El relato va alternando entre dos narradores en primera persona: Natalia, que es la pequeña de tres hermanas, huérfana de madre desde el nacimiento que no tiene claro cuál será su futuro cuando termine el bachillerato; por otro lado está Pablo Klein, un joven profesor de instituto recién llegado a la ciudad que se convierte en testigo desde su posición de forastero del mundo de las muchachitas y el grupo de amigos que frecuentan.
La principal preocupación para la mayoría de las chicas es encontrar un buen marido, a ser posible un buen partido como un notario o un militar. Algunas no terminan el instituto y ya tienen planes de boda, como Gertru cuyo novio piensa que seguir estudiando no le servirá de nada para ser una buena esposa.
Abunda el relato en cantidad de detalles que ilustran la época: relojes de cuerda, faldas de camilla, puestas de largo o el cumplimiento del luto conforman una acertada ambientación costumbrista de los escenarios en los que transcurre la novela, las casas, el instituto, los bailes del casino, acompañados con vivaces diálogos que conservan giros y expresiones propias del habla popular y juvenil de la época.
Destaca el modo en que se refleja el ambiente asfixiante de las pequeñas ciudades de provincias constreñidas por la moral estrecha que somete el comportamiento y hasta el pensamiento de las jóvenes para las que el matrimonio parece la única salida, sin darse cuenta de que no supondrá una liberación sino pasar a someterse a la obediencia a un marido. La novela destila aire de tristeza y aburrimiento para una juventud que no se atreve a disfrutar, a reírse libremente, pendientes de la opinión ajena, de la estricta moralidad que se les impone y mirando hacia un futuro que no parece más prometedor que el oscuro presente.
"Solamente uno que vive aquí metido puede llegar a resignarse con las cosas que pasan aquí, y hasta puede llegar a creer que vive y que respira. ¡Pero yo no! Yo me ahogo, yo no me resigno, yo me desespero."







