Un anciano Carlos Galván, que fue actor de cierto éxito, rememora en su vejez los años en que formaba parte de una modestísima compañía teatral con la que recorría los pueblos de España con sus comedias junto a su padre, Arturo Galván, primer actor; su tía Doña Julia Iniesta, primera actriz; la prima Rosa del Valle, también actriz, como Juanita Plaza, pareja de Carlos; y Sergio Maldonado, el único actor que no pertenece a la familia. En esas que aparece inesperadamente un hijo de Carlos al que apenas recordaba, de diecisiete años ya, Carlitos, que, de mala gana, se une a la troupe como galán joven o lo que surja. Juntos recorren pueblos de mala muerte, actuando en casinos, bares y plazas, pasando todo tipo de penurias, compitiendo sin demasiado éxito contra sus peores rivales: el cine, la radio y el fútbol que les quitan el público; actúan donde les contratan y con frecuencia no cobran, tienen que andar los caminos y con suerte lo ganado les alcanza para el autobús y duermen en cualquier sitio. «Esto no es un oficio. Somos vagabundos.» Cuando la compañía se disuelva, pasarán a trabajar en Madrid como extras de cine, haciendo bulto, a seguir malviviendo aunque sea en la capital a la espera de que la fortuna les acompañe y algún día poder volver a actuar en un teatro de verdad.
La novela supone un viaje por la España rural de la posguerra, por los tristes años cincuenta de la escasez, de la represión moral y las desigualdades de clase. En ese entorno se mueven esta familia de actores ambulantes, supervivientes natos a los que su trabajo apenas les da para malvivir, arrastrando deudas y sinsabores. Los protagonistas son antihéroes que no saben lo que es el triunfo ni el éxito, que bastante tienen con que cada función les dé para comer ese día, pero que, así y todo, se sienten arrastrados sin remedio por el veneno de la actuación, por la vocación de cómicos que les corre por las venas.
«Tiene veneno, ¿sabes?, el teatro tiene veneno... Un no sé qué, un misterio. Hay gente que dice: voy a probar, un año, dos, y si me va mal, me dedico a otra cosa. Y luego no lo pueden dejar. Tiene veneno. Haces reír a la gente, les haces gozar. O llorar, según tú quieras.»






