"Las tempestálidas" suponen mi estreno con Gueorgui Gospodínov, escritor búlgaro que con esta novela ha logrado, entre otros, muchos premios, el Strega Europeo en 2021 y el Booker Internacional en 2023, lo que, en mi experiencia, garantiza cierta calidad literaria. Y tras su lectura queda confirmado que eran bien merecidos los premios recibidos.
El relato está protagonizado por un tal Gaustín, un peculiar doctor que abre en Zúrich "una pequeña clínica para producir pasado" donde enfermos de Alzheimer y otras dolencias que provocan pérdida de memoria puedan encontrarse de nuevo en aquellos años en los que fueron más felices, recuperar recuerdos de la niñez y juventud, regresar a un entorno que les resulta familiar "para todos aquellos que ya viven únicamente en el presente de su pasado". Pero Gaustín quiere ir más allá en su experimento, no quedarse en un mero decorado, por lo que encomienda al narrador de la historia la tarea de recolectar sonidos, recuerdos, historias de aquellos años a los que van a trasladarse los pacientes de la clínica, para que la experiencia de regresar "a la cálida cueva del pasado" sea absoluta.
Tras el éxito del proyecto de Gaustín, comenzará una gran oleada de regresos al pasado, primero a nivel individual; enfermos que han perdido la memoria reciente eligen la flecha favorita del propio pasado para quedarse a vivir. Pero el fenómeno acabará alcanzando niveles gubernamentales, toda Europa acuerda un regreso "al viejo y decente mundo analógico". Esto lleva al sinsentido de que los países del Este recuerden con nostalgia los tiempos del comunismo y deseen regresar a él, como ocurre con la Bulgaria natal del narrador que asiste atónito a un demencial regreso de toda Europa en masa a tiempos que se creían superados, convirtiendo así el texto en una distopía entre divertida y espeluznante que, por desgracia, no parece excesivamente fantasiosa sino más factible de lo que nos gustaría pensar.
El resultado es una lectura algo loca y luminosa por increíble que pueda parecer al versar fundamentalmente sobre el implacable paso del tiempo, sobre memoria y olvido, sobre la muerte y el gran monstruo que la precede: la vejez. El libro juega con el tiempo a su antojo, lo estira y lo pone del revés, el pasado es el presente y los años vuelan o se quedan fijos a voluntad y asco, Gaustín va y viene de una época a otra. Sólo la posibilidad de que el retroceso en el tiempo nos acabe llevado de vuelta a tiempos pasados que no siempre fueron mejores, pone los pelos de punta y no necesariamente de emoción. El propio narrador terminará deslizándose por la pendiente del olvido que borra el pasado, los recuerdos, las palabras.
Puedo decir que antes de leer a Gospodinov pensaba que el tiempo avanzaba siempre hacia delante, pero ahora me parece que no lo tengo tan claro.
"He recorrido los cementerios del mundo, como todos los que tienen un miedo mortal a la muerte y al morir (en realidad, ¿a qué le tenemos más miedo, a la muerte o al morir?), que quieren ver la guarida de su miedo, convencerse de que es un lugar pacífico, silencioso, que, de hecho, está pensado para las personas, para el descanso... En fin, un lugar al que acostumbrarse. Aunque no puedas acostumbrarte. ¿No es extraño, me dijo Gaustín una vez, que siempre mueran los otros, nunca nosotros?"

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