miércoles, 1 de abril de 2026

La rebelión de los buenos

El polifacético escritor y gran novelista Roberto Santiago nos presenta de nuevo en "La rebelión de los buenos" uno de los elementos más características de todos sus libros: unos personajes muy bien diseñados, psicológicamente profundos y llenos de defectos y sorpresas y por lo tanto muy humanos. En esta ocasión, esa galería de buenos personajes está encabezada por Jeremías Abi, un abogado y detective cuya carrera se encuentra en horas bajas a pesar de ser un  profesional eficiente y concienzudo a la hora de pelear con fiereza por los intereses de sus clientes. Desde su modesto despacho en Carabanchel donde su actividad se ha reducido a ser abogado de causas perdidas y pleitos de pobres, continúa creyendo que cada nuevo caso puede ser el que le devuelva el éxito en su carrera profesional que en realidad debate entre el fracaso y la derrota. Tiene una novia que, para su propia sorpresa, le quiere y pretende casarse con él en breve, unas hijas con las que no termina de establecer buena relación y un divorcio que no logra superar. Pero también cuenta, eso sí, con el apoyo incondicional de su socia y sucesora, la tenaz y siempre leal Trinidad Bardot y de su fiel secretaria y figura maternal, Dolores. Jeremías te conquista desde las primeras páginas a pesar de su falta de control emocional, sus ataques de ira, su incapacidad para establecer relaciones personales estables y su gusto por la polimedicación. Será porque personifica al antihéroe fracasado y aún así honrado y defensor de la justicia a toda costa.

Sorprendentemente, el despacho de Jeremías recibe un caso de gran calado cuando Fátima Montero, una multimillonaria de las de verdad, propietaria de una gran empresa farmacéutica, los contrata para que investiguen a fondo a su marido y copropietario de su empresa, Niklaus Meyer, que la ha abandonado por una chica muy joven, de cara al futuro juicio de divorcio. Porqué alguien tan relevante se ha dirigido a un abogado tan insignificante como él es algo que no llega a entender, pero así y todo se pone manos a la obra para cumplir lo mejor que sabe con su trabajo. Cuando por fin descubra la razón por la que Montero le ha elegido precisamente a él, ya estará demasiado atrapado en el asunto como para poder dar la vuelta y salir de ahí y se encontrará atrapado en una tela de araña demencial que sólo le permite seguir hacia delante peleando por la causa de su clienta, por muy corrupta que esta sea. Para rematar la situación, el condenado en un antiguo caso en el que participó acaba de salir de la cárcel y busca ajustar cuentas con Abi que se ve atrapado entre asuntos que le desbordan pero, a pesar de ser un hombre hundido personal y profesionalmente, aún encuentra fuerzas para pelear contra todo, sacar adelante el caso y recomponer, de paso, algo de su maltrecha vida familiar.

Y cuando menos te lo esperas la trama da un giro radical y todo salta por los aires; ocurre un episodio que lo cambia todo y obliga a reiniciar la historia nuevamente. A partir de entonces, toda la responsabilidad del bufete caerá sobre los hombros de Trinidad que deberá enfrentarse a un caso que la supera claramente, pero no durará en continuar con la pelea para que se haga verdadera justicia. 

Este es un thriller judicial lleno de humanidad, con un fabuloso ritmo dinámico que no afloja en ningún momento ni da ni un minuto de respiro al lector y eso tiene más mérito aún si consideramos que se trata de un tocho de más de setecientas páginas en las que nos encontraremos con corrupción en empresas farmacéuticas, control de mercados, abusos de poder, malas prácticas profesionales, falta absoluta de ética, empresarios que quieren acallar críticas e incrementar beneficios, traficantes de armas, delincuentes internacionales, mafiosos, pero también investigadores idealistas, policías concienzudos, amigos impagables y otro montón de buenas personas dispuestas a hacer frente a los malos, por muy poderosos que estos sean.

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