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jueves, 25 de enero de 2024

El problema final

Regresa Arturo Pérez-Reverte con una novela, "El problema final" que de algún modo recuerda a sus primeros libros de argumentos centrados en misterios y casos detectivescos. En está ocasión, la granja nos transporta al año 1960 cuando un actor británico conocido como Hopalong Brasil se encuentra ya prácticamente retirado tras haber visto apagarse su estrella que lució en la época dorada de Hollywood. Basil se encuentra navegando por el mar Jónico junto a un productor de cine y televisión italiano y viejo amigo de haber años y la actual pareja de éste, una afamada soprano también en horas bajas. Un violento temporal les obliga a permanecer alojados en el hotel Auslander ubicado en una pequeña isla cerca de Corfú, junto con un variopinto grupo de huéspedes de diversas nacionalidades, hasta que, como en una clásica novela de Agatha Christie, se producirán unas muertes inesperadas: primero ocurre un supuesto suicidio al que seguirán otras muertes que ya claramente se consideran asesinatos. Durante el tiempo en que el temporal impide a la policía acudir a la isla, el grupo de huéspedes se plantea organizarse y tratar de descubrir lo que está ocurriendo.

Por haber protagonizado hasta quince películas en las que encarnó el papel de Sherlock Holmes, todos llegar a la conclusión de que Basil es la persona más indicada para dirigir la investigación de lo sucedido, aunque sea de maneras informal. Pero Basil no es más que un actor que en absoluto se siente capacitado para cumplir con las labores que se le encomiendan; al menos cuenta con la colaboración de otro huésped, el español Paco Foxá, escritor profesional con debilidad por las novelas clásicas de detectives que asume con entusiasmo el papel de Dr. Watson.

"El mundo está lleno de simplezas que nadie observa. No hay nada tan importante como un detalle pequeño cuando se sitúa en el lugar adecuado."

A lo largo de la novela los personajes evocan un tiempo pasado de grandes películas en blanco y negro, de grandes estrellas cine que encarnaron personajes épicos, malvados, elegantes protagonistas de escenas que se convirtieron en míticas. Según la investigación avanza y los crímenes de suceden, todos sienten que se desdibujan los límites entre realidad y ficción, se mueven como dentro de una novela o una mala película, pero los personajes que encarnan tienen fuerza real y deben servirse de ello para resolver este caso de habitación cerrada con un número limitado de sospechosos donde la resolución se obtendrá mediante observación, el análisis de las personalidades y el razonamiento. Se trata, en fin de una novela-problema donde deberemos descubrir el quién, el porqué, pero, especialmente, el cómo de unos asesinatos la mar de misteriosos. Estoy contenta con este regreso a Perez-Reverte con esta novela que conserva la acidez tan propia en sus protagonistas algo canallas y con gran bajage vital pero que no deja de ser una obra con aire de clásico y al mismo tiempo de lo más agradable y fácil de digerir.

"En las buenas novelas con enigma, la solución está a la vista desde el principio."

viernes, 1 de noviembre de 2019

Eva

Regresar a una novela de Arturo Pérez-Reverte es un poco como volver a casa: estamos deseándolo siempre, aunque tardemos mucho en hacerlo y sabemos que lo que vamos a encontrar, sea antes o después, nos hará disfrutar de lo lindo. En "Eva", segunda entrega de la serie de Lorenzo Falcó, el espía buscavidas que atraviesa guerras y conflictos internacionales sin apenas despeinarse, recuperamos la maestría del autor en deleitarnos con sus descripciones de escenarios y ambientes y con la recreación de personajes que parecen sacados de la vida misma, casi siempre del lado más oscuro del ser humano, aunque por fortuna acaba asomando al fondo del todo un ligero resplandor de esperanza encarnada en algún que otro individuo digno de ser salvado de la quema general. Porque Pérez-Reverte, estoy segura de ello, tiene su corazoncito tierno oculto y protegido bajo la coraza de dureza y cinismo con la que siempre se presenta ante el mundo.

Y un poco así es su personaje Falcó: "un actor perfecto, un truhán redomado y un criminal peligroso..." pero también un hombre de principios y honor, fiel y leal amigo de sus compañeros de batallas. Vivimos a su lado la Guerra Civil desde la retaguardia, sin entrar directamente en combate, pero así y todo esta puede considerarse una novela bélica. Y es que incluso hasta una ciudad neutral como es Tánger llega el conflicto civil representado por dos barcos anclados en su puerto: el carguero "Mount Castle" que transporta el último oro del Banco de España que los republicanos han sacado del país con destino a Rusia y el patrullero del bando nacional "Martín Álvarez" que espera a que aquel salga a aguas internacionales para atacarlo. Y en torno a este episodio Falcó se reencontrará con Eva, una agente al servicio de la Unión Soviética a la que conocimos en la anterior entrega de la serie en la que ambos mantuvieron un apasionado encuentro, a pesar de trabajar para bandos rivales en la guerra. Esa es la realidad del destino que les aguarda a ambos: no poder nunca entenderse por servir a principios enfrentados e irreconciliables.

A lo largo de toda la novela nos moveremos en un ambiente de espionaje, negociaciones y juego sucio, lleno de personajes de los que nunca te debes fiar y que encarnan todos los ingredientes del mundo oscuro, inestable y peligroso en el que se mueve Falcó, donde sólo los más avispados o los más afortunados sobreviven y que proporciona al lector un intenso disfrute, como viene siendo habitual, el que nos proporciona de nuevo el autor cartagenero en esta entrega, con una mezcla perfecta de novela histórica, novela negra y buenas dosis de costumbrismo, enriquecido todo con sus personalísimas e intensas reflexiones en las que nos ofrece toda una filosofía de vida. Pérez-Reverte en estado puro.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Falcó

Podria decirse que la última novela de Arturo Pérez-Reverte, "Falcó", está escrita en blanco y negro. Al menos a mí, al ir leyéndola, todas las imágenes que me venían a la mente se me representaban en esa gama, como si de una película de las clásicas de cine negro se tratara. Y es que la novela retrata una época bastante oscura de por sí, como no puede ser de otro modo cuando hablamos de la Guerra Civil española, pero es que además los personajes y las circunstancias retratadas son de un tono gris oscuro, empezando por el protagonista, Lorenzo Falcó, un buscavidas de manual, sin ideología ni bando, con el único objetivo vital de salvar el propio pellejo, además de sacar el máximo provecho a cualquier circunstancia, aunque se trate de una guerra fratricida. Un protagonista que se mueve entre tugurios de los bajos fondos, con sombrero ladeado que apenas deja ver su rostro y un cigarro permanentemente entre los labios. Lo que decía al principio: una imagen más propia del cine negro de toda la vida. Y a ello sumamos esas frases para enmarcar que son tan propias de Pérez-Reverte, esas afirmaciones que encierran toda una filosofía de vida, todo el desencanto y la amargura del que no cree en la bondad humana y sí en la capacidad de destrozarnos los unos a los otros sea en la guerra, en el amor, en la amistad o en los negocios, lo mismo da.
"Sólo dispongo de una vida, dijo. Un breve momento entre dos noches. Y el mundo es una aventura formidable que no estoy dispuesto a perderme."
Los personajes de esta novela, con contadas excepciones, nos muestran una vision agria y desencantada de la vida, individuos que sólo se mueven por interés propio, desconfiados, solitarios; hombres con sombrero, mujeres seductoras al estilo de los años 30, encuentros clandestinos en barras de bar, entre humo de tabaco, escenarios y diálogos certeramente dibujados, atmósferas evocadoras de una época y una sociedad en guerra en un país arruinado en todos los aspectos. Brillan en especial los diálogos en los que tan hábil se prueba siempre el autor, que nos transmiten la filosofía del descanto de unos personajes descreídos, al margen de ideologías o creencias frente a otros capaces de arriesgar su vida por aquello en lo que creen.
"A poco que vivas, la vida les quita la letra mayúscula a palabras que antes escribías con ella: Honor, Patria, Bandera…"
Asistimos a la guerra desde la retaguardia, sin acercarnos a la línea de batalla, mezclados con la población civil, asistiendo a su vida cotidiana y acompañando a los que luchan por sus ideas aunque permanezcan lejos del frente y también a los que se esconden de esa primera línea, a los que se esconden y tratan de pasar desapercibidos. 
"No era asunto suyo, se dijo. Allá quien matara o muriera, y sus razones para hacerlo. Su idiotez, maldad o motivos nobles. La guerra de Lorenzo Falcó era otra, y en ella los bandos estaban perfectamente claros: de una parte él, y de la otra todos los demás."
No puedo dejar de señalar que Pérez-Reverte regresa de nuevo, literariamente al menos, a Cartagena, su ciudad natal, cosa que sus paisanos siempre le tenemos que agradecer por la oportunidad que nos brinda de ver a sus personajes literarios pasear por calles y lugares familiares, usar expresiones de la tierra y rememorar acontecimientos de nuestra historia más cercana. Un placer añadido al de la mera lectura.

viernes, 1 de mayo de 2015

Hombres buenos

Hace bastantes años que no tenía ente las manos una novela de Arturo Pérez-Reverte, autor que, por otro lado, me ha dado abundantes alegrías lectoras en otros tiempos. La razón de tal abandono se debe, sobre todo, a que la serie Alatriste no logró atraerme suficientemente, pero basándome en el buen recuerdo de tantas otras novelas suyas que he disfrutado con anterioridad, me lancé con bastante buen ánimo a la lectura de estos "Hombres buenos" de reciente publicación. Confieso que en la página 20 ya estaba enamorada. Pérez-Reverte comienza su relato colándonos dentro de la Real Academia de la Lengua, permitiéndonos codearnos con los mismísimos académicos, siguiendo el relato del narrador que es, casualmente, un escritor que no se nos dice que sea Pérez-Reverte, aunque se le parece mucho y que cita sus auténticas obras con títulos ficticios. Así que comienzo con muy bien pie esta obra que mezcla aventura, actualidad, historia y amor por la cultura y los libros.

El argumento de la novela se basa en la misión que a finales del siglo XVIII se encomendó, por parte de la RAE, a dos de sus miembros, dos "hombres buenos" elegidos de entre los académicos y que resultaron ser el bibliotecario D. Hermógenes Molina y el almirante D. Pedro Zárate, de traer a España los 28 ejemplares de la primera edición de la Encyclopédie francesa, máximo exponente del avance intelectual de la época, del triunfo razón y libertad hombre que iluminaría los años futuros. La Ilustración, en definitiva, que costaría mucho esfuerzo hacer llegar a una España sometida al poder de la Monarquía y la Iglesia. Pero esta misión no estará bien vista por todos los académicos. Por razones diversas, hay sectores intelectuales que se niegan a que la luz de la Enciclopedia ilumine la razón de los españoles y es por ello que la misión se verá amenazada por la acción oculta estos sectores por medio de la acción de Pascual Raposo, mercenario contratado por los enemigos del plan para hacer fracasar la misión.

El arriesgado viaje de académicos los llevará hasta el París prerrevolucionario donde conviven las ideas innovadoras de los filósofos ilustrados, los mundanos lujos de la aristocracia y la extrema miseria de las clases desfavorecidas. De la mano del abate Bringas, un español exaltado y radical, partidario acérrimo de la Revolución y exiliado en Francia, los académicos iniciarán la búsqueda de los libros y al tiempo se pasearán por los distintos ambientes de la ciudad.

El relato está puntuado por frecuentes intervenciones del propio autor en las que se nos va mostrando el proceso de creación de la novela, los mecanismos del oficio de escritor. Desde la inspiración de la que surgió el germen de la historia que se nos cuenta, el autor recorre el camino que lleva a los protagonistas desde Madrid hasta París y nos va haciendo partícipes de su proceso de documentación, el estudio de mapas y publicaciones de la época, sus conversaciones con interesantísimos personajes reales, especialistas en diversos ámbitos y materias, como Carmen Iglesias o el profesor Francisco Rico, que le ilustran y asesoran en la recreación lo más fidedigna posible del siglo XVIII español y francés. Constantemente se mantienen los dos planos del relato de manera que el autor nos va aclarando términos, introduciendo la época y los escenarios, aportando datos históricos y apuntes complementarios que enriquecen y hacen la lectura más interesante y completa facilitando al lector la inmersión total en la aventura.

Se combinan así el presente y el pasado, personajes reales y ficticios, actuales e históricos, con una agilidad narrativa increíble, con un ritmo ligero, salpicado de numerosos juegos metaliterarios que nos sumergen dentro de todo un mundo de libros, libreros, lingüistas y amantes de las letras en general. El resultado es una viva estampa de la época en la que a España no llegó la Ilustración, a pesar del esfuerzo de aquellos que abogaban por la necesidad de extender la educación a toda la población, no permitiendo el sometimiento absoluto a la Iglesia. Incluso contando con un rey de mente abierta como fue Carlos III, preocupado por mejorar las condiciones del pueblo, desde las obras públicas a la educación, las complejidades políticas y los intereses de muchos, las luchas en las colonias americanas, los conflictos con Inglaterra por Gibraltar y Menorca y otros tantos problemas políticos y militares no le permitieron centrarse en mejorar las condiciones de vida de la población. No deja, sin embargo, el autor de ensalzar, en boca de los personajes, la grandeza de la cultura española, de las grandes figuras de la literatura que brillaron durante el Siglo de Oro y que todavía en el momento en que transcurre la acción iluminan y sirven de motivo para ensalzar la grandeza de la cultura española, aún en contraste con la incapacidad de los gobernantes de extender ese brillo al común de la población.

En definitiva, esta es una novela que me ha hecho disfrutar muchísimo y que enamorará fácilmente a todos los amantes de la Historia y de la buena literatura. Una apuesta segura, lo puedo garantizar.

jueves, 9 de diciembre de 2010

El asedio

Me ha gustado mucho la última novela de Arturo Pérez Reverte. El Asedio se desarrolla en Cádiz en torno al año 1811. La ciudad eminentemente marinera lo es más en esta época en que se encuentra sitiada por las tropas francesas por lo que el mar es la única vía posible de comunicación con el exterior. La imagen de Cádiz como reducto de las ideas liberales que se verán plasmadas en la Constitución de 1812 es en parte un personaje más de la historia que conjuga distintos géneros, policiaco, histórico, aventuras, etc.

El centro de las tramas lo configura la resolución de una serie de crímenes que trata de resolver el comisario Rogelio Tizón, personaje oscuro y falto de escrúpulos, muy típico en Pérez Reverte el darle protagonismo a figuras que más bien reúnen los rasgos típicamente adjudicados a los antagonistas en cualquier otra novela. Junto a éste, otros personajes que comparten el protagonismo, cada uno de su propia trama: el capitán Lobo, a mi parecer el más “Revertiano” de todos: un antihéroe, triste hasta el infinito, desilusionado, amargado y duro pero que se convierte, a mi parecer, en la figura más interesante de la obra. Lolita Palma, comerciante avezada, muy alejada del prototipo español de la época en que las mujeres limitaban su vida a la casa, la iglesia y las reuniones sociales, Lolita Palma dirige su empresa naviera y comparte los intereses en los asuntos políticos y las ideas liberales de la época, aunque se debate entre la comprensión de las ansias libertadoras de las colonias americanas y el efecto negativo que ello reportaría a la actividad comercial de la metrópolis española. El artillero francés Desfosseux más interesado en los aspectos técnicos del lanzamiento de obuses que en la finalidad bélica última de estos.

Hay otros personajes, como el salinero y combatiente de tropa Felipe Mojarra y su triste existencia, el teniente Ricardo Maraña compañero de Lobo, o el taxidermista Fumagal, colaboracionista con las tropas francesas, el primo de Lolita Palma, gran vividor ajeno a las penurias causadas por la guerra, Hipólito Barrul compañero de ajedrez de Tizón y admirador de las últimas ideas científicas. Todos ellos son dignos de compartir el protagonismo del libro, son personajes retratados con minuciosidad, a pesar de su papel secundario en las tramas, pero todos aportan una imagen nítida de las distintas capas de la sociedad gaditana de la época.

Creo que Pérez Reverte se ha superado en esta novela, demuestra su pericia como creador de personajes, su conocimiento de la Historia, su riqueza de vocabulario y, sobre todo, vuelca su enorme pasión por el mundo de la navegación en los pasajes que suceden a bordo de las naves, donde describe detalladamente las maniobras y la acción naval. Para mí, Pérez Reverte es al mar y la navegación lo que Delibes al campo y a la caza: un apasionado que vuelca sus conocimientos y maestría en sus novelas, convirtiendo al mar y todo lo que le rodea en un personaje más de sus obras, y lo cierto es que no podía ser de otra manera, tratándose de la ciudad de Cádiz.