relato mantenía un tono demasiado plano, salvo la ligera sorpresa final. Si bien me han parecido correctamente retratados los personajes, no los he encontrado suficientemente atractivos como para que me marquen de ninguna manera o dejen una huella permanente en mi memoria, tal vez porque no llego a ser una apasionada de las novelas a las que aquí se homenajean, no he logrado quedar prendada de esta inocente e ilusa señorita Dashwood que, seguramente, será capaz de enamorar a aquellos que adoren las novelas victorianas clásicas. Por tanto, resultándome correcta, no creo que sea esta una novela de las que me lance a recomendar, ni tan siquiera creo que permanezca en mi recuerdo después de un periodo prudencial de tiempo. Pero esta no es más que mi opinión, que conste.

miércoles, 7 de enero de 2015

Vestido de novia

De tantas novelas como vamos leyendo, nos encontramos con muchas obras que tienen algo destacable, que nos gustan por motivos diversos. Con frecuencia encontramos historias entretenidas, divertidas, emocionantes en distintos grados, algunas que nos entusiasman y otras que simplemente nos hacen pasar el rato, sin hablar de las que, sinceramente, podíamos haber omitido si llegamos a saber previamente que no nos iban a aportar mucho o nada. Yo suelo tener dificultades para establecer esos ránkings de "mejor lectura del año" que tanto he visto publicado en estos últimos días y que, lo confieso, siempre consulto para encontrar orientaciones de otros lectores sobre posibles buenas lecturas que haya podido pasar por alto y que me apetezca añadir a la siempre creciente lista de libros por leer. Pero nunca me resulta fácil determinar cuál ha sido mi libro favorito de todos los leídos en un año completo, cada uno tiene algo: puede haber una mejor comedia, una mejor novela romántica o una estupenda histórica, sin poder decidirme por un solo libro para situar por encima de todos los demás. Este año, sin embargo, voy a hacer una excepción y voy a entronizar además una novela que he leído en la última semana del año, pero que considero que me ha salvado doce meses completos de lectura y sospecho que a lo largo del año que viene va a ser uno de esos casos de recomendaciones que va pasando de boca a oreja entre amigos y conocidos y que va a resultar también el gran éxito del nuevo año 2015. Yo al menos no paro de recomendársela a todo aquel con el que me cruzo y que pronuncia la palabra "libro" al alcance de mi oído.

Y es que no es frecuente encontrarse con novelas como este "Vestido de novia", de Pierre Lemaitre, con una historia que te explota de repente entre las manos, que te deja (al menos a mí me ha pasado) con la boca abierta y los ojos como platos, que te hace sentir rabia, sorpresa, incredulidad, auténtica inquietud; que te agarra por el cuello y no te permite soltar el libro hasta resolver el endemoniado enredo que tienes ante los ojos. El relato es intenso, perturbador, confuso. Sophie, la protagonista, no recuerda, cree estar loca, la encontramos desquiciada, angustiada. Huye, no sabe bien de qué. Aunque Sophie es una asesina que se esconde, no podemos más que sentir simpatía por ella de algún modo, desear que nunca la encuentren, tal vez porque no tenemos muy claro que haya cometido esos terribles crímenes sin sentido, en realidad ni ella misma lo cree, una parte de su cabeza, donde aún queda algo de cordura no lo acaba de creer. Sólo vemos una mujer que sufre intensamente, que lucha contra su propia locura y que desea dejar de huir en algún momento. Y, repentinamente, el argumento da un giro que te deja petrificado, todo cambia de perspectiva y nos presenta otra cara de la historia, algo sorprendente y aterrador, la verdadera cara de una pesadilla que no imaginamos a dónde nos lleva ni de donde procede, cuál ha sido su origen, lo que la ha motivado ni cuál será su desenlace. Y necesitamos saber y para ello habrá que leer a toda velocidad, sin poder soltar el libro, ansiando llegar al final y resolver el asunto, o tal vez no queramos en realidad que se resuelva si sospechamos que puede no ser agradable. Reconozco que tras la explosión del argumento, tras ese momento en que la experiencia de la lectura se convierte en el pico de una enorme montaña rusa, era difícil que el final de la historia acabara mucho más en alto, todo es desde entonces caída libre, no hay un nuevo punto álgido a la conclusión pero no hace falta tampoco, ya hemos tenido suficiente emoción y sólo estamos deseando ver cómo acaba esta enloquecida historia. Creo que no soy capaz de transmitir toda la angustia y la desazón que he experimentado leyendo esta novela, así que no puedo más que repetir lo que vengo diciendo estos días a diestro y siniestro: "tienes que leer esta novela". Y ya no os puedo contar más.

martes, 30 de diciembre de 2014

Betibú

"Betibú" es mi segunda experiencia con la escritora argentina Claudia Piñeiro, con la que tuve un buen estreno gracias a su estupenda novela "Las viudas de los viernes". Nuevamente se nos presenta una historia de investigación criminal en la que se repite en parte el escenario de aquella otra novela, también en este caso el fallecido vivía en una de esas urbanizaciones de superlujo con verdísimas praderas ocupadas por amplias casas con personal doméstico y seguridad privada y donde los vecinos se desplazan en carritos de golf o haciendo jogging. La víctima en esta ocasión es Pedro Chazarreta, un notorio empresario cuya mujer fue asesinada también tres años antes y si bien el caso nunca fue resuelto, la opinión pública culpó sin dudarlo al esposo de aquella muerte. De este nuevo asesinato y de los que se sucederán se va a ocupar periodísticamente hablando un jovenzuelo inexperto que trabaja para el diario El Tribuno, "el pibe de Policiales" como le conoceremos a todo lo largo de la novela, que ahora sustituye a Jaime Brena, el experimentado reportero que se ocupó en su momento de la muerte de la esposa de Chazarreta; con muchos años de periodismo a la espalda, desplazado a la sección de Sociedad, poco reconocido y pensando ya en el retiro, Brena se convetirá en el ejemplo vivo de lo que es chico querrá llegar a ser algún día en la profesión periodística.

Nurit Iscar, conocida entre según qué íntimos como Betibú, es una novelista que conoció tiempos mejores antes de que la crítica hundiese su última novela. Ahora, abandonada por el público y los editores, se encuentra buscando hacia donde dirigir su obra cuando se entera de la muerte de Chazarreta; sus crónicas noveladas para El Tribuno sobre el caso pueden suponer su oportunidad de reconquistar a su antiguo público además de revivir su antigua relación con el director del diario, quien, por cierto, fue el que por primera vez la llamó a Nurit con el apodo de "Betibú".

La autora retrata magníficamente los ambientes en los que se desarrolla la historia: el "country" de lujo La Maravillosa y sus habitantes, la redacción del periódico y el mundo del viejo periodismo de reporteros frente a las nuevas tecnologías y el reinado de Google y la información rápida de usar y tirar, la incertidumbre de la novelista siempre al acecho de una buena historia que de lugar a una nueva novela o las reflexiones sobre los estragos de la edad de unos personajes que ya dejaron atrás la juventud hace años pero a los que les queda todavía mucho por hacer y por vivir. El lenguaje, en argentino puro, con lo que ello supone de giros, expresiones y entonación propia, es muy vivo, con diálogos veraces y ágiles que se combinan con reflexiones por parte de los protagonistas y de los numerosos secundarios que se expresan con soltura y viveza resultando cercanos y reales y todos ellos conforman un fresco retrato de la sociedad argentina y del mundo actual en general, de las diferencias entre clases, del eterno descontento de los argentinos por su clase política y, en definitiva, el resultado es una novela muy visual, de las que es fácil imaginar hecha película, pero película argentina, claro, de esas en las que el diálogo supera a la acción, básicamente el tipo de películas que a mí me gustan.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Adorables criaturas

El argumento de esta novela de Dolores Payás,  "Adorables criaturas" se inicia con la sorpresa que causa en una localidad provinciana el regreso del industrial León Ubach de uno de sus viajes a Gran Bretaña acompañado por su joven esposa, una inglesa de refinada educación pero formada en un ambiente absolutamente liberal y librepensador. La joven se hace acompañar de su hermana, activa feminista y soltera por convicción y la nurse que ha criado a ambas desde que estas perdieron a su madre en su más tierna infancia. El contraste entre las jóvenes de mentalidad abierta y sofisticada y la sociedad tradicional y reprimida de su nueva ciudad de destino marcan el tono del relato, la distancia entre el mundo que han conocido y esta provincia donde no se permite a las mujeres más actividades que las que se refieren estrictamente al ámbito doméstico o religioso, mientras que los hombres se ocupan de los asuntos realmente importantes, de la empresa y de la política.

La narración tiene cierta frialdad en cuanto a la manera de acercarse a los personajes y a los hechos que narra. A todo lo largo de la novela, el narrador se mantiene al margen de la acción, nos relata los sucesos y nos describe los personajes como si de una crónica se tratara, con poca o nula intención de empatizar con ninguno de ellos. El objeto final de la novela que entiendo que pretende ser una crítica caricaturizada del pobre papel de las mujeres en España en una época no muy lejana, resulta, más que irónico, agrio. Es complicado cogerle simpatía a ninguno de los personajes en esta novela que es casi coral, los numerosos retratos humanos reflejan prototipos sociales bastante estereotipados y, curiosamente, casi todos con un tinte negativo, en especial algunos como el médico o la nodriza que resulta hasta repulsiva. Abundan las escenas con un acentuado gusto por la sordidez y lo escabroso centradas en las vergonzantes costumbres sexuales de la reprimida sociedad provinciana de finales del siglo XIX que no ayudan a que la novela agrade. El ritmo de la narración es lento en cuanto a los hechos, deteniéndose en descripciones de lugares y personajes con acierto pero de manera en exceso impersonal, el narrador resulta demasiado distante, no logra insuflarles a los personajes aliento vital, parece que no siente simpatía por ninguno de de ellos y eso se transmite. La trama tarda en ponerse en marcha y luego se dilata demasiado durante muchos capítulos acumulándose los hechos en la última parte de la novela. Sí hay que reconocer que los capítulos son breves, lo que ayuda al ritmo de la lectura, la prosa es rica y muy descriptiva y es la forma de contar lo que más me ha enganchado: las imágenes, las metáforas e hipérboles  altamente visuales son la mejor baza de la novela.

Destacaría por tanto que, bajo el envoltorio de una prosa bastante trabajada, la novela supone una acertada crítica a un mundo y unas costumbres en las que las mujeres no quedaban demasiado bien paradas, limitadas en sus derechos políticos y la posibilidad de desarrollar una vida independiente de la "protección" de un hombre, fuera padre o marido, sin arriesgarse a ser tachada de licenciosa o descarriada. Si bien este ambiente opresor y las mentalidades retrógradas de la época están bien dibujadas, la parte argumental en sí no me ha llegado a convencer, por lo que no sería esta una novela que yo recomendaría con entusiasmo, de no ser a alguien que busque una lectura en la que prime el aspecto de crítica sociológica sobre la experiencia lectora de una buena historia en sí misma.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Lo que Alice olvidó

Sorprendente, curiosa y con un punto emotivo. Así definiría la original historia que en "Lo que Alice olvidó" nos cuenta la autora australiana Liane Moriarty que nos presenta de manera ágil y ligera lo que le sucede a Alice cuando, ejecutando un complicado giro en su clase avanzada de step, se golpea en la cabeza y pierde el conocimiento. La conmoción cerebral sufrida provoca que los últimos diez años de su vida se borren por completo de su memoria. Sus tres hijos, su afición por el gimnasio y hasta su reciente separación matrimonial dejan de existir. Ella se encuentra mentalmente en 1998, esperando su primer hijo y viviendo un romance permanente con su joven marido, su hombre ideal. La vuelta a la normalidad conllevará descubrir todos los cambios, avances y novedades que los diez años que han transcurrido hasta 2008 han llevado a su vida, aceptar de golpe sus nuevas circunstancias, la tristeza de su hermana, el nuevo matrimonio de su madre, esos hijos que han crecido y desarrollado un carácter que ella desconoce por completo. Todo su entorno ha evolucionado, algunas cosas para mejor, otras no tanto, pero el caso es que ella se ha quedado atrás, incluso le cuesta reconocerse a sí misma en la mujer en la que se ha acabado convirtiendo.

La novela está muy bien contada, la historia es totalmente creíble, tal vez algo exagerada en cuanto a algunos de los cambios que se han producido durante esos diez años que en ocasiones resultan un tanto drásticos, pero en general es bastante realista en cuanto al modo en que el mundo de una joven recién casada se ha transformado por completo diez años después, la manera en que se descubre ahora transformada en una ocupada y más madura ama de casa llena de compromisos y obligaciones, con un ritmo de vida y unas preocupaciones que le son ajenas por completo. Asistimos a la genuina incredulidad de Alice que va redescubriendo su propia vida desde cero con la mentalidad que tenía a los veintipocos años, el modo en que debe de conocer de nuevo a sus propios hijos, a sus amistades y vecinos, a las madres del colegio de los niños, al hombre en que se ha convertido su esposo o esa gran amiga suya, Gina, a la que todos mencionan y que ella ni siquiera recuerda. Es esta una historia que hace reflexionar sobre las decisiones que se van tomando en la vida sin saber hacia dónde te dirigen, sobre el modo en que cambiamos al madurar, como cambian nuestras prioridades e intereses y nos amoldamos a lo que se supone que debemos hacer al progresar en la vida. Es una historia sobre segundas oportunidades o más bien sobre vernos a nosotros mismos sin prejuicios, con una mirada nueva que es, en realidad, la de nuestros propios ojos cuando éramos más jóvenes. A Alice se le concede la oportunidad de probar la extraña pero enriquecedora experiencia de contemplar su propia vida y a sí misma y los que la rodean desde fuera, desde una perspectiva más inocente, como un espectador ajeno a sí mismo y decidir si ha encaminado su vida hacia donde siempre deseó o si habría preferido dirigirla por otro camino, dar importancia a otras cosas, centrarse en lo que realmente le habría hecho convertirse en una mujer feliz; obtener, en fin, la respuesta a esa pregunta tantas veces planteada y nunca jamás resuelta de ¿qué hubiera sido de mi vida si...?

Con un lenguaje sencillo y una forma limpia y clara de describir los sentimientos, desde la inocente mirada de Alice que descubre su propia vida con auténtica sorpresa, el descubrimiento de lo que supone ser madre, lo complicado de mantener una relación de pareja que resista la rutina y el paso del tiempo, hasta la amargura de su hermana Elisabeth, su resentimiento expresado con sinceridad y llaneza, la facilidad para entender su hastío, su rendición en la búsqueda de ese hijo que se resiste a nacer. Todas las historias que se nos cuentan en la novela son creíbles y cercanas y dejan un sabor agridulce al mostrarnos cómo el paso de los años suele convertirnos a todos en personas menos felices, más complicadas y más aburridas de lo que imaginábamos que seríamos en el futuro. Pero al menos nos deja abierta la puerta a la posibilidad de que, si nos damos cuenta de ello a tiempo, tal vez podamos tratar de corregir esa inexorable tendencia. ¿O será sólo en las novelas donde es posible esa vuelta atrás?