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lunes, 28 de julio de 2025

Las horas antes del amanecer

En los últimos tiempos me he convertido en una asidua lectora de novelas británicas ubicadas en torno a mediados del siglo XX. Primero fueron las novelas policiacas ambientadas en la campiña inglesa, pero también he descubierto otras de ambiente urbano que retratan la sociedad del momento incidiendo en el papel de las mujeres en ella. Así sucede con "Las horas antes del amanecer", novela de Celia Fremlin protagonizada por Louise Henderson, una agotada madre de dos niñas pequeñas que reclaman atención constante y un bebé que llora incansablemente. Sobrepasada por las exigencias de la crianza y por un marido todavía más exigente e impaciente, las interminables y agotadora tareas domésticas y las noches en vela no son las únicas preocupaciones de Louise; también se tiene que enfrentar con unas vecinas metomentodo, con otras madres con un concepto moderno de la crianza que le insinúan que no hace nada bien o con modernas teorías psicológicas que inciden en los numerosos traumas que una mala madre puede ocasionar a sus hijos y que no ayudan nada a la más que saturada protagonista, que intenta hacerlo tan bien como puede, siempre que no se quede dormida de pie en mitad de una conversación.

Para ayudar a las necesitadas finanzas familiares, los Henderson deciden alquilar la habitación libre de su casa a la encantadora señorita Vera Brandon que, contra todo pronóstico, terminará por convertirse en una auténtica pesadilla y la mayor amenaza para Louise y su familia.

Si bien está novela fue publicada en 1958, fácilmente podría trasladarse en muchos aspectos al más actual presente, retratando a cualquier madre de hoy día sumida en el multitasking que podría compartir y comprender perfectamente la intensa dedicación a la familia, la carga metal y el agotamiento físico y falta de sueño de Louise. Con un tono humorístico y aparentemente ligero se afrontan asuntos que en la Inglaterra de los años 50 igual que hoy en día siguen suponiendo una problemática pendiente de resolver, unido a una trama de thriller que ofrece una visión del lado más oscuro de la maternidad.

"Por un momento, Louise vislumbró, más allá de las tiernas y delgadas hojas de las lilas, más allá de las grises nubes que surcaban veloces el cielo, un tiempo venidero en el que también ella sería capaz de apoyarse tranquilamente en la tapia de alguien y hablar con dulce nostalgia de los días lejanos en que no pegaba ojo por las noches. Qué banal sonaba esa frase, incluso un poco absurda. Qué pobremente reflejaba el cansancio profundo e implacable que absorbía hasta el último gramo de alegría de tu cuerpo y de tu espíritu… que podía hacer picadillo toda la felicidad de un matrimonio…"

viernes, 17 de noviembre de 2023

Una relación especial

Continuo embarcada en una misión autoimpuesta que tiene por objetivo revisar tantas novelas de Douglas Kennedy como me sea posible, visto que todavía no me he encontrado con ninguna que no haya resultado ser una lectura estupenda y emocionante. La última con la que he disfrutado ha sido "Una relación especial", un drama romántico contemporáneo protagonizado por la periodista norteamericana Sally Goodchild, reportera experimentada que ha recorrido medio mundo siguiendo la noticia y que conoce a un colega británico, Tony Hobbs, mientras ambos cubren un suceso en Somalia a donde han sido enviados por sus respectivos periódicos. El amor entre ellos pronto hace aparición y poco tiempo después, tras quedarse ella embarazada, deciden casarse e instalarse en Londres, ciudad de la que procede Tonny. Tras muchos años como corresponsal en el extranjero, viajando de país en país y habituada a una total independencia, a Sally le resulta complicada la adaptación a su nueva vida en Londres en la que todo son cambios: nuevo estado civil, las dificultades del embarazo, el tener que buscar y reformar una casa donde criar a su hijo. Le resulta difícil, en especial, integrarse en la ciudad, hacer nuevas amistades y adaptarse al carácter flemático y desapegado de los ingleses, incluyendo a su flamante marido. 

No cuesta imaginar que todo en la vida de Sally está a punto de sufrir un cambio trascendental, que unos sucesos bastante dramáticos le harán emprender una dura batalla por defender sus intereses y los de su hijo en un entorno de lo más adverso. 

Sorprende enormemente lo bien que el autor adopta el punto de visita femenino; Sally es la narradora de esta intensa historia y se atreve a retratar en esta novela algunos de los aspectos más duros de la maternidad, la parte que no se cuenta habitualmente: la del miedo a hacerlo mal, la incertidumbre sobre la salud del hijo, su impacto en la relación de pareja, la de la devastadora depresión postparto. Sally deberá sobreponerse a la impotencia y a la rabia para sumergirse en una odisea legal y emocional en medio de un entrono hostil y desconocido cuando deba emprender una lucha feroz de la cual dependerán la felicidad y el futuro de Sally y de su hijo. 

La novela, que empieza con el aire de una comedia romántica acaba alcanzando el ritmo y el frenesí de un thriller judicial que nos sumerje en los intrincados vericuetos del sistema legal británico. Debo reconocer que hacía tiempo que una lectura no me hacía sentir emociones tan intensas: he devorado los últimos capítulos con el corazón encogido, ansiando descubrir el desenlace del caso, pasando paginas a toda velocidad para alcanzar lo antes posible el ansiado final feliz. Yo creo que no se le puede pedir mucho más a una novela que esta capacidad de hacernos sentir intensamente, aunque sea sufriendo del lado de la protagonista y eso es algo en lo que Kennedy es un verdadero genio. 

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Pequeños fuegos por todas partes

En la idílica y estrictamente regulada localidad de Shaker Heights, cerca de Cleveland, todo está perfectamente diseñado y ordenado para alcanzar y conservar un patrón de belleza y equilibrio, las grandes mansiones, las pequeñas casas de alquiler y los jardines cuidados, todo contribuye a guardar las apariencias sociales y respetar el buen gusto estético. Parecería que nada malo pueda ocurrir en un entorno tan rigurosamente planificado. "De hecho, el lema de Shaker Heights era «La mayoría de las comunidades surgen espontáneamente: las mejores se proyectan». Según esta filosofía, todo se podía —y debía— planear, evitando así lo feo, lo desagradable y lo calamitoso."

Pero Celeste Ng es experta en mostrarnos lo que todas las familias esconden, la cara oculta de las apariencias, como ya comprobamos en "Todo lo que nunca te dije" y nuevamente nos encontramos en "Pequeños fuegos por todas partes" donde nos muestra las interioridades de familias diversas y distintas, la de los Richardson que han logrado alcanzar el estado de perfección doméstica, de familia ideal, a excepción de la hija más pequeña, Izzy, la inquieta, la imprevisible, la que siempre se sale del cuadro, llena de ira contra el mundo. Y por otro lado tenemos a Mia Warren, una artista nómada y su hija Pearl que aterrizan por casualidad en ese lugar del mundo y vienen a cambiar lo que los Richardson entendían hasta entonces por una familia normal. Moody Richardson y Pearl se convierten en los mejores amigos; a ambos les fascina el modo de vida del otro, la vida errante de la artista frente a la solvencia y la seguridad de los bellos y sanos Richardson que llevan tres generaciones habitando en la misma localidad, toda la vida en su misma casa. Ambas familias enlazarán su existencia en diferentes planos, lo que provocará que sus mentalidades se intereconecten y reconsideren sus antiguos prejuicios.

La historia configura un retrato certero de la Norteamérica de la era Clinton, donde a los asuntos domésticos de los personajes principales se añaden otros temas como la paternidad y la adopción, la integración racial en la sociedad americana, la búsqueda de la propia identidad y la decisiones que marcan el futuro de los estudiantes, los que optan por adaptarse al sistema o por apartarse de él para trazar nuevos caminos propios, haciendo incidencia en el papel de aquellos que no viven de acuerdo con las normas mayoritariamente admitidas como "lo correcto", los que deciden diseñar su propio destino al margen de lo establecido.

Pero sobresaliendo entre los demás, el gran tema en torno al que giran todos los argumentos es el de la maternidad: la deseada, la subrogada, las madres perfectas y las madres adolescentes, las adoptivas, las que no se ven capaces de cuidar a sus propios hijos y las que cuidan de los hijos de otros. Ese es el principal debate que plantea la novela, presentando diversidad de situaciones y variadas posturas en relación a una realidad que a todos nos afecta y nos da pie a reflexionar incluso a posteriori de haber finalizado la lectura. Una novela que te lleva a esto es siempre una buena recomendación.

domingo, 22 de julio de 2018

La primera mano que sostuvo la mía.

He tardado relativamente poco en volver a encontrarme con una novela de Maggie O'Farrell, y es que se trata de una autora que ha entrado rápidamente entre mis favoritas y cuya lectura siempre me depara momentos de enorme placer. Me encuentro en esta ocasión en "La primera mano que sostuvo la mía" con dos historias de mujeres, con la vida de pareja, con dos mujeres enfrentadas a la maternidad en escenarios coincidentes de Londres, una en la época actual y la otra en los últimos años cincuenta y los sesenta. Ambas historias tienen gran fuerza y nos arrastran con ellas por igual. 

Las protagonistas son dos mujeres jóvenes cuyas existencias acabarán por entrecruzarse a pesar de que cada una vive en una época diferente. Elina acaba de ser madre pero nada ha sido como esperaba: la experiencia traumática de un parto complicado la aboca a una depresión, a afrontar una situación de pareja que en nada se parece a lo que compartía antes con Red: no sólo ha perdido su impulso creativo que la llevaba por la senda de convertirse en una gran figura de éxito en la vida artística londinense; también asistimos a la nueva cotidianeidad de una pareja a la que un bebé recién llegado trastoca de arriba a abajo, lo cambia todo y por lo general el cambio no es a mejor, a pesar del amor intenso por el hijo, la adaptación de ambos a la nueva situación es difícil. Pero además Ted también se siente cambiado desde que es padre. Una vez que Elina comienza a regresar a la normalidad y a dejar atrás los peores momentos, algo en el pasado de Ted que ha permanecido oculto parece querer asomar en su memoria y ver crecer al niño recién llegado lo remueve todo, recuerdos sepultados por años quieren volver a ocupar su lugar.

En cuanto a la otra protagonista, Alexandra, ha escapado de su casa, de su madre controladora, de sus numerosos hermanos y de la aburrida vida en Devon y se establece en Londres donde sueña con convertirse en una chica moderna. Corren los primeros cincuenta y todas las posibilidades de la gran ciudad se ofrecen ante ella: trabajar, ser liberal e independiente. Lo primero que cambia es su nombre para convertirse en Lexie. En realidad es Innes el que le cambia el nombre y toda su vida, Innes, editor de una revista, inquieto, locuaz, incansable, casado y con una hija, es el que la introduce en el mundo del arte y la cultura de la capital. La energía de su carácter arrastra a Lexie a un mundo de libertad y aprendizaje que la llevará a triunfar como periodista especializada en arte. Pero el brillante futuro que esperaba a la pareja no llegará a ocurrir.
"Su madre le dio dos consejos cuando se fue a Londres. 1. Busca trabajo de secretaria en una casa importante y próspera que te ponga «a tiro de la clase de hombre que te conviene». 2. No te quedes nunca con un hombre en una habitación en la que haya una cama. Su padre le dijo: «No pierdas más el tiempo estudiando, porque los estudios hacen antipáticas a las mujeres». Sus hermanos pequeños le dijeron: «Que no se te olvide ir a ver a la reina». Su tía, que había vivido una temporada en Londres en los años veinte, le dijo que no cogiera el metro (estaba sucio y no había más que individuos indeseables), que nunca entrara en un café (porque estaban llenos de gérmenes), que llevara siempre faja y un paraguas, y que no pisara el Soho. Huelga decir que hizo caso omiso de todo."
Las dos historias transcurren sin relacionarse pero tienen un tema que las conecta: la maternidad, no desde una visión idílica, sino con una mirada muy realista a los grandes cambios que un bebé trae a la vida de los padres, en sus hábitos, sus relaciones, la forma en que se mira al mundo cuando hay un niño que se sitúa en el centro de todo y hace cambiar la perspectiva, las prioridades y los valores. Es maravillosa la manera en que esta novela muestra las luces y sombras de la maternidad.
"Nos cambia la forma del cuerpo, compramos zapatos de tacón bajo, nos cortamos la melena. Empezamos a llevar en el bolso galletas mordisqueadas, un tractor de juguete, un trocito de una tela muy querida, un muñeco de plástico. Perdemos el tono muscular, el sueño, la razón, la perspectiva. El corazón empieza a vivir fuera de nuestro cuerpo. Ellos respiran, comen, gatean y... ¡hala!, andan, empiezan a hablar con nosotras. Aprendemos que a veces hay que andar a pasitos cortos, pararse y mirar con atención cada palo, cada piedra, cada lata aplastada del camino. Nos acostumbramos a no llegar a donde queríamos ir. Aprendemos a zurcir, tal vez a cocinar, a poner rodilleras en los pantalones. Nos acostumbramos a vivir con un amor que nos inunda, nos ahoga, nos ciega, nos controla..."
La prosa de la O'Farrell es tan magnífica que es un placer el mero hecho de pasearse por sus páginas, de asomarnos a las vidas de estas dos mujeres, de disfrutar mientras las acompañamos en sus avatares diarios narrados con un estilo cargado de sencillez y naturalidad pero que no deja de deleitarse en los detalles más simples y elementales que son los que dibujan con mayor viveza unas existencias que no están marcadas por los grandes acontecimientos sino que se configuran a través de los momentos más mundanos y sencillos que son los que verdaderamente conforman al final las vidas de las personas, en los libros y fuera de ellos. Destacaría también el enorme protagonismo de la ciudad de Londres, a la que la propia autora describe como el tercer protagonista de la novela, la manera en que cambia la ciudad, como pasa de la época de postguerra, de la bohemia, del Soho de los artistas y los escritores, a la ciudad moderna llena de cafeterías de grandes multinacionales, apartamentos de lujo y oficinas sin una gota de originalidad ni encanto. Los personajes cruzan de una época a la otra compartiendo los espacios físicos, los locales y las aceras, cada uno dentro de su propia historia pero unidos a través del tiempo por esos lugares.

En esta obra disfrutamos de una de las grandes habilidades de la autora: hacer gran Literatura, así, con mayúsculas, a partir de vidas normales, de personas corrientes que podrían ser reales; hacernos sentir sus alegrías, el amor que sienten, sus dolores, sus angustias. Y todo ello se queda con nosotros incluso cuando terminamos la lectura, Lexie y Elina son dos amigas cuyos problemas nos preocupan y junto a las cuales sufrimos. Eso no es fácil lograrlo y la O'Farrell lo consigue con aparente facilidad, con un estilo sencillo de leer pero cargado de profundidad y humanidad, prueba determinante de que es una gran narradora.

viernes, 25 de mayo de 2018

Muertes pequeñas

Con "Muertes pequeñas", este libro que novela hechos reales de la mano de Emma Flint, nos situamos en el verano del 65 en Queens, Nueva York. El ambiente opresivo e inquietante que nos envuelve no se debe exclusivamente al tórrido calor propio de las fechas en las que se desarrollan los hechos, sino que es un ambiente de desasosiego que recorre todo el relato, somete a los personajes y contagia al lector de esa incómoda sensación de encontrarse ante hechos terribles que nos hacen temer que lo peor de la maldad humana se esté presentando ante nosotros, aunque no podemos estar seguros de lo que es cierto o no.

Sabemos desde el principio que Ruth Malone es inocente, tenemos la seguridad, porque así lo declara ella, de que alguien se ha llevado a sus hijos y ella está sufriendo por ellos, no podemos evitar creer su testimonio, pero la mirada de los demás sobre ella, lo que ven al mirarla nos hace dudar todo el rato. Lo cierto es que al inicio del relato ya nos la encontramos presa en la cárcel rememorando aquellos días, la desaparición, la angustia, las sospechas de los policías que desde el primer momento apuntan hacia ella. Cuando ocurrió la desaparición, Ruth se encontraba en mitad de un proceso separación y debatiendo sobre la custodia de los hijos. Ruth no es una madre modelo ni una mujer perfecta en absoluto pero sabemos que adora a sus hijos y lucha por darles una buena educación y una infancia feliz. Es cierto que bebe de más, fuma sin parar, le gusta arreglarse, maquillarse, trabaja de camarera por las noches y tiene romances con varios hombres, pero de ahí a quitarse a sus hijos de en medio hay mucho trecho ¿Sería capaz una madre de matar a sus hijos? Nos hacemos esa pregunta mientas observamos su comportamiento frío, la manera como evita llorar en público, como se esfuerza por mantener un buen aspecto en medio del drama que está viviendo. Sabemos que está destrozada por dentro porque la vemos en su casa cuando nadie más la observa pero la cara que da al exterior no le granjea las simpatías de los que la juzgan como una mala mujer. Todos la han condenado desde el principio, empezando por Devlin, el policía a cargo del caso, que se esforzará a toda costa para que todo apunte hacia la culpabilidad de Ruth, sea cual sea la realidad de lo ocurrido, lo vemos más empeñado en confirmar sus tesis que en descubrir la verdad.

Pete Wonicke, por su parte, es un periodista que encuentra su gran oportunidad de lucimiento cuando le ofrecen cubrir la desaparición de los niños. Observa a Ruth y su entorno, a los policías que la investigan y se llega a obsesionar con ella, una mujer diferente a todas las que ha conocido hasta entonces, la sigue, se involucra en su vida y dedica todo su tiempo a buscar testimonios o hechos que la exculpen de las terribles acusaciones que pesan sobre ella.

Nos enfrentamos a lo largo de la lectura a prejuicios, murmuraciones, falsa moral, puritanismo, a personas que juzgan en base al aspecto exterior y no se preocupan por ahondar en el interior de Ruth, porque no les interesa. El resultado es una dura novela que nos hace reflexionar sobre la condición humana, sobre su capacidad para el mal, sobre la imagen que nos formamos de los demás, sobre el amor maternal y las dificultades que la maternidad plantea a las mujeres, a su libertad y a su identidad como personas y al peso de la culpa de no estar haciendo bien las cosas.
"Ese hombre, Devlin, no tenía ni idea de eso. Ninguno de ellos, en realidad. Todos tenían sueldos de hombres y contaban con la ayuda de sus esposas para lidiar con el ruido y el desorden, con los problemas de Jimmy en la escuela o con el estrés de la pequeña Susie cuando no quería comer verdura o con el bebé que no paraba de llorar.
No sabían nada de la culpa. No eran madres."

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La palabra más hermosa

Llevo varios días dándole vueltas a este comentario sobre la novela de Margaret Mazzantini, “La Palabra más Hermosa” porque no sé cómo enfocarlo. Es una obra en la que no sé decidirme por cuál es el aspecto que debería destacar sobre los demás, hay varios planos en la historia que se cuenta que se entrelazan unos con otros, igual que se van mezclando el presente con el pasado, pero que cada uno de ellos merecería ser el tema central de una novela completa: está la gran historia de amor, la vivencia de una maternidad frustrada y la cruel guerra de los Balcanes.

Por empezar por algún lado, podría hacerlo contando que el hilo conductor de toda la novela se inicia con el viaje que realiza Gemma, una mujer madura que viaja desde Italia hasta Sarajevo en compañía de su hijo adolescente para que éste conozca la ciudad donde vino a nacer hace ya dieciséis años. Este viaje levará a Gemma a rememorar su gran historia de amor con Diego, desde que se conocieron en aquella ciudad en los días de las Olimpiadas de Invierno de 1984, su vuelta a Italia y los años de loca pasión en Roma. Diego tiene una gran pasión, la fotografía, y ve la vida a través de su objetivo, sin preocuparse por las cuestiones materiales, es todo alegría, sensibilidad, con cierto punto de locura y Gemma lo sigue en su pasión allá donde quiera ir. La forma en que se cuenta en primera persona su vida en común, con tanta emoción, con una cotidianeidad donde se reflejan los pequeños detalles del día a día, la forma en que comparten todo y se apoyan el uno en el otro, destilan enorme pasión, pero no estamos ante una novela romántica, en absoluto, vemos a los personajes tan de cerca que también se nos desvelan sus defectos, son tan humanos que nos sentimos perfectamente capaces de caminar por ellos por Roma o sentarnos en su gran sofá blanco mientras ven caer la lluvia por la ventana donde sólo se necesitan el uno al otro para ser felices. Sólo la historia de amor ya es de por sí una novela completa.

Pero este inmenso amor tiene un punto débil que acaba por cubrir con una nube negra la relación de la pareja: Gemma no consigue quedar embarazada y así la acompañaremos en un interminable peregrinar por consultas, médicos, distintas técnicas, a veces casi como si se tratara de un reportaje periodístico de investigación, vemos la lucha por lograr ese hijo que encarne el amor que se tienen y que no termina de llegar. La forma descarnada en que nos cuenta sus sentimientos y sus padecimientos físicos nos acerca más a esta mujer que no logra ver su sueño realizado y que sufre por su marido más que por ella misma. Esta se convertirá en la gran lucha de su vida.

Y junto a estos dos aspectos de la novela, la historia de amor y la ansiada maternidad, está también la guerra de Bosnia, la vida de los habitantes de la ciudad de Sarajevo antes, durante y después de esa descarnada guerra que, aunque pareciera imposible que algo así se diera a finales del siglo XX en plena Europa civilizada y avanzada, destrozó a la antigua Yugoslavia mientras que desde el resto de países se veía como algo lejano y ajeno a nuestra realidad, cuando lo cierto es que todo estaba ocurriendo a pocas millas de la costa italiana: los compatriotas se mataban cruelmente unos a otros, antiguos vecinos que habían convivido en paz hasta hacía poco se enfrentaban en salvajes batallas donde hizo acto de presencia lo peor de lo que es capaz el ser humano: los francotiradores que mataban a mujeres y niños que hacían cola para comprar el pan o que jugaban en la calle, como si fueran conejos y casi por diversión, las matanzas indiscriminadas de civiles, las limpiezas étnicas o religiosas que dejaron pueblos completos despoblados, los campos de prisioneros y las violaciones sin piedad de mujeres y niñas. En esta guerra se ven involucrados Gemma y Diego porque sienten que forman parte de algún modo de la ciudad de Sarajevo, donde tienen amigos, Gojko, Sabina, Aska, a los que consideran como de la familia y por los que están dispuestos a arriesgar su seguridad e incluso sus vidas, no quieren dejarlos solos con su sufrimiento y admiran la inmensa dignidad con la que sobrellevan la guerra y sus consecuencias.

Una novela con apariencia de hermosa historia de amor que encierra un tremendo drama humano y vital y que deja una sensación de tristeza y amargura al asistir al enorme desastre que la guerra supuso en la vida de unos ciudadanos europeos como nosotros, con ilusiones y planes de futuro, que se ven reducidos a lo más ínfimo del ser humano, a encontrarse con que lo han perdido absolutamente todo excepto la dignidad y a veces ni eso les queda.

Por cierto: no sé de dónde viene la idea de cambiar el título de libro en la traducción y abandonar el original “Venuto al mondo” que tal vez no suene comercial, pero al menos está relacionado con el argumento de la novela. En fin, cosas de las editoriales, supongo.