El libro es muy agradable de leer, a pesar de estar escrito en estilo epistolar basado íntegramente en el intercambio de cartas y mensajes varios entre la desenfadada escritora Juliet Ashton, joven inglesa bastante atolondrada y gran aficionada a la lectura y a la agitada vida social londinense y diversas personas de su entorno: su amigo y editor Sidney, su mejor amiga y hermana del anterior, Sophie, pero sobre todo con los miembros de la curiosa Sociedad literaria que da título al libro. El tono humorístico de la novela se agradece bastante, incluso cuando el relato se centra en los hechos más dramáticos relativos a la Guerra mundial y a sus efectos especialmente devastadores en Inglaterra, particularmente en Londres y, lógicamente, en los años de la ocupación alemana a la isla de Guernsey. Los constantes apuntes humorísticos, con ese fino humor inglés al que tan bien se le da hacer caricatura del drama y burlarse de lo más serio sin ser grosero, con esa manera de ser capaces de dejarse en ridículo a ellos mismos con un comentario sutil que nunca cae en el chiste, facilita el pasar por los hechos dramáticos de la guerra, a la vez que introduce el deseo de la vital y resuelta Juliet de dejar atrás los duros años pasados y disfrutar de la nueva época de paz lo más felizmente posible.
«el humor es la mejor manera de hacer soportable lo insoportable»A raiz de una carta recibida de un habitante de la isla Guernsey, de nombre Dawsey Adams, que se pone en contacto con Juliet para solicitarle que le envíe algo de lectura interesante que palíe en parte el aislamiento que, aún terminada la guerra, continúan sufriendo en las islas del canal tras la ocupación alemana que los mantuvo completamente aislados del resto del mundo durante varios años, se iniciará una relación epistolar con los diversos miembros de la curiosa sociedad literaria a través de la cual Juliet es informada de las actividades de este variopinto grupo de vecinos que se constituyeron en sociedad literaria por pura necesidad. A través del intercambio de cartas los habitantes de la isla van contando anécdotas de lo que fueron los cinco años de ocupación y cómo esquivaron las estrictas normas de los invasores para tratar de continuar haciendo una vida lo más normal posible. La obra está llena de bromas literarias en torno a novelas o personajes de ficción, sobre autores de éxito como Oscar Wilde o Jane Austen que participan de algún modo en las tramas y se citan constantemente títulos, algunos de los cuales he disfrutado como "Orgullo y prejuicio" o “Elisabeth y su jardín alemán” y otros muchos de los que he tomado buena nota por si algún día les encuentro un hueco. En cualquier caso, por uno u otro motivo, los personajes de la novela ven cómo su vida gira en torno a la literatura de una u otra manera, las novelas les entretienen, les abren al mundo, les ayudan a vivir.
La pequeña isla de Guernsey es un punto insignificante en el mapa de una Europa devastada por la guerra, pero sus habitantes, cada uno con sus historias particulares, reflejan todo el drama y el horror que la guerra trae a cada individuo en particular; cada pequeña anécdota, cada vida desperdiciada es tan valiosa y tan digna de ser contada y reflejan la realidad del conflicto como las más heroicas hazañas militares y las crónicas de las grandes batallas. A pesar de todo esto, el tono general de la novela no deja de ser básicamente humorístico, se lee con una sonrisa permanente en los labios, por las bromas y los constantes comentarios irónicos, tan ingleses y tan refinados en su estilo de humor, también por el retrato de los sencillos personajes que habitan la isla, simples enamorados de los libros algunos, indiferentes a la cultura otros pero todos se acaban haciendo de querer.
Interesada en conocer la razón de la doble autoría de la novela, he descubierto que Mary Ann Shaffer no logró finalizar su novela al verse sorprendida por una grave enfermedad, por lo que fue su sobrina y también escritora Annie Barrows la que la terminó y publicó en su nombre. Una preciosa obra póstuma de una mujer que, al igual que le ocurre a la protagonista Juliet, se enamoró de la isla de Guernsey y quedó impresionada con la historia de su ocupación, tanto como para convertirla en objeto de su única novela. No es poca cosa publicar una sola novela en la vida si en ella es posible dejar, como ocurre en este caso, un importante testimonio de unos hechos como los ocurridos en Guernsey durante la II Guerra Mundial y hacerlo, además, de manera tan entretenida.







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