El protagonista de la historia es Goyo Albert, un editor literario que se embarca en una frenética aventura cuando contacta con él una misteriosa mujer que pretende hacerle llegar un texto que podría interesarle. En los últimos tiempos el editor ha alcanzado popularidad mediática al aparecer en los medios enarbolando la bandera contra los abusos a las mujeres, en una campaña masiva de promoción de su escritor más exitoso, Lorenzo Carballo, que se convirtió en el más vendido con una obra con tintes feministas, pero que hace meses que no logra escribir nada que pueda convertirse en una nueva novela. Goyo defiende una batalla que no es la suya por puro intereses comercial, por apoyar la venta del libro de su escritor estrella. Es cierto que tiene una hija adolescente por la que se preocupa pero no cree realmente en aquello que pretende defender.
El protagonista, que según lo conocemos nos resulta bastante rijoso, se mete en esta aventura no sólo por atisbar una oportunidad de dar con una nueva obra que puede procurarle otro éxito editorial, sino fundamentalmente porque siente una fuerte atracción sexual por su misteriosa autora; fantasea con la posibilidad de que la cita a ciegas en la que se ha embarcado acabe en la cama. Con esa intención, y siguiendo las instrucciones que aquella le envía para su encuentro, se sube en un coche que va a buscarle para llevarme al lugar donde se encontrará con ella. En el trayecto, Goyo va recibiendo extractos del presunto libro donde se detalla la violación que la autora sufrió, que se describe con crudeza, junto con algunas fotos provocadoras que no hacen sino aumentar el deseo del editor por encontrarse con la escritora.
Rivero nos ofrece en pocas páginas un thriller que logra el ritmo adecuado para mantener al lector enganchado a la espera de la resolución de la enrevesada trama de esta historia que comienza como un juego y termina en pesadilla, donde la verdad se oculta tras varias capas de mentiras que el lector irá desvelando página a página, contando con el ya habitual toque de denuncia social que el autor imprime en todas sus novelas.
Una curiosidad que me ha hecho gracia es el autohomenaje que Pablo Rivero se hace a sí mismo incluyendo en un solo párrafo el título de cinco de sus novelas anteriores. Se ve que al tipo le gusta jugar.
"Cuando empezó a trabajar con ellos no era más que una cría que buscaba aprobación, solo una niña que necesitaba ser vista, y ellos se habían aprovechado de ello. La obligaron a salir de su dulce hogar para adentrarse en un verdadero infierno, pero ella se había prometido que no volvería a tener miedo, que los haría pagar su penitencia."

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