Los protagonistas de esta novela son, por un lado, Thiago Heide, ni más ni menos que el embajador de España en el Reino Unido al que se le ha encomendado la misión de devolver a los representantes del gobierno chino un fósil que les pertenece y que actualmente se encuentra en poder del Museo de Ciencias Naturales de Londres. Ahí es donde se cruzará en su camino Violet Redbreast, una antropóloga bastante locuaz y pizpireta, dada a divagar y también a ser demasiado sincera, ayudante del despistado profesor Peddick, en cuyo poder debería haber estado la mencionada pieza, pero, debido a una tonta confusión, el fósil se ha extraviado. Al emprender la búsqueda del codiciado objeto que deben devolver, los tres inician un recorrido por el Londres más auténtico que le lleva por lugares históricos y con resonancias literarias, incluyendo una encantadora librería que ya conocimos en una novela anterior de la autora, así como plazas con encanto, museos y bibliotecas antiguas; lugares, en fin, donde la Historia se detuvo y dejó su marca y donde consagrados autores ubicaron la acción de sus relatos.
A todo esto, estamos en la tarde de Nochebuena y todo el mundo se prepara para celebrar las fiestas en familia, pero no es así para Thiago que no cuenta con familiares cercanos no nadie que ocupe su corazón. Pero para resolver este problema contaremos con la ayuda de un par de espíritus algo impertinentes dispuestos a conceder los deseos más profundos de aquellos a los que persiguen y hostigan.
He disfrutado mucho de esta novela breve, ligera y positiva, un cuento de Navidad en toda regla con Charles Dickens rondando constantemente por sus páginas donde abundan las referencias y citas a sus obras, así como numerosos lugares relacionadas con él. El encanto de Londres en Navidad con sus luces y su decoración festiva se completa con humor, positivismo, esperanza y confianza en el triunfo del amor como algo inevitable ¿Qué más se le puede pedir a una lectura navideña?

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