Andrea Boscoscuro es un cotizado asesino a sueldo contratado por Benigno Malumbres, secretario del ministro Calomarde, para acabar con los más destacados opositores que desde su exilio francés, inspirados por el espíritu liberal, siguen removiendo la conciencia de sus paisanos contra el rey tirano y tratando de desestabilizar el régimen. Entre los objetivos de Boscoscuro se encuentran el dramaturgo Leandro Fernández de Moratín, el poeta Rogelio Valdés o el abogado Manuel Silvela, pero en el encargo incluye una peculiar exigencia: asesinar también al insigne pintor Francisco de Goya y hacerse con su cabeza que deberá entregar a Malumbres.
Sesenta años después, el cónsul español en Burdeos, Joaquín Pereyra, asume el encargo de devolver los restos de Goya a España, pero, para su sorpresa, al abrir la cripta donde está enterrado descubrirán que al cadáveres del pintor le falta la cabeza. Pereyra encarga al afamado detective Gilles Leland investigar los sucesos ocurridos en torno a la muerte de Goya, con lo que el detective deberá volver sobre los pasos de aquellos que estuvieron cerca del arista en sus últimos días y descubrir que ocurrió.
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| La lechera de Burdeos y Juan Bautista de Muguiro |
Todos estos personajes y las variadas tramas de persecución, amenazas y enfrentamientos se combinan en una novela llena de acción, en medio de un escenario histórico en el que es fácil sumergirse por la viveza con la que Alandes lo retrata. La novela ofrece una amena recreación de los últimos días en la vida de Francisco de Goya y nos trasmite el carácter y el mundo creativo del pintor, ya decadente, anciano y sordo pero que, sin embargo, conserva íntegros hasta los últimos momentos su fortaleza interior y su genio artístico. «Todo lo sabe y aún aprende.»


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