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martes, 28 de abril de 2026

Le otto montagne (Las ocho montañas)

En "Las ocho montañas" el autor italiano  Paolo Cognetti logra plasmar toda la serenidad y el estoicismo que que transmiten sus personajes al vivir sometidos a la poderosa Naturaleza de los Alpes que, por comparación, terminan por dejar en poca cosa todos los problemas mundanos por los que transitan los protagonistas. 

Uno de estos protagonistas es Pietro, un joven milanés, hijo único y, tal vez por ello, con una intensa relación con sus padres; estos proceden del Véneto, donde frecuentaban los montes Dolomitas. Ahora, trasladados a la bulliciosa Milán, la ciudad les agobia y desean volver a escapar a espacios abiertos, subir montañas, respirar aire puro y enfrentarse a duras escaladas. Descubren así la zona  de los Alpes occidentales, con montañas más elevadas y amenazantes que los Dolomitas, con picos permanentemente nevados; allí el padre disfruta en su afán por alcanzar las cimas más inaccesibles, batirse contra la montaña en su actividad favorita de la que el pequeño Pietro participará con entusiasmo para poder acercarse a su padre; juntos estudian los mapas, trazan rutas y suben las más altas montañas del entorno, compartiendo la fascinación por los glaciares y sus capas de hielo antiguas deslizándose imparable año tras año. Éste se convierte en el plan perfecto para las vacaciones de verano que les cargan las pilas para afrontar el resto del año en la ciudad. 

Con el tiempo, también el deseo de agradar al padre irá desapareciendo en Pietro y el chico, ya convertido en joven, dejará de acompañarle en sus subidas al monte. Cuando Pietro sea ya un adulto y el padre no esté, descubrirá que finalmente él mismo ha terminado convertido, en cierta manera, en lo que fue su padre, amando todo aquello que él amaba: la montañas, los glaciares, la soledad de la cumbre. Entenderá lo que le hacía disfrutar en esas inacabables marchas en soledad hasta lo más alto de las montañas que le aliviaban de su eterna rabia y su furia contra el mundo.

En uno de esos pueblos de montaña donde encontrarán una casa para pasar los veranos, Pietro conocerá a Bruno, un chico de su misma edad que se ocupa de cuidar las vacas de su tío y con el que trabará una amistad que se prolongará en el tiempo. Si bien sus orígenes sociales y las circunstancias los acabarán separando al crecer, cuando Pietro continúe con sus estudios y Bruno permanezca trabajando en el campo, más adelante recuperarán el contacto y acabarán convertidos en una especie de hermanos que comparten la vida en la montaña, cada uno a su estilo. 

Todo en este libro gira en torno a la relaciones humanas: a la estrecha conexión con la madre; a la compleja relación con el padre, con vaivenes que pasan de la admiración al desapego, del deseo de importar al enfrentamiento frontal para volver a la identificación en la madurez. Y sobre todo nos habla de la amistad entre Pietro y Bruno, en la capacidad de compartir el silencio y la soledad de las cumbres con alguien a quien no te pareces en nada pero que se convierte en tu más estimado compañero de vida.

viernes, 30 de abril de 2021

Nueva York es una ventana sin cortinas

Estoy segura de que no soy la única que adora la ciudad de Nueva York, tanto como destino de viaje como, y sobre todo, escenario de películas y novelas. Y es que pocos lugares existen más atractivos y vibrantes en el mundo y por ello ha sido desde siempre polo de atracción para escritores y todo tipo de artistas que la han retratado una y mil veces, convertiéndola así en uno de los símbolos más populares de nuestro tiempo. Entre estos artistas que han acudido a la irresistible llamada de la Gran Manzana se encuentra el italiano Paolo Cogneti, especialista en literatura norteamericana y realizador de cine entre otras cosas que nos relata en este ensayo titulado "Nueva York es una ventana sin cortinas" sus impresiones y reflexiones  sobre su amada ciudad a la que gusta denominar con el mítico nombre de Gotham y sobre la que ha realizado varios documentales, lo que le ha llevado a pasearla barrio a barrio, recorriendo sus calles, recordando sus orígenes históricos, la idiosincrasia de aquellos que vivieron por allí hace siglos y su evolución sociológica. Se detiene en las diferentes colectividades que habitaron cada zona: italianos, judíos, puertorriqueños... tantas nacionalidades que fueron llegando a la ciudad y estableciéndose en los distintos distritos y barrios en función de su riqueza o su más bien de su miseria y fueron modificando el aspecto de las calles, sus negocios, su arquitectura y sus parques, a veces siendo arrastrados o expulsados según los vaivenes económicos o las modas dirigidas por los agentes inmobiliarios. 

"Los neoyorquinos, escritores incluidos, tienden a sentirse en una ciudad-mundo: desmesurada pero encerrada en sí misma, autónoma y aislada, como si más allá de sus fronteras comenzara el desierto o el espacio interestelar."

Pero lo que centra el interés de Cogneti son fundamentalmente los escritores neoyorkinos, tanto los nacidos en la ciudad como los llegados de otros lugares y que acabaron por sentirla como propia. Repasando el desarrollo urbanístico de cada zona al tiempo que recupera citas o libros en los que la ciudad ha sido retratada, comenzando por Melville y Whitman nacidos a principios del siglo XIX, cada uno a un lado del East River y siguiendo el recorrido por la historia y la geografía saltando del Greenwich Village poblado por los miembros de la generación beat al Lower East Side, zona de inmigrantes por excelencia donde se escucharon a los primeros poetas hablando en espanglish, cruzando a la otra orilla: a Brooklyn Heights o Williamsburg con sus comunidades de judíos ultra ortodoxos e italoamericanos, llegando a Park Slope a donde Paul Austen y las nuevas figuras de las letras se han trasladado a vivir una vida más tranquila y burguesa que las de sus antecesores. Este recorrido literario y vital nos muestra una de tantas facetas de la gran ciudad: la de fuente de inspiración de escritores y poetas, la de hogar de grandes figuras de las letras y destino de muchos que sueñan con formar parte algún día de la ciudad que nunca duerme.