El comisario Dupin es un parisino de pura cepa que, en los escasos años que lleva en su nuevo destino en la localidad costera de Concarneau, todavía no termina de acostumbrarse al peculiar carácter bretón, al estrecho contacto de sus habitantes con el mar, a su querencia por su tierra, su historia y tradiciones y, en general, al modo vida de sus nuevos vecinos, más aún cuando se trata de la aislada población isleña .
Dupin cuenta con su eficaz secretaria, Nolwenn, siempre fuente de valiosa información sobre el mundo bretón y dicte la naturaleza humana en general; mantiene tensas relaciones con su superior, el prefecto Guenneugues, y se apoya en los miembros de su equipo, los inspectores Labat y Le Ber.
El escenario de esta novela es, cuanto menos, peculiar: se trata del archipiélago de las islas Glénan, un paraíso para buceadores y regatistas, una extraordinaria reserva natural en torno a la cual giran muchos intereses relacionados a su explotación turística, ya que siempre hay personas ambiciosas que tratan de sacar beneficio económico al idílico entrono.
El esquema narrativo corresponde al de una novela clásica de detectives que se desarrolla en unos pocos días, centrada en el detalle de la investigación policial basada en las tareas de observación, deducción y entrevistas con los implicados, contando con las grandes dotes de intuición por parte del comisario que se guía por sus sensaciones, actuando con frecuencia por impulsos y llevado por su impaciencia y escasas habilidades comunicativas. Pero así y todo, el personaje me resulta simpático y en ocasiones incluso entrañable, lo que favorece que la novela se lea con agrado, confiando en la correcta resolución del caso por parte del protagonista.







