Esta de Intemperie es una de esas novelas que, casi por obligación, te debes de apuntar en la (siempre creciente e ya casi inabarcable) lista de libros por leer. Cuando te topas con unos cuantos comentarios, reseñas o críticas en las que se presenta como la sorpresa literaria de la temporada, ópera prima de un escritor, el extremeño Jesús Carrasco, que ha triunfado ya en Europa antes de hacerlo en su propio país, no te queda más salida que ponerla en la citada lista y, además, hacerle un subrayado para que no se nos quede allí perdida, como le va ocurriendo a tantas y tantas obras pendientes. Y debo decir que no me arrepiento de haberle encontrado un hueco, que lo que de ella se contaba, generalmente todo positivo, no se aleja mucho de las sensaciones que me ha transmitido.
La principal etiqueta que se le ha colgado a esta novela era la de ser una obra que recordaba de inmediato al mejor Miguel Delibes, y no anda muy desencaminada la idea. Para empezar, nos encontramos con un protagonista infantil muy cercano a los personajes del autor castellano; además, la historia se sitúa en un mundo rural que igualmente evoca a Delibes desde el primer momento y comparte, además, otra de las características fundamentales del aquel: el lenguaje empleado en la novela es de una riqueza sorprendente, despliega una amplia y desconocida nomenclatura de lugares, instrumentos, acciones, que dibujan un mundo rural y una vida en torno a las tareas agrícolas, a la vida en el campo y al trabajo con los animales que ya, probablemente, se haya perdido. Destacaría yo, por otra parte, una diferencia entre ambos autores y es que Carrasco nos cuenta las cosas desde una visión mucho más dura, más cruel, sin lugar para la inocencia y con más miedo y desesperanza que la que destilaba en sus escritos el maestro Delibes.
La novela transcurre en un espacio físico y temporal indefinido, el niño no tiene nombre, tampoco lo tienen el pastor ni el alguacil ni el padre. Son personajes anónimos que malvive en un páramo arrasado por el sol, asediados por la escasez de agua, la vida durísima de un entorno rural que nada tiene de idílico ni bucólico. En medio de un desolador paisaje que tal vez podríamos identificar como extremeño, aunque no se dice, se mueven unos personajes más que pobres, de una humildad extrema, desesperanzados y sin ilusión, en especial el niño desamparado con el que se empatiza desde las primeras páginas. Las imágenes que se nos muestran son duras, sin necesidad de entrar en detalles macabros, la historia es áspera y brutal en todos sus aspectos, lo que hace al lector sufrir por el negro futuro que se le adivina al muchacho que huye, aunque no sepamos de qué huye porque no se nos dice, aunque fácilmente se intuye, deseamos que logre escapar de su triste destino. Con una forma de contar las cosas basada en no contarlas, esto es, en darlas por sobreentendidas, como si el lector conociera ya previamente los antecedentes, como si ya conociéramos a los personajes de antes, avanzamos con ellos y compartimos sus vivencias en tiempo real.
La narración posee una riqueza que deleita en muchas ocasiones por el mero hecho de la manera en que cuenta las cosas, olvidándonos a veces de la dureza de lo que leemos. Sin demasiadas descripciones y apenas diálogos, nos adentramos en el paisaje y en la mente de los personajes a través de sus actos, que se nos dibujan con una certeza basada en un lenguaje limpio y una prosa que en ocasiones resulta hasta poética, aunque refleje una realidad muy alejada de cualquier poesía. En definitiva, se trata de una de esas novelas que hay que leer, sí o si, obligación que se vuelve más llevadera debido a su breve extensión, y que se disfruta por su aspecto formal, al tiempo que se sufre por el fondo de lo que nos cuenta. Yo la recomiendo, sin duda.
domingo, 26 de mayo de 2013
martes, 14 de mayo de 2013
Los Baldrich
Reconozco que allí donde haya una novela que nos cuente una historia familiar dentro de un entorno histórico, sea éste el que sea, tarde o temprano allí acabo cayendo yo. Y no iba a ser menos con esta novela de Use Lahoz de título "Los Baldrich", apellido de la familia protagonista de la historia que se inicia a principios del siglo XX con el nacimiento del patriarca, Jenaro Baldrich. La novela nos contará el devenir del ambicioso Jenaro y cómo éste persigue sin tregua sus sueños: comienza por formar una familia que espera que en el futuro se convierta en una dinastía que saque adelante su los negocios que él iniciará en la maltrecha Cataluña de la posguerra. Y para llevar a cabo su plan se precisa una esposa y unos hijos, de modo que así van apareciendo Sagrario, una joven discreta de una familia originaria de su mismo pueblo que se casa con Jenaro a pesar de estar enamorada de su primo y después vendrán los hijos, ¿cómo no?. Jenaro centra toda su energía en desarrollar su negocio de textiles que crece al ritmo del avance de la economía española desde los años cincuenta, pasando por el desarrollismo, los felices ochenta y llegando hasta el final del siglo. Toda la vida de la empresa la desarrolla junto a su fiel colaborador Mateu, que en ningún momento verá recompensados los esfuerzos y dedicación aplicados al éxito del negocio. Sólo el negocio y el fútbol despertarán la pasión de Jenaro, mientras que su familia se va desgajando con el tiempo por la apatía de sus miembros y por la falta de amor.
Con los años, los Baldrich verán incrementarse su fortuna y se convierten en una acomodada familia burguesa pero eso nunca lograrán garantizar la felicidad de ninguno de sus miembros. Las relaciones personales entre ellos son de una frialdad absoluta, el padre autoritario, la madre sumisa, Jaime el hijo mayor, más tentado por la música y la literatura que por el negocio familiar, Rodrigo, el segundo, más en la línea de lo que su padre espera de él, a pesar de ser cruel con su hermano y desinteresado por los demás y la pequeña Nati que acaba militando en el bando políticamente opuesto a su padre y escapando a Madrid para hacer su vida por su cuenta. Todos son personajes que se encuentran solos aún perteneciendo a una familia, que no cuentan con el verdadero respaldo afectivo que se supone que esta proporciona y, curiosamente, todos se sienten más unidos a la sirvienta de la casa de toda la vida que a cualquiera de los demás miembros del clan.
La historia está bien contada, aunque en ocasiones los episodios históricos o los sucesos políticos reales en medio de los que transcurren las vidas de los Baldrich parecen narrados con demasiada distancia, como un mero marco ante el cual pasean los personajes. Por lo demás el libro es interesante, fácil de leer, el final no es sorprendente, pero se lee con agrado. Los personajes están muy bien dibujados, especialmente los de Jenaro y de Jaime, a pesar de que no resultan necesariamente simpáticos, no es posible encariñarse con ninguno de ellos, pero están bien dibujados y resultan creíbles. Toda la novela está imbuida de un aire de tristeza procedente de la falta de amor y comunicación entre los personajes, de su soledad y falta de ilusión, por lo que al final es una historia que me ha dejado una sensación amarga tras su lectura.
Con los años, los Baldrich verán incrementarse su fortuna y se convierten en una acomodada familia burguesa pero eso nunca lograrán garantizar la felicidad de ninguno de sus miembros. Las relaciones personales entre ellos son de una frialdad absoluta, el padre autoritario, la madre sumisa, Jaime el hijo mayor, más tentado por la música y la literatura que por el negocio familiar, Rodrigo, el segundo, más en la línea de lo que su padre espera de él, a pesar de ser cruel con su hermano y desinteresado por los demás y la pequeña Nati que acaba militando en el bando políticamente opuesto a su padre y escapando a Madrid para hacer su vida por su cuenta. Todos son personajes que se encuentran solos aún perteneciendo a una familia, que no cuentan con el verdadero respaldo afectivo que se supone que esta proporciona y, curiosamente, todos se sienten más unidos a la sirvienta de la casa de toda la vida que a cualquiera de los demás miembros del clan.
La historia está bien contada, aunque en ocasiones los episodios históricos o los sucesos políticos reales en medio de los que transcurren las vidas de los Baldrich parecen narrados con demasiada distancia, como un mero marco ante el cual pasean los personajes. Por lo demás el libro es interesante, fácil de leer, el final no es sorprendente, pero se lee con agrado. Los personajes están muy bien dibujados, especialmente los de Jenaro y de Jaime, a pesar de que no resultan necesariamente simpáticos, no es posible encariñarse con ninguno de ellos, pero están bien dibujados y resultan creíbles. Toda la novela está imbuida de un aire de tristeza procedente de la falta de amor y comunicación entre los personajes, de su soledad y falta de ilusión, por lo que al final es una historia que me ha dejado una sensación amarga tras su lectura.
miércoles, 24 de abril de 2013
El Paraíso de las Damas
Hace algunas semanas me tropecé casualmente en la televisión con una serie con bastante buena pinta titulada “El Paraíso”. Lo cierto es que vi los dos primeros capítulos que emitieron de forma continuada y que confirmaron mi sospecha de que se trataba de una cuidada producción británica de esas que tan bien se les dan a los de la BBC. Pero como resulta que una es, esencialmente, una lectora voraz, nada más saber por los títulos de crédito que la serie se basaba en una novela original de Émile Zola, no pude resistir la tentación de ir directamente a la fuente y sin necesidad de ver más capítulos me hice con la novela en cuestión: “El Paraíso de las Damas”, que ha supuesto una inesperada sorpresa con una interesante historia, con su pizca de romance, enmarcada en un apasionante periodo histórico en lo que a los cambios sociales se refiere y ubicada en la bulliciosa ciudad de París de mitad del siglo XIX. ¿Qué más se puede pedir?
El argumento gira en torno a la joven Denise Boudu que llega a París tratando de buscarse un futuro para ella y sus hermanos tras haber quedado huérfanos. Su tío es propietario de un pequeño comercio tradicional de venta de tejidos, pero el negocio no anda muy bien y no puede colocarla. En su misma calle se ha establecido “El Paraíso de las Damas”, una magnífico establecimiento de "novedades" donde es posible satisfacer la pasión de las mujeres por las compras y la moda, germen de los grandes almacenes que se generalizarían por la ciudad a partir de entonces, donde es posible encontrar desde tejidos hasta guantes, abanicos, paraguas, vestidos confeccionados... Este enorme establecimiento basado en una estricta organización, numerosísimos dependientes, donde se despachan las mercancías de manera imparable, donde se reciben pedidos por correo, se realizan entregas a domicilio, en fin, todas las innovaciones y comodidades imaginables para facilitar la compra a sus cada vez más numerosas clientas. Por sus servicios, los precios, la variedad que ofrece, el Paraíso supera en todos los aspectos a cualquiera de los pequeños comercios que abundan en el mismo barrio y que se van viendo abocados sin remedio al cierre. Los beneficios reinvertidos una y otra vez, el sistema de primas a los empleados, las comisiones por ventas, todo un nuevo sistema que permite multiplicar las ganancias y estimular a los trabajadores, todo este nuevo e inmenso aparato está dirigido por Octave Mouret, un decidido y visionario emprendedor dotado de un extraordinario talento comercial que nunca deja de plantearse sucesivas ampliaciones del negocio, que va arrinconando los esquemas mercantiles antiguos y va dando paso a nuevas técnicas para atraer al público. Comprobamos así que lo que consideramos modernas teorías de márketing y publicidad no son cosas de hoy día, sino que ya se ponían en práctica en el siglo XIX:
No se puede dudar del talento de Zola para reflejar toda una sociedad, para destacar sus aspectos más sobresalientes, lo novedoso frente a lo añejo, en introducirnos en los salones, reflejar hasta la luz que ilumina las escenas y los sentimientos que refleja cada rostro o cada tono, en retratar, en fin, a los seres humanos que pueblan su novela, de mostrarnos lo más profundo de sus pasiones, sus motivaciones y los deseos que los mueven y a través de unas historias particulares hacernos revivir un mundo pasado, en un relato que estaría en un punto intermedio entre el estudio sociológico y el tratado histórico, eso sí, presentado de manera tremendamente entretenida. A destacar las vertiginosas descripciones de la abundancia y magnificencia de El Paraíso y sus incontables mercancías expuestas de manera espectacular para deleite de las clientas. En esta ocasión, Zola deja de lado algo de su habitual denuncia social, aunque no totalmente, pero sí que se deja llevar más por el optimismo y la confianza en el progreso y la posible mejora de las condiciones de vida de los trabajadores en una nueva época de abundancia que se adivina en un futuro cercano.
Se dan en esta novela otros numerosísimos temas sobre los que reflexionar: Asistimos a la renovación del panorama urbano de París donde comienzan a abrirse grandes avenidas, “con alcantarillado, aceras y farolas de gas”, donde se arrasa con los viejos barrios medievales para dar paso a una nueva ciudad cosmopolita y abierta, lo que favorece fundamentalmente al comercio. La superioridad de los grandes centros comerciales frente a los pequeños comercios tradicionales, la decadencia de los artesanos especializados, la utilización de las mujeres como consumidoras insaciables, la inutilidad de la educación clásica frente a la pujanza de los emprendedores sin formación pero con agallas para trabajar duro... muchos son los aspectos que encontramos en esta novela que darían tema para intensos debates.
Comentar, por último, que esta novela se enmarca en la serie "Les Rougon-Macquart", en la cual Zola relatan las vidas de diversos miembros de una familia francesa a lo largo de la época del Segundo Imperio y donde refleja tanto la historia familiar como todos los cambios de la sociedad en este periodo. En cualquier caso, es, sin duda, un texto que puede ser leído como de rabiosa actualidad a pesar de haber sido publicado en 1883, ya que comprobaremos que hay muchas cosas que no han cambiado tanto a pesar de los años transcurridos.
El argumento gira en torno a la joven Denise Boudu que llega a París tratando de buscarse un futuro para ella y sus hermanos tras haber quedado huérfanos. Su tío es propietario de un pequeño comercio tradicional de venta de tejidos, pero el negocio no anda muy bien y no puede colocarla. En su misma calle se ha establecido “El Paraíso de las Damas”, una magnífico establecimiento de "novedades" donde es posible satisfacer la pasión de las mujeres por las compras y la moda, germen de los grandes almacenes que se generalizarían por la ciudad a partir de entonces, donde es posible encontrar desde tejidos hasta guantes, abanicos, paraguas, vestidos confeccionados... Este enorme establecimiento basado en una estricta organización, numerosísimos dependientes, donde se despachan las mercancías de manera imparable, donde se reciben pedidos por correo, se realizan entregas a domicilio, en fin, todas las innovaciones y comodidades imaginables para facilitar la compra a sus cada vez más numerosas clientas. Por sus servicios, los precios, la variedad que ofrece, el Paraíso supera en todos los aspectos a cualquiera de los pequeños comercios que abundan en el mismo barrio y que se van viendo abocados sin remedio al cierre. Los beneficios reinvertidos una y otra vez, el sistema de primas a los empleados, las comisiones por ventas, todo un nuevo sistema que permite multiplicar las ganancias y estimular a los trabajadores, todo este nuevo e inmenso aparato está dirigido por Octave Mouret, un decidido y visionario emprendedor dotado de un extraordinario talento comercial que nunca deja de plantearse sucesivas ampliaciones del negocio, que va arrinconando los esquemas mercantiles antiguos y va dando paso a nuevas técnicas para atraer al público. Comprobamos así que lo que consideramos modernas teorías de márketing y publicidad no son cosas de hoy día, sino que ya se ponían en práctica en el siglo XIX:
“la acumulación de mercancías; la tentación de lo barato; los precios marcados, que inspiran confianza. Por lo que peleaban y competían los almacenes era por la mujer, a la que hacían caer una y otra vez en la tendida trampa de los saldos, tras aturdirla con los escaparates. Despertaban en ella nuevas apetencias; eran una tentación gigantesca ante la que ella sucumbía fatalmente: al principio, pretendía aprovechar las ocasiones, a fuer de buena ama de casa; luego, se dejaba llevar por la coquetería; al final, se la comían viva. Los almacenes multiplicaban las compras, democratizaban el lujo y se convertían, así, en causa de temibles despilfarros, desbaratando los presupuestos familiares y favoreciendo las locuras de la moda, cada vez más costosas.“Octave Mouret cree en el poder de la voluntad, es apasionado en todo lo que hace y se lanza al riesgo con alegría animado por la idea de los potenciales éxitos a alcanzar. Contrasta con los miembros de la burguesía adinerada o la nobleza venida a menos que languidece en sus viejas tradiciones, ocupando puestos en la Administración, en ocasiones con mucho prestigio pero escaso sueldo, ”la Francia añeja” que se entretiene en sus reuniones de salón y se deleita en su liberalidad amorosa, dilapidando sus antiguas fortunas, mientras que la clase trabajadora se esfuerza por progresar y ganarse un puesto entre los privilegiados. Asistimos al nacimiento de una nueva estructura social donde los jóvenes pueden escapar del destino de sus padres, no importa de dónde procedan, sólo importa lo que están dispuestos a trabajar y a arriesgar y los objetivos que se marquen. Cuando un dependiente de almacén gana más que un triste funcionario público con formación y apellidos de raigambre se demuestra que los nuevos valores se imponen, el triunfo y la riqueza se pueden repartir más justamente.
"Retumbaba en sus palabras toda la dicha de actuar, toda la alegría de vivir. Recalcó que era un hombre de su tiempo. Sólo los contrahechos, sólo los inválidos de cuerpo o de pensamiento se hurtaban al trabajo en una época en la que había tanto por hacer, mientras el siglo entero se abalanzaba hacia el futuro. Y se mofaba de los desesperados, de los asqueados, de los pesimistas, de todos los inválidos de aquel alborear de las ciencias, de su plañidero llanto de poetas o de su altanería de escépticos, en medio del gigantesco tajo de la era contemporánea. ¡Qué actitud tan noble, tan acertada, tan inteligente, esa de bostezar de hastío mientras los demás se esfuerzan! ¿Dónde está el daño si atraemos a todas las mujeres, si las tenemos así a nuestra merced y conseguimos que pierdan el seso ante nuestras montañas de mercancías y vacíen los monederos sin llevar cuenta? Lo que hace falta, querido amigo, es encandilarlas; y para eso necesitamos un artículo que encuentre su punto flaco, que haga época. Luego ya podemos vender los demás artículos tan caros como en cualquier otra parte, porque estarán convencidas de que nosotros se los damos más baratos."Todo este mundo novedoso constituirá para Denise una fuente inagotable de sorpresas y la cautivará en seguida. El paso desde su origen humilde y provinciano hasta el fastuoso París que la acoge y donde descubre una nueva dimensión del progreso que no creía que pudiera existir, no la priva de entender el brusco contraste entre la abundancia inacabable del comercio y las penurias que deben padecer sus empleados a causa de sus reducidos ingresos y de las pésimas condiciones de vida y trabajo, lo que la hace tomar conciencia de la necesidad de repartir los beneficios del nuevo sistema de manera más equitativa. La joven tendrá que sufrir en carne propia la cruel competencia que caracteriza las relaciones entre los empleados del establecimiento, padeciendo especialmente por la crueldad de sus compañeras de departamento en su lucha por las comisiones y los ascensos. Poco a poco irá perfeccionando el arte de sobrevivir, tendrá que espabilar ante la jungla a la que se enfrenta pero donde acabarán brillando sus virtudes y su honestidad. La inevitable historia de amor, llena de dudas, desencuentros y dificultades no son más que un hilo conductor que nos acompaña a lo largo de la novela, sin restar brillo al resto de los elementos del relato.
No se puede dudar del talento de Zola para reflejar toda una sociedad, para destacar sus aspectos más sobresalientes, lo novedoso frente a lo añejo, en introducirnos en los salones, reflejar hasta la luz que ilumina las escenas y los sentimientos que refleja cada rostro o cada tono, en retratar, en fin, a los seres humanos que pueblan su novela, de mostrarnos lo más profundo de sus pasiones, sus motivaciones y los deseos que los mueven y a través de unas historias particulares hacernos revivir un mundo pasado, en un relato que estaría en un punto intermedio entre el estudio sociológico y el tratado histórico, eso sí, presentado de manera tremendamente entretenida. A destacar las vertiginosas descripciones de la abundancia y magnificencia de El Paraíso y sus incontables mercancías expuestas de manera espectacular para deleite de las clientas. En esta ocasión, Zola deja de lado algo de su habitual denuncia social, aunque no totalmente, pero sí que se deja llevar más por el optimismo y la confianza en el progreso y la posible mejora de las condiciones de vida de los trabajadores en una nueva época de abundancia que se adivina en un futuro cercano.
Se dan en esta novela otros numerosísimos temas sobre los que reflexionar: Asistimos a la renovación del panorama urbano de París donde comienzan a abrirse grandes avenidas, “con alcantarillado, aceras y farolas de gas”, donde se arrasa con los viejos barrios medievales para dar paso a una nueva ciudad cosmopolita y abierta, lo que favorece fundamentalmente al comercio. La superioridad de los grandes centros comerciales frente a los pequeños comercios tradicionales, la decadencia de los artesanos especializados, la utilización de las mujeres como consumidoras insaciables, la inutilidad de la educación clásica frente a la pujanza de los emprendedores sin formación pero con agallas para trabajar duro... muchos son los aspectos que encontramos en esta novela que darían tema para intensos debates.
Comentar, por último, que esta novela se enmarca en la serie "Les Rougon-Macquart", en la cual Zola relatan las vidas de diversos miembros de una familia francesa a lo largo de la época del Segundo Imperio y donde refleja tanto la historia familiar como todos los cambios de la sociedad en este periodo. En cualquier caso, es, sin duda, un texto que puede ser leído como de rabiosa actualidad a pesar de haber sido publicado en 1883, ya que comprobaremos que hay muchas cosas que no han cambiado tanto a pesar de los años transcurridos.
viernes, 12 de abril de 2013
El maestro del Prado
Siempre digo que me encantan los libros que me permiten conocer cosas nuevas, disfrutar de lugares lejanos, descubrir episodios interesantes de la Historia, y esas son sólo algunas de las cosas que me ha proporcionado la lectura de esta novela de Javier Sierra. Con el joven protagonista de "El maestro del Prado" recorremos nuestro principal museo con una nueva mirada, ya no estamos solamente ante una colosal colección de obras de arte, sino ante una especie de enciclopedia visual donde se ocultan las claves que explican numerosos misterios relativos a una multitud de temas que incluyen la interpretación de los Evangelios, los secretos de la vida desconocida de Jesús y su familia, a aquella parte de la Historia Sagrada que se ha quedado atrás en el tiempo y cuya revelación no ha sido permitida más que a unos pocos que han sabido interpretar los rastros dejados en ciertos escritos y, por supuesto, en numerosas obras pictóricas que funcionan como misteriosas puertas de acceso a secretos inexpugnables. Y además del museo, el autor nos pasea por otros escenarios fabulosos como la biblioteca del Monasterio del Escorial además de por épocas históricas apasionantes como la Europa del Renacimiento, la España de Carlos V o Felipe II, donde tratamos de comprender la mentalidad del momento y lo que inspiraba a los artistas de la época.
El argumento de la novela se nos presenta como una experiencia real del propio autor, que no es necesario creer que sea cierta pero que, sin duda, funciona como técnica para acercarnos la historia de una forma más personal, realmente nos convencemos de que lo que nos cuenta es algo que en verdad le ocurrió. De este modo el autor nos cuenta en primera persona su encuentro casual en el madrileño museo de El Prado, en su época de estudiante universitario, con un misterioso individuo, el doctor Fovel, erudito del arte y otras disciplinas, que le embarcará en una emocionante aventura en torno a los secretos ocultos en diversas obras de arte de dicho museo y que le abrirá al joven estudiante de Periodismo los ojos a todo un mundo de mensajes esotéricos llenos de significados ocultos en el que irá profundizando a lo largo de varios encuentros que se suceden entre los dos personajes, siempre en el interior de la pinacoteca y frente a sus más impresionantes obras. Toda la acción se enmarca en el espacio temporal de los apasionantes años 90 en Madrid, en el entorno universitario, con los conflictos internacionales en plena ebullición, donde el aspirante a periodista se debate entre el interés por seguir los hechos de la más rabiosa actualidad internacional y el deseo de zambullirse en los secretos más arcanos que ocultan las grandes obras de arte del Renacimiento. Da Vinci, Rafael, Boticelli, Tizziano, los grandes maestros pasean ante nuestros ojos y nos dejan ver sus significados más ocultos gracias a la guía del doctor Fovel.
Y es que este libro me ha conquistado sin necesidad de entrar a creer en la parte más esotérica de lo que nos desvela la novela a la que podemos considerar como una nueva revisitación de tantos misterios que ya son "clásicos" en este tipo de literatura y que hemos encontrado repetidos hasta la extenuación en numerosas novelas anteriores que tratan de profundizar en los (supuestos) significados ocultos de los Evangelios, en la existencia de los cátaros, la conservación del santo cáliz, las sectas milenaristas... y es que junto con esta faceta de la novela, su lectura me ha proporcionado el placer de disfrutar en otro plano diferente como es el que se refiere a la oportunidad de poder acercarme a grandes obras maestras de la pintura cuyas ilustraciones (acertadísima idea) acompañan el texto; me ha permitido reflexionar sobre los cuadros, de ver detalles antes invisibles para mí por desconocimiento. Y aún sin caer rendida ante las supuestas verdades que se esconden tras los elementos esotéricos, igualmente he gozado de ese paseo por el Arte con mayúsculas. Igualmente me ha quedado claro que no es posible hoy día llegar al fondo de la verdadera intención que guiaba a aquellos pintores de hace cientos de años antes pintaron aquellas maravillas, no sabemos si sólo con intención de ensalzar a Dios o si realmente pretendían exponer otras verdades ocultas o transmitir mensajes misteriosos que sólo comprenderán unos pocos iniciados en tales materias. Así y todo, entiendo que son unos temas tan cargados de secretos que seguirán apareciendo en otras novelas y continuarán despertando nuestro interés por mucho que no lleguemos nunca a conocer la verdad de muchos de ellos.
De todas las maneras acepto que todo es posible, que cada uno verá los cuadros con sus propios ojos y cada uno recibirá de ellos un mensaje diferente porque es innegable que las obras analizadas en esta novela resultan mágicas más allá de su mera ejecución formal y que son algo más que lienzo y pigmentos. Probablemente oculten toda una serie de claves en cuya interpretación intervienen miles de años de cultura, religión, filosofía y nos acercan a asuntos tan fascinantes como la presencia de los ángeles entre nosotros o las innumerables profecías que, durante siglos, la sociedad occidental se ha esforzado por interpretar y situar en función de hechos históricos reales…. Agradezco a Javier Sierra que nos proporcione en esta novela tanto materia sobre el que reflexionar en torno a tan variados temas, sin dejar de entretenernos magistralmente con su fresca y ágil escritura, que no pierde el ritmo en ningún momento.
El argumento de la novela se nos presenta como una experiencia real del propio autor, que no es necesario creer que sea cierta pero que, sin duda, funciona como técnica para acercarnos la historia de una forma más personal, realmente nos convencemos de que lo que nos cuenta es algo que en verdad le ocurrió. De este modo el autor nos cuenta en primera persona su encuentro casual en el madrileño museo de El Prado, en su época de estudiante universitario, con un misterioso individuo, el doctor Fovel, erudito del arte y otras disciplinas, que le embarcará en una emocionante aventura en torno a los secretos ocultos en diversas obras de arte de dicho museo y que le abrirá al joven estudiante de Periodismo los ojos a todo un mundo de mensajes esotéricos llenos de significados ocultos en el que irá profundizando a lo largo de varios encuentros que se suceden entre los dos personajes, siempre en el interior de la pinacoteca y frente a sus más impresionantes obras. Toda la acción se enmarca en el espacio temporal de los apasionantes años 90 en Madrid, en el entorno universitario, con los conflictos internacionales en plena ebullición, donde el aspirante a periodista se debate entre el interés por seguir los hechos de la más rabiosa actualidad internacional y el deseo de zambullirse en los secretos más arcanos que ocultan las grandes obras de arte del Renacimiento. Da Vinci, Rafael, Boticelli, Tizziano, los grandes maestros pasean ante nuestros ojos y nos dejan ver sus significados más ocultos gracias a la guía del doctor Fovel.
Y es que este libro me ha conquistado sin necesidad de entrar a creer en la parte más esotérica de lo que nos desvela la novela a la que podemos considerar como una nueva revisitación de tantos misterios que ya son "clásicos" en este tipo de literatura y que hemos encontrado repetidos hasta la extenuación en numerosas novelas anteriores que tratan de profundizar en los (supuestos) significados ocultos de los Evangelios, en la existencia de los cátaros, la conservación del santo cáliz, las sectas milenaristas... y es que junto con esta faceta de la novela, su lectura me ha proporcionado el placer de disfrutar en otro plano diferente como es el que se refiere a la oportunidad de poder acercarme a grandes obras maestras de la pintura cuyas ilustraciones (acertadísima idea) acompañan el texto; me ha permitido reflexionar sobre los cuadros, de ver detalles antes invisibles para mí por desconocimiento. Y aún sin caer rendida ante las supuestas verdades que se esconden tras los elementos esotéricos, igualmente he gozado de ese paseo por el Arte con mayúsculas. Igualmente me ha quedado claro que no es posible hoy día llegar al fondo de la verdadera intención que guiaba a aquellos pintores de hace cientos de años antes pintaron aquellas maravillas, no sabemos si sólo con intención de ensalzar a Dios o si realmente pretendían exponer otras verdades ocultas o transmitir mensajes misteriosos que sólo comprenderán unos pocos iniciados en tales materias. Así y todo, entiendo que son unos temas tan cargados de secretos que seguirán apareciendo en otras novelas y continuarán despertando nuestro interés por mucho que no lleguemos nunca a conocer la verdad de muchos de ellos.
De todas las maneras acepto que todo es posible, que cada uno verá los cuadros con sus propios ojos y cada uno recibirá de ellos un mensaje diferente porque es innegable que las obras analizadas en esta novela resultan mágicas más allá de su mera ejecución formal y que son algo más que lienzo y pigmentos. Probablemente oculten toda una serie de claves en cuya interpretación intervienen miles de años de cultura, religión, filosofía y nos acercan a asuntos tan fascinantes como la presencia de los ángeles entre nosotros o las innumerables profecías que, durante siglos, la sociedad occidental se ha esforzado por interpretar y situar en función de hechos históricos reales…. Agradezco a Javier Sierra que nos proporcione en esta novela tanto materia sobre el que reflexionar en torno a tan variados temas, sin dejar de entretenernos magistralmente con su fresca y ágil escritura, que no pierde el ritmo en ningún momento.
domingo, 7 de abril de 2013
El coraje de Miss Redfield
Pero en la casa de los Peñalara Elsie descubrirá que hay otras cosas en la vida aparte de dedicarse a cuidar a los hijos de otros y aplicar las estrictas normas aprendidas en la escuela de Norland, principal centro de formación de nannies inglesas. La rigidez y la formalidad de la joven se verán minadas por la calidez y el trato desenfadado tanto de su señora, doña Lily, del hijo de esta, Manuel, de su ahijado Alejo y del resto del servicio, con los que aprenderá a convivir y compartirá una triste historia en la que se vió envuelta la familia y que hará a Elsie plantearse todo lo que anteriormente consideraba como inamovible.
La historia que cuenta la novela tiene puntos bastante interesantes, como es el papel de las instritutrices extranjeras en la España de los años 60 en que la sociedad española se debatía entre conservar las costumbres más añejas y las costumbres de la antigua nobleza tradicional con los nuevos aires de modernidad que vienen de Europa, las nuevas modas, la música moderna…. El ambiente que se retrata de la capital está bien reflejado en los viejos palacetes señoriales, los reuniones de café de las señoras, el club de campo. Por la novela desfilan todos los personajes que eran "alguien" en esos años, desde Don Juan Carlos y su reciente esposa Doña Sofía, hasta los nietos de Franco, la joven Cayetana de Alba y toda la clase alta de la España de la época, todos ellos vistos desde la perspectiva de una extranjera recién llegada y que trata de mantener las distancias lo más posible.
No puedo acabar de decir que la historia me haya conquistado por completo, no me convence la parte del romance imposible, aunque por otro lado previsible, que se da entre la nanny y el "conde rojo" pero a pesar de ello no niego que es una novela muy entretenida de leer, que nos acerca a una época de nuestro país que siempre es interesante de conocer y que el personaje de Elsie, aunque no haya logrado conmoverme con sus luchas internas entre el deber y el placer, entre las imposiciones del estricto carácter británico y las nuevas posibilidades que la vida le plantea, no deja de resultarme un personaje al que se le coge cariño y al que se le desea que finalmente la vida le sonría.
domingo, 31 de marzo de 2013
Invitación a un asesinato
Olivia Uriarte ha planificado su propia muerte, o mejor dicho, su propio asesinato. Recién divorciada por quinta vez y con su flamante ex marido arruinado, a una edad en la que ya ve difícil la posibilidad de encontrar una nueva víctima, quiero decir, un nuevo marido, del que vivir, considera que lo mejor es acabar sus días con un gran final. Para ello, organiza una peculiar reunión a bordo de un yate, el Sparkling Cyanide, (lo que traducido al castellano sería Cianuro Espumoso, igual que la célebre novela de Agatha Christie), reunión en la que se junta una escogida selección de invitados ante los que Olivia desplegará todo su encanto, su eterno buen rollo, su insustancialidad sin límite. Lo curioso del caso es que esas ocho personas son las que más motivos tienen en este mundo para odiar profundamente a su anfitriona por una u otra razón; son personas que se cruzaron en la vida de Olivia en algún momento y recibieron de ella traición, desprecio, engaño o simplemente indiferencia. Cualquiera de ellas tendría razones objetivas para convertirse en la mano ejecutora que cumpla con el macabro plan de Olivia.De este modo, con "Invitación a un asesinato", regreso a Carmen Posadas, novelista de la que admiro su estilo fresco y fácil de leer, su habilidad para crear personajes bien dibujados, diálogos vivísimos, la frescura de su narración y, sobre todo, el modo en que recrea esos ambientes siempre llenos de glamour y frivolidad, las situaciones en ocasiones al límite de la caricatura, pero que se nota que beben de personajes y hechos reales de los círculos de la alta sociedad adinerada, del mundo del lujo y el del derroche a manos llenas.
Una vez que la esperada muerte ocurre y todo apunta a un desgraciado accidente, según se confirma por la breve investigación policial que se realiza a bordo del barco, cada uno de los invitados no tardan en volver a su vida habitual anterior al suceso y será de la mano de Ágata, la hermana de Olivia, que ejercerá, como ella misma dice, de señorita Marple, con la que volveremos a revisar los hechos ocurridos, a espiar las conversaciones, los encuentros y los antecedentes que rodearon la muerte de Olivia. Ágata inicia un borrador de novela donde se propone ir plasmando el desarrollo de la investigación que inicia, decidida a seguir el patrón de las novelas clásicas de misterio, interrogando a las distintas personas que asistieron a la reunión. Reconstruyendo los elementos dispersos que va reuniendo y observándolos desde una óptica diferente, las palabras cazadas al vuelo, las miradas, los comentarios más insustanciales van tomando cuerpo y significado nuevo y poco a poco Ágata acabará conociendo la verdad de lo que ocurrió.
Toda la novela es un homenaje absoluto a la gran Agatha Christie, en una versión contemporánea de sus novelas, desde el nombre del barco hasta los títulos de cada parte del libro, las novelas que se encuentran los invitados en sus camarotes y, por supuesto, la estructura del libro, su estilo, la ambientación de un entorno de lujo y relaciones peligrosas, el esquema de la investigación, las relaciones visibles y ocultas que se establecen entre los personajes, todo recrea las clásicas novelas de la gran dama del misterio, eso sí, en un tono totalmente actualizado, con un lenguaje mordaz y divertido, retratando un mundo de ambición, engaños, odios y traiciones donde es difícil sobrevivir sin pasar por encima de otros, un mundo cruel donde el dinero es el rey y todo el mundo oculta algo. La novela contiene, además, numerosas referencias cinematográficas y literarias, con confesados homenajes a "Rebeca" de Daphne Du Maurier o "El tercer hombre" de Welles, entre otros. En fín, una lectura ligera como siempre pretende ofrecernos la autora, pero bien presentada y bien resuelta, con lo que se garantiza un buen rato de lectura.
lunes, 25 de marzo de 2013
El sonido de la vida
No sé qué criterios guían a los traductores cuando deciden que el título que un autor eligió originalmente para su obra debe ser cambiado a la hora de publicar dicha novela en otro idioma, sustituyéndolo por otro título que, no sé si en opinión del traductor o de la editorial, se considera que llegará mejor al público de este otro país. Y lo entiendo menos aún cuando se da el caso de que el mismísimo autor, como en esta ocasión sucede con Alex George, cita personalmente entre los agradecimientos de su libro a la persona que le dió la idea para dicho título, lo que parece indicar que aquel título no fue una elección casual, sino que condesnsaba lo esencial del mensaje que quería transmitir el autor, lo básico de la historia que se cuenta en sus páginas.
De manera que me dispongo a contar ahora mis impresiones sobre una novela titulada originariamente "A good american" esto es "Un buen americano" y que en nuestro país se ha rebautizado como "El sonido de la vida". De este modo, por medio de una traducción que es más una transformación, se traslada el foco de atención de la novela desde la historia de una saga familiar iniciada por dos jóvenes alemanes que llegan a los Estados Unidos en busca de la libertad prometida en el nuevo continente y donde terminan creando una familia de auténticos ciudadanos norteamericanos enraizados en lo más profundo de Misuri y orgullosos de los valores sobre los que se construye su nueva patria de adopción, hasta otro tema destacado del libro como es el papel que la música tiene para las distintas generaciones de esta saga familiar y que, por supuesto, está constantemente presente en la novela, pero que, a juzgar por el título elegido por el autor, no estaría sino un segundo plano siendo como es el hilo conductor que hilvana toda la historia. Y cuando, además, la portada del libro se ilustra con una bonita y romántica imagen de una joven tocando el violín, instrumento que ni siquiera es tocado por ningún personaje de la novela, me hace pensar que los editores no han leído el mismo libro que yo. Pero así son los misterios insondables del mundo de la edición
Pues como ya he adelantado, la novela comienza en 1904 con la huída de Jette y Frederick de su Hannover natal para poder vivir su amor lejos de las prohibiciones impuestas por la familia de la joven. La música es la principal pasión de Frederick y ha sido a través de la ópera como ha conquistado a su amada y esa pasión se propagará a sus descendientes a los que veremos nacer y crecer y asentarse en la pequeña ciudad de Beatrice, en el estado de Misuri, al que llegan practicamente por casualidades del destino, pero donde encontrarán un territorio propicio para progresar, una tierra que admite a todos los que llegan dispuesto a trabajar duro y a respetar a los demás. Junto a la familia, iremos recorriendo todo el siglo XX hasta la actualidad, asistiendo a los acontecimientos fundamentales de la historia americana: guerras, elecciones presidenciales, la ley seca, así como los cambios sociales y de la vida cotidiana, a través de los principales hitos de la historia familiar de los Meisenheimer: sus enamoramientos, bodas, nacimientos, amistades y negocios, las relaciones paterno-filiales, las relaciones fraternales y todo ello envuelto en la música que constantemente envuelve la vida de todos ellos, desde la afición al bel canto del patriarca, pasando por el descubrimiento de los sonidos negros de nueva Orleans, la música a capella interpretada por los cuatro jóvenes Meisenheimer en la época en que surgen el rock y, mas tarde la música pop, y todo contado con una sensibilidad excepcional a la hora de describir sentimientos y emociones, las relaciones personales y el papel fundamental de la familia y la importancia del sentido de pertenencia a una sociedad y a un país en las vidas de todos los protagonistas. Una novela más interesante de lo que su título y su portada puedan hacer pensar.
Para rematar, incluyo imágenes de varias portadas de distintas ediciones de la novela en lengua inglesa donde, además del título respetado, las imágenes elegidas para ilustrar las portadas tienen bastante más relación con el argumento que en ella se cuenta, destacando aquella en la que aparece una corneta, instrumento que sí que tiene gran presencia en esta historia. Tal vez aquí se ha considerado que no era suficientemente glamourosa como para protagonizar una portada. ¡Qué sé yo!
De manera que me dispongo a contar ahora mis impresiones sobre una novela titulada originariamente "A good american" esto es "Un buen americano" y que en nuestro país se ha rebautizado como "El sonido de la vida". De este modo, por medio de una traducción que es más una transformación, se traslada el foco de atención de la novela desde la historia de una saga familiar iniciada por dos jóvenes alemanes que llegan a los Estados Unidos en busca de la libertad prometida en el nuevo continente y donde terminan creando una familia de auténticos ciudadanos norteamericanos enraizados en lo más profundo de Misuri y orgullosos de los valores sobre los que se construye su nueva patria de adopción, hasta otro tema destacado del libro como es el papel que la música tiene para las distintas generaciones de esta saga familiar y que, por supuesto, está constantemente presente en la novela, pero que, a juzgar por el título elegido por el autor, no estaría sino un segundo plano siendo como es el hilo conductor que hilvana toda la historia. Y cuando, además, la portada del libro se ilustra con una bonita y romántica imagen de una joven tocando el violín, instrumento que ni siquiera es tocado por ningún personaje de la novela, me hace pensar que los editores no han leído el mismo libro que yo. Pero así son los misterios insondables del mundo de la edición
Pues como ya he adelantado, la novela comienza en 1904 con la huída de Jette y Frederick de su Hannover natal para poder vivir su amor lejos de las prohibiciones impuestas por la familia de la joven. La música es la principal pasión de Frederick y ha sido a través de la ópera como ha conquistado a su amada y esa pasión se propagará a sus descendientes a los que veremos nacer y crecer y asentarse en la pequeña ciudad de Beatrice, en el estado de Misuri, al que llegan practicamente por casualidades del destino, pero donde encontrarán un territorio propicio para progresar, una tierra que admite a todos los que llegan dispuesto a trabajar duro y a respetar a los demás. Junto a la familia, iremos recorriendo todo el siglo XX hasta la actualidad, asistiendo a los acontecimientos fundamentales de la historia americana: guerras, elecciones presidenciales, la ley seca, así como los cambios sociales y de la vida cotidiana, a través de los principales hitos de la historia familiar de los Meisenheimer: sus enamoramientos, bodas, nacimientos, amistades y negocios, las relaciones paterno-filiales, las relaciones fraternales y todo ello envuelto en la música que constantemente envuelve la vida de todos ellos, desde la afición al bel canto del patriarca, pasando por el descubrimiento de los sonidos negros de nueva Orleans, la música a capella interpretada por los cuatro jóvenes Meisenheimer en la época en que surgen el rock y, mas tarde la música pop, y todo contado con una sensibilidad excepcional a la hora de describir sentimientos y emociones, las relaciones personales y el papel fundamental de la familia y la importancia del sentido de pertenencia a una sociedad y a un país en las vidas de todos los protagonistas. Una novela más interesante de lo que su título y su portada puedan hacer pensar.
Para rematar, incluyo imágenes de varias portadas de distintas ediciones de la novela en lengua inglesa donde, además del título respetado, las imágenes elegidas para ilustrar las portadas tienen bastante más relación con el argumento que en ella se cuenta, destacando aquella en la que aparece una corneta, instrumento que sí que tiene gran presencia en esta historia. Tal vez aquí se ha considerado que no era suficientemente glamourosa como para protagonizar una portada. ¡Qué sé yo!
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