jueves, 14 de mayo de 2026

Último día en Budapest

Simbad es el apodo por el que se conoce al protagonista de "Último día en Budapest", esta novela de Sándor Márai, uno de los autores más relevantes de la literatura húngara que quiso homenajear con esta obra a Gyula Krúdy, un escritor húngaro ya fallecido y nunca demasiado bien acogido por la crítica en su país, convertido aquí en personaje.

Nuestro protagonista se dirige a la ciudad de Budapest desde una localidad vecina con la intención de entregar en la redacción del periódico para el que trabaja su último artículo y recibir a cambio el dinero que necesita para comprar un vestido nuevo a su hijita y pagar la factura de la luz. Por el camino se encontrará con su amigo el cuentacuentos que le acompañan en su jornada de recados: comienzan por los baños termales, van al mercado Central, al café Chicago donde se sentará a escribir su artículo, y acabará en el restaurante del hotel Londres donde almorzará. 

«el único ambiente saludable donde los escritores están algo protegidos de las tentaciones del mundo, de los abusos de la burocracia y de la brutalidad del dinero, es el café; cierto que la cafeína y la nicotina desgastarán sus pulmones y su corazón, pero sus mentes florecerán, y eso es lo más importante. Su señoría sabe, y yo también lo sé, lo que sabían todos los escritores de antaño: sin cafés no hay literatura.»

El relato nos ofrece toda una oda al pasado glorioso del país magiar, desde sus orígenes ancestrales, la herencia asiática, la huella que la invasión otomana dejó en el país en las construcciones y las costumbres, hasta la grandeza perdida del imperio austrohúngaro previo a la guerra en el que el propio Márai nació y creció; un mundo que en tiempos de Márai ya sólo pervivía en la literatura. Observa algunas muestras de este mundo en decadencia como los últimos carruajes de caballos, desplazados por los nuevos automóviles, o los hombres de honor que van de las carreras de caballos al baño de vapor y se enorgullecen de sus abultadas barrigas, símbolo de prestigio social; o los poetas que escriben en los cafés donde los escritores solían ser alimentados a cambio de sus artículos. También aparecen por el texto personajes procedentes de antiguas familias relevantes pero que ahora apenas subsisten rozando la miseria. Todo el libro es un elogio de la patria, de los elementos diferenciales de lo húngaro; se recrea en evocar los sabores tradicionales de la comida, su lengua única, a los antiguos poetas y literatos; describe la ciudad y los paisajes rurales, los aromas y las tradiciones donde se muestra la más pura esencia del país. 

«Sobre los países extranjeros sólo leía en las revistas ilustradas, porque opinaba que un caballero no debía ir al extranjero, donde los vinos resultan sospechosos, los platos se preparan con ingredientes desconocidos y las mujeres mienten en lenguas incomprensibles.»

Con un estilo de escritura densa, generosa y poética, desarrollada a través de largos párrafos, al más puro estilo de la literatura centroeuropea, Márai, desde su exilio provocando por el establecimiento del régimen comunista en su país, homenajea en este libro a sus raíces, reflexiona sobre los motivos que le llevan a escribir y deja plasmado el recuerdo de un pasado que no tardará en pasar definitivamente al olvido. 

«Hace mil años, cuando la tribu de los magiares abandonó Levedia, al pie de los Urales, para dirigirse al sur, llevó consigo arcos y útiles, pero sobre todo una lengua que nadie, salvo los miembros de la propia tribu, comprendía. Al marcharse de su tierra, lo que buscaban esos magiares nómadas no era una patria, sino praderas en las que alimentar a sus animales. Quienes más tarde transformaron la pradera en patria fueron os poetas y los escritores.»

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