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jueves, 22 de octubre de 2026

La balada de Holt

Debo decir que mi experiencia de lectura con "La balada de Holt" ha sido una mezcla de alegría y tristeza; la alegría es la misma que he sentido cada vez que he tenido la fortuna de emprender la lectura de un nuevo libro de Kent Haruf, la anticipación de los placeres que me esperan tras la portada y el disfrute que garantiza cualquiera de las obras del autor. Pero por otra parte, tenía la pena de saber que esta es la última novela suya que me quedaba por leer, que con ella completaba la breve producción de este escritor norteamericano fallecido en 1914 y que retrató con maestría, en sus seis maravillosas novelas, su estado natal de Colorado, la particularidad de sus paisajes y el carácter de sus habitantes.

Entrando ya de lleno en el argumento de la novela, este arranca cuando la paz del pequeño pueblo de Holt se ve enturbiada por el regreso de Jack Burdette, "el fenómeno local", todo un personaje que pasó de ser un muchachote grande y bruto, héroe deportivo del instituto, a convertirse en el hombre más odiado de Holt a causa de un turbio asunto que lo llevó a escapar lejos del pueblo, dejando atrás a unos vecinos indignados y una familia abandonada. Tras ocho años en California ha vuelto inesperadamente y nadie se alegra de verle de nuevo.

El narrador de la historia es Pat Arbuckle, editor del periódico local y antiguo compañero de estudios de Jack que recorre la vida de Burdette, la temprana muerte de su padre, el distanciamiento de su madre, su breve paso por la universidad y el ejército, su vuelta al pueblo donde le sigue esperando la bella e ingenua Wanda Jo que aún confía en que algún día Jack se decidirá a casarse con ella. Pero como será habitual en él a todo lo largo de su vida, Jack acostumbra a tomar decisiones inesperada y extravagantes, sin tener nunca en consideración los intereses ni los sentimientos de los demás. 

Entre los sucesos que va contando, el narrador intercala episodios autobiográficos que nos permiten asistir a su propio fracaso matrimonial, a conocer el drama personal sufrido y la manera en que su vida se ve enlazada con la de Burdette. Con esta lectura volvemos por última vez al escenario de Holt, ese pequeño pueblo en medio de la llanura de Colorado donde los rumores y la solidaridad vecinal van de la mano, donde nada puede ocultarse a los ojos de los demás y cada uno trata de sobrevivir de la mejor manera posible, buscando su propia felicidad, siempre que no aparezca alguno que se empeñen en imponer sus propios intereses. 

Hasta siempre, Kent Haruf. Tus libros, tu mejor legado, seguirán siempre con nosotros acompañándonos y consolándonos de la vida.

domingo, 22 de febrero de 2026

Bendición

Tengo sentimientos enfrentados al finalizar esta tercera entrega de la Trilogía de la llanura del escritor norteamericano Kent Haruf. Por un lado, me siento enormemente agradecida por haber podido disfrutar con "Bendición" de otra obra maestra salida de la pluma del autor; pero también siento tristeza al saber que sólo me queda un libro suyo por leer y que esta sensación de placer que me proporcionan sus libros está próxima a no volver a repetirse. 

En cuanto al argumento de esta novela, se encuentra protagonizado por el anciano Papá Lewis que recibe la confirmación de que no le queda mucho tiempo de vida. Tras la noticia, vuelve a su casa a esperar el fatal desenlace que no ha de tardar. Su hija Lorraine regresa al pueblo a cuidar de él y a ayudar a Mary, su madre durante estos difíciles días. Papá Lewis rememora lo que ha sido su vida, dedicado a sacar adelante su negocio y ocuparse de su familia, aunque no todo ha sido felicidad. Aún tiene tiempo de hacer recuento de sus errores y fracasos y tratar de reparar lo que todavía está en su mano, mientras trata de mantener en todo lo que le es posible la dignidad y la entereza al afrontar la propia muerte.

Como es habitual en Haruf, en este libro también nos presenta a gente sencilla con vidas honestas y simples en el apacible pueblo de Holt, ya mítico escenario de su trilogía: una pequeña comunidad rural unida y vigilante, poco partidaria de demostrar sus sentimientos en público, donde los vecinos se ayudan y apoyan sin meterse demasiado en los asuntos ajenos pero esperan, ante todo, que se respeten las normas morales establecidas.

"Los pueblos, dijo él. Todos creen que te conocen. 

Me conoce. Al menos en parte.

Saben demasiado. No me gusta.

No tiene que gustarte."

Se nos presentan una serie de vidas monótonas, sencillas y apacibles en apariencia en medio de un paisaje sereno, de llanuras que se extienden hasta donde alcanza la vista, donde los personajes se sientan en el porche a contemplar el atardecer o miran por la ventana sentados a la mesa. Esos momentos en los que no pasa nada transmiten paz y sosiego, aunque no ocultan los demonios interiores que todos llevan dentro. Porque está claro que no todo es idílico en sus vidas; los personajes tienen sus dramas personales, sus heridas, sus debates morales que afrontan con serenidad y rectitud. Ocurre así con la inevitabilidad de la muerte tal y como la vive Papá Lewis que no la convierte en un momento dramático sino que es un paso más que hay que dar; la forma en que se muerte es la culminación de cómo se ha vivido. "Con Papá Lewis siempre sabes qué hora marca el reloj. Y no creo que se refiriese a la hora que era."

Haruf vuelve a deleitar con su forma de contar la vida, sencilla y austera, mediante frases cortas y contundentes, sin enredarse en digresiones ni largos párrafos, con ideas que van del corazón a la boca sin grandes elaboraciones ni discursos complejos, haciendo de esa simplicidad toda una manifestación de su manera de mirar al mundo.

viernes, 1 de agosto de 2025

Al final de la tarde

Volver a leer a Kent Haruf es siempre como regresar a casa. Por extraño que pueda parecer, las llanuras áridas de Colorado se convierten en lugar seguro para sus lectores más fieles, hogar acogedor donde nos esperan historias de personajes contadas con ese ritmo lento y profundo del ya fallecido autor norteamericano. En "Al final de la tarde" de nuevo nos encontramos en Holt, un pueblo en mitad de la nada, donde continúan algunos de los personajes de los anteriores libros y otros nuevos que irán apareciendo, cuyas historias personales nos llegarán de nuevo al corazón.

Los hermanos McPheron echan de menos a la joven Victoria Roubideaux a la que acogieron cuando más necesitada de ayuda estaba y que ahora se ha marchado junto con su hijita a la universidad. Así que los McPheron no tienen más que hacer que seguir ocupándose de su ganado y echar de menos a la chica. Luther y Betty Wallace viven en una caravana con sus hijos a los que no saben cuidar ni proteger y sobreviven gracias a los servicios sociales. Cuando Hoyt, el tío de Betty, se muda a vivir con ellos, los problemas no han hecho más que empezar. DJ es un pequeño huérfano, serio y silencioso, que vive con su abuelo, se ocupa de la casa y la comida y no tiene ningún amigo en el colegio. Pero es acogido por su vecina, Mary Wells, y su hija Dena que se convierte en su única compañera de juegos.

Haruf nos vuelve a ofrecer en este volumen una serie de historias de compasión y redención. Con una narrativa sencilla y sin el más mínimo adorno, nos introduce en las vidas de sus personajes a los que retrata con afilada crudeza pero también con enorme conmiseración. Destacaría por encima de todo sus personajes infantiles, esos niños desamparados, silenciosos y solitarios que nos roban el corazón. Y junto a ellos encontramos familias que se reconstruyen a base de amor, lazos personales que van más allá de los de sangre: la amistad y el apoyo mutuo son los que sostiene a los personajes y les permiten seguir adelante. 

La sensación siempre que termino una novela de Haruf es de pena por abandonar el condado de Holt y a sus habitantes y el deseo de regresar pronto para acompañarlos en su soledad y seguir sus trayectorias vitales un poco más. Pero lo reducido de la obra del autor no nos va a permitir cumplir este deseo por mucho más tiempo, y eso es algo que tenemos claro sus lectores, que vamos dosificando sus lecturas, espaciándolas en el tiempo, para que no se terminen demasiado pronto.


martes, 10 de octubre de 2023

El vínculo más fuerte

Kent Haruf es conocido sobre todo por su famosa Trilogia de la llanura, de la que sólo he leído la primera entrega, "La canción de la llanura". Y me disponía a continuar con la serie cuando me enteré de que existía un primer libro con el que Haruf debutó en la narrativa, "El vínculo más fuerte", no conectado argumentalmente con la trilogia pero sí situado en el mismo escenario de Holt, el condado agrícola de Colorado donde la vida no es sencilla, donde cada uno se ocupa de sus cosas, donde se trabaja duro la tierra y las vidas transcurren monótonas entre veranos sofocantes y crudos inviernos. 

Los personajes retratados en esta novela proceden de los pioneros que llegaron a finales del siglo XIX a aquellas tierras hinóspitas, se hicieron con una parcela donde instalarse y trabajaron muy duro para sacar algo de provecho de esas tierras arenosas y resecas. El narrador es Sanders Roscoe, hijo y nieto de una de esas familias cuya historia, tanto la de su padre, John Roscoe, como las de sus vecinos, los hermanos Edith y Lyman Goodnough se dispone a contar, ahora que Edith debe afrontar una grave acusación. Para ello tiene que remontarse años atrás y así de paso nos contará, por extensión, la historia del contado de Holt y sus habitantes, de su evolución a lo largo de los años, cerca de un siglo, a través de cuatro generaciones descendientes de aquellos primeros pioneros. En la actualidad, la gente del pueblo arrastra una existencia que no tienen mucho más aliciente que recorrer la calle Main arriba y abajo cuando no están ocupándose del duro trabajo del campo, del cultivo de cereales y la cría de vacas, todos los años igual, siguiendo el ritmo de las estaciones y tratando de vivir la vida sin inmiscuirse en la de los demás.

Los personajes que desfila por estas páginas son generalmente personas sencillas, fuertes y austeras para las que el campo es su vida. Pero también habrá lugar para la emoción y el amor apasionado. Sin embargo el mayor drama se dará cuando deciden renunciar a la felicidad por cumplir con lo que consideran su deber. 

La manera de narrar de Haruf es tan intensa, tan poética a pesar de su sencillez que ya en esta obra debut adivinamos lo que vendría después en su magnífica "Nosotros en la noche", en especial por su particular mirada hacia la vejez, y también en la aclamada trilogia que aún me queda por completar en la que el paisaje es un elemento esencial del relato. Su estilo se basa en su atención a los detalles más simples que son los que llenan de vida y dotan de realidad a sus personajes, así como la capacidad de convertir lo más sencillo, la existencia más insignificante, en material literario de primer nivel. 

sábado, 22 de febrero de 2020

La canción de la llanura

"La canción de la llanura" es la primera entrega de la denominada Trilogía de la llanura que el escritor Kent Haruf dedicó a los paisajes y las gentes de su estado natal, Colorado. Como ya comprobé en "Nosotros en la noche", Haruf cuenta básicamente historias humanas  normales, con un ritmo pausado, sin grandes sorpresas ni acontecimientos espectaculares que nos arrastren a continuar leyendo. El gran valor de sus libros son los retratos de lo más cotidiano en un pueblo tan corriente como Holt, una localidad inventada que el autor sitúa en el lugar que mejor conocía: en las llanuras de Colorado, donde el invierno es terrible, la soledad frecuente pero los conflictos humanos, como no puede ser de otra manera, son iguales a los que se pueden dar en cualquier otra parte del mundo.

Los protagonistas del libro son un grupo variopinto de personajes formado por un profesor de instituto, sus dos hijos pequeños que observan el mundo adulto desde su inocencia, una madre depresiva superada por la vida, una adolescente embarazada que afronta su futuro con valentía ayudada por su profesora y dos hermanos solteros que viven apartados de todo en su granja criando terneras. Todos ellos son seres sencillos que nos conquistan por su bondad y su falta de pretensiones. Tienen problemas como cualquiera y los afrontan con serenidad y de frente, sin dar demasiadas explicaciones ni buscar justificaciones y que terminan conformando una especie de familia unida por lazos más fuertes que los de la sangre. Y a pesar de la sencillez de los elementos que componen la trama, la lectura te atrapa, te enreda en ese ritmo lento, abundando en la placidez de lo cotidiano, te hace vivir entre esas personas de pocas palabras y corazones generosos a los que no puedes evitar desear que las cosas les salgan bien. La sencillez de la prosa de Haruf no la libra de la potente capacidad de evocación que posee a través de la cual nos retrata una América rural que tiene mucho de idílica a pesar de las duras condiciones naturales y de la aridez del entorno pero donde brilla la belleza de lo cotidiano y la capacidad de amar de las personas de bien.

lunes, 22 de enero de 2018

Nosotros en la noche

"Y entonces llegó el día en que Addie Moore pasó a visitar a Louis Waters. Fue un atardecer de mayo justo antes de que oscureciera."
Así comienza "Nosotros en la noche", directo y sin rodeos ni preámbulos innecesarios. La novela de Kent Haruf que es prácticamente una obra póstuma ya que fue lo último que escribió el autor conociendo ya la inminencia de su muerte y publicada después de que esta sucediera, presenta a sus protagonistas en la primera línea del texto y así de inmediata es en todo: Addie tiene una propuesta clara que hacer a Louis, ambos viven en la misma calle de una pequeña ciudad provinciana y aunque se conocen hace muchos años nunca han tenido demasiada relación. Ahora, una vez jubilados y viudos tiene ocasión de reunirse, recordar y repasar sus vidas relatándoselas el uno al otro y, sobre todo, de hacerse mutua compañía. Ella es clara y asertiva como lo prueba su propuesta, él tiene más dudas al principio, tal vez porque le pilla por sorpresa, pero enseguida ve las ventajas del plan.
"No, sexo no. No lo enfoco así. Creo que perdí el apetito sexual hace tiempo. Yo hablo de pasar la noche. De acostarse calentitos, acompañados. Meterse juntos en la cama y que te quedes toda la noche. Las noches son lo peor, ¿no crees?"
La novela es breve, con capítulos cortos, emplea una gran economía de lenguaje por medio de frases simples de  gran eficacia narrativa, con una ausencia total de retórica que no se demora en descripciones innecesarias. Así y todo, el relato no resulta frío, sino que logra transmitir con eficacia una historia de personas que, a pesar de su edad, están dispuestas a seguir adelante, a continuar viviendo con nuevas ilusiones, sin miedo al que dirán, incluso a empezar todo de nuevo. Ambos son conscientes de los errores cometidos con anterioridad, nada trata de edulcorar su pasado, pero se encuentran capaces de actuar ahora de acuerdo con lo que verdaderamente creen que es correcto. 

Una novela breve pero que condensa eficazmente el mensaje que trata de transmitir: la capacidad de cambiar, el peso de la familia y el valor de actuar de acuerdo con lo que nos hará felices a pesar de todo. Una maravillosa lectura que, sin llegar a ser melancólica, te deja pensando en cómo afrontamos nuestra propia vida y las decisiones que tomamos, en la posibilidad de que cuando lleguemos a la vejez nos podamos arrepentir de lo que no hicimos cuando pudimos o debimos.