viernes, 18 de diciembre de 2020

El corazón con que vivo

El prolífico y polifacético autor José María Pérez Peridis que hasta ahora se había especializado en relatos protagonizados por personajes históricos de la España medieval, avanza ahora varios siglos sin salir del escenario de su amada Castilla para trasladarse con su última obra, "El corazón con que vivo", al año 1936, en los días inmediatamente anteriores al estallido de la Guerra Civil en dos pueblos palentinos vecinos, Piedras Negras y Paredes Blancas, situados en una zona que supone el cruce de caminos entre la Meseta y la costa de Santander. Los dos pueblos hermanos representan a pequeña escala lo que era España en ese momento, ideológicamente dividida en dos bandos: los progresistas, socialistas y republicanos frente a los conservadores, clericales y monárquicos, falangistas y rojos frente a frente, los defensores de la República ante los que creen que había que dar un giro a la situación de descontrol y violencia existente. Todas las tendencias del arco político están representadas entre los habitantes de la comarca que convivían en una paz relativa hasta que la guerra les obligue a posicionarse frente a frente.

Las historias principales de la novelas están protagonizadas por las familias de los dos doctores locales: Honorio Beato, falangista hasta la médula, defensor de la Iglesia, la familia y los principios más conservadores, y por otro lado Arcadio Miranda, progresista, republicano y simpatizante del Frente Popular. El primero cuenta con tres hijas casaderas que frecuentan a los jóvenes del pueblo entre los que se encuentran los dos hijos de don Arcadio, también médicos como su padre y activos progresistas, siendo el mayor de ellos, Gabriel, un ferviente republicano, defensor del orden constitucional con cargo de concejal en el Ayuntamiento en el que su cuñado ejerce como alcalde.

"Aquella tarde, la situación en Paredes Rubias era de estupor, desconcierto y confusión. La guerra no era una cosa distante como la de Marruecos, ni un asunto lejano y de otros. Estaba allí mismo, en medio de los vecinos, cavando sepulturas y trincheras en los corazones. Sin llamar a la puerta se había colado por la plaza Mayor y nada más llegar había dejado una familia de luto."

Las guerra irrumpe en la cotidianeidad de cada uno de ellos, los sueños románticos de las jóvenes se encuentran ahora con el obstáculo de que los pretendientes se encuentran en el bando ideológico contrario. Los vecinos se convierten en enemigos, los hermanos en combatientes, el pueblo y sus habitantes se dividen en rojos y azules, enemigos irreconciliables y todo se aplaza y se supedita al desarrollo de la contienda.

"Esta guerra la hemos perdido todos"

Y después llegará la postguerra con sus ajustes de cuentas, las depuraciones, la miseria y las desigualdades en función de dónde se haya combatido. Los protagonistas deberán hacer su parte para emprender el difícil camino había la reconciliación, no sólo de los vecinos del pueblo sino la de todo un país. El tono general de la novela es fundamentalmente positivo, esperanzado en la capacidad de perdonar, de superar los enfrentamientos y de pasar página trabajado unidos por cerrar las heridas causadas, algo que hasta hace algunos años parecía que se había logrado en este país, aunque ahora algunos se empeñen en que aquellas heridas nunca se acaben de cicatrizar.

lunes, 7 de diciembre de 2020

El sonido de un tren en la noche

Descubrí a Laura Riñón Sirera hace unos pocos meses a través de su interesante cuenta de Instagram Amapolas Librería donde comparte su pasión por los libros y nos permite adentrarnos de alguna manera en las interioridades de su trabajo desde su librería Amapolas en Octubre de Madrid . Y desde allí he llegado necesariamente a la curiosidad por conocer una de sus novelas, "El sonido de un tren en la noche", con la que realizo mi primera incursión en su obra literaria y que probablemente no sea la última.

Lo que nos cuenta la novela es una historia que va y viene desde el Madrid de finales de los años 50 a un pueblecito de ensueño en la costa de Oregón pasando por Nueva York, siguiendo los pasos de su protagonista, Clementina, una mujer cuya vida comienza como un auténtico cuento de hadas cuando nace en el seno de una familia de la aristocracia madrileña llena de amor, con todo a su favor para preconizar una existencia perfectamente feliz. Pero el destino decide tomar otro rumbo cuando los acontecimientos tornen el cuento en drama y a Clementina le tocará a partir de ese momento huir constantemente de los tristes recuerdos conservados en los lugares donde un día fue feliz, obligándola a esconderse intentando borrar su pasado e incluso a tener que crearse una nueva identidad.

Es preciso destacar la exquisita sensibilidad por parte de la autora para manejar la expresión de los más profundos sentimientos con gran elegancia, para dibujar las escenas con realismo y el cuidado en la elaboración de bellas metáforas y frases dignas d ser subrayadas pero ante todo destaco su habilidad para crear unos personajes que llegan al corazón. Me conmueve la historia de Clementina, he sufrido con sus pérdidas y con su sufrimiento por el paraíso perdido, he llegado a adorar a su familia, a los marqueses tan encantadores y cariñosos, a ese hermanito juguetón y cómplice y la acompaño en el proceso que emprende hasta lograr la reconstrucción de su alma, hasta descubrir que todo por lo que pasa, bueno o malo, acaba configurando lo que es como persona y aprenda, aunque sea a base de golpes, a quedarse sólo con lo mejor del pasado para configurar su nueva vida. Una gran historia contada en un hermoso libro lleno de melancolía, amor y aprendizaje.
"Estamos hechos de los pedacitos de las personas que se cruzan en nuestro camino"

lunes, 30 de noviembre de 2020

La dependienta

Está claro que para que una novela sea grande no es imprescindible contar con trescientas páginas, basta con que sea capaz de contar una gran historia con grandes personajes y que nos sirva para transportarnos a un lugar atractivo y diferente. Y todo eso lo he encontrado en esta novelita de la japonesa Sayaka Murata en la que nos presenta a Keiko Furukura "La dependienta" del Smile Mart, una konbini o tienda de comida abierta 24 horas al día situada en un distrito de oficinas de Tokio. Keiko es la empleada ideal: soltera, sin compromiso, bastante rarita pero entregada en cuerpo y alma a su trabajo en la tienda. La konbini es todo su mundo, se desvive por cumplir con sus rutinas, atender con amabilidad a los clientes, promocionar la oferta del día, reponer la comida preparada en los expositores y tener siempre bebidas frías en la nevera. Pero Keiko es incapaz de experimentar sentimientos y lo tiene difícil para desenvolverse en el mundo que hay fuera de la tienda, sin embargo ha aprendido a comportarse imitando a sus compañeros, copiando su tono de voz, las expresiones faciales o las palabras justas que debe repetir en cada circunstancia para parecer normal.

La protagonista de esta sencilla y delicada historia es un ser rarito dentro de lo rarita que ya de por sí nos puede resultar la sociedad japonesa en muchos aspectos que la distinguen de la occidental: la obsesión por cumplir con las expectativas que se les marcan a los buenos ciudadanos para conseguir un trabajo bien remunerado, formar una familia y ajustarse al máximo al estándar de comportamiento cívico. Keiko es lo que sus conciudadanos prácticamente consideran como un parásito, una persona sin apenas utilidad, no encaja ni sabe cómo encajar, pero lo mejor de todo es que no le interesa tampoco convertirse en una persona de provecho, le basta con formar parte de su pequeño mundo, ser una pieza más del engranaje que permite seguir funcionando a su konbini. Eso es lo único que necesita para dar sentido a su pequeña vida.

viernes, 27 de noviembre de 2020

El silencio del bosque

Me estreno gracias a este título, "El silencio del bosque", con la serie de Tana French protagonizada por los detectives Ryan y Maddox,  destinados en el departamento de homicidios de la Garda (cuerpo de la policía irlandesa). Alguna ventaja ha de tener en ocasiones el ser maniática y ordenada como me ha ocurrido en este caso en el que, gracias a empezar la serie por el primera entrega, he podido conocer a Robert Ryan desde sus orígenes y sobre todo conocer el suceso que marcó su infancia: cuando contaba doce años desapareció, junto a otros dos niños, en el bosque que se encontraba a la espalda de su urbanización donde solían jugar. Tras varias horas de búsqueda lo encontraron en estado de shock, y manchado de sangre. Sus dos amigos nunca aparecieron y tampoco regresaron nunca los recuerdos de lo sucedido aquel día.

Igualmente he asistido desde su inicio la estrecha y peculiar relación no sólo profesional sino también de amistad con Cassie Maddox, su compañera de trabajo con la que conforma una atractiva pareja de investigadores sobre la que la autora ha desarrollado ya toda una serie de seis novelas hasta la fecha.

El caso que centra la acción en esta ocasión se inicia con la aparición del cadáver de una niña en Knocknaree, zona residencial al sur Dublín que resulta ser el lugar donde Ryan vivió en su infancia y a donde no había vuelto desde que todo aquello ocurrió. El regreso al escenario de aquellos hechos y algunas similitudes entre ambos casos provocan que Ryan trate de recordar algo de lo que les ocurrió a él y a sus amigos hace ya tantos años en el mismo bosque, pero su cerebro parece que borró por completo todo aquello como un sistema de defensa contra el horror vivido, lo que dificulta el tratar de determinar si ambos casos tienen alguna relación más allá de la coincidencia geográfica y el tener a unos niños como víctimas.

Me ha sorprendido gratamente la forma en que la autora relata los hechos, alejada de la frialdad e imparcialidad con la que se supone que los detectives de homicidios analizan sus casos. A todo lo largo del relato vamos adentrándonos en los más profundos sentimientos de Ryan que narra el caso en primera persona y resulta muy cercano y sincero en la expresión de sus temores y sensaciones. Se logra humanizar el trabajo policial mientras asistimos a su lucha personal contra el trauma causado en su infancia que le impide recordar los hechos que protagonizó y sus sentimientos al aproximarse a las víctimas sin poder evitar sentir empatía por los niños que han pasado por situaciones y pérdidas por las que él también pasó. Igualmente, resultan interesantes sus opiniones y su posición frente a temas como la muerte y la forma en la que esta se afronta en la sociedad actual, sus reflexiones sobre la infancia, el origen de la maldad y la bondad, el debate sobre si los criminales lo son por naturaleza o meras víctimas del sistema y la sociedad, su indignación en relación con la corrupción política de su país o las complicadas relaciones entre ingleses e irlandeses. Sin duda esta es una novela que merece mucho la pena leer, más allá de la pura trama policial que supone el centro de su argumento, pero que también nos hará disfrutar de un amplio repertorio de temas paralelos, personajes atractivos y mucha acción acompañada de interesantes reflexiones. Una lectura bastante completa como podrán comprobar todos aquellos que se decidan a disfrutarla.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Hannah

El otrora presentador de televisión Christian Gálvez y hoy día reputado especialista en el Renacimiento italiano no deja de sorprender con su nueva faceta de escritor, oficio en el que ya demostró que era capaz de desenvolverse con soltura en sus novelas sobre Leonardo y Miguel Ángel y al que regresa con esta nueva obra "Hannah" con la que logra hacernos creer que va creciendo como autor, que domina el ritmo, la frescura en los diálogos, la alternancia de varios planos temporales pero, sobre todo, que es capaz de volcar de manera interesante y entretenida la gran cantidad de conocimientos que atesora sobre el momento histórico en el que se desenvuelve la acción de cada uno de sus libros, en este caso la II Guerra Mundial en Italia y más concretamente en su adorada ciudad de Florencia, dando lugar a novelas que combinan la emoción con la información y el rigor histórico.

La protagonista de la novela es Hannah, una joven estudiante de psicología que se encuentra preparando su doctorado sobre las expresiones faciales de las emociones en el arte renacentista,  para lo que se ha instalado junto con una amiga en la ciudad toscana. El fallecimiento de su abuela con la que compartía nombre y que la había criado tras la muerte de sus padres en un accidente, lleva a Hannah de vuelta a Madrid donde, organizando cajones, descubre una cartilla militar nazi donde aparece el nombre de su abuela junto a un número y un nombre: G. Wolf. Si bien la abuela, italiana de origen judío, vivió sus primeros años como niña en Florencia durante la II Guerra Mundial, nunca compartió con su nieta ningún recuerdo de aquellos años ni menciono aquella libreta. La joven Hannah siente, sin embargo, que si su abuela conservó aquel documento durante tanto tiempo fue porque lo consideraba importante, por lo que inicia una investigación para tratar de descubrir así algo más sobre la vida de su adorada abuela. «Preservar la memoria. Es lo único que tenemos».

Placa en recuerdo a Wolf en el Ponte Vecchio
Placa en recuerdo a Wolf en el Ponte Vecchio
En paralelo vamos a ir conociendo a algunos personajes que pasaron los años de la guerra mundial en la Italia fascista ocupada por las tropas alemanas, entre los que destaca Gerhard Wolf, cónsul alemán en Florencia que colabora con el responsable del Instituto alemán de cultura en la ciudad, Kriegbaum, y otros alemanes instalados en la ciudad y que anteponen su amor por el arte y por la belleza de la ciudad de Florencia a los mandatos irracionales del fascismo y tratan de proteger las grandes obras y monumentos que atesora la ciudad frente a los riesgos que suponen para ellas la guerra y la rapiña de su propio gobierno. Pero sobre todo, lo que Wolf y su red de colaboradores, entre los que contará con el cardenal Della Costa y el rabino de la ciudad, tratarán de salvar serán vidas humanas. Pronto se va a olvidar el autor prácticamente de la excusa de la historia de la Hannah de la actualidad para centrarse en contarnos cómo el cónsul alemán arriesgó su vida al igual que hicieron otros cuántos idealistas para tratar de librar a Florencia de la barbarie e irracionalidad del nazismo. 

"Las personas que tienen la osadía de creer que pueden cambiar el mundo son las que terminan cambiándolo."

martes, 17 de noviembre de 2020

Escrito en el agua

Vuelvo a probar suerte con una novela de Paula Hawkins, autora de la mundialmente famosa "La chica del tren", uno de los grandes best sellers de hace unos pocos años. "Escrito en el agua" es igualmente un thriller, ambientado en esta ocasión en un pequeño pueblo inglés llamado Beckford a la orilla de un río que se remansa en la que popularmente se conoce como la poza de las ahogadas, escenario de la muerte de varias mujeres ocurridas en sus aguas. Un día aparece ahogada allí Nel Abbott, fotógrafa y escritora que vivía en el viejo molino a la orilla del río y que siempre se había sentido obsesionada con las muertes de la poza, tanto, que había dedicado sus últimos años al proyecto de un libro ilustrado con sus fotos y donde trataba de reconstruir las historias de algunas de las mujeres ahogadas allí a lo largo de los años, una idea que no agradaba a sus convecinos, poco deseosos de que se removiera un pasado demasiado doloroso.

Pero la historia negra de aquel lugar no es algo nuevo; hace varios siglos ya se practicaban allí ordalías contra mujeres acusadas de brujería: se las ataba de pies y manos y las lanzaban al agua en la creencia de que si eran inocentes se hundirían pero si se trataba de auténticas brujas quedarían flotando sobre el agua; de una manera u otra acababan muriendo: bien ahogadas, bien en la horca.

"Éste es un paraje idílico: los robles dan sombra al sendero, las hayas y los plátanos salpican las laderas de las colinas y, en la ribera sur, hay una orilla arenosa en pendiente. Un lugar para jugar a las palas o llevar a los niños; el sitio idóneo para hacer un pícnic un domingo soleado. 

Pero las apariencias engañan, pues se trata de un lugar mortal."

Con la investigación de la muerte de Nel saldrán a la luz toda una serie de relaciones personales, odios y enfrentamientos que existen entre los habitantes del pueblo afectados directa o indirectamente con las muertes más recientes. Numerosos personajes se entrelazan en la trama: Louise, la madre de Katie Whittaker, la última chica que se ahogó, íntima amiga de Lena, la hija de Nel; Jules Abbot, la hermana de Nel con la que no se hablaba desde hace años; Mark Henderson, profesor del instituto cuya directora, Helen, está casada con Sean Townsend, policía local encargado del caso junto a la sargento Erin Morgan, enviada desde Newccastle para colaborar en la investigación.  La policía tendrá que desenredar la tramas de relaciones personales, antiguas historias y conflictos hasta llegar a determinar si la muerte de Nel fue accidental o si alguien la provocó.

Me ha parecido que, especialmente al principio, la lectura era poco ágil, la narración demasiado enrevesada presentaba fragmentos de cada personaje que no terminan de resultar esclarecedores. La combinación de historias del presente y el pasado tarda en plantearse. Hace falta avanzar bastante hasta que se aclara un poco el argumento que, finalmente logra recuperar el buen ritmo y situar a cada personaje en su papel en la trama. La narración que alterna la primera persona y la tercera según el personaje que protagoniza cada capítulo, no ayuda a coger ritmo a la novela que da la sensación de ser un intento por parte de la autora de crear una historia más elaborada que su anterior obra, de ofrecer más complejidad en la estructura y mayor profundidad en el retrato de los personajes, pero en mi opinión se ha complicado de más a la hora de contar esta historia de mujeres víctimas de la incomprensión, de unas muertes que han quedado sin aclarar durante años y que han sido cubiertas bajo capas de silencio, vergüenza, mentiras y secretos que necesitaba ser desvelados finalmente. Una buena historia que queda algo ensombrecida por una forma demasiado enrevesada de ser contada.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Nos vemos allá arriba

Descubrí a Pierre Lemaitre a través de su faceta de autor de novelas policíacas con la serie del inspector Camile Verhoeven de la cuál me fascinó su capacidad de sorprender al lector con sus tramas altamente inquietantes y sus giros sorprendentes. Y después del éxito de aquella colección el autor dio un giro para adentrarse en otros géneros con igual acierto, así que tras la interesante "Tres días y una vida" me adentro ahora en su serie de ficción histórica situaba en torno a la I Guerra Mundial y siempre con París como escenario principal.

"Nos vemos allá arriba" inicia su acción en noviembre de 1918, a pocos días del armisticio que pondrá fin a la guerra, días en los que el ánimo ente los soldados del frente es básicamente de impaciencia y expectación ante la promesa del deseado regreso a casa y la esperanza de recuperar pronto sus vidas de antes. Un acto irresponsable y egoísta por parte del teniente Pradelle, un oficial ansioso por hacer méritos que le reporten un interesante ascenso antes del próximo fin de la guerra, obliga al batallón de soldados a sus órdenes a asaltar una colina cercana, acción en la que los soldados Albert Maillard y Édouard Péricourt se verán arrastrados al borde de la muerte y sufrirán unas consecuencias que dará lugar a que nunca vuelvan a ser los jóvenes ilusionados y llenos de proyectos que eran hasta ese momento.

Una vez desmovilizados, Pradelle alcanzará un gran éxito económico, emprenderá boyantes negocios y entrará a formar parte de la élite del país gracias a un acertado matrimonio y la falta de escrúpulos para aprovecharse de las circunstancias, mientras que Maillard y Péricourt se convertirán en dos miserables excombatientes quedando relegados a los más bajos escalones de la sociedad. Albert abandona sus planes de casarse con su novia Cecile y llevar una feliz y sencilla vida burguesa, mientras que Edouard desaparecerá literalmente del mundo haciéndose pasar por fallecido para no volver junto a su adinerado e intransigente padre; convertido en un completo incapacitado, optará por vivir escondido de todos, quedando bajo los cuidados de su amigo Albert.

La historia que nos cuenta Lemaitre está plagada de cadáveres, de cuerpos destrozados y mutilados, de almas rotas, algunos con daños bien visibles y otros invisibles a simple vista, de hombres absolutamente corrompidos por dentro, "inválidos del corazón", víctimas todos de la guerra. Nos encontramos con especuladores que hacen negocio a costa del dolor ajeno y de oportunistas que se enriquecen gracias al homenaje a los héroes caídos, mientras que los excombatientes a los que se debería honrar adecuadamente por el sacrificio realizado por el país no son más que unos desgraciados de los que nadie se preocupa y que malviven arrastrando sus lesiones y apenas subsisten con unas exiguas pensiones y ningún reconocimiento por parte de sus conciudadanos. La novela nos muestra un amargo retrato de personajes llenos de claroscuros, de matices, intensos y profundos, que no siempre son completamente positivos o negativos sino hombres con debilidades y sufrimientos que se mueven por maldad, por codicia, por cobardía, miedo o remordimientos, mostrando las numerosas y variadas respuestas del ser humano frente a las dificultades que la vida les plantea. Un novela muy intensa y altamente recomendable que muestra que nada bueno resulta nunca de las guerras.

sábado, 31 de octubre de 2020

La quinta víctima

En la primera entrega de esta serie obra de J.D. Barker, el agente Porter resolvió el caso de los crímenes cometidos por el asesino en serie conocido como "El Cuarto Mono", descubrió a Anson Bishop, el hombre que se ocultaba bajo este apodo, pero en último momento éste logró escapar, algo que ni las autoridades ni la opinión pública le han perdonado todavía a Porter. Ahora en "La quinta víctima" nos encontramos con que el caso ha sido traspasado al FBI cuyo investigador principal, Poole, cree sin embargo que Porter iba bien encaminado en sus pesquisas y trata de localizar a Bishop a través de las pistas recabadas por aquel en su anterior investigación.

Poco tiempo después vuelven a desaparecer chicas y el equipo de la policía Metropolitana de Chicago se pone en marcha de nuevo, pero en este caso los métodos en que están siendo asesinadas las chicas y encontrados los cadáveres no coinciden con el modus operandi del anterior caso, aunque la prensa y el público insisten en que es el Cuarto Mono el que está detrás de estos nuevos crímenes. Y además también son asesinados los padres de las chicas. Todo apunta hacia un asesino muy hábil capaz de moverse por ciudad sin llamar la atención tanto para llevarse a las chicas como para cometer sus crímenes y trasladar los cuerpos sin que nadie lo detecte La abundante nieve que esos días cubre Chicago y las bajas temperaturas que hacen que la mayoría de la población evite andar más de lo imprescindible por las calles parecen estar ayudando al criminal a pasar desapercibido. "A veces era mejor que las miserias del mundo quedasen ocultas bajo un manto de color blanco".

Pero a pesar de que los policías se enfrentan a éste como un caso nuevo distinto al del Cuarto Mono, otros asesinatos relacionados con el caso anterior se entremezclan en la investigación que ambos cuerpos policiales están llevando a cabo en paralelo. Nuevamente Porter es apartado de su trabajo temporalmente por incumplir los procedimientos y tratar de seguir con la investigación que ahora corresponde a los federales, pero seguirá por su cuenta tratando de resolver ambos casos que indudablemente están conectados.

La trama de la novela es bastante enrevesada y está llena de tensión desde el principio hasta el final, no se descansa ni un solo momento. Abundan las desapariciones y los cadáveres y sorprenden los extraños modos en que el asesino prepara la escenificación en que estos son encontrados, de manera que claramente quieren decir algo, esta tratando de enviar algún tipo de mensaje que justifique el porqué de que estas chicas y sus padres son asesinados, pero nos encontramos durante gran parte de la novela tan perdidos como los propios investigadores persiguiendo a uno o varios criminales muy escurridizos e imprevisibles con todo un plan preconcebido que deben desentrañar. Claramente el Cuarto Mono ha cambiado de estrategia y tiene otras cuentas que saldar aunque ahora ha variado de método y ya no trabaja solo.

Si bien en cuanto a la estructura argumental me he sentido un poco confundida por la cantidad de información sin sentido que recibimos, sí que destacaría como elemento positivo de está nueva entrega el buen reparto de personajes que están muy logrados, no solamente los detectives principales, Porter y Poole, sino también el resto de los policías de Chicago: Nash, el pachorrón compañero de Porter, Clair, que se encuentra al mando de la operación una vez su jefe ha sido apartado del servicio y Kloz el agudo informático que rastrea incansable las pistas del asesino en la red. Todos ellos toman mayor protagonismo y resultan muy cercanos e interesantes. E incluso los personajes antagonistas, Bishop y su nuevo esbirro, resultan impactantes como personajes,  desagradables y totalmente odiosos, logran que los rechacemos de manera absoluta.

Y con todo eso, llegamos al final de la novela que, además de resultar bastante desconcertante y con sorpresa inesperada incluida, queda completamente abierto y, si cabe, más enrevesado que nunca, lo que nos obliga a dar paso lo antes posible a la tercera y última entrega ser la serie en la que esperemos que se termine de resolver el caso que verdaderamente tiene la capacidad de mantenemos en vilo a lo largo de todas y cada cada una de sus paginas. Confiamos en que Porter se recupere de la última jugada de Bishop y sea capaz de darle caza finalmente.

domingo, 25 de octubre de 2020

Un otoño romano

Vuelvo a combinar gracias a la lectura de "Un otoño romano" dos de mis grandes pasiones: la literatura de viajes y la ciudad de Roma. En esta ocasión es el escritor Javier Reverte junto al que ya paseamos con anterioridad por las calles de Nueva York, el que nos lleva a disfrutar de la Ciudad Eterna, de los monumentos, las calles y los innumerables rastros de tantos siglos de Historia que allí se conservan, pero sobre todo el autor se dedica a seguir los pasos de muchos de los escritores y artistas, clásicos y contemporáneos, que recorrieron la ciudad antes que él, compartiendo abundantes citas y referencias de tantos otros que también disfrutaron de la ciudad, que en ocasiones la amaron y otras veces la odiaron pero que, en cualquier caso, dejaron escritas sus impresiones sobre esta ciudad única.

Y eso es algo en lo que todos están de acuerdo: Roma es una ciudad irrepetible, llena de peculiaridades y particularidades que hacen que no se parezca a ninguna otra. El autor dedica sus días a patear las calles llenas de turistas o las plazuelas sólo frecuentadas por los habitantes locales, almorzar en restaurantes tradicionales, regresar una y otra vez a su amada plaza de Campo dei Fiori y a su mercado diario, recorrer el barrio judío, sorprenderse ante las tiendas de vestimentas religiosas y ornamentos litúrgicos y por supuesto disfrutar de las innumerables iglesias plagadas de obras de arte sin igual.

Al hilo de sus paseos, reflexiona el autor sobre el arte y los artistas, sobre Dios y las religiones, sobre los viajes y los turistas, en un texto que no sigue una estructura determinada ni un plan organizado más allá de tratarse de una suerte de diario en el que va plasmando los pensamientos que cada uno de esos paseos le provocan y las impresiones que la ciudad deja en el autor referidos a los más diversos temas y asuntos.

"Escribo ya vencido el día, con los ventanales de mi estudio abiertos a Roma, mientras una luna gorda y sensual brilla en el cielo, hacia el este, y la brisa del amable verano sopla sobre el Gianicolo. Suena la campana de alguna de las iglesias que se ven desde la altura de San Pietro in Montorio. Campana y luna llena, ¡qué hermosa conjunción! La colina es un excelente lugar para escribir, y el inicio de la noche es una buena hora para hacerlo."

No hace mucho tiempo reseñaba otra obra similar a esta; en aquel caso se trataba también de un diario escrito por el escritor norteamericano Anthony Doer que igualmente recogía sus impresiones durante su estancia en la ciudad becado por la American Academy, cuya sede se encuentra bastante cercana a la Real Academia Española desde donde escribe Reverte, en lo alto de la colina del Gianicolo, con lo que me gusta pensar que ambos autores compartirían probablemente unas vistas semejantes sobre la ciudad mientras escribían sus respectiva obras. No hay duda de que este debe ser ciertamente uno de los lugares más inspiradores del mundo y gracias a los libros tenemos la fortuna de transportarnos hasta allí aunque sólo sea con la imaginación. En estos tiempos inciertos en los que los viajes se restringen a lo puramente necesario, en que el turismo anda de vacas flacas y se nos recomienda quedarnos en casa lo máximo posible, debemos sentirnos más agradecidos que nunca a la literatura que desde siempre ha supuesto una magnífica manera de descubrir el mundo desde la comodidad de nuestro sofá. Por ahora nos tendremos que conformar con esto mientras seguimos soñando con volver a Roma algún día, esperemos que no muy lejano.

domingo, 18 de octubre de 2020

My lover's lover

He comentado alguna vez que me siento incómoda cuando me veo obligada a decidir mis lecturas por razones tales como continuar una serie porque sí, sin que se dé el caso de que cada una de las entregas me hagan disfrutar plenamente, o por cumplir con un reto de esos que te marcan tantos libros de un género determinado al año o un título por cada letra del abecedario... (de hecho, hace ya tiempo que me negué a participar en esas mecánicas) A pesar de todo eso y considerando que sería un tema interminable el determinar las razones que nos llevan a seleccionar cada una de nuestras lecturas, debo confesar que en el caso de "My lover's lover" la principal motivación para leerla ha sido satisfacer una irrefrenable ansia completista por descubrir todas y cada unas de las novelas publicadas por Maggie O'Farrell, una de mis autoras favoritas. No sé si me equivoco, pero creo que este título no está publicado en castellano, aunque tampoco me extraña que en algún momento alguien se decida a hacerlo, dado el éxito de público que han cosechado las novelas más actuales de la O'Farrell en nuestro país. Aunque también me podría plantear si la razón por la que este título todavía no ha llegado a nuestro país se pueda deber a que los editores han considerado que esta segunda novela publicada por la autora nordirlandesa no llega al nivel de sus obras posteriores, esas que han conquistado a tantos lectores entre los que me cuento yo misma.

La historia que nos cuentan en esta novela se estructura en tres largos capítulos más un breve epílogo; cada una de las dos primeras partes está dedicadas a cada unas de sus protagonistas, dos mujeres unidas por su relación con el mismo hombre, aunque con historias de amor bien diferentes. Lily es una joven traductora algo desorientada sobre el rumbo profesional que debe tomar, que alterna varios trabajos a medida jornada y está deseando dejar de vivir en casa de su madre. La ocasión de independizarse se le presenta cuando conoce a Marcus, un atractivo y algo esquivo arquitecto que le ofrece una habitación en su piso, un antiguo almacén rehabilitado por él mismo y convertido en un moderno loft y casi de inmediato inicia con él una relación sentimental. Pronto descubrirá que existió una ex llamada Sinead que "ya no se encuentra entre nosotros" y que, ante el rechazo total de Marcus de darle cualquier tipo de explicación o información sobre ella, se convierte en una obsesión para Lily, que incluso comienza a sentir que su fantasma permanece en el piso como una presencia que la observa y parece tratar de hacerle llegar algún mensaje.

El segundo capítulo nos descubre la relación entre Sinead y Marcus, desde su fulgurante enamoramiento hasta la traición que que precipitó su separación. Finalmente, la vida de las dos mujeres se cruzará y ambas deberán decidir cuál será su relación con Marcus, si le permiten seguir siendo parte de sus vidas o deben alejarse de él, de su egoísmo y su falta de empatía por los sentimientos ajenos.

La de esta novela no es una lectura ligera porque de un párrafo al siguiente puede cambiar el escenario del relato, alternando presente y pasado e incluso el narrador pasa de la primera persona a la tercera dependiendo del momento en que se sitúa la acción. Sumado eso a los típicos arranques de escena a los que la autora nos tiene acostumbrados en los que la acción se nos presenta ya iniciada y en la que, sin aportarnos información previa, nos mete de lleno en una situación ya en curso, se entiende que todo esto exige un mínimo nivel de concentración para seguir el hilo de la trama, estar pendiente de qué personaje está hablando en cada momento y en qué tiempo nos encontramos. Pero esto no es un aspecto negativo de la lectura sino simplemente un factor que exige más implicación por parte del lector que en otro tipo de novelas en las que constantemente nos ponen en situación sobre las circunstancias que rodean cada escena. 

Como una de las primeras obras de la autora y a pesar estar lejos de poder ser considerada como una de las mejores, ya podemos encontar en esta novela muchos de los rasgos característicos de la O'Farrell: sus complejos personajes femeninos, su universo de sentimientos y sensaciones retratados con detalle, la precisión de las descripciones minuciosas, desde la forma de tocarse el pelo a la sensación de la lluvia colándose por el cuello de un abrigo, descripciones tal vez superfluas, pero que logran ponerte en la piel de las protagonistas, sentir lo que ellas sienten, no solo a nivel emocional sino incluso sensorial. Tal vez sea esta una lectura recomendable básicamente para los fans confesos como yo de la autora que deseen descubrir la totalidad de sus obras, pero no supone, en cualquier caso, un título imprescindible. Qué cada uno tome su propia decisión.

domingo, 11 de octubre de 2020

El jardín secreto

Hacía bastante tiempo que tenía ganas de descubrir "El jardín secreto", esta novela de Frances Hodgson Burnett que figura entre los títulos más populares de la literatura infantil inglesa. Si bien había oído auténticas maravillas sobre él, temía que el hecho de tratarse de una obra destinada en principio al público infantil pudiera resultar de escaso interés a una lectora que, como es mi caso, hace ya bastantes décadas que deje atrás la infancia. Pero debo confesar que, tras haberlo disfrutado enormemente, entiendo perfectamente que se haya convertido en todo un clásico de la Literatura, ya que resulta una lectura perfectamente disfrutable tanto para niños como para adultos que se dejen conquistar por este mundo de fantasía, inocencia y,  sobre todo, un intenso amor por la Naturaleza.

La protagonista de la historia es la pequeña Mary Lennox que pierde a sus padres junto con todos los sirvientes de su casa en la India colonial cuando se desata una tremenda plaga de cólera. Al quedar completamente desamparada, es enviada de vuelta a Inglaterra donde será acogida por el único familiar lejano que le queda y al que ni siquiera conoce, su viejo tío Archibald Craven. La pequeña Mary es una niña poco agraciada y escasamente sociable, más bien apática debido a que nunca se ha sentido cuidada ni querida por sus padres que siempre la dejaron al cargo de una multitud de criados, entre los que se crió como una niña consentida y egoísta. Su destino una vez llegue a Inglaterra será Misselthwaite, la propiedad de su tío donde la pondrán al cargo de la señora Medlock, ama de llaves de la casa, y de Martha, la criada que destinan a su servicio.

"La casa tiene una antigüedad de seiscientos años, y está en un extremo del páramo. Hay casi cien habitaciones, la mayoría de ellas cerradas con llave. Y hay cuadros y buenos muebles que llevan allí siglos, y rodea la casa un enorme parque, y hay jardines y árboles, algunos con ramas que llegan hasta el suelo... Pero no hay nada más"

Para mí, la descripción inicial de la gran casa en medio del páramo desolado que pretende ser terrible y desasosegante y tal vez lo sería para los niños a los que iba dirigida la obra en origen, me resulta, sin embargo, fascinante y prometedora: un escenario absolutamente atractivo donde vivir aventuras sin fin y descubrir todo un mundo de libertad y fantasía.

La curiosidad de Mary le llevará a conocer a los otros dos protagonistas del cuento: a Dickon, un niño mágico que habla con los animales, conoce todos los secretos de las plantas y criaturas que pueblan el páramo donde se mueve como uno más de ellos, en perfecta armonía con la Naturaleza y a Colin, un niño enfermizo y solitario que vive permanentemente encerrado en un cuarto, aquejado de una enfermedad inexistente y esperando que le llegue la muerte segura que todos los que le rodean le auguran desde que nació; su carácter irascible y tiránico se esfumará al conocer a Mary y cuando esta comparta con él el secreto del maravilloso jardín escondido que posee la mansión y que no es sino el gran protagonista y eje central del libro y que despierta en los niños el intenso amor por la Naturaleza encerrada entre sus muros, les hace descubrir la vida abriéndose paso desde el fondo de la tierra jugosa que tras el frío invierno, que vuelve a hacer retoñar la hierba, asomar las verdes puntas de los rosales trepadores que parecían muertos, sorprenderlos con las nuevas yemas y diminutos capullos de todas las plantas que prometen el renovado espectáculo de cada primavera florida.

Es fácil dejarse cautivar por la atmósfera encantada de la inmensa y oscura casa, de los paisajes asombrosos que procuran los extensos y solitarios paramos, del jardín cautivador y mágico con sus incontables colores y olores, los cantos de las aves y la infatigable actividad de los animales que lo pueblan. Se disfruta así intensamente de esta bellísima fábula en la que asistimos al florecer de Mary y Colin al mismo ritmo que florece su jardín, a la victoria de la bondad y la amistad frente a la oscuridad que la soledad y la tristeza habían sembrado en los corazones de estos niños que vivían dejados de lado por sus mayores pero que logran hacer resurgir el aspecto más luminoso y positivo de la vida gracias al descubrimiento de su maravilloso jardín secreto.

"Si no se ha tenido nunca un jardín, no se podrá entender; y se tiene uno, se sabrá que se necesitaría un libro entero para explicar todo lo que allí sucedió"

lunes, 5 de octubre de 2020

Rewind

Hay algunos libros, como es el caso de este "Rewind" de Juan Tallón que tienen la capacidad de meterte tan profundamente dentro de la historia que cuentan, de hacerte sentir tan cerca de los personajes y de sufrir con ellos de tal modo que, aún cuando han transcurrido algunos días desde que lo has terminado, te deja dentro un desasosiego vital y una sensación de vacío como la de haberte separado de un grupo de amigos que no volverán (nunca más oportuno el símil que en este caso) pero a los que probablemente recordarás durante mucho tiempo. El argumento de la historia gira en torno a una tremenda explosión en la que pierden la vida un grupo de estudiantes, compañeros de piso en la ciudad de Lyon, un drama tremendo que conllevará toda una serie de consecuencias en la vida del único superviviente y de las familias y amigos de los fallecidos.

"Me estaba meando. Salí del salón, donde bebíamos con cierto desorden y riéndonos con altivez de todas las cosas, unas veces ingeniosa y otras grotescamente, sin demasiada sutileza, y me dirigí al lavabo del fondo, el pequeño. Esa es la irrisoria y única razón por la que ahora estoy vivo: mis ganas de hacer pis. No me gusta pensar en ello.

(...) Si hubiese ido al baño grande, entre el salón y la cocina, la historia habría sido distinta. Distinta en el sentido de que yo, que quizá no soy nada para la gran historia del mundo, estaría muerto. Es espeluznante."

El libro se estructura en cinco partes en las que distintos narradores van dando su versión de los hechos, van rememorando el accidente, cuentan dónde se encontraban cuando ocurrió la explosión, cómo recibieron la noticia y lo que todas esas muertes supusieron para aquellos que los querían. El duelo se combina con el homenaje a las jóvenes vidas perdidas, recordándoles en sus últimos días felices, ajenos como eran a lo que se avecinaba, convencidos de estar disfrutando de sus mejores momentos sin saber que eran los últimos. Algunas de las historia que siguen a la muerte de los jóvenes son desgarradoras, inmensamente tristes, mostrando el vacío que queda tras la desaparición de los hijos, hermanos, amigos, tremendos dramas en los que las personas y las familias se desmoronan y nunca vuelven a ser como eran.

El texto está lleno de descripciones minuciosas con especial atención a los pequeños detalles de la vida cotidiana que, una vez pasado el desastre, adquieren una importancia insospechada, le otorga un inmenso valor al disfrute de las cosas pequeñas que resultan ser las que más felicidad nos proporcionan, las que se recuerdan a posteriori como los mejores momentos vividos. La conclusión sería que por mucho que recordemos, que a veces nos empeñemos en quedarnos a vivir en el pasado, lo cierto es que no se puede rebobinar el tiempo, no es posible darle al rewind más que en nuestra cabeza, que debemos mirar siempre hacia el mañana tratando de descargarnos del peso del ayer. Aunque seguramente suena más fácil en la teoría que a la hora de ponerlo en práctica.

"Hay hechos que admiten solo un número de vueltas de tuerca, y si les das más de la cuenta, empiezan a carcomerte y el pensamiento deriva en laberinto."

miércoles, 30 de septiembre de 2020

No cerramos en agosto

No tengo muchas ocasiones de toparme con una lectura tan divertida como está novela de Eduard Palomares, "No cerramos en agosto", un entretenido relato protagonizado por todo un antihéroe llamado Jordi Viassolo, más conocido como Solo por sus amigos, un joven apasionado por las novelas negras de detectives y las películas en blanco y negro y que consigue un puesto de becario en la agencia de investigaciones Private Eye para mantener la oficina abierta durante el mes de agosto, mientras que todos los empleados disfrutan de sus vacaciones, a excepción de Recasens, el más veterano detective de la agencia, todo un zorro viejo habituado a trabajar al modo clásico y que ni tan  siquiera tiene teléfono móvil.

Lo cierto es que el carácter no acompaña a Viassolo en sus sueños de emular a sus ídolos detectivescos ya que no es más que un tipo pusilánime sin recursos ni planes de futuro, pero por una vez decide tomar la iniciativa cuando un cliente desesperado entra en la agencia solicitando ayuda para localizar a su esposa desaparecida. Viassolo decide desobedecer las instrucciones recibidas y emprender la búsqueda de la mujer desaparecida con escasos medios y poca más información sobre el trabajo a realizar que la extraída de sus adoradas novelas, aunque, para su fortuna, contará con la inesperada colaboración del viejo Recasens. El asunto se le acaba yendo de las manos cuando se encuentra en medio de un asunto mucho más grande que los que sus escasa capacidades le permiten manejar.

Descubrimos de la mano del protagonista todas las facetas de la ciudad de Barcelona donde el turismo de japoneses y borracheras de playa convive con las tabernas de toda la vida de la Barceloneta, las terrazas que pueblan las plazas más animadas, el puerto olímpico o las noches de verbena en los distintos barrios, las fiestas en pisos de estudiantes, o los lujosos palacetes de la zona alta. Por todos esos escenarios se mueve Jordi mientras realiza sus pesquisas o se toma unas cervezas con sus inseparables amigos tan desorientados como él, cansados de trabajos precarios, afrontando la imposibilidad de independizarse, la situación del grupo de jóvenes manifiesta una crítica mordaz del sistema económico actual, de los efectos de la globalización y los problemas que encara la juventud, pero sin perder en ningún momento el tono burlón y divertido.

Todo ello da como resultado un thriller detectivesco con el telón de fondo de la especulación inmobiliaria pasado por el filtro del humor y el efectivo y exitoso recurso del protagonista ridículo convertido en héroe por accidente que permite empatizar fácilmente con todas las penalidades que sufrirá en esta divertida y en ocasiones desmadrada historia.

jueves, 24 de septiembre de 2020

Normal people

Porque algunas veces (que no muchas) me dejo llevar por la corriente de lo que los demás leen y confío en que lo que a otros les maravilla también me puede encantar a mi, pues por eso, decía, a veces me pasa como con "Normal people", esta novela de Sally Rooney de la que tanta gente viene hablando y que ha quedado algo por debajo de las expectativas que me había creado sobre ella. Pero no por eso voy a dejar de recomendar su lectura a aquellos que, una vez finalicen de leer esta reseña, les pueda resultar atractivo el universo reflejado en el libro.

La novela está protagonizada por dos adolescentes residentes en Carricklea, una pequeña población al oeste de Irlanda. Connell es un chico popular en el instituto, un triunfador en un grupo donde se llevan las relaciones insustanciales basadas en el sexo banal y fácil y donde la popularidad es el tesoro más preciado a alcanzar. Marianne por su parte es una chica solitaria y bastante antisocial, hace su vida apartada del resto de chicos que la tachan de rarita y sufre incluso bullying por parte de algunos de ellos. Además, Marianne pertenece a una familia adinerada, tal vez la más rica del pueblo y vive en una gran casa donde la madre de Connell trabaja como empleada doméstica. Cuando en el último año de instituto ambos inician una relación clandestina, Connell se esfuerza por que nadie se entere de ello. Pero lo cierto es que los momentos que pasan juntos son los mejores de su vida, en especial para Marianne que es bastante desdichada en su propia casa donde la relación con su familia no es fácil. Llega el momento en que Connell se debate entre ir a la universidad cercana junto a la mayoría de sus amigos, donde continuar una vida despreocupada rodeado de gente que conoce y que le aprecia o irse a Dublin como Marianne a estudiar en Trinity, una oportunidad que se les presenta a ambos gracias a sus buenas calificaciones, y donde se les plantea la posibilidad de conocer nuevas personas y cambiar su estilo vida. 

La experiencia en la universidad de Trinity supone todo un nuevo mundo para ambos donde encuentran que los papeles se intercambian y ahora Connell resulta ser un chico de pueblo sin auténticos amigos, que no encaja en el ambiente snob y superficial, mientras que Marianne conoce el éxito social y se adapta al nuevo entorno, frecuentando a estudiantes adinerados como ella y deseosos de nuevas experiencias. La relación entre ambos atraviesa distintas etapas, desde la complicidad más cercana a la falta de comunicación, dependiendo del momento. Mantienen a pesar de las separaciones ocasionales, una conexión especial que más allá de la amistad, parecerían la pareja perfecta si no fuera porque cada uno evoluciona a un ritmo distinto, cada uno busca cosas diferentes en sus relaciones. Se esfuerzan por conservar viva su amistad, aunque esta oscila de nivel e intensidad, tratan de mantenerse en contacto aún estando separados, se escriben constantemente pero desechan la posibilidad de volver a ser pareja. Con el transcurso de los años ambos pasan por distintas experiencias y relaciones, van creciendo y madurando, buscando su camino en el mundo, todo es más complicado que cuando eran unos adolescentes. Ven el mundo de modo diferente, buscan la felicidad por vias distintas. Marianne siempre preocupada por asuntos sesudos, se interesa por la paz mundial, los conflictos de Oriente Medio y la política internacional; a pesar de su aparente éxito, su baja autoestima le hace sentirse permanentemente insatisfecha, insiste en embarcarse en relaciones tóxicas que no le aportan felicidad. Connell halla el equilibrio en la sencillez de una relación con una buena chica estudiante de medicina, satisfecho con la estabilidad material que le otorga el recibir una beca completa que le permite despreocuparse del aspecto económico, sueña con convertirse en escritor, mientras que para Marianne que recibe misma beca, esta representa más un asunto de prestigio y superioridad intelectual.

Tal vez no soy el público objetivo que cae rendido ante esta historia de amor-desamor-amistad-crecimiento absolutamente contemporánea y dirigida más bien a adultos jóvenes que se sientan más cerca de los conflictos que enfrentan los protagonistas en su acceso al mundo adulto, que se vean identificados con las separaciones originadas por una beca Erasmus, con la insatisfacción derivada de las relaciones insustanciales basadas sólo en el sexo, con la presión de la opinión de los amigos o el sentirse integrado en un grupo como fuente y alimento sustancial de una alta autoestima. Lo cierto es que yo no la he encontrado tan fascinante como aquellos críticos literarios que la han considerado como la mejor novela del año en Gran Bretaña. Supongo que no he logrado conectar con los protagonistas como para caer rendida a sus pies, si bien he simpatizado bastante más con Connell, y aunque entiendo las inquietudes propias de la edad, el deseo de confirmar su personalidad, de descubrir para qué sirven y hacia dónde dirigir sus pasos, de configurarse como adultos en un mundo que no satisface sus ansias más profundas, no he sentido tanta atracción por la atormentada e insegura Marianne. Todos esos conflictos emocionales los he sufrido con ellos, pero creo que me ha afectado la brecha generacional que nos separa. Tal vez se necesite ser milenial para disfrutar plenamente de esta novela, porque estoy segura de que es posible que algún lector se enamore de estos personajes y los sienta más cercanos de lo que yo los he sentido. A esos lectores que deben de existir por ahí fuera o que quieran intentar encontrar esta conexión les recomiendo con intensidad esta lectura. ¡Ojalá tengan más suerte que yo!

viernes, 18 de septiembre de 2020

Confusión (Crónicas de los Cazalet 3)

Continúo avanzando sin demasiada prisa pero sin pausa por las Crónicas de las Cazalet de Elizabeth Jane Howard y le toca en este caso el turno a la tercera entrega titulada "Confusión" que abarca el periodo que va desde marzo de 1942 hasta el final de la guerra en Europa en mayo del 45. Durante estos años los distintos miembros de la familia Cazalet continúan con sus vidas, a pesar de la guerra, algunos residiendo en Londres y otros permaneciendo en la casa familiar de Home Place. Tras la muerte de Sybil, Hugh se centra en el trabajo con el apoyo fundamental de su hija mayor, Polly. Edward continúa su romance extramatrimonial con la ahora viuda Diana Mackintosh, con la que ha tenido una hija, mientras que su esposa Villy acepta resignada su cada vez más fría y distante relación matrimonial, aunque ajena a las causas reales de este distanciamiento. Rupert continúa desaparecido en Francia mientras que su hija Clary va convirtiéndose en una jovencita responsable y sensata que comparte piso con Polly y que poco a poco va mejorando su relación con su joven madrastra, Zoë, dedicada al cuidado de la pequeña Juliet; perdida prácticamente la esperanza en el regreso de su esposo, trata de adaptarse a los ritmos y costumbres de su familia política y comienza a retomar algo de su vida social en Londres. También las primas mayores van tomando más protagonismo según se convierten en adultas. Louise contrae matrimonio con famoso artista destinado ahora en el Ejército y se encuentra convertida en una joven esposa, esperando un hijo y sintiendo que la vida de casada no es lo que esperaba, mientras que su prima Angela lleva una vida desordenada en Londres donde alterna su trabajo en la BBC con una frenética vida social plagada de escarceos sentimentales y salidas nocturnas, aunque sin lograr satisfacción alguna ni aclarar el rumbo que va tomando su vida. Nora, que siempre soñó con convertirse en monja, acaba casada con un excombatiente seriamente incapacitado. La tía Rachel sigue volcada en el cuidado y atención de todos los miembros de la familia, en especial de los más mayores: el Brigada, la Duquesita y las viejas tías, lo que repercute en su complicada relación con su amiga Sid, que acaba encontrando alguien que la admira y le dedica más atención. Especial relevancia adquiere Archie Lestrange, el amigo francés de Rupert que les trajo a los Cazalet las últimas noticias conocidas sobre el paradero de aquel y que se convierte en consejero y confidente de varios miembros de la familia, anima sus reuniones familiares y alguna jovencita cae incluso enamorada de él.

Los personajes evolucionan y crecen en cada una de las entregas según avanzan los años; los asuntos domésticos no cesan nunca de procurar novedades, como no puede ser de otro modo tratándose de una familia tan amplia, algunos más inocentes como los caprichos y juegos de los más pequeños o los planes de futuro de las chicas y otros de mayor relevancia como infidelidades, tristezas por la ausencia de seres queridos e insatisfacción con la vida. A pesar del drama que vive el país, la vida continúa avanzando y encuentra un sitio para el amor, las pasiones, los sueños y las esperanzas. 

Los capítulos se adentran en cada uno de los personajes a los que a veces retrata con crudeza según estos se van desnudando a través de diarios, cartas o reflexiones en las que muestran su verdadero ser, sus debilidades,  aspiraciones y dudas, no tanto por medio de las conversaciones en las que no siempre se muestran sinceros, sino más bien cuando se expresan a través de monólogos internos en los que confiesan lo que realmente les inquieta y preocupa. La autora se muestra incisiva también al retratar el carácter de los ingleses como sociedad, su distanciamiento de lo que ocurre en el resto Europa, su frialdad de carácter pero también el estoicismo con el que afrontan las penurias causadas por la guerra. Espero no tardar mucho en embarcarme en la siguiente entrega de la serie y descubrir por qué rumbos navegan los Cazalet, una vez finalizada la guerra y retomada la normalidad de su día a día, pero eso ya será otro libro.

viernes, 11 de septiembre de 2020

La nena

Por fin encontré el momento para disfrutar de la conclusión de la trilogía protagonizada por la inspectora Elena Blanco y su equipo de policías, obra de la misteriosa escritora de identidad desconocida Carmen Mola y uno de los más exitosos fenómenos editoriales de los últimos años en nuestro país y, porqué no decirlo, uno de los más merecedores de dicho éxito, vista la voracidad con la que sus entregados lectores hemos devorado y recomendado cada una de sus entregas. En "La nena", última novela de la serie, una vez que Elena Blanco ha abandonado la Brigada de análisis de casos tras el dramático desenlace de la última investigación a la que se dedicaron y en la que la inspectora recuperó a su hijo, al que venía buscando desde hacía tantos años, para volver a perderlo de manera trágica y definitiva, el equipo continúa trabajando bajo la dirección provisional de Chesca y añadiendo a su nómina un nuevo fichaje: la joven agente Reyes Rentero, sobrina del comisario jefe, aunque deseosa de hacerse valer por sí misma al margen de la etiqueta de enchufada con la que aterriza en la brigada. Nada más comenzar la novela, Chesca cae en una trampa y es secuestrada por un peculiar individuo. La brigada en pleno inicia de inmediato su búsqueda, lo que llevará a poner al descubierto la vida personal de la compañera secuestrada, su pasado y los secretos que trataba de ocultar. Elena Blanco no podrá evitar involucrarse en esta misión, a pesar de encontrarse apartada de la policía, dedicada ahora a labores de beneficencia y demás actos sociales, para regocijo por fin de su madre. En su regreso de lleno a la tarea policial, Elena deberá asumir que Zárate, con quién mantuvo un complicado romance, había iniciado una nueva relación con Chesca, lo que en ocasiones puede interferir en la manera en que ambos encaren esta investigación. Según esta avance, irán descubriendo una serie de asuntos sobre los que Chesca estaba realizando investigaciones personales en paralelo a los procedimientos oficiales, lo que provoca en el equipo una mezcla de interés profesional junto con la pura curiosidad personal por conocer estos aspectos más ocultos de la vida privada de la compañera desaparecida.

La novela nuevamente, como ocurría con sus predecesoras, es un frenesí continuo desde la primera página hasta la conclusión, con una acción trepidante organizada a base de capítulos cortos que enganchan de tal modo que te obligan a seguir adelante pasando páginas sin parar, aún a pesar de la abundancia de escenas violentas y personajes sórdidos y absolutamente desagradables que abundan en la historia. Lo cierto es que la autora sabe combinar a la perfección las escenas más emocionantes con los profundos retratos de los personajes en los que se nos muestran sus preocupaciones, problemas y más profundos sentimientos de tal modo que es difícil dejar reposar la novela y prueba de ello es que yo misma, que no soy una lectura especialmente veloz, me la he liquidado en apenas tres días. La pena es que no se prevé que la serie continúe, aunque siempre podemos confiar en que la cabeza pensante que se oculta tras esta saga ya tenga en marcha alguna otra obra capaz de hacemos vibrar de igual modo. ¡Ojalá!

domingo, 6 de septiembre de 2020

El intercambio

En tiempo de vacaciones veraniegas lo que apetece son lecturas sencillas, emocionantes y que permitan la evasión, algo que prometía el argumento de "El intercambio" de la autora británica Rebecca Fleet, una historia que aborda el inquietante asunto del riesgo que puede conllevar un intercambio vacacional de casas cuando no sabes a quién estás permitiendo verdaderamente entrar libremente en tu domicilio. La pareja protagonista, el matrimonio formado por Caroline y Francis, atraviesa un mal momento; en realidad se encuentran al borde del desastre. Tras los problemas de adicción sufridos por Francis recientemente, la creciente falta de comunicación, sumado a una aventura extramatrimonial de Caroline con un compañero trabajo hace un par de años, el matrimonio todavía se esfuerza por subsanar las heridas sufridas. Con la idea de tratar de reconducir la relación y cambiar de aires, a Caroline se le ocurre la idea de realizar un intercambio de casas, ofreciendo por unos días su vivienda en Leeds a cambio de una casa cerca de Londres a donde planifican realizar una escapada en pareja y volver así a reactivar su relación conyugal. Pero pronto descubrirá en la nueva casa muchos detalles casi inapreciables que le recuerdan constantemente a su antiguo amante, lo que le impide centrarse por completo en su propia relación matrimonial. 

Al mismo tiempo que Caroline va contando su versión de los hechos, dirigiéndose siempre a un oyente al que tardamos en identificar, otro personaje nos describe cómo toma posesión de la casa de Caroline, no sabemos quién es ni entendemos qué es lo que busca con tanto interés, lo que provoca que la lectura sea confusa durante algún tiempo hasta que va aclarándose el papel de cada uno, además de que constantemente vamos pasando del presente al pasado, repasando los peores momentos en la relación del matrimonio, la caída de Francis en la adicción, la relación extraconyugal de Caroline, su sentimiento de culpabilidad por no estar cumpliendo como esposa ni como madre. Nos encontramos con multitud de temas entrecruzados y distintos momentos temporales que no siempre resultan claros. Con los vaivenes adelante y atrás no siempre contamos con la seguridad de si Caroline quiere arreglar su matrimonio o si lo que realmente desea es regresar con su antiguo amante, lo que provoca cierta confusión al lector, junto con algunos momentos en que el ritmo se estanca o nos encontramos frente a unos personajes a los que es difícil etiquetar, que no sabemos si situar en el bando de los buenos o de los malos (incluso con Francis me ha ocurrido que no sabía muchas veces si era una víctima o un cretino, si compadecerlo u odiarlo) Todos estos elementos suponen cierta rémora en la experiencia lectora.

Cómo conclusión, diría que nos encontramos frente a un nuevo domestic noir de los que tanto abundan últimamente, con un toque de sexo, mentiras y casas ajenas, más centrado en las relaciones personales, en el engaño, las dudas, la desconfianza, que en el aspecto puramente de thriller que parecía prometer porque no hay asesinato, aunque sí alguna muerte y las amenazas se centran más en lo personal e íntimo que en un posible riesgo físico como tal, con lo que, si bien es entretenida de leer y resulta bastante inquietante por momentos, finalmente resulta ser más un drama intimista que la emocionante historia de suspense con la que pensaba encontrarme. Cosas que pasan con las expectativas incumplidas.

lunes, 31 de agosto de 2020

La casa holandesa


"La Casa Holandesa" que da título a la última novela de Ann Patchett (y con la que yo me estreno con esta autora) es una impresionante mansión a las afueras de Filadelfia y supuso la acertada adquisición con la que, al regreso de la guerra, Cyril Conroy comenzó su exitoso negocio inmobiliario. Esta vivienda bastante peculiar tiene un particular protagonismo en la vida de todos los miembros de la familia Conroy. Con una decoración imposible, sus grandes ventanales que dejan a la vista de los vecinos todo lo que ocurre desde puerta entrada hasta el jardín trasero, los detalles artesanales de gran valor y multitud de cuadros procedentes de los antiguos propietarios, la casa no deja indiferente a nadie que la conoce "Andrea no tenía manera de saber que esas personas que aparecían en los cuadros venían con la casa, que todo lo que había en la casa venía con la casa." Pero a pesar de todo, la casa holandesa fue un verdadero hogar para Danny y Maeve, a pesar de que siempre fue detestada por su madre, siendo esta tal vez una de las razones por las que se fue para no volver abandonando a los niños y permitiendo que la casa se convirtiera en objeto de deseo para Andrea, segunda esposa del señor Conroy. 

"Contrariamente a lo que Maeve daba por sentado, yo pensaba muy poco en nuestra madre cuando éramos pequeños. Yo no la conocí y me resultaba bastante difícil echar de menos a una persona o una época que no recordaba. La familia que me dejó —una cocinera, una doncella, una hermana permisiva y un padre distante— me aportaba todo lo que me hacía falta."

Es Danny el que nos cuenta cómo transcurrieron los años entre que Andrea llegó a la casa, su matrimonio con el señor Conroy y como terminarán los dos hermanos expulsados de la casa, vigilándola durante años desde un coche aparcado frente a su puerta, rememorando aquellos días y tratando de reconstruir los hechos, interpretar a posteriori las señales que entonces pasaron por alto, desenmascarando el carácter de Andrea, la actitud de su padre y el papel de la propia casa en sus vidas pasadas y presentes.

"Por Dios (…) Sois Hansel y Gretel. Seguís caminando por un bosque oscuro, cogidos de la mano. Da igual la edad que tengáis. ¿Alguna vez os cansaréis de recordar?"

 Lo único que permanece estable a lo largo del tiempo es la relación entre los hermanos: el papel protector de Maeve, el intenso cariño que ambos se profesan, su complicidad y su unión indestructible, aunque sus recuerdos familiares no siempre coincidan, quizás por la diferencia de siete años que los separan, por la edad que cada uno tenía cuando algunas cosas sucedieron o tal vez por la actitud de cada uno ante los hechos. Danny apenas conoció a su madre y también su padre se fue demasiado pronto dejando muchas preguntas por responder, dejándole al cuidado de su hermana que no es más que una joven tratando de hacerse un nuevo lugar en el mundo tras haberlo perdido todo.

Los años transcurrirán llenos de cambios y novedades, la ciudad de Nueva York y su periferia irá creciendo y transformándose al mismo tiempo que los protagonistas, cuyas propias vidas transcurrirán en torno a unos escenarios que formarán parte inseparable de sus biografías: Nueva York y sus barrios, Filadelfia y la propia casa, gran protagonista y núcleo central de toda la novela, que resulta ser una maravillosa historia familiar, de amor fraternal y sobre la importancia de las personas que nos acompaña a lo largo de nuestra vida, sean o no familia y de los lugares donde hemos sido felices.

"Hay unas cuantas ocasiones en la vida en las que das un salto adelante y el pasado sobre el que estabas de pie un instante atrás se derrumba a tus espaldas y el futuro en el que planeabas aterrizar no se ha materializado aún. Por un momento, te encuentras suspendido en el aire, sin saber nada y sin conocer a nadie,"

martes, 25 de agosto de 2020

El heredero

En "El heredero" nos vamos a encontrar con una vívida crónica de la Guerra Civil española a través de varias historias protagonizadas por diversos personajes en muy variadas circunstancias. Tras un prólogo en el que se nos cuenta el origen familiar de los protagonistas, pronto nos situamos en los convulsos días del verano del 36 en que la España de la República se encuentra dividida en numerosos bandos cada vez más polarizados, donde florecen los movimientos obreros radicales partidarios de la revolución proletaria que ejercen la violencia extrema en sus ataques a la Iglesia y a los propietarios, comerciantes e industriales, causando temor creciente entre los miembros de la burguesía y los sectores conservadores que se sienten amenazados por el ambiente crispado que preconiza el estallido del conflicto bélico.

Uno de los aspectos interesantes de esta novela  es el hecho de que el autor, Rafael Tarradas Bultó, es un descendiente directo de los personajes que van a desfilar por las páginas del libro, concretamente de la familia Marqués Bultó que vivieron la guerra en distintas localizaciones desde Barcelona a Asturias, Teruel, Madrid o San Sebastián, por lo que ha contado para elaborar su obra con testimonios directos de aquellos cuyas andanzas se nos cuentan aquí.

El centro del argumento lo conforman tres personajes principales. Para comenzar, nos encontramos con dos jóvenes de distinta extracción social y origen común: Antonio Campo es un obrero involucrado en el movimiento sindical que lucha por mejorar las  condiciones de los trabajadores en la zona de Villanueva; Pablo Marqués es miembro de una familia de adinerados industriales, propietarios de fábricas y lujosas residencias en Barcelona y Cunit, donde se encuentra San Antonio, la finca familiar. A ambos les une un hecho desconocido para todos: Antonio es hijo ilegítimo del difunto Isidro Marqués, tío de Pablo, que, a pesar de no reconocerlo formalmente, se ocupó de su bienestar y educación incluso después de haber fallecido, lo que, de descubrirse, le otorgaría a Antonio derechos como miembro de la familia Marqués. La tercera protagonista es Inés Sagnier, hija mayor de una numerosa familia de la burguesía catalana que se encuentran en su residencia veraniega de la Cerdanya en julio del 36. El estallido de la guerra y la amenaza que suponen las milicias republicanas obligan a los Marqués a huir de España a San Remo, en Italia, donde se refugiarán junto con otros exiliados y donde coincidirán con la familia Sagnier que igualmente se vio obligada a abandonar con urgencia el país temiendo por su seguridad. Allí se inicia la relación entre Inés y Pablo que se interrumpe pronto cuando éste regrese a España para participar en la guerra.

A partir de ahí, iremos siguiendo a los diferentes personajes repartidos por distintas localizaciones, algunos en zona nacional más alejados del conflicto, aunque sufriendo de la escasez y la incertidumbre lógicas del momento y padeciendo por aquellos familiares y conocidos que se encuentran en zona republicana o directamente en mitad de la guerra, cerca del frente o en pleno campo batalla, luchando por sobrevivir sea en el bando que sea.

Entre las historias que nos cuenta la novela aparecen soldados de ambos bandos, espías que se juegan la vida desde el mismo frente, mujeres que hacen cualquier cosa por salvar el pellejo y sobrevivir a la guerra, aún renunciando a sus principios, religiosos que tratan de salvarse o que enfrentan el peligro frente a frente; los hay que se aferran a sus ideas y otros que abandonan sus creencias a cambio de adaptarse a las circunstancias y lograr estabilidad en tiempos tan inciertos, los que luchan por su vida y los que hacen lo que sea por la seguridad de los suyos. El resultado es un abanico extenso y variado de personajes y experiencias, un rico despliegue de historias particulares que muestran muchas de las realidades que convivieron en aquellos tiempos terribles en los que los españoles se enfrentaron hermanos contra hermanos. 

Masía San Antonio. Cunit
El relato me ha parecido bastante equilibrado y ecuánime en cuanto al tratamiento de los dos bandos, reconociendo las motivaciones de cada uno de ellos, aceptando la existencia de personas sensatas y honradas en los dos lados y también la presencia de crueldad y maldad en ambos de ellos, donde cada uno lucha por sus ideas y por lo que cree que es justo, pero reconociendo que al final todos se equivocan porque una guerra siempre es un error, gane quien gane, porque el país siempre pierde.
"Ninguno podemos estar orgullosos de nuestro bando. No te haces a la idea de las barbaridades que estamos haciendo todos. A veces, a vista de pájaro, cuesta comprender cómo hemos enloquecido todos de esta manera. Yo, como muchos, defiendo un fin concreto, una idea de España y lucho contra la del enemigo que nos llevaría al desastre, al comunismo… No sé. Pero los medios para conseguir ese objetivo. Ah, mosén, aquí todos tendremos que pedir perdón muchos años."

miércoles, 19 de agosto de 2020

Me quedo aquí

"Me quedo aquí" es una intensa novela, obra de Marco Balzano, narrada en primera persona por Trina, una mujer a la que vamos a conocer en profundidad según nos va contando a lo largo de las páginas del libro su propia vida desde su infancia, la historia de su familia y de su pueblo, Curon Venosta, un pueblito situado provincia de Bolzano, Tirol del sur-Alto Adigio. La ubicación geográfica de la localidad la convierte en un escenario complejo y peculiar; resulta que esta zona del norte de Italia, en la región de Trentino, tiene más en común con la vecina Austria a la que perteneció hasta el fin de la I Guerra Mundial y con la que comparte el idioma alemán y muchos aspectos culturales, que con el país al que pertenece oficialmente, Italia. Este desafecto por todo lo italiano, por su idioma y sus gentes, tan diferentes al espíritu montañés y germánico de la zona, se acrecentó con llegada del fascismo al país. La sensación de opresión por parte del nuevo  régimen centralista se materializó en la prohibición de emplear su lengua materna, el alemán, lo que obligó a crear escuelas clandestinas en las que Trina participa como maestra y que, con el apoyo de los curas locales, operaban a escondidas en graneros o buhardillas. El rechazo al fascismo incrementaría la atracción por Alemania como gran potencia europea que tentaba a los habitantes de los valles trasalpinos con una posible anexión, gran incentivo para que gran parte de la población escuchara los cantos de sirena del nazismo que no era más que otro régimen de corte fascista pero en el que se sentían aceptados y partícipes y que no les forzaba a renunciar a su carácter propio. 

"De no ser porque había asociado automáticamente el italiano a aquellos fanfarrones de los fascistas, tal vez habría seguido canturreando las canciones que oía en el gramófono de Barbara (...) y puede que hasta Maja hubiera hecho lo mismo y también los campesinos, y con el tiempo todo el valle se habría convertido en una encrucijada de gentes que saben entenderse de más formas y no en un punto incierto de Europa donde todos se miran con malos ojos. En cambio, el italiano y el alemán eran muros que seguían levantándose. Las lenguas se habían convertido en marcas de raza. Los dictadores las habían transformado en armas y declaraciones de guerra."

Una segunda amenaza sobrevuela durante años a la localidad y se convierte, antes y después de la guerra, en otro motivo de enfrentamiento de los habitantes de Curon con el gobierno italiano: el proyecto de crear un embalse en el lugar que ocupan Curon y Resia, una obra que anegará ambos pueblos, sus casa y terrenos y borrará su recuerdo de la superficie de la tierra. Sólo unas pocas familias como la de la protagonista se resisten a abandonar su casa, su pueblo y sus raíces, dispuestas a esperar a que el Duce y su régimen totalitario pasen y todo vuelva a la antigua normalidad. Nuestra protagonista ve marchar a amigos y vecinos al tiempo que estalla la guerra que crea nuevos bandos y enfrentamientos, dando lugar al sinsentido de que el nazismo sea para muchos la única alternativa posible al fascismo. Se opta por un horror tratando de escapar de otro.

Pero Trina arrastra una pérdida incluso mayor que la de su pueblo, sus amigas y sus raices y es la de la hija que se fue que es la destinataria final de su narración, a la que se dirige directamente en este relato lleno de añoranza por la vida no vivida y que contiene además toda la complejidad que caracteriza a los territorios de frontera donde los vínculos sentimentales no coinciden con los límites geográficos y donde se expresa con intensidad la importancia de las raíces, el sentimiento de pertenencia y de permanencia, la conexión con la tierra en la que se nace y el amor incondicional por los hijos, al margen de sus acciones o de aquello en lo que se acaban convirtiendo al llegar a la edad adulta.

"Nadie puede entender qué hay debajo de las cosas. Nadie tiene tiempo para sentir nostalgia de cómo eran las cosas cuando aún no existíamos. Seguir adelante, como decía madre, es la única dirección permitida. De no ser así, Dios nos habría puesto los ojos a los lados. Como los peces."

miércoles, 12 de agosto de 2020

La trenza

El relato de "La trenza", obra de la autora francesa (y también guionista, actriz y directora de cine) Laetitia Colombani, está compuesto por tres historias totalmente independientes entre sí que se van alternando ordenadamente, sin otro punto en común más que el de estar protagonizadas por mujeres de distinta condición social situadas en diferentes países y continentes: así Smita pertenece a la casta de los intocables, los más marginados entre los pobres de la India. Pero ella está empeñada en que su hija Lalita no sufra el destino al que está condenada por nacimiento; ella no se dedicará a recoger las inmundicias de otros, no será para siempre una paria a la que no está permitido que nadie toque ni se le hable directamente, pero es que tampoco se le puede pagar un sueldo, por lo que sólo subsisten a base de limosnas, de las ratas de campo que cazan, de restos de comida ajena y de ropa usada; Lalita irá a la escuela y para ello Smita emplea sus escasos ahorros para convencer al maestro local para que admita a la niña en la escuela. Pero las cosas no salen como habían planeado y entonces decidirá que la única salida para ambas es huir lejos de su ciudad, escapar del destino que les espera a todos los de su casta. Giulia, por su parte, vive en Palermo. Desde los dieciséis años ayuda en el negocio familiar donde fabrican pelucas y postizos con cabellos suministrados por peluquerías locales y también de particulares que venden su pelo. Desde niña ha estado convencida de que se dedicaría a trabajar, no ha estado nunca interesada en casarse, sino en suceder a su padre al frente del taller. La única escapada del trabajo que se permite es acudir al mediodía a la biblioteca comunal donde un día se encuentra con un hombre diferente a todos los que ha conocido hasta entonces con el que inicia una relación imposible. Sarah es una exitosa abogada canadiense. Dos veces divorciada, se ha entregado de manera absoluta a su profesión, logrando alcanzar un notorio triunfo a base de supeditarlo todo al trabajo, incluso el tiempo que debiera haber dedicado a sus hijos o a su vida personal. Todo lo sacrificado le merece la pena hasta que una enfermedad altera el equilibrio de sus prioridades y su situación profesional.

Vemos avanzar cada una de las historias mediante capítulos alternos en los que, cada una a su manera, las tres protagonistas se enfrentan a la realidad de ser mujer en sus distintas sociedades, algunas en circunstancias extremas como es la tremenda situación de las castas inferiores en la India, así como la total desprotección frente a la violencia y los abusos a los que se encuentran sometidas las viudas y las mujeres en general. Otra se enfrentará a la enfermedad que derrumba la organizada y planificada vida que tenía montada y deja al descubierto toda su debilidad humana y descubre lo fútil de todo aquello sobre lo que hasta ese momento se fundamentaba su mundo. La tercera deberá afrontar el riesgo de sacar adelante, sin ningún apoyo masculino, una empresa de la que dependen muchas otras mujeres, empezando por su propia madre y hermanas y siguiendo por sus empleadas, al tiempo que descubrirá el amor en un hombre muy alejado del prototipo machista y protector al que está acostumbrada a frecuentar.

Las tres historias transcurren en paralelo sin ninguna relación entre ellas hasta que al final se acaben entretejiendo como ocurre con la trenza del título, en la que un cabo sujeta al otro y juntos son más fuertes que por separado. Las tres mujeres se convierten en ejemplos de tantas otras que luchan a diario por subsistir, por llegar a todo en su trabajo, en su familia, en tratar de hacer bien todo y todo a la vez, algunas en unas circunstancias más duras que otras, pero todas unidas por su condición de formar parte del sexo débil que en muchas ocasiones resulta ser el más fuerte de los géneros.

jueves, 6 de agosto de 2020

Restos mortales

Arranco el mes de agosto con una lectura en la que recupero la muy agradable compañía del comisario Guido Brunetti de la mano de la prolífica Donna Leon a la que hace tiempo que tenía bastante abandonada. En esta nueva entrega de su serie titulada "Restos mortales", nos encontramos precisamente en mitad del asfixiante verano veneciano, inmersos en una terrible ola de calor que acompaña al comisario mientras que investiga un caso que involucra a algunos personajes de la alta sociedad local, ese grupo cerrado de personas bastante chapados a la antigua en cuanto a su afán por mantener los privilegios de clase propios de su círculo cerrado y reducido de amistades de toda la vida y familias importantes que muchas veces tratan de actuar al margen de las reglas que se aplican al resto de los ciudadanos. Este es, sin duda, un tema recurrente en las novelas de la León y suele aparecer con frecuencia en las diferentes entregas de esta serie.

En esta ocasión, sin embargo, Brunetti no podrá culminar la investigación en curso ya que se verá forzado a tomarse unos días de descanso por prescripción médica que le aconseja permanecer alejado del estresante ritmo cotidiano de la comisaría e incluso abandonar la ciudad, plagada durante esas fechas de turistas a los que no siquiera el sofocante calor veraniego les impide invadir por millares los espacios que la auténticos venecianos consideran como propios.

El caso es que Brunetti se marcha a refugiarse en una de las muchas  propiedades de la adinerada familia de su esposa Paola, en este caso en la isla de Sant'Erasmo situada a poca distancia de la ciudad, en medio de la laguna, pero que resulta un lugar paradisíaco, alejado del tumulto urbano donde el policía disfrutará de su ritmo de vida lento y donde se dedicará a desconectar, dormir ocho horas diarias, leer, montar en bicicleta y retomar el ejercicio del remo que solía practicar en compañía de su padre. Traba allí cierta amistad con el viejo Casari, el guardés de la finca en la que se aloja y excelente remero con quién recorre la laguna mientras visitan las colmenas de abejas que Casari mantiene repartidas por las diversas islas, ocasión que el hombre aprovecha para compartir con Brunetti su preocupación por el gran número de abejas que están muriendo últimamente en sus panales. Durante las horas dedicadas a diario a navegar, Guido redescubre las maravillas naturales que rodean a Venecia: la multitud de aves acuáticas, la asombrosa naturaleza salvaje de horizontes que se pierden a la vista sin edificaciones de ningún tipo en medio de un silencio absoluto entre multitud de canales, aguas abiertas y cañaverales, las mareas cambiantes llenas de corrientes "ese otro mundo de espacio interminable y horizontes sin límite."

Cuando tras una tremenda tormenta Casati desaparece con su barca, se inicia su búsqueda por parte de la guarda costera y la Capitanía, búsqueda  en la que Brunetti colabora al ser una de las últimas personas que estuvieron junto al desaparecido. Como policía que es, y a pesar de encontrarse oficialmente fuera de servicio, no podrá evitar realizar una investigación por su cuenta aunque sea a nivel particular; de hecho sigue apartado oficialmente del trabajo, pero siente la necesidad de descubrir qué le ocurrió realmente a Casati, cómo fueron sus últimas horas, qué le preocupaba con respecto a la muerte sus abejas, intenta conocer un poco más a fondo al hombre bueno que tanto amaba la laguna y descubrir cómo un hábil navegante como él pudo verse sorprendido por una tormenta.

A lo largo de la novela aparecerán algunos de los temas que se repiten en los libros de la Leon como es el constante proceso de decadencia en que se encuentra inmersa la bella ciudad de Venecia, su lucha permanente contra l'acqua alta, el turismo o la contaminación de la laguna y contra el progreso en general que amenaza la esencia antigua de la ciudad de la que tan profundamente orgullosos de muestran sus habitantes. Una vez más, el caso policíaco no es sino una excusa para volver a homenajear a la ciudad que la autora norteamericana ha adoptado como lugar de trabajo y de residencia. Y esa es, como casi siempre, la mejor parte de todas sus novelas.
"Guardaron silencio durante un momento: tres venecianos, familiares en el velatorio de una ciudad que había sido un imperio y que ahora vendía las cucharillas del café para pagar las facturas de la calefacción."