"Dicen que cuando en Nueva York son las tres de la tarde, en Europa son las nueve de diez años antes." Así arranca esta sucesión de reflexiones que muestran muchas de las particularidades que diferencian a Nueva York del resto del país y de Europa, confirmando que se trata de una ciudad que no se parece a ninguna otra.
"La vida en Nueva York es un deporte de velocidad y reflejos en el que, al final, decide la suerte."
El libro aborda temas de lo más variado y que muestran la esencia neoyorquina, desde el complejo asunto del historial de crédito que tanto nos cuesta entender a los europeos a la más que complicada misión de hacerse con un buen apartamento en la Gran Manzana, dónde encontrar el mejor beef steak, la pasión por el baseball y, en definitiva, el modo en que el carácter de la ciudad influye en sus habitantes y viceversa. Y cómo este carácter varía según el barrio por el que nos movamos.
Por el relato asoman numerosos personajes históricos o actuales de la ciudad: el alcalde Rudy Giuliani, el chef Tony Bourdain, mafiosos o grandes magnates de la industria que participaron en construir la ciudad que hoy conocemos. También nos habla sobre algunos colegas de profesión con los que coincidió en sus años en la ciudad entre los que destacan dos de ellos que perderían la vida realizando su trabajo: Julio A. Parrado, que morirá durante la guerra en Irak y Ricardo Ortega, muerto poco después en Haití.
De la Spanish Society a la caída de las torres gemelas, de los Cloisters a los colonos holandeses o los judíos ortodoxos y sus hábitos, todo cabe en este recorrido sentimental por la Nueva York más amada por el autor y que, aunque fue escrito hace ya veinte años, conserva toda su actualidad porque habla de asuntos que no caducan, habla de la esencia imperecedera de la ciudad.

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