Sorprendentemente, el despacho de Jeremías recibe un caso de gran calado cuando Fátima Montero, una multimillonaria de las de verdad, propietaria de una gran empresa farmacéutica, los contrata para que investiguen a fondo a su marido y copropietario de su empresa, Niklaus Meyer, que la ha abandonado por una chica muy joven, de cara al futuro juicio de divorcio. Porqué alguien tan relevante se ha dirigido a un abogado tan insignificante como él es algo que no llega a entender, pero así y todo se pone manos a la obra para cumplir lo mejor que sabe con su trabajo. Cuando por fin descubra la razón por la que Montero le ha elegido precisamente a él, ya estará demasiado atrapado en el asunto como para poder dar la vuelta y salir de ahí y se encontrará atrapado en una tela de araña demencial que sólo le permite seguir hacia delante peleando por la causa de su clienta, por muy corrupta que esta sea. Para rematar la situación, el condenado en un antiguo caso en el que participó acaba de salir de la cárcel y busca ajustar cuentas con Abi que se ve atrapado entre asuntos que le desbordan pero, a pesar de ser un hombre hundido personal y profesionalmente, aún encuentra fuerzas para pelear contra todo, sacar adelante el caso y recomponer, de paso, algo de su maltrecha vida familiar.
Y cuando menos te lo esperas la trama da un giro radical y todo salta por los aires; ocurre un episodio que lo cambia todo y obliga a reiniciar la historia nuevamente. A partir de entonces, toda la responsabilidad del bufete caerá sobre los hombros de Trinidad que deberá enfrentarse a un caso que la supera claramente, pero no durará en continuar con la pelea para que se haga verdadera justicia.
Este es un thriller judicial lleno de humanidad, con un fabuloso ritmo dinámico que no afloja en ningún momento ni da ni un minuto de respiro al lector y eso tiene más mérito aún si consideramos que se trata de un tocho de más de setecientas páginas en las que nos encontraremos con corrupción en empresas farmacéuticas, control de mercados, abusos de poder, malas prácticas profesionales, falta absoluta de ética, empresarios que quieren acallar críticas e incrementar beneficios, traficantes de armas, delincuentes internacionales, mafiosos, pero también investigadores idealistas, policías concienzudos, amigos impagables y otro montón de buenas personas dispuestas a hacer frente a los malos, por muy poderosos que estos sean.

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